(ノ. ヮ)
Un Fuego Sagrado.
Capítulo IV.
La Primera Prueba de Fuego.
Perdida en un Infierno.
Meikai/Myobokai. 11:59 horas antes de Amanecer.–"¿Ahora que hare?"– Era el pensamiento que resonaba con mayor potencia en la atormentada cabeza de Akane.
La copa estaba pérdida, extraviada en algún lugar del Meikai, en algún sitio inalcanzable para ella, todo su cuerpo que había estado hirviendo en vigorosa determinación temblaba de nervios al pensar como lograría su cometido sin ese trofeo.
La llave que la guiaría al alma que buscaba.
La que la llevaría de regreso al Reikai al ser un objeto preciado para Toguro el menor en vida.
Y ahora ella no la tenía.
El amanecer no la esperaría, las palabras de Otake se encontraban frescas en su cabeza. Si no lograba encontrar a Toguro el menor antes del alba, se quedaría en ese lugar hasta que pudieran abrir otro portal, y solo Kami sabría cuánto les tomaría el lograrlo.
El tiempo inclemente siempre fue enemigo de los humanos, pero solo en ese momento Akane fue consciente de lo duro que podía ser.
La joven Tendo salió bruscamente de sus tormentosos pensamientos cuando su cuerpo choco violentamente con el árido suelo del Myobokai, su cuerpo derrapo por el pedregoso suelo causándole gran dolor.
–Itai...
El quejido escapo de su boca sin darle mayor importancia.
Aun a pesar del daño proporcionado a su cuerpo Akane permanecía en estado de shock, su cuerpo se encontraba tenso y sus ojos miraban fijamente el rojo cielo del Myobokai, sus nubes de un profundo gris oscuro y los esqueléticos pájaros que lo surcaban llamaron su atención; todo el lugar era un desierto rocoso con grandes y altas rocas que parecían árboles dándole el aspecto de un bosque de piedras aunque ninguna planta crecía y los únicos animales, si se les podían llamar así, eran esas horribles aves hechas de huesos y volaban a gran altura.
Ese era el lugar donde las almas de los peores criminales eran castigados sin misericordia, donde no se les mostraba piedad a aquellos que no la tuvieron con sus víctimas, cientos y miles de almas que sufrieron por el placer de unos pocos, sintió asco al pensar que muchos de esos delincuentes solo recibieron su castigo después de la muerte y eso la lleno de un desazón en el fondo de su espíritu.
En Myobokai, uno de los peores infiernos del Meikai, el silencio le erizaba la piel y el sutil olor a azufre y putrefacción del lugar la desconcertaban, el sitio de alguna forma era y a la vez no lo que esperaba, algo no estaba bien en todo eso, a lo lejos los graznidos de esas horripilantes aves la distrajo por un instante.
Sus ojos escanearon el lugar desde su lugar en el suelo pero aun así no encontró nada diferente lo único llamativo era el agujero de energía helicoidal de color rojo y purpura que se encontraba a pocos metros de las cúspides de las piedras y que se retraía en sí mismo para luego expandirse y volver a retraerse, mirando con fijeza el portal sujeto con ímpetu la camisa azul en sus manos y se levantó con dificultad del peñascoso suelo que lastimo su espalda.
Haciendo acopio de toda su fuerza Akane camino con la espalda recta y el mentón arriba, incluso perdida en los infiernos no volvería a mostrarse débil, aunque nadie la viera ella era una Reikai Tantei ahora y sobretodo ella era la poseedora de un pacto con un Dios Demoniaco; si flaqueaba ahora nunca se lo perdonaría.
Sentía su cuerpo magullado pero para la altura de la caída no tenía ni una fractura relevante.
Este hecho lo asocio al dios que residía en su cuerpo, el constante y cálida Ki la hacía sentirse bien, viva, completa. Un escalofrío la recorrió al pensar por un momento en el frio que a veces sentía antes del día en que pacto Hinokami, el frio que le recordaba al vacío y a la oscuridad.
Con un hondo suspiro se concentró y de forma casi instintiva logro que la energía flamígera en su cuerpo corriera con mayor rapidez por todo su organismo.
Porque hay veces que la existencia se empeña en golpearte una y otra vez, te derriba y tienes dudas de levantarte una vez estas en el suelo, muchas experiencias de este tiempo tienden a traumatizar a las personas y las hacen menospreciarse, pensando que nunca podrán lograr algo concreto.
Eso le ocurrió en muchas ocasiones a la joven Tendo, siempre luchando, tropezando y levantándose, porque esa era su naturaleza, fuerte, aguerrida y brillantemente inextinguible, resplandeciendo pese a que intenten destruirla.
Prueba de ello era que incluso cuando la muerte infinidad de veces la llamada ella lograba eludirla, que cuando las personas la hacían menos y la insultaran ella aun así sonreía y luchaba por sobresalir con su puro corazón, que cuando sus sentimientos eran heridos ella podía perdonar y olvidar aunque llorara lágrimas de sangre.
Y por esa voluntad era que no existía mejor complemento para su temple de hierro que la brutal esencia primitiva de Hinokami, que jamás podría ser extinto u opacado que incluso en la adversidad se empeña en seguir brillando.
Siempre se levantaran y juntos quemaran los artículos en el camino que eligieron transitar.
– Vamos, Akane ¿Ahora a dónde?– La fuerza en la voz de la chica era prueba de su renovada convicción, el tiempo había empezado a correr y ella no podía malgastarlo.
Su mano se aferró a la tela azul que aun sostenía, sin saber que esta emitía un débil brillo.
