Más de un tipo de eco.
Siempre tuve la impresión de que esto pasaría. Me equivocaría, me metería en donde no me llaman, tomaría los caminos equivocados y ¡Crack! Tan solo dejaría de ser parte del mundo, y me lo tendría bien merecido; pero jamás imagine que sentiría tanto miedo. Dar algo más de lucha me hubiera gustado, ser tan valiente como para intentar escapar o incluso lo suficiente como para encarar mi final. Nunca pude siquiera suponer la forma en que el corazón trataría de despedazarme las costillas, las delgadas lagrimas que me cubrirían los ojos y mucho menos lo difícil que se volvería respirar.
Supongo que siempre es así, nadie moriría si supiera como lo hará, o nadie moriría tranquilamente cuanto menos. En un sitio oscuro, demasiado grande como para ser solo por mí, ¿Mi alma quedaría atrás penando, necesitada de decir algo? ¿Habría alguna consecuencia por dejar el mundo en este lugar?
– ¡Diana! – Repitió la voz, aguada, apresurada, con miedo y un par de manos intentando darme vuelta.
– ¿At-Atsuko? – Titubeé al contestar cuando la tuve frente a mí, cuando conseguí ver sus enormes ojos rojizos que nunca antes me habían parecido más agradables.
– ¿¡Estas bien?! – Continuó gritando, agitándome por los hombros sin ninguna necesidad y hablando demasiado cerca de mi rostro. Me sorprendió lo poco que me molestaban sus actos.
– ¿Qué haces fuera de tu habitación tan tarde? – Contesté con voz de regaño por pura inercia.
Es curioso cómo reacciona alguien que pensó morir, inesperado sería más apropiado, "irracional y completamente natural" en definitiva. Hace un instante no me quedaba más que aceptar la muerte, arrepentirme y llorar; y al segundo siguiente tenía que seguir con mi vida, cumplir mi deber y descubrir que pese a todo nada había cambiado de verdad. Incluso había que sentir vergüenza por tener un miedo que parecía perfectamente justificado.
– ¿Qué paso? ¿Estas herida? ¿Puedes levantarte? – Demasiado preocupada para mí gusto, lo justo para la situación. Ella no tenía ningún motivo para sentirse asustada, mejor dicho no entendía por qué debería estar asustada.
–Estoy bien, no es nada y si puedo levantarme ¿Por qué estas fuera de tu habitación? – Superé su altura al ponerme en pie. Prefería volver a preguntar, escuchar para evitar hablar. No es algo que quiera admitir pero aun temía que me temblara la voz.
–No podía dormir, pensé que había escuchado tu voz y cuando salí unas chicas se iban y bostece y te vi caerte y… ¿Te asuste? – La pregunta podría parecer irónica, pero su rostro de culpa era bastante para sacarle esa intención.
–Solo me resbale. Es peligroso que estés fuera tan tarde ¿no has escuchado sobre el fantasma de la chica desaparecida? – Intenté una risa que murió en mi garganta. Aún era demasiado pronto para fingir valentía, todavía estaba demasiado lejos de lo que se volvería una anécdota cómica con los primero rayos del sol.
– ¿Tú también la viste? –Silencio.
Cuidado con lo que deseas… Sé que hay cosas que no quiero saber, y sé que hace falta saberlas. Su rostro serio me impidió pensar en una broma. Me tarde en encontrar la voz, luego tuve que buscar las palabras apropiadas.
–Yo… me gustaría escuchar algo más sobre eso… pero no hablemos aquí en el pasillo– Dije con la boca extrañamente seca.
–Po-podemos ir a mi habitación. Sucy y Lotte están dormidas pero podríamos charlar sin ser demasiado ruidosas…
–Debo seguir con mi trabajo– la interrumpí alzando una mano– Pero podrías acompañarme mientas hablamos, está noche hay luna llena y es realmente hermosa– Siempre había sentido la necesidad de justificar las acciones. Yo quería escuchar lo que ella había visto y tan solo podía ofrecerle una linda vista.
–Sí– Respondió de inmediato, seca y concisa como solo ella.
