¡Hola! He aquí el nuevo OS, espero que lo hayan disfrutado como yo al escribirlo. Es algo bastante ligero y fuera de dramas y tramas extensas, simplemente el comienzo de dos adolescentes con mutua atracción. Sinceramente lo escribí porque mis otros dos fics me estaban carcomiendo mis ideas y el tremendo bloqueo atacó.

Agradecimientos especiales a AriCat-Hg quién que Beta para este One-shot.

En fin, ¡que lo disfruten!


Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. El creador es Masashi Kishimoto del anime/manga y sus personajes. En cambio, esta historia y la idea si me pertenecen. Creo historias sin fines de lucro. Eviten el plagio.

Pareja: SasuSaku

Advertencia: el capítulo es un poco extenso.

Género: Romance, un toque de humor.

Tipo: Capítulo único.

Summary: A causa de querer contribuir a las deudas de su familia, Sasuke, un chico de preparatoria que se lamenta el tener una vida solitaria, se ve a la tarea de buscar un trabajo de medio tiempo. Entre su búsqueda, frente a una tienda de música, conocerá a la primera chica que le robó el aliento. "—Qué lindo eres… ¿Cómo te llamas? /—¿Sabes? Es normal presentarse antes de preguntar —dijo él, de pronto mirándola, observando sus mejillas adquirir un tono rosado—. Soy Uchiha Sasuke/ —Mi nombre es Haruno Sakura. Recordaré tu nombre, así que tú no te olvides del mío. Eh, Sasuke-kun".


Muffens

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Capítulo único

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El inmenso cielo era cubierto por nubes grises que daban mala espina, una señal de que pronto llovería siendo acompañado por una intensa ventisca helada como ha estado pasando los últimos días; a él no le importaba si caía una nevada, sería mejor, no le gustaba el calor, era sofocante sentir el sudor en las palmas de las manos y la camisa pegada a la espalda.

Simplemente le resultaba incómodo.

Miró a su alrededor, como de costumbre caminaba solo por el pasillo de la preparatoria a final de clases. Veía a los demás jóvenes envueltos en abrigadoras ropas, frotándose las manos en busca de calor. Escuchando voces ahogadas en las conversaciones a su alrededor.

Se encaminó directo a la salida con la intención de evitar la inminente llovizna que se detectaba a kilómetros. Acomodó su mochila y subió la capucha en busca de protección.

—¡Oye! Sasuke —Alguien le habló desde atrás, deteniéndolo justo antes de encaminarse.

Giró un poco la cabeza buscando quién lo llamaba. No tardó en encontrarlo, un compañero de su clase le sonreía amigable mientras se acercaba con la mano alzada. Secundado, venían por detrás un pequeño grupito de seis adolescentes conformado por más chicos que chicas.

Esperó a que se acercara lo suficiente para alzar un poco el rostro.

—¿Quieres venir al karaoke con nosotros? Nos falta uno para completar los duetos —dijo el chico sin borrar su expresión amigable.

Sasuke no lo pensó realmente, nunca lo hacía tratándose de salidas conjuntas. Rehuía de ellas como lo hace con algunas chicas de la escuela cuando estas intentan darle regalos "casuales".

Entrecerró los ojos.

—Nos estoy interesado —espetó sin llegar a ser grosero. Simplemente fue serio.

El chico se alborotó su cabellera café, ablandando su sonrisa amigable.

—Bien, quizás para la próxima vez.

Asintió sabiendo que no sucedería y lo observó alejarse junto con el grupo entre risotadas.

Verlos reír, bromear entre sí dejando de lado sus inseguridades, disfrutando de la compañía agradable, le causó un retortijón en el estómago. Los envidió en ese aspecto: ser sociales sin reparar en las consecuencias.

Envidió que los demás tengan esa capacidad de ser ellos mismo sin temor alguno.

Sasuke lo intentó varias veces, lo cierto era que cada vez era peor. Desde que cambiaron de distrito, obligadamente tuvo que hacerlo de preparatoria, y con ello le fue fácil ver quiénes fueron sus verdaderos amigos.

Nadie insistió en conservar su amistad.

Nadie le habló después de un mes.

Nadie lo buscó.

Y él no mendigaría lo que no podía obtener.

Cerró su corazón con doble llave, asegurándose que nadie volviera a entrometerse en su vida. Por miedo a quedarse sólo como ahora, sin nadie a su alrededor, acariciando el silencio el cual es envuelto. Ocasionalmente se dejaba llevar, pero terminaba siendo arrastrado por su inseguridad y se alejaba.


Llegó empapado a casa, y todo por detenerse a hablar con ese chico. Cuando se dio cuenta, la llovizna se transformó en una torrencial caída que le golpeaba con fuerza.

No le sorprendió ver dos pares de zapatos en el recibidor, así que se quitó los suyos y sin importarle dejar el pasillo encharcado, se adentró rápidamente cual ninja silencioso esperando a que nadie lo viera. Especialmente Mikoto, daría el grito en el cielo.

Una vez que llegó a las escaleras, visualizó la espalda de su madre. Ella era bajita y menuda, su largo cabello era un hermoso negro azulado, muy hermosa. Y a veces se preguntaba como su madre se llegó a fijar en alguien como su padre, Fugaku. Porque, él no era guapo... pero sí rico.

El pensamiento se extendió como nube de humo sobre su mente, oscura y espesa. Sólo recordar el nombre de su padre le daba jaqueca.

No se percató de que su madre se había volteado y ahora lo miraba fijamente de pies a cabeza, primero con una sonrisa en el rostro que se transformó en un ceño fruncido al ver su aspecto.

Y él que pensaba escaparse.

—¡Uchiha Sasuke! Debiste de haber esperado a que la lluvia cesara... —exclamó regresando por las escaleras—. Y quítate el gorro mientras estés dentro de la casa.

—Tenía prisa por llegar... —Para secar mis libros, pensó al mismo tiempo que musitaba una disculpa al echar la capucha hacia atrás.

Mikoto suspiró resignada, sus manos viajaron a la cabellera de su hijo, apartando los mechones húmedos de su rostro. Le sonrió indulgente.

—Sube a bañarte y después haz tus deberes. Pronto estará la merienda.

Sasuke asintió con la cabeza agradeciendo internamente no ser partícipe de más regaños.