Ningenkai/Sarayashiki. 09:49 horas antes de Amanecer.
Por las calles de Sarayashiki se veía caminar a un joven de cabello negro peinado hacia tras con mucho fijador, en su espalda llevaba un gastado morral de color caoba, el chico caminaba ensimismado en sus pensamientos pero aun así permanecía alerta a cualquier movimiento de algún enemigo invisible.
El joven Urameshi saco su celular del bolsillo de su chaqueta verde cuando se detuvo frente a un común complejo de apartamentos y fijando su mirada en uno en específico se llevó el aparato a su oreja.
– Baja, ya estoy aquí. –Pronuncio escuetamente y corto al segundo siguiente.
Unos minutos pasaron en los que Yusuke miro desconfiado a su alrededor, aunque no sentía nada no podía quitarse de encima esa ansiedad que sentía desde que ese monstruoso Youki aprecio repentinamente; su hosco semblante tomo un aire severo al recordar lo que tenía que hacer.
– ¡Ey, Urameshi ¿Cómo estás?!–Saludo efusivamente un alto joven de cabello naranja se reunió con el Hanyou. –Sabes en este momento Seiryuu está cocinando una sabrosa sopa ¿No quiere...?–Kuwabara fue interrumpido por un fuerte golpe en el estómago.
– ¿Kuwabara, para eso me llamaste?–Le cuestiono un mosqueado Yusuke golpeado al joven de la Rei-Ken otra vez.
–No, no... Yo... Te llame para decirte que he decidido quedarme unos días en el Templo de Genkai-Sensei. –Kazuma pronuncio solemnemente después de recuperar el aire perdido, el hijo de Raizen lo miro seriamente mientras seguía hablando. –Yukina me llamo esta mañana y está muy asustaba por lo que paso... Ya sabes...–El de cabello naranja pareció cohibido por un momento, el cual el joven ex-detective aprovecho para hablar.
–Sí, lo sé ¿Pero que pasara con Seiryuu?–Cuestiono.
–Ella vendrá conmigo, no pienso dejar a mi Nee-San.
–Bien.
– ¿Y tú, Yusuke? ¿A dónde piensas ir?–Inquiero mirando fijamente el morral que el Mazouku llevada.
El joven miro un momento su mochila y después fijo su vista en el cielo por donde en ese momento cruzo una brillante estrella fugaz la cual logro que el chico sonriera.
–Voy al Makai a hablar con Enki, Yomi y Mukuro sobre lo que sucedió; ellos pueden ayudar si algo llegara a ocurrir y a lo mejor alguno podría saber de quién o qué era esa energía tan brutal. –Un hondo suspiro abandono los labios del Urameshi. – ¿Sabes, Kuwabara?
– ¿Qué, Urameshi?
–Quiero pelear con el dueño de ese Ki y a la vez no quiero. –Contesto aun mirando hacia el cielo. –Tengo estas ganas de luchar como cuando nos enfrentamos a Sensui o cuando pelee con Yomi, pero no quiero tener que perder lo que tengo ahora como antes; no quiero tener que irme años y dejar a Keiko y a mi Okaa-San o ver como se sacrifican personas. – Trato de explicarse con los nudillos blancos de tanto apretar los puños. –Tengo miedo de que este ser desconocido se vuelva un enemigo que sea peor a lo que nos hemos enfrenado antes; es algo que desconocemos y no sé cómo actuar ante esto.
– ¡Eh, Urameshi!– Llamo Kuwabara.
– ¿Si? ¡Ahhh!–Yusuke se sobresaltó cuando por fin fijos su mirada en su amigo solo para verlo a pocos centímetros de el con la boca abierta hasta el pecho y cara de zopenco.
– ¿Urameshi, que te pasa?
– ¡Eso debería preguntártelo yo a ti, imbécil ¿A qué viene esa cara de tonto?! –Dijo con una vena que se hinchaba cada vez más en su frente.
–Es que te escuchaste muy serio. –Explico mientras se recomponía y miraba hacia la ventana donde podía notar la figura de su hermana fumando. –Es cierto que hemos pasado mucho, aunque no los acompañe al Makai, yo también siento que no quiero que esta paz en mi vida se acabe pero también deseo luchar contra alguien fuerte codo a codo con ustedes de nuevo.–Kuwabara exhalo un pesado suspiro cuando regreso su vista a Yusuke.–No quiero más sacrificios...
– ¡Jaja! ¡Kuwabara creo que hemos madurado! Nunca te escuche hablar tan serio y por lo que dices tampoco esperadas que yo hablara así ¡Jajaja!–El ambiente se aligero cuando Kazuma se contagió de la risa del Urameshi.
–Sí ¿Y qué hay de Kurama y Hiei? ¿Te has comunicado con ellos? –Pregunto al de mirada castaña.
–Hn, Kurama va a ir a investigar el lugar donde se manifestó ese Youki, quizás sería bueno que lo acompañaras después de que te instales a que Genkai, yo volveré pronto con Jin y los otros y Hiei va a inspeccionar el Makai antes de venir.
–Ok.
Los jóvenes se sonrieron mutuamente reconociendo que ya era el momento de despedirse.
–Bueno ya me voy. –El joven de chaqueta verde pronuncio mientras reacomodaba su mochila en su hombro.
–Está bien. –Contesto cuando lo vio comenzar a caminar por las vacías calles.
–Kuwabara. –Lamo antes de irse.
– ¿Si, Urameshi?
–Cuida mucho a Genkai y a Yukina, y mantente a pendiente de mi Keiko ¿Quieres?–Dijo aun de espaldas.