La ventaja de la compañía es lo fácil que puede ignorarse todo lo demás. El solo hecho de tenerla andando a mi lado es relajante, cómodo ¿Qué podría hacer ella frente a un problema? Seguramente poca cosa pero dos sigue siendo mejor que uno. Es algo implícito en la especie: viajar en grupos, pelear juntos, tener tiempo de escapar mientras otro grita. Lo importante es que aquellos que sabían mantenerse rodeados de otros sobrevivieron y marcaron la genética.
La luna es de verdad una belleza. En su mejor punto sobre el cielo, inundando con su luz azulada cada ventana y ni una sola sombra a la vista.
–Y cuéntame Atsuko ¿Qué y cómo fue lo que viste? – No reaccionó, perdiendo la vista en la ventana más próxima. Sé que sus amigas más cercanas le llaman por una inflexión de su nombre– Akko ¿Qué fue lo que viste? – Repetí y por fin pareció oírme.
–P-perdón. Yo… Ah sí, la chica. Bueno, Sucy dijo que estaba loca pero sabía que se equivocaba. Era una chica como de nuestra edad y… Creo que Lotte también lo pensó aunque ella no dijo nada. El caso es que estaba caminando por el pasillo cuando la vi, vestía un pijama blanco ¿o era un vestido? Y caminaba sin mover los pies; grite un par de veces antes de que se esfumara. Ella apareció al inicio del pasillo y… ¿Tú no crees que esté loca verdad? – Paró de hablar. Me tomó un momento comprender lo que decía y que esperaba una respuesta.
–Akko, me parece que te estas desviando un poco del tema– Un infantil brillo de ira apareció en su mirada– No, no pienso que estás loca, pero admito que bromeaba cuando dije lo de la chica.
– ¿Bromeabas? – Repitió raramente sorprendida.
– ¿Qué ocurrió después? – Pregunté solo para evitar el tema.
–Ah sí, ella camino hasta la mitad del pasillo. Paso frente a mi puerta y desapareció en el aire como si nunca hubiera estado ahí– Terminó menos segura de sí misma que al comenzar.
–Interesante…– Murmure lo suficientemente alto para que me escuchara. No pasaba de cuento de fantasmas y aun así me erizaba la piel.
Tal vez fuera por la noche o por el peligro general de un sitio oscuro o por una sugestión personal, pero conseguía asustarme. Es bueno prestar atención a esa clase de ideas locas, a las que aparecen en la cabeza porque sí y es difícil darle sentido. Todo es una cuestión de instinto y los instintos solo existen para ayudar a la supervivencia.
Me recordaba un viejo que cuento que mi tía solía contar para reír. Un hombre va al psicólogo y dice "Doctor, tiene que ayudarme. Cada noche por una semana he soñado que mi casa se quema" El psicólogo intenta calmarlo y hacer que cuente más pero a mitad de la sesión el paciente recibe una llamada. Su casa acaba de quemarse. Ambos se sorprenden por un momento, luego investigan más y resulta que el corto circuito culpable llevaba días a punto de quemarse por las noches, pero afortunadamente solo arrojaba un poco de humo. El hombre lo había olfateado dormido y su subconsciente le había advertido con pesadillas.
–Temo que sea peligroso– mascullé solo para mí, pero ella se encontraba más cerca de lo que imaginaba.
– ¿Ocurre algo? – Pronunció con tono preocupado.
–Solo se trata de una tontería, nada más que un presentimiento– me apresure a responder intentando calmara. No pareció surtir efecto– Tú… ¿Sabes lo que son los lugares oscuros?
La respuesta apareció en su rostro mucho antes de que ella pudiera pensarla.
– ¿Qué es eso?
–Nada importante, una tontería mía. De cualquier modo, se hace tarde y no me gustaría que vayas desvelada a tus clases matutinas ¿Te acompaño de vuelta a tu habitación? – Guié la conversación para no terminar de decir nada. Coloque una mano en su hombro intentando forzar una respuesta más rápida.
–Bien… No ¿Qué son los lugares oscuros? ¿Es algo peligroso? ¿Podemos hacer algo? – Me encaró desde abajo, notoriamente dispuesta a no dejar de preguntar hasta hartarme.
–Ya te lo dije, solo se trata de una tontería. Por favor no te preocupes– Contesté comenzando a andar hacia su habitación sin soltarla, haciéndola caminar con torpeza.
