Al final Ana se quedó con Bilbo un buen rato, a medias para vigilar que realmente estuviera vivo, y a medias porque ya sabemos todos que sus ataques de pánico prefiere tenerlos sentada. Ahí estaba ella, respirando lenta y rítmicamente para intentar sobreponerse al sustillo de la última nota. Si se ponía a sopesarlo, como ventaja estaba el hecho de que con tanto sobresalto a la chica le quedaba poco rastro de resaca. Pero como desventaja tan enorme que rompía la balanza, estaba el detallito de que no tener ni idea de a qué bosque podría estar refiriéndose Melkor la llenaba de ansiedad, pues tenía razones de sobra a estas alturas para sospechar que nada que le hiciera tanta gracia a ese diosecillo del tres al cuarto podía ser bueno. Por si fuera poco, lo del Anillo no había ido como ella se esperaba… aunque pensado ahora en retrospectiva, era poco probable que algo tan obvio pudiera funcionar sin que los diosecillos dijeran ni mu. Estaba claro que iba a tener que ser mucho más astuta… pero no sabía cómo. No tenía ni la más remota idea. Pensar cosas con algo de lógica nunca había sido su fuerte, de hecho, lo que más le apetecía ahora era no pensar durante un buen rato y poder relajarse de alguna manera.

Por suerte, Bilbo empezó a agitarse y a volver al mundo de los conscientes poco a poco, y al menos a primera vista no mostraba señales de daño permanente para alivio de Ana (aunque sí estaba comprensiblemente confuso al verla tan preocupada). Para intentar asegurarse y de paso ver cuánto la había liado por mencionar el Anillo, tanteó el terreno:

- Oye Bilbo, ¿estás bien?

- ¡Claro que sí, señorita Ana! Nada mejor que una buena siesta para reponerse de las aventuras, ¿no es cierto? Pero disculpe que me quedara dormido, ¿qué me estaba usted diciendo?

- Nada, no tiene importancia, tu olvídate de eso último que te dije sobre el repollo…

- ¿Qué repollo, señorita?

- ¡No estoy diciendo repollo, estoy diciendo repollo! Ya sabes, la pieza de joyería…

- ¿Eh? Señorita, ¿está usted bien? No recuerdo que habláramos de joyas, y los hobbits apreciamos un buen repollo como el que más, pero de ahí a considerarlo una joya hay un trecho…

- …

- ¿Señorita?

- Aaahh, sí, es verdad, ya me acuerdo, perdona. Debo de haberme quedado dormida yo y estaba soñando, jaja, jajá…

Viendo que él no parecía recordar que ella hubiera mencionado nunca nada tan alarmante como el súper-secreto Anillo, y viendo también que los diosecillos debían de tener el día graciosete y le hacían decir 'repollo' cada vez que ella intentaba decir 'Anillo', pues ya empezaba a comprender que se estaban riendo de ella y que no tenía mucho sentido seguir por esa vía. Al menos se podía quedar tranquila en cuanto a que no iba a tener que explicarle a Bilbo cómo puñetas sabía ella nada de la codiciadísima joya. Algo es algo, y para no liarla prefirió dejar el tema en paz y seguirle el rollo a Bilbo, aunque no dudaba de que esta ridiculez no sería la única por la que los diosecillos le harían pasar en venganza por hacerles trabajar más de la cuenta. Al menos Bilbo parecía estar definitivamente bien, algo es algo. Todavía le estaba echando alguna que otra mirada preocupada (no sin razón), pero eso no era nada por lo que alarmarse.

Ana tenía que pensar en qué hacer a continuación con su problemilla de la MMS, pero para eso veía necesario relajarse primero. Y ahora que lo pensaba, ojalá tuviera acceso a un baño relajante, con su musiquita y sus velitas, que eso siempre la ayudaba a pensar… música no creía que hubiera, pero Beorn tendría que asearse en algún lugar, ¿no? En sus tierras tenía que haber algún sitio adecuado para eso, ya que Beorn parecía razonablemente amigo de la higiene personal (o al menos eso esperaba), y a falta de ninguna perspectiva de futuro mejor, ella se propuso buscarlo. Preguntarle al susodicho amo de la casa estaba descartado (porque desde donde estaba podía oír todavía sus ronquidos), pero nada ni nadie iba a impedirle ponerse a buscar por su cuenta.

Planazo, lo que se dice un planazo, no era. Pero al menos la mantendría ocupada en algo. Tener un objetivo siempre la animaba, por muy tonto que éste pudiera parecer. Así que le dijo a Bilbo que se iba a dar una vueltecilla en busca de una buena bañera, a lo que él insistió en acompañarla. Si es porque es de natural más majo que las pesetas, porque no tenía nada mejor que hacer o porque estaba genuinamente preocupado por la cordura de la muchacha que acababa de elevar el repollo a la categoría de joya, lo dejaremos a discreción del lector.

Nada más echar a andar se toparon con un montoncito de enanos haciendo terapia, y quien dice hacer terapia dice que estaban enzarzados en una zurra de agárrate y no te menees. Dwalin repartía a diestra y siniestra sin mucho tino, mientras Nori y Bofur intentaban buscarle puntos débiles (siendo la palabra clave intentaban) y Ori se preguntaba qué había hecho él para merecerse estar rodeado de brutos. Así son ellos, muy de liberar tensiones a base de tortas, afortunadamente sin rencores después. En medio de aquel sarao estaba Thorin, todo alicaído. Sus compañeros debían pensar que al haber visto su carrera musical truncada por las risas de Ana era el que más penas tenía que tratar, y le seguían el rollo como buenos colegas, pero pegándole flojito. Qué muestra de solidaridad, qué bonito todo. O quizá le pegaban sin ganas porque ellos, aunque fueran los únicos enanos de la Compañía no tan afectados como para seguir inconscientes, sí que seguían notando en cierta medida los efectos del alcohol. Eso explicaría la falta de coordinación. En cualquier caso, ni Ana ni Bilbo tenían así de primeras ninguna intención de interrumpir un tratamiento tan sano, pero como siempre la MMS tenía otros planes.

