El Estallido
Todo comienza cuando tío Vernon y tía Petunia se despertaron un jueves, cuatro días después del cumpleaños Harry, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y asombrosos que poco después tendrían lugar en Little Whinging, Surrey. Tío Vernon canturreaba mientras se ponía su corbata más sosa para ir al trabajo, y tía Petunia parloteaba alegremente mientras despertaba a Dudley y a Harry.
Ninguno presto atención al sonoro gritar procedente del exterior.
A las seis en punto, tío Vernon salió a coger el periódico, y algo paso volando muy cerca de su rostro. Miro a su alrededor. Vio a las mujeres del todo el vecindario correr tras sus prensas, que amenazaban con alejarse volando. Tío Vernon se quedó petrificado. El temor lo invadió. Se volvió hacia las mujeres, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo. «Potter», dijo entre dientes tío Vernon mientras se apresuraba a entrar a la casa e instantáneamente echó a correr hasta la cocina.
—¡Usaste Magia! —dijo tío Vernon en voz alta, cuando Harry y Dudley entraron al comedor.
Aquello no iba bien. Tío Vernon lucia muy molesto.
—No —respondió Harry en tono cortante—. ¿Por qué?
—Hay cosas muy extrañas en afuera —masculló tío Vernon—. Vestidos con alas... mujeres gritando... y tambien había en las calles una gran cantidad de gente con aspecto raro...
—¿Son del departamento de magia accidental? —interrumpió bruscamente a tío Vernon —Bueno, pensé... quizá... que podría tener algo que ver con... ya sabes... magia accidental…
Tía Petunia preparaba el desayuno sin poner demasiada atención en lo que hacía, pues estaba atenta de lo que su esposo y sobrino discutían. En el rato que tardó en freír las salchichas echó unas cuantas miradas de desaprobación a su sobrino. De vez en cuando murmuraba: «magia accidental, que excusa más pobre» o «nunca lo hubiera creído».
—Tú no tienes la culpa, dulzura —aseguró a Dudley, echándole en el plato ocho o nueve salchichas—. Vernon y yo también hemos estado muy preocupados por ti. Has actuado extraño desde inicios del verano —dijo mientras le servía tres huevos fritos —. Anoche mismo estuvimos comentando que si el colegio es la causa, iríamos a inscribirte en otro. Pero, si no confías en nosotros, tus padres, no hay mucho que podamos hacer.
Antes de que Harry pudiera intervenir, una lechuza penetró por la ventana del comedor, dejó caer una carta sobre la cabeza de tía Petunia y volvió a salir. Dudley gritó como un histérico y huyó del comedor exclamando algo sobre una rata.
— ¡Léela! —Dijo tío Vernon, avanzando hacia él con un destello preocupación en sus ojos diminutos y blandiendo la carta que había dejado la lechuza—. ¡Vamos, léela!
Harry la cogió. No se trataba de ninguna felicitación por su cumpleaños, ¡ni siquiera iba dirigida a él!
Estimado Señor Dursley:
Hemos recibido la información de que un brote de magia accidental ha aparecido en su lugar de residencia esta misma mañana a las seis y diez minutos. Como usted sabe, a los magos menores de edad se les permite el ingreso en el colegio de su zona. Asimismo tenemos el placer de informarle de que al ser este su segundo brote de magia accidental dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia.
¡Que disfrute de unas buenas vacaciones!
Muy cordialmente, Minerva McGonagall
Directora adjunta
Harry levantó la vista de la carta y tragó saliva.
—N-no nos había dicho que podía hacer magia —dijo tía Petunia, con una chispa de angustia en los ojos—. No quiso mencionarlo... ¿Por qué?
—Le asusta conocer un nuevo mundo, me atrevería a decir...
—Es verdad, Harry, ¿Tú podrías hablar con él? Decirle que mama está orgullosa... Debe ir a ese colegio... Ustedes deben ir... Aprender a utilizar la magia, ¡¿cierto?!
Y, nerviosa, lo arrastró escaleras arriba.
Harry, le explico sobre la magia y el colegio a Dudley, pero este solo sonrió y dijo que lo pensaría. A la mañana siguiente, Dudley no salió de su dormitorio y tía Petunia tuvo que pasarle la comida por la puerta. Esa rutina duro toda la semana. Sólo salía por la mañana y por la noche para ir al baño. Aparte de eso, permanecía encerrado en su habitación las veinticuatro horas del día.
