La Compañía, después de que Thorin y Gandalf discutieran un ratito como dos niños chicos, se había decidido a moverse en busca de la cueva que los trolls debían tener cerca para protegerse del sol. Sin embargo, Ana seguía enfurruñada, ahí sentada al pie de un árbol de brazos cruzados pensando qué hacer. O al menos, así estaba hasta que la asaltó una brillante idea:
"¡Ostras! Si ahora están yendo a la cueva de los trolls y ahí hay espadas y tesoros varios, como se supone que debería ser, si corro y me adelanto a ellos podría sacar una pasta vendiendo lo que encuentre como reproducciones de la película en el mercado negro cuando vuelva a casa…Que la cosa está muy mala…"
Y es que la pobre tenía un sueldo que dejaba mucho que desear, y aunque no supiera aún exactamente qué le estaba pasando, los acontecimientos hasta la fecha se parecían bastante a lo que recordaba de El hobbit. Dado que tenía la esperanza de volver a casa antes o después, no perdía nada por ir a ver si esto también iba a pasar y de paso sacarse un dinerillo de ello. Inversión de futuro, que dirían algunos. Así que nada más pensarlo saltó como un resorte y corrió en dirección a donde estaban los enanos, pero para su desgracia había llegado tarde y Gandalf y Thorin ya habían encontrado sus correspondientes espadas (y el Rey Enano estaba poniendo malas caras porque bueno, ugh, espadas hechas por elfos, qué asco).
"¡Mierda Ana, tienes que ser más rápida! Bueno, bueno, que no cunda el pánico, vamos a ver si queda algo por aquí que se pueda vender como churros… "
Así, se puso a buscar como la que más, y hasta Bilbo encontró una espada a medida para él, pero lo más interesante que ella pudo encontrar y que los enanos no habían cogido aún era un palo largo que, visto en retrospectiva, sospechaba que los trolls podían haber usado como mondadientes. Uuuugggghhh. Estaba a punto de darse por vencida cuando se dio cuenta de que en el suelo, debajo de donde había estado el palo, había un papelito doblado muchas veces. Lo recogió y echó a andar para salir de la cueva, leyéndolo mientras caminaba. Una mezcla de pavor y mala leche la invadió nada más ver las primeras letras de lo que ponía en el pliego:
HOLA, CHAVALA
Manwë está actualmente indispuesto (BWAHAHAHAHA), así que esta nota es mía. Porque sí. Que yo hago lo que me da la gana.
En fin, igual la próxima vez te piensas mejor lo de seguir a las misteriosas voces de tu cabeza, ¿eh, pringada? BWAHAHAHAHA. HAHAHA. HÁ.
Hale, hasta más ver. Disfruta de la maldición. La idea fue mía, por cierto. El mérito donde se merece. Ahora vas y se lo cuentas a todos los otros creadores de Mary Sues cuando vuelvas, si es que vuelves…
BWAHAHAHAHAHA. HAHAHAHAHA. HAHAHA. TONTACA.
- Melkor, El Mejor Señor Oscuro Digan Lo Que Digan
Las notas que había ido recibiendo era algo que aún fastidiaba a la chica, pero como hacía tiempo que no encontraba una el tema había pasado a un segundo plano en su cabeza. Hasta ahora. Esa nota era la gota que colmaba el vaso ya, hombre. ¿Quién era esa gente que firmaba las notas? ¿Y cómo llegaban a los lugares más insospechados? Si hubiera seguido con esa línea de pensamiento un ratillo más, quizá habría llegado a alguna conclusión estable sobre su situación. O quizá habría acabado más confusa y con un dolor de cabeza de campeonato, quién sabe. Pero por situaciones de la vida, no tuvo tiempo para hacer ninguna de las dos cosas, pues así sin comerlo ni beberlo se armó un buen revuelo cuando apareció un señor muy raro con pinta de vagabundo y con una cagada de pájaro en la cabeza para más señas. En un trineo. Tirado por conejos gigantes. Todo muy normal, claro que sí. Desde donde Ana estaba no podía oír todo lo que se decía, algo sobre un Nigromante o algo así, pero tampoco le hacía falta. Ella seguía flipando en colores por las pintas del recién llegado. En serio, una cagada en la cabeza, vale que últimamente estuviera rodeada de gente peculiar, pero esto ya era otro nivel.
El tipo extraño estaba cada vez más agitado por lo que sea que estuviera diciendo cuando Ana por fin lo entendió todo. Y es que llegó un punto en que Gandalf le pasó su pipa al desconocido, que le dio una buena calada sin disimulo. La cara de placer que puso sólo alimentó las sospechas de Ana sobre el contenido de esa pipa. Pero vamos, ahora estaba todo claro. Si el vagabundo éste era un colega de Gandalf y tan fumeta como él, cualquier comportamiento extraño tenía más sentido. Igual hasta se pensaba que la cagada era nutritiva para el pelo o algo.
