Disculpen la tardanza, es que no sabía cómo trasmitirles los sentimientos de Harry durante su batalla en los juegos.

¡Espero, el capítulo sea de su agrado!

OOO

El sol reinaba en el cielo, tan resplandeciente y tan cálida que la audiencia anhelaba un diluvio. Harry abandonó su escondite con paso vacilante. Sus hombros se sacudían convulsivamente, y se abrazó los codos para aplacar el temblor. Indeciso, miró a su alrededor, ni siquiera tenía fuerzas para seguir luchando. Se apoyó en el arbol más cercano y dejó que su cuerpo resbalara hasta el suelo.

La sensación de dolor en su cuerpo estaba a punto de volverlo loco, y cada vez se sentía más débil y desorientado. Había subestimado los juegos, para cuando se dio cuenta de la verdad, estaba a punto de ser el alimento de una Hidra, este expulsaba un aliento venenoso, y aunque cortaba sus cabezas estas parecían multiplicarse, por lo que se vio obligado a refugiarse entre los árboles y arbustos todo entre agudos espasmos que acababan dejándolo exhausto. Por suerte, el dolor insoportable que lo había atormentando durante horas estaba desaparecido, y con él, el latido de su corazón. Ni el más leve palpitar lo agitaba.

Se miró los brazos que descansaban sobre su deteriorada túnica, con la parte interior de las muñecas hacia arriba. La mordedura había desaparecido casi por completo, solo una marca rojiza apenas visibles en la piel. Se estremeció al recordar cómo una de las cabezas le había capturado los brazos. Tuvo que arrastrarse entre el pasto y la tierra hasta la sombra de un árbol, tan rápido como sus fuerzas se lo permitían, para protegerse de aquella bestia que casi lo convierte en su cena.

Miró de reojo a la figura que se acercaba. Un hombre de mediana, se agachó a su lado y lo miró con atención. Por su aspecto no parecía en condiciones para continuar con la competencia.

—¿Estás bien? —preguntó, ladeando la cabeza para poder ver su rostro.

Harry levantó la mirada del suelo y clavó sus ojos verdes en él.

—Un poco cansado —susurró.

El hombre le dedicó una sonrisa amable.

—¿Puede continuar?

—S-si —logro completar—, déjeme continuar.

Alargó la mano y acarició el cuello del hombre. Las yemas de sus dedos se deslizaban por la cálida piel con la suavidad de la seda.

—¡Dios mío, estás helado! —exclamó él, mientras se preguntaba cómo no había muerto.

Harry no parecía escucharlo, miraba fijamente al chico rubio de la audiencia.

Él volvió a sonreír, pero esta vez su expresión se tornó comprensiva.

—Lo siento, pero no puedo dejarlo continuar en esas condiciones… —dejó la frase suspendida en el aire, y lanzó una mirada al público e instantáneamente anuncio que el guardián Harry Potter había sido retirado por heridas graves.

Harry no protesto, se puso en pie, lo tomó de la mano y juntos se aproximaron a la salida del coliseo. Donde fue recibido por sus compañeros de casa y por su profesora, sin embargo, no tuvo muchas posibilidades de charlar con sus amigos. Pues estos se encontraban ocupados aplicándole hechizos básicos de medimagia.

Para el resto de los Slytherins había resultado muy fácil, pero en realidad no lo era. Los juegos eran para que los dioses estudiaran a los magos y así pudiesen decidir cambiar o dejar a sus guardianes, sin embargo, a estos no parecía impórtales la salud de los magos ni si estos morían o sobrevivían a dichos juegos.

Harry se retorcía, pataleaba, sacudía sus puños y pasó dos largas horas, inconsciente en el suelo.

Al regresar a Hogwarts, Harry, al igual que los demás, estaba empapado en sudor, le dolían varias partes del cuerpo y estaba lleno de tierra. Volvieron a los dormitorios para lavarse un poco, y los de Slytherin marcharon corriendo a la clase de Herbología.

El tema de las mandrágoras había resultado mucho más fácil de lo que Harry recordaba.

