Resumen:
Libertad era algo que ni Adam ni Hartley poseían. Distintos eventos les darán la posibilidad de ser libres, pero después de tanto tiempo sometidos, libertad ya no es lo que quieren, ya no es lo que tomarán.

Aclaraciones:
La historia se ambienta en un completo AU (Universo Alterno) para ambas series.
Pareja:
Adam x Hartley

Advertencias:
Rated T por alusión a temas adultos.
(No hay lemon, ni lime)

Disclaimer:
Supernatural pertenece a su creador Eric Kripke y a The CW, mientras que The Flash pertenece a sus creadores Greg Berlanti, Andrew Kreisberg, Geoff Johns y a The CW.

Este Fanfic participa en la Crack Week organizada en Fb en la página de Snake.
#CrackWeek

Día 2
Temática: AU


:::::::::::::::::::::::::::::::One-shot
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Hartley se terminó de un sólo sorbo el cuarto trago que había pedido.

Iba a embriagarse pronto, lo sabía y era lo que buscaba. Estaba harto de todo. Durante años había sido "el hijo perfecto". Cumplió todos y cada uno de los caprichos de sus padres, se comportó siempre tal y como se lo dijeron, renunciando incluso a sus propios sueños, ¿y para qué? Para que lo desheredaran y echaran de casa apenas supieron que era gay.

Los odiaba. Odiaba su vida. Se odiaba a sí mismo. Nunca debió de haber permitido que sus padres decidieran el rumbo de su vida, nunca debió renunciar a lo que él realmente quería hacer, pero, sobre todo, nunca debió de haber renunciado a ser él mismo.

Frunció el ceño. No sólo estaba harto; estaba molesto, muy molesto, y beber no parecía serle de ayuda.

—Deje la botella.

Una voz a su costado izquierdo atrajo su atención, sacándolo de sus tormentosos pensamientos.

Se trataba de un chico de rubios cabellos, quien tras aquellas palabras casi le arrebatara la botella de whisky barato al bartender.

Ladeó ligeramente el rostro. Tan sumergido estaba en sus propios problemas que no había notado el momento en que ese muchacho apareció, y debió de hacerlo por dos sencillos motivos: Estaba a solo dos asientos de él en la barra, y era realmente guapo.

Quizás podría amenizar su noche platicando con él. Quizás podría empeorarla siendo rechazado. En las circunstancias en las que estaba valía completamente la pena el riesgo. Una vez decidió tomó su vaso ahora lleno y se puso de pie, cambiándose de asiento para estar al lado del joven rubio, quien pareció no notar su presencia.

—¿Penas de amor?

Cuestionó al desconocido, obteniendo entonces su mirada y casi al instante una negativa de cabeza antes de que el chico se rellenara el vaso y volviera a beber.

—Entonces… ¿Perdiste a alguien?

Realizó otra pregunta, esta vez suavizando un poco su voz en favor de no sonar brusco.

Adam se quedó inmóvil algunos segundos cuando aquel joven desconocido le hizo una segunda pregunta. Su ceño se frunció ligeramente, pero no porque le molestara la interrogante, sino por recordar aquello que tanto le molestaba.

—Perdí a mi madre hace una semana —contestó, bebiendo rápidamente el contenido en su vaso— Y perdí todo el respeto por mi padre hace unas horas.

Masculló lo último, sin darle importancia a sí el desconocido le entendía o no. Él simplemente estaba molesto, furioso, a decir verdad, así que no pudo contener el grosero comentario.

—Lamento lo de tu madre —expresó sincero— ¿Por qué? ¿Qué fue lo que él te hizo?

Dio una oblicua mirada al castaño mientras se servía otro trago. Notó su ceño también fruncido y cierto malestar en sus ojos que no terminaba de ser oculto por los lentes que usaba. No le pareció que estuviera indagando en su vida solamente por que fuera entrometido, más bien, tuvo la impresión de que aunado al malestar en sus pupilas celestes había un atisbo de comprensión.

—Fastidiarme la vida, mentirme y decepcionarme, entre otras cosas.

Casi escupió la respuesta.

El odio perfectamente visible en las palabras del muchacho captó por completo la atención de Hartley.

—Bueno, guapo, me presento: Mi nombre es Hartley Rathaway y en mi caso mis dos padres también me fastidiaron la vida. Sólo que a diferencia tuya fui yo quien les mintió y los decepcionó.

La forma en que aquel chico le llamó le extrañó por breves instantes, pero no fue en lo que Adam más se fijó.