–Claro, así lo hare. –Respondió una vez la figura de Yusuke se perdió entre las calles neblinosas para después adentrarse al edificio.
Ambos presentían que algo iba a cambiar; solo que ignoraban que seria.
Meikai/Myobokai. 08:25 horas antes de Amanecer.
En la mente de Akane se repetían una y otra vez las palabras de Otake, la joven peli azul temía estar equivocada pero según sus cálculos llevaba caminando poco más de una hora, aunque ella no sentía mayor cansancio o desgane más que un poco de sed.
– "¡Kami! ¡¿Cuánto falta para ver algo más que rocas y polvo?!"–Pensó frustrada la chica al no ver ningún avance en su búsqueda.
Los áridos terrenos se extendían casi infinitamente hasta el horizonte y arriba de ella el negro Sol del Myobokai no parecía dar tregua, dedujo que era una especie de Sol al estar haciendo tanto calor en el lugar en ese momento y al sentir su piel arder junto al deslizar del sudor por su piel, supuso también que quizás los sistemas horarios del Meikai y Ningenkai estaban invertidos así que como tal la hija de Soun tenía hasta el atardecer del Myobokai para llegar hasta Toguro el menor y volver al portal antes de que este se cerrara completamente.
Aunque como tal en el lugar fuera de día la zona permanecía con una luz más bien claroscuro al ser su sol del color de la brea.
–Que calor...–Pronuncio en un quedo suspiro.
Llevada deambulando ya un buen rato el cual aprovecho para estudiar a cabalidad el área, el desierto rocoso estaba lleno de grandes piedras tan altas como árboles y del mismo color gris ceniciento del suelo aunado la poca iluminación estas podrían ser tanto peligrosas como beneficiosas.
Fervientemente mantenía su concentración para ignorar el asqueroso olor a podrido que se volvía más fuerte mientras más caminada, su estómago se revolvía con ganas de regresar lo poco que pudo comer antes de llegar ahí.
– ¿Cómo estará Kazumi?–Se preguntó en un murmullo recordando a su dulce hermana, un pinchazo de culpa le pico en el corazón a la doncella al pensar que la castaña de cabello largo podría estar preocupada por ella, sacudió la cabeza tratando de alejar de sus pensamientos a Kazumi, no era ni el momento ni el lugar para estar meditando sobre eso; ya tendría tiempo después, o al menos eso esperada.
La camisa azul se encontraba amarrada a su cabe para evitar que el sudor le cayera a los ojos pero aun así traviesas gotas se le escapaban.
Akane limpio por quinta vez su frente cuando vio como a lo lejos el plano terreno se terminaba en un pronunciado precipicio, la pequeña dama se acercó con rapidez y noto que más que un precipicio era un gran agujero, tan grande y profundo que era difícil calcular cuántos metros de caída tendría.
Forzó su vista manteniendo su mano sobre sus cejas para tratar de captar mejor lo que se encontraba al fondo del hoyo.
– ¡Demonios!–Con frustración Akane comprobó que no podía distinguir nada claramente a esa distancia.
Con molestia presiono más su visión mientras se inclinaba más en su posición a orillas del barranco hasta que su ojo derecho le empezó a arder horriblemente. Se echó un poco hacia atrás mientras se restregaba con fuerza su ojo pero aun así la molesta sensación no se iba.
Pego su frente al suelo y se mantuvo así mientras seguía restregando con ímpetu su mano contra su castaño orbe; fastidiada la joven Tendo saco con cierta dificultad la polvera que aún mantenía dentro de su chaqueta, la cual había atado a su cintura cuando no pudo soportar más el calor, al abrirla y mirar su rostro en el espejo Akane quedo sorprendida tanto que no le prestó atención a que el ardor por fin fue remitiendo.
– ¿Qué-qué es esto?–Sobre el castaño orbe de la chica se había materializado un aro de fuego que por su forma y tamaño se asemejaba a un monóculo en el rostro de la pequeña de cabellos cortos.
Con asombro miro como a través del espejo pudo distinguir con suma claridad el fondo del barranco, aturdida giro hasta el borde e inclinándose otra vez observo claramente todo lo que antes no pudo.
Admirada y llena de alegría comprobó que podía ver claramente todo, como había una clase de Tenshukaku de varios pisos dentro y como este parecía estar habitado.
Pero quizás por el azar o la mala suerte la joven artista marcial termino deslizándose por el precipicio.
– ¡Kyaaaaaaaaaaa!
El grito de Akane logro espantar hasta a las esqueléticos pájaros que sobrevolaban el lugar.
La chica Tendo rodó por el barrano hasta que al ver que pronto colisionaría con el final del mismo cubrió su rostro con sus antebrazos y se preparó para el impacto que nunca llego. A pocos centímetros del suelo del cuerpo de la pequeña peli azul se escapó una onda de Ki de fuego que la impulso hacia arriba para sorpresa de Akane, su cuerpo volvió a caer suavemente los pocos centímetros ganados y cuando se recuperó de su sorpresa miro sus manos.
Sus carmines labios se deformaron en una sonrisa torcida cuando empuño sus manos y sintió el latir de la voluntad de ese fuego inextinguible en su interior.
Su corazón palpitaba raudo al pensar que las palabras de Ayame eran ciertas; ella no estaba solo y nunca lo estaría porque ahora tenía a su lado al Hinokami.
Levantándose el fondo del agujero miro el ruinoso edificio tradicional que se presentaba ante sus ojos.
Ese hoyo parecía ser el origen del olor a putrefacción. El lugar estaba rodeado de frío, dolor, miseria.
Muerte.
Ese infierno estaba lleno de tanta... Oscuridad.