- ¡Señorita Ana, tenga un poco de compasión! – dijo Bofur, mientras los enanos cerraban filas en torno a su agraviado líder. Como uno de los principales cantarines de la Compañía, Bofur creía saber por lo que estaba pasando Thorin y se veía en la obligación moral de salir en su defensa.

- ¿Eh, por qué? - respondió ella, ya que con su falta de tacto habitual ni se le había pasado por la cabeza que sus risotadas se pudieran interpretar como una ofensa personal.

- ¡No venga a hurgar en la herida, señorita! El orgullo de cualquier enano tardaría un tiempo en recuperarse después de lo que le ha hecho a Thorin…

- ¿Pero esto a qué viene?

- ¡A su risa de antes, señorita! ¡Le ha hundido la moral!

Esto la hizo pararse a pensar. No había querido ofender específicamente al pobre enano, que ya bastante tenía con lo de ser rey en el exilio y sus dramas varios. Simplemente, no había pensado fuerte en las consecuencias de sus actos. Así que igual, y sin que sirviera de precedente no estaría de más disculparse un poco, ¿no? Y cruzar los dedos para que lo aceptaran sin más y la MMS no les hiciera tomárselo como una especie de muestra de su 'tremenda humildad y grandeza de espíritu' o algo por el estilo.

- Thorin, pérdoname, no me reía de ti, sólo intentaba comprobar algo, no era mi intención ofenderte, además era una canción muy bonita…– dijo atropelladamente en dirección hacia la silueta que se intuía detrás de todos los demás enanos. Pedir disculpas nunca había sido su punto fuerte, qué le vamos a hacer, le hacía sentirse idiota y desear acabar lo más rápido posible para poder salir de allí por patas. Decir que no tenía dominado el tema de las interacciones sociales estándar es quedarse corto, pero en fin, es lo que hay. Mientras Ana se peleaba con sus propias palabras, la silueta del líder emergió lentamente todo lo majestuosamente que le permitía la situación (que tampoco era mucho, por otra parte), y muy magnánimamente dijo:

- No se preocupe, señorita, ya está olvidado.

En tan apacible respuesta y en la marcada falta de rencor, además de en el pequeño detalle de que nadie le preguntara de qué puñetas se reía entonces, tenemos un ejemplo claro de que la MMS estaba pegando fuerte, por no mencionar que sin su influencia jamás se habrían discutido los sentimientos del líder tan abiertamente. Pero todo esto palidecía con lo que estaba a punto de pasar a continuación:

- Bueno, pues nada, perdón de nuevo y… yo me voy a ir yendo, ¿eh? Os dejo con vuestras cosas y me voy yo a lo mío, que no quería interrumpiros…

- ¿Estaba usted paseando con Bilbo, señorita? ¿Adónde se dirigían? – preguntó Ori, tan curioso como siempre.

- Yo estaba buscando un sitio para darme un baño, y sospecho que Bilbo me acompaña porque está preocupado por mi salud mental…

Cabría esperar que alguien se hubiera preguntado la razón de esa preocupación por la cordura de la chica, pero no iban por ahí los tiros, no. La MMS actúa de formas insospechadas. Tan simples e inocentes declaraciones fueron seguidas por un silencio atónito y quizá algo horrorizado que en un principio Ana no se explicó hasta que oyó un coro de voces enanas muy consternadas hablando todas a la vez:

- ¡Claro!

- ¡Cómo hemos podido ser tan estúpidos!

- ¡Cómo hemos podido pasar por alto las necesidades de una dama de esa manera!

- ¡Perdone nuestra falta de delicadeza, señorita! ¡La ayudaremos a encontrar un baño aunque sea lo último que hagamos!

Dicho lo cual, el grupo se dispersó en todas direcciones persiguiendo tan noble empresa, olvidada instantáneamente cualquier afrenta pasada. Ana se quedó de nuevo patidifusa ante la potencia de la MMS, que parece que esta chica no aprende, oiga. Cada vez le hacía menos gracia que la maldición causara que la trataran como a algo delicado e indefenso en los momentos más insospechados, sobre todo porque después de tanto tiempo estaba razonablemente segura de que los miembros la Compañía eran gente decente bajo la capa de tonterías impuesta por la MMS. Y ahí estaban los pobres, perdiendo el culo tontamente… todo por un comentario sin importancia sobre que le apetecía un simple baño. Para cuando intentó decirles que no hacía falta que se molestaran y que era perfectamente capaz de apañárselas ya era tarde, pues habían organizado varios equipos de búsqueda metódica por el terreno y no había quien les disuadiera. Se consoló pensando que al menos el resultado de este particular desfase de la MMS le permitiría meditar tranquilamente en cómo deshacerse de la propia MMS. Había que mirarlo por el lado positivo, ¿no?

