Castigo
Era de día en el colegio de magia y hechicería, y como era costumbre los estudiantes disfrutaban de un delicioso desayuno en el comedor, a excepción de dos chicos de casas rivales que se encontraban en el laboratorio de pociones fregando calderos.
—Estúpido Weasley por tu culpa tengo detención— dijo el rubio de primer año mientras tallaba una difícil mancha
— ¡Mi culpa!, te recuerdo Malfoy, que tú fuiste él que ayudo, a esconder un dragón, al tonto del guardabosque... oh y no solo hiciste eso. Sino que tambien conseguiste que lo convirtieran en una clase de mascota legal— se defendió el pelirrojo, mirando como Draco batallaba con la mancha del caldero.
—Claro que lo hicieron legal acaso olvidas que soy un Malfoy... no fue esa la razón por la que tu pobretona familia pidió mi mano en matrimonio Weasley, — dijo Draco, con tono imperioso —. ¡Oh! y no solo fue la mía también la de los Parkinson, Zabini, Nott, Longbottom, Goyle y Crabbe, ¿tanta urgencia tienen para salir de pobretones? Los únicos que valen la pena en esa familia son los gemelos y tus dos hermanos mayores, al menos ellos tienen dignidad.
Cuando la familia Weasley se entero que Ronald iba a nacer de la misma edad, que la mayoría de los herederos más ricos del mundo mágico, optaron por comprometer a su hijo con una de las familias más adineradas del mundo mágico, los Malfoy.
Al cumplir diez años, los Weasley, llevaron al pequeño Ron a la Mansión Malfoy. Draco estaba feliz de conocer a un nuevo amigo, pero cuando los padres del pelirrojo hablaron de matrimonio le pareció un completo interesado, así que lo boto como la mayoría de los chicos que solo le hablaban por su apellido y dinero.
Después del rechazo de los Malfoy, los Weasley visitaron al resto de las familias sangre pura para comprometer a su hijo pero fueron igualmente rechazados. Convirtiendo a su familia en una traidora, fueron en busca de los Granger, una familia de sangre pura que fue castigada por sus crimines dejándolos sin poderes.
La familia Granger tenía una hija de la misma edad de Ron, llamada Hermione, la actual prometida de Ronald.
—Draco yo... no sabía cuando fuimos a tu casa hace un año que intentaban comprometernos —dijo Ronald acercándose para acorralarlo contra la mesa sujetando su rostro.
—Perdiste el derecho de llamarme por mi nombre traidor de la sangre. Me das asco Ronald. — dijo Draco, empujándolo con fuerza y mandando a Weasley golpearse con la estantería de ingredientes.
Weasley salió del aula de pociones partiendo directo a la enfermería.
— L-lo be-besaste. — tartamudeo Harry. Quien se encontraba de pie frente a él. Su estomago daba vueltas y su pecho dolía, era la primera vez que sentía algo así, tal vez el tambien debía ir a la enfermaría.
— ¡Los lentes solo los tienes de adorno, Potter!
Ataco Draco, molesto, sabía que no era correcto que le hablara así pero su falta de confianza dolía, porque Harry creía que él haría eso, si fue el Weasley quien presiono sus labios con los suyos, eso no contaba como un beso o si. No, un beso es como los que se daba su papa a su mama eso era un beso, después de tanto pensar llego a la conclusión de: "esto fue una violación". Abrió sus ojos llenos de sorpresas y dijo:
— ¡Weasley me acaba de violar!
Si Harry no estuviera lo suficiente molesto, se hubiera reído por lo que Draco acaba de confesar, cogió con fuerza el brazo de su amigo y lo llevo hasta la sala común. Atravesaron la pared, al otro lado de ella se encontraba Zabini y Parkinson que al verlo, lo separaron violentamente de Draco. El rubio se frotaba con delicadeza la roja muñeca.
— ¿Qué diablos te pasa Potter? — dijo Blaise tomando Harry por cuello de su camisa.
Harry lo miro desafiante unos minutos para después volver su vista al rubio. Draco estaba sentado en el sofá repasando lo sucedido, como era posible que unas palabras terminaran en pelea.
—Basta Blaise esto fue culpa del Weasley menor— dijo parándose para tomar la mano de Harry y guiarlo hasta el sillón.
Harry se sentó y Draco recostó su cabeza sobre sus piernas. Como ya era costumbre Harry, empezó a jugar con la sedosa y larga cabellera del rubio.