La falta de sonidos le hacía sentir enferma, aquel lugar hermético le daba ganas de gritar para compensar el silencio sepulcral.
Cuando se acercó más hacia los ruinosos escombros del lugar unos espantosos gritos de sufrimiento la alertaron y vio como de las sombras salía una creatura amorfa con un cuerpo desgarbado.
Encorvado, calvo, con la piel desnuda de color negro, de largas las piernas arqueadas con los pies deformados en forma de estacas y los brazos que terminaban en manos retorcidas con garras larguísimas y filosas. La fea creatura estaba de espaldas a ella y parecía no notarla al estarle dedicando toda su atención a algo que comía.
Todas las partes de su cuerpo ofrecían un aspecto marchito y consumido, como el cuerpo de un gigante increíblemente esquelético.
Y entonces aquellos dientes horribles se separaron, y la boca se abrió cada vez más para dejar escapar tres lenguas ásperas, cada una de ellas tan gruesa como su muñeca.
Cautelosa se escondió entre los escombros que estaban esparcidos por el lugar mientras estudiaba a ese extraño esperpento.
Vio como el monstruo se giraba y quedo espantada al presenciar, sus mandíbulas gigantescas llenas de eso aterradores dientes eran su característica más llamativa, un protuberante contenedor de los filosos dientes de descomunal tamaño que sobresalían de la boca de la aberración, dientes tan largos y afilados como navajas que la carne de la boca era incapaz de contener de modo que los labios estaban perpetuamente tensados en una mueca desquiciada, entre los incisivos llenos de babas, supurante de putrefacción y sangre fresca yacía un brazo cercenado aun sangrante.
En la parte superior del rostro del deforme ser se encontraba una máscara que se asemejaba a una calavera y tenía extrañas marcas del color de la sangre.
Un jadeo se escapó de sus labios al ver como esa cosa escupía el brazo y lanzaba un alarido infernal que le helo la sangre, era muy similar al grito de agonía y desesperación de una mujer.
El monstruo pareció darse cuenta de ella con ese desliz, lo vio girarse por completo hacia su dirección y como comenzó a caminar velozmente balanceando sus brazos como si no tuviera control sobre los mismos.
Un sudor frio recorrió su columna cuando un nuevo alarido se repitió mientras se precito hacia ella.
El ambiente de repente se volvió frio cuando la creatura estuvo a escasa distancia de ella.
Retrocediendo unos pasos forzosos sin escuchar las pisadas bajos sus pies, Akane tampoco oía los ligeros jadeos que daba por el terror, ni mucho menos los latidos desenfrenados de su corazón desbocado.
Ella solo era consciente del monstruo que se encontraba ya estaba sobre ella.
Y la sensación de su cuerpo actuando por sí mismo.
Reikai/Oficina de Emma-Sama. 06:42 horas antes de Amanecer.
En la oficina de Emma-Sama el ambiente estaba lleno de expectación mientras que el Rey Emma, los Ogros, las Fuerzas Especiales de Defensa y las Shinigami miraban absortos una pantalla donde se veía a la joven Tendo; todos excepto el gran Rey estaban sorprendidos por la forma en que la chica se desenvolvía en el Myobokai como si nada, la forma en la que manejaba las propiedades del espíritu residente en su interior asombraba a todos y a la vez los aterraba.
En especial a cierta Shinigami de cabello celeste y ojos rosas que flotaba en su remo lo más alejaba del Rey.
El lugar rebosaba de murmullos y leves sonidos de asombro que llenaban de tensión el lugar.
–Esta chica es impresionante. –Susurraban un montón de ogros que veían a la joven caminar como si nada por el Myobokai.
–Esa chica debe ser una experta en el Rei-Jutsu para poder moverse así llevando un espíritu en su cuerpo. –Uno de los soldados de la Fuerza De Defensa del Reikai pronuncio impactado cuando vio como el aro de fuego se formaba en el ojo de la joven peli-azul.
–Sí, lo más impresionante es que en ningún momento ha expulsado al Hinokami de su cuerpo. –Respondió una Shinigami.
–Tiene un talento innato. –Aporto otra Shinigami cuando la pequeña Dama levito por un momento para evitar el impacto contra el suelo.
La razón de tal conmoción no era otra que las inusuales condiciones naturales del mismo Myobokai, el aire era más pesado al igual que su gravedad, a la mayoría le resultaría casi imposible mantenerse en pie en el lugar, además del insoportable calor y los hedores que abundaban en esa parte del infierno, el lugar fue creado para que ninguna alma saliera o entrara sin antes cumplir con ciertos requisitos.
El primero, estar muerto, un alma no es consiente del peso o el calor.
El segundo, ninguna alma podría entrar sin que esta hubiera pasado por el Puente del Juicio.
Y el ultimo, nadie podría sacar un alma corrupta sin una prueba de que podría ser salvada.
Por eso se necesitaba una llave, una prueba fehaciente de que alguna vez los condenados fueron inocentes.
El Myobokai era donde los malhechores eran castigados por sus propios pecados, donde estaban condenados a la locura a manos de los sentimientos de sus víctimas, ningún inocente podría estar en él.
De un momento a otro la sala se quedó callada cuando apareció el extraño monstruo en la pantalla.
–Kami...
–Podre chica. –Una Shinigami susurro.
– ¿Que dices? ¿Deberías de tenerle latina a la creatura, no viste acaso como esa chica controla a ese espíritu? –Contesto una de las integrantes de las F.E.D.M.E.
–E-es un-un... Kyo-Kyoura...–Tartamudeo un ogro muerto del miedo.
