Demasiado tarde para arrepentirse.

Hay algo muy particular en ese escalofrió que te sacude cuando el pánico se cuela bajo la piel. Comienza en la garganta y baja con el tacto de un cubo de hielo, revuelve el estómago hasta que quieres vomitar, aunque nunca hay bastante tiempo para eso. Es como ver tu propia sangre en una herida superficial, entiendes que no es nada de qué preocuparse pero aun así algo desde muy adentro no deja de gritarte peligro contra la oreja. Casi doloroso.

Yo no soy buena para actuar rápido. Admito que no es la mejor de las reacciones pero a menudo me quedo quieta tratando de armar un plan y espero por una buena oportunidad o algo de suerte. Suele salir bien.

Sé que Atsuko es una persona muy distinta a mí pero de verdad me sorprendió verla correr. Que huyera, o lo intentara ya que la puerta estaba cerrada, me hubiera parecido natural, entendible, predecible. Por eso cuando escuché el golpe de su hombro contra la puerta del cubículo y el grito sorprendido del otro lado fue tan impresionante, incluso más el ruido que la visión. Me parece que ella tampoco pensó mucho antes de actuar.

La puerta se abrió lanzándola hacia atrás, empujada por la inercia y la furia de una chica pelirroja. Los ojos de demonio seguían ahí pero ya no se reían, ahora se quemaban furiosamente y me sentía más cómoda lidiando con eso. La calma confería cierta superioridad, una para nivelarse con el pequeño detalle de que nos hubiera encontrado rompiendo una regla importante.

¿Así que espiando en el baño y saltando clases? De verdad has caído bajo O´Neill– Palabras cuidadosamente escogidas, con el tono necesario para concentrar su atención en mí y no en la castaña que solo en el suelo empezaba a preguntarse por qué había hecho lo que había hecho.

¿Así que ocultando un celular Cavendish? Qué forma tan aburrida de romper las reglas, pero funciona, supongo– Una mirada demasiado filosa para una voz tan calmada, con esa violencia implícita que te incita a no adelantar mucho. No parecía muy difícil hacerle perder los estribos.

La meta no era romper reglas, así que tampoco esperaba que fuera divertido–Enfadarla no terminaba de parecer buena idea, solo era un poco mejor que dejarla pensar.

Y que tenemos aquí ¿Cuántos castigos van Akko? Siete, tal vez ocho… Este mes quiero decir– Si acaso seguía enojada, ya no lo dejaba ver. La sonrisa volvía a sus labios, esta vez malintencionada y corrosiva– Me pregunto qué te harán cuando descubran en lo que andas metida ¿La expulsión sería demasiado?

Amanda, no lo harías…– Empezó la asiática sin saber cómo terminar su oración, con esa duda temerosa que es tan sencilla de distinguir en la voz y aún más fácil de aprovechar.

Me siento generosa, así que claro, podrías decirme de que se trata todo esto y quizá…

¡Vamos a cazar un fantasma!– Gritó poniéndose de pie y pasándome la palabra a mí. No me volví para verla, pero tuve la impresión de que lo hizo para escudarse de la americana.

¡Akko! – Intenté regañar un poco, no convenía enojarse ahora– No es nada que quieras saber– Pronuncié volviéndome hacía la pelirroja. Sentía la necesidad de amenazarla un poco y había mejores modos de hacerlo, pero no quería convertir una conversación en una pelea, no todavía.

Pues yo creo que sí– Espetó rápidamente, peligrosamente interesada. Tenía que haber escuchado la explicación, después de todo se había escondido deliberadamente en el cubículo, pero quería que lo repitieran; y nunca hay que darle a alguien lo que quiere si no sabes para que lo quiere.

Escuchaste querrás decir. Apresuremos un poco las cosas ¿Qué estás tramando O´Neill? – Dejó de sonreír y observó fríamente, más acusadora, más consciente de su propia debilidad.

No me sentía particularmente orgullosa del hecho pero yo tenía cierta credibilidad entre las docentes, toda la que le faltaba a la pelirroja. También tenía a Atsuko y, aunque tuviera que decirle exactamente que decir e inventar un buen motivo por el que estuviéramos en esta situación, ella era un testigo a mi favor. Una mentira blanca y nada más, luego O´Neill dejaría de ser un problema.

Me seduce la idea de acusar a ambas, hacer que Akko se delate cuando olvide que le dijiste que dijera y reírme del asunto– Estaba relajada pese a todo, pero no era momento de relajarse y eso convertía su actitud en un engaño obvio. Y esa obviedad era tan peligrosa como ella quisiese.

¿Pero? –Pregunté imitando sus gestos.

Pero no estay interesada en hacer daño y parecía interesante, digno de escucharse; me hace preguntarme ¿Por qué la chica que no rompería las reglas ni para salvar a su madre haría algo así? De Akko es casi obvio– Supongo que todos tienen un algo que les irrita especialmente, y yo no quería tolerar la mala educación.

¡O´Neill, tú!... Te esfuerzas mucho en ser desagradable. Tenemos ya bastantes problemas como para esto ¿Qué quieres? – Pero no era un ofrecimiento, sino una oportunidad para que evitara que esto llegara hasta el final.

Saber, un poco de información y nada más.

No.

Pero debes prometer no decirle a nadie más– Akko de nuevo, accediendo sin siquiera negociar un poco. Ellas eran amigas hasta donde sabía, quizá menos cercanas de lo que había imaginado; y siempre me pareció que ella estaba demasiado dispuesta a arriesgarse por sus amigas, aun si eso la dejaba en una posición tan mala como esta.

De todas formas ya era tarde, supongo.

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Siempre le había parecido que la vida era un poco incompleta. Triste incluso en los momentos de alegría o triunfo, alegre cuando el sufrimiento era tan extendido que todos estaban juntos. Nunca nada completo. Algunas veces se conformaba pensando que era el recuerdo de una idea tonta en su pasado, otras tantas, solo apartaba la idea y seguía andando sin dolerse de esa espina; pero a veces pensaba que era algo sobre ella, algo lejano e importante. Debía tratarse de un asunto muy antiguo, tan viejo que no valía la pena preguntarle a nadie que pudiera responder, y de vez en cuando despertaba con la impresión de que era su deber averiguar que era ese algo.