—Adam Milligan —se presentó con el apellido de su madre algo que, ya había decidido, comenzaría a hacer— ¿Qué te hicieron tus padres a ti? ¿Y por qué dices que fuiste tú quien les mintió y los decepcionó?

—Es un gusto, Adam —le dedicó una sonrisa la cual quizás tiñó con cierta coquetería— Básicamente mis padres manejaron mi vida de la forma en que ellos desearon sin nunca importarles mi opinión, y lo digo porque fue lo que hice: Les oculté… mi sexualidad y finalmente cuando descubrieron que era gay se sintieron decepcionados.

Explicó con una calma que en realidad no sentía. Continuaba molesto, y a eso se sumaba cierto grado de inquietud de que el rubio a su lado fuera a ser homofóbico. Con la pésima suerte que estaba teniendo era muy posible. Vio a Adam fruncir el ceño de manera más notable.

—Tus padres son unos imbéciles.

Hartley sonrió de medio lado. Por fin su suerte parecía mejorar.

—No voy a discutírtelo, pero quizás te estén faltando adjetivos.

—¿Me dejarás insultar a tus padres?

Adam le miró con cierta intriga.

—Es evidente que no pienso defenderlos, ¿o creíste que lo haría después de lo que te dije?

Levantó una ceja mientras su sonrisa se tintaba de diversión.

—Uno nunca sabe, hay enfermos mentales capaces de eso y más.

Se encogió de hombros con una ligera sonrisa en la cual se apreciaba malicia y diversión a partes iguales.

Hartley no pudo evitar el soltar una suave risa. Estaba comenzando a gustarle la forma de ser de Adam. El chico parecía tener un humor ácido, como el suyo, y no parecía interesado en la común estupidez de "Son tus padres y tienes que respetarlos sin importar qué". Cada vez le parecía más atractivo.

—Es verdad —concedió sin dejar de sonreír—, pero no soy uno de ellos.

—Evidentemente. Además, tú luces como alguien inteligente.

"¿Eso fue un coqueteo?"

La pregunta cruzó la mente de ambos. Incluso Adam se halló desconcertado ante sus propias palabras.

—¿Piensas que soy inteligente? ¿A pesar de que dejé que mis padres manejaran mi vida sin hacer nada al respecto?

Hartley cuestionó con cierta intriga.

—Sí, bueno… No puedo decirte que no lo eres o entonces estaría diciéndome a mí mismo que no lo soy porque también dejé que mi padre manejara mi vida— conforme hablaba su ceño iba frunciéndose.

—Era un halago demasiado bueno para ser verdad— habló un tanto resignado, bebiéndose todo su trago de vodka sin pausa.

Adam relajó su expresión, mirando con cierta curiosidad a Hartley. Después de algunos segundos sonrió más tranquilo.

—No creo que nadie pueda culparnos por querer ser buenos hijos, y no creo que haberlo intentado nos haga idiotas —explicó con seguridad, obteniendo su mirada— Además… Hablaba en serio: Te ves como un chico inteligente.

Quizás no conocía al muchacho a su lado, pero su halago fue completamente sincero. Hartley lo notó, porque en seguida una sonrisa de verdadera alegría apareció en sus labios.

—Te lo agradezco. ¿Te gustaría brindar conmigo?

—¿Un brindis porque gracias a que nuestros padres nos arruinaron la vida estamos aquí y nos hemos conocido?

—Justo por eso. Me has quitado las palabras, Adam.

Respondió con un atisbo de diversión.

Las palabras de ambos eran mitad broma, mitad verdad. Los dos lo sabían sin la necesidad de aclararlo. Era extraño, pero sentían que había una peculiar complicidad entre ellos.

Sonrieron ligeramente divertidos.

Hartley hizo un pedido al bartender: Una botella de vino tinto y dos copas. Su pedido estuvo en la barra sólo unos segundos después.

Adam se ofreció a abrir la botella y a llenar las copas.

Intercambiaron unas miradas antes de que ambos tuvieran una copa en su mano, entonces se miraron a los ojos en todo momento mientras hacían un brindis.

—Por la pésima paternidad de nuestros padres que nos puso aquí hoy.

Brindó el rubio, luciendo una sonrisa ligeramente divertida, pintando una media en los labios de su acompañante.

—Y por haber aprendido ya a no dejarles manejar nuestras vidas.

Concluyó el castaño, ampliando su sonrisa.

Las copas chocaron suavemente, acto seguido ambos jóvenes bebieron, pero sin quitarse la mirada de encima.