Con un suspiro, ella también echó a andar en busca del famoso baño, todavía acompañada por un Bilbo visiblemente menos turbado dado que ella no había dado más muestras de su (posible e incluso probable) locura. El caso es que después de un rato de registrar la finca de Beorn, y temiendo por sus vidas ahora que no había un grupo de enanos fornidos que interponer entre sus cuerpos y las desproporcionadas abejas, encontraron por fin una especie de cabaña pequeñita de madera, apartada del resto de edificios principales y pegadita a un riachuelo que discurría por la zona. El edificio tenía posibilidades, y se acercaron a investigar… sólo para descubrir que la MMS hoy estaba especialmente insistente. Y es que se abrió la puerta y aparecieron Thorin y Dwalin, y en cuanto vieron a Ana no tardaron en anunciarle su descubrimiento.

- Señorita Ana, hemos encontrado un sitio adecuado, venga a ver.

O por lo menos Dwalin no tardó en anunciarle su descubrimiento, porque el líder no estaba muy por la labor de hablar y se había quedado de nuevo mirando intensamente a Ana. Hecho que, comprensiblemente, causaba no pocas dudas en el bar.


Hay que decir que a los Valar no les había hecho mucha gracia tener que intervenir tan toscamente en el asunto del Anillo, por decirlo finamente. No se lo habían visto venir, y llevaban un rato medio enfurruñados, pues nunca se sabía qué consecuencias insospechadas podía tener que Bilbo supiera que alguien conocía su secreto… o lo que es todavía más terrorífico, a saber qué habría pasado si el Anillo llega a caer en manos de una Sue (por muy involuntaria que fuera). Eso les hacía temblar sólo de pensarlo, y ellos habían venido aquí a pasarlo bien, no a desencadenar un apocalipsis. Sólo toleraban desviaciones tan tochas de la historia si había risas en el horizonte, que quede claro. Pero al ver de nuevo las miraditas intensas que le echaba Thorin a la Mary Sue, los Valar dejaron momentáneamente de lado su rencor (viendo risas en el futuro cercano) y la congregación de la taberna decidió darle a la pausa para debatir las razones a sus anchas.

- Oíd todos, ¿no dijo alguien hace tiempo algo de los tiernos sentimientos que la Sue llegaría a inspirar en Thorin? Porque o los reprime muy bien, o yo no lo tengo claro, ¡nada claro! ¡Y aquí hemos venido a reírnos! – dijo Sauron a voz en grito, sabiendo bien que era Melkor quien lo comentó al principio de este caos y que con esta sencilla pregunta se les abría un mar de posibilidades de poner en ridículo al personal.

Todos los demás parecían pasar por alto el hecho de que en un principio se suponía que las risas iban a estar confinadas a las desgracias de la Mary Sue, en lugar de extenderse a la Compañía en general. Parecía haber quedado olvidado casi desde un primer momento el propósito original de enseñarle una lección a Ana y supuestamente sólo a ella, quizá diluido por el alcohol y las muchas risas que se estaban echando. O quizá nunca se habían tomado ese propósito muy en serio. A Melkor y a Sauron les venía bien reírse de quien hiciera falta, como malos malísimos que eran, y ya desde el minuto cero sabían a lo que iban y no engañaban a nadie. Pero los Valar, como supuestos 'buenos' de esta historia igual deberían haber estado más atentos, o protestado un poco en cuanto se dieron cuenta de que aquí no hay quien se libre de las risas, ni siquiera sus propias creaciones (no queremos mirar a nadie, pero vaya tela, Aüle, poco te duró tu justa indignación, so sinvergüenza…). Puede ser que la culpa la tenga el alcohol, o quizá en el fondo son igual de cabrones que los Señores Oscuros pero habitualmente lo disimulan un poco mejor, o puede ser que una eternidad de no tener nada que hacer en el más allá rebaje tus estándares morales, quién sabe. El poder corrompe, que dicen. Y en cuanto al resto de espectadores, pues oye, ni tan mal. La bebida en esa taberna parecía no tener fin (y lo que es más importante, era gratis); y se habían reencontrando con sus amigos después de morir, que siempre está bien. Además, echarse unas risas a costa de tus colegas es normal; si había que soportar alguna risilla por cuenta propia en el proceso, pues que así fuera. El disgusto se les pasaba pronto (Thorin no compartía un punto de vista tan saludable, claro, pero es que él es así, todo un dramas).

- Pueees es verdaaad, Meeelkooor dijo aalgoo sobre eeesoo, me pareecee…

- Pero vamos a ver, no lo entiendo, ¿la moza le gusta a Thorin o no? ¿O es que vuestra maldición ha perdido toda su potencia y está dejando de hacer efecto, y por fin va a deshacerse de ella como haría cualquier enano con dos dedos de frente? – preguntó Dwalin, con su estilo tan directo y expresando en voz alta las dudas de parte de los allí presentes (y de todos nosotros, ya de paso). Y colando disimuladamente una crítica a los supuestos súper-poderes de los Valar, que nunca está de más.

Se pudo oír un murmullo general de asentimiento, que algunos de los allí presentes aprovecharon para cuchichear disimuladamente entre ellos e intercambiar impresiones de la talla de "¡Eso, eso, no está claro!" y "¡Que quiero saber si me tengo que reír de él o no!". Con amigos como éstos, Thorin no gana para disgustos.

El aludido intentaba hacerse pequeñito y desaparecer de allí, con escaso éxito. Pero es que presentía lo que se le venía encima debido a las acciones de su otro yo, y no le gustaba nada el cariz que estaban tomando los acontecimientos. Tenía toda la pinta de que iba a tener que enfrentarse a una vergüenza desmesurada, y encima delante de sus sobrinos, y de su creador… ¿qué había hecho él para merecerse esta ignominia, si puede saberse?

