—Ya sabía que Draco era astuto —dijo Theodore a su papá, mientras se servía un trozo de pastel —. Pero lo que no sabía es que lo hubiera descubierto tan rápido, además él no dio indicios de ser un mago de niños. Quisiera acercarme y decirle la verdad, pero el encantamiento de protección que colocaste sobre ellos lo impide. Sinceramente, es lo mejor, así al menos los dos estarán a salvo. Pero papá, ¿estás seguro que Draco sabe realmente quién soy? ¿Entonces porque sigue llamándome Nott?
Su padre asintió nostálgico con la cabeza, pero Theodore no dijo nada. Tenía el corazón encogido de la angustia.
Theodore no había dicho nunca a sus amigos que el apellido Nott no era su verdadero apellido. Recordaba, como si hubiera ocurrido el día anterior, la voz desgarradora de su papá que le había hablado entre lágrimas, con solo cinco años, había tomado una decisión difícil.
Podrías haberte quedado, ¿sabes?, solo debías renunciar a la magia.
Pero Theodore, que a pesar de su edad ya conocía lo traumático que podría ser el trabajo de su papá, había respondido « Y dejar solo a papá. Mamá tiene a mi hermano y a mi primo. Tendrás a los tíos, pero ¿quién alejaría los monstros de tu armario en la noche papá? », y su papá había terminado diciendo:
Tienes razón, no habría nadie. Pequeño guerrero los alejara como mami lo hace, ¿verdad?
La pregunta de su padre, saco a Theodore de sus recuerdos.
— Pequeño guerrero alejara los monstros de mi armario, ¿verdad?
—¡Sí… yo cuidare de papá, mientras mi mamá, mi hermanito y mi primo vuelven a nuestro lado! — Theodore repitió aquellas mismas palabras sin darse cuenta.
—Mi pequeño guerrero, tu mamá estaría orgullosa de lo fuerte e inteligente que eres… has crecido tanto… por eso debes saber que él es tu amigo, por eso esperara a que se lo cuentes. Draco solo quiere a que le cuentes tus sentimientos, no te presionará, pero estará ahí para ti.
Theodore sonrío su papá siempre sabía cómo animarlo. No podían esconder algún secreto su papá, Severus Snape. Faltando quince minutos al toque de queda:
—¡Hasta luego, Papá! Mañana Harry, se lucirá como buscador de Slytherin — se despidió Theodore de Severus Snape y desapareció.
—Draco se lo dejo fácil al no participar en las pruebas.
Harry se despertó pronto el sábado por la mañana y se quedó un rato en la cama pensando en el partido de quidditch. Se ponía nervioso, sobre todo al imaginar lo que diría Flint si Slytherin perdía, pero también al pensar que tendrían que enfrentarse a Gryffindor, su antiguo equipo. Nunca había tenido tantas ganas de ver ganar Slytherin. Después de estar tumbado media hora con las tripas revueltas, se levantó, se vistió y bajó temprano a desayunar. Allí encontró al resto del equipo de Slytherin, apiñado en torno a la gran mesa vacía. Todos estaban relajados, disfrutando su desayuno y hablaban de cosas triviales.
Cuando faltaba poco para las once, el colegio en pleno empezó a dirigirse hacia el estadio de quidditch. Hacía un día bochornoso que amenazaba tormenta. Cuando Harry iba hacia los vestuarios, sus amigos se acercaron a desearle buena suerte. Los jugadores se vistieron sus túnicas verdes de Slytherin y luego se sentaron a recibir la pequeña motivación de Flint.
—Los de Gryffindor con suerte pueden volar en escobas—comenzó—, eso no se puede negar. Pero nosotros tenemos habilidad, inteligencia y las mejores jugadas. Es cierto que no hemos entrenado nada este ciclo, pero quien puede hacerlo con dioses dando órdenes sin parar, pero cada uno tiene habilidades propias… ¡Sáquenlas y enséñenlas al mundo!
