Flamel
Un momento después, de la salida de Harry, Draco y Zabini. La profesora McGonagall entro apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Hermione.
Nunca la había visto tan enfadada. Las esperanzas de ganar puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Hermione
— ¿En qué estabas pensando, por todos los cielos? — dijo la profesora McGonagall, con una furia helada—. Tienes suerte de que no te haya matado. ¿Por qué no estabas en los dormitorios?
Snape dirigió a Hermione una mirada aguda e inquisidora. Hermione clavó la vista en el suelo. Deseó que atraparan a Potter. Entonces, las palabras salieron de su boca de forma automática:
— Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.
— Bueno... en ese caso — dijo la profesora McGonagall, contemplando a la niña —... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?
Hermione bajó la cabeza sin decir palabra alguna.
— Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos — dijo la profesora McGonagall —. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.
Hermione se marchó.
Harry, Draco y Zabini pasaron rápidamente por la abertura del muro. El rostro de Draco Malfoy reflejaba alivio; de estar fuera del alcance del olor del trol, de que estuvieran a salvo, además del resto.
— No tenían que haber ido al baño de niñas — se quejó Harry, y se dejó caer en un sillón de la sala común.
Draco permaneció mudo; no le apetecía perder la amistad de Blaise ni la de Harry.
— ¡No tenían que haber ido al baño de niñas! — imitó Zabini con voz chillona—. Es verdad… no teníamos porque ir, Potter. A pesar de ello fuimos, salvamos tu patético heroísmo…
Harry se puso de pie.
— Lo tenía controlado…
— Querrás decir; apunto de aplastarte. Nos portamos muy bien al sacarte de este lío — dijo Zabini —. Aunque por mí, podrías haber muerto.
Draco se inclinó hacia Zabini y...
¡Slap!
La mejilla de Zabini se pone roja.
Harry y Theodore (quien recién entraba a la sala) trataron de no poner cara de asombro.
— Draco… — sollozó Blaise mientras llevaba su temblorosa mano hacia su mejilla roja. Se volvió hacia Harry, con la varita levantada —. Esto es causa tuya, Potter. Desde que apareciste solo eres un problema.
Todo ocurrió tan rápido que Draco solo vio como Blaise caía al suelo, inmóvil.
— ¿Lo has petrificado? — preguntó Theodore asombrado.
— ¿Por qué lo hechizaste, Potter? — gritó Draco con pavor. Empuñó su propia varita y sin mirar a Harry; dijo: — ¡Enérvate!
Blaise se puso de pie, con la respiración agitada.
— ¿Estás bien? — dijo Draco estrechándose contra el pecho de Zabini —. No vuelvas hacer una locura.
Draco se apartó de Zabini y camino hacia Harry.
— Nunca vuelvan hacer eso. Considero a Harry Potter como mi amigo e intento que todos nos llevemos bien, pero ustedes tambien deben intentar… — dijo Draco con tono afligido — no me hagan decidir entre ustedes. Porque no puedo elegir a uno. Blaise ha sido mi amigo desde pequeño y Harry tan solo desde que entramos al colegio, pero le consideró un gran amigo inversamente de sus secretos.
— Yo…
— Ahora no, Blaise… — interrumpió Draco con la mirada hacia el suelo — Aclarémoslo luego. Ya es tarde y me encuentro cansado, solo quiero dormir.
— Está bien.
Harry y Blaise se quedaron quietos, mirando como Draco desaparecía por uno de los corredores.
— Intentémoslo — dijeron al unísono Harry y Zabini.
Pero desde aquel momento Harry y Blaise se convirtieron en amigos. Hay algunas cosas que no se pueden alejar, y la amistad de Draco Malfoy es una de ellas.
Cuando empezó el mes de noviembre, las mazmorras se volvieron más frías de lo usual. Las criaturas del lago que habitualmente pasaban por las ventanas de los dormitorios parecían deprimidas.
Cada mañana las criaturas, se acercaban hacia la ventana para saludar a los alumnos de Slytherin.
Iba a comenzar la temporada de quidditch: Gryffindor contra Slytherin. Aquel día, los Slytherins bajaron al comedor más temprano de lo acostumbrado. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma del chocolate.
