No solo ni su nueva más mejor amiga ni ninguno de los elfos llegaron jamás a traerle a Ana sus patatas, los muy desgraciados insensibles, si no que para mayor tortura la comida que tuvieron a bien darle en su cautiverio fue una mísera ensaladita ligera que ella por supuesto se negó a comerse. Dirán algunos que los elfos se preocupaban de que sus prisioneros comieran sano y equilibrado y con mucha fibra para no tener, digamos, problemas de evacuación, pero Ana no era de la misma opinión ni por asomo. Con la poca estima que les tenía a los elfos por sus experiencias en el viaje, no atendía a razones y le resultaba más fácil generalizar y dar por sentado que la estaban torturando, esta vez físicamente para completar la tortura mental que ya había sufrido en Rivendell. Si tenía razón o era todo un malentendido cultural lo dejaremos al gusto de cada uno, pero el caso es que nuestra aguerrida y nada vegetariana protagonista armó tal escándalo que al final el asunto atravesó cierto pelazo (cosa que no tiene que ser fácil) y llegó a oídos de Thranduil. Y el buen señor debía de estar aburrido de languidecer en su trono o algo, porque decidió tomar cartas en el asunto directamente.

La pobre muchacha estaba delirando de hambre, o eso se creía ella, así que como os imaginaréis el encuentro no fue precisamente bien. De primeras, en cuanto la llevaron hasta el jefazo ella, ni corta ni perezosa, echó a andar hasta el mismísimo trono y, sin dejarse intimidar por la grandeza del salón ni la presencia del elfo máximo, le soltó en toda su puntiaguda cara:

- ¿Disculpe, es usted el encargado? Quiero poner una reclamación.

Estaba claro que el hambre además le hacía tener muy poco filtro entre su cerebro y su boca. El Pelo Pantene Senior, ante la desfachatez de la chica de no esperar su turno de palabra ante él, y, sobre todo, ante la mera insinuación de que en su reino hubiera algo que reclamar, se limitó a levantar una ceja y mirarla con mucho desprecio, así como él sabe. Los guardas que vigilaban la sala del trono estaban indecisos, la verdad, porque la actitud de la chica se podría interpretar como agresividad hacia su señor pero la chica en sí misma imponía tan poco que no creían que supusiera una amenaza real. Así que no sabían si intervenir o no, y mirando hacia su líder en busca de alguna señal, sólo le vieron fulminar con la mirada a su visitante. Por lo tanto, siguiendo su ejemplo, empezaron todos a mirarla como si les hubiera ofendido personalmente a ellos y a todas sus familias al completo, con lo cual Ana se encontró rodeada de elfos en apariencia muy malhumorados. Pero no, ella no se dejó achantar. Como no podía ser de otra manera con ella, cada vez que hablaba subía el pan.

- Diiiiiscuuuulpeeee, ¿no me ha oído? ¿Para qué le sirven esas orejas tan enormes si no puede oír mejor con ellas? Quiero poner una reclamación, las condiciones de esta cárcel van en contra de los derechos básicos universales. Jamás he estado en una cárcel tan terrible, le doy 0 estrellas en las reseñas de Google.

Que no sabía si existían tales cosas como las reseñas de cárceles, pero suponía que sí. Internet está lleno de cosas raras, al fin y al cabo. Tampoco ella había estado en muchas como para opinar, y era muy poco probable que los elfos supieran qué era Google, pero nada de eso le importaba a su hambriento cerebro. Y ahí plantada se quedó, esperando una respuesta mientras interiormente se cuestionaba las decisiones de estilo de Thranduil. Que unas cejas tan morenas con ese pelazo rubio de toda la vida han sido una cosa muy hortera, pero por otra parte le daban un toque imponente, así que no sabía muy bien qué pensar.

