Un rastro de oscuridad.
Caminar sin rumbo es un ejercicio interesante. Concentrarse por un instante, intentar abrir la mente a algo más allá de lo que hay, esforzarse en dar el primer paso, siempre el más difícil de todos, y finalmente andar. Cerrar los ojos ayuda, respirar profundo, agachar la cabeza. Todo se trata de obedecer las pequeñas señales sin mirarlas con atención. Dar vuelta en cuanto sientes el vago impulso de hacerlo, acelerar o reducir la velocidad según como corra el viento, quedarse quieta en mitad del pasillo por un susurro venido de ninguna parte que no encontraras por más que busques.
La academia Luna Nova es un sitio realmente curioso, incluso más allá de la magia o la piedra filosofal que hace especialmente densa la energía; se trata de algo más, todo es sobre las estudiantes. Chicas jóvenes con más poder del que comprenden o pueden manejar. Ese es el objetivo de la educación, enseñarle a las estudiantes que no pueden lanzar rayos de fuego cada que se molestan mientras se les dice como lanzarlos.
Todo deja un rastro, una delgada línea que marca determinados caminos, huellas de acontecimientos lejanos tan horrendos que la sombra aún permanece. Cualquier lugar con la suficiente sangre y tiempo comenzara a resonar. A veces se trata de cosas que aún no ocurren, algo tan oscuro que su eco alcanza incluso el pasado. La magia puede ser peligrosa, puede ser jodidamente aterradora si estas en el lugar equivocado en el momento equivocado; sin embargo, tampoco es fácil de ignorar.
Siempre tuve cierta predisposición a seguir las señales. Cuando era una niña me perdía en mi propia casa y terminaba frente a puertas que llevaban décadas sin abrirse, recargada contra balcones de los pisos altos y más de una vez en la habitación de mi madre.
Para mí lo más difícil de seguir estos caminos es estar sola. Durante el día mis amigas me acompañan siempre y no es que las desprecie ni nada parecido, pero de verdad necesito la quietud de vez en cuanto. Así es como termine haciendo guardia por las noches. Cuatro días a la semana con turnos de 6 horas, un permiso para estar fuera, un cupón para un almuerzo gratuito que nunca utilizo y una hora libre durante la primera clase de la mañana.
Es un trabajo sencillo. Todo se trata de rondar los pasillos, hacer que las estudiantes que se atreven a escaparse, la mayor parte del tiempo ninguna, regresen a sus habitaciones y estar lista para defenderse si hace falta. Volviendo a los ecos, nada de eso me importa demasiado, pero algunas veces las señales son demasiado obvias y antes de darte cuenta ya estas tras un rastro.
Subí al tercer piso sin terminar mi ronda por el primero, mis pasos dejaron de hacer ruido conforme me pegaba más y más a la pared, la luna brilló más intensamente y me hizo detenerme para verla mejor; entonces noté lo que pasaba y todo se esfumo.
Admito que tuve miedo antes de saber a qué. Ya había visto fantasmas de almas torturadas antes, espectros y otras cosas peores, pero eso no me asustaba de verdad. Nada asusta de verdad hasta que estás sola, casi en la oscuridad y tu protección depende únicamente de ti. Corren muchas historias de este lugar, he hablado con las suficientes personas y escuchado los suficientes rumores para conocerlas; y es en estas situaciones en las que no se puede evitar pensar en ese tipo de cosas.
La leyenda del par de chicas que comenzaron a pelear sin razón y no pararon hasta que una se volvió cenizas de un solo hechizo. La historia de la joven que accidentalmente se lanzó a sí misma un embrujo de parálisis y quedó atrapada por un lindo, largo y caluroso verano en un armario de limpieza; y cuyo espíritu ronda porque nadie supo nunca quien la puso ahí. Mi favorita personal: la bruja de primer año que tan solo se detuvo en mitad del pasillo, se apuntó la varita contra el pecho y desapareció. Tal vez fuera por la complejidad y potencia de tal encantamiento, quizá solo por lo corto del cuento, probablemente porque algo dentro de mí grita que la chica había muerto incluso antes de hacerlo, pero siempre conseguía darme un escalofrió.
Tenía que volver a tomar el camino, no por curiosidad del sitio sino porque había aparecido de pronto, porque esa mañana había pasado por ahí sin notar nada.
Algunas veces los caminos te llevan hasta el sitio en el que debes estar, otras te llevan justo al sitio en el que no deberías estar bajo ninguna circunstancia. Tengo que seguirlo, es mi responsabilidad, es la pequeña desventaja del empleo, pero el instinto me implora que escape con todas sus fuerzas... Cerrar los ojos, respirar profundo, agachar la cabeza y dar el primer paso.
No soy una chica a la que le gusten los problemas, pero se de responsabilidad y la mayor parte del tiempo puedo resolverlos. Nunca sale nada bueno de estos lugares pero a veces pasa algo mejor, a veces se evitan cosas malas si se llega a tiempo y se piensa rápido.
