— Eso fue muy dulce, bro.

— Déjame en paz, Kirishima, o voy a explotarte la cara apenas termine toda esta mierda.

— De todos modos vas a hacerlo, así que prefiero disfrutarlo.

El sonido de queja que salió de la garganta de Katsuki pudo haber expresado perfectamente toda la frustración que llevaba acumulando durante un poco más de una semana. Su amigo pelirrojo se limitó a soltar una risa suave.

— ¿Entonces?

— ¿Entonces qué? —replicó el rubio casi desafiante.

— ¿Qué harás? Definitivamente tienes que declararte, no puedes guardarte tus sentimientos por lo que te quede de vida.

— Déjalo, Kirishima, hemos vivido un montón de cosas y quizás no sea lo mejor. Aún así solo me quedan unas tres semanas para que se termine el chantaje barato. Tres semanas y volveré a ser libre.

— Y molesto.

— Gracias.

Se miraron al mismo tiempo y estallaron en risas, llamando la atención de los demás estudiantes de la clase A de primer año. Eran pocas las veces en que ambos eran vistos en tal estado, sobre todo en los recesos entre las clases.

Algunos asientos del otro lado de la misma sala, Izuku estaba de pie frente al banco de Asui, todavía vagaba en la luna mirando de reojo al rubio que lo tenía intrigado sin prestar atención realmente, mientras sus amigos no tenían idea de qué había pasado.

— Deku.

El joven de las pecas miró a un lado intentando adivinar quién le llamó, o descubrir si solo lo imaginó. Se encontró con el rostro expectante de Uraraka.

— Te llamé unas cinco veces, te pregunté si pasó algo en el almuerzo, con él.

Izuku volvió a sentirse arder.

— No, nada especial —respondió atropelladamente.

— Por mucho que no haya sido nada especial, estás demasiado distraído.

— Lo siento.

Intentó mirar hacia cualquier otro lado, consciente de que lo habían descubierto.

Realmente lamentó ser tan transparente, quizás si fuera menos fácil de leer podría evitarse un montón de problemas, como los interrogatorios de sus amigos por ejemplo.

— Bien, si no ocurrió nada especial, y tampoco pasó nada malo en el almuerzo —esta vez fue Asui quién habló— ¿Qué tal si lo invitas a salir?

Izuku estuvo a punto de entrar en pánico otra vez, apenas había sobrevivido un almuerzo en la cafetería con sus amigos acompañándolo, se preguntó qué sería de él si saliera con Bakugo, a solas. Ni siquiera pudo pensarlo, sabía que no ocurriría.

— No creo que acepte.

— Lo mismo pensaste cuando lo invitaste a almorzar, y no pasó nada especial.

Probablemente Uraraka lo haya dicho sin malas intenciones pero Izuku lo sintió como una burla y automáticamente se desanimó.

— No creo tener tanta suerte si lo invito a salir, solos.

En ese momento entraron el resto de los estudiantes de la clase que no estaban en el salón durante el receso, supuso que sonó el tiembre de entrada a clases y él no lo escuchó.

— No pierdes nada intentándolo, lo peor que puede pasar es que te diga que no.

Volteó a mirar a Bakugo, tenía un rostro demasiado inexpresivo para lo que acostumbraba, sentado en su pupitre con Kirishima sentado encima de su mesa hablándole quizás de qué cosa mientras sonreía y movía demasiado las manos al mismo tiempo. También se dio cuenta de que Hagakure se sentó adelante de ambos. Nunca se había fijado realmente en que su asiento estaba delante de su amigo, incluso si el lugar de Izuku era exactamente atrás del rubio.

— Está bien, pero no me haré ilusiones, preguntaré cuando terminen las clases.

Y no mentía sobre no hacerse ilusiones, el muchacho de las pecas no tenía ni un atisbo de esperanza de una respuesta positiva. Fue lo último que dijo antes de volver a su lugar detrás del rubio, dando la conversación por terminada.

Durante el resto de las clases no pudo concentrarse aunque invirtiera todos sus esfuerzos en ello. Tenía la cabeza apoyada en la palma de la mano izquierda, casi tocando la ventana, mientras dejaba fluir el hilo de sus pensamientos. No podía encontrar una manera de ordenar su mente y sus palabras para invitar a Bakugo a salir. Iba a costarle muchísimo más que cuando lo invitó a sentarse con ellos en el almuerzo.

De pronto algo llama su atención. Un papel doblado llega a la orilla de la mesa del rubio justo en frente suyo. Pensó haberlo imaginado hasta que ve tensarse al de ojos escarlata, quien le daba la espalda, antes de tomar el papel y desdoblarlo, sin permitirle ver a él ni a nadie el contenido.

Sin poder evitarlo, entrecerró los ojos frunciendo levemente el ceño. Qué era eso de Hagakure pasándole notas en secreto a Kacchan. Todo era demasiado sospechoso, ya había lo visto algunas veces mirándola y otras intercambiando algunas palabras antes de separarse e ir cada uno por su cuenta.

"Tal vez está intentando mostrarse menos grosero para alguien que le gusta."

Demonios.

Izuku automáticamente comenzó a divagar y se preguntó, de qué le servía invitar a Kacchan a salir, si es que ya le gustaba alguien más, como Hagakure.

Volvieron las palabras de Tsuyu a su mente, y era verdad, no perdía nada intentando, pero si ya era complicado invitarlo a salir en condiciones normales, no sabía qué tanto más se le iba a dificultar si encima ya se estaba interesando por alguien más.

Vio al rubio tocarle suavemente el hombro y devolverle el mismo papel doblado entre sus dedos, y se preguntó si también sería así de delicado si fuera él quien le estuviera pasando papelitos con mensajes. Exhaló irritado y miró por la ventana hacia afuera esperando que se le pasara el mal humor pronto antes de que alguien se diera cuenta.


"Creo que Midoriya quiere invitarte a salir, ni se te ocurra rechazarlo"

Era lo que decía en el papel entre sus manos, con letra muy clara y redonda. Katsuki no reaccionó, pero en el fondo quiso reír.

"No juegues conmigo"

Fue lo que escribió en respuesta, su escritura contrastaba demasiado con la de Hagakure, eran letras pequeñas y ladeadas. Iba a devolverle el papel hasta que surgió una chispa de curiosidad.

"¿Por qué lo crees?"

Lo escribió justo abajo de su respuesta anterior antes de alzar la mano para llamar su atención tocando su hombro. La joven invisible no lo hizo esperar mucho antes de volver a dejar el papel encima de su mesa.

"Lo escuché cuando entré al salón, no desperdicies tu oportunidad"

Se sorprendió e instintivamente quiso mirar hacia atrás, al lugar de Deku, pero sabía que no era un buena idea. Comenzó a cuestionarse si no sería una broma y si en verdad él querría invitarlo a salir, no tendría sentido. Pero incluso si no tenía sentido y era imposible, le gustaba pensar en la posibilidad de que le correspondiera. Reprimió una sonrisa y le devolvió el papel a Hagakure.

"Está bien"

La joven leyó su repuesta y decidió volver a enviarle el papel por una última vez.

"Se dice gracias, Bakugo"

Pasaron varios minutos hasta tenerlo devuelta entre sus manos. Ahí estaba, en la esquina inferior del trozo blanco de papel, con letras pequeñas y desprolijas. Sonrió y finalmente guardó la nota.

"Gracias"