Y mientras el cerebro de Ana se distraía cavilando sobre las cejas del jefazo élfico, el portador de la melena más gloriosa a este lado de la Tierra Media estaba pensando en lo malo que estaba resultando ser su día. Para empezar, nada más levantarse había descubierto que le había salido una espinilla en toda la barbilla, que eso siempre desanima. Luego los ataques de las arañas, la captura de los enanos, y la tremendamente poco elegante discusión que había tenido con Thorin le habían dejado con un humor de perros. Y ahora esa extraña humana que no paraba de armar escándalo. Había tenido la idea de ver si a ella le podía sacar algo de información privilegiada, ya que aunque viajaba con los enanos tenía demasiada poca barba para ser una de ellos y él sospechaba que quizá no tuviera tantos motivos para guardarles lealtad. Pero también la había mandado llamar a ver si así se callaba, todo hay que reconocerlo. Que tanto grito le estaba levantando dolor de cabeza, y además era malísimo para el cutis. Y no sabía si podría soportar la aparición de otra espinilla en un mismo día.

Lo que él no sabía es que a los Valar les hacía toda la gracia la idea de que Ana se encontrara con todos los personajes relevantes posibles, y quizá le hubieran dado "un ligero empujoncito" a los procesos mentales de Thranduil para permitir que eso pasara. Pero sólo quizá.

Y viendo la oportunidad de aprovechar la aparente disconformidad de la muchacha con sus condiciones de vida para sacarle información, se le ocurrió la feliz idea de hacerse el magnánimo y ofrecerle un trato que en su opinión no se podía rechazar:

- Mis orejas funcionan perfectamente, humana. Pero si tan insoportables te resultan las condiciones de tu cautiverio, quizá podría hacerte las cosas un poco más cómodas. Siempre y cuando tú colabores y te muestres comunicativa, claro.

- Mira chaval, yo por unas patatas bien fritas ahora mismo te diría hasta el color de los calzoncillos de Balin. Así que dame lo que es mío y hablamos.

Por la cara primero de desconcierto y luego repulsión que puso Thranduil, quizá ese detalle en concreto sería demasiada información para él, pero aun así mandó a que cocinaran las patatas. Poco precio le parecía por más información con la que poder extorsionar a Escudo de Roble para conseguir lo que él quería. Aunque intentaría abstenerse de preguntar por el color de la ropa interior de nadie, muchas gracias.

Y quizá os estéis preguntando, ¿de verdad pensaba Ana traicionar a la Compañía, después de todo lo que habían pasado juntos? Lo mismo se preguntaban en cierta taberna cósmica, y como la crueldad es un rasgo que caracteriza a la autora de esta historia, ahí os dejo con el cliffhanger hasta después de la siguiente escena.


Los ligeramente intoxicados parroquianos del bar no habían parado de incordiar a Kili ni un momento, sobre todo cuando vieron que el ligoteo con Tauriel no se quedaba en cosa de una sola vez y que los dos tortolitos seguían colegueando hablándose cada uno de sus vidas y sus tradiciones y demás chorradas. Eso no quitaba, por supuesto, que por otra parte se plantearan organizar otra boda, aunque sólo fuera para que al Thorin de verdad le diera un síncope, que eso siempre hace risa. Vána y Nessa, como valiers de las que nunca se acuerda nadie y amigas quizá precisamente por eso, decidieron tomar cartas en el asunto como jóvenes llenas de iniciativa que eran (por comparación) e irse a averiguar si había por los alrededores alguna elfa llamada Tauriel a la que pudieran convencer para casarse a ciegas, así un poco por las risas. Lamentablemente, indagando un poco averiguaron que no había por los alrededores ninguna elfa que respondiera a la descripción (para alivio del Kili de verdad, que ya se veía al borde del matrimonio concertado) y volvieron al bar portando esta descorazonadora noticia. Sin embargo, antes de entrar se encontraron en la puerta con la curiosa escena de Mandos intentando mediar entre Manwë y a Melkor, harto ya de que se pelearan sin dar muestras de cansarse y sin vencedor claro (y sobretodo, sin darle una resolución para la timba que había montado). Fueron testigos de cómo Mandos hizo lo único que podía hacer con semejantes bebés, que fue cogerles de las orejas y retorcérselas hasta que dejaron de lanzarse puñetazos al grito de "AU, AU, ¡AAAUUU!". Si al buen hombre se le escapó una sonrisilla malvada al conseguirlo, no le juzguemos muy duramente.

