Libro 1. El amor.
Prólogo: Flor de primavera.
Ella espera verle otra vez, pero ya se ha marchado.
Las mañanas de primavera eran frías, y en ocasiones amanecía entre una densa niebla que poco a poco se disipaba con los rayos del sol que la convertían en el rocío que despertaba a las flores. Esa era una de esas mañanas, reflexionó sintiendo la humedad del rocío en el verde pastaje bajo sus descalzos pies, levantó su vista y estudió a detalle todo a su alrededor: frente a ella se extendía un camino con pinta de haber sido muchas veces recorrido antes, entre un terreno verde y despejado hasta donde se alcanzaba a mantener la vista.
Era la ruta hacia otras provincias que viajeros, soldados, monjes o incluso ladrones utilizaban para llegar o irse de la humilde aldea donde vivía pero, ciertamente, ninguno de ellos era quien le interesaba ver recorrer esa ruta para llegar a ella. Cerró su único ojo y respiró hondo, sintiendo como sus pulmones subían y bajaban a un ritmo tan lento como se lo propuso que fuera.
Recordó cuando la veía marchar por ese mismo sendero, más de una vez se despidió de ella no pudiendo esconder su tristeza, más de una vez corrió hasta sus brazos apenas la divisaba en el horizonte.
Podía evocar fácilmente la sensación de sentir su abrazo, sentir como su calor maternal la envolvía y le respondía que todo iría bien que no importaba cuán frío fuera un invierno, las flores volvían en la primavera. Un cosquilleo en sus dedos le hizo pensar cuando los enredada en el largo y oscuro cabello de su hermana mientras esta le acariciaba la cabeza para después besar cariñosamente su frente.
De haber sabido que tendría muy pocas oportunidades para hacerlo, la hubiese abrazado de esa manera muchísimas veces más.
—Por favor espérame, Kaede, no tardaré —le suplicó la última vez que la vio partir por ese mismo camino, en esa ocasión el invierno había cubierto de blanco el suelo y el viento soplaba frío mientras la nieve no dejaba de caer, le era inevitable recordar el frío que le recorría el cuerpo como justo en ese momento, así como le era inevitable recordar que aquella vez su hermana no se había marchado sola. A su mente llegó la silueta de un hombre con orejas no humanas alejándose junto a ella.
El cantar de los pájaros le hizo despertar de su trance, parpadeó varias veces con su único ojo vivo sin apartar su mirada del desolado camino. El invierno se había ido, justo como su hermana le prometía, las flores habían vuelto a crecer pero ella ya no podría volver a verlas.
El sol había terminado de nacer anunciando el inicio de un nuevo día, el tercero sin su hermana. El tercero de muchos que viviría hasta poder verla de nuevo.
Ese último pensamiento le dolía, después de todo, ¿no era esa la razón por la que desde hace tres días despertaba en la madrugada para colocarse justo donde estaba parada? A los pies de ese sendero, con la vista mutilada pero firme en el horizonte: esperaba verla otra vez, pero ella se había marchado por un sendero diferente, uno del que no es posible retornar.
Tal vez era tiempo de comenzar a aceptarlo.
Los primeros tres capítulos de este fic fueron el terreno introductorio a la vida de Kaede justo después de la muerte de Kikyo. Ahora, en el libro uno, hablaré de su vida después de su luto, como fue tomar las responsabilidades de su difunta hermana al mismo tiempo que lidiaba con lo que implica ser una adolescente antes de tomar la decisión definitiva que todos conocemos: ser una sabia y longeva sacerdotisa.
Nos leemos en el primer capítulo de este primer libro. Besos.
Kao no nai tsuki.
