El comienzo de la búsqueda.

¡¿Castigada?! – El chillido suena fuerte y repentino, por algún motivo me evoca una explosión, me hace abrir mucho los ojos un instante y luego sigue quemándose en mis tímpanos varios segundos más.

La luz gris de un triste amanecer flota como niebla en los pasillos, mal presagio según algunos, a mí me gusta, es reconfortante. Hace difícil decidir si se está al comienzo de un nuevo día o al extremo de uno pasado.

Las actividades escolares acaban de empezar hace escasos 10 minutos y los parpados pesados por la noche de insomnio, amenazando con no volverse a abrir a cada pestañeo, me recuerdan que tengo cosas que hacer. La prisa no está de más pero quizá había algún mejor modo porque escuchar gritos no es lo más agradable para empezar el día, y de algún modo todo ese ruido era mi culpa.

Si algo extrañaba de las vacaciones pasadas, y me procuraría en las que vendrían pronto, era sin lugar a dudas la radio pública por la mañana. Empezar el día con la mente en silencio y una voz meliflua explicando todo lo que hace falta saber con tono amable, bromista, incapaz de dar malas noticias al escucha. Riéndose de la cada vez peor tensión política, comentando el clima, mencionando un aparatoso accidente automovilístico cercano, presagiando una tarde fresca y agradable; como para dormir un poco más escuchándole sin que sea una pérdida de tiempo.

La gruesa puerta de madera se está haciendo cómoda y parpadear todavía más peligroso. No estoy acostumbrada a desvelarme pese a mi trabajo, no es que tenga el ciclo de sueño más estable pero destruir el orden me hace mal. Parece una mala idea desde donde se mire y sin embargo aquí estoy, preparando todo para presentar un reporte de mala conducta innecesariamente temprano.

Señorita Kagari, sabe usted que salir durante la noche está prohibido ¿No es verdad? Imagino que habar leído el libro de reglas de la academia como se le solicito la última vez– La voz de la profesora Finneland se dispara por el aire y rebota dentro de la cabeza. Suele darle un toque malicioso a sus regaños pero solo lo hace porque es una educadora que de verdad se preocupa de sus alumnas.

Sí pero…– Intenta de responder Akko como sorprendida por la acusación implícita, olvidándose el ánimo de su primer grito con una facilidad sorprendente.

¿Así que siendo consciente de su crimen aún obra? Y hace a la Señorita Cavendish perder su tiempo sin la menor consideración– Continúa extendiéndose innecesariamente para atraparla con sus propias palabras, es una buena lección.

¿Qué? No, ella… ¡Ella fue quien me…!

Realmente me gustaría tener tiempo de desayunar antes de mi clase ¿Puedo encargarme de ella ahora? – Interrumpo esforzándome por no resultar demasiado grosera, justo a tiempo para evitar que hable de más.

Las miradas vuelan como flechas en mi dirección. Me obligan a preguntarme si acaso me veo mal, solo tuve tiempo de una ducha rápida, un cambio de ropa y unas pocas cepilladas a mi cabello antes de venir aquí, pero ese es mi ritual común; al menos mi voz no está deformada por el sueño y una sonrisa médica permanece en mis labios. No parece que estén realmente interesadas en mí sino solo en seguir la conversación, ni siquiera eso, más bien en distraerse.

Muchos se sorprenderían de lo que están dispuestas a hacer las estudiantes para evitar las clases. La mayor parte con tonterías y juegos infantiles que les ganan segundos, unas pocas osadas fingiendo enfermedades o tan solo escapando a tiempo sin saber por qué lo hacen. Francamente no las comprendo, sin embargo, sería irresponsable suponer que les faltan razones.

Por supuesto, no pierda más tiempo– Concede la profesora con tono amable, tan comprensiva como siempre. Me siento un poco culpable por interrumpir sus lecciones.

Muchas gracias– Contesto inclinando la cabeza y esperando a que Akko camine hasta mí.

Esta vez ella es quien atrae las miradas desinteresadas de toda el aula. Parece afectada por el paseo de anoche, más de lo que cabría esperar, raramente despeinada y con la ropa arrugada; y luce muy molesta. El ceño fruncido, los labios y puños apretados; gestos bastante infantiles, manejables, bastante curiosos a simple vista. No dice nada, solo se para detrás de mí y espera refunfuñando a que cierre la puerta.