Al cabo de dos semanas, no había indicios de que Dudley les quisiera honrar con su presencia, y Harry no encontraba la manera de sacarlo de su habitación. Dudley, pasaba el tiempo tumbado en la cama, viendo ponerse el sol tras la ventana y preguntándose desconcertado qué debería hacer.
¿De qué le serviría aprender a utilizar sus poderes mágicos, si luego tendría que dejar todo lo que conoce? Por otro lado, Harry, le describía a Hogwarts como algo glorioso.
Toc. Alguien llama nuevamente.
Abrió la puerta y apareció la mano de tía Petunia, que introdujo en la habitación un cuenco de sopa. Dudley, cogió el cuenco. La sopa estaba tibia, se lo bebió en tres tragos. Luego se fue hasta la silla junto a la ventana y miró atraves de ella con expresión nostálgica.
—Debería estar feliz, pero… ¿quizá no pertenezco a ese mundo? —dijo Dudley con tristeza. Volvió a dejar el cuenco vacío en el suelo, junto a la puerta, y se echó otra vez en la cama.
La habitación estaba cada vez más oscura. Exhausto, con el cerebro dando vueltas a preguntas sin respuesta, Dudley concilió un sueño agitado.
Soñó que lo ridiculizaban en el colegio, en medio de la clase dejaban caer sobre él un brebaje, convirtiéndolo en un diminuto insecto. Desde arriba, la gente lo miraba con burla mientras él yacía, débil e indefenso, bajo sus pies. Entre la multitud veía el rostro de Harry y le pedía ayuda a voces, pero él se alejaba diciendo: «Tienes lo que mereces, Dursley», y desaparecía junto a sus amigos.
—¡Regresa! —chillo Dudley, abriendo instantáneamente los ojos.
La luz de la luna brillaba por la ventana. Y algo, con los ojos muy abiertos, lo miraba tras la ventana: algo con alas, plumaje gris y ojos grandes.
Se produjo un súbito golpeteo.
«Ellos de nuevo», pensó Dudley, se incorporó y se le cayeron las suaves sabanas. Había una lechuza golpeando con su pata en la ventana, con un par de cartas en el pico.
Dudley se puso de pie, con el corazón abrumado. Fue directamente a la ventana y la abrió. La lechuza bajó en picado y dejó las cartas sobre la cama. Entonces la lechuza se posó sobre su hombro, para después salir volando.
—¡Ya están aquí! —exclamó.
Hubo unos minutos de silencio mientras leía su carta. Le informaban que entraría directo al segundo curso y durante los fines de semana repondría el primer curso. Tambien le indicaban que cogiera el tren a Hogwarts el 1 de septiembre, en la estación de Kings Cross. Se adjuntaba una lista de los libros de texto que necesitaría:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:
Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
Una capa de invierno (negra, con broches plateados).
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.
Teoría mágica, Adalbert Waffling.
Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.
Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.
Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.
Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.
Todos los alumnos de segundo curso necesitarán:
El libro reglamentario de hechizos (clase 2), Miranda Goshawk.
Recreo con la «banshee», Gilderoy Lockhart.
Una vuelta con los espíritus malignos, Gilderoy Lockhart.
Vacaciones con las brujas, Gilderoy Lockhart.
Recorridos con los trols, Gilderoy Lockhart.
Viajes con los vampiros, Gilderoy Lockhart.
Paseos con los hombres lobo, Gilderoy Lockhart.
Un año con el Yeti, Gilderoy Lockhart.
RESTO DEL EQUIPO
varita.
caldero (peltre, medida 2).
juego de redomas de vidrio o cristal.
Telescopio.
balanza de latón.
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
Después de leer su lista, Dudley echó un vistazo a la de Harry. Prácticamente le mandaban la lista de los libros que necesitaría para el curso siguiente.
Dudley suspiró y se estiró en la cama. A la mañana siguiente, bajo para el desayuno, todos estaban muy callados. En ese instante, Dudley vio que su madre lo miraba jubilosamente, y trató de disimular untándose mermelada en el pan.
—Han llegado cartas del colegio —dijo Dudley entregando a Harry su sobre de pergamino amarillento, con la dirección escrita en tinta verde—. Espero que los libros resulten baratos.
Dudley miro de reojo a sus padres.
—De hecho, los libros de Lockhart son muy caros... —añadió Harry, echando un vistazo a la lista de Dudley—. ¿Vas a llevar ambos cursos?
Dudley no decía nada. Se sentía un poco incómodo, así que opto por asentir con la cabeza.