- Tía, de verdad, y pensar que la gente conoce a estos sinvergüenzas antes que a nosotras, qué palo.

- Ya ves tía, estos carrozas todo el santo día peleándose, y tú y yo aquí siendo las jefazas del bailoteo, las flores y el jolgorio, y nada. Ni en medio fanfiction salimos.

- Y encima sin nosotras esta gente no tendría ni idea de lo que es internet, que son todos una panda de viejunos. Ugh.

- Ugh.

Y sin dirigirles ni una mirada más ni pensar en intervenir, abrieron la puerta del bar y le comunicaron a todo el mundo que no, con Tauriel no habría boda posible. Eso sí, no esperaban encontrarse a su vuelta con que eso ya estaba aparentemente olvidado, pues los parroquianos volvían a estar embelesados con la pantalla. Y es que mientras ellas no estaban, a los del bar les había pillado con la guardia baja el hecho de ver a Ana en la pantalla plantearse la posibilidad de la traición por patatas. La Compañía se lo tomó prácticamente como una ofensa real, como si de verdad esa extraña que no pintaba nada en su historia les hubiera traicionado, y empezaron a echar pestes de ella y de Thranduil por embaucador y porque nunca es mal momento para echar pestes de quien te cae mal. El resto de parroquianos rápidamente dejó a un lado la planificación de bodas imaginarias y volcaron de nuevo toda su atención en el drama que suponían estaba a punto de desarrollarse (y hasta Kili se atrevió a ir saliendo de detrás de la montaña de cojines donde se había escondido y a respirar tranquilo de nuevo). Vána y Nessa se pusieron rápidamente al día de lo que había pasado y se metieron de lleno a disfrutar de este nuevo salseo, sin perder ni un minuto, porque en el fondo no eran tan diferentes del resto de mandamases allí presentes y eran un par de marujas como las que más. Así las cosas, no había nadie que estuviera prestando mucha atención a la puerta… y éste fue precisamente el momento que aprovechó Mandos para volver a entrar al bar con los dos bebés más conocidos como Manwë y Melkor (que no se atrevían ni a rechistar por miedo a que Mandos revelara cómo había acabado en realidad su pelea, su orgullo no podría soportarlo). Cuando anunció que él se quedaba con todo el dinero de la timba al no haber un ganador, no había nadie con los suficientes recursos mentales para discutírselo y atender a la pantalla al mismo tiempo. Así consiguió dinero para por lo menos cuatro rondas más, y la satisfacción de haber tratado a dos mandamases como niños de prescolar sin mayores consecuencias. Anda si no es listo el tío.


En un despliegue de teatralidad típico de Thranduil, a Ana le acabaron trayendo sus patatas en un cuenquito monísimo sobre un cojín de seda, perfectamente doradas y crujientes y en su punto justo de sal. La presentación un poco pija, sí, pero ciertamente eran unas patatas por las que merecía la pena traicionar la confianza de todos tus amigos. Y de toda tu familia. Y de tus conocidos también. Y de algún desconocido aleatorio que pasara por allí, incluso. En definitiva, unas patatas de primera, como pudo comprobar Ana en cuanto se comió la primera con precaución, y las siete siguientes a lo bestia como si no hubiera visto comida en cinco años. Luego ya, entre patata y patata, empezó a cantar cual ruiseñor.

- Pues a ver, amigo mío, a ver qué te puedo contar. ¿Sabes que Dwalin duerme abrazado a su hacha como si fuera un peluche? ¿Y sabes que Dori sólo come números impares de cosas? ¿Y sabes que Fili usa un acondicionador especial sólo para las trenzitas de su barba?