Quizá actúa para disimular, quizá yo me pierdo de algo importante, tal vez debí ser más específica la otra noche. Todos esos movimientos de su cara, como hechos para gritar cada cosa que atraviesa su mente, a veces son confusos. Es el recelo natural a creer que lo evidente es la verdad supongo. Nunca fui esa clase de persona, de las que se esfuerzan en dejar ver todo a la primera, y por eso no me arriesgo a creerme nada. Mejor seguir caminando sin distraerse en pequeñeces como esas.

Lenta pero incansablemente los rayos de luz bajan por la pared, se hacen más calientes, cómodos de recibir en la piel, y crean un contraste muy interesante con las zonas que quedan a la sombra. Sería agradable poder sentarse en el jardín a tomar algo o en el estanque de luz de mi ventana. Necesito concentrarme, siento la cabeza perdida y el no dormir no ayuda para nada ¿Realmente hubiera podido posponer esto un poco más? No, es mejor empezar cuanto antes.

Improvisar en este estado tampoco resulta sencillo, así que debo planear bien mis palabras antes de abrir la boca. Siempre hay mucho que decir y poco tiempo, hace falta dar por hecho que ella entiende la situación pero la rara impresión de que está un poco más perdida de lo que pensé anida en mi pecho. Claro que bastaría con una corta explicación para decirlo todo y, sin embargo, eso suena a tontería.

Akko– Empiezo preparada para resumirle los hechos, volviéndome hacía ella justo antes de doblar la esquina.

– ¡¿Castigada?! – Repite con el mismo tono que la primera vez, sobresaltándome y obligándome de nuevo a abrir bien los ojos.

Me inclino un poco hacia atrás para no tropezar. No es muy amenazante pero su reacción es inesperada, obvia en retrospectiva; me obliga a mirarlo todo de nuevo. Tengo un poco de miedo. Siempre es extraño descubrir tan repentinamente un sentimiento como ese, porque todos los síntomas se encuentran a la vez; el aire con aquel particular sabor amargo que sabes que siempre estuvo ahí, la inexplicable opresión en el pecho venida de la nada, la ropa que tanto acostumbro usar dejando de ser cómoda de un segundo a otro. Claro que no le temo a ella, sino a la situación. Solo debe ser otra consecuencia de pasar la noche en vela, es mejor pensar así.

¡Tú fuiste quien me dijo que te siguiera! Yo solo salí a ver qué pasaba y… ¡¿Por eso me preguntaste cuando me habían castigado?! – No da tiempo a explicaciones, se revuelve en si misma nervios, más bien asustada. Imaginé que estaría más acostumbrada al proceso, que un castigo más no sería la gran cosa.

De acuerdo, solo déjame…

– ¡No puedo creer que me castigues! – Interrumpe otra vez, solo se detuvo a tomar aire; es difícil decidir si es miedo o tal vez ira pero araña nerviosamente su manga izquierda. De no ser porque lo primero es callar sus gritos me sentiría más preocupada viéndola así.

Por favor baja el volumen. Es importante que…

¡Fue una trampa! ¿Por qué? ¡Pensé que éramos ami…!

Esta vez soy yo quien la interrumpe. Desenfundar la varita y pensar en algún hechizo no parece lo bastante eficiente como para hacer el esfuerzo, así que quedaba descartado silenciarla con magia; pero había un método mucho más fácil. Tan solo cubrir sus labios con la palma de la mano, empujarla tan suavemente como permitiese contra el muro y clavar mis ojos en los suyos para obligarla a mirarme. No es común que lo use pero alguna vez funciono con Hannah.

Los segundos se alargan en momentos así. Sus pupilas se expanden por la sorpresa intentando tomar más detalle de los objetos cercanos, el movimiento de su mandíbula se para en seco con los labios separados, su respiración se corta y reinicia ante el tacto. No es una mala técnica si se emplea en el momento correcto. De todos modos hace falta hablar rápido.

¡Akko, escúchame! –Grito entre dientes tratando de no perder los nervios–No tenemos mucho tiempo, solo vamos a…

Los reflejos me apartan la mano de su boca como si se accionara un resorte. Tardo una fracción de segundo en comprender lo ocurrido y otra más para empezar a buscar la razón; más temblorosa de lo que es decente, con un pulso destrozado y el alma sobrecogida, intento ver la palma de mi mano. La imagen resulta bastante desagradable aun cuando ya sabía que encontraría. Ella me lamió.

