— Es impresionante, igual que cuando éramos niños.

Izuku Midoriya tenía la cabeza revuelta y sus amigos estaban preocupadísimos, ya no dejaba de hablar del rubio, y más de una vez lo habían sorprendido mirándolo inescrupulosamente.

— Debo admitir que sí lo fue, nunca había visto que derrotaran a Todoroki, excepto por el festival deportivo.

El pecoso no podía dejar de murmurar acerca de las técnicas usadas en el combate de sus amigos, anotaba cada nuevo detalle con fervor en su preciada libreta, pero sin duda, lo que más le llamó la atención fue ver al rubio ofreciéndole la mano cuando finalizó el encuentro. Estaba simplemente emocionado, nunca había visto a su amigo de la infancia de esa manera.

¿Qué era esa expresión tranquila? ¿Esa actitud tan calmada? ¿Ese aspecto maduro que ahora tenía?

No tenía idea, pero le encantaba. Quería ver más de esa faceta que no conocía, quería ser parte de ello, como el buen observador que siempre había sido.

— Realmente te gusta, ¿Cierto?

Izuku casi escupió el jugo que estaba tomando y se atragantó con el mismo. De pronto tuvo demasiado calor y supo que tenía la cara enrojecida. Iida intentó ayudarlo dándole palmadas en la espalda mientras Uraraka reía nerviosamente mirando a cualquier lugar.

— No, no es así. Solo me da curiosidad que esté actuando distinto, quizás tenga problemas —respondió el peliverde todavía tosiendo, ante la indiscreta pregunta de Asui.— A veces quisiera pasar más tiempo con él y tener seguridad de que todo va bien —Prosiguió más bien para sí mismo, pero aún así lo mencionó en voz alta.

—Invítalo a almorzar.

Midoriya abrió los ojos como plato, Tsuyu no podía sugerir cosas así como si fuera tan fácil. Pensó en las más de mil posibilidades de cómo el rubio rechazaría la propuesta, y se acobardó instantáneamente. Y estaba demás mencionar que a sus amigos les incomodaría.

— Podría ser una buena idea, Deku. Si quieres pasar más tiempo con él para investigar, invítalo a almorzar con nosotros, mira, allá está.

Uraraka tenía en el rostro una mueca resignada que pretendía ser una sonrisa, que en realidad Izuku no pudo notar. Asui se dio cuenta y asintió en aprobación de la actitud de apoyo de la castaña a su amigo, mientras se levantaba de la banca quedando de pie al lado del pecoso.

— Vamos, yo te acompaño —musitó Tsuyu tirado del brazo del joven para que se pusiera de pie.

De esta manera lo arrastró hasta quedar detrás de Bakugo, quien caminaba junto a Kirishima en busca de asientos en la cafetería, con sus bandejas entre las manos. Sintió la imperante necesidad de devolverse por donde vino.

— Eh, hmn, ¿Kacchan? —balbuceó tembloroso al tocarle el hombro, llamando su atención.

El aludido se dio vuelta con su acompañante y sus ojos escarlata miraron curiosos al más bajo, esperando una explicación.

— Deku.

— Hola, Kacchan, ah, ¿Te gustaría sentarte a almorzar con nosotros?

El rubio alzó las cejas sinceramente sorprendido por la invitacion, al lado Asui mantenía una expresión amable y miró hacia la mesa donde estaban los amigos de Izuku, quienes saludaban con la mano amistosos con sonrisas sutiles. Al mirar de nuevo, en otra mesa más apartada estaba Hagakure con las manos juntas sobre la mesa, usaba unos guantes para que sus manos fueran visibles e hizo un gesto con sus dedos índice y corazon, apuntándose a ella misma y luego a él a la altura de los ojos, en un "te estoy vigilando".

— No puedo dejar a Kirishima solo.

El rostro pecoso se ensombreció un poco ante la rápida negativa del rubio, pero aún así no estaba sorprendido, ya lo veía venir.

