SE NECESITA ESPOSA
El problema de Naruto
—Tú eres la única culpable de esta situación, Hinata.
—Empuje, señora.
—¡Por Dios! ¡No soy culpable! ¡Qué cosas me dices!
—La culpa es tuya y de nadie más, está en tu linda cabecita —dijo Naruto, frunciendo el ceño—. Yo no tengo ninguna responsabilidad. Tú insististe, no lo olvides. Yo dije que no, que no pondría en peligro tu salud, pero tú insististe.
—Una vez más, señora.
—¡Ah! ¡Eso me gusta! Jamás insistí, tú eres el responsable. Si tu semilla es tan potente como para fecundarme con sólo un par de descuidos, es con toda certeza tu culpa, no la mía.
—Tal vez debería esforzarse un poco más en el siguiente empujón —le dijo el hombre que merodeaba a los pies de la cama.
—Hago lo que puedo —le gruñó Hinata al médico.
Tenía dificultades para verlo, pues las sábanas se amontonaban sobre su enorme abdomen. Luchó para sentarse y dedicar al doctor una eficaz mirada, que el tipo recordara durante el resto de su vida.
Naruto, que la apoyaba a su espalda, la ayudó inmediatamente, procurando que ella pudiera apoyarse sobre su pecho como si fuera un respaldo y así fuera capaz de mirar cara a cara al médico—. ¡No es fácil, no es nada fácil!
—Me hago cargo, lady Rasengan. También sé que la cabeza del bebé está a punto de asomar. Y para que eso suceda, usted tiene que empujar. Ahora creo que viene otra contracción. Por favor, ayúdeme empujando con todas las fuerzas que le queden durante la contracción.
—Nadie me habló nunca de esto —exclamó Hinata entre jadeos, que se convirtieron rápidamente en un alarido a medida que empujaba.
Detrás de ella, Naruto murmuraba suaves palabras de amor y de ánimo, mientras ella luchaba por acabar con aquella tortura cuanto antes. Hinata pensó que se iba a morir de dolor, o que se desmayaría, o que tendría que pasarse el resto de su vida gritando.
La más violenta contracción hizo que se diese por definitivamente muerta. Pero siguió viviendo. Empujó nuevamente, descargando la poca fuerza que le quedaba para librar a su cuerpo del cuerpo invasor, como calificaba para sí al bebé en ese momento. Empujó, empujó y empujó hasta que no existió nada más que un extenuante abismo de dolor.
—Excelente, señora. Ha sido magnífico. Puede relajarse un momento. —El médico miró a su asistente y le pidió un pañuelo.
Hinata se derrumbó hacia atrás, sobre Naruto. Todo el cuerpo le dolía y aún gritaba cada vez que sentía los ecos, como réplicas de un terremoto, de la última contracción.
—Nadie me dijo nada de este horrible dolor —dijo entrecortadamente—. ¡Malditas! Ni una palabra sobre lo que realmente se siente. Ni Kurenai, ni la vieja Mag, ni ninguna de las señoras me dijo que fuera tan terrible. Sólo hablaban de la alegría de tener finalmente al bebé en los brazos, pero de esta pesadilla... Cuando las vea, les diré unas cuantas cosas a esas brujas mentirosas.
El sonido del llanto del bebé le cortó las palabras. Un cosquilleo recorrió su cuerpo, como una ola de felicidad, amor y orgullo tan grande que inmediatamente le llevó lágrimas a los ojos. Naruto le besaba la sien empapada de sudor.
—Te amo, Hinata. Te amo más que a nada en el mundo...
Se quedó sin palabras en el momento en que el doctor le presentó el envuelto cuerpecillo.
—Señor, señora, su hijo.
—¡Un niño! —dijo Hinata, y lágrimas de felicidad se derramaron sobre sus pestañas cuando tuvo en brazos a la criatura. Miro la congestionada y diminuta cabecita, que ya daba a gritos su opinión sobre el mundo al que acababan de traerla.
El tono de sus protestas indicaba que podría mantener a todo Londres despierto si se lo proponía.
—Es hermoso. Es el niño más hermoso del mundo, ¿no crees?
—Sí, lo es. —Naruto le besó la sien una vez más, alargando la mano para acariciar los puños cerrados del bebé.
—La criatura más linda que ha existido jamás.
—¡Naruto, mira! ¡Los dedos de los pies!
—Tiene diez, seguro. ¿Los contamos?
Con mucha alegría, los nuevos papás contaron los dedos de los pies del niño, después, embriagados de felicidad, también le contaron los dedos de las manos.
—Prométeme una cosa, Naruto —dijo Hinata algún tiempo después, cuando la habían lavado y el niño se encontraba ya de nuevo en su regazo. Naruto se inclinó sobre su hijo para besarla.