De pronto, un aullido bastante aterrador en esa bonita mañana lió todavía más las cosas. Alguien dijo algo de unos huargos, que si orcos por aquí y por allá, que si tenemos que salir de aquí, bla bla bla, los ponis han huido, bla bla bla. Ana no lloraría la pérdida de Sardinilla, que la había tirado al suelo más veces de las aceptables, pero en este momento le habría venido bien porque se había quedado petrificada al oír el aullido. Ninguna bestia parda que emita ese sonido puede tener buenas intenciones, en su opinión. Y de repente, sin saber muy bien cómo alguien tiró de ella para que echara a correr. Con una ojeada alrededor, la visión de una gente muy fea que no podían ser otra cosa que orcos subida encima de una especie de lobos hasta arriba de esteroides persiguiendo a la Compañía por todos lados la hizo ganar una velocidad nunca vista en ella. Su profesor de gimnasia del colegio habría estado orgulloso. Y todo esto, mientras el fumeta del trineo intentaba distraer a los lobos dopados y a sus jinetes, milagrosamente sin morir en el intento.
Nada había preparado a Ana para una situación tan bizarra. Se limitaba a reaccionar y seguir al grupo, pues su pobre y maltratado cerebro no era capaz de procesar nada más allá de "¡Corre, joder, corre! ¡AAAHHH!". Y ahí estaba, dando zancadas lo más largas que podía como si no hubiera un mañana y mirando solamente la espalda del enano que tenía delante, por si acaso la técnica de "si no lo veo, no existe" funcionaba esta vez con quienes los perseguían. De esta guisa, entre mucho corretear y esconderse detrás de rocas convenientemente dispuestas, llegaron por fin a un peñasco justo cuando parecía que la estrategia de despiste del fumeta nº2 estaba funcionando. Y claro, precisamente en ese momento, el típico orco independiente, el listillo de su clase, decidió aparecer justo encima del peñasco tras el que se escondían, olisqueando el ambiente. Y los enanos, a instancias de Thorin, concluyeron que la mejor idea que podían tener era cargárselo. Haciendo bastante ruido y llamando la atención de todos los demás en el proceso, por supuesto. Brillante, cuando menos. Si a un enano le das a elegir entre pasar desapercibido tranquilamente o liarla tanto que el escándalo despierte hasta al último elfo en Rivendell, está claro lo que elegirá. Es el estilo particular que tienen, a Ana le había hecho preguntarse más de una vez si tendrían algún complejo con su altura que intentaban compensar armando jaleo para que se les note. Pero en fin, hay que quererlos igual.
"¡Cagoentó lo que se menea, joder! ¡AAAHHH!", pensó la chica, mientras echaban a correr de nuevo. Aunque esta vez no llegaron muy lejos. Los orcos empezaban a rodearlos por todas partes, los enanos sin más opciones les plantaron cara y ya se podía empezar a respirar un cierto ambientillo de destino inminente. Algunos habrían jurado y perjurado que se podía oír una musiquilla épica de fondo para acompañar tan valiente resistencia, nosotros podemos preguntarnos si quizá a los Valar se les había ido la mano con el volumen. Quién sabe. Todos desenfundaron las armas y estaban dispuestos a caer luchando, pero aun así había demasiados. Ya le parecía a Ana que la Compañía con ella incluida iba a estirar la pata allí mismo, en una heroica batalla final luchando todos codo con codo, y ella escondiéndose tras los demás sin vergüenza ninguna, que ni un triste palo tenía para defenderse la muchacha. Hasta el mondadientes que se encontró en la cueva de los trolls le habría parecido bien, fijaos lo que os digo. Fue justo en tan álgido momento cuando a Ori se le ocurrió decir:
- ¡Ahora sería un buen momento para invocar un Superman, señorita Sissí!
Hale, ahí, como quien no quiere la cosa, rompiendo todo lo épico del momento. Menos mal que apareció Gandalf en un hueco en de una roca para salvar la situación, porque si no, por mucho que creyeran haber estado a punto de morir, Ori se hubiera llevado una buena colleja.
La Compañía llegó a donde el mago les indicaba y saltaron a la grieta en la roca, uno a uno. Kili y Thorin se quedaron atrás defendiendo a los demás según iban pasando, porque ellos son más chulos que un ocho, pero Ana no estaba para tonterías y saltó hacia la seguridad a la primera oportunidad que tuvo.
Por una parte le fue bien, porque cayó en blando sobre Ori, que aún no había sido lo suficientemente rápido como para levantarse. Sin embargo, por otra parte hay que tener en cuenta que justo después de ella saltaron sus realísimas majestades Fili y Kili, y Thorin para poner la guinda. Con sus realísimas y majestuosas armas y armaduras y con todo ese pelazo por todas partes, que quieras que no tiene que pesar lo suyo. Así que Ana, cuyo cuerpo decididamente no era tan resistente como el de un enano, sintió cómo su intestino pasaba a saludar a sus pulmones por el aplastamiento. No era particularmente agradable estar enterrada bajo tanta masa enanil, con lo que Ana decidió tomar la vía diplomática:
- Les rogaría a sus excelentísimas majestades que aparten sus tremebundas masas de mí, porque si no moriré aplastada y VOLVERÉ DESDE LA TUMBA A ATORMENTAROS Y ARRANCAROS LOS OJOS DE LAS CUENCAS, ¿ENTENDIDO?
