Hola a todos mis queridos lectores!, la ADVERTENCIA permanente ya saben, si desean seguir leyendo después de las XXX leerán lemon y mucho lemon en este capitulo


EN ALGUNA PARTE DE RUSIA

Al salir del avión el clima tal cual él le había advertido era realmente frío, Relena había agregado a su atuendo un grueso abrigo con capucha y una bufanda, pero a pesar de esto el viento gélido le chocaba en el rostro y sentía que se le congelaban la nariz y las mejillas. Heero por su parte solo había cambiado su chaqueta por una gabardina y agregado unos lentes oscuros a su atuendo ¿Qué acaso no sentía frío? pensó ella.

Camino junto a él sobre la pista de aterrizaje, Heero llevaba cargando al hombro su ligero equipaje, Relena había empacado muy poco, considerando que no tenía pensado viajar a ninguna otra parte que no fuera Bruselas.

Le resultaba muy extraño salir de un aeropuerto sin ningún medio esperando su llegada y vio que era un lugar pequeño exclusivo para el arribo de aviones privados, dándose cuenta en ese momento que el avión en que habían viajado no portaba el usual distintivo de la ESUN.

La salida fue demasiado rápida, la encargada de seguridad se sorprendió al verla, pero al reconocerla como la presidenta de la Nación Unida de la Esfera Terrestre no había cuestionarios, ni entrevistas, únicamente se dedicó a darle amablemente la bienvenida inclinando su cabeza ante ella.

- ¿Rusia?- pregunto Relena a Heero al mirar las indicaciones del aeropuerto en Ruso, pero no estaba totalmente segura, el Ruso no era exclusivo de Rusia, lo que era seguro es que jamás había estado en ese lugar. Él no respondió su pregunta y ella dudaba si la había escuchado.

Heero se detuvo justo antes de cruzar la puerta de salida y Relena se sorprendió de verlo ajustarle la bufanda para que esta tapara la mitad de su cara, iba a preguntarle de nuevo que estaba sucediendo cuando el repentinamente le tomo la mano y cruzo la salida junto con ella, al pasar entre la gente pensó que la reconocerían de inmediato, aunque Heero se hubiese encargado de ocultarle el rostro casi por completo.

Mientras caminaba con ella tomando su mano, él estaba concentrado en atender su celular, minutos antes, justo antes de bajar del avión, lo había visto hablar por teléfono y ahora miraba a su al rededor constantemente. ¿Qué estaba sucediendo? Se preguntaba, le resultaba difícil de creer que la hubiese traído hasta aquí solo porque ella se lo había pedido.

Al salir caminaron un poco más hasta una estación de tren, cuando él soltó su mano para comprar los boletos de viaje, inmediatamente extraño su calidez, era notable la gran diferencia de sus manos heladas comparadas a las de él.

Los dos esperaron de pie la llegada del tren en el andén, había gente a su alrededor, pero todos parecían estar concentrados en una conversación de teléfono, escribiendo un mensaje de texto, durmiendo o disfrutando de una divertida platica con su acompañante, aun así, Heero no bajaba la guardia y poco tiempo después noto que entre todos ellos una mujer había comenzado a mirar a Relena con detenimiento y temió que la hubiese reconocido.

Para sorpresa de ella, Heero la rodeo con su brazo y la atrajo hacia él, escondiendo su rostro de aquella mirada curiosa.

- ¿Heero?- Relena se sobre salto y sintió su corazón hacer lo mismo, le resultaba muy extraño estar tan cerca de él en publico

-No digas nada, actúa normal, no es nada peligroso, pero nadie debe saber que estas aquí- le dijo Heero al oído.

Se mantuvieron así un momento, él podía pedirle eso la veces que deseara, no había lugar en el mundo donde se pudiera sentir más segura, además la calidez de su pecho aliviaba el frío que sentía en el rostro.

Cuando el tren llego, Heero volvió a tomar su mano y agradeció que la mujer no subiera. Adentro ambos caminaron por varios vagones hasta llegar a una cabina privada.

-Después de usted- le dijo Heero al abrirla.

Tomaron sus asientos uno frente al otro y comenzaron el viaje hacia algún lugar el cual Relena desconocía.

-no te descubras el rostro- le pidió Heero al ver las intenciones de ella por retirarse la capucha.

Relena hizo caso obedientemente.

-¿me dirá ahora porque me ha secuestrado agente?- pregunto Relena después de un breve silencio

-¿esta aterrada señorita Peacecraft?-le respondió siguiendo su juego y retirándose las gafas oscuras.

-no y mucho menos si eres tú quien lo ha hecho- dijo sonriendo, era verdad ella podría confiarle su vida ciegamente.

-no te he secuestrado, puedes estar tranquila- le respondió Heero tomando la computadora que había colocado dentro de la maleta de Relena y la apoyo sobre sus piernas.

-pero el motivo te lo contare en cuanto hayamos llegado, intenta seguir descansando el viaje será largo- continúo diciendo Heero.

Le resultaba muy extraño verlo actuar de esa manera, las preguntas volvieron a rondar su cabeza, sabía que existía una razón importante, lo conocía bien, tomar este tipo de decisiones debía ser por su seguridad, o ¿es que acaso se debía a lo obstinada que había sido decidiendo solo tomar quince días de descanso cuando le habían sugerido descansar más?, Relena sonrió ante esa posibilidad, confiaba en el ciegamente y creía que de momento podría soportar no saberlo, estaba feliz de no volver a Bruselas y que pudiera compartir un tiempo a solas junto a él.

Relena descanso su cabeza sobre la ventana y lo observo trabajar detenidamente, momentos así era lo que más deseaba en la vida, los dos juntos alejados de ese ambiente en el que siempre se rodeaba, disfrutando ahora de un viaje que los hacia parece se trataban de una pareja como cualquier otra.

Poco a poco arrullada por el sonido del tren, la belleza del paisaje y la compañía de Heero hicieron que volviera a dormir.

El tren continuo su trayecto, el paisaje había cambiado de un inmenso campo verde hasta solo poder distinguir montañas entre ellos.

Cuando despertó, le tomo unos segundos recordar donde se encontraba y que había sucedido, se dio cuenta que Heero la había puesto mucho más cómoda sobre el asiento, recostándola completamente y descansando su cabeza sobre su gabardina improvisadamente doblada como una almohada

- ¿hemos llegado? - pregunto Relena al percatarse de que el tren comenzaba a aminorar la marcha.

-no todavía, es un largo recorrido- le respondió Heero -el clima se volverá mucho más frío ¿has traído guantes? - le pregunto al recordar el frío de sus manos.

-si debo traer unos en el equipaje- le respondió ella

-deberás ponértelos antes de bajar- le pidió Heero

El tren se detuvo en varias ocasiones, pero su viaje continúo pasadas dos horas más hasta finamente llegar a su destino.

-espera- la detuvo Heero al momento en que iban a salir de la cabina, para ajustarle nuevamente la bufanda y la capucha lo mejor posible.

-es seguro que nadie me reconocerá Heero, además todos esperan que este en Bruselas- le dijo ella sonriendo

-eso espero, pero no voy a confiarme, sígueme- le pidió el, volviendo a tomar su mano. Relena hizo lo que le pedía y camino junto a él evitando el contacto visual con los demás pasajeros.

