— Buenos días, Kacchan.
— Buenos días, Deku.
Desde su asiento Eijiro tenía vista preferencial del acontecimiento que ocurría por tercera o cuarta vez consecutiva esa semana, ya perdió la cuenta, se estaba volviendo loco. Seguía igual de sorprendido que la primera vez que ocurrió, aún no se la creía.
No quiso preguntar en la inmediatez el primer día, Kirishima es alegre y bastante hablador, pero conociendo a su amigo explosivo, tuvo el tino de no haber preguntado, tampoco era tan entrometido, claro que no. Lamentablemente el hecho se repetía una y otra vez. Las actitudes del rubio siguen escapándose del límite de lo que sería normal en él y el pelirrojo ya no quiere esperar más para saber qué maldito mosco le picó para andar tan extraño.
Suficiente, hora de la verdad.
— Voy por algo para beber a la cafetería, ¿Vienes?
Su amigo lo miró un instante antes de asentir con la cabeza en silencio y levantarse de su puesto en el salón de la clase 1-A. El par abandonó el lugar para recorrer los pasillos de la gran escuela, con las manos en los bolsillos y mirando hacia el frente Eijiro comenzó a buscar las palabras en su mente para formular la pregunta de la mejor manera.
— Bro, sabes que mi intención nunca va a ser cuestionarte —el rubio hasta ese minuto inexpresivo pestañeó y alzó una ceja, apurándolo.— Pero quiero preguntarte porqué estás actuando tan extraño, ¿Es por Midoriya?
Al escuchar al pecoso ser nombrado, el de ojos carmín miró en todas direcciones a su al rededor, buscando. Kirishima estuvo tentado a ladear la cabeza en señal de pregunta pero no lo hizo. Ignorando la confusión del pelirrojo, Bakugo lo tomó del antebrazo, tirando de él en dirección a los baños del establecimiento, una vez ahí dentro lo soltó y miró por fuera de la puerta a ambos lados del pasillo. Sin poder evitarlo soltó una pesada exhalación cuando volvió a entrar, cerrando la puerta.
— Está bien, te lo diré. Pero esto a nadie, Kirishima, no le digas a absolutamente nadie.
La voz clara y amenazante, pero sorprendentemente baja del rubio lo tomó desprevenido, solo pudo reaccionar a asentir silenciosamente, expectante.
— Hagakure al parecer nos escuchó la otra vez y ahora me está amenazando con decirle a Deku y a los demás que... —hizo una pausa innecesaria y gruñó, detestaba admitirlo— ...que me atrae, si es que no soy amable con todo el mundo durante un mes.
Al pelirrojo casi se le cae la mandíbula ahí mismo cuando pudo procesar lo dicho.
Muchas cosas tenían sentido ahora.
— Uh, hermano, lo tienes difícil.
Katsuki solo pudo soltar un gruñido mordaz, otra vez.
— De todas formas solo faltan un poco más de tres semanas ahora.
— Y el mundo volverá a su estado natural contigo más violento que nunca —rió Kirishima poniendo su mano sobre el hombro de su amigo en señal de apoyo.
— No quiero bromitas allá afuera que puedan darme ganas de explotarte la cara, ¿Bien?
— Ya te extrañaba.
Cuando salieron de los baños, el rubio sentía un peso menos sobre los hombros, aunque no supiera por qué.
Ambos volvieron al salón de clases para luego quedarse en sus asientos. Bueno, eso pretendía.
Sintió una especie de ansiedad curiosa cuando vió el uniforme flotante a un lado de la puerta del aula e inmediatamente sintió un tirón en el brazo.
La vida no siempre puede ser tranquila.
— Recuerda que te estoy vigilando.
Katsuki nunca se consideró a si mismo un buen actor, pero realmente parecía que ni se había inmutado ante la voz baja y ligeramente amenazante de Hagakure. Solamente la miró un par de segundos (bueno, donde se suponía que estaría ella), y con un movimiento sutil escapó del agarre de la chica.
Kirishima observaba preocupado ahora que sabía la verdad del asunto. En realidad no era el único par de ojos atento a la situación, pero todo se dispersó cuando entró Aizawa con su característico desgano e inminente flojera para saludar a la clase.
— Buenos días —saludó en voz monótona y aburrida, pasando al centro de la parte frontal del aula.— Hoy tendremos práctica de combate cuerpo a cuerpo, por el momento será en parejas.
— ¿Nosotros escogemos nuestras parejas?
— Lo haré yo, dependiendo de sus particularidades.