En su favor hay que decir que había empezado bien, luego debe ser que dejó de llegarle suficiente sangre al cerebro, o que el estrés de todo lo que acababa de suceder le pasó factura de golpe, y se puso un poquitín violenta. Efectos secundarios de situaciones cercanas a la muerte, dicen los entendidos.
En fin, el caso es que funcionó. Los tres enanos se levantaron, unos más dignamente que otros, y tanto la chica como Ori quedaron libres por fin (este último salió escopetado de allí, por si las moscas). Thorin tuvo la suerte de que sonó un cuerno de guerra y por el hueco cayó un orco atravesado por una flecha élfica, lo que le dio la excusa perfecta para acercarse a examinarla como si ahí no hubiera pasado nada, poner cara de asco y desde entonces poder dedicarse a mirar mal a Gandalf y discutir con él sobre el horrible lugar lleno de elfos enemigos a donde los estaba llevando, para disimular su bochorno. Fili y Kili, sin embargo, eran otra historia. Las amenazas de mutilación de ultratumba no les habían afectado de la misma manera. Se habían levantado también, sí, pero parecían como idos. Como en una nube. Toda la Compañía echó a andar por el pasillito en la roca, y ellos dos iban tan felices, sonriendo como idiotas. Ana llegó a oír algo que puso fin al misterio:
- ¿La señorita ha dicho que tenemos unas 'masas tremebundas', Fili?
- Eso ha dicho, Kili, efectivamente.
- Creo que le gustamos, Fili. Esos halagos no se le dicen a cualquiera.
- ¡Sssshhhh! ¡Cállate, que nos va a oír!
Acto seguido, la miraron disimuladamente y se disolvieron en risitas, como dos colegiales. Colegiales en una etapa especialmente llena de hormonas de la pubertad. Ana no sabía si reírse de pura exasperación o llorar y golpearse la cabeza contra la piedra.
En el bar, había reacciones bastante mezcladas. Los que manejaban el cotarro, habían visto las películas y conocían el poder de las Mary Sues estaban riéndose a carcajada limpia, porque no todos los días se ve a dos príncipes de los enanos perdiendo la dignidad de esas maneras. Hasta le habían perdonado a Melkor el tomarse la libertad de escribir su propia notita, tal era su buen humor.
Sin embargo, los enanos recién resucitados estaban bastante confusos. Desde la pila de ellos que seguían aplastando al pobre Bilbo, un montón de cabezas miraban incrédulas a la pantalla:
- ¿Pero qué es eso? ¿Por qué había orcos persiguiendo a nuestros otros yo? ¡Si Gandalf nos llevó pacíficamente hasta Rivendell!
- ¡Eso!
- ¡Vale que hasta ahora hubiera algunas diferencias con nuestro viaje, pero es que esto no tiene ningún sentido!
- ¡Y el amigo de Gandalf es un señor muy raro! ¡No sé por qué confían en él!
Todos empezaron a debatir entre ellos, y más de una vez se pudo oír que la presencia de orcos en ese lugar y momento no tenía mucho sentido, y que jamás debería uno fiarse a ciegas de gente que cree que un trineo tirado por conejos es un buen medio de transporte, entre otros argumentos de peso. Melkor decidió intervenir, con su carisma habitual:
- Películas, chavales. Lo que estamos viendo sigue el argumento de las películas. Y será mejor que os vayáis preparando, porque no es la última discrepancia que veremos, ni la más extraña… ¡BWAHAHAHA!
Dicho lo cual, se estuvo riendo él sólo un buen rato porque sabía lo que se les venía encima, y sabía que iba a dar pie a poder reírse despiadadamente de la Compañía. También es verdad que a él le gustaba reírse despiadadamente, no le hacían falta demasiados motivos. Los demás le dejaron solo hasta que se le pasara, porque al fin y al cabo recordemos que Melkor fue en sus tiempos mozos un Señor Oscuro muy chungo y verle reírse diabólicamente les parecía bastante perturbador. Excepto a Sauron, claro, para quien el sonido era música para los oídos. El amor le hace cosas raras a tus tímpanos, quizá.
Por su parte, si los enanos se caracterizan por algo es porque, en presencia de cerveza en abundancia como es el caso, son gente bastante optimista. Así que ante la revelación de que se les venían encima muchas situaciones todavía con menos sentido, decidieron empezar a mirar el lado bueno de las cosas:
- Pues oye, la verdad es que se nos veía bastante bien ahí, muy aguerridos.
- Es verdad, para qué lo vamos a negar.
- De primerísima calidad ese sombrero que te han puesto, Bofur. Ni en una persecución se cae.