El paisaje al salir de la estación le robo el aliento, se trataba de un hermoso poblado, con casas muy antiguas, rodeadas por un inmenso bosque. Siguieron su camino entre las pequeñas calles. Relena estaba maravillada por el paisaje del lugar que parecía sacado de alguna pintura famosa.

-continúa cubriendo bien tu rostro y espera aquí- le pidió Heero

Relena miro hacia todos lados, al igual que en la estación nadie parecía prestar atención a su presencia, todos estaban inmersos en sus deberes y se dio cuenta que la mayoría eran personas ancianas.

Cuando Heero regreso hasta ella, Relena se sorprendió de verlo jalar un caballo consigo, cargado de cosas en sus alforjas de las cuales solo podía distinguir una manta gruesa. Heero se divirtió de ver la expresión en su rostro, pero no se lo hizo notar.

-¿continuaremos a caballo?- pregunto ella como si no fuese ya demasiado evidente, quizá más asombrada de saber que el viaje aun no terminaba.

-¿has olvidado las clases del instituto?- le pregunto Heero

-ha pasado mucho tiempo Heero- le respondió ella dudando de poder subir sin un banco en que apoyarse.

-yo te ayudare- le dijo él

Relena coloco su pie en el estribo y Heero la apoyo con un último empujón para que lograra subir sobre el caballo.

-creo que no lo he olvidado- le dijo ella contenta una vez estaba arriba

-en ese caso tú te encargaras de dirigirlo hasta antes de internarnos en el bosque-

- ¿el bosque?- pregunto nuevamente sorprendida ¿A dónde la estaba llevando?

Heero tomo lugar detrás de ella y como le había dicho coloco la rienda en sus manos, después le dio la orden al caballo para avanzar y Relena sintió un salto en su corazón cuando el rodeo su cintura con el brazo derecho

-cubre tu rostro, es un pueblo muy tranquilo, pero es mejor no arriesgarse- le dijo subiendo la capucha de su abrigo con la mano izquierda.

Continuaron su camino internándose en el bosque, realmente no sabía cómo es que Heero podía ubicarse, después de 5 minutos, el bosque se había cerrado sobre ellos y si de ella dependiera no podría encontrar el camino de regreso.

-veo que de verdad no has olvidado las clases- le dijo él, Relena se había ofrecido a continuar por el bosque siguiendo sus instrucciones.

-yo jamás faltaba a ellas- le respondió recordando que él nunca las había tomado y los profesores insistían que, aunque supiera cabalgar con excelencia terminaría reprobando la clase si continuaba con esa actitud rebelde.

Heero sonrió, entendió la indirecta perfectamente pero no le respondió

-detente aquí- le pidió él pasado otro par de minutos.

Relena así lo hizo, Heero desmonto del caballo rápidamente y se acercó a uno de los árboles, pareciendo buscar algo cerca al suelo.

-¿Qué es lo que estás buscando Heero?- pregunto Relena intentando ver lo que hacia

-es perfecto, al parecer continua activo-

- ¿qué cosa? -

-es un sistema de seguridad, nos alertara de cualquiera que se acerque-

Continuaron su camino hasta que el bosque termino y llegaron a un rio rodeado de montañas, la vista era mágica tanto que la hacía olvidarse del frío que sentía. Lo escucho sacar alguna de las cosas que llevaba en las alforjas y poco después los cubrió a ambos con esa manta que había visto, haciendo que ella descansará su espalda sobre su pecho y se cubrieran ambos lo mejor posible.

-ya es suficiente yo continuare- le dijo él retirando sus manos de las riendas, Relena las sentía aun heladas a pesar de haberlas cubierto con guantes.

Sintió alivio al esconder sus manos entre la tela y el calor corporal de Heero. Para su sorpresa lo vio guiar al caballo para que de nueva cuenta se internara en el bosque

- ¿me dirás ahora la verdad del porque estamos aquí? - pregunto Relena

Por varias razones pensó él, no respondiendo a su pregunta en seguida

- ¿de verdad lo has hecho solo porque no he deseado volver a Bruselas? - pregunto Relena nuevamente.

-desearía haberlo hecho solo por eso, es evidente que necesitas descansar más-

Relena sonrió feliz al escucharlo permanecer tan al pendiente de su salud.

- ¿Cuál es la razón entonces? - volvió a preguntar

-estas en peligro Relena- le confeso él finalmente

Escuchar eso le robo la sonrisa del rostro, no era algo que no hubiese pensado antes, pero ¿Qué había descubierto? ¿que lo había orillado a tomar una decisión como esta?

-alguien dentro de la organización contrato a un hombre para matarte tan pronto pusieras un pie en Bruselas-

Relena palideció al escucharlo, sintió que su estómago y su garganta se cerraron, enterarse de esto la hacía volver a sentir que no importa lo que hiciera la paz jamás podría prevalecer.

-tal parece que soy un completo fracaso- le dijo Relena con tristeza

Heero la rodeo con más fuerza entre sus brazos, sabía bien como esto le afectaba y había reconocido en seguida esa falta de ánimos por volver a Bruselas por la misma razón.

-es tu excelente trabajo el que te hace ganar enemigos-

-como todos quienes propusieron el desarme- dijo Relena pensando primeramente en su padre, después en su familia biológica, la familia Peacecraft y por último el líder de las colonias Heero Yuy.

-tal parece que ser un pacifista es una sentencia de muerte- terminó diciendo ella

No encontró las palabras correctas que la reconfortaran, él bien sabía que no había forma de cambiar al mundo, muchos habían intentado hacerlo y habían fracasado en la tarea, pero no podía pedirle renunciar a sus ideales, la conocía bien y sabía que a pesar de todo jamás renunciaría al cargo.

Heero busco entre las alforjas del caballo una de las manzanas que había comprado en el poblado y la entrego en su mano.

-debes tener hambre- le dijo él

La verdad es que él tenía razón, había comenzado a sentir hambre y aun con el desánimo se obligó a comer.

Continuaron internándose en el denso bosque por alrededor de una hora más, hasta que en algún momento Relena pudo distinguir lo que aparentemente seria su destino, una vieja cabaña.

-¿qué es este lugar?- pregunto ella

-lamento decirle que la suite presidencial no estaba disponible Señorita Peacecraft- le dijo Heero de manera burlona y Relena sonrío a su comentario

Heero la ayudo a desmontar y la volvió a cubrir con la manta que habían utilizado ambos en el camino, protegiéndola del frío que dentro del bosque se sentía con mayor intensidad.

Por fuera la cabaña lucia deteriorada, era totalmente de madera, con un techo a dos aguas y un cobertizo a donde Heero había llevado al caballo, algunas hierbas habían crecido con libertad a su alrededor y otras también trepado sobre sus paredes.

-Después de usted- le dijo Heero nuevamente al abrirle la puerta.

Su interior era muy frío, pero lucia mucho más acogedor que en su exterior, tenía una chimenea y un comedor con un par de sillas, pareciera que el lugar había sido utilizado no hace mucho tiempo.