— El Weasley me... ¡Me violo!
— ¡¿QUÉ?! — Gritaron Blaise y Pansy — ¿Potter?
Lanzaron a Harry una mirada interrogante. Sabían que Draco siempre sacaba conclusiones elocuentes. Pero y si decía la verdad… castrarían, matarían y se lo darían de comer a los dragones. El Weaslette es un estúpido pero eso rebasaba el nivel de majaderías.
— No Draco, Weasley no te violo — explico Harry más calmado y convencido de que Ronald era el culpable de todo.
— Harry, Harry, Harry… hizo algo que yo no quería, eso es violación — dijo intentando hacer entrar en razón su amigo.
—Bueno si... te quiso dar un beso a la fuerza, pero no te hizo algo más porque yo entre.
— ¡No veo la diferencia!, aunque si lo pones de ese modo...
— Un traidor abuso de mi pequeño, me las pagara, chicos los veo en la noche a las diez y media en la sala común
Masculló Pansy, se paro y camino a la salida súper molesta. Harry por su lado, se escabullía a la oficina de Filch: "tal vez lo pueda colgar desde la torre de astronomía", pensó metiendo un par de cadenas en su bolso.
Cuando el reloj apunto las diez y media, los Slytherin se reunieron en la sala común. La noche se volvía peligrosa para algunos Gryffindors; ninguno de los cinco chicos quería arriesgarse sin un plan, caminaron por los largos corredores del Castillo, cuidando de no toparse a Filch o su gata.
Eran alrededor de las once de la noche cuando llegaron a la torre de Gryffindor, Harry susurro la contraseña y entraron a la sala común. Los tres chicos se dirigieron a las habitaciones de los hombres, mientras Pansy iba a la de las mujeres buscando en las puertas el nombre de Granger. Harry guio a Draco y Blaise hasta la habitación de Ronald.
—Síganme —dijo Harry, usando un lumos y conduciéndolos hasta la cama donde reposaba Ronald Weasley —. Seguro que lo pensara dos veces antes de volver a creer que puede acorralar a una serpiente, ¿verdad?
— Eh...
Draco sonrojado miraba Blaise, que se encontraba rojo de ira, mientras Harry solo sonreía.
—Oh, sí... es una lástima que no podamos aplicarle una imperdonable... — comentó Blaise apuntando su varita a la frente de Ron —. Supongo que bastara con unas cuantas cortadas, un cambio de pelo y unas pesadillas.
—Yo robe las cadenas de la oficina Filch, sería una lástima regresarlas sin usar...
Draco lo miro con frialdad dando entender a Harry que estaba en contra de sus pensamientos
— Bien — dijo Harry, alzando las manos resignado — allá vamos, y no olvides aplicar un silenciador Blaise por si empieza a gritar.
Neville comenzó a despertar, se levanto de la cama rumbo al baño, abrió la puerta. Draco le aplico un encantamiento regresando al gordito a la cama. Entonces Ron dejo escapar un grito:
— Ahhh... ¡Desátame Potter!
Los tres chicos lo miraban fijamente.
— ¿Qué clase de pesadilla tendrá? — preguntó Draco
— ¿Quieres ver? — insinuó Harry
Draco asintió con la cabeza. Harry lanzo un encantamiento sobre Ronald y unas nubes brotaron rebelando una imagen. Weasley atado de las piernas y manos en algo parecido a un cuarto de baño, rodeado de arañas gigantes
— ¿Por qué tengo arañas? — pregunta Draco a apuntando a su imagen.
— Maldito Weasley— susurro Blaise derramando la poción que cambiaria el color rojo del cabello de Weasley a arcoíris.
Harry alzo su varita apuntando a Ron, susurro un encantamiento que le haría pequeñas heridas que no se cerrarían con ningún encantamiento o poción mágica hasta dentro de una semana. Los chicos tomaron a Draco de mas manos y lo sacaron de ahí
— Ni en una pesadilla, deja de torturar a Draco
— Tal vez le quiere — dijo una voz chillona proveniente desde las escaleras —. Sabes deberías resignarte, Blaise.
— ¿Qué tal, Pansy?
—Si la güerita no dio problema, de ahora en adelante se mantendrá alejada de nosotros o al menos eso dijo sollozando.
Una vez terminado su trabajo regresaron a la sala común.