- Gracias, Dori. La barba de tu otro yo tampoco deja nada que desear, no se despeina ni nada.
- Gracias, amigo.
- ¡GHSFDGSDFHGG!- gimió Bilbo, que seguía bajo un montón de enanos bien alimentados.
Sin embargo, dos enanos en particular no compartían tanto optimismo. De hecho, se estaban mirando horrorizados el uno al otro. Y cuando oyeron la voz de su tío resonar entre el tumulto, mientras avanzaba hacia ellos con mucha ira mal disimulada para más datos, desearon tener allí a su madre para protegerlos:
- Vosotros dos. Sois una deshonra para toda la familia. Cómo se os ocurre ir por ahí dejándoos engatusar por una cualquiera como si no fuerais más que dos ilusos adolescentes y no los dignos herederos de un reino glorioso…¡ESTÁIS DESHEREDADOS!
- ¡Pero tío, no hemos sido nosotros! ¡Son esos otros! ¡Y están bajo una maldición! ¡Entiéndelo! – gritó Fili en su defensa, sin mucho éxito. Los hermanos fueron retirándose lentamente del camino de su tío, pero éste se había ofuscado como sólo él sabía y no atendía a razones:
- ¡Igual me da! ¡Algo debéis de tener en común! Quién sabe qué me ocultáis, quién sabe de lo que seríais capaces si esa humana apareciera por aquí ahora mismo…
- ¡Tío, no te ocultamos nada! ¡Además, nadie se comporta de forma normal! ¿No lo ves? Por ejemplo tú, que yo recuerde, jamás pusiste tantas pegas a los elfos…
- ¡No estamos hablando de mí! ¡Vergüenza debería daros!
La verdad es que siguió echándoles la bronca un buen rato hasta que se quedó a gusto, tras lo cual se contentó con sentarse de nuevo y mirarles mal de vez en cuando, agitando la cabeza tristemente de un lado a otro. El pobre no sabía aún lo que la MMS le haría a su otro yo, porque si lo hubiera sabido no habría podido en justicia decirles esas cosas. Pero no adelantemos acontecimientos, y retomemos el hilo de la historia…
Una vez que se le pasó el subidón de adrenalina, y según andaba por el estrecho pasadizo en la roca, Ana pensaba en su situación. Al fin y al cabo, si lo meditamos, acababa de ser testigo de un par de asesinatos bastante brutales así como quien no quiere la cosa, aunque las víctimas fueran orcos, pero era la primera vez que veía la muerte tan de cerca y eso impresiona (además, igual los orcos tenían sentimientos y familia, qué sabe nadie). Asimismo, había sido perseguida sin piedad, atacada, y había salvado la vida por los pelos. Encima, unas gotas de sangre la habían alcanzado y le habían manchado la ropa ("¡Con lo que cuesta luego sacar esas manchas, uuggghh!") y ella iba tan tranquilamente andando con una panda de señores bajitos que parecían majos pero que de repente se cargaban a gente sin miramientos.
Por lo tanto es comprensible que entrara un poquito en pánico. Ya le daba igual que todo fuera un secuestro, un sueño, o una alucinación, no importaba. Estaba prácticamente dispuesta a aceptar lo que explicaban esas extrañas notas. Porque esos lobos dopados le habían parecido muy reales. No se puede ignorar esas filas de dientes a poca distancia de tu persona así como así. Esos orcos enfurecidos armados hasta los dientes, también muy reales, sí señor. Y las manchas de sangre, ya ni te cuento, vamos. Así que en ese momento cambiaron sus prioridades, pasando de dejarse llevar y buscar respuestas a salir de allí cagando leches y volver a casa.
El primer paso en su nuevo plan era no llamar la atención y alejarse de esa panda de locos que no hacía más que meterse en problemas, porque aunque últimamente había que reconocer que se había acostumbrado y le habían ido cayendo un poco mejor, ella tenía en muy alta estima su seguridad, muchas gracias, y ahora que había vivido de cerca un peligro más serio no le apetecía mucho volver a repetir la experiencia. Pero esto no iba a ser fácil, si tenía en cuenta lo que había pasado cada vez que lo había intentado y lo que decían las notas. Luego ya el segundo paso sería encontrar la manera de volver a casita. Por lo que parecía, iba a tener que jugar según las reglas de la Tierra Media. Así que hizo un repaso a todo lo que sabía…
…Que no era mucho, la verdad. Se había leído El hobbit y El Señor de los Anillos cuando era pequeña, y no se acordaba de mucho. Ya de mayor, había visto las películas hasta la primera de El hobbit, y ahí ya se cansó. Aunque no tenía en mente todos los detalles, estaba bastante segura de que las cosas que habían ido pasando se parecían más a la película que al libro (y puestos a pensar, los enanos que la rodeaban se parecían bastante a lo que había podido ver en los cines y no a las graciosas criaturas con capuchas de colores que recordaba del libro). En resumen, que sólo tenía unas ideas muy vagas de lo que podía pasar. Así que, en pocas palabras, estaba bastante jodida.