Relena recorrió las cortinas de la ventana del fondo y pudo observar el espeso bosque y un riachuelo que corría en la parte trasera de la propiedad.

-¿cada vez es peor cierto?- le pregunto Heero al mirarla sorprendida, tal vez aterrorizada desde el primer momento en que había estado frente a la cabaña.

-sé que podrás pensar que no puedo apartarme de los lujos y comodidades y disfrutar de lugares como este, pero te equivocas-

-no es lo que pienso, es por eso que me atreví a tráete hasta aquí- Relena se sorprendió al percatarse que, si era cierto lo que le decía, realmente había llegado a conocerla bastante bien.

-Encenderé el fuego en un momento ¿podría espera aquí señorita Peacecraft? -

-sin ningún problema, agente Yuy- le respondió ella sonriendo.

Mientras Heero salió por leña para la chimenea, Relena tomo la oportunidad para continuar inspeccionando el lugar, la cabaña en tamaño era pequeña pero por su distribución y diseño se sentía realmente mucho más grande, construida con gruesos troncos de madera, el techo era bastante alto, había una pequeña cocina, un baño y justo arriba de esto había una escalera para subir a un espacio de doble altura con una cama y muchas cajas encimadas una sobre otra, cerca de la chimenea había un estante, comenzó a observar los libros que contenía, la mayoría deteriorados por el tiempo, no reconocía los títulos, muchos de ellos estaban en Ruso, pero reconoció algunos escritos en alemán los cuales hablaban sobre armas y mobile suits de combate, también había algo que llamo su atención un mobile suit Leo a escala, en apariencia lo que debió haber sido el juguete de un niño o simplemente una figura de referencia para todos los detalles contenidos en los libros.

El sonido de la puerta al abrirse la trajo de vuelta y miro a Heero quien volvía con madera suficiente para encender el fuego.

- ¿viviste en este lugar Heero? - pregunto Relena mientras ambos acomodaban la leña dentro de la chimenea.

-así es- respondió él, recordando que debía tomar esta oportunidad también para ser totalmente sincero con ella.

-viví aquí por un tiempo junto a mi padre- le confeso Heero

-¿tu padre?-

-Su nombre era Odin Lowe- le confeso él

Relena se sorprendió al escucharlo de la misma manera que el Dr. J.

-el…- comenzó a decir ella

-si… el mismo, el hombre que asesino a Heero Yuy-

Al terminar de colocar la madera Heero encendió el fuego con la ayuda de dos piedras, lo que le recordó las primeras lecciones de supervivencia que aprendió con Odin Lowe.

-el fue quien me enseñó a sobrevivir- le confeso Heero

-¿cuándo murió estabas con él?- pregunto Relena, quien supo por su padre, el viceministro Darlian, que el francotirador había sido asesinado años más tarde.

-si- le respondió él

Heero se puso de pie y subió hasta la planta elevada volviendo con un par de gruesas cobijas de lana que les servirán para poder acomodarse cerca del fuego. Relena lo ayudo a extender la gruesa lana sobre el piso, deseaba seguir preguntando, pero también tenían muchas otras preguntas que hacerle, se sentó sobre la gruesa tela, se retiró los guantes y comenzó a calentar sus manos frente al fuego, mientras Heero revisaba en los estantes de la cocina las provisiones con las que contaban.

-¿alguien sabe que nos encontramos aquí?- pregunto Relena primeramente

-no, no realmente, oficialmente te encuentras en Bruselas- le respondió él recordando que únicamente él sabía donde la había llevado.

Antes de que ella pudiese preguntar algo más, Heero se había acercado nuevamente hasta ella y colocado sus manos sobre su mejilla.

-aun estas heladas... ¿cómo te has sentido? -

Relena se estremeció, el contacto era algo aún muy difícil de superar, a pesar de todo, su cercanía continuaba erizándole la piel.

-estoy bien, descuida… he terminado el tratamiento y el dolor se ha ido por completo- le respondió Relena sonriendo

A pesar de eso Heero pensó que quizás había cometido un error en traerla a este clima tan frío, pero sabía que la cabaña podría mantenerlos a salvo esa noche, tal como le había dicho había vivido en ella junto a Odín Lowe a los seis años cuando comenzó su entrenamiento, pero había olvidado su existencia por mucho tiempo.

-solo estaremos aquí esta noche, volveremos mañana a Bruselas- le dijo Heero confiando que en ese tiempo había podido lograr borrar su rastro, le habían asegurado que una persona dentro de la ESUN filtraba cada uno de sus pasos y después de que la enfermedad fallara en matarla, había contratado a un hombre para hacer el trabajo tan pronto volviera a Bruselas, su única opción había sido resguardarla y esconder su ubicación de la ESUN lo mejor posible de modo que no esperaran su llegada, pensaba también que si por él fuera Relena jamás volvería a poner un pie en Bruselas y mucho menos en la ESUN.

-deberé regresar al pueblo por más comida y combustible para el generador eléctrico- le dijo Heero interrumpiendo sus propios pensamientos.

-iré contigo-

-no, lo mejor es que esperes aquí, el lugar es seguro y no quiero que alguien pueda reconocerte-

No tuvo tiempo si quiera de levantarse, Heero había cerrado la puerta y para cuando alcanzo la ventana lo miro caminar por el mismo sendero por el que habían llegado.

Tan pronto lo vio irse Relena volvió a tomar su lugar frente a la chimenea, pronto comenzó a sentir calor, por lo que se retiró el abrigo, la bufanda y las botas, miro la hora en su teléfono, el tiempo transcurría muy lentamente en la espera de su regreso, reviso su correo esperando alguna noticia, pero no había nada, ni un solo mensaje, aunque no era de extrañarse aún era sábado y deberían notar su ausencia hasta el momento en que debiera presentarse a trabajar.

Se levanto y volvió a mirar aquellos libros, recordó que dentro de su equipaje llevaba consigo la novela que ya estaba por terminar, se había vuelto su fiel compañera el tiempo que había estado recuperándose de la enfermedad de Marte, la tomo de entre sus cosas e intento retomar la lectura, pero los ruidos del bosque y sus propios pensamientos la hacían detenerse, no dejaba de sentirse inquieta, ¿Quién estaba intentando matarla?, todo esto la hacía cuestionarse si realmente podría hacer un cambio en el mundo algún día, recordó las palabras de Heero, con la enfermedad habían sospechado se trataba de un ataque en contra suya, pero confirmar que ahora habían contratado a un hombre para matarla la hacía sentir más que aterrada, fracasada, inmediatamente después recordó las sospechas de su secretaria, si se trataba de una persona dentro de la organización, el ministro Olivier era quien más se ajustaba a ese perfil, en todo menos en cómo estaba enterado de su agenda ¿Agatha también estaba involucrada?, pensó, intentando encontrar respuestas.

-no, no es posible- pensó en voz alta, intento convencerse a sí misma que debía tratarse de alguien más.

Tiempo después el crujir de las hojas bajo las pisadas del caballo la hizo incorporarse rápidamente, Heero había ido y venido en la mitad de tiempo que les había tomado llegar hasta ahí, evidentemente había llevado a galope al caballo hasta el pueblo.

