En cierto tugurio cósmico de dudosa reputación, los parroquianos habían visto con interés como Gandalf y Galadriel mantenían sus conversaciones mentales privadas, y si pensáis que no aprovecharon la oportunidad para insinuar unas cuantas cosas a cada cual más indecente sobre la naturaleza de la relación entre tan poderosos personajes, es que no los conocéis.

Pero en cuanto Gandalf se hartó y empezó a soltar bastonazos a diestro y siniestro, el entusiasmo de las insinuaciones fue disminuyendo. Thorin debería tomar nota, si no quieres que se metan contigo, un bastonazo entre ceja y ceja hace milagros, por lo visto. Quién lo iba a decir.

Así las cosas, tampoco nadie se atrevió a comentarle al mago que vaya formas eran esas de abandonar a la Compañía, que en la versión de sus vidas que ellos recordaban por lo menos se molestó en avisarles (y aun así ellos habían protestado en abundancia). Pero no estaba el horno para bollos, así que, dejando una distancia de seguridad en torno al mago por si se le escapaba algún bastonazo por sorpresa, devolvieron su atención a la aventura.


Al principio, muy al principio, la cosa fue hasta bien. Al fin y al cabo, sólo se trataba de seguir un camino, que para eso en un principio no hace falta tener un doctorado, y en los primeros momentos incluso resultó fácil. El camino en cuestión estaba razonablemente bien mantenido, ya sabemos que los elfos de toda la vida han sido muy tiquismiquis con estas cosas, y se podía seguir sin excesivas dificultades. Al principio.

En favor de la Compañía hay que decir que se las apañaron, incomprensiblemente dada su costumbre de meterse en problemas donde no los hay, para llegar bastante lejos, dadas las circunstancias. Incluso fueron capaces de cruzar el nada sospechoso y nada perturbador riachuelo que atravesaba el bosque con sólo una caída al agua, toda una hazaña para lo que podría haber pasado. Sobre todo teniendo en cuenta por un lado que a Thorin le dio por ponerse a disparar a los bichos del bosque que pasaban por allí sin ton ni son, que por poco no le aparece un elfo defensor de los derechos de los animales a ponerle siete denuncias. Y por otro lado, que decidieron cruzar haciendo equilibrismos sobre unas lianas que había por allí y no en bote como la gente normal, pero bueno. El pobre Bombur fue el afectado, y los crédulos dirán que las aguas del riachuelo estaban encantadas y le hicieron caer en un sueño tan profundo que nada ni nadie pudo despertarlo. Los escépticos son más de la opinión de que Bombur aprovechó la ocasión para echarse una siestecita con toda su cara y hacer que le cargaran sus compañeros, que así se ahorraba el paseo. Cada uno que crea lo que quiera.

Quizá esta marcada falta de problemas debería haberles hecho sospechar, pero cada vez estaban menos en condiciones de pensar fuerte. Inevitablemente, a estas alturas los vapores extraños del bosque (o la falta de orientación espacial) empezaron a afectarles y la cosa se puso tensa.

- Atención, el camino gira hacia allá - se pudo oír decir a Thorin, súper concentrado, apuntando a un lugar del suelo en donde, ciertamente, no había ningún camino ni nada que se le pareciera.

- ¿Cómo? Pero si va claramente hacia allí - respondió Dwalin, también muy concentrado, y también apuntando a otro lugar del suelo diferente donde, evidentemente, tampoco había camino ninguno.

Bilbo se estaba planteando muy seriamente darles una buena colleja a los dos, porque la exposición durante toda su vida a la verde hierba de la Comarca le daba una cierta resistencia a los vapores del bosque que claramente estaban afectando a sus compañeros. Él veía muy claro que el camino continuaba recto sin desviarse, y hacer caso a cualquiera de los dos enanos los perdería sin remedio.

