La vida siguió. Poco a poco, todos empezaron a seguir sus propios caminos y observé como nos convertíamos de jóvenes irresponsables a adultos probando formar una vida. Me encontré más sola de lo que hubiese querido y me vi obligada a dejar ir la persona que era. Con Shikamaru alejado de mí tuve que aprender a ser responsable respecto a mi propia vida y tomar consciencia de mis decisiones. En un principio fue difícil, pues sentía que estaba entregándome a un lugar completamente desconocido y aquello asustaba, mas terminé encontrando gusto en poseer tal control sobre mí y tener el poder de que todo sea maravilloso en mi vida.

Tenía 23 y no había tenido una relación en cuestión de años, y sorprendentemente, descubrí que no la estaba buscando. Había dado con la estabilidad y madurez que probablemente necesité durante tantos años y no iba a renunciar fácilmente a la paz que había adquirido gracias a ello. Mi vida tomaba forma, tal cual yo como la mujer que era. Mi rutina era estudiar durante las mañanas, en camino de transformarme en una profesional, y en las tardes me encargaba del negocio familiar. Algunas noches decidía darme una noche de diversión y salía a algún bar o entraba en alguna fiesta, teniendo alguna aventura cada cierto tiempo, mas todo pasajero, pues lo había preestablecido en las reglas que creé para mí misma (porque era en serio el tener control sobre yo misma).

Primero, no revelaría mi identidad. Inventaría un nombre y otra historia sobre mí, y así cualquier desconocido con el cual me involucrara en realidad no sabría nada sobre mí. Segundo, no entregaría mi número a nadie, todo es cosa de una vez. Y tercero, solo podía estar con personas que tuvieran las mismas intenciones que yo, por lo que cualquier sospechoso de un posible enamoramiento o con deseos de algo formal eran descartados. Cumplía todas y mi vida se mantenía en orden.

Claro, hasta que apareció él.

Aquel día en la florería se sintió como la primera vez que nuestras miradas se cruzaban y tomaba consciencia de su existencia, no obstante, él me corrigió y contó que en realidad ya habíamos tenido un par de encuentros. Pero comencemos esto adecuadamente, desde el inicio, entreguémosle la entrada triunfal que él merece.

Estaba atendiendo la florería un tanto aburrida, extrañamente sin nada en mi mente. El ritmo del negocio se mantenía lento tal día, entrando irregularmente cada mucho tiempo algún cliente. Afuera se podía admirar un día soleado y hermoso, causando deseos de salir a disfrutar tal clima. Repentinamente sonaron las campanas colocadas en la puerta, indicando que esta había sido abierta. Levanté la mirada, contemplando como un cliente se acercaba al mostrador con una sonrisa cordial. A simple vista pude apreciar que era un chico bastante joven, delgado y extremadamente pálido. Le devolví la sonrisa y pregunté en qué podía ayudarle, mas él guardó silencio un momento, colocando un semblante pensativo, y aquello me dio un tiempo para admirarlo más detalladamente. Tanto sus ojos y cabellos eran de color negro y sus facciones se encontraban bastante definidas, mas no estaban marcadas, dándole un aura joven. Le consideré guapo.

—¿Ya decidiste qué querías?—pregunté en un tono amable, sonriéndole. Aparentemente teníamos bastante tiempo hasta que entrara otro cliente, por lo que no me preocupaba el tiempo que tardara en atenderlo.

—Sí—él me confirmó, después asintiendo de manera rápida. Amplié un tanto más la curvatura de mis labios, atenta ante sus palabras.—Quiero invitarte a salir.

—¿Qué?—salió involuntariamente de mis labios, y pronto mi rostro demostraba lo confundida que estaba. Le miré, aún sin procesar correctamente sus palabras, mas él siguió.

—Pues eso—y después soltó una risa, la cual fue adorable (mas no lo admití en voz alta).—Tú no me recuerdas, ¿verdad?

Guardé silencio, estudiándole detenidamente y buscando alguna memoria suya, mas nada. En verdad no sabía quién era él en aquel momento.

—No lo haces—confirmó, sonriente mas con un tono que dejaba entrever su decepción. Tan solo solté una risa nerviosa, sin saber qué hacer, sin embargo él prosiguió.—Nos conocimos en un bar, conversamos unos momentos. Me dijiste que te llamabas Emma y eras parte de la FBI—quise reírme en ese instante, pues me sorprendió lo ridícula que había sido en aquel momento, todo culpa del alcohol.—Días después pasé a la florería y te encontré, mas tú no pareciste reconocerme, y por supuesto, me di cuenta que mentiste aquella noche. Creí que me molestaría, pero no, al contrario, me llamó la atención y me interesé en ti, así que estuve dándome ánimos estos últimos días y finalmente me atreví a buscarte.

—Eres muy dulce—respondí, conmovida ante tal historia. En realidad parecía ser un buen chico, mas no iba a permitir a nadie ingresar a mi vida de tal forma.—Pero en este momento no deseo nada serio, lo lamento.

—Yo tampoco—confesó, aún sonriente. Por alguna razón aquello me desconcertó.—Lo siento si te di esa impresión, pero no quiero nada serio, o sea, no me opongo a ello, solo es que no sé si pasará. Tan solo quiero conocerte y descubrir qué sucederá con mi interés por ti. No tengo la menor idea si resultará o no, ni siquiera hasta qué punto. No puedo planear un futuro si no te conozco, Emma.

Reí ante la mención de mi nombre falso y aguardé unos momentos antes de contestar. Pensé en sus palabras y encontré que todo hacía sentido y era yo la que me tomaba tales atribuciones.

—No me llamo Emma—confesé, ligeramente avergonzada de mi mentira. Extendí mi mano hacia él, lista para presentarme.—Ino Yamanaka.

—Mucho gusto Ino—respondió cordialmente, estrechando un instante mientras volvía a hablar.—Soy Sai.

—Pues, Sai—retorné mi mano devuelta a mi cuerpo a la par que mis ojos se posaban sobre los suyos al hablarle.—Tendrás que pensar en algún panorama, porque saldremos.

—Está bien, eso haré—durante unos momentos nos quedamos simplemente sonriéndonos, hasta que él rompió el contacto segundos después.—Nos vemos, Ino.

—Nos vemos.

Y así observé como se volteaba y abandonaba la florería, pronto perdiendo de vista su silueta mientras nacía una boba sonrisa en mi rostro.

En ese momento no sospechaba en lo más mínimo la repercusión que Sai iba a tener en mi vida.