Abrió los ojos muy entrada la noche, sin moverse de su lugar ni buscar el reloj. Sabía que sus compañeras aun dormían, sabía que era tan tarde que solo las vigilantes debían estar despiertas y sabía que debía quedarse en su cama hasta que amaneciera, pero había ese algo extraño en la luna que le hacía querer levantarse.

Siempre había soñado con una gran aventura, algo que contar y que costara creerse y de lo que pudiera sentirse orgullosa más tarde, algo completo. Nunca había sido muy reconocida ni habilidosa ni inteligente y no podía cambiar eso, pero podía suplir con valentía esas carencias. Siempre había sabido que tenía que llegar a un destino e iba por la vida tropezando en su búsqueda.

Ya estaba de pie y lo bastante vestida para salir cuando consideró despertar a sus compañeras. Ya la habían visto intentar huir en mitad de la noche y alguna vez había soltado algunas malas explicaciones cuyo mejor fundamento era "Hay algo que no sé qué, que hay que encontrar". Desechó la idea y abrió la puerta tan silenciosamente como podía, lo había practicado ya muchas veces.

Siempre cargaba en su mochila una cuerda, una diminuta lámpara de baterías, un bolígrafo y el cuaderno donde había escrito todos sus presagios de aventura y los sueños que le indicaban en camino; hacía semanas que la sensación se había vuelto más fuerte. Cargaba también su confiable varita al cinto, claro está.

No era la mejor con la magia pero depositaba su fe en que su valor pudiera suplir esa menudencia. Tal vez intentaría hacer un mapa, quizá habría algo que dibujar o un acertijo que resolver. Solo debía respirar y seguir sus instintos y encontraría eso que tantos ayeres llevaba perdido. Probablemente se toparía con la llave a una aventura incluso más grande y debería entonces buscar la puerta y esta vez sí procuraría la compañía de sus amigas. Sería reconocida por siempre como la que logro algo imposible, estaría completa.

Los pasillos oscuros despeinaron su cabello con un viento venido de ninguna parte y le hicieron desear haber traído un abrigo. Su brújula personal la había conducido al este pero, entre las sombras y la triste luz de la luna, había perdido el sentido de la orientación.

Al principio había cruzado unos pasillos rápido y esforzándose por no toparse con alguna vigilante que acabara con todo, una de sus compañeras le había proporcionado inconscientemente toda la información sobre los recorridos que necesitaba, luego había empezado a deslizarse con cuidadoso silencio y menos precaución. Siempre atenta, buscando cualquier coincidencia que cambiara su rumbo.

Bajó varias escaleras, las suficientes como para decidir que tenía que escribir el numero en su cuaderno, después empezó a anotar hacia donde había dado vuelta en las esquinas, cuando le parecía que lo necesitaría para regresar aun con luz; y finalmente comenzó a describir sus impresiones, cuando temió que pudiera olvidar algo de la excitación que la invadía.

Entonces se encontró frente a la puerta, sin haber avistado el más mínimo indicio de una llave.

Una estructura magnifica ennegrecida por la noche, reflejando los pálidos rayos de la luna en sus relieves. Era imponente. Estaba conectada a ese algo que se había perdido hacia tanto, podía sentirlo en su fuero interno. Tenía también que haber un jardín cerca, aunque la vista no le diera para encontrarlo, porque podía además oler las rosas y el aire estaba húmedo.

No era muy buena para los hechizos de luz así que ni siquiera lo intentó, buscó la linterna de baterías que había traído de contrabando y apuntó primero a los lados, justó como había imaginado que debería ser el preludio antes de ver lo de verdad importante. Unas viejas escaleras de ladrillos de piedra rotas se descubrieron en la esquina. Una cosa muy grande, o un hechizo muy potente, tuvo que haber pasado por ahí como para dejar esa marca.

Se tomó algunos minutos para dibujar la puerta y otros tantos para escribir aparte los muchos caracteres que no entendía. Pensaba que serían una lengua antigua y olvidada pero en realidad deseaba que fueran un acertijo o algo parecido. Siempre había amado las pruebas de inteligencia.

Escuchó el eco de algo arrastrarse, lento, pesado, una sola vez. La linterna se escurrió entre sus dedos cuando eligió cubrir su boca para no gritar. Se volvió un poco en todas direcciones, con la mente preparada para arrojar un hechizo mortal desde su varita cuando distinguiera algo en la oscuridad, en cuanto pudiera inventar uno y pudiera recordar como sostenerla.

Podía escuchar su propio corazón, apunto de explotar dentro de su pecho rígido, un instante de calma solamente; luego volvió el sonido. Distinto de un segundo a otro, veloz, fuerte, furioso. Intentó tomar su varita del cinturón y tuvo que tirar con fuerza para conseguirlo, supo que la prenda se había roto pero no le importó. Apuntó de nuevo a la nada, tratando de distinguir desde donde venía todo ese ruido. Silencio.

La oscuridad volvía a serlo todo y se sentía más sola que nunca, abandonada. Se agacho a recoger la linterna, palpando entre las grietas de la fría roca hasta dar con ella, y se puso de pie con una risa nerviosa atorada en la garganta. Solo había sido una prueba.

Se trataba de un juego para buscar al cobarde y ella no era ninguna gallina, ella únicamente era valiente y estaba orgullosa de ello. Ella no le tenía miedo a nada. Era la prueba de la puerta, tal vez incluso la llave, el inicio de la más grande aventura que ocurriría jamás nunca y su valentía había sido lo necesario para vencerla. Era un buen presagio, un momento de triunfo y alegría, y le costó encontrar tristeza en esa sensación, un paso camino a la plenitud.

Encendió la lámpara dispuesta a afrontarlo todo, y entonces pudo ver a la criatura.

No supo describirla, pero tuvo la impresión de que llevaba mucho tiempo ahí, esperando, aguardando por quien se atreviera a pararse frente a aquel portal. No era la mejor voladora, ni siquiera había traído su escoba; no era la mejor con la magia, no podía ni empezar a imaginar algún encantamiento capaz de dañar a aquella bestia, pero siempre había sabido confiar en su valentía.

Respiro hondamente, deseó encontrar el suficiente temple en su corazón y se volvió para correr, soltando una vez más la linterna, deseando tener la buena suerte de volverla distracción.