—Háblame más de ti, Adam —pidió al terminar de beber—. Puedes decirme cómo fue que perdiste el respeto a tu padre. Si lo deseas, por supuesto.

En respuesta, Milligan asintió, tomándose algunos segundos para poner en orden sus ideas. Dejó la copa sobre la barra y dio un suspiro bajando la mirada. Su expresión se tornó seria.

—Él siempre fue un hombre muy estricto —comenzó, rememorando su vida desde que era un niño—, y con ideas muy antiguas. Nunca me permitió cometer un error, ni tener ciertos comportamientos. Me advertía sobre lo que me haría si me equivocaba en algo, o si adoptaba costumbres poco "masculinas". Solía recalcarme esto porque me gustaba la naturaleza, los animales, la cocina.

Hizo una pausa, tomando la copa y terminándose el vino en ella. Hartley volvió a llenarla, luciendo ahora el ceño fruncido.

—Tú padre es un idiota.

—No puedo negarlo —sonrió fugazmente—. Soporté todo eso porque mamá era feliz con él, a pesar de que no estaba mucho en casa por viajes de negocios. Cuando cumplí dieciocho mi padre me obligó a estudiar en la armada. Él fue marino así que quería que yo también lo fuera. Intenté convencerlo de que yo no quería eso para mí, pero lo único que conseguí fueron varios gritos y regaños, así que… Simplemente me rendí. Estuve en la armada por poco más de un año, hasta que mamá enfermó, entonces abandoné aquella escuela. Volví a discutir con mi padre, sólo que esta vez no me importaron demasiado sus gritos. Tenía que cuidar de mi madre.

Volvió a beber algo de vino mientras que el chico a su lado le dedicaba una atenta mirada, y casi podría asegurar que un tanto analítica.

—Entonces… Supongo que tu madre…

Hartley habló en voz baja, no estando muy seguro de si hacía lo correcto al hablar, después de todo, no quería causarle más dolor al chico a su lado.

—Sí, ella murió a causa de esa enfermedad hace una semana —confirmó, volviendo a suspirar—. Y justo hoy mi padre me hizo saber que…

Una amarga sonrisa se posó en sus labios al pensar en lo que lo había llevado a la peor discusión que había tenido en toda su vida con su padre, discusión que a su vez lo había llevado a aquel sitio.

—Que tengo dos hermanos mayores, que está casado con alguien más —soltó al fin, clavando su mirada en la bebida alcohólica en su copa—. Mi madre y yo éramos su segunda familia. Él… —dijo con rencor mal disimulado— Que tantos discursos me dio sobre moral y reglas. Él, tenía dos familias.

Frunció el ceño y volvió a beber, terminándose el vino esta vez.

—Es irónica y desagradable la hipocresía que tienen algunas personas.

Hartley señaló, dándole un sorbo al vino en su copa para, en seguida, llenar una vez más la copa de Adam, quien se limitó a asentir, calmándose poco a poco. La furia en su expresión desapareció gradualmente, dejando en su lugar tormento. Había en las celestes pupilas cierta tristeza, mientras que sus labios se hallaban finamente apretados.

—Como sea… Me fui de casa y no voy a regresar ahí. No quiero volver a ver a mi padre nunca más.

Sentenció con mayor tranquilidad. Respiró profundo y después dejó salir todo el aire en un largo suspiro. Su situación no había cambiado en nada por contársela a un extraño, pero ahora se sentía mejor. Tal vez era cierto que desahogarse con otros hacía bien.

—Ya eres libre, es lo que importa.

Le indicó, tratando de hacer que viera el lado positivo de la situación.

—No me siento como si lo fuera —negó suavemente, mirando el contenido en su copa— A pesar de la discusión, de las cosas que le dije, de estar muy lejos de él siento que…

—Que aún tiene poder sobre ti —interrumpió Hartley, obteniendo la mirada ligeramente sorprendida de Adam— Sientes que de un modo u otro las cosas aún no han cambiado en nada. Sientes que continúas atrapado.

Por algunos momentos se miraron en silencio. No necesitaron de palabras, sencillamente se comprendieron a través de una mirada.

Los dos continuaban atrapados en las redes de sus padres y no comprendían el porqué. Lo que sí comprendían es que quizás con ayuda del otro podrían hacer de lado aquel sentimiento. Sólo… quizás.

—Adam, ¿quieres acompañarme a mi departamento? Podríamos… Divertirnos y tratar de olvidar las cosas por las que hemos pasado.