–Nunca creí que alguien podría controlar tan fácilmente al Hinokami ¿No cree que es algo fascinante, Emma-Sama?–Expresó sorprendido Otake.
– Ella no lo controla...–Murmuro Emma-Sama sin despegar su vista de la pantalla donde se veía como la chica esquivo por poco al Kyoura y lanzo una potente patada flamígera a la espalda del mismo que no logro siquiera moverlo.
La Shinigami miro con el ceño levemente fruncido en duda al gran Rey.
Cuando Akane lanzo el primer puñetazo un jadeo de desconcierto se escapó de los labios de la pálida Ayame que flotaba muy cerca del hombro de Emma-Sama en su remo, su rostro se deformo en una imperceptible mueca de desconcierto mientras cubrió su boca con su blonda mano.
En ese momento se pudo ver como el monstruo ataco sin piedad a la joven que trataba de eludir sus golpes con cierta dificultad, los movimientos de la pequeña dama de cabellos azulinos eran bruscos, tensos y nada fluidos, más semejantes a movimientos de un robot que a los de un artista marcial.
Le hacía falta fluidez y agilidad.
– Su cuerpo responde por puro instinto igual que el espíritu, se acoplan sin siquiera estar conscientes. – Se explicó mientras su rostro se mantenía tenso cuando la joven volvió a esquivar al Kyoura, obteniendo un corte en su mejilla derecha, si los movimientos de la chica eran rígidos los de la creatura eran violentos, descoordinados, solo con el propósito de herir pero sin ser verdaderamente consiente de dónde.
Era un monstruo no pensante, era una bestia que se guiaba por su sed de sangre.
– ¡¿Qué-qué ha dicho, Emma-Sama?!
La exclamación de Otake llamo la atención de más de uno,
– Esa señorita será consumida por ese poder que ahora posee...
– ¿Ah?– La Shinigami de kimono negro abrió los ojos impactada al oír esas palabras. – ¿Emma-Sama?
– El destino de esa niña está cubierto de cenizas y adversidades; ahora solo queda ver cuánto durara sin que su alma se queme.
Las palabras de Emma-Sama quedaron flotando en el lugar como un presagio e que algo pasaría.
Meikai/Myobokai. 05:49 horas antes de Amanecer.
La joven Tendo, aunque consiente, no sentía ninguna parte de su cuerpo, esquivaba y atacaba de forma inconsciente, maravilla y aterrorizada.
En un principio sintió su cuerpo paralizarse del miedo, llenarse de ese sentimiento que empezaba a aborrecer cada vez más, impotencia, incompetencia, insuficiencia, y en ese estado de letargo, esquivo y lanzo ese primer contraataque que la dejo maravillada.
La brutal patada que fue rodeada por ese efluvio de poder calórico la fascino y la despertó de su sopor.
El hormigueo que la peli-azul empezó a sentir en cada uno de sus miembros le lleno el corazón de una sensación placentera al tiempo que esquivaba los ataques de esa cosa.
Un puñetazo de parte de la Tendo en la mandíbula de la deformidad lo dejo lo suficientemente desorientado para hacer un barrido a las piernas de escuálido monstruo que lo dejo de rodillas.
La pequeña dama mando otra patada con dirección a la cara de la creatura que lo alejo de ella unos pocos metros, la fascinación la embargaba con cada golpe que impactaba en el cuerpo enemigo.
El oscuro cuerpo se levantó con rapidez y volvió a abalanzarse sobre ella, con más vigor que antes en sus ataques los cuales empezaban a ser más difíciles de esquivar.
Akane giro su cuerpo evitando un golpe de esas garras en su rostro, las cuales dejaron un largo y poco profundo corte en su mejilla, su errática respiración era muestra de su cansancio pero aun así en su rostro una enorme sonrisa se veía.
Ese sentimiento bullicioso que se apoderaba de su pecho le encantaba, la coaccionaba a atacar con más fiereza, a doblegar a su oponente, la impulsaba a usar todo solo para ver a su enemigo vuelto cenizas.
Akane se preguntó en el fondo de su ser si esto era lo que sentían Ranma y Ryouga cuando peleaban, si ellos disfrutaban tanto al momento de luchar como ella en ese momento; se cuestionó si Shampoo o Ukyo habrían deseado tanto ver vencido a un contrincante o si siquiera desearon que los golpes y patadas nunca acabaran solo por seguir sintiendo ese cosquilleo en todo el cuerpo.
La joven doncella solo pudo asociar ese sentimiento que la entumecía y la avivaba como placer.
Un maravilloso e inigualable placer.
Uno que lograba que perderá la noción del mundo, perdiera la noción de todo menos de que estaba viva, que el dolor que sentía a momentos era prueba de ello y que era fuerte, que lo daba todo por vencer y que no existía mañana, no existía el deber ni el honor, solo el momento en que sus puños impactaban contra el cuerpo contrario.
Apenas vio una apertura golpeo fuertemente el abdomen de la bestia con su puño rodeado de esa caliente energía; su puño impacto varias veces más en la misma área a una velocidad vertiginosa que causo un agujero en el torso de la aberración.
La sangre que salpico su ropa no fue del brillante color rojo que poseían los humanos, si no que era de un asqueroso color verdoso, tan oscuro como la brea.
Su jadeante respiración fue lo único que se escuchó antes del golpe de su cuerpo contra el suelo.
Akane estaba agotaba.
– Jajajaja... ¡Jajajaja!
Una risa bulliciosa y alegre, una melodía llena de felicidad y paz.