No hubo tiempo de gritar. Tropezó con algo parecido a una raíz y descubrió al golpear el suelo que también había roto su bolso. Sintió la sangre propia manchando sus manos, pegajosa y caliente todavía, pero no supo de donde venía. Palpó puntas frías y filosas a su alrededor y luego un solo segundo de presión contra su espalda, un calor absurdo en medio de la noche. Pensó que ahí radicaba esa tristeza, la que le había faltado a la anterior alegría, esa que había estado con ella desde siempre y ahora la acompañaría por toda la eternidad.

Entonces hubo oscuridad y silencio, y luego vio lo que pasaba; pero ya no pudo reconocerse a sí misma.

Supo que nunca podría estar completa.

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La sensación en el pecho avisándome de que algo andaba horriblemente mal ya se había vuelto costumbre, acentuada por los días y el pensamiento. Almorzando con mis mejores amigas, comentando alguna cosa poco importante y muy agradable de escuchar, todavía no me la podía sacudir. Parecido a nauseas pero sin poder vomitar o a un diminuto fuego en la boca del estómago; solo un recordatorio persistente de que había cosas que hacer y pasarla bien era una pérdida de tiempo.

El problema de meterte en lo que no debes es que después no puedes salir, no si tienes una pisca de conciencia, no hasta llegar al final y aun ahí es difícil volver. Sentirse así no era tan malo después de todo, lo único peor que pensar mal ante el peligro es no hacerlo.

El peligro real siempre estaba en sentirse demasiado segura, adelantada, confiada en un plan; y de golpe te enteras de que los problemas vienen de otro lado y no eres lo bastante rápida como para salvarte. Mientras des pasos pequeños puedes ser precavida pero apenas un poco de distracción es suficiente y te rompes la nariz con lo que ha salido mal por tus descuidos.

Una chica había muerto.

Eso marcaba una diferencia importante. No era nadie que conociera, nadie a quien pudiera hacer siquiera en el mundo y, aun así, me importaba. Corrió entre las estudiantes como un rumor, casi un chiste e incluso escuché a una chica bromear sobre eso y lo aburrido de las clases. Solo una tontería hasta que otra maestra entró al aula y le murmuro cosas al oído a la que impartía la asignatura. Fue hasta ese momento cuando se terminó de declarar el incidente como una verdad completa, justo cuando ya todos lo sabían y apenas empezaban a tratarlo de secreto.

La inocencia es muy distinta de la ignorancia. Cuando se es ignorante es una decisión raramente consiente. Sabes que hay cosas que es mejor no saber, sabes con certeza aun cuando ante los demás debes decir que solo intuyes, que te hará mal terminar de conocer y por eso evitas. Cuando se es inocente no se sabe que va a doler y que no, y por eso a menudo se termina en medio de los rosales sufriendo las espinas porque solo se consideraron las rosas. Yo no era inocente, yo sabía que iba a doler; y aun así estaba a punto de abrir la boca.

¿Alguna escuchó algo sobre la chica que… encontraron? – Esos temas por lo general se evitaban en la mesa. A mí no me resultaban particularmente atractivos, a Barbara la horrorizaban y a Hannah de verdad le encantaban los casos morbosos. No pensaba mal de ella por eso, francamente podían ser muy interesantes si se estudiaban a profundidad y despegadamente, pero yo nunca había tenido el estómago para hacerlo.

Te refieres a la que encontraron muerta– Contestó sonriendo ampliamente, mirándome pero eligiendo sus palabras un poco más para Barbara que para mí. Le gustaba demasiado incomodarla con esa clase de cosas, algunas veces era gracioso.

Yo no escuché nada– Apresuró la otra con la voz temblorosa, incapaz de tratar el tema con indiferencia. Probablemente lo sabía todo del caso a estas alturas.

Así es, aunque no estoy segura de que sea el mejor momento para comentarlo. La verdad estoy bastante interesada– También miré a Barbara, aunque respondiéndole a la pelirroja. Me sentía preocupada de decir ciertas palabras frente a ella. Nunca me había atrevido a preguntarle por qué le afectaba tanto, ni a imaginarme un motivo.

Bueno, supongo que podría decir algunas cosas. Veamos, sé que había bastante sangre en lugar y…– Cortó al notar que la otra chica ya estaba de pie, con el rostro desencajado y la mirada nerviosa. Era lo que esperaba.

Debo ir al tocador. Volveré pronto– Se excusó atravesando la habitación rápidamente. Compartimos una sonrisa, más por complicidad que por diversión, y nos miramos a los ojos. Definitivamente sabía algo.

Así que…

Las maestras ya se ocuparon del cuerpo y lanzaron alguna ilusión rápida encima. Se rumora que fue algo realmente grande por como la dejó. Pude conversar con una chica que dice haber hablado con quien la encontró. Parece que fue una de sus compañeras de cuarto. Dicen que paso diez minutos vomitando pero pienso que exageran. Ahora ¿Por qué te interesa el caso? – Pareció algo más expectante al preguntarlo, raramente agradada, evidentemente divertida. El deseo de encontrar a alguien con los mismos intereses, supongo. Responder la verdad no era muy buena idea, solo apenas un poco mejor que tratar de mentirle.

Me preocupa. Es bastante malo ya que una chica muera y supongo que tendremos que cambiar la política de vigilancia– Saltar a otro tema en cambio me sonaba muy adecuado. Su gesto se transformó al escuchar eso, inesperadamente a decir verdad. Nunca me había tomado demasiado tiempo para mirar a que cosas reaccionaba mejor o peor.

Vas a dejar de salir por las noches ¿No? – Preguntó con la mirada enrarecida.

No lo sé, si hace falta me asegurare de proteger a tantas personas como pueda– Sonreí intentando calmarla, era una técnica barata de enfermería pero muy útil. Anteayer había sido mi descanso, ayer simplemente pidieron a todas las vigilantes que se quedaran en sus habitaciones, hoy nos enteramos porque; pero no quería prometer nada.

Diana, no deberías salir sola con algo así– Hablo de inmediato, desechando por completo el esfuerzo de justificarme.

Es bastante raro que algo así ocurra tan repentinamente. Es importante descubrir por qué.

Las maestras pueden hacer eso, o las otras– Gruñó algo más molesta– No quiero que seas tú– Añadió en un murmullo. No quería que fuera yo, y yo no quería preguntar a qué se refería con eso.

Vamos, no pasara nada.

