No perderé el ritmo, no perderé el ritmo, no perderé el ritmo…


Dos minutos

Solo una semana pasó desde el inicio de clases, y esa era la rutina que ya todos sabían: clases terminadas, se reunían en la sala de computadoras e iban al Digimundo a cumplir su deber.

Hikari tenía que hablar con su hermano primero, y Daisuke de seguro fue a esperarla. Con solo pensarlo sonrió si su amigo castaño lo hiciera.

Deslizó la puerta de dicha sala y vio que no fue el primero en llegar. Miyako ya estaba ahí sentada frente al computador, esperando a que se encienda, con Poromon viendo el aparato.

— ¡Hola, Miyako-san! —entró y cerró la puerta.

— ¡Takeru-kun! ¿Sabes dónde están los demás?

—Hikari-chan dijo que iba a hablar con su hermano. Y Daisuke-kun… —creía que acompañaba a Hikari, pero puede estar equivocado.

— ¡No me digas! En donde quiera que esté Hikari-san —comentó, con un tono de sarcasmo, mientras hacía lo suyo en la computadora.

— ¡Takeru! —escuchó a Patamon, que se fue a sus brazos y recibiéndolo.

Upamon y Chibimon estaban cerca a la puerta, y Tailmon dormitada sobre uno de los estantes.

— ¿Llevas mucho esperando? —volvió su mirada a Miyako.

—No, llegué justo antes que tú. Creo que soy la primera en llegar siempre —dijo con una sonrisa.

—"¿Siempre?" Solo llevamos una semana —arqueó la boca simulando una sonrisa.

— ¡Oh, déjame sentir responsable! —dijo fingidamente indignada, lo que hizo a Takeru reír.

—¡Ya eres responsable, Miyako-san! Estás en el club de computación y eres la sucesora de Koushiro-san. No me imagino cuanto trabajo tendrás después.

—No es para tanto —apareció un leve sonrojo— Además, hay chicos más calificados para el puesto…

—Pues ese puesto lo ocupas tú —la interrumpió— Y si hay chicos más calificados, serían mucho más mayores. Créeme, soy muy lento para entender estas cosas —habló con fingida pena.

—No creas que es difícil —siguiéndole el juego, y tuvo un pensamiento vago— Yo podría enseñarte, de verdad.

—Me gustaría que mi profesora fueses tú —añadió— Koushiro-san cree que recuerdo lo que me explicaba antes en el Digimundo.

Ambos rieron, pues entendían muy bien. Ambos conocían bastante al pelirrojo, así que también conocen sus defectos, que son pocos.

El sonido de sus D-3 llamó la atención de los dos. La chica enfatizó su mirada en la computadora, era un SOS; otro digimon de sus amigos estaba en peligro. Takeru se preguntaba dónde estaban los demás, viendo el reloj y dándose cuenta de una cosa: solo estuvo dos minutos desde que entró y charló con Miyako.

Pareció enfrascado en la charla, porque no le importó el tiempo. Pero ahora sí, y se concentró en la pantalla buscando la zona desde donde fue enviado el mensaje.


Gracias por tomarse su tiempo para leer este pequeño capítulo.

Ahora que las cosas están bastante tensas en muchos lugares del mundo, lo mejor sería escuchar a sus superiores y cuidar a sus familias en casa, donde están sanos y salvos.

Nos leemos hasta la próxima.