Fue la muestra de que no había vuelta atrás, toda la duda que pudo tener se evaporo al sentirse viva desde hace mucho tiempo.
– ¡Arriba!– Se animó mientras se paraba y sosteniéndose de los escombros del lugar.
Cuando la menor de los Tendo estuvo lo suficientemente cerca del Tenshukaku, simplemente, se desmallo y en medio de la inconciencia no tubo frío ni miedo.
Meikai/Myobokai. 01:03 horas antes de Amanecer.
Oscuridad.
Sueños sin sueños.
Gritos desgarradores que helaban el alma.
Alaridos de mil voces llenas de miedo, dolor y desesperación.
La inconciencia que se vuelve consciente del peligro y la falta del vital tiempo.
Esa fue la situación de la joven doncella de iris castaños que despertaba bruscamente cuando su cuerpo experimento una precaria baja de temperatura. Akane se sentó de golpe rápidamente mirando todo mientras se formaba el aro de fuego en su ojo y en sus manos un cosquilleo de expectación.
Sus oídos captaron una infinidad de voces que aullaban y chillaban en medio de gritos que más parecían lamentos de ultratumba, los últimos demasiado parecidos a los de niños y mujeres.
Un escalofrió la recorrió entera recordando el monstruo con el que peleo no hace mucho, los gritos más predominantes eran una rapsodia de alaridos de dolor, miedo, desesperación desesperanza y sufrimiento.
Sus piernas se movieron precavidamente acercándose poco a poco hacia la construcción en ruinas.
Akane entro tratando de que sus pasos fueran lo más silenciosos posibles, en ese momento fue consiente de la tela de color azul en su cabeza que emitía un leve brillo que se intensificaba con cada paso que dada.
Desconcertada apresuro un poco el paso, los gritos se volvían más fuertes al igual que la luz a cada momento aceleraba un poco más su ritmo, presurosamente se escondió en una esquina cuando entro a lo que parecía ser el corredor principal lo vio, otra deformidad, solo que esta era obesa y apenas parecía poder moverse de lo gorda que estaba, no gritaba, lo más probable es que estuviera dormida ya que apenas era perceptible su respiración.
Akane fue saliendo despacio de su escondite cuando un fuerte bramido resonó por el lugar e hizo retumbar el lugar, la creatura se despertó y se levantó a una velocidad impresionante; sus garras rallaron el suelo en un chirrido lacerante mientras corría con igual rapidez hacia el lugar de donde provino el ruido.
Cuando por fin salió de su escondrijo y empezó a caminar por el pasillo con cautela observo un panorama horrible, infinidad de partes humanas desmembrados, cuerpos carbonizados, personas que eran torturadas de formas inimaginables para su mente, una horrible masacre, una pesadilla de sangre.
Algunos monstruos de los que vio antes estaban ahí, algunos peleando por comerse uno de los miembros cercenados, otros cortaban con sus garras a las personas, otros que tenían colas en sus espaldas bajas las usaban para dar latigazos a los irreconocibles cuerpos, otros los quemaban y de los torturados los que más parecían sufrir eran los que eran mórbidos por esas aberraciones.
Pero lo que más asco y miedo le dio a Akane fue los mismos torturados, aquellos que eran martirizados, reían y sonreían con claras muestras de locura, aunque lloraban lágrimas de sangre, sus rostros se deformaban en una mueca desquiciada.
Estos reían más fuertes o lloraban con más ahínco cuando los gritos de las creaturas llenaban el lugar.
El suelo estaba agrietado, y del salía una sustancia negra y pesada, tal parecía que era la causa del olor a putrefacción y cadáver, la sangre manchaba las paredes del lugar.
Ese lugar la asustaba, la asqueaba.
Desato bruscamente la tela azul de su frente y la apretó en sus manos, el brillo de la camisa era fuerte pero no lo suficiente.
Se encontraba bien ubicada entre las ruinas, las deformidades no la veían pero si se movía seria descubierta fácilmente. Escaneo el lugar a conciencia y noto como los escombros se sobreponían un sobre otro en el lugar, lo cual le dio una loca idea. Presurosa Akane se deslizo hacia un pequeño montón de escombros que estaba cerca de ella.
Cuando llego al lugar sin llamar la atención de las deformidades se propuso a escalar los escombros hasta estar sobre las cabezas de los monstruos y los torturados, la piedra se encontraba resbaladiza por la sangre añeja y la sustancia negra y apestosa; en sus manos la camisa brillaba cada vez un poco más cuando ya arriba de todo gateo hacia adelante.
La joven Tendo siguió de a poco hasta que abruptamente tuvo que detenerse al ver que el camino por el que estaba gateando se volvió lo suficientemente angosto como para impedirle avanzar de la forma en que la hacía.
Con cuidado se puso en pie y tratando de mantener el equilibrio con los brazos extendidos a cada lado empezó a caminar por el estrecho, se concentró en un único pensamiento para evitar ver hacia abajo.
–"Si Ranma puede lograrlo yo igual."–Recordó la silueta de su prometido caminando frente a ella por el enrejado que separaba la calle del canal, recordó como este siempre corría sobre el para llegar a la escuela.
Recordó a Shampoo equilibrándose en su bicicleta y a Mousse sobre los tejados.
De esa forma camino hasta el final, donde extendió la camisa viendo hacia qué dirección brillaba más. La luz emitida se intensifico en dirección a la derecha y por esta fue que avanzo.
Cuando por fin el brillo de la tela en sus manos no pudo ser mayor viro sus ojos hasta el fondo del lugar observando la musculosa figura de un hombre encadenado de sus cuatro extremidades. El cabello negro del sujeto era corto y combinaba con su piel bronceada, los pantalones de mezclilla que usaban estaban rotos en varias partes y no llevaba camisa; toda la espalda del hombre estaba llena de lo que reconoció como latigazos, todos frescos y sangrantes.