- ¿Eh, pero qué? ¡Todo eso no me interesa!

- ¡Tú querías información, y eso te estoy dando, so desagradecido! ¿Sabías, por cierto, que Gloin lleva a todas partes un retrato de su mujer y su hijo? Es adorable, si me pides mi opinión.

- ¡No es esa la clase de información a la que me refería, insolente muchacha!

- ¡Eh, eh! ¡Ojito con lo que dices, que me puedo cansar de cantar en cualquier momento! ¿Sabías, hablando del tema, que Thorin tiene un vozarrón que ya lo querrían muchos cantautores? ¿Eh, lo sabías?

- ¡Ya basta, lleváosla de mi vista! ¡Y que se pudra en su celda!

- ¡Pues que sepas que acabo de decidir que tus cejas son muy horteras y que te odio, abraza-árboles presumido!

- ¡FUERA DE AQUÍÍÍÍÍ!

Y con este intercambio tan amigable de palabras, a Ana se la llevaron a rastras mientras le sacaba la lengua a un Thranduil que se dejó caer sobre su trono llevándose la mano a la frente. Tremebunda migraña se le estaba formando al pobre, que no gana para disgustos.

Si el plan de Ana era conseguir unas patatas gratis a cambio de información completamente inútil y lo hizo a sabiendas, o de verdad tenía intención de vender a la Compañía y eso era lo que ella consideraba información privilegiada sobre la misión, pues nunca lo sabremos. Pero el caso es que salió de allí con un nuevo enemigo, y bastante bien parada para lo que podría haber sido la cosa, seguramente gracias a la MMS. Hay que reconocer que la maldición la metía en situaciones de lo más ridículas con todo mandamás que se encontraba, pero por lo menos también se aseguraba de que saliera viva de ello para seguir liándola más adelante. Y como no podía ser de otra manera, aunque la volvieron a encerrar en su celda con mucho desprecio, la MMS no tardó en empujar a cierto hobbit a actuar de nuevo para salvarle el culo junto al resto de desgraciados aventureros.

Bilbo no había estado ocioso, ni de lejos. Después de escuchar las declaraciones de amistad de Ana, se había sentido con fuerzas renovadas para buscar la manera de sacar a todos sus amigos de allí. Y después de mucho buscar y poco encontrar, dichas fuerzas casi se le fueron por completo al descubrir que su único plan viable era aguantar los desvaríos de borracho de dos elfos hasta que estuvieran lo suficientemente perjudicados como para poder robarles las llaves sin ser descubierto.

Pobre Bilbo, la de sandeces que tuvo que oír. Que si qué gusto da abrazar árboles por aquí, que si hazañas de arquería inverosímiles por allá… parecía imposible, pero todos los estereotipos sobre los elfos se dieron cita en esa conversación. Bilbo se estaba planteando arrearles un buen par de sopapos para acelerar las cosas, aún con lo pacifista que él había sido siempre, cuando por fin cayeron redondos y pudo robarles las llaves mientras dormían la mona. Cabría cuestionarse los protocolos de seguridad de la prisión élfica, pero Bilbo no estaba para esos trotes. Así que cogió las llaves lo más rápidamente que pudo, y se fue a liberar a la Compañía a toda velocidad. Si no tenía que aguantar a un elfo borracho nunca más en su vida, se declararía feliz.

Y a pesar de ser el único que había conseguido hacer algo útil mientras los demás se limitaban a ser prisioneros (con diversos grados de coqueteo hacia sus carceleros) y/o una molestia, la Compañía tuvo a bien discutirle el plan al pobre Bilbo, con mucho refunfuño de por medio. Ya nada más poner medio pie fuera de la celda empezaron a cuestionarle sobre la dirección que debían tomar, y cuando vieron los famosos barriles ya ni te cuento. Debe de ser una cosa cultural o algo. Y para que veáis que la confianza da asco, Ana no se quedó atrás en expresarle sus dudas a Bilbo de una forma delicada y cariñosa:

- Barriles.