— ¡Ayer no cenaste! Por eso debes desayunar.
— Agradezco tu preocupación, — dijo Theodore con tono glacial — pero no me apetece.
— Pero te encanta el chocolate — insistió Blaise — ¡No puedes seguir molesto!
De inmediato, Draco se dio cuenta de que la discusión no terminaría sin una disculpa.
— Si puedo
Theodore se puso de pie. Se dio la vuelta y se alejó caminando.
— ¿Por qué está molesto Theodore? — le preguntó Harry a Draco, quien se encontraba teniendo una pequeña pelea de miradas con Blaise.
— Hum... Blaise cogió sus apuntes — respondió Draco mientras veía a Blaise salir por tras de Nott.
A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch.
Draco y Harry se reunieron con Theodore, Crabbe, Goyle, Pansy y Blaise en la grada más alta. Para sorpresa de Harry, Theodore se encontraba en la esquina contraria a la de Blaise.
La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.
— Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos — dijo cuando estuvieron reunidos a su alrededor.
Dirigiéndose especialmente al capitán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año.
— Monten en sus escobas, por favor.
La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y estaban muy lejos.
— Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta joven y, a propósito, también es muy guapa...
— ¡JORDAN!
— Lo siento, profesora.
El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el comentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profesora McGonagall.
— Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spinnet, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasado estaba en reserva... Otra vez Johnson y... No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle... Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y… ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey cogiendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... el guardián Bletchley se lanza... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!
Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.
— Slytherin va a ganar.
— Pareces seguro Draco — dijo Harry, jugando con su dije.
— No han sacado el arma secreta Harry.
— ¿Cuál arma? — Preguntó Harry con curiosidad.
Draco le miro y sonrió.
— Cuando estemos en segundo lo sabrás.
— ¿Por qué no ahora? — dijo Harry, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Higgs.
Por encima de ellos, el buscador de Slytherin, Terence Higgs volaba sobre el juego, esperando alguna señal de Flint o la snitch.
Cuando Angelina anotó un punto, Harry vio a Flint asentir y a Higgs escribir un extraño símbolo con su escoba, y volvió a vigilar la llegada de la snitch.
— Slytherin toma posesión — decía Lee Jordan —. El cazador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y al cazador Bell, y acelera... Slytherin anota, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... está a punto de... finta Flint le ha pasado a quaffle a Pucey... otro gol de Slytherin... Johnson se apodera de la quaffle... esperen un momento... ¿No es la snitch?
Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pucey dejaba caer la quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el torbellino de aire, que había pasado al lado de su oreja izquierda.
Harry le vio. Demasiado veloz, parecía fusionarse con el aire. Se preguntaba el porqué Higgs no mostro su talento cuando rivalizó en primer año contra él. El buscador de Gryffindor, Axel Nigs, también la había visto. Hombro con hombro, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían haber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.
Higgs era más veloz que Axel. Podía ver la pequeña pelota, agitando sus alas. Aumentó su velocidad y…
¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Nigs, cualquiera diría que intentaba desviarle la dirección de la escoba, pero los Slytherins mantenían la mirada fija detrás de Flint y Harry vio como Higgs desaparecía por el símbolo que había dibujado anteriormente.
— ¿A dónde fue? — pregunto Harry, cuando los Gryffindors gritaron "¡Falta!".
— Algo malo está pasando… — respondió Theodore al ver como los demás bajaban su mirar hacia el suelo —. Lo único importante, es que vuelva.
Harry no comprendía muchas cosas de los Slytherins. Desde su ingresó han realizado distintas pruebas y simulacros, todas con el propósito de convertirse en un guardián.
Hasta el momento Harry y Draco eran los únicos guardianes, el resto continuaban siendo ayudantes.
Harry salió de sus pensamientos, cuando la señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego ordenó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol.
Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.
— ¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!
— Esto no es un repugnante juego muggle, rojito — le grito Draco desde la tribuna de Slytherin a Dean —. No se puede echar a los jugadores en quidditch...
— ¿Qué es una tarjeta roja? — preguntó Pansy con tono pensativo.
Harry estaba más atento en el partido que en la conversación de sus amigos.
— Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...
