Orgullo y Pandemia

El Sr. Bennet dio un rápido vistazo a sus hijas, que no perdían detalle del intercambio de la pareja, disimulando como que cada una estaba absorta en su actividad— Y dime, querida ¿Cómo piensas conseguir eso?¿Y qué te hace pensar que el Sr. Bingley sería bueno para Jane?¿Por qué no para Lizzy? —Esta levantó la cabeza del libro regalándole una mirada reprensiva—. ¿O Mery? —Añadió riendo—. ¿Quizás las prefiere morenas?

— Sr. Bennet ¡Deja de decir sandeces! Es muy urgente que vayas a presentarte. No me fio de la fresca de la Sra. Long. Seguro que lo quiere engatusar con sus sobrinas.

— Siempre es gratificante saber que me tienes más confianza que a los de fuera de casa y que tú no lo quieres engatusar...

— ¡A este paso no engatusaré a nadie, Sr. Bennet!

— ¡Aaaaachuuus!

— ¡Kitty, por favor! Estoy intentando hacer entrar en razón a tu padre ¡No vayas estornudando por todas partes!¡Me crispas los nervios!

— Sí Kitty, recuerda que es necesario que lo hagas en el interior de tu codo —añadió el Sr. Bennet mirándola pensativo.

— No lo hago queriendo -protestó la pequeña.

— Estornudar no, pero hacerlo como quien da de comer a las gallinas, sí —comentó por lo bajo y continuando con su lectura.

— ¡No me cambiéis de tema! —exclamó mientras daba un pisotón en el suelo la Sra. Bennet. Todos se la quedaron mirando—. ¿Cuándo lo irás a ver?

— ¿A quién?

— ¡Al Sr. Bingley! —contestó exasperada.

— ¿Para qué?

— ¿Cómo que para qué? Te lo he dicho, para presentarte.

— ¿Y por qué me tengo que querer presentar al Sr. Bingley.

— ¡Mira!¡Ya empiezo a estar harta de este Sr. Bingley!¡Y no lo conozco!

— ¡Diantre! Pues habérmelo dicho antes y me hubiera ahorrado el irme a presentar —Rio él, esperando la reacción de la Sra. Bennet.

—¡Oh!¡Oh!¡Oh!¡Sr. Bennet!¡Mira que eres pueril!¿Por qué no me lo has dicho?

— No me lo has preguntado —Se encogió de hombros.

— ¡Ah! Chicas ¿No somos afortunadas de tener a vuestro padre? Sabía que no me decepcionaría —Se abalanzó para darle un sonoro beso en la mejilla— Chicas, vamos a preparar los trajes para el baile de pasado mañana. Tengo entendido que ha venido con un amigo, aún más adinerado que él y nunca se sabe.

— ¿Cómo?¿Ahora? —preguntó Elisabeth disgustada.

— Sí, sí, sí... no hay tiempo que perder... ¡Vamos!¡Venga, venga!¡Para arriba! —Las hizo salir a todas para subir al piso.

Cuando todas habían subido, el Sr. Bennet le recordó— ¡Todavía no me has dicho cómo piensas hacer eso de confinar en Netherfield!

— Paciencia Sr. Bennet, paciencia, que es la madre de la ciencia —respondió eufórica asomada a la barandilla de arriba.

— ¿La ciencia de qué, exactamente? —pensó en voz alta.

— ¿Cómo Sr. Bennet? La ciencia de encontrar buenos maridos para nuestras muchachas —rio ella triunfante.

Continuará...