Las cosas habían mejorado, esta vez de una forma estable. Crecí, todos lo hicimos. Tenía 21 años y me sentía en la cúspide de mi vida. Nos habíamos vuelto muy cercanos todos los de mi generación y pasábamos todo el tiempo juntos, disfrutando como si no hubiese un mañana, a pesar de que pensábamos en ello más de lo habitual. Era prácticamente una adulta y me encontraba en el momento de tomar decisiones importantes, hacer movimientos para mi futuro y consolidar lo que sería de mi en unos años más. Ya tenía claro que quería trabajar en el negocio familiar y quizás colaborar con Sakura, inclusive involucrarme en la academia o en asuntos de carácter político y administrativo. En realidad me preocupaban más el resto. Específicamente una persona, a pesar de que no lo admitiría en voz alta. Shikamaru.
Temari, una chica de otra aldea que mantenía una amistad con Shika, realizaba visitas cada vez más seguidas a Konoha y todos especulaban que mantenía una relación con él. Por su parte, él no nos había contado nada, mas ese no era un motivo para descartar la situación. Shikamaru podía ser un reservado total en ese ámbito, y justamente eso me mataba por dentro en estos momentos. Porque si era verdad que él mantenía una relación con ella, ¿qué significaba todo lo que sentía cuando estábamos juntos? ¿qué iba a ser de mí?
Sé que soy la mayor tonta del mundo, pero no he podido evitar caer por él, realmente fuerte. No lo buscaba, y quizá eso fue lo más bonito en lo nuestro (¿nuestro?). Desde que ocurrió lo de Sasuke nos hemos acercado más, y en un principio no vi las cosas de esa forma, porque hubiera sido tonta (a pesar de que ya soy una). Yo estaba herida y él me apoyó, tal cual Shouji y muchas otras personas más. Solo estaba siendo el mejor amigo del mundo. No obstante, cuando me recuperé él siguió ahí, y no es que esperaba que se alejara o algo por el estilo, mas sentí que lo nuestro se había elevado. Habíamos encontrado un nuevo nivel de confianza y de alguna forma nos habíamos descubierto otra vez. Y es que en estos momentos de nuestras vidas éramos prácticas todos los días una nueva persona, nos estábamos volviendo adultos. Lo veía todos los días crecer, y me gustaba la persona que era Shikamaru. Su manera de pensar, sus anhelos, sus actitudes. Sentía que podíamos ser compatibles, que nuestras vidas juntas funcionarían bien. Y sabía que sería parte de su vida, pues soy su mejor amiga, mas secretamente esperaba que fuera de otra manera.
Si Shikamaru estaba con Temari iba a quedar desconsolada, y ya estaba harta de sufrir por amor. Había superado tantas cosas y aprendido de la vida, que no obtener un simple final feliz era francamente injusto. ¿No se supone que después de la tormenta venía el sol? Me había prometido que yo merecía grandes cosas, y todos me repetían lo mismo. Tenía una ilusión bastante bonita sobre lo que sería mi vida y que nada de lo que anhelaba pudiese cumplirse era desolador.
Y él no podía mentirme. No podía hacernos esto. Porque sabía que no existía otra explicación frente a la tensión cada vez que nos observamos más tiempo de lo normal, cuando pillaba su mirada sobre mí o viceversa. Cuando nos reíamos demasiado sobre algo y notábamos lo cómplices y compatibles que éramos el uno para el otro. Cuando invadíamos el espacio personal del otro y se sentía tan bien, o esos celos genuinos que nacen en nosotros. Que están en mí, ardiéndome, tomando descaradamente cada uno de mis pensamientos. Si había amor entonces yo no era la única que lo estaba sintiendo. Aunque no lo admitiese, sus acciones lo delataban. Shikamaru me correspondía, y era cuestión de tiempo para que lo admitiéramos y fuésemos feliz. O al menos eso esperaba. No sabía qué tanto iba a tardar lo nuestro. Quizá nuestra historia no estaba destinada a reproducirse, al menos en estos momentos. Quizá nos anhelaríamos en silencio meses, años, o toda la vida. Quizá nos amaríamos para siempre pero nunca estaríamos juntos.
Habían tantas posibilidades, pero mi corazón y mente solo querían centrarse en una, y esa era el final feliz.
Tuve un mal presentimiento cuando organizaste una fiesta. Era el final del verano y todos sabíamos que en unos días más todos empezaríamos a dedicarnos a nuestros planes, y tú te habías mantenido tan callado al respecto, que ni siquiera tenía idea de lo que ibas a hacer. Shouji tampoco, ni Naruto. Nadie, en realidad. ¿Qué tanto ocultabas?
Estábamos todos reunidos, yo me sentaba entre Shouji y Sakura, con un revoltijo horrible en mi estómago. Ibas a hacer un anuncio, y sabía que se trataba precisamente de tu futuro. Intenté actuar lo más calmada posible, y como si no sospechase nada, te escuché. Disimulé frente a todos, por ti.
—Tengo algo que contarles—sonabas titubeante, y ese no eras tú en lo absoluto. Vacilabas constantemente y parecías querer retroceder, pero te conocía, y tú no harías eso. Por lo que seguiste.—Sé que han habido muchos rumores sobre Temari y yo, y esos... son verdad. Nos iremos mañana a su aldea, su padre me consiguió un trabajo muy importante y tengo que ir e instalarme. Esta será nuestra última noche juntos, así que celebremos.