- ¡Efectivamente!

- Bilbo, mírame a los ojos y prométeme que no has sido tú el que se ha bebido su contenido, porque es una idea de mierda.

Bilbo se quedó con el culo torcidísimo ante tamaña puñalada trapera, o quizá al darse cuenta de que no había buscado un barril para sí mismo, quién sabe. Menos mal que a Thorin le entró prisilla y puso un poco de orden entre el personal, porque si no allí seguirían discutiendo y contemplando las vicisitudes de la vida. Pero al fin consiguieron meterse todos dentro de sus respectivos barriles, y así empezó la peor atracción de agua en la que Ana había tenido la desgracia de montar en toda su vida.

Para empezar bien las cosas, ya desde el minuto cero empezó a entrar agua en su barril, que ya es suerte que justo a ella le tocara el más defectuoso. Para seguir, Ana nunca se había caracterizado por su cabeza fría, ni por saber mantener el equilibrio, ni por nada que la ayudara en esta situación en general. Así que en cuanto empezó a notar que su barril subía y bajaba y se meneaba para todos los lados, escorándose peligrosamente a cada segundo, sus compañeros de desventuras pudieron disfrutar de un muy armónico grito que empezó con la a y pasó por el resto de vocales siete veces, creciendo y disminuyendo en intensidad, potencia vocal y proyección, tanto que ya quisieran muchas cantantes de ópera.

¿Se dio cuenta Ana de cómo los elfos se cabrearon tanto que les cortaron el paso cerrando el portón que tenían en medio del río? ¿Fue Ana consciente de que justo entonces un montón de orcos aparecieron de pronto y empezaron a atacar a los elfos que vigilaban el portón y a la Compañía también sin remilgo ninguno? ¿Percibió los desesperados y heroicos intentos de la Compañía por defenderse, e hizo algo para colaborar ella misma? ¿Fue consciente de cómo el pobre Kili recibió un flechazo en la rodilla mientras intentaba abrirles el paso y ya nunca volvió a ser el mismo? ¿Notó que llegó su más mejor amiga pelirroja a evitar que se dejaran allí su último aliento? ¿Se dio cuenta de que poco después apareció Pelo Pantene Junior con refuerzos, y entre todos despejaron el lugar lo suficiente como para que Kili pudiera abrir la puerta y los barriles siguieran río abajo? ¿Percibió cómo parte de los orcos salieron enseguida a perseguirles, los muy cabezotas? ¿Participó de alguna manera en la tarea básica de defender su propia vida y la de sus compañeros, incluso cuando hasta Legolas (a su manera tan particular) decidió centrarse en los orcos en vez de en los enanos, y dejar que la Compañía se fuera flotando? ¿Fue Ana, en definitiva, útil de alguna manera? Evidentemente, la respuesta es no. Se limitó a agarrar bien fuerte el borde de su barril y gritar y gritar en su barril hasta que las fuertes corrientes les permitieron dejar atrás a sus perseguidores y llegar relativamente sanos y salvos un rato después a una orilla segura. Hay que decir que después de esta actuación, la MMS tuvo que actuar especialmente fuerte para que no se la cargaran en el acto.

Una vez que todos los barriles se reunieron en la orilla y los enanos fueron desembarcando con más o menos gracia, los allí presentes pudieron percibir varias cosas. La primera fue que un misterioso pitido se había instalado en los oídos de los que habían tenido la desgracia de flotar corriente abajo más cerca de Ana, un pitido que seguro que no tenía nada que ver con el abuso al que ella había sometido a sus tímpanos, claro que no, qué va. La segunda fue que tenían agua en zonas a donde el agua no había llegado nunca antes, lo cual fue fascinante para algunos y terrorífico para otros. Y la tercera fue que, al ver caer a Kili de rodillas, igual empezaron a sospechar que los orcos le habían herido seriamente, por mucho que él dijera que estaba bien y eso no era nada. Eso sí, no sabemos si el Rey de las Miradas Despectivas era menos observador que todos los demás o le importaba un carajo o era cosa del estrés, pero en cuanto se sacudió el agua empezó a meter prisas a todo el mundo con ponerse en pie y no perder tiempo.