Subió perezosamente cada escalón hasta llegar al inicio y se dirigió directamente al baño, no pensaba en mojar su cuarto. Una vez que se dio una ducha tibia, se enrolló una toalla alrededor de la cintura y se miró en el espejo de baño.

No era por ser vanidoso, pero tenía la manía de quedarse frente al espejo después de ducharse para observar su atractivo. Tenía un cabello negro-azulado y liso, su piel era tan clara que parecía pálida —cortesía de la genética de su madre— haciendo resaltar sus iris negros, tan oscura y profundas que ni siquiera se podía diferenciar las pupilas. Cada fracción desprendía atractivo —eso también era cortesía de su madre—; pero todo era opacado por su carácter arisco, seco y su casta capacidad para ventilar sus emociones.

Ah, y también porque le gustaba ocultarse debajo de su capucha, como adoraba esa capucha.

Se sentó en la tapa de la taza y puso sus libretas sobre el lavamanos, revisó todos los lugares del baño en busca de la secadora de cabello, pero no encontró nada.

Salió del baño sin importarle su aspecto, caminó por el pasillo hasta dar con la habitación de su hermano, una vez que ingresó a esta, visualizó el objeto que buscaba encima de escritorio. A hurtadillas se hizo de él y regresó al baño.

Cerró la puerta, conectó la secadora y estuvo una hora encerrado secando los libros, y entre ratos su cabello.

Mientras terminaban con los últimos libros, la puerta del baño fue abierta. Se tensó de sopetón y miró a dicha dirección esperando escuchar el regaño de su madre por utilizar la secadora, no era la primera vez que hacía aquello.

El otro par de ojos negros lo observaron por un instante antes de esbozar una sonrisa burlona.

—Otra vez la lluvia, ¿eh? —comentó Itachi.

—La lluvia —concordó Sasuke relajándose, pasando las hojas de los libros.

—Tonto hermano menor. ¿Por qué no esperaste a que se calmara la lluvia?

—Tenía prisa. ¿Conoces el concepto? Es cuando quieres llegar a casa temprano para dormir —dijo de lo más calmado del mundo.

—Lo sé más que tú. La universidad me mantiene despierto hasta tarde —dijo Itachi con sus ojos cansado, por debajo de ellos se podía apreciar unas ojeras negras que atribuían a sus palabras.

—Descansa dormilón. —Sasuke lo corrió con la mano sin mirarlo.

Itachi negó con la cabeza, puso pestillo a la puerta y la cerró de un sólo golpe, mejor prevenir problemas futuros.

Sasuke suspiró cuando se quedó solo.


Las horas pasaron, las manijas avanzaron lentamente su ronda hasta llegar al número uno, y los minutos pasaban cual tortuga en una carrera. Sasuke bostezó y cerró la libreta, colocó el lápiz sobre la pasta, se había saltado la cena para terminar el ejercicio, sería mejor recobrar sus fuerzas.

Salió de su habitación con el pensamiento de hacerse de algún sándwich con mucho tomate, cuando pisó el último escalón, escuchó la voz de su madre, estaba furiosa. Pensó que hablaba con Itachi, pero descartó la idea cuando el nombre de su padre salió a relucir entre todas sus palabras.

—No le mentiré de esa forma, Fugaku —decía Mikoto.

El azabache se quedó apegado a la pared, sabía que no debía estar escuchando a escondidas. Debía dar la media vuelta y volver a su habitación, pero su inquietud lo obligó a quedarse ahí, plantado como una estatua. Pocas veces había visto a su madre furiosa, y no era para menos.

Estaba tratando de tener una conversación con Fugaku, el que era su padre de nombre, porqué jamás estuvo para él cuando realmente lo necesitó en su infancia.

Recordó cada año sin él, cada momento que necesitó un gesto, la confianza que al llegar a casa él lo estaría esperando con un balón para jugar en el patio de atrás. Pero en lugar de eso, le dio una visita cada mes, como si aquella casa fuera el consultorio de un doctor. Se conformaba con ello, pero pronto Fugaku dejó de llegar, y la razón fue bastante dura para él en asimilar.

Infligiéndole una cicatriz cuando él cumplió seis años, rompiendo en mil pedazos a su pequeña familia.

Fugaku eligió su casa grande dejándole un cruel recordatorio del abandono.

Prefirió las riquezas sobre el amor de esa familia y los lanzó al olvido cual desecho. Casándose con una mujer de la alta alcurnia que no le avergonzara ante la sociedad.

Fue bastante duro para él afrontarlo al enterarse su ausencia. Creó un vació en su corazón que, aunque su madre intentara tomar el rol de ambos, en algún momento lo necesitó.

Atribuyó a que por esto admira y ama tanto a su hermano mayor, que pase a que solamente los vincula la sangre de su madre, Itachi no tuvo reparos en tratarlo como su máxima adoración.

Sustituyendo los momentos en el que se suponía que Fugaku debía estar, juegos en el patio, tardes de estudio, y cuando Itachi tuvo la edad suficiente, asistía a los eventos del día de padres —era gracioso ver a un joven de quince años entre la multitud de hombres mayores—.

Y con el paso de los años, se ha acostumbrado a su ausencia que le enfada cada vez que llamaba a la casa para saber cómo se encontraba él. ¿Y a Fugaku qué diantres le importaba?

—¡Yo no le induzco a que no quiera verte! —exclamó Mikoto en un grito ahogado—… No, tampoco lo obligaré… Ya está lo bastante grandecito para decidir por su cuenta… ¿¡Ah!?

Sasuke asomó ligeramente la cabeza, esperando ver algo. Lo único con lo que se topó fue con la espalda de su madre, y sorpresivamente con la silueta de su hermano, recargado en la barra con los brazos cruzados y una mirada abrumada.

—¡A mi hijo no lo puedes comprar con tu asqueroso dinero! —Fue el límite de Mikoto.

Cortó la llamada tras apretar bruscamente la pantalla de su celular, no pasó ni un segundo cuando se escuchó el tintineó y tuvo que apagarlo para que no insistiera.

Sasuke apretó los dientes, afectado por su reacción. Odiaba cuando los ojos de su querida madre se nublan de lágrimas debido a ese sujeto —ni llamarlo padre valía la pena—. Decidió salir de su escondite, no podía regresar a su habitación fingiendo ignorar lo sucedido.