Lo que sí recordaba es que se supone que ahora iban a llegar a un sitio donde había muchos elfos. Y por lo que sabía, los elfos eran gente lista y que manejaba el cotarro. Les explicaría razonablemente su situación, y si no la tomaban por loca seguro que alguno podría ayudarla, ¿no?
Así que, convencida con su nuevo plan, se puso a andar al lado de Bilbo, que estaba bastante segura de que era el menos proclive a lanzarse a lo loco dando espadazos por doquier sin más, y tras abandonar el desfiladero y andar un poco más la Compañía llegó por fin a Rivendell.
"¡Guau! Definitivamente esta gente sabe de arquitectura, vaya sitio más bonito", pensaba Ana, mientras miraba alrededor disfrutando las vistas, olvidando sus preocupaciones de momento por la impresión. Bilbo debía de estar pensando algo parecido, a juzgar por la expresión de su cara. Sin embargo, a los enanos parecía que los estuvieran llevando al matadero, los muy exagerados.
Tras cruzar un puente apareció un elfo con pinta de estirado, en opinión de los allí presentes, pero que parecía conocer a Gandalf. Y ahí estaban los dos, el fumeta y su amigo saludándose tan contentos mientras los enanos de la Compañía se ponían cada vez más y más nerviosos. Cosa que se agravó cuando llegaron un montón de elfos montaditos en sus altísimos caballos y rodearon a la Compañía, así sin resultar intimidantes ni nada. Se ve que por lo que sea los elfos se aburren en su casa y cada vez que viene un invitado les da por sacar su venilla teatral para recibirlo. Menos mal que pronto se aclaró que eran los mismos que habían liquidado a los orcos, que si no se habría liado parda. Un elfo se separó de los demás, uno que a Ana le pareció que era el jefe y que ya cuando escuchó que se llamaba Elrond se le encendió la bombillita. Estuvo hablando con Gandalf de sus cosillas importantes y luego saludó a Thorin, ahí de buenas. Pero el señor Rey Enano 'Yo Soy Más Guay Que Todos Los Elfos Juntos' decidió que era un gran momento para ser también el Rey del Descaro y responderle de malos modos. Si no hubiera estado pensando en llamar la atención lo menos posible, Ana igual le habría dado una colleja bien dada. El jefazo elfo sin embargo no parece que se ofendiera demasiado, y en su lugar les dijo algo en élfico a los enanos, así para hacerse el enigmático. Como era de esperar, los enanos no entendieron ni papa y ellos sí se ofendieron muchísimo. Hasta que Gandalf aclaró que les estaba ofreciendo comida, alabado sea el poder reconciliador de la pitanza.
- ¿Y un baño, Gandalf? ¿Nos ofrecen también un baño? – preguntó Ana, muy ilusionada de pronto ante esa posibilidad.
Gandalf y Elrond se miraron y se sonrieron.
- Sí, Ana, querida, también nos ofrecen un baño.
- ¡Oh, sí! ¡Toma ya! ¡Gracias, señor Elrond! ¡Adoro a los elfos!
Los enanos la miraron escandalizados ante semejante declaración, pero hay que reconocer que tenían hambrecilla y ni ese tipo de frases se iban a interponer entre ellos y la comida.
Mientras la Compañía se iba directa a comer, sin importarles que no era posible que el banquete ya estuviera preparado, Ana siguió a un elfo aleatorio que le estaba haciendo señas hasta lo que resultó ser un dormitorio con baño adosado que más parecía una suite de súper lujo de un hotel de cinco estrellas, con tantas sedas y tantas gasas y tanta decoración por aquí y por allá. Al ver la cama, que era lo más mullido que Ana había tenido cerca en mucho tiempo, los elfos ya la tenían ganada, a la muy traidora. Pero es que la tentación de dormir en blando y calentita bajo unas sábanas que parecían tan suaves, sobre todo después de noches a la intemperie, no es fácil de resistir. Así que, después de darse un baño bien largo y poder ponerse ropa nueva recién lavada, cada vez estaba más convencida de que la Compañía podía irse a tomar viento fresco, que ella de momento se quedaba con los elfos, sus nuevos amiguísimos del alma. Hay que ver lo que hace un buen baño.
De mejor humor, fue a ocuparse de su siguiente objetivo más inmediato, que era llenar el buche. Si es que un montón de enanos y un hobbit le habían dejado algo, que a esa gente no se la conoce precisamente por la mesura a la hora de comer. El mismo elfo de antes la guió hasta donde estaba el resto de la Compañía, o al menos ella creía que era el mismo, porque con esas melenas, esas pieles perfectas y esa guapura hasta decir basta le parecían todos iguales. "Qué mal repartido está el mundo, desde luego", pensaba con un poquitín de envidia.
