Operación y dulces

Primera vibración. Repentino y efímero, tanto que no lo había sentido.

Patamon estaba casi en medio de la cama, así que tampoco lo escuchó.

Segunda vibración. La misma intensidad, pero pudo escucharlo esta vez. Solo que el hecho fue que no prestaba atención.

—Takeru, ¿escuchaste eso? —preguntó Patamon, algo ocupado también.

— ¿Ah? —reaccionó. Él estaba sentado frente a su escritorio, estudiando. Y su compañero pensando cuáles de las bolsas de dulces comer primero.

— ¿No lo escuchaste? —repitió la pregunta. Viendo que su amigo negó, siguió con su pequeño dilema.

—Si quieres te ayudo con eso, Patamon —se levantó intentando relajarse unos minutos.

—No, ya sé por dónde empezar —comenzó a sorber del jugo en bolsa.

—Espero no salgas volando como Poromon después —comentó Takeru recordando como el pequeño digimon reaccionó por primera tomando aquella bebida.

Tercera vibración. Ahora perceptible para los dos.

—Creo que fue eso. Lo que escuché —aclaró esta vez.

—Estaba tan concentrado que ignoré mi D-Terminal —cogió el aparato de la misma mesa donde estaba estudiando— Qué extraño. Es de Miyako-san.

— ¿Miyako te envió un mensaje?

—Me envió tres.

[18:31] Inoue Miyako: Takeru-kun, ¿crees que puedes ayudarme en algo?

[18:31] Inoue Miyako: Es urgente. Cosas como esta me pasa solo una vez en la vida.

[18:33] Inoue Miyako: Estoy bajando a tu piso. Cuento con tu apoyo.

— ¿Ah? Está viniendo… —escuchó el timbre del apartamento y se dirigió a la puerta, abriéndola y encontrándose con ella.

— ¡Eh! No estoy leíste mis mensajes, Takeru-kun. Pareces como si no te esperabas que viniera —no sonaba tan molesta, sino más impaciente.

—Los acabo de leer. ¿Qué sucede, Miyako-san?

—Algo realmente malo, no te imaginarás.

Parece decepcionada de sí misma.

Creyó Takeru por como actuaba. Entonces sí es algo realmente malo.

— ¡Dejé mi D-3 en la escuela! —Bueno… es malo desde un sentido, así que no la culpa— ¡Debo buscarlo y necesito que me ayudes con esto! ¡Por favor!

Rio internamente. No podía decir que sus peculiaridades eran extrañas, y el que tomara su mano para convencerlo era una peculiaridad nueva que aprende de ella.

— Está bien. Te ayudo —sonrió también como respuesta.

— ¡Muy bien, vamos! ¡Espera! ¿No tendrás problemas con tu madre? —dijo preocupada.

—Descuida, mi mamá viene tarde de trabajar hoy, así que no hay problema. Pero creo que deberías decirle algo a tus padres.

—Me dijeron que no tendría problemas si no llego tarde para cenar. ¿Vamos?

—Sí, voy por mi D-3 e iremos. Patamon, saldré un momento.

— ¿Puedes comprarme un dulce cuando regreses?


— Muy bien, aferrémonos al plan. "Operación D-3" en marcha.

—No me lo explicaste. ¿Y "Operación D-3"?

— Es el nombre del plan para recuperar mi D-3. Yo iré adelante y tú vigilarás desde atrás.

—Está bien —Miyako abrió la puerta de reja y avanzaron con discreción hasta llegar el complejo

—Los vigilantes no se esfuerzan demasiado, ¿no lo crees, Takeru-kun? —habló en un susurro.

—No estaría tan seguro —le señaló uno luz al final del pasillo. Por suerte, ellos estaban al otro extremo y siguieron por otro pasillo— Era su linterna.

—Lo sé, otra vez me equivoqué. Rodeemos —avanzaban casi de puntillas y sin chirridos— Oye, si lo piensas bien, somos responsables de un crimen: entrar ilegalmente a la escuela de noche.

—No es la primera vez, Miyako-san. Recuerda el día de picnic, el día donde rescatamos a Hikari-chan, cuando ustedes entraron con Sora un sábado.

—Creo que somos criminales profesionales —rio Takeru.

— ¿Y quién sería la mente maestra?

—Todos nosotros, es obvio —respondió, causando gracia a ambos— Por cierto, ¿qué pasó ese día? ¿Por qué no viniste? —empezaron a subir las escaleras.

— ¡Oh, ese día! Me quedé dormido.

—Eso lo esperaría de Daisuke, ¿pero de ti? —lo dijo con gracia, a lo que Takeru solo tuvo que contenerse una pequeña risa.

—No es tan malo. Y no suele pasarme —llegaron a la puerta de la sala de computación.

—Yo la abro —giró la llave sin tanta brusquedad para evitar llamar la atención— Bien, ahora déjame recordar donde lo dejé.

—Y, ¿cómo lo olvidaste? Hoy no entraste al Digimundo con nosotros —la ayudaba a buscarlo también.

— ¡Oh! Nada de otro mundo. Solo lo olvidé y ya —seguía buscándolo, esperando que no volviera a preguntar.

—Daisuke-kun tampoco fue con nosotros esta vez —había ido con Hikari, Iori y Koushiro en esta ocasión— Era su turno de limpiar el salón de clases.

—Eso lo explica. No vino a tiempo, y lo vimos cuando ustedes ya terminaron —habló justo antes de encontrar su dispositivo, alzándolo— ¡Bingo!

— ¡Miyako-san! —no alzó la voz, pero le advirtió sobre no exaltarse en estos momentos.

—Perdón. Ya podemos irnos —salieron del salón y cerró con llave.


—Uff, no fue difícil, ¿cierto? Gracias por ayudarme —ya estaban volviendo a su edificio.

—De nada. Creo que cualquiera pudo ayudarte.

—Sí, pero no sería igual. Daisuke me estaría molestando e Iori no es tan fácil de convencer. Y Hikari-san no vive tan cerca de aquí.

—Hay algo que me doy cuenta. Dijiste que viste a Daisuke-kun cuando terminamos la misión de hoy, pero él estaba afuera del salón con Chibimon, lo que significa que él ya había llegado.

— ¿No te dije? Se me pasó ese detalle.

— ¿Estaban haciendo algo? Estaba un poco molesto; y tú, alegre.

—Ah, bueno, solo jugábamos un rato.

— ¿Y por qué se molestó?

—Es un mal perdedor porque le gané los dulces que apostamos.

— ¿Y cuál era el juego? —preguntó curioso.

—Quién parpadea primero, pierde. Fueron tres largos minutos —se frotó los ojos por instinto. Cuando respondió ya habían llegado al edificio— Espera, vamos a la tienda un rato. Patamon dijo que le compraras algo.

— ¡Oh, es verdad! Gracias por recordarme.

—Descuida, yo lo invito. Es lo menos que puedo hacer como agradecimiento.