Cuando Heero entro a la cabaña llevaba consigo en su brazo izquierdo una bolsa grande de papel de la cual resaltaba una hogaza de pan y sujetaba con su mano derecha una vasija de metal.

-Temo que tengo malas noticas- había dicho él muy seriamente y sin mirarla -debemos irnos- Relena sintió su estómago contraerse nuevamente, recién estaba intentando calmar sus nervios y sus palabras la hicieron pensar el peor de los escenarios, ¿continuaban siguiendo su rastro? ¿debían salir a esconderse a otro lado?

Heero la miro y se sorprendió al ver el miedo en su rostro, recordando que esa era la razón del porque no le había dicho la verdad en el avión.

-se avecina una tormenta- comenzó diciendo -y será peor de lo que pensaba-

Relena sintió que le devolvían el alma al cuerpo, al no ser lo peor que pudo imaginar.

-el camino de regreso quedara cubierto de nieve por días y no pensaba mantenerte aquí por mucho tiempo-

Vio la mirada de decepción de Relena, él sabía bien que lo mejor sería regresar al pueblo y pasar la noche ahí, hasta estar completamente seguro de que su regreso a Bruselas no sería esperado por nadie.

-por lo pronto tomemos algo y comamos- le pidió Heero intentando alejar sus propios pensamientos un momento.

Coloco los víveres en la mesa, se retiró la gabardina y le dio a beber a Relena algo caliente que parecía un ponche de frutas, pero al probarlo sintió el alcohol rasparle la garganta, se trataba de un vino especiado y sabia delicioso.

Ambos se sentaron frente al fuego y comieron tranquilamente mientras Heero continuaba analizando la posibilidad de viajar a una ciudad cercana, pero la idea no lo convencía del todo, sabía que ahí tendrían una alta probabilidad de que se encontraran con algún periodista deseoso de ganar la publicación de la primera plana, rebelando su ubicación y si decidían quedarse aun teniendo víveres suficientes, la nieve les cerraría el camino de regreso al pueblo ante cualquier emergencia quedarían incomunicados el tiempo que durara la tormenta.

-quedémonos aquí Heero, el tiempo que sea necesario- le sugirió ella, se sentiría más segura si no había nadie más que él a su lado y bien podría extender sus vacaciones un tiempo más y que la buscaran todo lo que quisieran.

-es peligroso, podrías enfermar y estas recién recuperándote-

-sé que podría sobrevivir el tiempo que sea justo como estoy ahora, el fuego está haciendo un excelente trabajo- le confeso Relena.

Heero sonrió sutilmente a su comentario, pero él no estaba tranquilo con esa idea, temía que Relena enfermara, recién estaba recuperándose y no pudo evitar tener un mal presentimiento.

-no puedo exponerte a eso- le dijo él firme en mantener su decisión de regresar.

Ambos se mantuvieron en silencio, ella no podía dejar de pensar que sucedería después de su regreso a Bruselas, no podría ocultarse para siempre.

Para cuando Relena estaba por terminar su bebida, sintió que el calor del vino y el fuego habían hecho su trabajo.

Deseaba poder retirar esos pensamientos un momento y solo concentrarse en el presente, en ese momento, Relena recostó su cabeza sobre el hombro de Heero, a pesar de todo él podía hacerla sentir tranquila.

-Relena….- le llamo él

Relena lo miro, él continuaba con su vista fija sobre el fuego

-escucha con atención, cuando volvamos a Bruselas deberás ser muy precavida…-

-continuare cumpliendo todas sus órdenes agente- le respondió Relena sonriendo y dando otro sorbo a su bebida.

-continuaran buscando la mejor oportunidad que tenga para asesinarte-

-¿sabes quién ha mandado a matarme?- se atrevió a preguntarle ella finalmente

-no lo sé, solo sé que está dentro de la organización y que conocen bien cada lugar en que te encuentras-

Relena volvió a pensar en las palabras de Agatha y la sospecha que tenia

-el ministro Olivier, Agatha sospecha de él- se atrevió a decirle Relena – y él jamás esconde la poca tolerancia que me tiene desde el primer día que llegue a la ESUN-

-se a qué te refieres, pero he llegado a pensar que no está trabajando solo, Vasiliev podría también estar involucrado-

- ¿cómo te has enterado? - le pregunto ella

- ¿recuerdas al hombre que buscábamos? -

-lo recuerdo perfectamente- dijo ella al pensar en ese día en Adam Rawler la había apuntado con un arma dentro de aquel auditorio para iniciar un falso levantamiento.

-él me ha advertido-

- ¿lo han capturado?-

-No…- le respondió Heero recordando verse obligado a dejarlo ir.

-sabía que habías enfermado y que no había podido matarte por lo que esta vez contratarían a alguien para hacer el trabajo, tan pronto supieran de tu regreso, lo cual sucedió, me dio los detalles del vuelo y la hora exacta de tu llegada a Bruselas por lo que mi objetivo se convirtió en ese momento en que te perdieran la pista-

-es seguro que lo has logrado, ni siquiera yo sé dónde me encuentro-

Heero le sonrió sutilmente

- ¿al volver podrías plantearte la idea de trabajar desde tu residencia?-

Relena le sonrió al escucharlo desear mantenerla lo más segura posible

-Gracias Heero por permanecer conmigo y protegerme, pero no puedo esconderme para siempre-

Heero frunció ligeramente el ceño ante sus palabras, realmente desearía poder arrebatarla del mundo que siempre parecía acecharla.

-no pensemos en eso ahora, quisiera olvidarme de todo un momento- le dijo ella abrumada por toda esta situación

-y desearía que tú también lo hicieras- continúo diciendo, volviendo a recostar su cabeza sobre su hombro, intentando alejar sus propios pensamientos, disfrutando solo del presente, imaginando poder volver a dormir junto a él como aquel día, eso la hacía olvidarse del mundo completamente, ¿Cuándo fue la última vez que habían dormido juntos?, ¿el frío les sería un problema?, sintió sus mejillas encenderse y dio el ultimo trago a su bebida en un intento por esconderlas.

Heero la miro sonrojarse y apretar sus labios, evidentemente algo le había alterado los nervios y le hacía perder la cabeza cada que eso sucedía, definitivamente Relena desconocía el poder que tenía sobre él y él amaba ponerla aún más nerviosa.

Él se acercó a ella lentamente, sin dejar de mirar sus labios y Relena sintió su corazón agitarse. Heero paso uno de sus dedos sobre su boca, separando sus labios y percibiendo la calidez de estos, lo que le dio el suficiente motivo para besarla.

Inevitablemente unió sus labios suavemente contra los de ella y cuando se separaron, sus miradas volvieron a encontrarse, ambos sabían que un beso no sería suficiente para borrar sus pensamientos. Heero volvió a besarla y Relena toco el rostro de Heero con sus manos, se dio cuenta entonces que el aroma de su ropa inesperadamente comenzaba a ser muy familiar para ella.

Con sus manos aun sobre sus mejillas se miraron un momento inmerso en el fluir de sus emociones.