Cuando se reunió con los demás, pudo ver que se les había pasado el entusiasmo inicial por la comida. Y es que lo que los elfos entendían por alimento tenía demasiado verde como para ser del gusto de los enanos. Y de alguien que no fuera un elfo o un pajarillo, en realidad. Pero bueno, menos da una piedra, así que Ana llegó allí, se sentó a la mesa donde estaba casi toda la Compañía reunida y se puso a echarse al plato un poco de todo lo que tenía a la vista. Llevaba un rato alegremente comiendo como si no hubiera un mañana cuando empezó a darse cuenta de que algo raro pasaba. Por primera vez la suave música de arpa que estaban tocando los elfos podía oírse por encima del barullo basal que montaba siempre la Compañía. Entre bocado y bocado, mirando disimuladamente alrededor pudo notar varias cosas. Primera, que los elfos tenían una parsimonia encima y unas caras de tranquilidad perpetuas que no eran normales. Todo el día tocando cancioncillas y cantando alegremente, dónde se ha visto eso. Y segunda, lo que era todavía más raro, que desde que ella había llegado la parte de la Compañía allí presente estaba inusualmente callada, como en trance, sin tirarse comida los unos a los otros ni nada, y de vez en cuando algunos miraban en su dirección para inmediatamente desviar la mirada cada vez que les pillaba. Puede que se sonrojaran también, pero entre tanto vello facial era difícil de juzgar.
"Vamos a ver, qué puñetas está pasando aquí. ¿Por qué parece que va todo el mundo colocado? ¿¡Es que en la Tierra Media no se controla el tráfico de drogas!? ¿Les habrán echado algo en la bebida? No entiendo nada…"
Sin embargo, cuando se miró a sí misma empezó a entender el porqué de tantas miraditas. Los elfos le habían dejado una especie de vestido al salir del baño, y ella se lo había puesto sin más miramientos, porque ni en sueños iba a volver a ponerse su ropa llena de polvo y sangre de orco estando recién limpita. Aunque ahora empezaba a verle algún que otro problema al vestido. Dado que debía de estar hecho para alguna elfa y toda aquella que había visto era una sílfide, alta y delgada cual supermodelo; a ella, con su 'gran mundo interior' y su escasez en el departamento vertical, le quedaba largo y además le hacía michelines hasta donde no era posible que los hubiera. Vamos, que le quedaba más feo que pegarle a un padre.
"¡Y encima esta panda de desgraciados tiene la desfachatez de lanzarme miraditas! ¡Pues se van a enterar!"
- ¡EH, VOSOTROS! – gritó de repente, dirigiéndose a todos a la vez, y mirándolos uno por uno para más énfasis – ¡SINVERGÜENZAS! Parad ya, ¿no? Vale que este vestido me quede fatal, ¡pero podíais disimular un poquito! ¡Que vosotros tenéis unas barbas ridículas, y yo nunca os he dicho nada!
Una exclamación entrecortada salió de las bocas de todos los presentes. Quizá penséis que fue porque acababa de lanzarse un insulto a sus preciadas barbas, y eso no se puede perdonar. Pero nooo, amigos, nooo. Subestimáis a la MMS.
- ¡Discúlpenos, señorita Ana! Esto tiene que ser un malentendido – empezó Bofur, intentando solucionarlo – Creo no hemos podido evitar admirar su figura en ese vestido, y puede ser que hayamos sido algo rudos. Pero discúlpenos, señorita, no teníamos mala intención.
- ¿Eh? ¿Admirar mi figura?
- Claro, señorita. Una muchacha de buen volumen como usted no se ve todos los días, si me permite el cumplido.
A esta frase la acompañaron un montón de enanos asintiendo totalmente convencidos e incluso Fili y Kili le guiñaron el ojo. Vaya par de donjuanes. A diferencia de la última vez que los enanos la llamaron gorda en toda su cara, esta vez los conocía lo suficiente como para saber que de verdad creían que eso era un cumplido. Y era verdad que el vestido resaltaba sus carnes, para mal en su opinión, aunque ellos no lo vieran así. De cualquier forma, aunque no estuviesen siendo especialmente maleducados, tantas atenciones la hacían sentirse incómoda:
- Errrmmm…ya veo, ya. Vale. Eeeh, je, je, gracias por el cumplido y tal, pero dejad de mirarme ya, ¿eh? Que me vais a desgastar, jaja, jaja…
Con esto, se levantó de la mesa, salió corriendo por el pasillo más cercano, y al rato volvió envuelta en una tela de forma que parecía una bola de trapos y no una persona. Más tarde se descubrió que una cortina cercana había sido arrancada y el elfo estirado que los había recibido se ofendió mucho, pero Ana se sentía más a gusto, oye, dejémosla. Con tan 'irresistible' visión bien cubierta por metros de cortina, la MMS perdió fuerza y los enanos se despabilaron por fin. Todo volvió a la normalidad cuando Kili confundió a un elfo con una elfa y todos se rieron de él sin piedad ninguna. Ana por fin resopló tranquila. El lío éste de la maldición cada vez le gustaba menos.
