Velada
Dudley miraba sin expresión alguna a los alumnos de su recién seleccionada casa. Algunos aplaudían superioridad, otros aplaudían vigorosamente y el resto solo le ignoraba, pero entre tanto come-libro, sobresalía una cálida rubia risueña. El único ser que parecía real. Sin pensar más en ello, tomó asiento al lado de la pequeña rubia.
—¡… año nuevo en Hogwarts! —Escuchó decir al director. A continuación, los brillantes platos que posaban en la mesa estuvieron llenos de comida.
Dudley sirvió en su plato un filete, dos salchichas, un poco de patata asada, ensalada de verduras y salsa de tomate, también cogió una copa de pudín. Todo se veía delicioso.
—Se termino —dijo con tristeza la niña de pelo rubio.
—¿Disculpa...?
—Les atrae pudín —explicó ella — a los Roñeda… son indefensos, por supuesto, pero uno no les presta atención y los pone triste. Vuelan a tu alrededor les debes agradar mucho. Creo no me he presentado, ¿verdad? Luna Lovegood de primer año.
Dudley observo detalladamente a su compañera. Ella tiene pelo rubio con toques oscuros, largo hasta la cadera. Sus ojos claros y grandes le dan un aire de sorpresa y de soñador. En resumen es una chica hermosa e inocente.
—Como una tierna hermana menor —susurró con tono afable—. Dudley Dursley, mucho gusto Luna. Si gustan los Roñedas pueden tomar un poco de mi pudin…
—¡Me crees! ¿No piensas que estoy loca? ¿Quieres ser mi amigo?
Dudley pareció muy desconcertado, como si su conversación hubiera tomado un giro inesperado.
—¿Loca? —dijo confuso. Alzó su mano y acaricio la cabeza de Luna, como si fuera un lindo gatito. Era evidente que alguien había tratado de herirla verbalmente, pero que no lo había hecho bien. Pareció complacido ante la cara de asombro de su nueva amiga y retiro su mano de la cabellera rubia, tosió y dijo: —¡Amigos!
La conversación con Luna se ha vuelto amena e interesante, y aunque Dudley parecía muy contento, una chica de Slytherin no compartía tal felicidad.
Pansy se volvió para mirar Harry, con la respiración todavía agitada.
—"¡Es más probable que sea un Hufflepuff, que un Ravenclaw! Slytherin se apega bien con su personalidad"— imitó con voz chillona, las palabras de Harry—. Al parecer si lee, ¿verdad Potter? O quizá solo me mentiste. ¡¿Qué dementores hace Dudley conversando entre risas tontas con la niña de lentes ridículos?!
Harry, que aun miraba perplejo a su primo desde su lugar en la mesa de Slytherin, se preguntaba: ¡¿Cuándo se había vuelto tan inteligente Dudley?! Bueno tampoco es como si le conociese mucho, ellos nunca se habían llevado bien hasta hace un año. Sin embargo, aquello explicaba los libros que estaban en su antiguo cuarto de juegos, es decir, la habitación de Harry.
—¿Cómo querías que supiera su fiche hacia los libros? —preguntó Harry con gran interés.
—Nunca se lo habías preguntado —dijo con delicadeza Pansy; cuando los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como al comienzo.
—Y-yo… nosotros no teníamos comunicación —comentó—. Mi tía y mamá no eran amables entre sí. Cuando mamá se caso con mi padre se alejo más de su familia, al morir me dejaron en casa de mi tía. En mi vida anterior no logre comprenderlos como ahora. Fue una sorpresa agradable para mí cuando comenzaron a tratarme mejor.
Los demás sonrieron.
—Deberías acercarte más a él —sugirió Draco—. Es un chico agradable, aunque un poco tímido.
En seguida, aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los sabores existentes, pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, arroz con leche...
Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.
—Mis padres, al igual que los suyos, son algo fríos —dijo Blaise—. Mi padre es un purasangre con creencias. Mamá le dijo que mi educación sobre supremacía de la sangre seria nula. Fue una sorpresa algo desagradable para él, pero no tuvo más opción que aceptar. ¡Oh, Harry! No hagas caso a esos rumores donde ponen a mi padre muerto y a mi madre como una loba en celo.
No era el regreso a clases que había imaginado. Con los pensamientos desordenados, la mirada perdida y enternecida, inicio hacerse la idea que Ravenclaw sería una excelente casa para su primo, además Dudley parecía tener a Luna como amiga. Ella siempre había sido solitaria, en su vida anterior, en esta nueva oportunidad Luna tenía un amigo y él poseía una familia y amigos reales.
Pansy vigiló a Dudley durante un rato, pero él no volvió a mirarlos.
Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.
—Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.
»Los de primer año deben tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.
Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.
—El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos.
»Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.
—¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore.
Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con una melodía lenta. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.
—¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salir al trote!
Dudley y los de primer año de Ravenclaw siguieron al prefecto a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subieron por una muy angosta escalera en forma de caracol. Estaba tan absorto conversando con Luna que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando el prefecto en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y tapices que colgaban de las paredes. Subieron más escaleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Dudley comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían seguir, se detuvieron súbitamente.
En medio del pasillo había una puerta sin picaporte, en la que colgaba una aldaba con forma de águila.
—¿A cuál pregunta jamás podrás contestar de forma afirmativa? —preguntó.
Los alumnos aceptando el desafío comenzaron a vociferar sus respuestas, el prefecto y Luna parecían pensarse un poco más la pregunta. Mientras sus ojos comenzaban a cerrarse, Dudley, se preguntaba porque los chicos inteligentes tardaban tanto en responder una pregunta tan fácil… tal vez sus cerebros decidieron dormir temprano.
—¿Estás Dormido?—le dijo Dudley al águila, y la puerta se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared . Todos se amontonaron para pasar (empujaron bruscamente a Luna, pero Dudley la sostuvo a tiempo) y se encontraron en la sala común de Ravenclaw; una habitación amplia y circular, llena de mesas, sillas y libreros.
El prefecto condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera, era evidente que estaban en una de las torres. Encontró, por fin, su dormitorio, tres camas con cuatro postes cada una y cortinas de terciopelo azul oscuro. Su baúl ya estaba allí. Demasiado cansado para conversar con sus compañeros, se puso su pijama y se metió en la única cama disponible.