- Pero tío, Kili está herido, hay que vendarle la pierna.

- Nos persiguen los orcos, tenemos que seguir moviéndonos.

- ¿QUÉ DECÍS? NO OS OIGO, ME PITAN LOS OÍDOS, ¿A NADIE MÁS LE PASA? –preguntó Dori a voz en grito, el pobre.

- ¡DIGO QUE TENEMOS QUE MOVERNOS YA!

- ¡AAAHH, VALE, GRACIAS! ¿ADÓNDE?

- ¿Eso, adónde? Os recuerdo que no podemos llegar a la Montaña sin cruzar cierto lago bastante grande –intervino Balin, siempre la voz de la razón.

- Evidentemente que no podemos, si os comportáis así en cualquier cosa que flota –dijo Bilbo, aún con cierto resquemor por las burlas a su plan de los barriles–. Pero sí podemos rodearlo.

Dwalin le respondió el equivalente a que los orcos se los comerían con patatas al no tener armas para defenderse, y ahí fue cuando Thorin concedió al grupo unos minutos para atender a la herida de Kili mientras pensaba dramáticamente en cuál sería la mejor decisión posible que tomar en las presentes circunstancias. Afortunadamente, apareció alguien que le libró de tener que pensar mucho, que eso es malo para el cutis.

Ori se llevó el susto de su vida al estar él inocentemente volcando sus botas para sacarles al agua cuando apareció un desconocido aleatorio apuntándole con un arco. Y más susto se llevó cuando el desconocido disparó y Dwalin paró la flecha por los pelos con un palitroque. Al ver esta situación a Kili le salió del alma tirarle una piedra al extraño, pero no llegó a hacerlo porque el tipo disparó a la piedra y se la quitó de entre los dedos (o igual intentaba dar al propio Kili y falló, pero le quedó muy épico en cualquier caso). Ante esta rápida escalada de violencia y falta de diplomacia, y viendo que los demás se quedaban ahí como pasmarotes, Balin fue el único que tuvo suficiente presencia mental para actuar con algo de lógica. En cuanto vio el bote en el que debía de haber aparecido el Señor Flecha Fácil, supo ver que esa era la manera más rápida de salir de allí si no querían usar a alguno de los miembros de la Compañía como flotador. Y la verdad, quién sabe si los enanos, al ser de hueso denso, flotan fácilmente o no.

Al final, el bueno de Balin se las apañó para convencer a su atacante de que les llevara a la Ciudad de Lago por un módico precio, cosa que tiene mérito teniendo en cuenta que su relación comercial había comenzado a base de flechazos. Y había seguido con la mención de esposas muertas y de no querer meterse en líos con Thranduil Pelo Pantene. Igual el precio no fue tan módico después de tanto hablar, pero en fin, consiguieron convencerle. Otra cosa que tiene mérito es que la barquita no se hundiera bajo el peso añadido de un montón de enanos, un hobbit, y una humana; por muy desnutridos que el paso por las mazmorras les pudiera haber dejado. Por raro que resulte, consiguieron poner rumbo hacia la ciudad sin sufrir mayores percances. Podría decirse incluso que los primeros momentos, tras haber sufrido un escape y posterior persecución a vida o muerte, resultaron hasta tranquilos, con la barca flotando pacíficamente sobre las aguas en calma. Los que habían perdido el oído lo fueron recuperando poco a poco, todos pudieron respirar hondo momentáneamente, y sentarse a esperar sin mayor estrés.