- ¡Para vuestra información, nuestras maldiciones no 'pierden potencia'! ¡Hombre ya! ¿Qué clase de falta de respeto es ésta? Deberíais saber que en mis tiempos… – estalló de pronto Manwë, al que le habían tocado su ego como el bebé sin control emocional que en el fondo era. Y Varda, que había tenido una eternidad para acostumbrarse a sus tonterías, estaba bastante harta ya de que se esperara de ella que fuera su niñera además de su esposa. Así que decidió (en beneficio de su propia salud mental) empezar a ignorarle desde ya, a ver si al no prestarle atención se le pasaba el berrinche. En su lugar, vio mucho más productivo atender al fatídico intercambio que estaba teniendo lugar:

- Oiga, Señor Melkor, ¿cree que podríamos cambiar el punto de vista de la historia a ese otro Thorin, a ver si así nos enteramos de lo que le pasa por la cabeza?

- Ori, chaval, sin sentar precedentes tengo que decir que me gusta cómo piensas. ¡Risas aseguradas! – respondió Melkor, mientras Sauron asentía a su lado con vehemencia. Inocentemente (o no tanto), los demás allí presentes les estaban siguiendo la corriente. Como malos malísimos y co-creadores de la MMS que eran, estaban seguros de que por la cabecita del otro Thorin estarían pasando pensamientos de lo más jugosos, y no se podían aguantar las ganas de reírse otro poco a su costa.

Dicho y hecho, Melkor toqueteó varios botones del mando, luego se lo lanzó a Manwë a toda la cara (porque un buen impacto siempre es una estrategia muy efectiva cuando los aparatos electrónicos no funcionan), y al fin consiguió milagrosamente que en la pantalla se produjera un cambio de punto de vista. A todo esto, el Thorin de la taberna había optado por intentar meterse debajo de un sofá para esconderse de la vergüenza que se le venía encima, con escaso éxito. En parte se debía a que él también era de hueso ancho como todo buen enano; pero mayor parte de la culpa la tenían sus supuestos amigos, que le arrastraban hacia fuera cada vez que conseguía colarse lo más mínimo bajo el sofá, porque tenían tantas ganas de reírse de él como el que más. Con amigos como éstos no le hacían falta enemigos, está claro, que ya no se respeta nada.

Y sin tener en cuenta los sentimientos del ninguneado líder enano, Melkor quitó la pausa y dio paso a una nueva perspectiva sobre esta historia.


¿Cómo había llegado a este sinvivir? Thorin no lo tenía muy claro, pero las evidencias estaban ahí y eran innegables. Para empezar, cómo últimamente se quedaba paralizado cada vez que ella aparecía, sin saber qué hacer ni cómo comportarse, como un joven enano recién salido de la roca…

Y ni siquiera podía recordar cuándo había empezado todo. Desde luego la primera impresión no había sido la mejor, al principio ella no era más que una desconocida de la que desconfiaba y no tenía más remedio que llevar consigo para proteger el secreto de su misión. La había considerado un fardo inútil desde el primer momento en que se habían conocido, a lo que no ayudaba nada el hecho de que la muchacha no había hecho más que reírse de él a cada oportunidad… pero oh, qué equivocado estaba. No tardó mucho en presenciar las no pocas ocasiones en las que había hecho alarde de una heroicidad oculta y admirable, y pronto demostró su valía sobradamente. Como en el encuentro con esos asquerosos trolls, por ejemplo. En su momento jamás se lo demostró abiertamente, pero ahí había empezado a admirar su arrojo y sus ganas de ayudar, que había demostrado en su forma tan peculiar y única de ella cada vez que se habían visto en alguna situación peliaguda. Así, cualquier pensamiento que hubiera podido tener de deshacerse de ella o dejarla atrás pronto quedó relegado a los más recónditos rincones de su mente, con vergüenza de que tal cosa pudiera habérsele ocurrido alguna vez siquiera. Ahora veía que todos sus compañeros de viaje habían demostrado mucha más sabiduría que él al aceptarla desde el primer momento con los brazos abiertos, y se regocijaba de que la trataran con tanta confianza. Quizá, mirado fría y objetivamente, se podría pensar que Ana era exasperante desde todos los puntos de vista. Y aun así…poco a poco se había descubierto admirando esa actitud desafiante, ese desenfado que tanto contrastaba con él mismo. Como si de algún hechizo se tratara, no podía negar que la extraña joven había conseguido colarse en sus pensamientos y en su corazón.

Quizá por eso le había dolido tanto que ella se riera cuando él había puesto toda su alma en la canción. Sí, en su azoramiento había elegido sin pensar lo primero que se le vino a la cabeza, que resultó ser una canción de cuna, lo cual no dejaba de ser ridículo pero una vez comenzado no se podía echar atrás. El contenido poco importaba, pues era imposible que ella comprendiera el idioma y en cualquier caso lo que él no podía pasar por alto era que si ella despreciaba de esa manera un gesto tan íntimo como dedicarle una canción, él jamás sería de su interés. Fuera lo que fuera lo que ella había entendido, le había partido el corazón con sus risas… aunque sus posteriores disculpas no hacían más que ensalzarla a sus ojos.

Tenía que empezar a asumir que no era precisamente enemistad lo que sentía, y no parecía que esas emociones fueran a desaparecer… pero no podía llevarse a engaño. Debía aceptar que nunca podría actuar en consecuencia. Era un sueño imposible, y sólo un momento de locura le había llevado mostrarse tan sentimental. Tan vulnerable. Daba gracias porque todos hubieran asumido que su abatimiento se debía a ver despreciadas sus habilidades musicales, en lugar de sus sentimientos. Nada así podía repetirse, ni la Compañía ni mucho menos ella debían enterarse nunca. Eran demasiado diferentes como para permitirse contemplar siquiera esa posibilidad, a ella estaba claro que no le interesaba, él no se sentía digno de su estima… había mil razones, por no decir que había asuntos más urgentes en los que pensar. Como reclamar el hogar, por ejemplo. O la posibilidad de morir en el intento. Ella se merecía algo más, así que él se guardaría todos esos traicioneros sentimientos bajo llave lo mejor que pudiera. Había demasiado en juego. Por mucho que le doliera.