El rostro de ambos se asombró al verlo llegar, ninguno le preguntó que tanto escuchó de la conversación, pero estimaron que fue lo suficiente para que él tuviera la mandíbula tensa y los puños apretados. Apostaba que su expresión tampoco era agradable.

—Sasuke…

—¿Qué quería? —preguntó sin reparos.

Su hermano volvió a bajar la mirada, suspirando débilmente. Mikoto cerró los ojos, frotándose las sienes con delicadeza, le estresó la discusión con el padre de su hijo menor.

—Lo de siempre —terminó por decir ella.

Claro, lo de siempre.

Verlo. Pero Sasuke siempre se había negado a tan siquiera tenerlo a cinco metros frente a él. No quería, ni querrá hacerlo nunca. Lo aseguraba con todas sus fuerzas con la cual le profesaba rencor. Le oprimía el pecho, le dolía siempre, pero ¿Qué más da?

¿Por qué no quiso verlo antes cuándo verdaderamente necesitó de él?

El chico agitó su cabeza. Ese tema estaba hablando con Mikoto. Sabía que ella ponía en detalles generales a Fugaku sobre él, pero no lo suficiente para conocerlo realmente.

—¿Y eso que dijiste que no podía comprarme con su asqueroso dinero? —cuestionó solemne, sabiendo que le desagradará la respuesta.

Los menudos hombros de su madre se tensaron y dudó en decírselo. Pero al final, no podía ocultárselo por mucho tiempo, lo sabría tarde o temprano.

—Me ofreció arreglar nuestras deudas a cambio de verte. ¡Pero obviamente lo rechacé!

Mikoto tenía un carácter fuerte cuando lo ameritaba, tuvo que adoptarlo al criar a sus dos hijos sola, sin la ayuda de una figura paterna que la apoyara. Por eso le enojaba la actitud de Fugaku, cuando él apareció de nuevo en su vida, diciendo estar arrepentido, recibió sus disculpas, pero sólo eso.

No quería nada más de él.

—Ese imbécil.

Sasuke apretó los dientes y dio un golpe a la mesa, completamente afectado. Pero no por las palabras de Fugaku, más bien por la situación económica, ciertamente no estaban en su mejor momento debido a la universidad de Itachi y las deudas que adquirieron al llevar al taller el auto…

Un detalle que se percató en ese instante, no lo dejó pasar hace un momento.

—Madre, si él te ofreció dinero eso quiere decir que… ¿nuestra economía no es estable? —Realmente se preocupó por ello.

La mirada de su madre confirmó sus sospechas.

—Él nos investigó —dijo, provocando que los dos hermanos se tensaran y apretaran los puños, frustrados e impotentes por ello—. La mudanza acabó con los ahorros que teníamos. Además, la universidad de tu hermano y el arreglo del auto por el accidente no nos dejan nivelarnos de nuevo —negó con la cabeza—. Creo que será buena opción vender el auto.

—¡No! —rugieron ambos chicos.

—Madre, ya le dije que me encargaré de ello —dijo Itachi enderezándose—. Conseguiré otro empleo por la noche.

—No, hijo. Es bastante agotador para ti la universidad y el empleo de la tarde. Apenas puedes mantenerlo.

Y mientras su hermano y madre hablaban, Sasuke parecía tener uno de esos momentos que solamente quería decir algo, lo que sea con tal de hacer desaparecer la preocupación en ambos. Relacionados con los efectos colaterales de su egoísmo, excusándose en la orden de Mikoto que le aseguraba que no tenía nada porque preocuparse más que la escuela.

Mentiras.

Debió suponerlo. Entre ellos dos no podía mantener los gastos.

Pero ¿si él se unía?

Estaba seguro de que mejoraría todo, y no tendría ningún remordimiento a los sacrificios de ambos.

—…Yo puedo contribuir.

Su voz los interrumpió, ambos viraron sus rostros a él, impresionados.

—¿A qué te refieres, Sasuke? —preguntó Mikoto sospechando la respuesta.

El aludido se frotó la nuca, desviando su mirada.

—Encontraré un trabajo de medio tiempo para ayudar con los gastos menores.

—Eso no está a discusión. —La rotunda negativa de su madre lo desilusionó—. Tu deber es preocuparte solamente por la escuela y…

—Y si seguimos así, Itachi colapsará. Le apuesto que preferirá dejar la universidad por encontrar otro trabajo dónde gane mejor y pueda mantenernos estables —rebatió el chico apuntando a Itachi, este intentó intervenir, aunque muy en el fondo tenía razón—. No estoy dispuesto a que tire todos sus esfuerzos a la borda cuando yo puedo ayudar.

—Sasuke, ya lo habíamos hablado —dijo Itachi.

—Sí, pero fue antes de que nos mudáramos —espetó Sasuke. Nuevamente miró a Mikoto con la determinación en su semblante—. Sé que podré hacerlo. Por esta vez, permite que no me sienta egoísta y un inútil.

Mikoto lo miró expectante, atenta a la repentina confianza en Sasuke, pase a que seguramente se esforzaba por mantenerse así, no hay duda en sus ojos. Algo de miedo a lo desconocido, sí, pero no por ello se detendrá a pensar lo que conlleva su decisión. Ella misma lo aceptaba, su hijo no es dado a relacionarse mucho con las personas, y que intentara encontrar trabajo…

No duda, si no es precavida.

—¿Y qué pasará si Fugaku te investiga?

El ceño de Sasuke se frunció.

—No viviré toda mi vida ocultándome, y tampoco me detendré por ello.

Seguía indecisa.

—Madre, sé lo que piensas —intervino Itachi acercándose a su hermano, dándole unas palmaditas en la cabeza, el menor se quejó intentando que dejara de hacerlo murmurando que estaban en medio de una conversación seria—. Pero Sasuke es capaz de esto y más.

Entre líneas: hay que dejarlo que sea haga independiente.

Finalmente, la azabache suspiró, llevándose la mano a su pecho. Accediendo al riesgo.

—Pero si veo que tus calificaciones descienden, olvídate de trabajar. —Fue su única condición, interrumpiendo la repentina alegría de los hermanos.

No fue impedimento para que Sasuke sonriera triunfante.