¿Hay algo que no quieras que sepamos? – Preguntó con los ojos repentinamente muy abiertos, como si acabara de notar algo evidente. Debía haberme equivocado en algún punto, quizá demasiado esfuerzo por parecer tranquila, quizá no el suficiente. Ella estaba preocupada y no había nada con que calmarla.

No es poco común pero tampoco es algo de todos los días, deja un sabor extraño en la boca. Se sentía raro porque lo sabía pero es la clase de cosas en las que no se reflexiona mucho, ella estaba preocupada por mí. Era obvio que tendría alguna opinión al respecto, yo estaría de verdad contrariada si ella quisiera hacer algo tan tonto como pelear contra algo que mato a una estudiante e intentaría detenerla; pero ella no era yo, y yo necesitaba respuestas.

Seguía con las pupilas sobre mí, como si con la suficiente concentración pudiera leerme la mente, y no estaba completamente segura de que no fuera a lograrlo.

Hannah, tan solo es parte de mi trabajo. Te prometo que no me arriesgaría innecesariamente– Había que decirlo con más seguridad de la que sentía, no terminaba de ser una mentira, pero arriesgarse siempre era necesario si se quería hacer algo.

Si pasa algo, sabes que puedes contárnoslo ¿verdad? – Era la súplica en sus pupilas, ciertamente tierna. Siempre había sabido despertar en mí un poco de instinto maternal.

Nunca te ocultaría nada que te hiciera mejor saber– El deseo de mejores palabras, de sonar natural ante todo aunque ambas sabíamos que había algo más.

– ¡Cavendish! Tenemos que hablar.

Sin tiempo para mirar de quien se trataba, solo el suficiente para concentrarme en no tropezar un par de veces cuando comenzó a arrastrarme por la muñeca. Seguí mirando a Hannah un poco más antes de pensar siquiera en darme vuelta, parecía realmente sorprendida. Esperaba si acaso verla molesta por la interrupción, incluso un poco de berrinche infantil que tendría que tratar cuidadosamente más tarde, pero me pareció más bien asustaba. Fue entonces que me preocupe de verdad.

Otra pelirroja al darme vuelta, una alta y mucho más fuerte que yo, con ojos de demonio y sonrisa peligrosa que ahora apuntaba a mi amiga en la mesa, hecha para invitarla a seguirnos y advertirle que no era buena idea al mismo tiempo. Al menos se trataba de alguien a quien conocía.

Una chica interesante, por decir algo. Hacía un par de días que había empezado a tratar con ella. Buena para hacer preguntas, con tendencias violentas, sabía escuchar con atención y no revelaba nada si no era necesario, ni siquiera a nosotras. No era la mejor para charlar, podía decirlo aunque solo nos habíamos cruzado dos veces desde el primer día y escasos minutos; claro, tenía también un muy cuestionable y retorcido sentido del humor que no perdía oportunidad de mostrar. Siempre parecía saber algo más y me ponía nerviosa, hacía difícil investigar debidamente.

Me recuperé como para hacer algo hasta que estuvimos fuera del comedor. Atsuko ya esperaba ahí.

¿O´Neill?

Vaya Lady Di, pareces sorprendida, y eso que hiciste buenas preguntas a una de tus súbditas.

Tan innecesariamente mala como siempre. No me llames así y me gustaría saber qué hacemos fuera, pero antes que nada ¿Por qué Akko ya estaba aquí?

¿Qué por qué no las saque a ambas juntas? – Sonrió– Bueno, había que ser discretas ¿no?

El cinismo no es tan simple como parece. No basta arrojar un par de respuestas ingeniosas y mirar con superioridad, es necesario decir la verdad como si se estuviera mintiendo y mantener a todos lo bastante molestos para que se pierdan de los detalles. Yo prefería estar calmada. Había algunos motivos para quejarse pero yo seguía siendo de las que se escuchaban a sí mismas antes de separar los labios; después de todo, estábamos fuera en cosa de segundos, solo a Hannah tendría que darle explicaciones y había sacado a Atsuko de la misma forma sin que lo notara.

¡Pudiste ser más amable! – Gritó la castaña arreglándose las mangas de la camiseta. Ella debió haberse resistido.

¿Tenemos que hablar? – Pregunté tratando de restarle importancia a la disculpa que la otra mitad de la conversación esperaba.

Sobre la chica muerta y esa tontería de los lugares oscuros. Supongo que ya dedujiste la posible conexión así que ¿ya pasó lo malo que tenía que pasar? –Preguntó, mirando distraídamente al vacío.

No, pero si lo pensé. Hannah me comento algunas cosas importantes.

Pues yo hablé con una de sus compañeras– Dijo como si no fuera nada, ganándose toda la atención mientras se dejaba caer contra la pared. Parecía disfrutar de las miradas– Diría que se llevaban bien, lloró mucho y soltó la lengua después de algunas palabras amables. Resulta que no era la primera vez, se sentía bastante culpable por no haberla detenido. Dijo que había desaparecido su bolso y su varita y algo sobre un diario.

¿Cómo hiciste que te dijera todo eso? – Preguntó Akko, más impresionada de lo que era prudente dejar ver.

Fácil– Sonrió otra vez satisfecha– Le dije que la difunta y yo éramos amigas.

Con los muertos no se juega, O´Neill– Arrojé para que evitara esos detalles antes de que fuera tarde.

Interesante política para alguien que casa fantasmas– Intentó ironizar, pero yo no bromeaba– Como sea. No estoy segura de creer en esas tonterías de huellas y energías después de la magia, y eso es mucho decir; pero si es verdad y hay algún tipo de efecto en la mente de algunas, creo que ese diario podría decirnos algo.

Estas muy interesada en esto como para que no te importe ¿No crees? – Se apresuró a preguntar Akko, divertida, imprudente pero afortunada porque era una muy buena pregunta.

Estoy aburrida. Creo que Cavendish es lo bastante tonta para hacerlo solo por altruismo; en cambio tú, Akko, tú eres una chica más lista, dime ¿Qué te hizo interesarte? – Una cierta ironía en su timbre. Seguramente tenía alguna idea de la respuesta, si no es que la sabía con seguridad ya y solo quería hacerla hablar.

Por qué yo se lo pedí– Me adelanté.

Bastante cerca ¿Eh? – Dijo mirando muy fijamente los ojos de la castaña.

¿Qué tiene que ver todo esto con que estemos fuera?