— ¡Jordan! — lo regañó la profesora McGonagall.
— Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta...
— ¡Jordan, no digas que no te aviso...!
— Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy seguro, así que penalti para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la pelota.
Cuando Axel esquivó otra bludger, que pasó peligrosamente cerca de su cabeza, ocurrió. Higgs había regresado con su ropa rasgada y salpicada de manchas rojas. Parecía agotado e inestable. Durante un segundo Harry pensó que iba a caer de su escoba. Higgs se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Sonrió y comenzó a buscar la snitch.
Lee seguía comentando el partido.
— Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profesora), Slytherin anota un tanto, oh, no...
Los de Slytherin vitoreaban mientras que Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo consiguiera detener.
De pronto las grabas guardaron silencio, observando a Higgs que iba a toda velocidad hacia el terreno esquivando cada bludger y cada jugador que se atravesaba en su camino, con Axel siguiéndole de cerca.
Higgs freno a unos centímetros del suelo, alzo su mano y gritó:
— ¡Tengo la snitch!
— Media hora, unos malditos treinta minutos sin saber cómo te encontrabas — gritaba Flint veinte minutos más tarde, cuando estaban en la sala común de Slytherin.
— Era el rayo de Zeus — explicaba Terence Higgs a toda la casa Slytherin —. Intentaron robarlo y la señora Narcissa solicito mi ayuda. No podía abandonar a la guardiana de Zeus, además es la mamá de uno de nuestros compañeros. La primera regla de un Slytherin es nunca traicionar ni abandonar a otro Slytherin.
— Gracias — dijo Draco. Harry no comprendía lo sucedido, pero si sabía que ser guardián era algo muy peligroso —. La familia Malfoy-Black asegura la vida de Terence Higgs como ayudante oficial.
Blaise, Theodore, Crabbe, Goyle y Pansy se miraron, preguntándose qué le iba a responder. Harry decidió prestar atención al juramento, quizás algún día el tambien debería hacerlo.
— Yo Terence Higgs prometo mi lealtad y la de mis descendientes hacia la noble familia Malfoy-Black — dijo a Draco.
Un rayo, un tridente y un cerbero aparecieron rodeando una gran "M" como un tatuaje en la cadera de Higgs.
— Mi familia se encuentra protegida por los Malfoy — dijo tratando de verse indiferente.
Durante las últimas dos semanas Harry indagaba la mejor forma para introducir, la piedra filosofal, en sus típicos temas de conversación. Fue aquel viernes, cuando surgió el momento perfecto para hablar de eso.
Como ya era rutina, Theodore iba todos los jueves por un nuevo libro a la biblioteca. Un día antes Harry había arreglado todo para que el primer libro que Nott viera fuera el de Alquimia, pues gracias a Pansy se había enterado que el papá de Theodore no le dejaba acercarse a nada que tuviera como referencia la palabra Alquimia.
Ese día Harry bajo a la sala común, preguntando:
— ¿Qué hacen?
— mm... Draco y Blaise juegan ajedrez, Pansy hace una lista sobre las telas que necesita para confeccionar su nuevo guarda ropa… — dijo Theodore dando vuelta la hoja del libro — Goyle y Crabbe fueron por algo para comer… por mi parte leo este libro de alquimia, es muy interesante. Sabias que… el antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos...
— La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro — dijo Blaise interrumpiendo Theodore.
— También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe — agregó Draco, moviendo una pieza del tablero —. Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece...
—… a Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera — dijo Pansy con voz chillona —. Con mal sentido de la moda.
— El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su esposa Perenela de seiscientos cincuenta y ocho años — concluyó Harry satisfecho de que todos estuvieran tan informados.
— Ahora a todos les interesa una piedra con poderes — bufó Theodore.
— Theo, cariño sabes que nuestros padres al igual que los tuyos nos dieron clases privadas — dijo Pansy con tono maternal —. Harry es inteligente y de seguro leyó el libro antes que tú. Perdona por interrumpir…
Harry solo podía intuir que aun le faltaba mucho por conocer de los Slytherins. Tambien comprendió el error que cometió al juzgarlos sin conocerles.
— ¡Jaque mate!
— ¡Quiero la revancha Draco…!