De pronto su rostro se deforma en mil pequeños gestos extraños que no puedo comprender. La sensación viscosa de su saliva contra mi piel se hace fría y me asquea más de lo que me sorprende. No puedo correr a lavarme como deseo, no puedo dejar la conversación y esconderme a buscarme un destino mejor que la obligación pero tampoco puedo encontrarme la voz.

¿M-me lamiste? – Pronuncio con el tono agudo que las situaciones bizarras producen.

S-sí pe-pero… ¡pero tú me tapaste la boca!– Vuelve a replicar con un enojo confuso, desesperado, arañando nerviosamente sobre su manga nuevamente – ¿Qué esperabas que hiciera?

¡Pues no lamer mi mano! – No soy buena para gritar, tengo la mala costumbre de hacerlo sin terminar de abrir la boca, pero me parece que la tensión de mis manos basta para explicar lo que pienso.

Cerrar los ojos y respirar profundo es útil para multitud de cosas, bueno para centrarse e ignorar por un momento todo lo que acaba de salirse de control y que de no manejar bien golpeara con fuerza. La sombra de su lengua no desaparece, pero ya no puedo permitirme tanto tiempo para tomar una decisión.

Bien, de acuerdo, no es para tanto… solo tengo que lavarme. Acompáñame al lavabo y hablaremos– Me sorprendo yo misma de la eficiencia del plan al escucharme–No nos queda mucho tiempo y por favor cierra la… boca unos minutos– Alcanzo a arrepentirme de una palabra antes de arrojarla. Finalmente silencio. Solo posa sus grandes ojos acristalados sobre mí antes de que me dé vuelta y escucho sus pasos detrás cuando empiezo a andar.

Supongo que no es mi idea de una buena mañana, un lindo día y una situación que te recuerdan que no deberías bajar la guardia demasiado; mis amaneceres suelen ser más tranquilos. Algunas veces me da tiempo de un buen desayuno y una conversación agradable, otras de un sueño reparador y la cantidad necesaria de soledad, pero siempre más tranquilos. Esta vez y por pura casualidad del destino estoy en medio de algo importante.

Nuestra conversación no tendría por qué ser muy larga, si acaso privada, y el cuarto de baño parece un lugar realmente bueno a esta hora. No se me ocurren formas apropiadas de explicar lo que hace falta, es decir ¿Cómo debería comenzar? "Ayúdame con algo que no entiendes porque no hacerlo es irresponsable" No servirá, ella pide demasiadas explicaciones, lo que es bueno cuando sobra tiempo y terrible cuando no. Tendré que distraerla con otra cosa y tener algo de fe.

Los pasillos del lado oeste son largos y silenciosos entra clases, fríos, húmedos, raramente acogedores. Cruzamos uno completo en lo que me esfuerzo en pensar algunas palabras bonitas de preludio. No consigo nada. El cuarto de baño está frente a nosotros al siguiente instante y me tomo el tiempo de abrirle la puerta para dejarla pasar primero como una persona educada lo haría.

Queda otro momento para buscar un comienzo, tan solo lo que me toma mirar el espacio visible bajo la puerta de cada cubículo deseando no encontrar ocupado ninguno y poner el cerrojo a la entrada. Todos están libres y yo no sé qué decir, al final no importa. No es el largo de la caída lo que te mata, sino la fría y dura superficie al fondo. Es importante la manera de decirlo sí, pero endulzar las malas noticias solo ayuda antes de llegar a la dolorosa comprensión del final.

Perdón– Masculla con timbre afectado cuando ya estoy frente al lavabo. La idea de que está al borde del llanto me llena de culpa y de pronto no me atrevo a encararla para comprobarlo.

Escucha Akko, de verdad lamento lo del castigo. Pensé que te importaría menos– Me concentro en la mirada de reproche que me arroja mi propio reflejo para no tener que verla a ella. Debí haberlo sabido.

Está bien– Murmura y consigue que me sienta considerablemente peor. No enciendo el grifo hasta oír su voz, pero inmediatamente después me concentro en frotar mis dedos como se debe entre el agua y el jabón, minuciosamente para no tener que pensarla más.