Salió de su ensimismamiento según Dwalin le daba explicaciones a la joven, diciéndole que dentro de la cabaña que habían encontrado hallaría una bañera y que ya habían calentado agua del arroyuelo para su uso. Al menos podría disimular y tener gestos amables con ella mientras sus camaradas hicieran lo mismo, por mucho que ella les repitiera una y otra vez que no deberían haberse molestado. Mientras el mediano, Dwalin y él se alejaban de allí para darle intimidad; Thorin se descubrió preguntándose a sí mismo si sería capaz de sobrellevar sus sentimientos en secreto. No eran pocas sus demás preocupaciones, y sólo esperaba que cuando se descubriera a sí mismo sin poder evitar mirarla fugazmente añorando lo que no podía ser, nadie más se diera cuenta.


En cuanto se empezaron a desvelar tan sensibleros (y poco característicos) pensamientos directos desde la cabeza de su líder, no tardaron en llegar los comentarios y no hubo quien contuviera las risas en el bar:

- ¡Ay madre, ay madre, que me meo! ¡JAJAJAJAJAJA!

- ¡Thorin, qué calladito te lo tenías, briboncete! ¡Pffffft!

- ¡Pero no te avergüences, hombre! ¡Quién sabe, igual hasta acabas siendo correspondido! ¡Qué bonito es el amor!

- Thorin y Ana, sentados bajo un árbol, primero viene el niño, LUEGO EL MATRIMONIOOOOO… - cantaban Fili y Kili a grito pelado, entre la algarabía generalizada.

Los allí presentes no habían pasado por alto las muchas incongruencias en los pensamientos del otro Thorin, los flagrantes atentados contra la lógica, ni lo mucho que la MMS había tergiversado… básicamente todas sus ideas que tuvieran la más mínima relación con la Mary Sue. Pero precisamente por eso se estaban riendo a carcajada limpia, los muy insensibles. El afectado estaba de nuevo contemplando la cuerda y la viga como la opción más viable, porque aunque se había esperado alguna afrenta a su honor de similares características, nada puede prepararte del todo para ver a tu otro yo actuando como el atormentado pretendiente de una novela romántica barata. No había nada que pudiera disuadirle, incluso aunque Bilbo intentara defenderle al grito de "¡No os metáis con mi futuro esposo!". Y es que recordemos que desde que los parroquianos del bar habían visto el muy sentido abrazo entre su líder y el hobbit en la pantalla, se habían subido todos con mucho entusiasmo al barco de apoyar esa pareja, con Bilbo a la cabeza. También hay que decir que habría resultado más convincente ni so se deshiciera en risitas cada pocos segundos, pero bueno, al menos lo intentaba, la intención es lo que cuenta.

Entre unas cosas y otras, ninguno de los allí presentes se dio cuenta de que nadie se había molestado en darle al botón de pausa antes de empezar a reírse a gusto del líder de la Compañía. Sin que nadie hiciera el menor caso, se pudo ver a los pobres desventurados de la pantalla que todavía estaban durmiendo la mona despertarse con la resaca más miserable de sus vidas y reagruparse con sus compañeros ligeramente menos perjudicados para empezar a planear la continuación de su viaje. Si alguien hubiera estado mirando, seguramente podría haber escuchado a un Gandalf sospechosamente no tan resacoso meterles prisita a todos los demás, dándoles el coñazo con que tenían que cruzar el Bosque Negro a la de ya para llegar a tiempo a la Montaña, y con que él se sabía un camino súper chachi de los elfos donde los orcos empeñados en darles caza no se atreverían a poner el pie (por racismo, suponemos). Que a ver, la razón le daban, pero tampoco estaban para muchos trotes tras levantarse en esas circunstancias. Sin embargo, nadie en la taberna oyó nada porque las risas, las insinuaciones indecentes y las listas de regalos de boda anunciadas a voz en grito tapaban todo lo demás. El hecho de que también tenían a medio planear otra boda entre Thorin y Bilbo no les supuso ningún impedimento, o igual apoyaban la poligamia, o igual cada dos bodas te hacen descuento, quién sabe. En cualquier caso, la boda con la Mary Sue era graciosa por inverosímil y por el momento acaparaba toda su atención, además, Dori estaba ideando el catering y era difícil no oír preguntas del calibre de "Oye Thorin, ¿de cuántos pisos vais a querer Ana y tú la tarta de bodas? ¿Veintitrés te parecen suficientes? ¿Os parece bien que se haga en forma de Montaña Solitaria con vosotros dos subidos encima? ¿Eh, eeeeehhhhh?".

