Pruebas
El clima era caluroso, en especial en el aula grande donde realizaban los exámenes escritos. Les habían suministrado plumas nuevas, personales, que habían sido hechizadas con un encantamiento antitrampa.
También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio. La profesora McGonagall los observó mientras convertían dos gotas de agua en una espada. Ganaban puntos las espadas más afiladas, pero los perdían si el fuego las evaporaba. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de recordar cómo hacer una poción para curar a un hijo de Zeus.
Harry lo hizo el examen con rapidez, tratando de ignora las punzadas de dolor que sentía en la frente. Draco pensaba que Harry aun les ocultaba algo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pesadilla, producida durante la guerra, que se había vuelto peor, porque la figura encapuchada de Voldemort le atormentaba.
Tal vez porque ellos no habían vivido lo que Harry vivió en el pasado, o porque no tenían cicatrices ardientes en la frente, Draco, Blaise, Theodore, Pansy, Crabbe y Goyle no parecían tan preocupados por el Futuro como Harry. La idea de Voldemort los atemorizaba, desde luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquietarse por lo que Quirrell o algún otro estuvieran tramando.
El último examen era Historia de la Magia. Media hora respondiendo preguntas sobre los inventos de viejos magos, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, Harry no pudo dejar de alegrarse con el resto.
— Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé — dijo Draco, cuando se reunieron con los demás en la sala común —. No necesitaba haber estudiado los libros avanzados de la biblioteca.
—Te dije que con los apuntes alcanzaba — suspiró aliviado Blaise, recostándose en el sofá —. Pueden aliviarse un poco, falta una semana para que sepamos lo bien que nos fue, y Harry, relájate, no hace falta preocuparse.
Harry se frotaba la frente.
— ¡Me gustaría saber qué significa esto! — estalló enfadado —. Una guerra se aproxima. Están por robar la piedra, pero no parece importarles.
Harry se encontraba agitado.
— Harry, relájate, — sugirió Draco — Blaise tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, iremos esta noche.
Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de algo, algo importante. Vio una lechuza que volaba hacia el muro, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas en aquella ocasión. Pasar ante Fluffy solo... solo... Pero...
Harry, súbitamente, se puso de pie de un salto.
— ¿Adónde vas? — preguntó Blaise, adormilado.
— Acabo de pensar en algo — dijo Harry. Se había puesto cadavérico —. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.
— ¿Por qué? — anheló saber Pansy, levantándose.
— ¿No les parece un poco raro — dijo Harry, subiendo por los escalones de piedra — que una canción de cuna duerma un perro de esa magnitud? Qué suerte tengo al saber pasarlo, ¿verdad?
— ¡¿Por qué no se nos ocurrió antes?! — dijo Draco, pero todos se echaron a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.
Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.
— Hola — dijo sonriente —. ¿Han terminado los exámenes? ¿Tienen tiempo para beber algo?
Draco iba responder cortésmente, pero Harry lo interrumpió.
— No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?
— No lo sé — respondió Hagrid sin darle importancia —. No se quitó la capa.
Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.
— No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.
Blaise se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes.
— ¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?
— Puede ser — dijo Hagrid, tratando de recordar —. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.
— ¿Y él... pareció interesado en Fluffy? — preguntó Harry, con calma.
— Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: acariciando, al mismo tiempo, sus tres cabezas se tranquiliza en seguida...
De pronto Hagrid pareció horrorizado.
— ¡No debí decir eso! — estalló —. ¡Olviden que lo dije! Eh... ¿adónde van?
Nadie hablo hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en la cabaña.
— Tenemos que ir a la sala común — dijo Harry
Miraron alrededor, como si temieran ser sorprendidos.
— Tendremos que... — empezó a decir Draco pero súbitamente una voz cruzó la entrada de las mazmorras.
— Buenas tardes, ¿qué están haciendo los siete aquí?
Lo miraron sin decir nada.
— No deberían estar dentro en un día así — dijo con una rara sonrisa torcida, el profesor Snape, que llevaba levitando muchas cajas.
— Vamos a la sala común — dijo Draco con arrogancia, según le pareció a Harry.
— ¿A la sala común? — repitió Severus, con tono suspicaz, como si sospechara algo inverosímil —. Los siete, ¿Por qué?
Harry tragó: « ¿Y ahora qué? ».
— Es… secreto — dijo Draco, pero de inmediato deseó no haberlo hecho, porque padrino Severus se enfadó.
— Diez puntos menos para Slytherin, — dijo con frialdad — por cada uno.
— ¡Setenta puntos! — prorrumpió Draco con aire desesperado —. ¿Mejor empléenos un castigo?
— Soy un mago ocupado, Joven Malfoy, no tengo tiempo para cuidarlos durante un castigo...
— Pero... — dijo Draco, sin embargo, Snape lo interrumpió.
— Por cada minuto es un punto menos.
— Pero Harry y la Piedra Filo... — dijo Pansy, de forma inconclusa
Fue evidente que el profesor Snape no esperaba aquello. Las cajas que llevaba se desplomaron al suelo y no se molestó en recogerlos.
— ¿Hagrid...? — masculló.