— Oh, no, no es cierto, ¿No te había dicho que hoy iba a almorzar con Kaminari y Sero? Mi error, ve tranquilo, yo iré con los chicos —sonrió el pelirrojo hablando rápidamente e inmediatamente escapó de ahí para sentarse con sus compañeros.

Al verse solo, lo único que pudo hacer Katsuki fue sonreír falsamente a Kirishima, quien ya estaba sentado bastante lejos de ahí, en una señal muda de que iba a explotarle la cara cuando tuviera oportunidad.

— Supongo que entonces está bien.

No tuvo más opción que caminar junto a ellos y sentarse en la mesa que siempre ocupaban los amigos de Midoriya, dejó la bandeja frente a él y ocupó el lugar libre en medio del grupo, en una extraña escena para los estudiantes de la clase 1-A, ya que el rubio y el peliverde nunca se habían sentado juntos.

Al principio el silencio era mortal, cada uno estaba enfocado en su comida y nada de mirar hacia al frente, pero poco a poco se dio paso a una conversación común y corriente entre el grupo de amigos, mientras Katsuki sintiéndose algo fuera de lugar se limitaba a comer su almuerzo sin decir una sola palabra.

— Iré a dejar mi bandeja.

— Yo ire al baño, ¿Me acompañas, Ochako?

Para el de iris carmín fue bastante notorio el hecho de que los amigos de Izuku no querían sentarse con él, sin embargo siguió en su tarea de almorzar silenciosamente, hasta que el más bajo a su lado perturbó el mutismo en el que se había sumergido.

— ¿Cómo has estado, Kacchan?

Muy original, fue lo que pensó el rubio con el rostro inmutable, e inconsciente de todo el valor que había reunido el contrario para hacer una pregunta tan simple.

— Bien, Deku.

— Te ves algo, hmn, distinto.

Katsuki rápidamente entrecerró los ojos desafiante en dirección al peliverde que de los nervios comenzó a tartamudear intentando balbucear sus explicaciones.

— No distinto de extraño, sino, diferente a como yo recordaba, uh, bueno, te ves incluso más tranquilo.

El rubio quiso reír, pero realmente no sabía que hacer en una situación como esa.

— Lo sé, Deku.

Fue lo único que se le ocurrió para hacer callar al nervioso Izuku sentado a su lado sin perder ante la ingeniosa extorsión de la chica invisible que hacía guardia desde su mesa del otro lado del comedor.

El silencio se apoderó de ambos, el pecoso mirando hacia cualquier lugar menos donde estaba él, y Katsuki insistió en su tarea de seguir comiendo ya que en realidad no podía hacer nada más, hasta que el otro volvió a iniciar conversación.

— Kacchan, solo quería decirte algo.

Interesado, quitó la mirada de su ensalada para prestarle atención, mientras ladeaba la cabeza apoyando el mentón en la mano derecha que sostenía el tenedor.

— Ehmn, no sé qué está pasando exactamente en tu vida, pero si quieres hablar o sentirte apoyado, yo siempre estaré aquí para ti.

El rubio no dijo nada, estaba congelado, miró hacia al frente, y luego abajo. Estúpido Deku, estúpido Deku y sus malditas ganas de salvar a todo el mundo, de ayudar a quien sea, de hacerle saber que sigue preocupándose después de todos esos años, una y mil veces maldito.

A decir verdad, Izuku estaba completa y totalmente preparado para un manotazo o un puñetazo seguido de un "No necesito tu insignificante ayuda" y una salida dramática. Pero lo único que no hubiera esperado por nada del mundo, y que le sorprendio enormemente, era la mano de Katsuki sobre su cabeza, revolviéndole los verdosos cabellos de manera sutil, casi sin mirarle, dejándole un peinado similar a un nido de pájaros.

El mágico momento terminó y el joven de ojos escarlata dejó los cubiertos sobre la bandeja, y se levantó para ir a dejarla al lugar correspondiente, antes de salir de la cafetería del recinto, dejando al pecoso confundido con un millón de preguntas dándole vueltas y el corazón acelerado en una agradable calidez que no quería desaparecer.