Sin embargo, un rápido vistazo a su alrededor le reveló que no iba a encontrar muchos apoyos en la Compañía, en lo que a mantener la cordura se refiere. Para empezar, los muy idiotas ya habían echado a andar en una dirección aleatoria, sin esperarle ni nada. Al final la lealtad pudo más que el sentido común y Bilbo acabó por seguirlos en contra de su buen sentido hobbit. Para cuando se los volvió a encontrar habían dado aproximadamente tres millones de vueltas y, efectivamente, estaban perdidos sin remedio. Los enanos habían alcanzado en su gran mayoría diversos grados de atolondramiento, y estaban pidiendo aire a gritos, persiguiendo mariposas imaginarias, dando vueltas sobre sí mismos… y a la pobre Ana, que había dicho no a las drogas durante toda su vida, nada podía haberla preparado para lo terriblemente mal que le sentarían los vapores del bosque.

- Había una vez, un barquito chiquitito. Había una vez, un barquito chiquitiiiito. Que no podía, que no podía, que no podía navegaaaaaaaar… - estaba cantando ella alegremente, a pleno pulmón. Por alguna razón, llevaba los brazos extendidos cual pájaro y correteaba erráticamente mientras cantaba. Tenía toda la pinta de ir derechita a ser la primera víctima que se cobrara el bosque, así que Bilbo, amigo como hay pocos, fue a detenerla.

- ¡Biiiiiilbo, hola! ¿Por qué crees tú que no podía navegar el barquito, eh? ¡Pobre barquito! ¡Ahí, despojado de su propósito vital! ¡Buaaaaahhhhh! - y sin más ni más la chica se dejó caer al suelo y se echó a llorar desconsoladamente, lamentando el destino del barquito. Fili y Kili la siguieron porque eran seres muy empáticos en el fondo (y quizá porque la MMS les empujó a ello), y unos cuantos miembros más se unieron a la ola de llantos sin saber muy bien por qué. Bilbo, por su parte, se estaba arrepintiendo de todo en general, y de haber nacido en particular. Veía que el destino de esa panda de inútiles estaba, en ese momento concreto, enteramente en sus manos. Así que hizo lo único que era razonable hacer en esa situación.

- Vamos chicos, vamos a ponernos todos en fila y a agarrar la mano o la barba de nuestro compañero de delante, ¿eh?

Y con tan avanzadísimas técnicas de primero de prescolar, pronto tuvo una fila bien formada de obedientes enanos (por mucho que Thorin y Dwalin protestaran ante la indignidad del asunto). Él mismo agarró a Ana y la arrastró a ella y a los demás por lo que él creía que era el camino correcto, pensando que más valía que el tesoro que le habían prometido fuera grandecito, porque tener que lidiar con estas chiquilladas no estaba pagado.

Y quizá habría ido todo bien y pudieran haber vuelto al sendero, si Bilbo hubiera podido mantener la compostura hasta el final. Pero los vapores del bosque al final acabaron haciendo mella también en él, por muy curtido que estuviera gracias a sus experiencias recreativas en la Comarca. Y en cuanto él se paró en seco a tener alucinaciones tranquilamente, la cosa se fue definitivamente al garete.

- ¡Estamos perdidos!

- ¡Buscad el camino!

- Voy a preguntarle direcciones a ese árbol.

- ¡Hay enanos en estos bosques!

- No estamos perdidos, nos dirigimos hacia el este.

- Te perdiste como mil veces buscando la casa de Bilbo, Thorin, igual no eres quien para hablar.

- Os digo que estamos yendo al este.

- ¿Y dónde está el este, eh, listo, si no se ve el sol?

- ¡Hemos perdido el sol!

- ¡Buscad el sol!

- Voy a preguntarle a ese árbol si sabe dónde está el sol.

Por muy afectado que estuviera, Bilbo seguía teniendo algo de integridad mental, así que no le pareció mal plan subirse a un árbol tocho a ver si le daba un poco el aire y así ya de paso la altura le ayudaba a ver bien los alrededores y conseguir orientarse. Abandonando a su suerte a la desvalida Compañía, todo sea dicho de paso. Ya os digo que un poquito afectado sí que estaba.