La clase 1-A se encontraba en el patio de la escuela, agrupados en parejas, mientras el desaliñado profesor pasaba entre ellos evaluándolos y dando consejos que pudieran ayudar en sus técnicas.
Definitivamente Shota Aizawa quería ver el mundo arder.
Fue lo primero que pensó cuando tuvo al frente a Todoroki, con su inexpresivo rostro y fría mirada en posición de pelea, listo para comenzar en cuanto les dieran la instrucción.
Al inicio del duelo, Katsuki tenía completamente claro que su rival no iba a ser el primero en atacar, así que fue él quien se abalanzó contra el de ojos heterocromáticos alzando su puño derecho para golpearlo, pero rápidamente el más alto bloqueó el ataque con una gruesa capa de hielo en su brazo.
— Recuerden intentar no usar sus particularidades, deben aprender a no depender de ellas, ya que habrán instancias donde no puedan utilizarlas y tendrán que defenderse por sí mismos —se escuchó la voz de Aizawa mientras evaluaba pareja por pareja.
Llegó hasta sus oídos una queja mientras miraba a Todoroki derretir el hielo que habia usado para defenderse, el rubio sonrió ladinamente y confiado antes de enfrentarse de nuevo a él.
— Solo lo diré una vez, Bakugo —el nombrado lo miró sin decir nada— no me fío de tu nueva actitud tranquila.
Hubo un detalle que Katsuki no pasó por alto, al terminar de hablar, su rival miró un tanto hacia su derecha, donde se encontraban Midoriya e Iida concentrados en su propio duelo. El rubio entrecerró los ojos y algo hizo "clic" en su memoria.
"... Uraraka y Todoroki están en la misma posición tuya, y sabiendo lo de tu secreto, al verse con competencia intentarán adelantarse."
Ladeó la cabeza hacia su izquierda viendo a Hagakure concentrada en su combate contra Ojiro mientras recordaba sus palabras el día que comenzó el chantaje infernal. Volvió su atención a su contrincante, y con algo de molestia arremetió con golpes de puño nuevamente mientras el más alto retrocedía un poco ante cada ataque.
El chico mitad frío mitad caliente apenas podía contener el impacto de los golpes con las palmas de sus manos y devolver algunos, sentía al de ojos carmín aumentar la velocidad en sus movimientos. Todavía percibía la presencia de terceros observando el encuentro.
— Intenta esquivar los ataques de tu oponente en vez de recibirlos, te agotarás rápidamente si intentas detenerlos todos.
Escuchó a su profesor a unos metros de distancia dirigiéndose claramente a Todoroki en señal de ayuda, ya que combatir sin hacer uso de su don no era precisamente su especialidad. De inmediato sintió un cambio cuando el otro hizo caso de lo recomendado por Aizawa y consideró defenderse un poco más.
— No me importa si confías o no en mí.
Se veía inmutable en su rostro, pero pudo notar el brillo sorprendido en los iris heterocomáticos ante sus palabras, atento. Comenzó a darse cuenta también de que su compañero de clase se estaba cansando, los movimientos eran más lentos, más esforzados e imprecisos, aprovechó la ventaja.
— Usa todo tu cuerpo en combate, Bakugo.
Comprendió inmediatamente el consejo de su profesor, pero siguió atacando con sus brazos, aún no quería terminar el encuentro. Realmente quería ganar.
— Ah, y deberías dejar de mirar tanto hacia al lado. Tómatelo en serio, no creo que a él le gustaría ver que estás dando vergüenza en una batalla.
Mencionó lo último en una voz más baja, asegurándose de que solo ellos dos pudieran escucharlo. Todoroki quedó pasmado por un momento que Katsuki aprovechó para tomar en cuenta lo dicho por Aizawa y hacerlo caer de una fuerte, y certera patada.
— Kacchan es increíble.
Escuchó esa voz y miró su entorno, no supo en qué momento se había formado público, la mitad de la clase los estaba observando, pudo ver también un gesto de aprobación de Aizawa.
Iba a sentarse a descansar y a beber agua hasta que prestó atención entre sus compañeros a Hagakure, quien tenía los brazos cruzados sobre el pecho apuntando sutilmente hacia Todoroki en el piso, con la mirada perdida, pensativo.
Maldita sea.
El rubio se acercó a él sin decir ni una palabra y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. El muchacho de ojos heterocromáticos entrecerró los ojos con algo de desconfianza y aceptó la mano, levantándose en el instante.
— Lo hiciste bien.
Fue lo único que dijo Bakugo antes de alejarse del más alto mientras los demás volvían a sus propios encuentros. Todoroki ya no sabía qué pensar del rubio, no podía identificar qué era lo que había cambiado en él.