Estando así el percal, tampoco nadie vio cómo en algún momento el punto de vista volvió a Ana, que casi se ahoga en una bañera que parecía un lago de grande que era. Tampoco prestaron mucha atención a cosas importantes a la par que aburridas, como la logística. Nadie hizo caso de cómo al final se reunía toda la Compañía preparándose para la partida, ni vieron cómo Beorn les prestaba desinteresadamente unos cuantos ponis y provisiones, cualquiera diría que este hombre es una estación de servicio. Eso sí, a Gandalf le prestó un caballo, que siempre ha habido clases. El intríngulis estaba en hacer que llegaran rapidito al bosque sin que ningún orco les alcanzara y subsiguientemente les cosiera a navajazos, aunque la mayor parte de la Compañía parecía más preocupada por su incipiente resaca que por cualquier posibilidad de persecución. Pero da igual, en el bar estaban ajenos a todo esto, y tampoco prestaron atención a la emotiva escena de cómo Beorn despidió a los demás agitando un pañuelo con enormes lagrimones mal disimulados cayendo por sus peludas mejillas (los amigos que el alcohol ha unido son inseparables, está claro). Para cuando se hizo el silencio en la taberna (porque nadie fue capaz de llegar a un acuerdo sobre cuántos entrantes habría que servir en una boda real de tamañas características) y se quisieron dar cuenta, la Compañía ya estaba a medio camino del Bosque Negro, así, sin comerlo ni beberlo.

- ¡Eh, eh, un momento! ¿Qué ha pasado aquí? – dijo Gloin.

- ¿Dónde ha quedado Beorn? ¡Juraría que ni nuestra estancia en sus tierras fue tan breve, ni tardamos tan poco en llegar al Bosque Negro, y que por lo menos nuestro anfitrión nos avisó mejor de lo que se avecinaba! – se unió Balin, siempre observador.

- ¡Eso por no hablar de que yo no recuerdo que Beorn fuera tan sentimental con nosotros! ¡Ni me acuerdo tampoco de tamaña borrachera!

- Bueno… si eso hubiera pasado, puede ser que no te acordaras, que en tu familia sienta fatal el alcohol, Gloin...

- ¡No eres tú quién para hablar precisamente, Balin! – respondió Gloin, que siempre se encendía fácilmente cuando le tocaban el honor de su familia. Los dos se enzarzaron en una discusión bastante ridícula sobre cuántas cervezas podía soportar el otro antes de caer redondo, entremezcladas con insultos varios e insinuaciones ofensivas sobre la autenticidad de las barbas ajenas. Por fortuna, no todos se dejaban distraer tan fácilmente, y Dori tuvo la suficiente presencia como para preguntar:

- ¿Hay alguna manera de volver a ver lo que ha pasado?

- ¡Pero chavales, qué más os da! ¡Si todo eso es la parte aburrida de relleno, ya sabéis lo que pasa! – respondió una vocecilla maliciosa perteneciente a cierto Señor Oscuro.

- ¡Tú sí que eres de relleno, Melkor, cabrón! – saltó Manwë sin venir mucho a cuento, pero viendo que nadie había hecho caso de sus berrinches y sus quejas, sintió la imperiosa necesidad de llamar la atención buscando pelea en otra parte.

- ¡Eso no me lo dices en la calle, Manwë! ¡Te reviento el alma, bastardo! – con el malo malísimo siempre se podía contar para un poco de violencia gratuita e indiscriminada, y a juzgar por la sonrisa de oreja a oreja disfrutaba con ello, estaba claro.

- ¿Tú y cuántos más, eeehhh, eehhhh? – dijo el aludido, agitando los puños en el aire.

Quizá penséis que los demás intentaron pararles, o relajar los ánimos o algo, pero noooo. Nada más lejos de la realidad. Siguiendo la recién instalada política de ignorar a todo aquel que se comportara como un bebé en cuerpo de hombre (pero no por ello perdiendo la oportunidad de sacar un buen dinero de la coyuntura), Mandos no perdió tiempo en organizar una timba, y cuando todos hubieron hecho sus apuestas se llevó a los dos contrincantes afuera a resolver sus diferencias a puñetazo limpio, entre gritos entusiastas de Sauron de "Dale fuerte, Melkorcito, cariño, ¡yo confío en ti!" y ciertamente menos efusivas (aunque razonables) advertencias de Varda de "Manwë, tú verás cómo te las apañas luego para sacar las manchas de sangre de la ropa, atontao". Qué bonito es el amor.

Así, Manwë pudo irse a liberar sus tensiones sin molestar a nadie, y los demás decidieron volver a centrar su atención en la pantalla a falta de nada mejor que hacer (para gran alivio de Thorin, que dudaba mucho poder soportar una pulla más sobre la cantidad de barba que tendrían sus hipotéticos hijos con la Mary Sue sin hacer alguna barbaridad). Y todo ello sin volver a las escenas anteriores, porque aunque no lo quisieran reconocer, era verdad que a nadie le importaba mucho saltar directamente a partes más interesantes. Qué cabroncetes.


La historia es cíclica. Ana volvía a estar subida a un bicho de cuatro patas para ir del punto A al punto B, y de nuevo ese bicho no parecía estar muy conforme con dicho acuerdo. Ana tampoco estaba muy conforme, todo hay que decirlo, por mucho que la alternativa fuera ir andando con la amenaza constante de que un montón de orcos montados los pillaran por banda. Dado que esta vez había tenido la oportunidad de bañarse tranquilamente y estar limpia por primera vez en mucho tiempo (que eso siempre anima), ese hecho hacía todavía más doloroso el recuerdo de que toda esa limpieza se había perdido en cuanto su poni la había tirado al suelo en los 5 primeros minutos de conocerla. Igual todos animalicos de transporte eran parte de una conspiración a nivel global y tenían algo contra ella, vaya usted a saber.

