Hoy era mi cumpleaños número veinticinco. Era un día bastante especial porque además de los motivos comunes, hoy íbamos a realizar una junta como generación después de bastantes años de estar todos juntos por última vez. A pesar de haber mantenido contacto con la gran mayoría y haber seguido igual de presente en las vidas de Chouji, Sakura y Naruto, había alguien del cual no había escuchado su voz en cuestión de años. Alguien del cual escuchaba muchos rumores y especulaciones, mas nada oficial. Alguien que me dejó con interrogantes y abandonó mi vida de manera abrupta, volviéndose nada más que un complejo recuerdo. Shikamaru.
Algunos decían que vendría hoy, otros no tenían idea de su procedencia. En cuanto a mí, no podía mentir y decir que no había vuelto a pensar en él. Por supuesto que lo hice, mas las cosas habían cambiado. Ya no era la chica que creía que Shikamaru era el amor de mi vida. Ahora era realmente feliz, llevaba ya dos años de relación con Sai y no podría sentirme más satisfecha con la forma en que mi vida fluía. A pesar de recordarlo, él era un capítulo cerrado en mi vida. No existía espacio para preguntas como "¿qué habría sido si...?", ni un posible escenario en donde vuelve y confiesa que me ama, porque eso no va a pasar. Solamente por eso.
No tendría idea sobre qué hacer si eso sucede.
Me encontraba en la cama que compartía con mi novio, acosada por estos pensamientos quizá demasiado temprano. Me volteé, quedando frente al cuerpo adormecido de Sai y le contemplé en silencio. La luz del sol caía bajo su torso, alcanzando a subir hasta su rostro y la pared. Su piel brillaba, era tan pálido que sentía que en cualquier momento la luz lo traspasaría. Su semblante se veía tan relajado, inclusive con una diminuta sonrisa formándose en sus labios. Había cierta inocencia y ternura en su rostro, el cual me conmovió. La realidad era que tenía a una persona maravillosa al lado mío y era muy afortunada de tenerle en mi vida. Y no solo él, sino todo lo que ha traído.
De la nada, sus pestañas empezaron a moverse con lentitud y prontamente tuve esa mirada oscura posada sobre la mía, aún lo suficientemente adormilado para reaccionar. Le sonreí y llevé una de mis manos a posarse en su rostro, acariciando su suave mejilla. Antes de completar un buenos días, sentí un brazo rodeando mi cintura y acercándose fuerte pero cuidadosamente a su cuerpo, acurrucándome en su pecho.
-Feliz cumpleaños, hermosa.
Sonreí a más no poder mientras mis mejillas se calentaban y yo me concentraba en disfrutar lo agradable que era el estar tan cerca suyo, el tenerle ahí.
-¿Quieres ver mi regalo?
Asentí con mi cabeza, mas le retuve unos momentos más, encantada con la calidez que emanaba. Y así transcurrió una relajada mañana donde desayunamos en el balcón, nos quedamos recostados nuevamente y disfrutamos la presencia del otro con conversaciones triviales que se sentían como un hogar. Nuestro hogar. Llegó el momento en donde ambos nos separábamos, él se dirigía a su trabajo y yo a la florería para estar con mis padres y ayudarlos con la tienda. La tarde también fue tranquila, recibí múltiples visitas de amigos y compañeros, entre esos personas con las cuales me reuniría en la noche. Pero ninguno de esos era Shikamaru.
Retorné a casa y Sai ya se encontraba ahí, recostado viendo televisión con un ademán somnoliento. Se veía adorable. Le saludé con un beso y partí inmediatamente a arreglarme para la reunión, sintiéndome cada vez más ansiosa. Terminé colocándome un vestido de tirante color menta que se ajustaba a mi cuerpo y llegaba hasta la rodilla, el cual combiné con tacos gruesos del mismo color y un abrigo negro todavía más largo. Mi cabello se encontraba liso y con un mechón hacia un lado de mi rostro, mi rostro llevaba un maquillaje natural que más que nada se encargaba de disimular las ojeras producidas por el trabajo y finalmente unos aros largos y plateados.
Volví a la sala de estar, donde se encontraba Sai, el cual extrañamente colocó un semblante serio. Le miré confundida.
-Explícate-demandó en un volumen bajo mas de manera potente. Arrugué mi frente, sintiéndome todavía más perdida. Él rió y volvió a ser el chico carismático que amo, se levantó del sofá y se posicionó adelante mío.-Explícame como alguien puede ser tan bonita.
Reí frente a sus dulces palabras e inicié un beso que fue rápidamente interrumpido por el timbre de la puerta. Rodé los ojos y suspiré mientras me separaba de mi novio, retornando a la realidad. Me dirigí a abrir la puerta, fastidiada, mas mi humor mejoró al instante de ver quién llamada.
Chouji.
Fui atacada por unos brazos y envuelta en un abrazo de oso al cual correspondí sintiéndome extremadamente feliz. Cuando me soltó iba a hablarle, mas este se introdujo en nuestro hogar y envolvió a Sai en otro abrazo todavía más apretado. Reí frente a eso. Chouji amó a Sai desde que lo conoció, y a pesar de que mi novio es un chico extremadamente torpe en escenarios sociales, había logrado iniciar una gran amistad con mi amigo. Así, Chouji se había vuelto el fanático número uno de nuestra relación, lo cual era sumamente adorable.
Cuando terminó su abrazo le dije a Chouji que nos fuésemos, y tras un último beso a Sai mi amigo y yo nos retiramos. Podía ver la emoción y entusiasmo que él sentía, y a pesar de que deseaba profundamente sentirme igual que él había cierto nervio carcomiendo mi interior. Mi mente seguía preguntándose si es que existía la posibilidad de que él se encontrara ahí, y si era así, qué pasaría. Pero solo por curiosidad, nada más.
Llegamos a un bar de buena apariencia y pude escuchar el bullicio desde fuera. Di pasos lentos, ante todo cuidando mis zapatos, y entré tras Chouji. Prontamente se posaron varios pares de ojos sobre nosotros y gritos de personas felicitándome por mi cumpleaños. Todo iba bastante bien, por lo que estaba relajada y disfrutando los primeros instantes ahí, hasta que mi mirada se cruzó con otra demasiado familiar. Tal reencuentro se sintió como electricidad recorriendo mi cuerpo entero y mi corazón dando fuertes saltos, como si planease salirse.
A esa mirada le decoraban ojeras delatando cansancio, mas esos ojos expresaban un sentimiento que no lograba descifrar, e inclusivo desconociéndolo lograba generar un nudo en mi garganta, dejándome completamente estática y muda. Shikamaru.