Pero para mí no había nada que celebrar. Estaba desconcertada, aunque no debería. Y dolida, sobretodo eso. Pillé a Sakura observándome con un ademán triste y me pregunté qué tan buena había sido ocultando mis sentimientos. Ignoré a Shikamaru el resto de la fiesta y me concentré en olvidar sus declaraciones, mas estaban estancadas en mi mente. Me recorrían cada centímetro del cuerpo y me carcomían. Estaba destrozada, pero debía disimular. De repente no tenía idea qué sería de mí y todos los días que venían se sentían tristes y vacíos. Solo tuve claro en perseguirte cuando te despedías de todos y abandonabas la fiesta, pues debías viajar temprano y no podías quedarte mucho tiempo.
Pude alcanzarte cuando ya habías dado unos cuantos pasos del recinto, y te observé, considerando retroceder y tragarme todos mis sentimientos. Mas como aprendí de ti, no debía abandonar.
—¡Shikamaru!
Te volteaste, sorprendido, y caminaste hasta mí. Fue entonces cuando noté que estaba en blanco y no tenía claro en lo absoluto lo que iba a decirte. Así que solo atiné a pronunciar lo primero que pasó por mi mente.
—No puedes irte.
—Ino...—me hablaste y miraste con un semblante serio, mas sabía que ocultabas algo más.—Lo lamento, ya no hay nada que puedas hacer.
Sus palabras solamente me causaron irritación.
—Eres el peor de todos. Una decepción. ¿En serio no pudiste contarme antes? Soy tu mejor amiga—le reclamé, sufriendo al pronunciar lo último. Mis ojos ardían y sentía las lágrimas amenazando con salir.—¿No pudiste advertirme? Estoy destrozada, Shikamaru.
—En serio lo lamento—me dijo, sin hacer contacto visual conmigo. Y eso solo me hacía enfurecer más, y al mismo tiempo, salir de mi lógica.
—Eres un imbécil—le insulté, mirándole con odio. Y entonces lo otro solo sucedió.—No amas a Temari. No lo haces.
—No tienes idea de lo que hablas—sonó enojado y sus ojos se posaron en los míos, como si intentase probarme que me equivocaba. Y yo no lo hacía, así que seguí.
—No, no lo haces—le reprendí, y repentinamente mi vulnerabilidad salió a la luz. Me sentí débil y mi voz tembló.—Sé que no. No puedes... no es verdad.
—¿Y por qué no lo es?—cuestionó él, firme. Le sentí más cerca, y no supe si fui yo la que se movió, él o ambos. No importó, porque tenía sus ojos sobre los míos y se sentía como si invadiera toda mi alma. Y también su tono era distinto. Parecía curioso, expectante a que admitiera algo. Y sabía que este era el momento para sacar todo esto a luz.
—Porque tú me amas a mí—de repente había suavidad en mi voz y todo se sentía como un dulce momento de declaración.—Porque somos el uno para el otro, y conectamos perfectamente. Somos un rompecabezas, destinados a formar algo hermoso. Porque cuando reímos se siente como si estuviéramos solamente los dos, y cuando estás cerca es como tener mi hogar—entonces hubo un quiebre en mi voz y me encontré sollozando.—Porque podemos ser muy felices juntos. Y porque mi vida sería perfecta junto a ti, y sé que tú también lo sabes.
Él no respondió. Bajó la mirada y envolvió sus brazos fuertemente en mí, y a pesar de que su compañía se sentía como los cielos, ese abrazo tenía sabor a despedida. Y así fue, porque me soltaste, volteaste y seguiste tu camino.
—¡Shikamaru, no puedes dejarme! ¡Vuelve, Shikamaru! ¡Shikamaru!
Pero ya había perdido de vista su silueta y el único sonido que me envolvía eran mis sollozos. Observé y esperé a que volvieras, pero eso no pasó. Te habías esfumado. Te ibas en la mañana y de repente ya no eras parte de mi vida. Ya no tenía amor, y al parecer tampoco un mejor amigo.
Shouji llegó demasiado pronto a donde estaba y sospeché que escuchó toda la pelea, pero no le di interés. Sentí sus brazos, mas no llegaba a reconfortarme. A pesar de su calidez, no encajaba de la manera en que quería ni se sentía igual.
—No te preocupes, Shikamaru es un imbécil. Estaremos bien.
¿Pero realmente lo estaría, podría? ¿En verdad despertaría un día y me sentiría bien, cuando sentía que había perdido a la persona más importante de mi vida? Como lo veía, ya nada sería igual.
Shikamaru, no has respondido mis llamadas y no has intentado comunicarte con ninguno de nosotros. Realmente se siente como si no estuvieras aquí, como si no fueras real. Pero lo eres, y lo fuiste. Y cambiaste mi vida de una forma que nunca olvidaré.
Por hacerme descubrir que no debo esperar que la vida me entregue nada positivo, sino que debo buscarlo, gracias Shikamaru. No estoy segura si puedo decir esto, pero, siguiente.