Por cierto aquí es donde todo se complica un poco…Necesito ayuda para cazar un fantasma– Soltar los motivos sin pensar en la caída y darse una vuelta en lo que llegan hasta el fondo. No miro su rostro pero seguramente todo su proceso mental está perfectamente estampado en él.

Supongo que hay algunas cosas que aclarar cuando se trata el tema. Los fantasmas son criaturas con hábitos repetitivos y con la suficiente insistencia, suerte y talento, puedes arrancarle algunas palabras a alguno. No cualquiera puede hacerlo pero sé que ella sí, incluso convenció a uno especialmente denso, uno que todos podían mirar lo que curiosamente lo hace más fácil, de dejar una maldición centenaria. Es bastante talentosa y con un poco de entrenamiento podría ser increíble.

Claro que el talento es buena cosa, pero también hay otras maneras de ver más allá de los ojos. Está una magia algo turbia, más exhaustiva que complicada, que no me arriesgaría a hacer; también conocer el nombre preciso de a quien se busca, cosa que la mayor parte del tiempo resulta imposible y funciona con casos realmente malos; o usar un poco de tecnología.

Hay una cosa más pero debes prometer no hablarle de esto a nadie– Decirlo es más bien una formalidad, aun así debo pararla con un gesto antes de que abra la boca. Tengo que hacer un movimiento incómodo para sacar el artefacto de mi chaleco, no lo había guardarlo en mi bolsillo, después de todo iba contra las reglas– Usaremos un celular.

Tan solo un teléfono móvil, un aparato francamente impresionante, repleto de funciones magnificas y atajos rápidos que apenas entendía por haber leído el manual. No me gustaba nada. No me llevo bien con la tecnología, y la tecnología generalmente no se lleva bien con la magia, pero eso no significa que no pueda ser útil. Me siento un tanto culpable por haber estado guardando algo así al fondo de mi baúl estos meses; fue un regalo de alguien especial y solo lo empaque como un recuerdo cuando decidí que tenerlos era importante. Nunca pensé que tendría que usarlo.

Una cámara simple es esencialmente un juego de espejos, luz y electricidad; y una sorprendentemente compacta viene con los teléfonos. Espejos, campos eléctricos, tipos de luces invisibles al ojo humano y una pizca de física clásica; eso debería ser lo bastante bueno si se usa en el momento justo. Aquí en la academia no sirve para mucho más después de todo. No hay señal para hacer llamadas ni puedes usarlo para entretenerte porque atraer demasiada atención sería un problema; y de cualquier forma nunca me he sentido seducida por lo digital.

Sus ojos se concentran agudamente en el móvil, quizá reconoce de marcas y modelos, campo que yo ignoro por completo, o tal vez solo está impresionada por el reglamento infringido y debate consigo misma si debería reportarlo. No creo que lo haga, pero esa mirada tan raramente centrada me da escalofríos. Tal vez es lo antinatural de la luz blanca con que se ilumina todo, quizá se trata del cansancio o saber que hago algo que no debería, pero de hecho me siento… nerviosa. No es bueno ignorar un presentimiento tan fortuito, y no hay tanto tiempo como para obedecerlo.

Siempre creí que los teléfonos estaban prohibidos– Suelta algo más calmada e interesada en el tema– Dejé el mío en casa y de verdad me hubiera sido útil para estudiar o distraerme un poco o…

Están prohibidos, por eso es que no debes decírselo a nadie– Apresuro comenzando a sentir el dolor de cabeza que viene con un insomnio prolongado.

Espera… ¡¿Cazar fantasmas?! – Pregunta por fin como si acabara de escucharlo. Creo que ella tampoco durmió demasiado tras nuestra charla.

¿Recuerdas cuando te pregunte por los lugares oscuros?– asiente con la cabeza– Bien ¿Cómo explicarlo?... digamos que existe lo positivo y lo negativo, lo que genera emociones fuertes y desagradables. Miedo, ira, sufrimiento, dolor, pánico; todo eso deja un rastro que puede percibirse si intenta encontrarse, se parece a la oscuridad así que les llamé así. El asunto es que también pueden indicar algo malo que aún no ocurre, y tengo la impresión de que está relacionado con la chica que dijiste ver– La explicación veloz no ayuda mucho a que suene bien, pero tampoco creo que una más largo lo haga fácil de explicar. De pronto siento algo de sincera empatía por ella, porque al escuchar mis propias palabras entiendo el miedo a que te piensen loca.