Como mínimo, podía consolarse con que al menos no toda la Compañía había sido parte de esto. Gandalf, Elrond y Thorin habían llegado después y se habían puesto a hablar de sus asuntos importantes, como los nombres de las espadas que habían encontrado y demás (porque todos sabemos que si una espada no tiene nombre, como que corta peor). Y menos mal, porque no le apetecía aguantar la Mirada ® que le habría echado el líder si se creía que ella iba por ahí distrayendo a su gente. Balin y Bilbo también se habían enfrascado en discusiones sobre espadas, afortunadamente. Así que el daño no había sido tan grande.
Para continuar con su plan, Ana decidió que para qué dejar pasar más tiempo, que después de la comida pillaría por banda a Elrond como jefazo poderoso que era y le contaría sus penas, a ver si podía hacer algo por ella. Dicho y hecho, en cuanto se disolvió la reunión y cada uno se fue por su lado, ella siguió disimuladamente al mandamás de los elfos procurando que nadie de la Compañía la viera, para no llamar su atención, y en cuanto vio que no había cerca nadie más le dijo:
- ¡Señor Elrond! Me gustaría hablar con usted, si tiene un momento- dijo ella, toda educada, que al fin y al cabo quería causar buena impresión.
- Claro, Ana. Gandalf me ha hablado mucho de ti, pero me intriga qué puede hacer una muchacha humana en compañía de un mago, un hobbit y trece enanos.
- En primer lugar, me gustaría aclarar que nada de lo que haya podido decir ese señor adicto a fumar sustancias extrañas es cierto, casi seguro. Si no le importa, empezaré desde el principio…
Y le contó todo, desde que ella había estado tranquilamente en su sofá y de pronto había aparecido en la Comarca, hasta los trolls y las persecuciones y cómo habían llegado a Rivendell. Hizo especial hincapié en que se había metido en un montón de peligros sin comerlo ni beberlo y que sólo quería volver a su casa. Para más señas, le contó también lo de las notas y la maldición. Incluso le iba a enseñar las notas, porque se había asegurado de tenerlas siempre consigo para tener pruebas de lo que decía desde que se decidió a buscar la ayuda de los sabios elfos. El problema es que justo entonces no las encontraba por ninguna parte. Estaba segura de que se las había metido por dentro del vestido donde nadie las vería ni alcanzaría, es más, estaba segura de que hasta hace nada las tenía. Pero ahora no.
- ¡Espere, señor Elrond! ¡Juro que hace un momento estaban aquí! Déjeme buscar bien…
Según hablaba, Elrond había ido dejando de hacerle preguntas a ella y de intentar entender qué hacía con la Compañía, y en su lugar había empezado a dejarla hablar sin interrupciones y a mirarla con algo muy parecido a la lástima. Al final, Ana entendió por qué:
- Tranquila, Ana. No te preocupes, todo va a ir bien. Es comprensible que estés algo alterada después de lo que has pasado, y a veces la mente genera historias para ayudarnos a afrontar situaciones duras. Pero eso no significa que esas historias sean verdad. Así que acompáñame, pues quiero presentarte a un habitante de esta casa, experto en los asuntos de la mente…
- ¡Eh, un momento! ¡Yo no estoy loca!
- Claro que no. Sólo un poco aturdida, pero con ayuda se te pasará, confía en mí.
Ana no daba crédito a lo que estaba pasando. Pero tal y como ella lo veía, era primordial para volver a su casa quedarse en el mismo sitio donde estaban los sabios élficos, las mentes pensantes. Así que le dio un giro radical a su argumento. En el fondo era una idea bastante estúpida, y acabaría encerrada en alguna parte si la creían, pero teniendo en cuenta que por lo que había visto de la hospitalidad de los elfos, hasta si acababas en sus cárceles seguramente te traerían leche con galletas a tu celda y te desearían buenas noches, no le importaba demasiado. Así que allá que fue, improvisando, y con una buena dosis de adulación por si colaba:
- Vale, vale, es verdad. Era una historia inventada. Vuestra regia presencia me impulsa a confesar, oh Elrond, el más grande de los señores elfos. Lo cierto es que soy una espía.
- Ajá, una espía. ¿De quién, me gustaría saber? – respondió Elrond, con una sonrisa. Parecía que no se estaba tragando una palabra. Había que sacar la artillería pesada, soltar algunos nombres de los malos del lugar… Si tan solo pudiera recordar alguno de esos nombres…
- Errmmm… sí, una espía… De… ¡Ah, sí! ¡Del Señor Oscuro Sauna! ¡Ajá! ¡Así se llama, seguro! Así que será mejor que me quede aquí para que puedan vigilarme, ¿eh? ¿Eeehh?
Se ve que una buena memoria para los nombres tampoco es el punto fuerte de la chica, pero bueno. Curiosamente, ante esta frase Elrond se quedó como ido. Como en blanco. Y es que, en otra parte del espacio-tiempo, cierta gente estaba teniendo problemas para encauzar la historia por donde ellos querían y aguantarse la risa al mismo tiempo.