Pero como esta historia sigue las desgracias de cierta Mary Sue, ahí dejamos a Bilbo, subiendo a un árbol y sin tener ni idea de la que estaba a punto de liarse. Ana estaba observando su ascenso embelesada, preguntándose porqué esa ardillita tan mona llevaba ropa, cuando su estómago la informó con mucho ruido y poca consideración de lo hambrienta que estaba. Efectos secundarios de los vapores extraños del bosque, se conoce. Así que muy resueltamente, se fue a buscar algo a lo que hincarle el diente. Por desgracia para él, lo primero que encontró a lo que hincarle el diente fue Dori, a quien su mente atolondrada confundió con una magdalena gigante. Con extra de glaseado. Y si a Ana algo la perdía era el glaseado. Pero en cuanto dio el primer mordisco y vio que la magdalena en cuestión se quejaba y no parecía muy amiga de ser comida (cosa extraña), decidió irse en busca de alimentos menos rebeldes.

- Mataría por unas patatas fritas… - declaró heroicamente, segundos antes de internarse todavía más en el bosque más perturbador en el que jamás había puesto pie con la decisión que sólo podía otorgarle el estar rematadamente drogada. Ella fue la primera, pero los demás la siguieron como idiotas, bien porque la MMS les empujaba a intentar socorrerla a cada segundo, o bien porque se había hecho mención de comida. Y oye, por mucho que estés perdido en medio de un bosque que haría las delicias de cualquier villano, a unas buenas patatas fritas nunca se les dice que no.

Así las cosas, a Ana no le pareció excesivamente raro empezar a encontrarse telarañas más grandes que ella misma. Quién sabe, igual los elfos que se supone que había en el bosque eran unos grandes entusiastas de celebrar Halloween por todo lo alto. Poco le importaba que no tuvieran el mismo calendario ni las mismas fiestas, a ella mientras consiguiera sus patatas todo lo demás, en ese momento, le daba igual.

Pero todo tiene sus límites, y sí que se ofendió un poco al ver la primera araña, no precisamente pequeña, marchar derechita hacia ella. Y es que si algo sabía, en la confusión del momento, es que no debería haber arañas gigantes cerca de sus patatas. Si alguien hubiera podido escuchar dentro de su cabeza, habría oído algo como esto, en el tonillo indignado de un cliente descontento: "Pero qué condiciones más insalubres son éstas, hombre por favor, este establecimiento seguro que no pasa ni medio control de sanidad…"

- ¡Disculpe, quiero poner una reclamación! - fue lo último que se la oyó decir, antes de ser la primera en sucumbir al veneno de las arañas y verse envuelta en un capullo de seda más asfixiante que una manta de lana en verano.

Quizá fuera por su constitución bastante menos robusta que la enana, quizá por los vapores del bosque, nunca lo sabremos, pero el caso es que cuando un rato después Bilbo vino al rescate de la Compañía como un jefazo, los enanos fueron saliendo de su estupor, y todos tuvieron que pelear por sus vidas, Ana se dedicó a ser un peso muerto, estando como estaba todavía inconsciente. Se perdió las heroicidades, se perdió a Bilbo teniendo una crisis existencial por culpa de cierta pieza de joyería, y también se perdió ver lo rojo que se puso Thorin al tener que acarrearla consigo (no así los de cierta taberna cósmica, que no perdían ocasión de mortificar a su líder). Ni tampoco abrió los ojos cuando llegaron los elfos con sus pelazos a fardar de agilidad y estilo para cargarse al último par de arañas que quedaba (a buenas horas) y llevarse toda la gloria. Las nulas muestras de diplomacia por parte de enanos y elfos que llevaron a la captura de la Compañía también le pasaron desapercibidas, y oye, casi mejor, porque conociéndola como la conocemos seguro que habría empeorado las cosas. Sin embargo, se despertó justo a tiempo para sentir en sus propias carnes cómo un elfo aleatorio la arrojaba sin muchas ceremonias a lo que tenía toda la pinta de ser una celda, cosa que no hizo que aumentara su estima por los elfos, precisamente.

- ¡Eh, tú! ¡Sinvergüenza! ¿Qué está pasando? ¡Al menos dame mis patatas!