Me encantaría poner las manos sobre el cuaderno pero digamos que necesito algo de ayuda. Algo bueno para pasar a la maestra que vigila el lugar– Hizo una pausa para leernos la cara– Estoy sorprendida pero solo estaba la maestra Úrsula y paseé por ahí unos diez minutos. Supongo que hay mucho papeleo del que ocuparse y eso. Akko es pequeña, buena para escabullirse y puede ayudarme a encontrar la libreta sin hacer mucho ruido.

¿I-iremos donde la chica fue… eso? – La voz de asiática tembló al decirlo, no podía culparla, francamente a mí tampoco me gustaba.

Bueno, si quieres podríamos buscar el cuaderno en la cocina pero creo que tendríamos mejores resultados si vamos donde se ¿Cómo decirlo? Oh sí, donde fue horriblemente asesinada– Se burló la pelirroja, haciendo gala de ese humor negro que siempre era mejor ignorar.

¡Sabes a lo que me refiero Amanda! de todas formas ¿Usaras el teléfono para buscar al fantasma? – Termino mirándome a mí, era una pregunta razonable.

Se un poco más discreta por favor; y no, está en un lugar seguro. No conviene cargarlo por el día, de todas formas es solo una ayuda ¿Recuerdas que solo has visto al fantasma por las noches? Es esencialmente lo mismo, una serie de coincidencias necesarias– Respondí tratando de no decir nada conciso sobre el objeto. Aún era inapropiado tenerlo.

Así que Akko ve fantasmas y tú te lo tomas enserio. Esto se pone cada vez más interesante.

Eso no importa ahora ¿Qué esperas que hagamos? – Apuré, tratando de traernos de vuelta al tema antes de que Atsuko empezara a defender su cordura.

–Bien, vamos por ese libro ¿Puedes con el trabajo, Akko?

Supongo que puedo hacer eso pero ¿Por qué dos personas? – Preguntó con la mirada perdida, como imaginando lo que tendría que hacer.

Bueno, una persona donde no debe es bastante sospechoso, dos personas son simplemente unas chicas perdidas – Contestó como si estuviera señalando la cosa más obvia del mundo.

Y ¿por qué Diana? – Dijo apuntándome con un dedo sin voltearme a ver.

Porque también necesitamos a una niña buena que distraiga a la maestra y que no parezca que trama algo. Ahí entras tú– Respondió con su sonrisa siempre maliciosa.

¿Qué?

Muchas escaleras, largos pasillos, el constante tarareo de una canción desconocida, cortesía de Atsuko, y el tiempo necesario para que empezara a parecerme una mala idea. No me gustaba sentirme tonta, pero recientemente estaba haciendo muchas tonterías con la esperanza de que sirvieran para algo.

Solo hacía falta hablar. Más fácil de lo que parece hasta que lo intentas de verdad, solo entonces notas lo pesado que es un error. Se suponía que el sitio estaría "limpio" y la maestra Úrsula, una mujer delgada y nerviosa, de gafas gruesas y cabellos azules, sería la única ahí. Había conversado poco con ella antes y, aunque muy ingeniosa, nunca me había parecido particularmente complicada de distraer. Eso no importaba, tan solo pensar en las razones por las que hablaríamos me revolvía el estómago.

Me recordaba un fragmento de una novela que leí hace mucho, uno donde un grupo chicas estaban a punto de hacer una estupidez por un buen motivo pero aún más estúpido. Me pregunto si habrán sentido la misma presión en los hombros o ese tirón en las rodillas como recordatorio de que podrían estar en un lugar mejor e intentando ser felices lejos de toda esa responsabilidad. Es el tipo de cosas que se piensan cuando sabes que ya es demasiado tarde.

Iba a hacerlo. Valía la pena preguntarse entonces con más seriedad ¿Por qué la pelirroja estaba tan interesada en el asunto? Ella no lo admitiría, pero le importaba. Es algo fácil de ver cuando sabes que buscar, un perfil bastante ruidoso en mi opinión. Obligadamente fuerte, un poco soberbia, y con esa preocupación imposible de ocultar en los ojos. Quería proteger a alguien o algo, pero le importaba y eso era lo que hacía falta; o tal vez realmente solo lo hacía por entretenimiento y entonces se trataba de una persona auténticamente horrible. Aún era útil, no alguien confiable pero al menos parecía dispuesta a hacer cosas.

Finalmente llegamos al sitio, era momento de separarse y actuar como si de verdad hubiese un plan.

Maestra Úrsula ¿Pudiéramos hablar un momento? – No existen muy buenas formas de abordar a alguien en un sitio así. Seguramente fuera pura sugestión pero podía sentirse el peso del ambiente, el aire denso y artificialmente perfumado para esconder algún otro olor que no tenía ganas de preguntar.

– ¡Diana!– Exclamó, saltando en su lugar aun cuando me había esforzado en no sorprenderla– es decir, señorita Cavendish– Corrigió recordando como las docentes se referían a las estudiantes.

Diana está bien, Maestra Úrsula– Contesté forzando una sonrisa, tratando de resultar amable.

Puedes llamarme solo Úrsula si quieres– Sonrió tontamente.

De acuerdo– Pero yo no quería llamarla así.

¿De qué quieres hablar?

Bueno…– Una pregunta fantástica para acordarse de los pequeños detalles que un plan habría arreglado, como que decir por ejemplo– Escuché que una chica desapareció.

Sí, es… es una cosa horrible– Contestó con una tos falsa, repentinamente desequilibrada. La expresión duro un instante, pero me pareció poder ver en su rostro justamente cómo me sentía.

Estoy un poco preocupada. No hice muchas preguntas antes, la verdad es que no tengo el estómago para esta clase de cosas– Las palabras me huyeron con timbre afectado, inadvertidamente trémulo y sincero.

Yo tampoco. Podemos manejar el asunto, sé que podemos evitar que pase algo peor pero… pero esto ya es bastante malo– Su voz se quebró al terminar y volvió la cabeza en otra dirección, tan enrarecida como yo me sentía al pensar el tema.

No es fácil buscar ayuda en situaciones así, ni siquiera me había planteado decírselo a una docente porque no era la idea más aceptada entre las brujas. Solo un par de libros, en la lejana biblioteca de mi hogar, había encontrado tocando el tema; siempre con menciones discretas y vagas. Casi todo lo que sabía era por mi familia, por una predisposición ligera y saber escuchar discretamente en todo momento.