Con la respiración agitada por la emoción, Flint se volvió a Harry.
—Un buscador no tiene porque coger la Snitch solo, Harry, demostrarles que un buscador tambien puede jugar en equipo. Si la snitch se escapa nosotros seremos tus manos y tus ojos, y tu puedes ser nuestros aros y el viento, porque en Slytherin nadie juega solo... ¡Vamos ganar!
Cuando salieron al campo, fueron recibidos con gran estruendo; eran solo aclamaciones de Slytherin y Dudley y Luna de Ravenclaw, el apoyo de su casa era más fuerte que el de un mundial. La señora Hooch, que era la profesora de quidditch, hizo que Flint y Wood se dieran la mano, y los dos contrincantes aprovecharon para dirigirse miradas desafiantes y apretar bastante más de lo necesario.
—Cuando toque el silbato —dijo la señora Hooch—: tres..., dos..., uno...
Animados por el apoyo de sus compañeros y amigos los catorce jugadores se elevaron hacia el cielo plomizo. Harry ascendió más que ningún otro, aguzando la vista en busca de la snitch.
—¿Todo bien por ahí, Potter? —le gritó Weasley, saliendo disparado por debajo de él para demostrarle su habilidad en la escoba.
Harry no tuvo tiempo de replicar. En aquel preciso instante iba hacia él una bludger negra y pesada; faltó tan poco para que le golpeara, que al pasar le despeinó.
—¡Por poco, Harry! —le dijo Lucian Bole, pasando por su lado como un relámpago, con el bate en la mano, listo para devolver la bludger contra Gryffindor. Harry vio que Lucian daba un fuerte golpe a la bludger dirigiéndola hacia Katie Bell, pero la bludger fue interceptada por Peregrine Derrick que cambió de dirección en medio del aire y se fue directa a la quaffle, que reboto hacia los brazos de Adrian Pucey.
Harry quedo maravillado por tal jugada, los Slytherin usaban la bludger para robar y cambiar la dirección de la quaffle al caer.
Había empezado a llover. Harry notaba las gruesas gotas en la cara, que chocaban contra los cristales de las gafas. Había descendido rápidamente para buscar la snitch, que no tenía ni idea de lo que pasaba con los otros jugadores hasta que oyó la voz de Lee Jordan, que era el comentarista, diciendo: «Slytherin en cabeza por diez a cero.»
Estaba claro quién era superior en habilidad sobre de las escobas de Slytherin.
En el momento en que dirigió una mirada al campo de juego, vio la dorada snitch. Volaba a tan sólo unos centímetros por encima del suelo, justo detrás de Weasley... pero Weasley, que estaba muy ocupado luciéndose, no la había visto.
Durante un angustioso instante, Harry permaneció suspendido en el aire, sin atreverse a dirigirse hacia Weasley a toda velocidad, para que éste no mirase hacia atrás y descubriera la snitch.
Dejando todo el cuidado de lado, Harry descendió bruscamente, con una idea fija en su mente aturdida: coger la Snitch.
Ofuscado por la lluvia y el dolor, se dirigió hacia aquella cara de expresión desdeñosa, y vio que Weasley abría los ojos aterrorizado: pensaba que Harry lo estaba atacando.
—¿Qué...? —exclamó en un grito ahogado, apartándose del rumbo de Harry.
Harry estiro su brazo, sintió que sus dedos se cerraban en torno a la fría snitch, y la multitud, profirió gritos cuando Harry empezó a caer. Con un golpe seco chocó contra el barro y salió rodando, ya sin la escoba. Sintiendo dolor recorrer su cuerpo, oyó, como si le llegaran de muy lejos, muchos silbidos y gritos. Miró la snitch que tenía en su mano.
«Slytherin, gana.», escucho decir al comentarista.
—Jugar con los de Slytherin—susurro—, es divertido.