Heero la miro y la observo atentamente, había decidido que la mejor opción era regresar, pero aun podrían gozar de un momento a solas con la privacidad que tanto habían anhelado, aun disponían de tiempo antes de la tormenta y el anochecer.

Heero rodeo su espalda con su brazo, atrayendo su cuerpo más cerca al suyo para después recostarla sobre su cama improvisada.

Relena sintió su corazón latir a mil por hora, una de sus manos la sujetaba de la cintura, y su rostro estaba a centímetros de él, podía sentir su respiración, ambos se mantuvieron en silencio, esperando que sus cuerpos se relajaran, pero esa era una tarea imposible. La última vez que habían intentado compartir la noche juntos ella había desvanecido sobre él, haciendo de su estancia en Alemania la última vez que habían podido disfrutar del placer de unir sus cuerpos, por lo que no podría si quiera pensar en detenerse ahora.

Heero beso su frente dulcemente. Relena no dejaba de sentir a su corazón latir estrepitosamente mientras el continuaba besándole la piel con cuidado hasta que una de sus manos comenzó a deslizarse sobre su cuerpo.

-hmm- se quejó ella, sentía que las brasas la habían alcanzado, y que podía arrancarse toda la ropa en ese momento.

XXX

Se miraron un instante y él comenzó a desprender cada uno de los botones de su blusa, percatándose que llevaba colgado al cuello el obsequio que él le había dado por su cumpleaños, beso con delicadeza la piel que comenzaba a verse expuesta. Relena sintió su piel erizarse cuando Heero tomo atención a su pecho, succionando su pezón aun por encima de la ropa.

-ah- Relena se sobre salto al instante

Ambos se separaron un momento, el frío en seguida se hizo presente, pero Relena no estaba dispuesta a ser derrotada. Comenzó a quitarse la ropa, mientras Heero hacia lo mismo con la suya propia, ambos se desprendieron de todo lo que llevaban puesto. Relena cubrió su pecho desnudo con sus brazos en un intento por brindarse calor y recostó su espalda nuevamente contra la gruesa colcha de lana.

-¿has vuelto a sentir frío? – le pregunto él al acercarse a ella para separar sus brazos y proveerla del calor que necesitaba con la ayuda de su propia temperatura corporal.

Por un momento dejo que el calor de sus cuerpos la envolviera. Heero acercó su rostro hasta su cuello, disfrutando del aroma de su cabello impregnado de su perfume y esa dulce sensación que sentía cuando la suavidad de la piel de su pecho se presionaban contra el suyo.

Relena rodeo su espalda con sus brazos, estaba completamente desnudo sobre ella y el cuerpo de Heero estaba mucho más caliente que el suyo, lo que la hizo sentir alivio, se sorprendía de ver que el frío a él no parecía afectarle de la misma manera que a ella.

Heero la miro un momento para después besarla, en un principio con mucha dulzura hasta que Relena le permitió unir sus bocas más allá de solo sus labios lo cual encendió en ambos cada parte de su cuerpo.

Lo sentía contra su vientre, aquella parte de él pulsaba contra su piel y por reflejo sus manos se aferraron con mas fuerza a su espalda, poco después sintió los labios de Heero bajar y detenerse en medio de sus pechos, besaba cada centímetro de su piel muy lentamente, hasta subir de nueva cuenta a su cuello, el frío comenzaba a desvanecerse por completo, su propio calor corporal y el fuego de la chimenea comenzaba a ayudarles a ambos.

Cuando Heero volvió a tomar sus labios, le entrego un beso que llevaba todas las emociones que le hacía sentir, le devoró los sentidos, lo sentía presionar más su cuerpo contra ella, se sintió perder completamente y por instinto comenzó a frotar sus piernas a sus costados, lo que lo hizo a él desearla con desesperación.

Heero se detuvo un momento y sorpresivamente se alejó de ella permitiendo que el frío volviera a tocarle la piel.

De rodillas frente a ella Heero coloco sobre sus hombros la manta que serviría nuevamente para cubrirlos a ambos, mientras lo hacía disfruto de verla desnuda, su piel blanca y tersa iluminada por el danzar del fuego, resaltaba cada curvatura de su cuerpo y fue en ese instante que detallo cada centímetro de ella como nunca lo había hecho. Relena lo miraba ruborizada por la manera tan intensa de fijar su vista sobre su cuerpo, lo que la hizo apretar sus labios nuevamente.

Heero toco sus rodillas y Relena se sobre salto, no pudiendo evitar ver aquello que había descansado contra su cuerpo y que ahora exigía de toda su atención, sin darse cuenta avergonzada desvío su mirada, abrazo su pecho, continúo mordiendo sus labios y comenzó a contener la respiración.

Él al igual que Relena deseaba con ansias saciar el apetito de ambos, pero estaba decidió a llevar esto mas allá de lo que hubiesen podido imaginar, quería darle todo el placer que pudiera y tomar a detalle cada parte de ella.

Heero se inclinó nuevamente sobre su cuerpo, con sus rodillas apoyadas a sus costados, retiro lo brazos de su pecho, entre lazo sus manos y permaneciendo de esta manera unos momentos sin tocarla.

-respira- le dijo al oído

Relena se sorprendió al escucharlo, ni si quiera ella misma se había percatado que estaba sosteniendo la respiración, él volvía a tomar registro de cada cambio en su cuerpo.

Esta vez descanso su cuerpo nuevamente sobre el de ella, con la manta ahora cubriéndolos a ambos, deslizo sus manos por debajo de su espalda, brindándole nuevamente de todo el calor que pudiera darle, Relena cerro sus ojos y él tomo sus labios, ambos se perdieron nuevamente entre el roce y el calor que sus cuerpos les brindaban. Perdidos completamente entre sus emociones, pensando solamente en ellos y en ese instante.

Cuando sus bocas se separaron, Relena tenia sus ojos cerrados, lo sintió bajar, besarle la piel del pecho, aprisionar la punta de sus senos con su boca, hasta excitarlo y liberarlo, lo que provoco que estando ahora humedecido lo sintiera aún más afectado por el frío.

Al soltarle el pecho sintió su cabello rozándole la piel mientras continuaba besándola centímetros más y más abajo.

Deteniéndose un momento para deslizar su mano y tocar con sus dedos justo en medio de sus piernas, al hacerlo Relena dejo escapar la primera muestra de placer de sus labios, instintivamente llevo su mano derecha a su boca para encubrir lo que sentía. Heero lo noto y la retiro de su rostro, esta vez no tendrían por qué ocultarse, ambos estaban conscientes que en esta ocasión no habría nada que los detuviera, nadie que pudiera interrumpir, nadie que pudiera verlos o escucharlos, solo ellos dos.

Heero volvió a llevar su mano entre sus piernas mientras la miraba envuelta en el placer que le provocaba no pudo evitar besarla, unió sus labios a los suyos hasta que ella se vio obligaba a detenerse para tomar aire y gemir de placer. La había llevado al límite no podía soportarlo más, sentía por dentro su cuerpo arder y derretirse.

Pero Heero no estaba dispuesto a detenerse, retiró su mano, se deslizo nuevamente sobre su cuerpo y lo sintió besarle la piel centímetros mas y mas abajo, hasta detenerse muy cerca de donde segundos antes le habían causado tanto placer sus dedos. Relena sentía su cuerpo estremecerse, ante lo que Heero intentaba hacerle saber estaba por suceder nuevamente.