El aparato es bastante intuitivo y me parece que podría usarlo aun sin haber leído el manual. De todas formas me causa cierta incomodidad la vertical pantalla táctil y las muchas opciones convertidas en iconos. Usando las dos manos para sostenerlo y con un poco de concentración no resulta muy complicado dar con la silueta de la cámara fotográfica que abre la aplicación.

¿Por qué? – Inclina la cabeza confusa, tan fácil de leer que enciende todas mis alertas de peligro; o quizá es ese algo en el aire que prefiero ignorar. El instinto me obliga a comprobar otra vez todo cuanto llega a mi vista. Nada ha cambiado.

El pasillo está bastante oscuro. De un día para otro se puso así y dices que viste a una chica ahí. Más que nada es la oportunidad de obtener un poco de información y decidir cómo actuar…

No, es decir eso también pero ¿Por qué yo? – Corrige con voz seria, concentrada ¿Será que ella también siente lo mismo en el aire?

Bueno… creo que eres buena para esto. Lo has hecho antes, tú la viste y escuchaste y además eres agradable, seguro que te va bien charlando con extraños– Contesto tratando de darle sentido a los motivos– Aunque claro, si es que prefieres evitarlo no te obligare, solo no se lo digas a nadie por favor.

No, digo sí. Lo haré– Responde juntando las manos y apartando la mirada, complacida, diría yo. No sé si accede por el halago o porque le interesa, y podría ser útil saberlo. Para ella debe ser un juego, no me parece que mi explicación ni la situación den para entender la magnitud del asunto, y aun así aprecio el compromiso.

Nuestros reflejos emborronados aparecen por un segundo en la pantalla, luego la toma se enfoca y adquiere una calidad muy agradable. Comienzo a caminar hacia atrás intentando obtener una vista más amplia. El cuarto de baño no es precisamente pequeño y tengo que retroceder varios pasos para conseguir una imagen lo bastante grande. Un flash inesperado y un ruido digital propio de una cámara más antigua aparecen al tocar el botón. Mis manos tiemblan por la sorpresa y esa reacción me hace sentir como una niña pequeña, avergonzada, extrañamente indefensa ante un mínimo despliegue de tecnología.

Entonces miro lo capturado y siento el piso desaparecer bajo mis pies, ese vacío en el estómago que solo las meteduras de pata más exquisitas consiguen. Mi mirada va y vuelve de la única salida que acabo de cerrar como un látigo. La sensación condensada de todo lo extraño en el día es sobrecogedora, es como el sabor de la medicina para niños en la boca, tan dulce como puede ser lo amargo; o el aroma químico del baño recién lavado, denso y embriagador. Probablemente chillé sin darme cuenta, porque Akko está a mí lado al siguiente momento observando también la pantalla del móvil.

Un simple cuarto de baño de suelo blanco y muros verdosos, un gigantesco espejo que de pronto parece especialmente inútil, algunas letras difíciles de leer repartidas por el lugar en las que apenas puedo reparar, porque es de verdad difícil desviar la mirada de la sonrisa afilada y los ojos de demonio que asoman sobre una de las puertas.

Cruje el seguro de un cubículo al abrirse.

Todo el sueño se esfuma de mi cuerpo en cuanto comienza la risa.


Hola a todos queridos lectores, los saluda su, por mala suerte, supersticioso autor ManiacoDepresivo.

Saben, tardé mucho haciendo esto. La primera vez lo tenía por la mitad y entró un virus a mi pc y se borró todo, luego lo dejé por puro desanimo y cuando lo retomé me enfermé un par de días y escribí y corregí algunas lineas febriles.

Sobre mis proyectos escolares, básicamente todos se cancelaron por la cuarentena; así que recuerden lectores, si esperan lo suficiente todo se solucionara solo (este mensaje no es aprobado ni respaldado por esta cuenta).

Como sea, espero que lo disfruten y dejen algunas reviews.

Se despide su, afortunadamente no creyente en la fortuna, autor ManiacoDepresivo.