Sugirió con aire coqueto, atreviéndose a dejar pequeñas y circulares caricias con la punta de su dedo índice en el dorso de la mano del otro chico. Estaba arriesgándose mucho, lo sabía bien, pero estaba cansado de siempre cohibirse y abstenerse de todo sólo para evitar problemas. Estaba harto de no ser él mismo.

—A-ah… Yo…

Titubeó, sorprendido por la repentina proposición. A los pocos segundos se sintió estúpido ante su propia reacción. Hartley le había llamado guapo instantes atrás, y él mismo le había hecho un comentario que podía interpretarse como coqueteo, así que no debería sorprenderse tanto por aquella sugerencia. A pesar de haber llegado a esa conclusión le costó centrarse en la respuesta.

—Yo no…

Sintió unos terribles deseos de golpearse a sí mismo por tanta torpeza al hablar, aunque esta viniera de una creciente indecisión en su interior.

—Tú no eres gay —dijo sus conclusiones, terminando las caricias y alejando su mano— Entiendo, no…

—¡No…! —alzó un poco la voz, interrumpiéndole y repitiendo 'no' un par de veces más antes de suspirar y calmarse— No soy gay, es cierto, pero…

Se detuvo ahí, dirigiendo su mirada hacia su mano, extrañando el toque del otro chico, gesto que le había causado una grata sensación, la cual se llevara por unos momentos sus malestares.

—¿Pero…?

Le incitó suavemente a que continuara. Ahora estaba intrigado y sintiendo que tal vez tenía una pequeña oportunidad.

—Pero… Siempre tuve curiosidad por experimentar con otro chico —confesó, volviendo a mirarlo, esta vez con cierto sentimiento extra en sus celestes pupilas—. Estaba dudando por… ya sabes, mi padre. Él estaba en contra de la homosexualidad así que imaginarás las ideas que trató de inculcarme; nunca estuve de acuerdo con ellas, aun así, tuve que reprimir esa curiosidad, y lo había hecho bien, hasta ahora.

Hartley casi se estremece al descubrir que en esa mirada del color del cielo había más que curiosidad, había deseo, deseo de él y por él.

—Así que… Si no te molesta mi inexperiencia, acepto acompañarte a tu departamento— concluyó con un ligero carmín trepando a sus mejillas.

—No me molesta en lo absoluto.

Negó de inmediato, ahora también curioso. Si ese atractivo chico rubio le hacía casi estremecerse con solamente una mirada… ¿Cómo le haría sentir con un beso o con una caricia?

Adam sonrió entre agradecido y gustoso.

Después de lo hablado los chicos pagaron sus respectivas cuentas y abandonaron el club nocturno. Debido a que ambos habían bebido fueron responsables y tomaron un taxi. No le dieron importancia a dejar sus autos en el estacionamiento del lugar. En ese momento lo único importante para ellos era divertirse y olvidarse de todo a su alrededor.

Y así lo hicieron apenas cruzaron el umbral de la puerta.

Hartley guió a Adam hacia el interior luego de que cerraran la puerta. No estaba muy seguro de cómo empezar. Tal vez impulsado por el alcohol en su sangre se atrevió a sencillamente acercarse al rubio para besarlo, gesto que de inmediato le fue correspondido con intensidad.

A partir de ahí todo avanzó espontáneamente, como si no fuera la primera vez que estaban juntos, como si no fuera la primera vez que uno de ellos intimaba con otro chico.

Fue tan extraño y normal al mismo tiempo, pero también se sintió… Especial para ambos.

[…]

Después de un largo rato lo único que se escuchó en la habitación fueron las agitadas respiraciones de los muchachos.

Adam se acostó al lado de Hartley, cerrando los ojos mientras trataba de recuperar el aliento. Una tersa risa de su acompañante le hizo abrirlos para mirarle.

—Tienes que jurarme que nunca antes habías estado con otro chico.

Dijo el castaño, mirando al rubio con una sonrisa en los labios.

—Te lo juro. ¿Por qué?

Le cuestionó, también sonriendo, sólo que él lo hizo como reflejo a la sonrisa ajena.

—Estuviste demasiado espectacular como para ser tu primera vez con un chico.

Respondió sin recato alguno tal vez aún bajo los efectos del alcohol, o tal vez simplemente bajo los efectos de un grandioso encuentro sexual.

Adam soltó también una risa conforme sus mejillas adquirían un notable rubor. No se había esperado un comentario así, pero no se quejaba de ningún modo; le había encantado, mas no de manera egoísta, sino que le encantaba saber que había hecho sentir tan bien a Hartley, porque Hartley le había hecho sentirse de la misma forma.