Pero por mucho que se tiró contra los barrotes y llamó varias lindezas a sus captores, no consiguió respuesta. Ni patatas. Qué dura es la vida.

Lo que sí consiguió fue asistir en vivo y en directo a los intentos de ligoteo de Kili sin que, por una vez, fueran dirigidos a ella. Aunque por otra parte, dado lo que tuvo que escuchar, eso no mejoraba mucho las cosas:

- ¿No vas a registrarme? Podría ocultar algo bajo mis pantalones…

Y entre las risitas mal disimuladas de Fili, que debía de andar cerca, y la cara de incredulidad que se le quedó a la elfa pelirroja que había tenido la mala suerte de ser el objetivo de esas palabras, se pudo escuchar a Ana aportar su granito de arena a la situación:

- ¡Joder Kili, si no te mata ella te mato yo, qué formas son esas!

Así las cosas la elfa se fue a hablar con un rubiales con pinta de importante que pasaba por allí, no sin antes cerrarle la puerta en las narices a Kili. Con mucha clase, eso sí. Y así empezó un largo cautiverio, o por lo menos a Ana se le hizo largo, que a ella todo lo que sea estar sentada sin hacer nada más de cinco minutos le suele encantar, pero no cuando es por obligación.


En cierta taberna cósmica se había hecho un silencio sepulcral. Y quien dice sepulcral dice que los parroquianos estaban conteniendo el aliento de la emoción porque se olían una buena bronca en el ambiente y no se querían perder detalle. Y es que esa forma tan tremendamente grosera de tirar los tejos, y a una elfa nada menos, no podía pasar desapercibida. Por si fuera poco, con esto se le presentaba la oportunidad perfecta al aguerrido líder de nuestra querida Compañía de dejar de ser el hazmerreír por un rato, y Thorin sabía bien que este tipo de oportunidades, con los sinvergüenzas que llamaba amigos, no hay que dejarlas pasar.

- ¿Quién dijo que jamás tendría la ocurrencia de conocer íntimamente a una elfa, Kili, recuérdamelo?

- Tío, siento la necesidad de señalar que ése que sale en la pantalla no soy yo, si no…

- ¡Excusas, excusas baratas! ¿Quién lo dijo?

- Bueno, yo, lo dije yo, tío, pero…

- ¡Ajá! Pues eso que acabamos de ver en la pantalla me parece a mí justo lo contrario, ¿no crees, Kili?

El pobre enano no sabía dónde meterse, a lo que no ayudó para nada que su hermano, el traidor de él, decidiera intervenir:

- Totalmente de acuerdo, tío, es una vergüenza esto que has hecho, Kili, una deshonra incluso…

- ¡Exacto! ¡Una deshonra!

- ¡Y de forma tan grosera además! ¿Qué diría nuestra madre, hermano?

- ¡Imperdonable!

Aquí el resto de espectadores empezaba a animarse al ver la mortificación ajena. En realidad no les importaba mucho que el otro Kili le pusiera ojitos a una elfa, que la parranda post-mortem que se estaban montando todos juntos les había ido curando de racismos. Pero oye, si te puedes reír de un amigo, familiar o compañero, lo haces, esto es así, sea por el motivo que sea. Y en cuanto vieron a Thorin avanzar hacia Kili meneando acusadoramente un dedo, y al susodicho encogerse y esconderse detrás de un cojín, entendieron que era el momento de empezar a abuchear y a reírse sin rastro de compasión. La confianza ya sabemos que da asco.

Algo apartados de la jarana, las mentes pensantes (o ligeramente más sobrias) de Frodo y Sam se preguntaban por qué de pronto la MMS había dejado de funcionar con Kili. Observadores, los muchachos. Y aprovechando que se habían quedado sin cerveza, Sam se fue a por otra ronda y, viendo a Varda en su camino, decidió no dejar pasar la oportunidad y preguntárselo directamente.

La Dama de las Estrellas, encarnación suprema de la gracia y la elegancia según los libros, estaba compitiendo con el equipo del lado oscuro a ver quién abucheaba más fuerte. Entre abucheo y abucheo, tuvo a bien explicarle a Sam que en este caso, habían decidido relajar la MMS para que Kili centrara sus atenciones en otra persona porque sabían que eso le traería mayor vergüenza. O igual lo había decidido ella sola sin consultarle a nadie, que el poder es muy fácil que se suba a la cabeza, pero el caso es que ya estaba hecho.