Aquella noche en Alemania cuando se había escabullido a su cuarto, tuvo que ponerse un alto, recordó el esfuerzo de Relena por mantenerse callada, temerosos de ser descubiertos, pero ahora seria diferente esta vez sería el momento perfecto.

-No Heero…-

Relena arqueo su cuerpo al sentir sus labios hundirse justo en ese lugar…. no podía verlo, solo sentirlo, la manta gruesa solo cubría la mitad del cuerpo y sentía el frío sobre su pecho.

-uugh-

Relena se quejó de nuevo mientras su cuerpo se retorcía, se sentía arder de la misma forma en que la madera era consumida por el fuego, estiro sus brazos lo más lejos que pudo hasta alcanzar el filo de su improvisada cama, apretó el grueso cobertor con fuerza entre sus dedos y sintió su respiración traicionarla cada vez con más frecuencia, sus sentidos habían trascendido a otro nivel, no eran solo sus labios, estaba siendo demasiado atrevido en aquel lugar.

-Hee... -

La había escuchado intentar pronunciar su nombre lo cual lo ponía a él al borde de la locura, deseaba poseerla con tanta fuerza en ese momento como nunca.

Relena sintió su cuerpo estremecer, no lo soportaría más sintió que todo dentro de ella se derretía y escapaba fuera sin poder controlarlo.

-detente…- volvió a pedirle

Relena no pudo evitar gemir con fuerza, arqueo su espalda y tapo su boca instintivamente con sus manos, sintió una tortuosa vergüenza invadirle en esos momentos, cuando se sintió venirse con él aun en ese lugar.

Heero sintió el sabor de ella dentro de su boca y supo entonces que había cumplido su cometido.

Se descubrió de entre la gruesa tela y la miro, aún estaba cubriendo su rostro con sus manos, sabía que estaba avergonzada por el placer que sintió y la reacción natural de su cuerpo.

Heero se incorporó volviendo a acomodar la tela tras su espalda, dejo sus piernas a sus costados, la sintió estremecer y temblar al contacto, estaba respirando con fuerza, todos sus sentidos estaban a flor de piel. Se inclino nuevamente hasta ella y le aparto las manos del rostro, al hacerlo Relena evadió su mirada y en ese momento pensó que quizás se había sobre pasado.

Heero toco su rostro y la obligo a desprender el labio que ella continuaban mordiendo.

-¿Fue demasiado? - quiso saber Heero

-…yo…- había Intentado hablar ella percatándose que su respiración agitada se lo impedía.

Relena sentía que ni sus brazos ni sus piernas le respondían, los latidos de su corazón retumbaban hasta sus oídos, le había explotado los sentidos pero no podía evitar sentir desearlo desesperadamente dentro de ella. A Heero le sucedía lo mismo, deseaba rodearse de ese calor que emanaba de su cuerpo, sentirse aprisionado dentro, pero debía detenerse, Relena debía recuperar el aliento, era evidente que se había excedido, recién estaba recuperándose y no debía exigirle demasiado.

-Heero- pronuncio su nombre, al ver que él se había detenido apropósito para que ella tomara aliento.

-quiero sentirte dentro de mi- le confeso Relena

Ella tomo su mano y la coloco sobre su vientre, sintiendo el calor de su palma sobre su piel, ese simple acto la hizo estremecer y, él se daba cuenta de eso, lo que terminaba por provocarlo aún más.

-Relena…- No debía pedírselo de esa manera o no podría negarse.

Él deslizo su mano desde ese lugar hasta tocar la humedad en medio de sus piernas con sus dedos, rozando y presionándole ligeramente la piel.

Con el movimiento de sus dedos, Relena se retorcía de placer, sentía que estaba enloqueciendo, sus caderas habían comenzado a moverse por voluntad propia imaginando que estaba ya dentro de ella.

-hmm- esta vez se había quejado él

Relena estaba preparada, su cuerpo estaba ansioso de sentirlo dentro de ella, lo sintió colocar aquella ardiente extremidad de su cuerpo, en el lugar que sus dedos habían ocupado y su cuerpo se tensó cuando él comenzó a rozarle la piel en ese lugar tan susceptible.

No pudiendo detenerse un momento mas con un ligero movimiento Heero sacio el apetito de ambos.

Lo sintió hundirse dentro de ella con fuerza, las paredes de su cuerpo se contrajeron, esa sensación, las pulsaciones en su vientre, el calor de él y su corazón latiendo estrepitosamente, la hicieron arquear su espalda en un éxtasis como ninguno.

Heero continúo moviéndose, mientras la aprisionaba contra su cuerpo con fuerza, el ritmo los envolvió y rápidamente sus movimientos comenzó a intensificarse.

Entre aquella explosión de emociones, la sentía sudar, el frío en definitiva había desaparecido.

Ambos habían alcanzado el límite y esta vez su respiración comenzaba a traicionarlos a ambos.

Ella podía escucharse a sí misma jadear, la madera crujía debajo de ellos con eso ligeros y sensuales quejidos de Heero envueltos con el ritmo del choque de sus cuerpos.

Se sintió venirse nuevamente, arqueo su espalda y estiro sus brazos tanto como pudo, permitiendo a él hundirse aún más y segundo más tarde lo sintió liberarse completamente dentro de ella.

XXX

Esa explosión de emociones había culminado.

Bajo esta posición Heero relajo su cuerpo y hundió su rostro sobre su hombro percibiendo el dulce aroma de su perfume mezclado esta vez con el sudor de su piel. Permanecieron así por un tiempo, disfrutando de la cercanía del otro hasta retomar el ritmo normal de su respiración.

-Heero...-

-hmm-

-¿podríamos solo quedarnos en este lugar …?-

Heero sonrió al escucharla

-¿aun con las bajas temperaturas?-

-no pareció importamos hace unos momentos-

Debió reconocer que era cierto su cuerpo y el fuego le proveería del calor necesario para soportar la noche, pero seguía pensando en el riesgo en que se convertiría quedar atrapados por la tormenta.

Heero se incorporó y Relena sintió el frío al momento de perder el contacto con su piel.

La verdad era que el a diferencia de ella no sentía el frío con la misma intensidad por lo tanto sabía que debía tener mayor cuidado, volvió a tomarla la cobija que debido a sus intenso movimientos termino por desprenderse y se recostó a un lado suyo para cubrirlos a ambos. Relena coloco su mejilla contra su pecho y sus cuerpos desnudos volvieron a hacer contacto, cerro sus ojos, deseaba detener el tiempo y sentir por la eternidad las manos de Heero sobre su espalda.

Él al igual que ella se perdió en sus pensamientos, en el temor que le daba perderla, tenia razón no podía ocultar por siempre ¿Cómo podría mantenerla a salvo?

-Relena- le llamo él

Esos intensos ojos color azul la miraron bajo los mechones de su cabello, Relena los retiro con suavidad de su rostro y miro sus labios, acerco más su rostro al suyo y se besaron nuevamente, con mucha dulzura y delicadeza, para ambos sus labios eran embriagantes y adictivos, tal vez la primera vez había sido en un lujoso hotel en Ginebra y sobre las mas finas sabanas, pero en definitiva jamás pensó que podría llegar a disfrutarlo tanto como hasta ahora.