Pero para su sorpresa esas eran sus únicas heridas, a diferencia de los otros condenados que observo antes.
– ¿Qué haces ahí? –La voz del mayor la sorprendió, la cual se escuchaba ronca por el desuso. – Sé que estás ahí, así que sal...
– ¿Por qué debería?
La joven de cabello azul respondió impetuosa encogiéndose más en su lugar; aunque sabía que por la posición del hombre y la altura en donde se encontraba no lo podría ver.
– ¿Una Chica? –El desconcierto se escuchó en la voz del varón.
– Sí, ¿Algún problema con que lo sea?
– Sí, que eres una mujer cobarde.
– ¡¿Cómo dices?!– Exclamo Akane molesta y de un salto quedo a la vista del hombre. – ¡Yo no soy ninguna cobarde!
Un tic se apodero de su ojo al ver que había caído en la provocación del muerto y con ello en su trampa para mostrarse.
– Puedo saber ¿Qué haces en este lugar, niña?
La Tendo estaba ruborizada por la vergüenza y rabia, de verdad estaba más temperamental de lo normal, además de que le molesto sobremanera el tono en el que hablo el difunto frente a ella.
– ¡En primer lugar, mi nombre es Akane Tendo y he venido a sacarlo de este lugar! –Exclamo con convicción.
– ¿Y quién te dijo que quiero irme, mocosa?
– ¿Eh? ¿Cómo que no quiere irse?
Toda determinación y seguridad en la joven de cabellera azul fueron remplazadas por confusión al oír estas palabras.
– Eso, no deseo irme, ahora vete, mocosa. –Contesto girando el rostro en un claro desprecio.
– Que me llamo Akane...–Murmuro enfurruñada. – ¿Y cómo puede querer quedarse aquí? Este lugar es horrible.
– ¿No has pensado que estoy aquí por una razón? ¿No deberías sentir miedo al estar frente a mí?– Sardónicamente indago.
– No sé qué haya hecho, pero sé que el Reikai lo escogió como mi maestro, que usted es el guía perfecto para mi futuro entrenamiento, y si el Reikai me a enviado aquí eso me dice no merece estar en este lugar–Se explicó con vigor fijando sus ojos castaños en los verdes. –Y yo no pienso dejarlo aquí después de todo lo que he pasado, Toguro-San.
La expresión del mayor cambión, desconcierto se veía plasmado en su rostro, sus ojos por tanto tiempo opacos brillaron con un destello de gracia.
– Ah, con que el Reikai ¿Que querrá Koemma?
– ¿Koemma...?
–Está bien, si logras romper estas esposas iré contigo. – Akane frunció el ceño al oírlo, por alguna razón que fuera tan sencillo le daba mala espina, pero aun así se acercó a las cadenas.
– ¡Recuerde lo que dijo, porque voy a romper esas cadenas!
Toguro sonrió al oírla, esa chica le recordaba su juventud, en especial a una chica igual de decidida de cabello rosa.
La joven de iris castañas una vez frente a los hierros emitió un poco de esa energía calórica y la concentro en sus manos, su ceño aun tenso cuando sus manos tocaron las frías esposas. Todo su cuerpo tembló, esas cadenas emitían un Ki maligna parecida a la de su espíritu pero carente de la calidez del Hinokami, con fuerza las apretó pero mientras mas poder imprimía estas se resistían con más ahínco, todo el poder que imponía era superado.
Una gran molestia empezó a anidar en su interior; el aro de fuego volvió a formarse en su rostro y el Ki de fuego que expulso se incrementó cada vez más, siendo visible como esta empezaba a rodear su cuerpo con mayor fuerza.
– ¿Qué?
Toguro estaba impresionado, nunca en todos sus años había presenciado a un humano con energía elemental, solo en demonios lo había visto, viento, hielo, plantas; pero nunca en un humano con tales capacidades como para poder inclinar su Ki hacia un área elemental.
– ¡Hinokami!
Una energía etérea para muchos pero que tomaba la forma y el color rojizo como las llamas del averno acudió al clamor de la chica.
Dos fuertes energías desbordándose, el sonido de metal quebrándose, la joven Tendo activo su Ki que intentaba ser bloqueado rápidamente por la oleada de energía del metal cuando Akane fue rodeada de forma devastadora por llamaradas rojizas.
Las esposas se quebraron y cayeron con un ruido sordo al suelo y con ellas el cuerpo de Toguro.
– Hmmm...–De rodillas en el suelo miro a la chica que estaba frente a él erguida y rodeada de ese ardiente Ki que de a poco desaparecía.
– Yo le dije que lo lograría...– Jadeo encorvándose por el cansancio. – Ahora vámonos.
La chica trastabillo cuando se acercó a ayudar a levantarse al de cabello negro. Toguro se irguió por si solo y levanto a la joven colocándola en su hombro de la misma forma que lo hacia su hermano mayor.
– Tonta.
–Toguro-San, hacia arriba...–Dijo intentando permanecer despierta.
–Está agotada, de esta forma no podrás ser de ayuda.
– Que dice, yo aún puedo luchar.
– Los Kyoura, no van a pensarlo dos veces para atacarte en este estado, más aun si sumamos sus deseos de sangre humana, de verdadera sangre humana.
– ¿Cómo? ¿Kyoura?
– No me digas que no viste a esos monstruos de piel negra y sin ojos...