— Es mejor que volvamos a los dormitorios — dijo Theodore finalmente.
Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó.
— Tengan cuidado, una noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que visiten permanentemente a sus familias. Que pasen un buen día.
Esa tarde los siete permanecieron sentados en la sala común, lejos de todos, observando a cada uno de sus compañeros subir para la cena. Cuando volvieron de la cena, nadie los molestó: después de todo, todos de los de Slytherin se metían en asuntos privados. Pansy practicaba yoga, confiando en controlar su trauma. Draco, solo leía. Theodore y Harry no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían.
Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.
— Será mejor que se vayan a arreglar — murmuró Blaise, mientras el último Slytherin finalmente se iba, bostezando. Harry corrió por las escaleras hasta su dormitorio oscuro. Sacó la capa y la bolsa, que había preparado al amanecer.
Regresó a la sala común.
— Es mejor que nos pongamos la capa y nos aseguremos de que nos cubra a los cuatro... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...
— ¡Es peligroso! ¡Podrían descubrirlos! — dijo una voz desde un rincón. Blaise apareció detrás de un sillón, a su espalda como guardianes estaban Crabbe y Goyle, que afirmaban con la cabeza.
— Ir sin nada, sería más arriesgado — dijo Harry.
— Draco podría llevarlos por las sombras — contestó Blaise al instante.
Observaron la cara de confusión de Harry.
— Creí que lo habías deducido — aseguró Draco —. Papá, es guardián de Hades y, Mamá de Zeus.
— ¿Por eso el cerbero? — dijo Harry —. En la marca de Higgs... pero las habilidades de los dioses, pasan solo a sus hijos, ¿no?
— Así es — ratificó con superioridad, Pansy —. El dios Hades, tiene tanto aprecio hacia los Malfoy, que otorgo la marca del inframundo a Draco. Después de todo, la Familia Malfoy lleva sirviéndole durante 4 generaciones.
Harry miró al reloj de pie que había al lado de la chimenea. No podían perder más tiempo, Quirrell ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.
— Debemos irnos — dijo —. Esta haciéndose tarde.
Harry sintió un fuerte tirón y en menos de un segundo estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.
— ¿Cómo se sintió tu primer viaje por la sombras? — Preguntó súbitamente Pansy, mientras atravesaban la puerta.
Entornó sus cegados ojos verdes
— Como si me arrancaran la piel
Al ver la puerta abierta, Harry se volvió hacia los otros y les hizo el mismo cuestionamiento que a sus antiguos amigos.
— Si quieren regresar, no les reprocharé
— Y perdernos la diversión — dijo Pansy.
—Vamos contigo — dijo Theodore.
Draco empujó la puerta y con seguridad expresó:
— Necesitaras de nuestra ayuda
Cuando la puerta crujió, oyeron unos jadeos. Los tres hocicos del perro resoplaban en dirección a ellos.
— ¿Q-qué tiene en los pies? — susurró Pansy.
— Parecen muñecos de cera — dijo Theodore —. Es una trasformación de alto nivel, porque…
El enorme perro gruñó y se estiró, era el indicio de que comenzaba a despertarse.
— La cera por si sola no tiene vida, pero hay un encantamiento que le otorga movimiento por unos minutos — dijo Draco —. Bueno, empecemos...
Levantó la varita al nivel de su corazón y susurro el encantamiento en latín. Era exactamente como una melodía, pero desde la primera nota la varita de Draco comenzó a brillar. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, Theodore, introdujo la magia que destellaba la varita de Draco, a los muñecos de cera. Los Muñecos, se balancearon sobre el perro, que cayó por segunda vez profundamente dormido.
— ¿Qué intentas? — Preguntó Harry con ansiedad, cuando contemplo la mirada de miedo y decisión en Pansy —. Espera, yo lo ha…
Draco, que empezaba bajar su varita, hizo un gesto para llamar la atención de Harry y señaló hacia Pansy, indicando que la dejara continuar.
Pansy tragó, horrorizada, apretó los dientes y anduvo con cuidado sobre las patas del perro. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproximaba. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió.
— ¡Lo… lo hice! ¡Draco, lo hice!
— Bien hecho — le felicitó Draco
— Ella tenía que hacerlo — susurró Theodore a Harry —. Debía probarse, que no dejaría morir a un amigo
Theodore se acercó y miró hacia abajo. No se veía el fondo
— Deben irse ya
— ¿Tú? — preguntó Harry
— Alguien tiene que mantenerlo dormido hasta que regresen — dijo Theodore —. Estaré bien, ¡váyanse!
Pansy se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos. Miró a Draco y dijo:
— Nos veremos en un minuto...
Y Pansy se dejó caer. Draco le siguió de inmediato. El aire húmedo mientras caían, caían y…
¡PAF! Pansy aterrizó en algo esponjoso, a su lado, segundos después aterrizó Draco. Se incorporaron y miraron alrededor.
— ¡Estas bien! — dijo Draco mientras inspeccionaba a Pansy.
— Lo estoy, ¡Fue un aterrizaje suave!
Se oyó un ahogado ladrido, pero Harry ya había saltado. Cayó al otro lado de Pansy.