Además, por muchas vueltas que le llevaba dando desde su no tan relajante baño, como venía siendo habitual ni se le había ocurrido nada para deshacerse de la MMS, ni se le venía nada a la cabeza sobre ningún bosque, ni mucho menos sobre qué podía pasar ahí dentro que al tal Melkor le hiciera tanta ilusión. Por lo tanto, no tenía forma de prepararse contra ello (aunque es poco probable que se le hubiera ocurrido un plan con sentido, si hubiera podido prepararse, todo hay que decirlo). Si la MMS no hubiera estado haciendo de las suyas, quizá Beorn les habría podido advertir en su momento sobre la oscuridad que se cernía sobre el Bosque Negro… pero estando las cosas como estaban, de lo más que les había advertido era de que después de comer esperaran dos horas antes de bañarse. Está claro que la chica no da pie con bola, y sin embargo, si algo tiene Ana de bueno es su negativa a dejarse vencer por el desánimo. Eso sería dejar ganar a los diosecillos, y por ahí sí que no quería pasar. ¡Se iban a enterar de quién era ella!

Invadida por una renovada resolución (que es probable que sólo le dure hasta el siguiente contratiempo, ya sabemos todos cómo va esto), Ana azuzó a su infiel montura, con los ánimos por las nubes. Con tan mala suerte de que el poni se lo tomó a malas y decidió tirarla al suelo por enésima vez, para gran desolación de sus posaderas, sobre las que tuvo la desgracia de aterrizar. Visto que no era la primera vez que se caía de su montura sin mayores consecuencias, la Compañía no se preocupó demasiado por la salud de la chica esta vez. La primera vez que había decidido irse a intimar con el suelo aún habían reaccionado algo, incluso la segunda, pero después de tantas caídas ni la MMS podía ya empujarlos a hacer nada más que mirarla de refilón. Sobre todo en el caso de aquellos que seguían sufriendo una resaca de aúpa, dado que hasta el diminuto gritito que dio Ana los hizo encogerse de dolor por estar sensibles a los ruidos fuertes, y ya bastante tenían con intentar mantenerse más o menos estables sobre sus monturas. Para hurgar todavía más en la herida, el muy cabroncete de Gandalf le lanzó un guiño bastante sinvergüenza a la dolorida Ana, tan fresco él. Aunque había bebido como el que más estaba como una rosa, fumando sus sustancias cuestionables mientras disfrutaba del paisaje, y no parecía muy preocupado por el lugar adonde se dirigían ni por los orcos que se suponía que todavía podían estar al acecho. Visto lo visto, a Ana no le quedó más remedio que superar rápidamente su indignación con el mago y perder la poca dignidad que le quedaba levantándose a toda prisa y correteando detrás de su montura para lograr volver a subirse (al tercer pero no por eso menos patético intento). Igual Gandalf es el verdadero agente del caos en esta historia, no tan afectado por maldiciones varias como cabría sospechar, quién sabe.

Y así fue como, en contra de cualquier instinto sensato, Ana casi se alegró de ver el famoso bosque en cuanto vieron despuntar esa masa oscura en la distancia. Cuanto más se acercaban, menos le parecía un lugar adecuado en el que meterse tan tranquilamente, con todos esos árboles tan altos y tan entrelazados. Y tan oscuro, que a pesar de que todavía había luz las sombras bajo las hojas eran impenetrables. Sobre todo teniendo en cuenta que si ése era el bosque al que se refería el tal Melkor, que probablemente sí… pues en fin, no le hacía excesiva ilusión acercarse. Pero por otra parte… el camino al que parecían dirigirse era demasiado estrecho y accidentado para los ponis, así que ella suponía que su sufrimiento como jinete tenía que estar a punto de acabar. Y cualquier bosque que consiguiera eso no podía ser tan malo, por mucho que pareciera un sitio ideal para que les persiguiera un asesino en serie, ¿no?

Los miembros más resacosos de la Compañía tampoco parecían todo lo reticentes a entrar que habría dictado la lógica, a juzgar por como instaron a sus monturas a ir más deprisa en cuanto vieron un poco de sombra (se ve que estaban sensibles a la luz además de a los sonidos fuertes, los pobres). Ya casi habían llegado a una especie de arco que se divisaba marcando el inicio del camino a través del bosque, y Gandalf ya se veía venir que se metieran de cabeza sin pensar como venía siendo su costumbre, así que tuvo que ponerse serio:

- Éste es el camino a través del Bosque Negro – les dijo en voz muy alta, intentando parecer imponente. Esperaba que le contestaran algo, aunque fuera algún comentario sobre que por lo menos parecía que nos les había seguido nadie, pero no. Nada. En líneas generales la mayoría de la Compañía se limitó a mirarle con caras largas, refrenando con desgana los ponis y haciéndose sombra con la mano. No estaban para muchas conversaciones, todo hay que decirlo.

- Estoo… hay que soltar los ponis. Que vuelvan con su señor.

Obedecieron sin rechistar, como zombies, y sus compañeros ligeramente menos perjudicados siguieron su ejemplo por solidaridad. Las resacas son muy malas, niños, no bebáis. Gandalf estaba empezando a asustarse ante la evidente falta de espíritu de la Compañía, cuando vino Bilbo a distraerle dándole un poco de conversación más animada. Le comentó que el bosque parecía enfermo, por decirlo de forma suave. Hay que recordar que los hobbits son de buen beber (para sorpresa de los enanos, que se creen los reyes del tema), y Bilbo desde el principio había parecido sobrellevar los efectos del alcohol mucho mejor que sus compañeros. Así que la sombra que pudiera ofrecer el bosque no le atraía tanto como a los demás, y todavía podía cuestionarse la situación. Le preguntó a Gandalf si no había por casualidad algún otro camino, pero nada, oye, que quedaba todo muy lejos según el mago. Por no hablar de que, aunque no lo pareciera, ése era el camino menos peligroso de entre todas las opciones. La vida es muy dura para la Compañía, está claro.