Era más fácil decirlo que lograrlo, pensó Sasuke tras salir de la biblioteca en donde un cartel colgaba en la puerta «Se solicita bibliotecario» y escuchar gritos del interior, ¿no debería ser un lugar silencioso?

Le pareció una excelente opción cuando vio el anunció un día de regreso de la escuela, metió a su mochila la pequeña libreta que lleva para anotar sugerencias, y se adentró al local a pedir información.

Bastó una sola pregunta para que saliera casi despavorido de ahí. ¿La dueña era una persona normal? ¡Debería ir a un manicomio! Él solamente preguntó los horarios que se adecuaran con la escuela, y después esa mujer comenzó a destilar odio por la boca.

Ojalá hubiese sido la única experiencia que haya tenido, pero no fue así. A los siguientes tres establecimientos ocurrieron sucesos distintos: «Eres muy joven», «Necesito alguien más interactivo», «El puesto es en horario de mañana» y cosas así que le daban jaqueca en recordar.

Llegó a un punto en el que se sintió demasiado frustrado y estresado que no se percató del repentino cambio de clima hasta que una gota de agua cayó en sus labios, pasó su lengua sobre estos al mirar arriba y ver las nubles grises que cubrían todo el cielo.

Mentalmente agradeció que siempre llevara consigo su suéter con capucha. Por fortuna estaba a unos metros de una tienda de música cuya losa daba protección del agua, así que corrió a su cobijo y se reconfortó al notar que a su suéter sólo se impregnaron unas cuantas gotas. Pasó los brazos sobre su pantalón para secarlas y deslizó las mangas de la vestidura hasta las muñecas.

Se quedó mirando fijamente el agua caer con fuerza sobre el pavimento, como si estuviese golpeando fieramente la tierra con tanto resentimiento que dolía al contacto. Un feroz aire desviaba las gotas a sus pies obligándolo a retorcer entre ratos. Comparó esta sensación con las rotundas negativas en aceptarlo en un trabajo, la presión haría mecha pronto.

No quería defraudar a su madre.

Soltó un suspiro, inundándose en ese pensamiento hasta que sus ojos captaron una silueta borrosa entre el aguacero, moviéndose rápidamente hasta allí buscando la protección de la losa.

La misteriosa chica se detuvo una vez que logró refugiarse, se encontraba empapada de pies a cabeza. Las gotas escurrían por los mechones de su extraño cabello rosado, a diferencia de las gotas del exterior, estas parecían caer en cámara lenta. No pasó de alto el color de sus ojos cuando lo enfocaron una vez que se dio cuenta de su presencia.

En su opinión, el color rosado y verde no deberían combinarse en ninguna circunstancia. Incluso lo imaginó en su mente cómo el agua y el aceite, difícilmente se combinan. Pero al verlo en otra retrospectiva, podían crear una ilusión óptica bastante agradable al ojo humano.

Y pensó que a ella se le veía fantástico.

Al darse cuenta de que la miraba fijamente, no pudo evitar sonrojarse ligeramente por su atrevimiento y ladear el rostro, avergonzado por su actitud. Llevó el dorso a su quijada, quitando un poco de humedad de su piel.

La escuchó resoplar. Fue imposible no verla de soslayo, su flequillo rosado se alzó ante tal acción.

—A ti también te atrapó la lluvia, ¿eh? —comentó la chica con una linda sonrisa mientras miraba frente.

Él asintió con la cabeza y se encogió de hombros, deseando que cesara pronto e irse a casa.

Permanecieron en silencio por un rato y el agua cada vez disminuía, pero la intensidad volvía de repente bloqueando la posibilidad de que alguien caminara entre ella sin empaparse —otra vez—.

No sabían cuánto tiempo había permanecido en silencio, lanzándose miradas de soslayo cargadas de curiosidad, la mayoría de la chica y siendo atrapada en el proceso por sus ojos negros. Lo que provocaba un respingo en ella y ladeara su rostro más rojo que un tomate.

De repente ella estornudó, quejándose que pescaría un resfriado.

Y él solo asintió con la cabeza estando de acuerdo.

—Uhmm. Ahora que lo pienso, me resultas familiar —dijo ella, Sasuke la observó acercarse a él, burlando fácilmente su espacio personal—. ¿Nos conocemos de algún lugar?

—No lo creo —habló en un murmullo sin despegar la mirada de ella—. Jamás he visto un cabello tan… rosado.

—Oh —La chica sonrió de lado—. ¿No te da curiosidad saber si me lo tiño o es natural?

—La verdad no.

—Bueno, es natural —dijo ella ignorando sus palabras, cerró los ojos y alzó un dedo, comenzando a hablar—. Sé que es extraño, pero mi familia tiene una genética muy singular. Ni siquiera nos parecemos entre sí, por eso…

Se detuvo, sólo para estornudar. Se cubrió a tiempo su boca, avergonzada pidió disculpas.

En cambio, Sasuke se permitió detallar más su aspecto desdeñoso, no pasando por alto que temblaba entre ratos. «Debes ser caballeroso con las mujeres», las palabras de su madre resonaron en su mente.

Podía ser un poco retraído, pero eso no quería decir que obviaría la situación frente a él. Mikoto le enseñó ayudar a quien lo necesita y esa chica parecían estar a punto de temblar deliberadamente. Notaba el tiritar de sus hombros femeninos mientras se abrazaba a sí misma.

Suspirando, bajó la mochila al suelo y prosiguió a quitarse el suéter seco bajo la atenta mirada de la chica. Luego se la extendió y con la mirada le insinuó para que lo agarrara.

Ella titubeó.

—Debes tener frío —dijo Sasuke e insistió nuevamente al ofrecerle su suéter gris.

Al final la pelirrosa lo aceptó, agradeciendo el detalle, en verdad se moría de frío. Al ponerse el suéter seco y calientito de Sasuke, se abrazó a sí misma tratando de conservar su calor, discretamente olfateó el interior. Ah…, que agradable aroma masculino, menta y lavanda.

El azabache estuvo un poco satisfecho al notar cómo ella se refugiaba en la prenda. Se inclinó para agarrar la mochila y notó que la lluvia era de nuevo una llovizna. Tendría que aprovechar la oportunidad para irse a casa.

Un jalón en su brazo le hizo virarse a la chica que le sonreía cohibida.

