Orgullo y Pandemia
A pesar de las instrucciones del médico y las esperanzas de descanso del poco locuaz Sr. Darcy, el aislamiento interno en Netherfield fue una constante lucha contra los despropósitos de la Srta. Bingley. Primero instruyó al servicio para que no se separara la mesa de la comida. Se negaba a llevar mascarilla contra argumentando que no podía respirar con ella puesta. También insistía a compartir la sala de juegos, argumentando que ya guardaría la distancia de un metro y medio.
El Sr. Darcy pidió a su amigo que refutara las órdenes de su hermana, para prevenir que el servicio, que no había estado en contacto directo con los confinados, se contagiara y, de rebote, al resto de la casa. Así que se utilizaron dos comedores, de forma que no llevar mascarilla tampoco le sirvió a la Srta. Bingley para mostrar su sobrevalorada cara. En su interior, se resentía de las dos hermanas Bennet y su hermana le seguía la corriente.
El Sr. Darcy, también le solicitó que le recordara a su hermana que la distancia mínima era de dos metros, a pesar de que, si por él hubiera sido, le hubiera pedido cinco de separación. Aquella mujer podía ser realmente empalagosa cuando se lo proponía. Al final, la sala de juegos quedó adjudicada a los confinados y la biblioteca al resto, cosa que puso de mal humor a la Srta. Elisabeth, que todavía le cogió más manía al Sr. Darcy al descubrir que había sido idea suya.
También por recomendación del Sr. Darcy, se dividió el jardín en dos zonas; la zona principal y frontal de la finca, sería destinada a los que se suponían limpios y sin contagiar. La zona trasera de la finca, por la salida del servicio, sería para que pudieran pasear los que tenían más probabilidades de contagio.
La Srta. Bingley trataba de controlar los horarios donde el Sr. Darcy y su hermano salían a pasear, para intentar exhibirse con sus mejores trajes, gritándoles para poder hablar desde el otro lado y aprovechar para poner de vuelta y media a la Srta. Elisabeth. El Sr. Darcy fue sorprendido las primeras dos veces. Cuando se dio cuenta de la intencionalidad de la mujer, decidió cambiar sus rutinas y vigilar primero si la Srta. Bingley salía, para ir al lateral contrario que, casualmente, coincidía con el preferido por la Srta. Elisabeth.
Por el contrario, al siguiente día, la Srta. Elisabeth empezó a tomar la misma estrategia respecto a él. Su hermana continuaba muy débil y todavía no podía salir. Lo que menos le apetecía era ver aquel malcarado. Y el servicio se divertía observando como los habitantes principales de la casa parecían jugar al gato y al ratón.
Sin que nadie más lo viera, el Sr. Darcy realizó una selección variada de sus libros favoritos y solicitó, discretamente, a uno de los criados que los dejara en la zona de los confinados. En una de las discusiones que escuchara en los Lucas, de la Srta. Elisabeth, descubrió su interés por la lectura. Asumió que el confinamiento, sin tal entretenimiento podría resultarle demasiado tedioso con la compañía de los Hurts y Caroline. Con este gesto, tenía la esperanza de aliviar algo la estancia de la joven.
Continuará...