Sam no tenía por costumbre cuestionar las prácticas de gente poderosa que además estuviera borracha, porque era un hobbit con mucho sentido común, así que se fue a contarle lo que había descubierto a Frodo sin darle más vueltas. Sensato, muy sensato.

Sin embargo, había alguien más en el bar que no acababa de participar en el abucheo generalizado. Y es que Legolas acababa de verse en pantalla por primera vez, y estaba pasando por una crisis existencial al no tener muy claro quién tenía mejor pelazo, si él mismo o su otro yo de la pantalla. Tuvo que llegar Gimli para sacarle de su ensimismamiento, asegurarle que el otro no le llegaba ni a la suela del zapato, y animarle a sumarse a la juerga, que si no ahí seguiría el pobre. Qué bonita relación.

En el momento en que los abucheos llegaron al punto de empezar a lanzar cosas (blandas, que tampoco querían hacer mucho daño a Kili) les dejamos, que el resto de la historia no se va a contar sola.


Ana había llegado al punto de su encierro en que hablar consigo misma para no volverse loca no le parecía mala idea. El hecho de que hubiera pasado literalmente nada más que media hora y de que podría, si hubiera querido, hablar a voces con la gente de las celdas cercanas, no le impedía en absoluto actuar como una desequilibrada. Ella es así, muy de llevar mal el cautiverio, y más si es a manos de elfos crueles que le deniegan derechos humanos básicos como las patatas.

Tan poco tiempo había pasado que todavía se podía oír de vez en cuando el estruendo que armaba el fornido cuerpo de algún enano esperanzado al lanzarse a la carrera contra las delicadas puertas élficas, sin mucho éxito. Igual eran menos delicadas de lo que parecían, por aquello de ser puertas de prisión y tal, vaya usted a saber. Y mientras Thorin en su calidad de líder se dedicaba a insultar a Thranduil, su familia y todos sus antepasados (porque él sí que sabe lo que es la diplomacia), Thranduil le respondía con la misma moneda (porque está claro que habían ido los dos a la misma escuela de negociación), los dos líderes se peleaban como prescolares por causa de joyas, y los enanos ponían todo su empeño en reventar las sorprendentemente resistentes puertas, a Ana se le fue tanto la cabeza que cayó en lo peor que podía haber hecho. Confraternizar con el enemigo.

- EEEEHHHH, TÚ, LA PELIRROJA. Acabo de decidir que tú me caes bien, porque me encanta tu color de pelo. ¿Cómo lo consigues, qué tinte usas? Yo lo intenté una vez y me duró el color aproximadamente un suspiro.

La pelirroja en cuestión, que todos sabemos que es Tauriel y a la que vamos a empezar a llamar así porque referirse a ella por su color de pelo es muy cansino, estaba de ronda vigilando a los prisioneros. Y entre los intentos de ligoteo y ahora esto, empezaba a pensar que no le pagaban lo suficiente. Pero aun así decidió responder porque, francamente, se aburría como una ostra cuando no estaba ahí fuera en alguna misión reventando el lomo a las arañas que intentaban invadirles. Y la verdad es que esa extraña humana que viajaba con la compañía del notorio Thorin Escudo de Roble sin razón aparente le picaba la curiosidad.

- Es el color de pelo con el que nací.

- ¿En serio? Qué suerte. Por cierto, ya que estamos hablando, te pido disculpas en nombre del idiota ése que hay un par de celdas más allá. Se podría pensar que un heredero al trono estaría mejor educado y tendría decencia básica, pero noooooo.

- Parece que los conoces bien. Es algo curioso, ¿qué hace una humana viajando con semejante compañía?