—Te agradezco por ofrecerme tu suéter. ¿Cuándo podré devolvértelo?

—Puedes quedártelo. —Sasuke ladeó la cabeza—. Hace frío, será mejor que te vayas.

La pelirrosa lo escuchó a medias, puesto que se dedicó a mirarlo fijamente sin pudor alguno. Provocando que el azabache se preguntara si tenía algo en la cara, tentado en averiguarlo, se llevó la mano a su rostro, palpándolo ligeramente.

—¿Acaso tengo algo raro en el rostro?

No fue su imaginación, la risa que brotó de los labios fue escandalosa, no midiendo el tono de su voz. En primera estancia dio un pequeño respingo y terminó por ladear el rostro, creyendo firmemente que en verdad tenía algo.

—Qué lindo eres… ¿Cómo te llamas?

El azabache torció el labio, pensando en si compartir o no esa información, le parecía muy extraña la pelirrosa. Finalmente se resignó, no encontró una razón suficiente para no hacerlo.

—¿Sabes? Es normal presentarse antes de preguntar —dijo él, de pronto mirándola, observando sus mejillas adquirir un tono rosado—. Soy Uchiha Sasuke.

—Mi nombre es Haruno Sakura —apuntó graciosamente su cabello recibiendo un gesto de obviedad.

Después se despidió con un ademán y avanzó unos pasos, antes de salir completamente de la losa, giró medio cuerpo a él, sonriéndole de una forma atrevida.

—Recordaré tu nombre, así que tú no te olvides del mío. Eh, Sasuke-kun.

Y con esas palabras, el chico la observó perderse entre las calles, avanzando rápidamente balanceando delicadamente su menudo cuerpo.

Él también partió por su camino, dejando atrás la losa que fue testigo de su interacción. Decir que ella no era linda sería mentirse, y su sonrisa… tuvo la impresión de que se quedaría grabado en su mente, al igual que perfume floral. Permanecerían ahí, como un recuerdo.


Este era uno de esos momentos incómodos que deseaba que la tierra se abriera bajo sus pies y lo tragara. Nunca se había avergonzado tanto en su vida, y se debía a que se acostumbró a estar solo, ahora su espacio personal era peligrosamente invadido. Su protección —capucha— no era parte de su vestimenta y prácticamente se sentía desnudo.

Recibió un golpe en su hombro y se sobó dicha parte con delicadeza, cosa que no tenía la mujer detrás que lo miraba con una sonrisa burlona en su rostro. Ah, y era rubia. No tenía nada en contra de las rubias, pero creía, honestamente, que tenían un temperamento fuerte.

—¿Cómo puedes esconder ese semejante atractivo? —La joven que se presentó como Temari, se cruzó de brazos y terció el gesto una sonrisa socarrona—. Tendrías a muchas mujeres detrás de ti si lo desearas.

Sasuke desvío los ojos. Atraer mujeres era lo menos que deseaba en su vida. No servía para las interacciones con chicas que pretendían tener alguna relación con él.

—Bueno, ¿estás listo para el recorrido? —preguntó Temari sonriente.

El azabache asintió con la cabeza, agradeciendo a todos los dioses y deidades existentes que, por fin, después de una semana repleta de rechazos, este fuera el único en dónde lo aceptaron pase a su edad y nula experiencia en ese campo.

Trabajaría en una cafetería, cual estaba casi frente a la estación del metro, lo que le hacía un blanco atrayente para las personas —sobre todo con ese logo llamativo—. Nombrada Muffens un pequeño juego de palabras, pues ahí elaboraban deliciosos muffins que te hacían decir "¡mmm!".

Era su primer día en ese lugar y estaba nervioso, aunque no lo demostrara. Se mantenía tenso y con la mandíbula ligeramente apretada. Su trabajo consistía en atender mesas, llevar los pedidos, interactuar con los clientes. En pocas palabras: un mesero en una cafetería.

No le había dicho nada a su madre e Itachi porque no pensó en que lo contrataran al instante, y por lo que le contó la rubia, necesitaban un mesero con urgencia. Su otro compañero, Shikamaru, se atareaba mucho con las mesas. «Además es un perezoso, el sin vergüenza», había agregado con una sonrisa socarrona.

Pero conllevó a ser despojado de su capucha, y ahora vestía el uniforme que era sencillo: una camisa manga larga color blanca, unos pantalones negros de tela y los zapatos del mismo color. El mandil también era negro.

El lado bueno de todo era que su vestimenta era oscura y que ganaría el dinero suficiente para pagar una parte de las deudas que la familia.

Temari le indicó lo que debía hacer, el restaurante estaba un poco vacío, pero porque era hora muerta (como decía ella), así que aprovechó para darle indicaciones precisas y presentarle al personal.

—Nara Shikamaru, el otro mesero —presentó Temari al hombre de veinte tantos años, alto y pelinegro, su semblante era de aburrimiento puro que Sasuke se preguntó si en verdad deseaba estar ahí.

Shikamaru hizo una mueca y le restó importancia a la presentación.

—Ten cuidado con esta mujer problemática. Es de temer.

Temari lo fulminó con la mirada soltando un "bebé llorón", y siguió con las presentaciones.

—Ella es Hyūga Hinata, es quien cobra los pedidos. —Sasuke la vio señalar a una chica pequeña, parecía ser de su misma edad, de tez clara, cabello negro brilloso y unos ojos perlas, cuales se veían muy tímidos.

La chica asintió con la cabeza y jugó con sus dedos nerviosamente.

—U-un gusto, Uchiha-san.

—Ella es muy tímida, así que tenle paciencia —pidió Temari a Sasuke.

De ahí le siguió el cocinero, un tipo gordo y muy simpático, de hombre Chouji, no le pareció extraño verlo comer frituras mientras hablaba; luego siguió un chico de cabellos cafés, de nombre Kiba que se encargaba de recibir las notas y elaborar los pedidos, demasiado energético para el gusto de Sasuke; y finalizando con Shino, el encargado de hacer la limpieza del local, cuando era necesario también fungía de mesero.

Estimó que ninguno pasaba de los veintitantos años, así que prácticamente debía haber un encargado mayor. La dueña se llamaba Tsunade, pero no la conocería hasta que volviera de su viaje, en su ausencia, Temari estaba a cargo.