—Lo que sea, mi amor —le dijo acariciándole los labios.
—Es sobre el niño.
—Lo que quieras, mi amor. Ponis, juguetes, la mejor educación, ropa en abundancia... todo lo tendrá.
Los ojos de Hinata se encendieron de amor, mientras mordisqueaba los labios a su esposo.
—Prométeme que él nunca dejara embarazada a una mujer. Lo convertiremos en un sacerdote católico, escuche que ellos no se casan. Practican la abstinencia. Tampoco Ino y Hanami, nunca se casaran. ¡Es la más espantosa experiencia que he vivido en mi vida! Ninguna mujer debería sufrirla. No te puedes imaginar el dolor que se siente en el parto. Es indescriptible, es absolutamente indescriptible. Es tan terrible que deseas morirte, deseas no haber nacido.
Dios, nunca podré olvidarlo. Esa experiencia me perseguirá hasta el fin de mis días, tendré pesadillas con el recuerdo de aquella infinita tortura. Creo que prefiero ser pisoteada por una manada de elefantes antes que tener que sufrir otro parto. Verdaderamente, el peso de los elefantes no sería nada comparado con el abrasador, ardiente, desgarrador, devastador dolor, destructor de almas, que se siente durante el parto...
—Claro, querida.
La pareja permaneció en silencio por un momento, observando al niño que habían concebido juntos, hasta que Hinata sintió el peso de las cosas que le había dicho a su amado esposo.
—¿Naruto?
—¿Si? —La mujer le obsequió con una maravillosa sonrisa, lo cual, considerando lo que acababa de pasar, decía mucho de su carácter.
—No quise decir lo que dije antes.
—Ah. ¿Quieres decir que no me vas a castrar si me acerco a ti? —El travieso resplandor que ella tanto adoraba había regresado a los ojos de Naruto.
—No, creo que de momento te dejaré disfrutar de tus... cosas. Y de paso las disfrutaré yo también.
—Eso me tranquiliza.
La agradable sonrisa de Hinata desapareció cuando se movió para colocarse mejor en la cama. Su cuerpo protestaba contra el más pequeño esfuerzo que intentase hacer.
—Pero ten cuidado, porque si no eres precavido durante la gimnasia, te agarraré de ahí y...
—Gracias, querida, te he entendido, te explicas muy bien. —Naruto se rió y ahogó las amenazas de Hinata con un beso que la dejó sin respuesta y hasta sin respiración.
Y en esas estaban cuando la puerta se abrió repentinamente y los cinco niños y Sumire irrumpieron en la habitación, todos hablando al mismo tiempo, todos entusiasmados por la perspectiva de ver al nuevo bebé.
La mirada de Naruto se encontró con la de Hinata mientras los niños se agrupaban alrededor del recién nacido. El corazón de Naruto se llenó con todo el amor y la felicidad que Hinata le había traído.
—¿Qué nombre le van a poner? —preguntó Sumire, mirando a Hinata y luego a Naruto.
—No lo hemos decidido aún —dijo Hinata.
—Yo he pensado en uno —anunció Naruto, y un risueño destello brilló en sus ojos.
—¿Enserio?
Naruto la besó de nuevo, incapaz de resistir la tentación de saborear la dulzura de sus labios. ¡Ah, Hinata, su placentera, fascinante y cautivadora Hinata!
—Boruto —dijo Naruto—. Lo llamaremos Boruto.
Y así fue.
¡Hola! Llegamos al final de otra adaptación, gracias por leer. En lo personal me divertí mucho adaptándolo, hace mucho que lo leí, & le tengo un especial aprecio a este libro.
Información:
Titulo: El problema de Harry. #3
Autora: Katie MacAlister.
Serie: Noble.
Me gustaría aclarar algunas cosas, referente a esta adaptación:
El primer libro ya está adaptado al NaruHina, lo pueden encontrar en FanFiction, se llama Nobles Intenciones, por la usuaria hannita asakura.
De hecho la pareja de esa adaptación aparece aquí, como la Familia Nara, quise darle un giño dándole el titulo de Myōboku. En esa adaptación el protagonista tiene un hijo y lo nombra Minato, aquí aparece como Boru.
Por cierto si lo leen, el personaje de Shikamaru en esa adaptación (Nobles Intenciones) es el Naruto de esta adaptación.
Les recomiendo muchísimo esa adaptación (Nobles Intenciones), a mí me encanta y me fascina. No se van arrepentir.
Y por ultimo pero no menos importante vuelvo a darle las gracias a LuzAngie por ayudarme, sin su ayuda todavía estaría publicando la adaptación de La Esposa. Muchas Gracias.