No me imaginaba intentando explicarle eso a una maestra, ni siquiera a la maestra Úrsula, porque necesitaba pruebas, y las pruebas estaban solo a la vista de quien quisiera mirarlas. Es casi algo instintivo. Sincronismo, esencialmente solo un nombre curioso para que sonara mejor decir que las cosas pasaban porque sí y puedes seguirles la pista si estas lo bastante dispuesta a intentarlo.

Un pequeño fallo puede desacreditarlo todo. Ese era el problema de la magia tan ambigua, de esos rastros y líneas de energía que apenas habían sido investigados. Igual que casi todo, la magia no es más que una ciencia con distintas reglas que debe tratarse metódicamente, e igual que con las nuevas ciencias, cuando de verdad necesitas que funcionen y te salven, no funcionan. Era tan confiable como quien mirara, quien supiera buscar los detalles precisos.

Había que intentarlo.

¡Maestra Úrsula! Creo que…– No hubo tiempo de terminar, el chillido agudo era más imperioso que cualquier palabra.

Akko se había resbalado y Amanda, también en el suelo, intentaba ponerse en pie con dificultad.

– ¡¿Akko?! – Preguntó confundida, olvidándose de mí y de O´Neill al mismo tiempo.

Hola maestra Úrsula– Contestó Atsuko en cuento pudo pararse, excusándose con un gesto de manos, sin apartar la vista ni parpadear. Sus reacciones siempre resultaban curiosas de ver.

¿Q-qué hacen aquí? – Ellas tenían una relación complicada, aun no sabía su pasado juntas, o un presente que entonces de verdad no quería conocer, pero la maestra siempre intentaba darle el beneficio de la duda. Era algo de lo que servirse en casos como este.

Y-yo…

Akko dijo que conocía un atajo a la biblioteca y nos perdimos– Se adelantó la pelirroja. No parecía herida, no lo dejaba ver en su voz al menos, pero ponerse en pie le costaba mucho– Me pareció raro cuando bajamos tantos pisos pero pensé que realmente sabía a donde iba.

¿Qué? – La maestra y Akko lo dijeron a la vez. No era una mala excusa en mi opinión, aunque la situación no permitía mejores justificaciones tampoco.

Queríamos tomar un libro que había que estudiar para clases. Akko dijo que no quería salir de noche porque le tiene miedo a algo de lo que no me entero muy bien aún– Siguió, finalmente levantándose.

Bien es… creo que lo entiendo, pero chicas, mejor no bajen por aquí. Estamos ocupadas en algo importante. La hora del almuerzo acabara pronto. Deberían ir ya a la biblioteca y no lleguen tarde a clases– Quizá demasiado descuidada, tal vez solo lo justo para no acabar donde yo. Aun así nos largaba sin preguntas y eso era ya bastante bueno como para rechazarlo.

Tiene razón maestra. Diana, sé que tú también frecuentas la biblioteca así que, si acaso piensas hacerte con un libro pronto, ¿Nos acompañas? – Escucharla hablar con propiedad era bastante extraño, su acento se hacía más grueso, como una turista americana recién llegada, pero al menos sabía usar las palabras.

Por supuesto. Buenas tardes maestra Úrsula– Despedí y empecé a andar sin mirar atrás. No había salido bien, pero era mucho mejor de lo que había imaginado que pasaría si salía mal.

Anduvimos sin hablar de nuevo, aunque Atsuko esta vez no se esforzó en llenar el silencio con su tarareo como la última vez. Podía extrañarlo en momentos así, ayudaba a tragar mejor el tiempo en lo que intentaba pensar.

No esperaba que fuera fácil ni llegué a pensar que sacaríamos algo, siempre creí que era una mala idea hacerle caso a O´Neill porque podía ser que le importara aun si no lo admitía, pero eso no implicaba que supiera que hacer. Quizá debí ser más veloz o pedir ayuda a pesar de la distracción, y sin embargo, parecía cada vez peor idea. El problema seguía siendo lo que había en juego, dos posibilidades con un final potencialmente bueno y uno decididamente malo.

Si todo salía bien, tendríamos a una bruja poderosa de nuestro lado, una capaz de convencer a brujas más hábiles como la maestra Finneland; pero si salía mal, tan solo deberíamos detenernos, nos vigilarían, nos prohibirían investigar si sabían que buscábamos y entonces solo quedaría esperar a que todo explotara; y aun después habría que dar muchas explicaciones, justo cuando ya fuera tarde. Debía arreglar esto sola.

¡Tú me empujaste!– Dijo Akko volviéndose hacía Amanda, empujándola contra el muro con tan poca fuerza que apenas logro hacerla trastabillar. Lo repentino de sus palabras me hizo detenerme a mí también.

Solo porque era necesario, la maestra estaba a punto de descubrirnos– Explicó restándole importancia al gesto, probablemente guardando la venganza para más tarde.

Bueno, pues de nuevo pudiste haber sido más amable y encima ahora tenemos que ir a la biblioteca– Contestó, pensando tarde en lo que había hecho y seguramente agradeciendo que la pelirroja no le respondiera.

No tenemos que hacer nada– Exclamó casi riendo, tratándola un poco demasiado infantil. Igual de complicadas juntas que la japonesa con la maestra, buenas amigas sin duda ¿Así me vería yo al interactuar con Akko?

Entiendo lo que dices pero me parece que hay algo más, así que…– Intenté darle pie a seguir hablando. No mucho entendía de ella pero definitivamente era de las que prefería reaccionar que empezar las cosas.

Porque ya tenemos el libro que buscábamos– Sonrió, sacando un cuaderno de su chaleco con muchos juegos de manos. Esta vez acompañé a Atsuko en su gesto, ya que era realmente increíble.

¿Cómo lo…?

Por eso es que todas me aman.

El diario era, en apariencia, una libreta como cualquier otra. Roja oscuro, sin detalles especiales que permitieran intuir su propósito o el menor valor sentimental. Tenerlo entre las manos, en cambio, hacía evidente que no era solo un cuaderno normal. Sobrenaturalmente frio, imposiblemente pesado, solo lo justo como para que hiciera falta preguntarse si realmente había algo extraño o era cosa de la mente.