—Pero si tiene carita —dijo Kiba sonriendo socarrón, dándole mala espina al azabache—. Esto es maravilloso, la clientela aumentará.

¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? Ni si quiera soy famoso, pensó Uchiha sin comprenderlo.

Sintió de nuevo el golpe en su espalda, casi le saca el pulmón. Temari le sonrió desde ahí.

—¿Por qué crees que lo contraté? A Tsunade-sama le encantará.

Y Sasuke no supo interpretarlo.


Ahora lo entiendo, fue lo primero que pensó Sasuke al cuarto día cuando atendió a las primera clientas que llegaron en su turno de trabajo, murmurando que los rumores eran ciertos de que había un nuevo mesero realmente guapo en ese Café. Entornó los ojos, tratando de hablar calmadamente cuando levantó su orden.

Se dirigió a la barra, entregándole la nota a Kiba con ojos entrecerrados. Claramente no le dijo en un principio del porque sus palabras, pero no esperaba esta situación.

—Recuerda ser gentil y amable con los clientes —le dijo Temari, que estaba supervisando el fondo de la caja registradora junto a Hinata. Le hizo un gesto con los dedos hacia su boca—. Y sonríe más, ¡justo así!

Entonces, Chouji y Hinata miraron a Sasuke, preocupados por el gesto que compuso. Parecía más una mueca de irritación y complejidad, no estaba para nada contento, ocultaba su amabilidad.

Sasuke murmuró algo que no alcanzaron a escuchar y se dio la media vuelta a atender el llamado de las clientas.

—Pienso que eso es una sonrisa "estoy harto, me largo" —comentó Kiba apuntándolo con un dedo.

—Que va, sólo está practicando —respondió Temari zanjando el tema de un manotazo al aire.

El resto de la tarde, el azabache estuvo recibiendo consejos de todos sus compañeros de cómo tratar a los clientes sin dejar una mala impresión del local, entre ellos "sonríe" y moldear su tono de voz a uno más mesurado, porqué si hablaba muy "bestia" —a palabras de Temari— podría asustar a los clientes.

Demasiada información para él, llegando a hartarlo y a la vez enfrascarlo en una nueva aventura. Para Sasuke era completamente nuevo tratar de agradar visualmente a la gente, siendo cortés —no amable, de eso ni se diga— e intentar ser paciente cuando las mujeres se le quedaban viendo más de la cuenta.

Era molesto, pero tenía que soportarlo por la paga.


—¡Sasuke!

El potente grito de su hermano lo dejó casi sordo —y estaba en la segunda planta, lo que no debería ser imposible—. Dejó caer el lápiz sobre su libreta, frustrado a que le hicieran perder la concentración. Matemáticas nunca había sido su punto fuerte, así que necesitaba más horas de estudio para comprenderlo. Sobre todo, por su empleo, apenas lleva una semana laborando y sentía que el alma se le salía por la boca, pero podría con este reto.

Refunfuñando, ignoró el grito de su hermano y retomó su concentración. Pasaron los minutos en dónde se frotaba la nuca mientras pensaba en las ecuaciones y murmuraba posibles resultados, cuando de repente se abrió la puerta de sopetón, revelando la figura de su hermano, visiblemente indignado.

Suspiró a muy su pesar y viró la cabeza en su dirección, lo que le sorprendió fue ver a su madre detrás de Itachi, que sonreía cual madre orgullosa de su hijo. ¿Qué les sucedía?

—¿Por qué no nos dijiste que ya conseguiste un empleo? —preguntó Itachi.

Sasuke recordó la razón: no había ninguna. Simplemente quería que fuera una sorpresa grata cuando recibiera su primera paga, además, ellos no se dieron cuenta porque les dijo que estaría ocupado buscando uno, y cuando no, en la biblioteca, estudiando para una prueba importante.

Tuvo curiosidad de saber cómo ellos se enteraron.

—No le vi necesario —dijo encogiéndose de hombros.

—Lo que me sorprende es que haya sido de mesero en un Café —Itachi se frotó la barbilla, pensativo, mientras Mikoto miraba la pantalla de su celular.

—¿Cómo…? —Sasuke en verdad quería saberlo.

—Te ves muy guapo con tu uniforme, hijo.

La opinión de su madre lo dejó desconcertado. Rápidamente se levantó de su asiento y se acercó a grandes zancadas a dónde estaban. Fue entonces que agarró el celular quedándose de piedra al ver el principal anuncio de la página, justamente la de la cafetería.

—¿¡Pero qué demonios!? —exclamó agarrando el celular, esperando que desapareciera la fotografía.

Había una fotografía de él, inclinado ligeramente a la mesa mientras dejaba un pedido, las chicas se veían emocionadas. Lo más absurdo de todo esto, es que la imagen estaba editada, saltaban varios corazones y pegatinas innecesarias. Un fondo rosa y… esa estúpida descripción.

«¡Ven a conocer a nuestro puppy!»

Incluso la leyenda era ridícula.

Escuchó la risa de su hermano, diciendo que en verdad parecía un enorme cachorrito: lindo y tierno. Lo fulminó con la mirada y luego miró a su madre, que le animaba diciendo que estaba orgullosa de él por ese nuevo reto de socializar más con las personas.

A él no le quedó más que apretar los dientes.


—Me siento ultrajado visualmente, me utilizaron como cebo para su publicidad —dijo Sasuke mientras se colocaba el delantal negro alrededor de su cintura, su turno apenas comenzaba y ya está fastidiado.

Estaba detrás de la barra cual Shikamaru se recargaba, observando el computador frente a él, justamente en la dichosa página de la cafetería.

Shikamaru lo miró de soslayo y sonrió perezosamente.

—A mí ni me mires, la idea se le ocurrió a Temari y Kiba tomó la fotografía.

—Pero dudo mucho que yo desprenda toda clase de corazones imaginarios —refutó el chico.

—Ah, eso sí lo edité yo —dijo aceptando su culpa.

Uchiha bufó.

—¡Ve el lado agradable! —Temari apareció por detrás, dándole de nuevo ese golpe en la espalda—. Te pagaremos un poco más por la publicidad, se están recibiendo más visitas.

Los ojos de Sasuke se iluminaron. Si recibía más dinero, sus posibilidades se abrían a terrenos nunca descubiertos. Entre ellas, comprar su propio portátil, así no estaría turnándose con Itachi.