—Tuve un buen maestro.

Le halagó en cuanto su risa pasó, dándole una mirada radiante al mismo tiempo en que se acomodaba de costado y le besaba los labios brevemente.

—Aún hay muchas cosas por aprender.

Susurró Hartley sobre sus labios, mirándole con un anhelo que no pudo controlar y al cual no terminaba de encontrar lógica. Simplemente anhelaba que Adam no fuera a desaparecer de su vida con el amanecer.

—Quiero aprenderlas todas.

Decidió sin pensarlo, volviendo a besarlo, esta vez más duraderamente. No sabía con exactitud lo que sucedía entre ellos, pero si de algo tenía certeza era de que no pensaba simplemente dejar a ese chico y esa noche en la larga lista de cosas que sólo tuvo por un momento y después dejó.

Satisfecho y más tranquilo, el castaño correspondió al beso con gusto.

Pese al cansancio y al sueño, los dos chicos permanecieron despiertos hablando durante la madrugada. Entre besos y algunas risas bobas descubrieron más cosas el uno del otro:

Adam le dijo a Hartley que estuvo interesado en la biología y en la medicina. Hartley a su vez le dijo a Adam que a él le interesaba la física, pero que en lugar de eso tuvo que estudiar administración de empresas para ayudar a dirigir la empresa familiar y para poder hacerse cargo de ella cuando su padre se retirara, cosa que ahora no iba a suceder porque le habían desheredado por su sexualidad.

El joven rubio maldijo a los padres del castaño entre algunos besos que le dejaba en los labios al chico, este dejó escapar una risa entrecortada.

En la conversación también surgieron sus edades:

Hartley tenía 25 años, mientras que Adam tenía 20 años.

A Rathaway le pareció un detalle curioso que Milligan siendo tan joven fuera tan maduro. Asoció el hecho a todo por lo que el muchacho había vivido gracias a su padre.

Faltaba poco para el amanecer cuando ambos chicos se dieron cuenta de que no sabían qué harían con sus vidas. Todavía estaban a tiempo de intentar hacer aquello que había tenido su interés tiempo atrás, aun así… No parecía ser eso lo que querían hacer ahora. Estaban algo perdidos por igual.

—¿Nunca te has preguntado cómo sería romper las normas? —cuestionó Hartley, acomodado de costado con Adam tras él besándole el cuello, al sentir los besos detenerse giró ligeramente su rostro para mirarlo— Me refiero a romper todas ellas, no sólo las de nuestros padres.

—No, no realmente —su entrecejo se frunció leve— Me parece que tú sí.

El chico proveniente de una buena familia asintió, volviendo a mirar el ventanal frente a él. Aún sentía la intrigada mirada del otro chico sobre él.

—A menudo pienso en cómo sería la vida si simplemente… Hiciera lo que quisiera y tomara lo que deseara.

Se explicó, aprovechando que el otro chico le abrazaba y tenía su mano sobre su torso para acariciarle el dorso de la mano como había hecho horas atrás en el club.

—Quizás… quizás me lo llegué a preguntar hace algunos años —Adam confesó, volviendo a besarle el cuello—, pero nunca encontré respuesta. Sólo hacía a un lado la idea por mi madre, porque ella era enfermera y ayudaba a las personas, y… y por mi padre, por sus enseñanzas sobre moral y rectitud.

Murmuró lo último con cierto resentimiento. Tras hablar abrazó un poco más fuerte al otro chico, gesto que a este no le molestó.

—Tal vez podríamos buscar esa respuesta juntos —habló bajo, dándose vuelta por completo para mirarlo cara a cara—. Piénsalo: Tu madre… ya no está contigo —le dijo suave, acariciándole una mejilla—, y tu padre es un cretino. ¿Por qué no romper ahora las normas y hacer lo que tú quieras?

Adam apretó los labios finamente, mordiéndose apenas el inferior. La idea que en su momento le hubiera parecido una locura ahora se veía muy tentadora.

—Estás tramando algo, ¿no es así, Hartley?

Le cuestionó curioso, acariciándole la cintura ahora desnuda pues tras girarse las sábanas habían resbalado ligeramente de su cuerpo.

—En efecto —aceptó, pasando sus dedos índice y medio sobre los labios del rubio—. Quiero hacer algo en contra de mis padres, pero eso sería únicamente el comienzo.