– ¡Si los vi y hasta luche contra uno! ¡Hn! –Respondió altanera la orgullosa peli-azul.
– ¿Qué? ¿Cómo que luchaste contra uno?
– Si, lo hice y lo vencí.
– ¿Sabes que es un Kyoura?
– Bueno, pues, no...
–Un Kyoura es la manifestación de los sentimientos de miedo, dolor, desesperación, tristeza, sufrimiento; en pocas palabras son todos los sentimientos malos que la humanidad experimenta cuando pasan por experiencias traumáticas; estas toman forma para poder vengarse de sus opresores, las almas que desechan estos sentimientos ascienden en cambio los que no lo hacen están destinados a vagar como almas errantes. –Aclaro mirando a la joven. – Los gritos de los Kyoura son los lamentos de las víctimas de los criminales que aquí reciben su castigo, son seres que no piensan, que solo actúan por ver más dolor y miseria a aquellos que consideran depravados.
– Por eso usted no esta tan herido.
– Hn...
– Vi como torturaban a los otros condenados, y al ver que usted no tuvo el mismo trato solo puedo pensar en que usted no es malo, Toguro-San.
– Piensa lo que quieras.
– Lo hare.
Así Toguro el menor siguió caminando por los pasillos que sabía los Kyoura no usaban. La joven en su hombro dormitaba inocentemente sin notar de lo difícil que le era el avanzar al mayor.
Ese cuerpo que tenía solo era una mera ilusión creada por el Myobokai para que pudieran ser torturados, su cuerpo estaba débil y atrofiado gracias a las heridas en su espalda y el poco movimiento que hizo en el tiempo que llevaba en esa parte del infierno.
–Toguro-San, se acerca un Kyoura. –El aro de fuego en el ojo de la chica se volvió más brillante cuando esta abrió los ojos y se bajaba de un salto del hombro del varón.
El ex-demonio giro su rostro bruscamente hacia la dirección donde miraba la Akane.
Ambos vieron acercarse a paso veloz a un Kyoura con cola muy pequeño, el cual empezó a gritar ensordecedoramente cuando se lanzó sobre ellos.
Antes de que Akane pudiera siquiera pestañear Toguro ya había impactado su puño contra la máscara de la creatura rompiéndola y destruyendo la cabeza del mismo.
De un único golpe.
Y la hija de Soun no pudo más que emocionarse al ver que su maestro era tan fuerte.
– El grito de esa cosa tuvo que haber alertado a más Kyoura, así que creo que deberíamos apresurarnos...– Ni bien término la oración se escucharon un montón de pasos corriendo hacia ellos.
– ¡Corra!– El grito de la chica solo fue detonante de una desesperada carrera por llegar a la salida.
– Maldición. – Maldijo Toguro al ver frente a ellos un gran número de esos monstruos.
La joven apresuro su paso y de un salto empezó en ensartar golpe tras golpe en los cuerpos de las creaturas, la energía del Hinokami desprendiéndose de cada parte de su cuerpo. El ex-demonio se unió a la futura detective espiritual y mientras impactaban patadas y puñetazos avanzaban hacia la salida del lugar; al estar a punto de salir ambos notaron como más y más Kyoura salían de los rincones del lugar.
– ¡Toguro-San! ¡Arriba! ¡Arriba!
Akane solo recibió un asentimiento del antiguo compañero de Genkai, cuando este salto y se sujetó de los altos escombros.
– ¡Ahora!– A la señal de Toguro la Tendo expulso una poderosa onda de Ki de fuego que barrio con todos los monstruos del lugar.
Apenas termino su ataque la pequeña dama salió corriendo hacia la parte más alta del Tenshukaku siendo alcanzada por Toguro poco después.
– Mas Kyoura se acerca, hay que llegar al portal rápido.
– Hai.
Corrían por el lugar atacándonos con ferocidad a los Kyoura que aparecían o los que lograban alcanzarlos.
A cada momento estaban más cerca del techo del Tenshukaku; y los Kyoura detrás de ellos estaban a la distancia suficiente como para no representar un problema por el momento.
– Toguro-San, ya casi llegamos.
– Corre más rápido, mocosa.
– ¡Que me llamo Akane!
Con ese clamor llegaron al último piso del lugar, los Kyoura entraron a tropel detrás de ellos.
En el cielo el agujero que la trajo al lugar estaba prácticamente tapando el cielo.
Como una estrella que cuando muere brilla más fuerte, así se comportaba el portal creado por las Fuerzas Especiales de Defensa.
De un solo salto se impulsó hacia ese cielo que ya no lo era mientras detrás de ella todas esas deformidades creaban una columna para poder alcanzarlos.
Giro en medio del aire hacia los monstruos que estaban a poco menos de un metro de distancia.
Y así otra loca idea se le ocurrió, una sonrisa se formó en sus labios cuando un brillo de emoción hizo brillar sus ojos. Los insoportables alaridos resonaban en sus oídos; dentro de su cuerpo una gran llamarada crecía cada vez más a una velocidad alarmante misma que concentro en su brazo izquierdo y de un solo golpe en la máscara de un gordo Kyoura expulso toda la fuerza contenida en su cuerpo.
Toda la columna de Kyoura se incinero cuando se rompió la máscara del monstruo, la sonrisa de Akane nunca se borró, y de una sola explosión la joven junto a Toguro se vieron impulsados hacia el portal.
Y para Akane que desato todo el calor de su cuerpo el frío de la oscura inconciencia le pareció algo tan triste como los suaves lamentos de los Kyoura heridos.
Fin capítulo 4.
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Takeda. S. Ryuutsuki.