Sí lo iban a explotar visualmente, que mejor sacarle provecho. No les saldría barato.

Se giró a ella con una expresión seria en su rostro.

—Si me vas a ultrajar más, espero que valga la pena.

—¡Así se dice! —La alegría de Temari era vista a kilómetros.

—Pero tengo dos condiciones —pidió, no se los pondría fácil.

La rubia aceptó condescendiente y tomó su libreta dispuesta a escucharlo.

—Uno: no quiero esos estúpidos corazones. —Sasuke enumeró alzando un dedo.

—Bien, nada de corazones imaginarios, ¿escuchaste, Shikamaru? —Temari le preguntó sin mirarlo.

El aludido sólo bostezo.

Sasuke enarcó una ceja, no muy convencido.

—Y dos: cambien ese estúpido apodo.

—¡Pero si es tendencia! —exclamó Temari bajando la libreta.

—O lo hacen, o no hay trato —recalcó dejando muy en claro su posición.

La rubia refunfuñó mientras pensaba, tras varios segundos aceptó al soltar un sonoro suspiro. Todo sea por la publicidad.

—Bien, el equipo creativo pensará en uno nuevo —chistó de mala gana, pero feliz de que Sasuke no haya renunciado. Sus razones tendrán así que debía aprovechar su buena voluntad.


El resto de la tarde, Sasuke llevó a cabo los consejos que leyó en el libro que Hinata amablemente le prestó días antes, tras verlo batallar en responder adecuadamente al servicio cortés. Al parecer la chica también tenía problemas para socializar de otra forma, así que no dudó en ofrecerle su ayuda.

Y en verdad le sirvió de mucho los consejos del libro, que cada día se mostraba menos retraído y un poco más accesible. Soportaba por mucho la mirada de las femeninas y, la verdad lamentaba por ellas tener que ver las servilletas encima de la carta, con un número de teléfono tatuado con lápiz labial y un "Llámame".

Cuando sus compañeros lo descubrieron, se rieron a carcajada y Kiba abrió la boca, incrédulo.

Pero él no quería nada de eso, su mente siempre se concentraba en dar un excelente servicio para recibir más propina. Así aumenta sus ganancias y su madre e Itachi verían su esfuerzo al poder ayudarles con los gastos; y así más pronto tendría su apreciada computadora. Ya lo está imaginando.

Terminó de limpiar la mesa y llevó la charola con trastes directo a la barra, ahí Kiba estaba recargando de los codos y tenía una sonrisa tonta en sus labios. Ni siquiera le prestó atención cuando le llamó por su nombre. Torció el gesto, parecía en un trance.

—¿Qué le sucede? —le preguntó a Shikamaru cuando llegó a recoger la charola.

El otro azabache le lanzó una mirada a Kiba y luego al frente, después soltó un suspiro.

—Está viendo a su crush.

—¿Su qué?

Uchiha inclinó un poco la cabeza a Kiba, realmente parecía idiotizado. Ponerse así por una chica… vaya sujeto.

—Te diré quién es, observa disimuladamente —pidió su amigo.

—¿Así cómo lo hace él? —apuntó al rostro fijo y embobado de Kiba. Obviamente aquello no era una "mirada disimulada".

Shikamaru bufó.

—Olvídalo. ¿Ves a las chicas que están sentadas cerca del ventanal?

Sasuke, impulsado por la curiosidad, fijó su mirada a ese rumbo, tratando de encontrar a las chicas. Se quedó estático cuando se topó con una cabellera rosada y unos ojos verdes, la chica estaba sentada frente a una rubia de ojos azules cuyo atuendo era la típica "sólo mira y no toques".

Lo que le sorprendió fue el reconocer a la pelirrosa.

—Ya, ¿y quién es su amor platónico?

—Es la pelirrosa, pero ya le dije a este imbécil que, si sigue mirándola así cada vez que viene, podría ocasionarle problemas con Tsunade-sama —replicó Shikamaru fastidiado.

Sasuke volteó a él, claramente aquello podría clasificarse como acoso, pero ¿ocasionar tal problema con la dueña del establecimiento cuyo rostro aún es desconocido para él?

—Debe tener mal carácter —comentó con aires distraídos al mirar de soslayo a la pelirrosa a lo lejos.

—Y especialmente si es por proteger a su sobrina, Sakura es su adoración.

… ¿¡Su qué!?

El chico volvió a voltear directamente a dirección de Sakura, la analizó fijamente y pronto se dio cuenta que la rubia le clavó los ojos, dándose cuenta de que las miraba. Apartó rápidamente el rostro al verse pillado y refunfuñó, recargándose en la barra.

Quién iba a imaginar que es su sobrina, pensó sin saber qué sentir. La primera vez que la vio hace un par de semanas le pareció una chica bonita, pero no quería aceptarlo.

Shikamaru le asentó un golpe en la nuca a Kiba provocando que saliera de su ensoñación y se frotara dicha parte, adolorido, los miró con recelo al ver sus sonrisas burlonas.

—¡Eso dolió!

—Deja de estar holgazaneando y ponte a trabajar —le riñó el mayor.

El pelicafé hizo un puchero y suspiró, de una forma tonta y apacible.

—Es que Sakura… ah… es tan linda y…

—Sí, sí, todos aquí lo saben —le interrumpió Shikamaru, Sasuke sonrió de lado al ver la mirada asesina que Kiba les lanzó.

De pronto, el rostro de Kiba se deformó a uno de sorpresa y luego nerviosismo.

—¡No puede ser cierto! Viene para acá —susurró muy debajo ocultándose bajo la barra.

—Kiba parece una chica colegiala —dijo Sasuke inclinándose e intentar ver cómo se acomodaba el cabello para tener un mejor aspecto.

Ciertamente él también se puso nervioso, ¿y si Sakura no lo reconocía? No tenía ánimos de sentir una desilusión, seguramente se acerca a ellos por otra razón. Así que intentó dar la media vuelta y escapar de ahí con su orgullo intacto.

—Espera, Sasuke-kun. No te vayas.

Se detuvo antes de tan siquiera dar un paso, ¿esa fue su voz? Incluso se volteó y la observó casi frente a él, pensó que era su imaginación, pero aquella sonrisa no podía ser parte de sus fantasías. Incluso miró a sus lados, creyendo que le hablaba a alguien más.