Mientras hablaban, se habían ido acercando a una estatua aleatoria que había al principio del camino. Tenía pinta de haber sido hecha por los elfos, que ellos son muy de poner estatuas en medio de un bosque, donde las enredaderas puedan cubrirlas a gusto y eso. Hay que quererlos tal y como son, aunque tengan un gusto para el diseño de jardines muy… peculiar a la par que naturalista. Gandalf debía de tener curiosidad por ver si la estatua era de alguien famoso o algo, porque se lio a quitarle las enredaderas de encima justo cuando, para crear un poquito de tensión dramática, a Bilbo le dio por juguetear con el Anillo en su bolsillo.

Algunos orcos, que ellos por lo general son más de arte urbano, parece ser que habían grafiteado un Ojo de Sauron en toda la cara de la estatua. No sabemos si fue por el shock de ver un símbolo del enemigo, o porque consideraban que ese grafiti era vandalismo, pero tanto Bilbo como Gandalf se llevaron un sustillo. Y por si fuera poco, a los pies de la estatua Bilbo se quedó patidifuso al ver cómo a Gandalf de pronto se le cruzaron los cables, y empezó a ignorarle como si no estuviera ahí perdiendo la mirada en el infinito así sin ton ni son, poniendo cara de concentración. Rápidamente Bilbo lo atribuyó a los efectos secundarios sin duda perjudiciales de todo lo que fumaba el mago, y se preguntó si él también estaría en peligro (porque ya sabemos todos que las verdes colinas de la Comarca están plagadas de buena hierba… de todos los tipos). Pero no, el mago estaba teniendo una conversación telepática a distancia con Galadriel que ríete tú del Skype, una conversación que fue más o menos así:

- Oye Gandalf, que igual deberías ir a echar un ojo por Dol Guldur, a ver si hay algo chungo de verdad por ahí o no.

- Pero Galiiiiii… no me apetece… que además seguro que esta panda de inútiles se me pierde en el bosque si no voy con ellos.

- No me valen tus excusas, Gandalf. Tú diles que no se salgan del camino y ya está, eso sí serán capaces de hacerlo, ¿no?

- No sé yo que te diga, eh…

- Anda, tú tira para Dol Guldur si no quieres que me meta en tu cabeza todas las noches a las tres de la mañana y te cante canciones típicas de Rohan para no dejarte dormir.

- ¡Noooo, eso noooo!

Igual esas no fueron las palabras exactas, que a esta gente le gusta sonar rimbombante cuando no están en cierta taberna, pero esa era la esencia. Así que es comprensible que a Gandalf le entraran de pronto las prisas por dejar a la Compañía, y sin decirle nada a Bilbo salió corriendo a impedir que Nori liberara también a su caballo. Ahí ya se dieron cuenta todos de que tenía plena intención de abandonarles, pero la resaca les impedía hacer mucho más que mirarle mal (o eso, o que a estas alturas ya estaban plenamente resignados a las idas de olla del mago). Sólo Bilbo tenía ganas de hablar, que debe de ser que la idea de ocultarle el Anillo a un mago poderoso le estaba reconcomiendo, aunque al final se rajara y le dijera que lo que había encontrado era su coraje. A Gandalf ya le daba igual todo, le gustaba hacerse el interesante, y ni se inmutó por lo sospechoso de estas declaraciones. Tenía prisa por irse, así que se giró hacia Thorin y le recomendó encarecidamente que cuidara del mapa y la llave (igual pensaba que el líder de la expedición se los iba a jugar a las cartas con el primero que pasara, quién sabe), que no entraran a la Montaña sin él, que se reuniría con ellos antes de entrar, que el aire del bosque era todavía peor que las sustancias que se fumaba él y que tuvieran cuidado, y que no abandonaran el camino. Todo esto a toda leche, claro, y sin dignarse a decirles adónde se iba él, porque para qué molestarse en explicar cosas importantes con calma.

Sin más ni más salió galopando en su caballo, dejándolos plantados a todos. Compuestos y sin Gandalf se quedaron, a las puertas de un bosque que se rumoreaba que era muy chungo pero nadie tenía todos los detalles. Y quién sabía que cosas se escondían ahí dentro, alguna sorpresa desagradable les esperaba seguro si se puede juzgar por las ganas que tenía Melkor de que llegaran… pero bueno, al menos ahora iban andando, para consuelo de Ana. Y había sombrita, que siempre es de agradecer. Así, empujados por su dolor de posaderas, su resaca, o su deseo de no separarse del resto, según el caso, se adentraron sin demasiadas reservas en el Bosque Negro. Lo cual no tardaría mucho en cambiar…


Nota de la autora: pobre, pobre Thorin... He tenido que parar de escribir varias veces al hacer su POV, porque ojo al dramote de telenovela, es todo tan dramático y tan tergiversado que no podía evitar reírme XD Y encima se cree que nadie se va a dar cuenta. Pobrecillo, la MMS es cruel.

Aquí os traigo un nuevo capítulo, y aprovecho para felicitaros el año (aunque ya estemos bien entraditos en enero, así soy yo). ¡Espero que os guste y os traiga por lo menos una sonrisilla a la cara! Si vosotros también queréis organizar una boda real, Dori acepta sugerencias para el catering (y otras ideas disparatadas para la tarta nupcial). Y nada, ya sabéis, para bien o para mal, dejadme vuestras impresiones en un review. ¡Por cierto! Un saludo muy especial para ciertos dos nuevos lectores, vosotros sabéis quiénes sois :)

Como siempre, muchas gracias por leer y comentar, ¡y nos vemos en el próximo capítulo! ;)