El menor abrió sus labios lo suficiente para sacar su lengua y lamer de forma provocativa los dedos del mayor. Sin saberlo, sus acciones causaron una punzada de excitación a su compañero.

—¿El comienzo de qué? —preguntó, succionando después la punta de sus dedos— ¿Una carrera criminal?

Hartley encogió su hombro mientras sonreía con falsa inocencia.

—No lo sé, quizá.

—Eres terriblemente ambiguo.

Señaló, antes de meterse la punta de sus dedos a la boca.

—Preferiría el término "enigmático" —contestó un tanto divertido—. Si continúas haciendo eso voy a terminar por asumir que ahora quieres ser el pasivo.

Advirtió lo último pícaramente, sonriendo sin poderlo evitar. Instantáneamente tuvo toda la atención del más joven. Creyó que detendría sus acciones, pero en lugar de eso se llevó sus dedos más profundo en su boca, acariciándolos con la lengua de manera sugestiva. No podía negar que se hallaba sorprendido. Casi se olvida de la conversación en ese segundo.

—Acepto —dijo tras sacarse sus dedos de la boca—. Acepto buscar esa respuesta contigo. Sea lo que sea que quieras hacer… Te apoyo.

Esa era la respuesta que Hartley tanto quería. Con una sonrisa más amplia se puso sobre de Adam, besándolo apasionadamente.

Hablarían de los detalles con mayor calma más adelante, primero deseaba, necesitaba hacer suyo a tan encantador y provocativo rubio.

[…]

Rieron con algo más que sólo diversión.

La adrenalina aún recorría sus cuerpos cuando cerraron la puerta de aquella habitación rentada. Casi no podían creer lo que habían hecho ni lo bien que se había sentido.

—Mis padres van a estar lamentando la perdida de esta pintura durante mucho tiempo.

Hartley habló satisfecho, acariciando dicho objeto que en aquel momento se encontraba cubierto por una bolsa plástica negra.

—Creo que en realidad estarán lamentando el haberte concebido.

Adam comentó con cierta diversión, acercándose al mayor y abrazándolo por la espalda.

—Aún mejor.

Tras decir aquello el castaño se giró y besó al otro chico, pasando sus brazos por su cuello antes de saltar y abrazarle la cintura con las piernas. Inmediatamente fue cargado y llevado al sofá más cercano, sitio en donde el menor le recostó sin apartarse de él.

—¿No te encantaron sus expresiones?

Preguntó Hartley ahora también divertido, dándole cortos y repetitivos besos al rubio en los labios.

—¿Cuáles? ¿Las que pusieron al verte? ¿Las que pusieron cuando se dieron cuenta de que ibas a robarles la pintura? ¿O las que pusieron cuando les dijiste que yo era tu novio?

Fue su turno de preguntar, hablando entrecortado por los besos, a los cuales correspondía con fascinación.

—Todas.

Respondió acariciándole una mejilla, mirándolo con un cariño más que evidente.

—Sí, me encantaron todas, pero creo que en especial las últimas. Me pareció que iba a darles algo ahí mismo cuando supieron que somos novios —Adam soltó una risa, uniendo su frente a la de él—. ¿Y bien? ¿Cuál es tu siguiente gran plan?

—¿Te gustan las joyas, Adam?

—No lo sé, nunca he tenido alguna, pero si robas un collar con joyas para mí puedes estar seguro de que me gustará, y de que lo usaré.

Los dos rieron ante la broma.

A Hartley le encantaba el sentido del humor de Adam, y a Adam le encantaba hacer reír a Hartley. Tras reír, los dos se besaron nuevamente, esta vez más suave, más despacio, disfrutándose y, sobre todo, disfrutando el tenerse.

Habían decidido vivir la vida como ellos querían, dejando atrás todo lo que otros les habían marcado.

Aquella noche, un mes atrás, habían encontrado un amigo, un compañero, un cómplice, un amante. Habían encontrado un todo en el otro. Teniéndose mutuamente estaban dispuestos a hacer las peores locuras juntos, porque por fin, gracias a la compañía y al amor del otro, se sentían satisfechos y libres


:::::::::::::::::::::::::::::::Fin


Notas Finales:

Débauche: Libertinaje en Francés.

Primero que nada... ¡Muchas gracias por leer!
Y después... ¿Qué más puedo decir?
Esta pareja también tiendo a imaginarla en diversos universos, con distintos desarrollos. Quizás más adelante haga algún otro one-shot en donde los muestre en su vida criminal.

Eso es todo, ¡gracias de nuevo y hasta pronto!~