Heero la abrazo con fuerza, tanto como si temiera perderla y Relena no podía sentirse más segura y protegida, al poco tiempo la miro dormir tranquilamente, su intensa actividad la había llevado a un sueño profundo, no pudo evitar perderse en aquel sentimiento de paz que le transmitía al verla dormir, el fuego continúo consumiendo la madera y el tiempo transcurrió rápidamente, hasta que en algún momento él también quedara profundamente dormido.

Pasado el tiempo Heero fue el primero en despertar, el lugar estaba casi en penumbras iluminado solo por el revoloteo de las llamas. Estaba sorprendido de haber dormido tan profundamente ¿Cuánto tiempo habrá pasado? Pensó y vio que el fuego continuaba encendido.

La cabaña se había calentado un poco pero aún no lo suficiente, era seguro que la temperatura ya había comenzado a descender con mayor rapidez.

Cuando Relena volvió a tener conciencia del mundo, sintió un peso sobre su cuerpo, abrió sus ojos lentamente, todo era oscuridad entre la gruesa cobija que la cubría pero podía escuchar perfectamente el sonido de la tormenta de nieve que caía sobre ellos.

Asomo su rostro entre los gruesos cobertores y lo primero que vio fue el danzar del fuego frente a ella, tuvo que recordar todo lo que había sucedido. Sintió los brazos de él rodearla y se percató que el peso que sentía sobre su espalda era de Heero, lo que la hizo girar su rostro hacia él.

- ¿cuánto hemos dormido? – pregunto ella al verlo despierto

-lo suficiente para no poder escapar de la tormenta-

A Relena le fue inevitable sonreír, esto significaba que ya no había forma de que Heero se decidiese a abandonar la cabaña. Relena giró su cuerpo hasta tener su rostro de frente a ella en una posición mucho más cómoda.

-¿significa entonces que deberé tomar otros dias más de vacaciones?- le pregunto ella sonriendo

-esta vez no tendrá otra opción señorita Peacecraft-

-tengo el derecho de hacerlo y ellos deberán seguir buscándome-

Heero estaba de acuerdo con ella, estando despierto había llegado a la misma conclusión, ya no tendrían otra opción más que quedarse y tal vez esto debía suceder, tal vez debía mantenerla más tiempo alejada de la ESUN.

Relena se acercó más a él, deseando estar lo más cerca posible

- ¿sientes frío? – le pregunto Heero al ver lo que hacia

Relena solo negó con la cabeza, pero deseaba estar más cerca de él, le reconfortaba sentir su calor sobre su piel. Deslizo sus manos tras su espalda y hundió su cabeza sobre su pecho

-uhn- un quejido había escapado de los labios de Heero, ella no debía moverse contra él con tanta sensualidad o no dormirían esa noche.

XXX

Relena lo sintió endurecerse contra su abdomen reclamándole atención por lo que acababa de provocarle y la verdad era que ella aun sentía el cuerpo adolorido, pero estaba dispuesta a pagar por lo que había provocado, se sentía en deuda por lo que él le había hecho sentir.

Deslizo su cuerpo sobre él, cuidando de no retirarse las gruesas mantas que le cubrían la espalda, obligándolo a descansar su espalda contra el suelo.

-Relena….-

La vio sentarse sobre su abdomen cuidando de mantener el grueso cobertor sobre su espalda, el frío la estremeció al instante en que perdió su calor y las puntas de sus pechos se endurecieron.

-no es necesario- le dijo él avergonzado de no haber podido controlarse al estar tan cerca a ella y percibir el dulce aroma que siempre la acompañaba y que lo excitaba constantemente.

No importando lo que él dijera Relena estaba decidida a hacerlo, la miro desnuda sobre su abdomen y supo que el trabajo estaba hecho, lo había logrado estaba encadenado y deseaba liberarse dentro de ella,

Relena no dispuesta a hacerlo esperar más se incorporó sobre sus rodillas buscando y tocando con sus manos aquello que deseaba volver a ser aprisionado dentro de su cuerpo.

-uhnn...-Había logrado robarle un gemido a él en el momento en que lo había tocado

Relena sintió una agitación invadirle al escucharlo y verlo morder sus labios y fruncir el ceño levemente.

agh- esta vez se había quejado ella, al tiempo que comenzaba a descender y fusionar sus cuerpos nuevamente.

Él podía verla morder sus labios, se había detenido, era evidente que había comenzado a penetrar su cuerpo antes de tiempo y el dolor se había hecho presente.

Heero termino de ayudarle en la tarea, levantando y bajando su cadera, haciendo que ese movimiento hiciera que esta vez estuviera completamente dentro, la escucho gemir, la vio buscar apoyo sobre su abdomen, la sintió erguir y contraer su cuerpo con tanta fuerza que sintió que su propio cuerpo lo traicionaría en ese instante.

Después de un momento en que la vio relajar su cuerpo por la conexión de ambos, Relena volvió a erguir su espalda volviendo a acomodar la cobija sobre ella, Heero tomo esa oportunidad para deslizar sus dedos en su vientre, sabia lo que eso le provocaba, la sintió exaltarse y esos espasmos se hicieron presentes.

-ugh… Heero- volvió a quejarse ella

Relena se obligo a continuar moviendo su cadera ligeramente, lo cual provoco que su piel rozara la parte más sensible de su cuerpo, situación que la estremeció. Ella tomo sus manos y las llevo hasta su pecho, disfrutando del calor que le brindaban, Heero pudo sentir la suavidad de su piel y lo excitados que estaban.

Las manos de él dejaron sus pechos para deslizarse por todo el contorno de su figura hasta llegar a su cadera, sujetándola con firmeza com ambas manos mientras ella continuaba moviéndose sobre él, no pudiendo apartar su mirada.

Relena soltó la cobija y esta cayo tras su espalda, sintió el frío enseguida, tomo las manos de Heeroo con las suyas con fuerza, inmersa en las sensaciones que provocaban sus propios movimientos, frotando su piel en los lugares que más la excitaban.

Relena cerro sus ojos, percibía el sonido del fuego consumir la madera, el sonido del choque de sus cuerpos y su respiración agitada mezclada con el viento y la nieve que golpeaba la cabaña.

Presa del placer que la invadía, se dejó llevar plenamente por sus emociones y su cuerpo se movía solo bajo sus ardientes instintos.

Heero se sentía profundamente dentro, ese calor succionaba su cuerpo entre constantes contracciones, esta vez tuvo que concentrarse tanto como pudo para no terminar en ese momento, le era claro que ella estaba complicándole la tarea intencionalmente. .

-uuhng- había vuelto a robarle a él una muestra del placer que le daba.

Relena estaba intentando con todas sus fuerzas no desvanecer, quería ahora hacerlo sentir a él tan bien como él la hacía sentir a ella.

Pero su cuerpo no resistiría más Relena sintió el calor bajar y escapar, perdió total conexión con su propio cuerpo, Heero se dio cuenta de eso y se incorporó hasta sostenerla contra él.

