El Heredero De Slytherin


Al día siguiente, por la tarde, la nevada que había empezado a caer al amanecer se había transformado en una tormenta de nieve tan recia que se suspendió la última clase de Herbología del trimestre. La profesora Sprout quiso tapar las mandrágoras con pañuelos y calcetines, una operación delicada que no habría confiado a nadie más, puesto que el crecimiento de las mandrágoras se había convertido en algo tan importante para revivir a los petrificados.

Draco le daba vueltas a su correo perdido, sentado junto a la chimenea, en la sala común de Slytherin, mientras Blaise, Theodore y Pansy aprovechaban el hueco dejado por la clase de Herbología para investigar sobre la cámara de los secretos.

—¡Por Merlín, Draco! —dijo Pansy, impaciente, mientras dibujaba un mapa de las alcantarillas de Hogwarts—. Weasley lo poseyó en aquella ocasión, así que, ve a buscar a la traidora menor.

De forma que Draco se levantó y salió por el hueco, preguntándose dónde estaría Weasley.

El castillo estaba más oscuro de lo normal en pleno día, a causa de la nieve espesa y gris que se arremolinaba en todas las ventanas. Tiritando, Draco pasó por las aulas en que estaban haciendo clase, vislumbrando algunas escenas de lo que ocurría dentro. La profesora McGonagall gritaba a un alumno que, a juzgar por lo que se oía, había convertido a su compañero en un tejón. Aguantándose las ganas de echar un vistazo y reír a carcajadas, Draco siguió su camino, pensando que Weasley podría estar en alguna clase o podría tener hora libre y estar haciendo alguna tarea pendiente, así que decidió mirar antes que nada en la biblioteca.

Efectivamente, algunos de los de Gryffindor estudiando, y también estaban los de Ravenclaw que compartían la clase de Herbología con Slytherin, pero no parecía que estudiasen. Entre las largas filas de estantes, Draco podía verlos con las cabezas casi pegadas unos a otros, en lo que parecía una absorbente conversación. Desde su distancia, podía distinguir que entre ellos no se encontraba Weasley. Se estaba retirando cuando consiguió entender algo de lo que decían, y sin que notaran su presencia Draco, se detuvo a escuchar, oculto tras la sección de «Invisibilidad».

—Así que —decía un muchacho escuálido— le dije a Francis y a Robert que invitaran al cerdito a nuestro dormitorio. Quiero decir que, si Potter ha seleccionado a su próxima víctima, es mejor tener al cerdo cautivo durante una temporada. Por supuesto, ese, se temía que algo así pudiera ocurrir. Lo que quiero decir, es que, la mascota no sale de su cuarto. y la puerta de la habitación se abre solo ante Lunática. Es obvio que Potter, al heredero de Slytherin, entreno a ese en magia tan avanzada, ¿verdad?

—¿Entonces estás convencido de que es Potter, Kevin? —preguntó asustada una chica castaña con coletas.

—Su —le dijo solemnemente el chico escuálido—, es un Slytherin. Incluso si Potter, no fuera el heredero, aun esta Malfoy. Todo el mundo sabe que los Malfoy son magos oscuros. ¡¿Los Malfoy adoran el poder?! Sabes, que han visto a Malfoy hablar con serpientes. Los de Slytherin lo llamaban «Príncipe serpiente».

Esto provocó densos murmullos. Kevin prosiguió:

—¿Recordáis lo que apareció escrito en la pared? «Temed, enemigos del heredero.» Tanto Potter como Malfoy estaban enemistados con Filch. A continuación, el gato de Filch resulta agredido. Ese chaval de primero, Creevey, molestó a Malfoy al encimársele estos últimos días, y molesto a Potter en el partido de quidditch, sacándole fotos mientras estaba aterrizando. Y entonces aparece Creevey petrificado.

—Pero —repuso Su, vacilando— parece un idiota..., aunque, podría estar fingiendo, pues fue él quien hizo desaparecer a Quien-vosotros-sabéis. Que miedo, ¿no creéis?

Kevin bajó la voz para adoptar un tono misterioso. Los de Ravenclaw se inclinaron y se juntaron más unos a otros, y Draco tuvo que acercarse más para oírlas palabras de Kevin.

—Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de Quien-vosotros-sabéis. Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa. —Bajó la voz hasta que no fue más que un susurro, y prosiguió—: Por eso seguramente es por lo que Quien-vosotros-sabéis quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Señor Tenebroso que le hiciera la competencia. Me pregunto qué poderes oculta Potter. No, no es solo Potter. Todos ellos son poderosos, ¿qué poderes ocultan los miembros de la casa Slytherin?

Draco no pudo aguantar más y salió de detrás de la estantería, sonriendo con prepotencia. De no estar acostumbrado a esos comentarios, se habría enojado, ahora incluso le parecía divertida la forma en que lo recibieron: todos parecían petrificados por su sola visión, y Kevin se puso pálido.

—Que tenemos aquí, una reunión de Sangre sucias e incompetentes —dijo Draco—. Busco a Dudley Dursley y a su compañera Luna Lovegood.

Los peores temores de los de Ravenclaw se vieron así confirmados. Todos miraron atemorizados a Kevin.

—¿Para qué los buscas? —le preguntó Kevin, con voz trémula.

—Como te atreves a cuestionarme, maldito sangre sucia.

Kevin temblando se mordió los labios y luego, respirando hondo, dijo:

—Todos estábamos allí. Vimos lo que estaba escrito. ¡Sabemos quién eres!

—¿Alguno me podría decir desde cuando Ravenclaw es la casa de los tontos? Porque honestamente, ¿vosotros sois Ravenclaw? —le dijo Draco—. Entonces, ¿dime quién soy?

—El heredero de Slytherin —dijo Kevin tozudamente, aunque temblaba al hablar— sabemos que hablas pársel y usas las serpientes para comunicarte con tu señor.

—Ustedes, están muy informados —dijo Draco, con voz pacifica, realmente se estaba divirtiendo—. Por sus venas corre sangre muggle, así que…

Sin darle tiempo de terminar, los de Ravenclaw, salieron de la biblioteca corriendo.

Draco, dio media vuelta y salió de la biblioteca, con una sonrisa satisfactoria, provocando una mirada reprobatoria de la señora Pince, que estaba sacando brillo a la cubierta dorada de un gran libro de hechizos. Al final, Draco Lucius Malfoy, había olvidado la razón principal por la que había ido a la biblioteca.