El aire es denso y frío, hace difícil respirar. La luz de luna ya no importa, las sombras son las que brillan. Hay que mantenerse tranquila y atender las pequeñas señales. La oscuridad se concentra en las esquinas, la luna se esconde entre las nubes, el sonido de unos pasos ajenos se hace evidente cuando se paran en seco. Casi me parece poder verlo, una delgada líneas de tinieblas sobre la alfombra, vibrando tan amenazante como una serpiente venenosa. Alguien susurra a lo lejos, demasiado bajo como para distinguir las palabras.
Mis piernas dejan de responder justo antes de doblar en la esquina. Ese es el momento complicado y es justamente el instante de calma en que todo encaja en su justo sitio. Me recargo y observo, detrás de ellas, donde bastaría que una mire tras la otra para ser descubierta, pero tengo la impresión de que nadie lo hará.
Dos estudiantes que no conozco hablando, susurrando muy juntas y de un modo especialmente ruidoso. Una pelirroja baja y delgada encogida en sí misma, una rubia alta y de facciones violentas gesticulando con movimientos bruscos, y mucha, mucha oscuridad rodeando el lugar. En medio del pasillo, lejos de las ventanas, entre las escaleras y una puerta que no sé a dónde lleve.
Siempre he pensado que en una pelea, si es que se le puede llamar así a esto, es fácil identificar quien es el bueno y quien es el malo. La fragilidad de una comparada con la brutalidad de la otra, el miedo de la pelirroja en contraste con la violencia de la rubia; pero también sé que no hay nada más irresponsable que atar cabos antes de tiempo.
El movimiento es tan sutil que casi me parece haberlo imaginado, pero no, la chica pelirroja tiene la varita en la mano y la mayor no parece haberse dado cuenta. La sujeta con tanta fuerza que los dedos le tiemblan. Apunto la mía por instinto, en silencio, considerando que debo hacer. Los hechizos débiles pueden no ser muy rápidos, uno demasiado fuerte las lastimaría más de lo necesario. Me basta con la puntería. Si fallo y la chica es afortunada sus dedos se romperán, si mi mano tiempla demasiado al lanzarlo su muñeca se pulverizara, pero la velocidad es necesaria.
El objeto se le escapa y rueda por el suelo sin que ella se entere porque pasó. Ambas lo observan realmente sorprendidas, como si hubiera aparecido de la nada.
– ¿Qué hacen en el pasillo a esta hora de la noche? –La voz me sale mejor de lo que imaginé. Más firme de lo que podía haber pedido considerando la situación.
Los ojos se clavan en mí esta vez. La rubia solo estudia la banda propia de mi cargo, la pelirroja ahogó un grito de espanto antes de buscarme el rostro.
–Di-Diana Cavendish– Pronuncia temblando. Yo no la conozco, pero he vivido antes situaciones como esta.
–Regresen a sus habitaciones por favor– Conseguí que sonara como una orden. Se miraron una vez, luego cada una caminó a su propia puerta y las observe hasta que desaparecieron.
Suspire unas cuantas veces, quise reír y me domine antes de hacerlo. Una tontería, una demasiado negra, demasiado peligrosa, tan oscura que incluso olvide pedir sus nombres; pero recordaba sus puertas y definitivamente podía reconocerlas. Ya pediría más tarde que se investigara un poco a ambas por conducta extraña.
Pero aún está oscuro. Las sombras se tragaban la débil luz de la luna y el rastro sigue allí, resonando, demasiado real, demasiado denso, más apremiante que ningún otro lugar que hubiera visto antes. Es más que un mal presentimiento. No hay ninguna pista, no estaba esta mañana y aun no pasa nada.
Algunos sucesos son tan aberrantes, tan terribles, que su eco llega hasta el pasado, y cualquier lugar con la suficiente sangre y el suficiente tiempo resonara. Sé que hay brujas que usan esa oscuridad para hacer magia, magia mala. Estos puntos son poderosos, son energía pura que canalizar si se desea, y si es que se tiene el poder para hacerlo; y solo cosas malas pueden salir de ahí. No sirven para cualquier hechizo, no se podría crear ni siquiera una lucecita usándola, pero se podrían extinguir todas las lámparas del pasillo con facilidad.
Es un lugar peligroso, un mal sitio en que estar y no hay nada que hacer.
Debo continuar mi ronda, cuidarme un poco y prestar atención. Así es la vida, no puede hacerse todo, no siempre hay una salida para los problemas. El mundo es un lugar lleno de luz y oscuridad y solo podemos intentar mantenernos en el área luminosa fingiendo que ese brillo puede salvarnos de las tinieblas.
–Diana– Una voz deformada y profunda murmura mi nombre lentamente.
Un suspiro agudo huye desde el fondo de mi pecho, nunca tuve tiempo de aprender a gritar de miedo como se debe. Siento mis piernas flaquear, ese error tan tonto que jamás consideré siquiera corregir, y me tropiezo.
Los pasos se apresuran en mi dirección. Ya es muy tarde.
Ey, aquí su misero autor ManiacoDepresivo.
Este escrito nace de que me sentí estancado y como escritor nada me horroriza más que estancarme. El cambio de tematica general viene bien y espero que les guste.
También tengo que hacer 5 proyectos de universidad antes del 20 de abril y ni siquiera los he empezado.
Como sea... espero sus reviews y prometo prestar atención a sus consejos
Se despide su magno autor ManiacoDepresivo.