— Esto es…
Comenzó Pansy al analizar la especie de planta en la que estaban sentados
— ¡Es Lazo del Diablo! — dijo Draco
— ¡No se muevan! — ordenó Harry —. Estaremos bien
Enseguida, sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta los liberaba, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse.
— Por aquí — dijo Harry, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino. Lo único que podían oír, además de sus pasos, era un suave tintineo acompañado de un crujido.
Con cada paso que daban el leve tintineo y el crujido se hacían más fuertes.
— ¿Estamos cerca? — susurró Harry.
Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación completamente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una gran puerta de madera.
— ¿Qué hacemos? — preguntó Draco.
— Atrapar la llave alada que abre la cerradura — contestó Harry
Cogió la escoba y de una patada se elevo en el aire, encumbrándose entre las llaves. Después de unos minutos, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida que iba a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano.
Aterrizo rápidamente y corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta… al instante en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado anteriormente.
— ¿Listos? — preguntó Harry a los otros dos, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta.
La habitación siguiente estaba totalmente oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz bruscamente inundó la habitación, para revelar una gran sorpresa...
— Deberíamos estar al borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas — dijo Harry con nerviosismo, al ver como la puerta detrás de ellos desaparecía —. Frente a nosotros, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas y detrás de ellas una puerta.
Entonces aparecieron dos enormes tableros de Sudoku Mágico, uno en el lugar que debería estar la puerta para continuar, y el otro a sus espaldas por donde entraron.
— ¿Ahora qué hacemos? — susurró Harry
— Está claro — dijo Pansy —. Tenemos que resolverlo para cruzar o salir de la habitación.
— ¿Sudoku? — dijo Harry con alterado — Tía Petunia los contesta siempre en el periódico.
— No es tan simple — contestó Pansy — En el Sudoku Mágico no hay margen de error.
— Observa, en la primera región tenemos como pistas el 5,3, 6, 9 y 8 — dijo Draco, que se acercó a la esquina izquierda en la celda que estaba entre el 6 y 9, y levantó la varita para colocar el numero 5. De inmediato el tablero se encogió, las paredes cobraron vida y recorriéndose un metro.
— Las paredes se mueven — dijo Harry — por cada error la habitación se hace más pequeña. ¿Tenemos que... resolverlo primero de forma mental?
Veinte minutos después Pansy, había terminado de completar el Sudoku. Los números brillaron y desaparecieron, dejando visible la puerta.
— Necesitaremos una salida… — dijo Pansy, y Draco asintió con la cabeza —. Ustedes sigan adelante me quedare resolviendo el otro
Con una mirada de inquietud hacia Pansy, Harry y Draco corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.
— ¿Ella...?
— Estará bien — dijo Draco, en su voz había seguridad —. ¿Qué que nos queda?
—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las paredes en tableros de Sudokus. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...
Habían llegado a otra puerta.
— ¿Todo bien? — susurró Harry.
— Sí.
Harry empujó y abrió.
Unos humos desagradables los invadió, haciendo que se taparan la nariz. Con ojos llenos de lágrimas, vieron, abatido en el suelo frente a ellos, un trol derribado e inconsciente, que sangraba de la cabeza. Pasaron con cuidado sobre una de las enormes piernas.
Draco abrió la próxima puerta, sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.
— Snape — dijo —. ¿Qué tenemos que hacer?
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego de color purpura se encendió detrás de ellos. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados entre llamas de dos colores.
— ¡Ahí! Junto a las botellas — señaló Harry.
Draco cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Leyó en voz alta y clara:
El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,
una entre nosotras siete te dejará adelantarte,
otra llevará al que lo beba para atrás,
dos contienen sólo vino de ortiga,
tres son mortales, esperando escondidos en la fila.
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,
para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:
Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre
encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;
Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte
hacia delante, ninguna es tu amiga;
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes:
Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una
vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.
— Creí que sería más difícil — dijo desilusionado Draco —. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.
Harry asintió, miró a la diminuta botella.
— Aquí hay sólo para uno de nosotros — dijo —. No hay más que un trago.
Se miraron
— Yo beberé esta — dijo Draco, señalando una botella redonda del extremo derecho de la fila —. Tú bebe ésa
Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas.
— Allá voy — dijo, y se bebió el contenido de un trago.
Los labios de Harry temblaron, dejó la botella y de pronto se lanzó sobre Draco y lo abrazó.
— ¡Harry!
—Draco... Eres un gran amigo, ya lo sabes.
— Tambien eres un buen amigo — contestó muy incómodo, mientras él lo soltaba —. Vete, antes de que se termine el efecto.
Harry giró en redondo y fue hacia delante.
— ¡Harry, ten cuidado! — Gritó Draco, al ver que las llamas negras lamían el cuerpo de su amigo pero no lo quemaban. Se quedo un rato observando las llamas negras y las púrpuras
— Espero no equivocarme — susurró, se enfrentó a las llamas negras. Al no quemarse, emocionado, gritó —. ¡Es fuego de Hades!
Pasó directamente a través del fuego negro.
Durante un momento no pudo ver más que oscuridad. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación. Ya estaba Harry allí.