- Pues mira maja, eso mismo me pregunto yo. La vida da unas vueltas muy raras. Pero no te creas, son buena gente, en el fondo. Muy en el fondo. Si te cuento la vez que…

- Señorita Ana, ¿no será eso que oigo su voz confraternizando con nuestros enemigos, verdad? – interrumpió Balin a gritos desde una celda vecina, así como con tonillo de reproche, como de padre que te ha pillado con las manos en la masa.

- Pelirroja, no te dejes engañar, eres mi nueva mejor amiga a pesar de lo que diga Balin. Y lo serías todavía más si me trajeras unas patatuelas de nada. No pido mucho, ¿no? ¿EEHH?

Tauriel era una elfa sensata. No entendía muy bien cómo había llegado a esos niveles de amistad sin hacer ella nada de particular para conseguirlo, pero lo que sí entendía era que si algún jefe pasaba por allí a investigar el escándalo que la tal Ana había montado en un momento igual podía malinterpretar la situación. Así que decidió hacer una cosa que a los elfos en general se les da bastante bien, es decir, abandonar elegantemente la escena antes de liarla más. Ya habría tiempo para entrometerse si cambiaba de idea, y para mantener a raya su aburrimiento casi prefería irse a molestar un rato al enano ligón en lugar de lidiar con esa desequilibrada. De entre los que se habían mostrado dispuestos a hablar en esa Compañía, por lo menos sería la opción entretenida, en un tono de voz cuyos decibelios no agredieran los tímpanos, y si alguien preguntaba podía fingir que le estaba interrogando. Aunque conociendo como conocía a sus compañeros y vecinos, era mucho más probable que acabara generando unos cuantos cotilleos sobre su vida amorosa y miraditas críticas. Porque a los elfos, por mucho que lo disimulen, les encanta un buen marujeo como a todo el mundo, esto es así. Y viviendo tan aislados, hasta el mismo Thranduil sentía la necesidad de entrometerse en la vida de los demás cual maruja de pueblo, pero bueno, así es la vida. A veces hay que correr riesgos para no aburrirse.

Ajena a lo que provocaba, nada le impidió a Ana gritar a los cuatro vientos lastimeramente, pidiendo patatas con toda la angustia de su corazón. Cuanto más gritaba más aceleraba Tauriel para irse de allí cuanto antes, no sea que la pillaran cerca de tamaña desequilibrada.

- ¡Ay de mí, abandonada así por mi nueva más mejor amiga! ¡Cómo echo de menos a Bilbo, que con él sí que se puede hablar sin que huya! ¡Y le encantan las patatas! ¡Eso es un amigo! ¿Dónde estará?

El hobbit había tenido un día muy movidito, peleando con arañas, teniendo una relación complicada con el Anillo, siendo invisible, y colándose en los dominios de los elfos como el más avezado espía. De camino estaba a ver en qué condiciones se encontraban sus compañeros cuando oyó tan bonitas palabras. Y aunque sabía que Ana estaba probablemente delirando por la falta de patatas y alabando su amistad a los cuatro vientos cual borracho que te declara amistad eterna a la tercera cerveza, pues oye, se sintió un poquito reconfortado, no nos vamos a engañar.

Y con esta cálida nota de exaltación de la amistad los dejamos a todos hasta el próximo capítulo, y que se relajen mientras puedan. Porque, como todos sabemos, agárrense que vienen curvas.


Nota de la autora: diréis que ha pasado mucho tiempo desde la última actualización, pero, ¿a que no parece tanto si lo comparamos con, por ejemplo, la edad de la Tierra? ¿Eh, EH?

Excusas baratas aparte, espero que hayáis disfrutado del nuevo capítulo de esta sinrazón. ¿Conseguirá Ana sus patatas, o poner una reclamación en su defecto? ¿Conseguirá Tauriel un aumento de sueldo? ¿Conseguirán las arañas que los defensores de los animales las defiendan también a ellas, que lo único que quieren es un hábitat para criar a sus arañitas en paz? No se garantiza respuesta a estas preguntas, pero alguna risa caerá (esperemos) en los próximos capítulos.

Como siempre, todos los reviews que queráis dejar son bienvenidos y se agradecen. Muchas gracias por leer y comentar, ¡y hasta el próximo capítulo! ;D