Harry se sintió aliviado al oír la campana de la comida. Sentía los músculos desechos. Todos salieron ordenadamente de la clase salvo él y Draco, que todavía estaba ordenando sus útiles.

—¡Urge otra mochila, a esta no le cabe nada!

—¡Eso es porque siempre cargas con todo el horario y con libros de la biblioteca! Simplemente echa el horario del día—sugirió Harry.

—Me niego, primero compro otra mochila —dijo Draco, encogiendo la mochila y metiéndola en la bolsa de su túnica junto a la varita.

Bajaron a comer, pero el humor de Draco no mejoró cuando Pansy le enseñó la nueva y mejorada mochila mágica que le habían enviado sus papás.

—¿Qué hay esta tarde? —dijo Harry, cambiando de tema rápidamente.

—Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo Blaise el acto.

—¿Por qué —preguntó Draco, cogiéndole el horario— has colocado una cruz en todas las clases de Lockhart?

Pansy le quitó el horario. Se había puesto roja.

Terminaron de comer y salieron al patio. Estaba nublado. Blaise, Pansy y Theodore se sentaron en un peldaño de piedra y comenzaron a discutir sobre criaturas mágicas. Harry y Draco se pusieron a hablar de quidditch, y pasaron varios minutos antes de que Draco se diera cuenta de que alguien lo vigilaba estrechamente. Al levantar la vista, vio al muchacho pequeño de pelo castaño que la noche anterior se había puesto el sombrero seleccionador. Lo miraba como paralizado. Tenía en las manos lo que parecía una cámara de fotos muggle normal y corriente, y cuando Harry miró hacia él, se ruborizó en extremo.

—¿Me dejas, Harry? Soy... soy Colin Creevey —dijo entrecortadamente, dando un indeciso paso hacia delante—. Estoy en Gryffindor. ¿Podría..., me dejas... que te haga una foto? —dijo, levantando la cámara esperanzado.

—¿Una foto? —repitió Harry sin creer aquello, es decir, pensó que Colin no se acercaría hacia su persona siendo un Slytherin.

—Con ella podré demostrar que te he visto —dijo Colin Creevey con impaciencia, acercándose un poco más, como si no se atreviera—. Lo sé todo sobre ti. Todos me lo han contado: cómo sobreviviste cuando Quien-tú-sabes intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas en la frente la cicatriz en forma de rayo. Y me ha dicho un compañero del dormitorio que si revelo el negativo en la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento.

Colin exhaló un soplido de emoción y continuó:

—Esto es estupendo, ¿verdad? Yo no tenía ni idea de que las cosas raras que hacía eran magia, hasta que recibí la carta de Hogwarts. Mi padre es lechero y tampoco podía creérselo. Así que me dedico a tomar montones de fotos para enviárselas a casa. Y sería estupendo hacerte una. —Miró a Harry casi rogándole—. Tal vez tu amigo querría sacárnosla para que pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego?

—¿Firmar fotos? ¿Tan famoso te crees, Potter?

En todo el patio resonó la voz chillona de Ronald Weasley. Se había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por sus amigotes.

—¡Escuche todo el mundo! —gritó Weasley a la multitud—. ¡Harry Potter firma fotos!

—No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños—. ¡Cállate, Comadreja!

—¡Envidia Weasley!—dijo Draco con voz potente y cáustica.

—¿Envidia? —dijo Weasley, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la mitad del patio lo escuchaba—. ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? ¿De ser huérfano? No, gracias.

—Weasley, ten cuidado —dijo Draco con un aire despectivo—. Puede que Potter sea huérfano de padres, pero aun tiene a sus tíos, una herencia y fama. En cambio tú eres un pobretón, careces de habilidad mágica y no tienes fama para colgarte —Draco sonrió con aire vengativo—. ¡¿Sabes Harry?! A Weasley le gustaría que le firmaras una foto, pronto valdrá más que la casa entera de su familia.

Varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por allí cerca rieron la gracia a carcajadas.