Tan atípicos momentos de paz en esta historia no eran compartidos de vuelta en el reino de Thranduil. Para empezar, los dos elfos que se habían quedado dormidos y habían permitido que Bilbo les robara las llaves recibieron la bronca de sus vidas (que no es decir poco, para lo mucho que vive esta gente), y no les ayudó nada a superar su vergüenza el hecho de estar de resaca. Para seguir, Thranduil Pelo Pantene seguía con su mala racha y sus migrañas cuando tuvo que enfrentarse a que Legolas y Tauriel le trajeran a su presencia a un orco superviviente para interrogarle. Y siendo sinceros, no le apetecía para nada, que los orcos no son súper amigos de la higiene personal y su pobre nariz lo estaba sufriendo. Para colmo de males se enteró de que los orcos tenían ganas de guerra, y tuvo que hacer el masivo esfuerzo de cerrar a cal y canto su reino, fíjate tú qué estrés. Además, se cargó al orco (con lo que cuesta sacar luego las manchas de sangre) y por si fuera poco tuvo que enfrentarse poco después a que una de sus capitanas de confianza y su propio hijo se fueran de parranda detrás de los enanos, desobedeciendo sus órdenes. Ese día Thranduil notó, para su inconmensurable horror, cómo le aparecía una cana por estrés en su hermosa melena. Terrible, lo sé.

Ajenos a la desgracia capilar que su paso por la vida de Thranduil acababa de generar, la Compañía se acercaba a la Ciudad de Lago hábilmente conducida por el Señor Flecha Fácil, que sólo gracias a las habilidades sociales de Bilbo supieron que tenía un nombre de verdad, y que ese nombre era Bardo. Si es por los demás, le habrían seguido llamando "eh, tú" durante todo lo que hubiera durado su relación, menos mal que hay hobbits para educar en las buenas costumbres. Mientras atravesaban una niebla que había decidido aparecer de la nada para dar un cierto toque de dramatismo y hacer quedar mal al hombre del tiempo de la Ciudad de Lago, los miembros de la Compañía estaban muy entretenidos ingeniándoselas para juntar el dinero que le habían prometido a Bardo, tarea nada fácil teniendo en cuenta que esta gente, además de a la Compañía de Thorin Escudo de Roble, pertenece también a la Hermandad del Puño Cerrado. De toda la vida, vamos. Ana y Bilbo ofrecieron las pelusas que habitaban sus bolsillos, pero parece ser que no valen mucho como método de pago. Menos mal que a Gloin se le ablandó el corazoncito lo suficiente para aflojar la pasta que se tenía guardada al disiparse la niebla (también muy dramáticamente) y revelar la Montaña Solitaria más cerca de lo que ninguno de ellos la había visto en mucho tiempo.

Tan emotivo momento se le pasó completamente por alto a Ana, que no fue capaz de sumar dos más dos y se estaba preguntando muy fuerte por qué de pronto todos sus compañeros se habían quedado mirando una montaña como quien ve unas patatas fritas después de llevar meses a dieta. Tan trascendentes cavilaciones no le duraron mucho, eso sí, porque de pronto llegó Bardo a pedirles el dinero. Cosa que no les hizo mucha gracia. Tampoco les hizo mucha gracia verse obligados a volver a meterse en barriles para ocultarse de los guardias de la ciudad. Y todavía menos gracia les hizo cuando empezaron a lloverles kilos y kilos de pescado encima hasta dejarlos completamente ocultos, sí, pero apestando para varios días por lo menos. A pesar de todo esto, el discretísimo plan de colarse en la ciudad funcionó, aunque estuviera a punto de pillarles en la puerta cierto sujeto cuestionable del gobierno local.