A simple vista yo hubiera supuesto que solo se trataba de un cuaderno escolar, barato y más bien feo; pero bastaba leer la primera línea de la primera página para rectificar el pensamiento.

"Querido diario"

Un cliché que ya antes había leído en una entrada de diario que una amiga me mostró, por cursilería cómica según dijo. Yo personalmente jamás le había encontrado el gusto a llevar uno, prefería mis memorias en la cabeza que en donde alguien más pudiera leerlas solo con pasar páginas.

Una fecha garabateada inmediatamente debajo de la apertura, con descuidada letra infantil, nos llevaba un mes atrás.

La chica se llamaba Sarah y su primer párrafo era para justificar el motivo del diario, poco poéticamente describía sus impresiones y advertía que buscaría algo. Tardaba un párrafo entero hablando sobre como demostraría una cosa que le parecía importante y sería reconocida por ello, bromeaba sobre si misma de un modo casi preocupante y terminaba la primera página volviendo a la emoción del principio. Sus palabras se volvían melancólicas al escribir sobre estudiar aquí. O´Neill no me dejó llegar más lejos.

Apartó el libro de mí sin previo aviso, ella había estado sosteniéndolo todo el tiempo y apenas lo había notado. Arrastró la vista por la página como si leyera muy lentamente, falsamente centrada y bromista. Akko se pegó a su hombro intentando leer también.

Aun no terminó con eso, O´Neill–Espeté considerando que tan mal resultaría hacerle lo mismo.

Bueno, cuando termine de leerlo tal vez podría prestártelo– Comentó cerrándolo ruidosamente y devolviéndolo al interior de su chaleco.

A la velocidad con que lo haces ya será tarde– Respondí acercándome a ella. Hay riesgos que no vale la pena correr, y hay otros con premios tan importantes que sencillamente no puedes dejar ir.

Entonces deberías empezar a buscar otras opciones– Contestó por pura bravuconería, acercándose también, mirando de cerca y muy fijamente, más risueña de lo que debería.

No tengo tiempo para…

¡Diríjanse todas las estudiantes al auditorio inmediatamente!– Gritó una voz a través del pasillo, como si no viniera de ningún lugar en particular. Era el inconfundible timbre de la directora.

Continuemos esto más tarde– Se apartó arreglando su cabello burdamente– Ahora tenemos que estar en otra parte y no conviene llamar la atención. Me tomará un par de horas, luego tendrás tu caramelo.

Anduvo sin mirar atrás, acabando cualquier oportunidad de réplica solo con eso. Ahora era necesaria, particularmente buena para hacerme perder la calma también, pero necesaria. Ya habría tiempo de hablar más tarde, relajarse y pensar mejor.

Akko ¿Vamos juntas? – Pregunté por cortesía, intentando deshacerme del mal sabor de boca que lo grosero de la americana dejaba en mí.

– Contestó rápido y esperó a que yo empezara a andar para hacerlo ella. Al menos se esforzaba en ser decente. Cada vez parecía peor idea trabajar con O´Neill y, sin embargo, había demostrado ser realmente buena en esto.

Salí del auditorio en silencio, caminando con dificultad y desorientada. No había sido una linda experiencia. Era otra forma de saber que estaba muerta, hacerlo un poco más real, escuchando como la despedían, pronunciando su nombre completo aun cuando apenas pude entender la primera parte. Nunca me había gustado el auditorio, pese a que no podía asociarlo a un mal recuerdo, había pasado ahí solo el tiempo estrictamente necesario; la ceremonia del primer día, aquella vez que tuve que ayudar a Hannah a decorar para algún evento del que pude zafarme a última hora. Ahora había algo que podría recordar, un simple nombre que vendría a mí cada vez que pasara por aquí. Siempre había sido tan oscuro.

No me sentía bien, y todas esas risitas y murmullos a mí alrededor lo hacían peor. No podía culparlas, ellas no tenían nada que ver con la chica, a ellas, ni a mí, tenía por qué importarles alguien que no conocían; ellas solo pensaban en las vacaciones. Dos semanas, lo suficiente para arreglarlo todo, para atender los asuntos legales y procurar que las chicas no se vieran demasiado afectadas. No podía culpara a nadie, pero estaba enojada.

Anduve sin prestar atención hasta estar lo bastante lejos del sitio, una pizca de respeto, una corta extensión del minuto obligado que sufrimos dentro de la enorme habitación; el deseo de no tener que pensar en lo que vendría después. Pero el tiempo no espera a nadie.

–… ¿Tú qué dices, Diana? – Las palabras me alcanzaron hasta que tope con alguien. Tuve la impresión de que habían estado hablándome desde hacía un rato, ambas con sus ojos clavados en los míos y esperando una respuesta.

¿Qué? Oh, lo siento. Estaba distraída– Contesté intentando sonreír para no preocupar a ninguna.

Decía que deberíamos pasar las vacaciones juntas con Barbara en Hollywood, hace tiempo que no voy ¿Qué te parece? – Repitió Hannah emocionada, feliz, me hacía sentir fuera de lugar.

Sería genial que pasáramos más tiempo juntas fuera de la academia– Añadió Barbara sonriendo, esforzándose por pensar en mejores cosas.

Yo… No lo sé, tango cosas que hacer en casa– Traté de excusar primero, sabiendo que no había tiempo para descansar.

Vamos, recientemente has estado muy extraña. Necesitas relajarte– Presionó con aquellos ojos tristes que significaban mil cosas, con ese tinte infantil que me hacía querer confesarlo todo.

Se trata de algo… complicado– Repliqué sintiendo esa tan desagradable preocupación en ambas. ¿Cómo negarles la verdad a quienes sabes que de verdad les importas?

Diana, me estas poniendo nerviosa. Por favor dime que está pasando– Hannah sabía, siempre sabía algo más. Barbara también empezaba a intuir que había algo detrás.

Solo una tontería, algo de lo que debo encargarme personalmente. Además, necesito ver a mi familia y revisar como llevan la casa– No logré sonreír, no viéndolas así.

¿Qué tiene que ver Amanda O´Neill en esto? – Preguntó acercándose más, inexplicablemente necesitada, peligrosamente consiente.

¿O´Neill? – Intenté preguntar, y sin embargo fue la voz de Barbara la que se escuchó– ¿Por qué tendría algo que ver? – Pregunté de inmediato, pensando en que tan tonto era tratando de fingir sabiendo lo que había pasado en el comedor.