- ¡JAJAJAJAJA! ¡Sauna, te ha llamado Saunaaa! ¡Pffffft! – exclamó Yavanna, riendo a lágrima viva.
- Pero no te enfades, que vas a empezar a humear, ¿eh, Sauna? ¡JAJAJAJAJAJAJA!
Mientras tanto el aludido no cabía en sí de furia.
- ¿Cómo se atreve? Esa, esa… ¡esa mala pécora! ¿Cómo se atreve a decir mi nombre mal? ¡Mi nombre, el del mayor Señor Oscuro que ha habido y habrá jamás!
- ¡Ejem, ejem! ¿Qué acabo de oír, Sauron?
- Uy, nada, Melkorcito de mi alma… Como iba diciendo… ¡¿Cómo se atreve esa pelandusca a pronunciar mal mi nombre?! ¡El del segundo mayor Señor Oscuro que ha habido y habrá jamás! ¡ARRRGGHH!
- Eso está mejor.
- ¡DADME ESE MANDO AHORA MISMO, QUE ME LA CARGO! ¡YO ME LA CARGO!
Varda, intentando contenerse con escaso éxito, procuró reconducir la situación, entre risitas:
- A veeer, chiiicos, es verdaaaad. Tenemos que, jijiji, tenemos que conceentraaarnos. Que hacer que un elfo sensato como Elrond caiga bajo la maldición no es fáaaciiil, jijiji.
Sauron, que hasta entonces había sido un mero espectador, por una vez y como excepción a su comportamiento normal, colaboró con los Valar. Y por su propio pie, oiga. Así que unió sus poderes de Señor Oscuro chungo a los de los demás, y entre todos consiguieron doblegar el libre albedrío de Elrond. Así, por las risas.
Tras unos segundos en Babia, Elrond volvió en sí, cual ordenador que se reinicia. Se le volvieron a enfocar los ojillos.
- No sabes lo que dices, Ana. Estás confusa, no cabe duda. Tú ven por aquí y…
El señor de la casa siguió hablando, así como lentamente y con mucha calma, como si la chica fuera inestable. No iba muy desencaminado, también es verdad. Y mientras hablaba, la arrastraba del codo con suavidad, de forma que por mucho que protestó acabaron llegando a las salas de curación sin que Elrond le hiciera ningún caso. Allí le presentó a un elfo que sonrió a Ana de oreja a oreja, la llevó a una terraza bien soleada y se puso a hacerle terapia con encantamientos élficos de curación, muy musicales, mientras se sentaban en el suelo cogiditos de las manos.
Así fue como Ana acabó en Rivendell, soportando a un elfo hippie cantándole cancioncitas y haciendo movimientos extraños con las manos de vez en cuando. Por el poco sentido que tenía todo y lo mal que salían siempre sus planes, se le escapó una risita que al final se convirtió en carcajadas incontrolables, lo que le hizo flaco favor a la impresión que el elfo tenía sobre su cordura. El sanador empezó a cantar tan alto que al final los demás habitantes de la casa se preguntaron si había algún tipo de fiesta y no los habían invitado. Muy avanzados en temas de terapia, estos elfos, está claro.
Nota de la autora: ¡buenas a todos! Y bienvenidos seáis al siguiente capítulo de esta loca aventura. Como ha sido más largo de lo habitual, intentaré contenerme con la nota de autora (intentaré es la palabra clave). Al final hemos descubierto que Melkor estaba detrás de las voces, no olvidemos que se supone que es el más poderoso de los Ainur aunque a veces lo disimule muy bien. Siempre que una Sue llega a Rivendell pasan cosas extrañas, así que aquí tenéis mi versión XD
Lo primero, ¡gracias como siempre a todos los que leéis, y más todavía a los que comentáis! Y ya que estamos, ¡gracias también por todos los favoritos y los follows! Me hace una ilusión tremenda ver que la gente aprecia y se ríe con mis chorradas ;D
¡Llega la hora de las respuestas a anónimos! A los demás no os preocupéis, que os respondo por PM (no os libraréis de mí, BWAHAHAHA)
WildWinds618229: ¡Buenas! Me alegro de que te encantara, y espero que te curases pronto, que la risa es la mejor medicina ;D ¡Y gracias por los halagos! No sé quién me inspiraría, pero funcionó, porque éste es el capítulo más largo hasta la fecha XD
Así que eso, seguid así, y los Valar os bendecirán con sus notitas. ¡Avisadme si veis algún error o errata! Y como siempre, contadme qué os ha parecido en un bonito review, si vosotros también creéis que a Fili y a Kili hay que desheredarlos, o si os vais a apuntar a un curso de terapia élfica contra el estrés postraumático (aunque no os lo recomiendo, no sé yo si funciona). Que los reviews son gratis y 100% respetuosos con el medio ambiente.
Que os vaya bien, ¡y hasta el próximo capítulo! :D
