Disclaimer: todo a Koyoharu Gotouge.
Summary: Rengoku-san es fuego, y Mitsuri es muchacha eternamente enamorada del amor (eterna enamorada de la vida).
Pareja: Rengoku Kyoujuro/Kanroji Mitsuri.
Advertencia: spoilers del manga, ooc.
winter fire
i.
Rengoku-san es fuego.
ii.
Kanroji Mitsuri es muchacha enamorada del amor, con la primavera teñida en su cabello y su amor florido enredado en las pestañas. Mitsuri ama con toda la fuerza de su corazón, viendo las virtudes de todos aquellos que la rodean— incluso cuando falla en ver las suyas; esperando por alguien que la pueda amar del mismo modo, que la acepte incluso con su fuerza difícil de rivalizar y su cabello de aquel tono hermosamente antinatural.
Mitsuri es guerrera de movimientos flexibles, cual bailarina cortando las cabezas de cada demonio que amenace la vida de una persona inocente. Ella lucha cada día, habiendo encontrado un propósito para sí misma, para aquella fuerza que tanta vergüenza y dolor le había traído en el pasado. Porque ella nació con el poder para salvar al más débil, para proteger a otros.
(Esa es una de las tantas cosas que le enseña Rengoku-san.)
iii.
La cosa es—
Rengoku-san es fuego.
Él la toma como su aprendiz incluso después de descubrir la razón detrás de que se uniera a los Cazadores de Demonios en primer lugar. Él no la juzga por ello, así como tampoco la reprocha cuando al principio es incapaz de dar más de dos pasos con una espada entre las manos sin tropezarse con sus propios pies; sino que la guía y la alienta y la inspira incluso cuando termina desarrollando su propio tipo de respiración, su propio estilo de batalla, y lo deja con el trabajo de volver a encontrar alguien que pueda pasar la Respiración de la Llama a las siguientes generaciones.
Él no la mira con decepción ante eso, empero, sino con orgullo. Y ya dejan de ser maestro y alumna, pasando a ser iguales, dos Pilares luchando sus propias batallas para mantener a la humanidad a salvo.
(Y las noches son especialmente duras y tormentosas, pero Mitsuri se aferra a la esperanza de que algún día podrán ver un amanecer tras el cual ella y Rengoku-san y todos los demás pudieran descansar finalmente y vivir una vida tranquila, a salvo— una vida donde ya no hubieran más sacrificios, donde ya no hubiera más dolor.)
iv.
Rengoku-san es fuego.
Y Mitsuri cree que su corazón podría fácilmente prenderse en llamas ante su sonrisa de verano, de hoja de espada recién forjada al rojo vivo. Porque todo acerca de Rengoku-san es calidez pura y Mitsuri es hija de Venus, eterna enamorada del amor, eterna enamorada de la vida.
Termina cayendo por él con demasiada facilidad— e incluso cuando cree poder sentir el verde y el dorado observándola con una adoración muda en la forma de un par de medias a rayas; es el espíritu ardiente de Rengoku-san el que la hace caer en el amor, una caída más profunda y dolorosa en comparación con cualquier cosa que haya sentido antes. Y sin embargo—
Sin embargo ella no dice nada, ni siquiera cuando el corazón le retumba con fuerza ante su presencia, más que ante cualquier otro de sus compañeros— y es que Mitsuri nunca ha sido buena en ocultar sus sentimientos ni el rubor casi siempre presente en sus mejillas. No dice nada porque aquello sería muy egoísta de su parte cuando ambos se encuentran en medio de una guerra constante. No dice nada porque teme que de hacerlo no pueda volver a ver la sonrisa-amanecer de Rengoku-san dirigirse a ella con sinceridad.
Así que no dice nada hasta que resulta ser demasiado tarde.
v.
Porque Rengoku-san es fuego. Lo consume todo a su paso, protegiendo a los indefensos, sacrificándolo todo en el proceso— incluso la vida.
Porque Rengoku-san es fuego. Termina consumiéndose a sí mismo, extinguiéndose y dejando tras de sí nada más que cenizas formando la figura de un cuervo, junto a una noticia devastadora y las lágrimas que no puede dejar de llorar una vez que termina de escucharla.
Porque Rengoku-san era fuego, estaba lleno de vida, con su piel de verano y sus manos firmes, su cabello ondeando tras su espalda— amarillo y rojo, oro y escarlata.
Mitsuri le llora por todo lo que no fue capaz de decirle, por todo lo que pudo hacer y no hizo; le llora porque es injusto, porque Rengoku-san merecía vivir, encontrar la felicidad en un mundo sin demonios amenazando ocultos en las sombras. Pero la realidad es cruel y Rengoku-san se ha ido— su sonrisa ha dejado un hueco en su pecho, un dolor punzante que reaparece cada vez que ella trata de recrear su memoria, como un miembro fantasma, como una aparición, como un ave fénix incapaz de renacer y alzar el vuelo.
Porque Rengoku-san era fuego.
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(Las noches empiezan a parecerle un poco más oscuras y frías tras su ausencia.)