-No debes exigirte demasiado- le dijo al oído percatándose de sus frustradas intenciones.

-Hee…ro- Relena pronuncio su nombre, avergonzada de lo que había intentado hacer.

Recorrió su espalda con sus manos, percatándose que su piel volvía a estar fría, con mucho cuidado y sin perder la conexión de ambos, invirtió su posición, obligándola a ella a recostarse sobre los cobertores de lana sin nada más que su cuerpo protegiéndola del frío.

-yo me moveré- le dijo Heero al oído

Él apoyo sus brazos a los costados de ella y con pequeños impulsos de su cadera comenzó a golpear nuevamente en un ritmo lento, disfrutando del calor de su interior y la suavidad de la piel de sus senos rozándole el pecho

-uuuugh-

La escuchaba gemir con más fuerza, tensaba su cuerpo cada vez que él golpeaba y sus movimientos comenzaron a ser cada vez más constantes.

Lo sintió entrar y salir hasta saciarse, momento en el que ambos sujetaron sus cuerpos con fuerza.

XXX

Heero se retiró y hundió su rostro sobre el hombro de ella, él intentaba devolverle el calor a su piel, mientras ella intentaba normalizar su respiración.

-No planeo que duermas sobre el suelo- Heero fue el primer en romper el silencio

-¿me quieres encima tuyo de nuevo? –

Ella no pudo ver la sonrisa que le había robado, realmente había dicho eso solo para divertirse, en realidad no podía mover un solo dedo en ese momento.

-tampoco quiero mantenerte despierta toda la noche- le respondió él y esta vez fue ella quien sonrío.

-entonces solo permanezcamos de esta manera- le sugirió Relena

Heero se acomodó a su costado y los envolvió a ambos entre los cobertores, disfrutaron plenamente de su compañía en ese momento mientras escuchaban la tormenta de nieve golpear la vieja cabaña.

Su pacifico momento fue interrumpido por el móvil de Relena, el cual le avisaba la llegada de un mensaje nuevo. Ella hundió su rostro contra su pecho, no deseaba saber de nada que no fuera él en ese momento.

-podría tratarse de tu madre- le dijo Heero al ver que ella no deseaba si quiera mirar.

Relena estaba de acuerdo con eso, su madre debía esperar su mensaje avisándole de su llegada a Bruselas

-antes de volver a dormir también debes comer algo- le dijo Heero recordando el poco alimento que había probado desde su llegada.

-tu eres quien no ha comido en todo el día Heero- le recrimino Relena.

Heero sabía lo que sucedía con él, pero en ese instante reconoció que su apetito se había recuperado.

Cuando se separó de ella para ir por la cena, Relena extraño su calor de inmediato, lo miro caminar completamente desnudo bajo la tenue luz de la chimenea hacia la mesa donde había dejado la bolsa de víveres ¿Cómo podía hacer eso? Ella moriría de frío al tan solo tocar con los pies desnudos el piso de madera.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando la luz del fuego lo iluminó de espalda y su lasciva mirada la hizo sentir vergüenza por lo que enseguida presto atención en tomar el celular dentro de una de las bolsas de su abrigo.

Comprobó que efectivamente se trataba de su madre, le enviaba un mensaje corto preguntando como se encontraba y le insistía también que extendiera su descanso.

Cuando Heero volvió, había vuelto con más de aquella bebida caliente, la cual Relena no dejaba de pensar que era deliciosa, junto a ella también le entrego un pan que parecía tener queso y especias encima.

-servicio a la habitación señorita Peacecraft-

-gracias agente- le dijo Relena sonriendo

Ambos se sentaron a comer frente al fuego, Relena estaba mucho más cubierta que él, solo dejando sus manos libres para sostener el vino caliente y al mirarlo comer se dio cuenta que esta era la primera vez que lo veía hacerlo.

-¿no sientes frío Heero?- le pregunto ella al ver solo la mitad de su cuerpo bajo el cobertor.

-estoy bien no te preocupes, ¿qué te ha escrito la Señora Darlian?-

-tal y como dijiste sabe que estoy de vuelta en Bruselas-

-puedes decirle la verdad-

-¿que su hija está en una cabaña, alejada del mundo, escondida de un asesino y acompañada de un hombre apuesto?-

-si no deseas preocuparla solo dile que decidiste descansar un tiempo más-

Relena le sonrió pensando en que efectivamente podría omitir ciertos detalles.

-se sorprenderá de saber que finalmente decidí hacerlo- pensó Relena en voz alta

-algo que definitivamente debiste hacer desde un principio- opino Heero

Después de terminados sus alimentos y colocado más leña al fuego, Heero volvió a recostarse a su lado y Relena se sorprendió de la calidez de su piel cuando su cuerpo volvió a descansar sobre su espalda.

Ambos continuaron recostados y envueltos bajo el grueso cobertor de lana mientras él volvía a rodear su cuerpo en sus brazos, escuchando la intensa tormenta agitar los árboles y mirando juntos el danzar de las llamas consumir la madera.

Relena seguía sin poder creer donde se encontraban, deseaba poder detener el tiempo y quedarse de esta manera por siempre, amaba la manera en que cuidaba de ella y solamente él podía hacerla sentir segura en esos momentos.

-podría quedarme aquí para siempre contigo- le dijo Relena

Heero sonrió ante esa idea, en definitiva, era algo que el estaría dispuesto a hacer pero que ambos sabían no podía suceder.

-Relena…- comenzó diciendo él -no he sido totalmente sincero contigo-

A ella le sorprendieron sus palabras, lo que la hizo girarse a mirarlo.

-La investigación que seguimos me involucra más de lo que te he hecho saber-

-¿en qué sentido Heero?-

-mi condición física es similar a la de ese hombre y esa fue la razón del porque no enferme-

La miro intentar articular palabras, sabía bien lo que deseaba preguntarle, pero le aterraba conocer la respuesta.

-tranquilízate, no estoy muriendo-

- ¿qué es lo que tienes? - pregunto ella finalmente

-tengo en mi sangre algo a lo que llaman prototipo Zero, pero en una versión distinta a la que tenía ese hombre-

- ¿Cómo es que llego a ti? -

-aparentemente desde mi nacimiento, por herencia de mi padre- le confeso él

Relena recordó esa extraordinaria condición que siempre lo había acompañado, desde aquel día en el muelle en que había recibido dos impactos de bala y al día siguiente lo había visto caer sobre un acantilado, poniéndose de pie casi inmediatamente, ¿su resistencia al frío también se debía a eso?

-no deseaba preocuparte- le confeso él al mirar la angustia en su rostro.

-estoy segura de que no deseabas hacerlo, pero prefiero saberlo Heero, quiero ayudarte y apoyarte de la misma manera en que tú lo haces-

Él le sonrió dulcemente

-ya lo haces, te lo he dicho, tú le has dado valor a mi vida- le dijo el acariciando su rostro.

Relena descanso su mejilla contra su pecho y él la abrazo fuertemente contra el suyo, era verdad Relena se había convertido en su total existencia y estaba decidido a protegerla hasta el último de sus días.