– ¿Qué hay de ti? Estarás desvelada mañana…– Replicó haciendo claro que aún estaba atrapada en el tema anterior.
–Tengo libre la primera hora tras el desayuno por hacer guardia
– ¡¿Qué?! Eso es demasiada ventaja, yo siempre me duermo en la primera clase sin querer… ¿Cómo hiciste para ser guardia? – Se detuvo y giro hacia mí. Era difícil decidir si ganaba tiempo o solo obedecía a lo primero que le saliera de la mente.
–Me lo ofrecieron tras los primeros exámenes. Creo que tiene que ver con las calificaciones– Respondí parada frente a ella, algo más irritada por lo ruidosa que conseguía ser.
– ¡No es justo!... eh… ¿Escuchas eso? – Dejé de respirar al instante, volviendo mi cabeza hacia atrás como si pudiera escuchar con la mirada. No había nada ni podía oír nada.
–Creo que viene por allá– continuó pensando que yo también lo percibía.
–Akko, será mejor que regreses a tu habitación. Las noches son más peligrosas de lo que puedas pensar– Ordené esta vez, pese a la palabrería de sugerencia, tomándola por la mano en un intento de guiarla más firmemente.
– ¿Qué es ese sonido? Creo que está hablando… Diana, creo que puede ser alguien en peligro– Se puso rígida, friccionando con los pies para no avanzar.
–Atsuko, yo no escucho nada– Contesté sin soltarla ni dejar de andar y pude sentirla por fin caminar detrás.
Demasiado desconfiada de sí misma, lo que explicaría la necesidad de preguntarme si la pensaba loca o no. Siempre hay motivos para dudar de nosotros mismos, falta de información, de habilidad, el surgimiento de algún presentimiento extraño; pero hacerlo en exceso es igual de peligroso que confiarse.
No pienso que esté loca, quizá ese sea mi error. No todos pueden ver lo mismo, no todos puedes escuchar los mismos sonidos. Los niños tienen un oído considerablemente más agudo que los adultos y se sabe que a lo largo de la vida se pierde cada vez más ¿Por qué no creo que tan solo escuche cosas? Porque también yo desconfió de mi misma, supongo.
–Akko– la detuve en una escalera, en un sitio donde no la escucharían gritar, lo cual suena bastante más peligroso de lo que es– yo...
–Diana– Extendió mi nombre hasta convertirlo en un chillido agudo– Tú sabes que no estoy loca. Escuché algo ¡Tú estás locas por no haberlo escuchado! ¿Y si había alguien y tan solo no lo notaste? no puedes…
–No creo que estés loca, ya te lo dije– Me apresuré a contestar tomándola de los hombros en un intento por calmarla– Solo quería preguntarte que harás mañana– Añadí antes de que pudiera seguir quejándose.
– Creo que nada fuera de lo común ¿Por q-qué?– Preguntó olvidando sus anteriores quejas.
–Me gustaría que me ayudaras con algo ¿Cuándo fue la última vez que te castigaron? – Hablé inmediatamente, dejando claro que debía retirarme pronto.
–Yo… hace dos semanas, por una tontería sin sentido y…– Trató de justificarse algo avergonzada.
–Perfecto. Recuerda que estuviste fuera de tu habitación hoy. Nos vemos mañana y buenas noches– Corté bajando por la escalera, confiando en que volvería a su habitación.
Siempre había pensado que moriría por meterme en donde no me llamaban, por ocuparme de cosas que no me correspondían y ser demasiado lenta; y aun así estaba por hacerlo. Era mi academia, era mi responsabilidad y no hacer nada era lo mismo que dejar que ocurriera. Tal vez pudiera evitar ese lugar oscuro, tal vez Atsuko fuera la pieza clave para lograrlo.
Hey, aquí su comprometidamente irresponsable autor ManiacoDepresivo con la segunda parte de está historia que me gusta un poco más de lo que pensé.
Siento que tiene un potencial menos volátil que otras cosas que he hecho y, por tanto, mejores bases.
Como sea... Espero sus Reviews, todas las criticas son bien venidas y prometo atenderlas como es debido.
Sin más que teclear se despide su, ocasionalmente responsable, autor ManiacoDepresivo.