Porque tengo miedo de que ella y Akko te estén buscando a ti– No lloró, pero sus ojos se hicieron vidriosos y sus labios temblaron al cerrarse. Compartí una mirada confusa con mi otra compañera, luego tuve que mirar hacia donde lo hacía Hannah.

Ambas estaban juntas, mirando en direcciones diferentes y murmurándose palabras, pero en cuanto las identifique nuestros ojos se encontraron. Nunca había sabido actuar rápido, O´Neill lo hizo bien con una señal de mano y empujando a Akko fuera del campo de visión, de todas formas ya era tarde. Ellas las habían visto y yo no podía explicar nada, no sabía cómo.

Debo ver de qué se trata– Suspiré cansada, tan convincentemente como pude para que olvidaran el tono de mis palabras, evitando mirarlas porque entonces sería absolutamente imposible.

Bien, te… te estaremos esperando en la habitación. Hablaremos de esto con más privacidad– Barbara sabía manejar las cosas mejor que yo, debería agradecerle más tarde por tener el buen juicio de no hacer más preguntas, cuando todo estuviera mejor y no hubiera peligro.

Ahí estaré– Respondí pensando que mis palabras sonaban tontas. No había tiempo para eso, debía arreglarlo todo tan rápido como pudiera.

Torpe, confundida, como si mis pies fueran de plomo y mis piernas de estambre. Seguramente aun me estaban mirando y por eso mismo tenía que recuperarme, recordar como camina una dama y parecer despreocupada, ligera, sin culpas. Empezaba a considerar salir de todo.

Solo decir que no me importaba, dejarlo pasar, mirar a otro lado lo suficiente como para que no tuviera que hacer nada y relajarme. No sonaba nada mal su oferta, estar en un sitio más cálido con buenas amigas, perder el tiempo, dejar que las cosas siguieran su curso natural. Podía ser libre solo con desearlo y no me atrevía a hacerlo, la felicidad al alcance de la mano y una debilidad del corazón que me impedía tomarla.

Sencillamente no podía, era responsable tan solo por saberlo, no hacer nada era igual que dejar a alguien morir. Aquella chica no era mi culpa, no era nada que yo hubiera causado ni nada que hubiera podido evitar, pero no hacer nada no estaba bien, no teniendo ocasión de hacerlo.

Tendré que dar muchas explicaciones por esto ¿Qué ocurre? – La voz me huyó con la emoción que no pude usar antes. Ambas me observaron un momento, Akko tan interesada como Hannah y Barbara, O´Neill como si buscara algo detrás de mí.

Bueno, resulta que ya no podremos investigar aquí. Supongo que te quedas con el caso y esa clase de cosas– Dijo metiendo la mano en su chaleco, sin mirarme, desapegada– Así que puedes quedarte con su diario, de todas formas no era tan interesante.

Oh no, hay que arreglar esto y tú vas a ayudarme. Ya estas dentro y de verdad pienso que no eres tan cínica como para dejar que todo esto solo ocurra– La voz más fuerte de lo apropiado, más sentimental de lo que me gustaría. Aun me sentía enojada, un poco con ella, un poco por todo lo que ya había hecho por esto.

Entonces no me conoces, "Aristo"– Suspiró dando algunos pasos en su sitio, su respuesta natural siempre empezaba con un intento de insulto– Supongo que entiendes que no podemos quedarnos aquí, así que ¿Qué tienes en mente?

Vamos juntas de vacaciones. Si lo que sea tan malo que va a pasar ocurre en este lapso ninguna chica saldrá herida, sino, deberíamos poder estar preparadas– No era algo que pensar demasiado, casi una reacción en realidad. La idea de Hannah había sido buena y se le podían dar mejores usos que el entretenimiento.

Eso tiene que ser lo más tonto que he oído, Cavendish ¿Dónde crees que podría funcionar algo así?

En mi casa, necesito ir a la biblioteca que tenemos ahí. Hay algunos libros que pueden ser útiles–Todo parecía encajar en su lugar, una forma de usar todo el tiempo disponible– ¿Tú que dices Akko? Ya has estado ahí

¿Yo?

Es obvio que te habla a ti, Akko.

Tu familia me odia– Soltó con un timbre curioso, ignorando a la pelirroja.

Ellas nunca harían nada para lastimarte, yo puedo asegurarme de eso– Contesté considerando los pormenores del plan. No me parecía que mi tía tuviera problemas con ella, aunque tampoco le agradaba tenerla cerca.

Ahora en verdad no me gusta cómo suena ¿Segura de que no puedes hacerlo sola? –Amanda continuó, había sido de verdad un mal comentario y ella esperaba una mejor respuesta. Eso era una buena señal. Tenía que relajarme, concentrarme en mis palabras.

No me gustaría tener que hacerlo sola, sería agradable arreglarlo sin perder todo mi tiempo en una sola cosa. Estoy plenamente convencida de que aún hay un poco de conciencia en ti, O´Neill– La petición era difícil de hacer, pero al menos había conseguido comenzar a parecer tranquila– ¿Realmente no puedes ayudarnos con esto?

Supongo que puedo pedir algunos permisos y hacer que me envíen cosas– Murmuró pensativa.

¿Akko?

Yo… creo que puedo hacerlo.

Bien. Tengo que enviar una carta y decirles alguna excusa a mis compañeras– Nunca había buenas noticias, pero al menos tenía una oportunidad y debía que aferrarme a ella.

De todas formas, siempre era sido demasiado tarde para arrepentirse.


Hace mucho que no publico y, bueno, a hacerlo justo antes de que cambiemos de mes, aunque creo que si me fui hace más de un mes.

No esperen mucho, tampoco he podido leer esencialmente nada en este lapso y tengo como 9 textos a medio escribir que no se si terminare.

Dato curioso, me parece que nunca he pasado del capitulo cuatro en ninguna historia que haya escrito.

Y por ultimo, me gustaría despedir con una mala paráfrasis que use en mi pasado en una historia todavía peor.

"Ultima linea y pienso: menudo fracaso. Otro texto hablando de todo y nada, no hagaís ni caso. Ya sabeís que en el fondo tan solo soy un payaso, menos mal que en esta mierda nada más estoy de paso".

Espero sus reviews y toda esa palabrería sin compromiso que se ve bonita al final del texto.

Bye, Bye.