Cuál fue la sorpresa de la Compañía, entonces, cuando al volcar los barriles y ser liberados de su prisión ictícola, se encontraron a Ana inconsciente. Quizá fue que el descenso en barril le había sentado peor de lo que nadie se pensaba, quizá un pez le dio muy fuerte en la cabeza, quizá la abrumó el olor, o quizá ciertos seres con demasiado poder y demasiado alcohol en las venas buscaban cualquier excusa que obligara al Thorin de la pantalla a llevarla en brazos (para infinita mortificación del Thorin de verdad). Lo bueno es que se perdió la entrada a casa de Bardo atravesando el retrete (y las barreras de la lógica), lo malo es que todas las atenciones de la Compañía, y sobre todo las de su confuso líder, estaban a punto de volver a recaer sobre ella.


En la taberna de moda, la Compañía había visto con cierto asombro una escapada de Thranduil y una entrada a la Ciudad de Lago bastante moviditas, cosa que tenía bastante poco que ver con lo que ellos recordaban. Sin embargo, a estas alturas el cerebro no les daba para asombrarse demasiado, y ya estaban más o menos acostumbrados a ir con la corriente. Aun así, más que nada por hablar de algo, y también para satisfacer la curiosidad de su alma, Ori sacó el tema. No esperaba que nadie tuviera mucho que decir, a decir verdad. Cuál fue su sorpresa al oír que la reina de los mandamases y lianta de pro, la mismísima Varda, salió con lo siguiente:

- Ya vais a ver qué bien, chiiicos. Después de tanta acción, esta parte de la película es la oportunidad peeeerfecta para el drama y la exaltación de los sentimientos. Ya veréis qué escenas más bonitas, ooooooooiiiiiish, qué ganas.

- Varda, maja, cuéntaselo todo a estos pobres desgraciados. ¿Significa eso que podemos esperar alguna incursión a los pensamientos de cierto enamoradizo líder, o de cierto enamoradizo sobrino a las puertas de la muerte? ¿Eh, eeeehhh? – dijo Sauron, siempre preparado para malmeter.

- ¡Bien sabes tú que sí! ¡Jiijijijijiji!

Esto provocó la algarabía generalizada de casi todos los allí presentes, que hacía mucho tiempo que habían perdido de vista su brújula moral. La congoja de los afectados también se dejó notar, pero qué le vamos a hacer, nunca llueve al gusto de todos.


Nota de la autora: han sido unos meses muy moviditos, pero esta historia vuelve en tiempos de coronavirus para traeros un poquito de risa (esperemos) en estos momentos tan raros. Espero aportar con esto un granito de arena aunque sea chiquitín para pasar mejor el rato, y que las locuras habituales os ayuden a reíros un poco, que eso es muy sano y más en estos tiempos.

Así que nada, espero que lo hayáis disfrutado. Quién iba a decir que la familia Pelo Pantene haría unas patatas fritas dignas de (casi) traicionar la confianza de tus amigos, o que la Compañía tenía unos secretos tan peculiares. ¿Conseguirán los enanos eliminar el olor a pescado de sus barbas? ¿Compartirá Fili el acondicionador que usa con ese noble objetivo? ¿Conseguirán no ponerse mucho en ridículo en los próximos capítulos? ¿Se teñirá Thranduil para disimular la cana que le ha salido? ¿Alguna vez sabremos si es el Legolas de la taberna o el de la pantalla el que tiene mejor pelazo? ¿Hará algún otro mandamás alguna aparición estelar? Probablemente la respuesta a todas esas preguntas sea no, pero nos entretendremos intentando averiguarlo en próximos capítulos.

Como siempre, muchas gracias por seguir leyendo y por todos los comentarios que queráis dejarme (que además no hay que saltarse la distancia de seguridad entre personas para dejarlos, son todo ventajas). Y si os hace falta una completa extraña a la que contarle vuestra vida en momentos como éstos, siempre podéis mandarme un privado, que no os podré ayudar en ninguna capacidad profesional pero para escuchar valgo XD Allá donde estéis espero que estéis bien, manteneos a salvo, no perdamos el ánimo, ¡y hasta el próximo capítulo! ;D