Cuando corroboró que sí le habló a él, la encaró de frente mientras se frotaba la nuca, nervioso al sentir tres pares de miradas sobre él, especialmente la de Kiba, anonado e incrédulo.

—Uh, ¿no te acuerdas de mí? —preguntó la chica pelirrosa inclinándose un poco, con esa sonrisa adorable para ojos del azabache.

Este agachó un poco la mirada por la diferencia de estatura, observándola discretamente. Aquel vestido blanco salpicado de flores de colores dejaba ver sus atributos. No mires más Sasuke, o pensará que eres un pervertido, se dijo y rápidamente se obligó a mirarla a los ojos. Ella esperaba expectante a su reacción.

—Sakura, ¿no?

La pelirrosa soltó un suspiro de alivio, llevándose la mano a su pecho.

—Pensé que te olvidarías de mí, ¡estoy contenta de verte de nuevo, Sasuke-kun! —dijo sinceramente, sus mejillas se tornaron de un ligero color rojo.

Y a Sasuke le pareció una imagen linda… un momento, ¿en qué diantres estaba pensando? Se obligó a fruncir el ceño y soltar un monosílabo, tratando de disimular su asombro de verla frente a él.

—¡Pero que galán eres! —intervino Ino por detrás, tomándolo de la mano para saludarlo. El chico la miró extrañado por su repentina confianza—. Soy Yamanaka Ino, pero como futura madre de tus hijos puedes decirme cariño —le giñó el ojo coquetamente.

Sasuke se sonrojo abruptamente.

—¡Ino-cerda! —exclamó avergonzada Sakura, alejándola de Sasuke a más de dos metros—. No le digas esas cosas a mi puppy.

—¡Que no soy un perro! —rechistó Sasuke al recordar ese estúpido apodo que Shikamaru y Temari se encargaron de difundir en la página dónde lo explotaban visualmente.

Abochornado, el ojinegro viró a sus compañeros. Si las miradas pudieran matar, seguramente ya habría sido víctima de un asesinado a manos de Kiba cuya expresión era aterradora y le hacía señas de muerte con el dedo. Por otro lado, Shikamaru parecía disfrutar del espectáculo al recargarse de la barra y beber tranquilamente de su bebida. No estaban dispuestos a desguindarlo de ese asunto.

Pero que malditos.


Conoció a la dueña del restaurante, y la describió con una sola palabra: aterradora. Bueno, dos palabras más: alcohólica y responsable. Sí, así estaba mejor.

Durante el fin de semana, Tsunade llegó para supervisar el local, le dio la grata bienvenida y le expresó su reconocimiento por prestarse a ser figura pública en la página web, incluso le dio un par de palmadas en la espalda y se rio jovialmente. Aquella actitud le recordó vagamente a Temari en su primer día.

Y le entregó su primer sueldo, sí, fue gratificante llegar a casa e invitarle la cena a su madre y hermano con el dinero que se ganó con esfuerzo y dedicación, sobre todo recibir los elogios y palabras de apoyo de ambos. Le dio satisfacción entregarle a Mikoto la parte que aportaba y quedarse con lo propio para ahorrar.

En poco tiempo tendría su portátil entre sus manos, ah, ya lo veía tan cerca.

Pero no fue lo único relevante de la semana. No. Más bien, lo que lo mantenía alerta era la nueva integrante del equipo laboral que decidió auto-contratarse durante las vacaciones de verano.

Sí, ella.

—Sakura, tu pedido —dijo Shikamaru lo bastante alto para que la aludida escuchara desde el otro extremo del restaurante.

Sasuke, que se encontraba del lado opuesto atendiendo a una pareja, la observó de reojo sin dejar de prestarle atención a los clientes. Cada vez que escuchaba su nombre reaccionaba involuntariamente, así que se obligaba en apartar la vista y seguir con lo suyo.

Sakura había llegado varios días atrás junto a Tsunade alegando que quería trabajar durante las vacaciones de verano. Tras una breve plática en su despacho, la dueña salió y les dijo que la pelirrosa estaría laborando como un empleado al siguiente día y durante un mes. Nadie tuvo quejas al respecto, al parecer todos los empleados la adoraban —Kiba no podía estar más que feliz—.

Él evitó hablar con ella el primer día, hasta que vio su rostro triste ante su renuencia y evasivas, decidió tratarla a la medida, solamente por ver su sonrisa. Se recriminó a tiempo y hasta ahora no hablaban mucho. Fue tan cambiante que pareció un estúpido e idiota.

—¿Sería todo? En un momento estará su orden —habló sereno y tras una ligera reverencia se retiró a la barra dónde se recargó y le entregó la nota a Shikamaru, que sustituía a Kiba en su descanso—. Dos rebanadas de la tarta de manzana, un jugo de frutas y un capuchino —dictó.

—Sale orden.

Shikamaru se volteó y comenzó a silbar una melodía de moda.

Mientras esperaba su pedido, Sasuke no pudo evitar mirar a Sakura y su sonrisa alegre mientras atendía a los clientes. No supo cuánto tiempo estuvo así hasta que Temari llegó a su lado y le dio una tremenda palmada en la espalda, se doblegó un poco y se quejó.

—¿Qué te pasa? ¿Estás loca? ¡Casi me sacas el pulmón! —gruñó por debajo.

De pronto, Temari abrió la boca fingiendo sorpresa y lo apuntó con el dedo, del otro lado, Shikamaru observó curioso.

—¡Me dijo loca! Nuestro pequeño retoño se está volviendo salvaje —casi gritó divertida la rubia.

El chico se limitó a gruñir más.

—Me sorprende, hace un mes no hubieras reaccionado de esa manera —atribuyó Shikamaru dejando la charola sobre la barra.

Esta vez Sasuke guardó silencio, analizándose.

Ciertamente ellos tenían razón. No se había dado cuenta de su actitud abierta en las últimas semanas, hablaba más y bromeaba ligeramente con sus compañeros, especialmente cuando estos le burlaban a "puppy". Le abrumó un poco la perspectiva que había tomado sus días, especialmente con…

—¿Quién se volvió salvaje?

Escuchar la voz de Sakura a sus espaldas le provocó un tremendo sobresalto. Mierda, lo tomó desprevenido.

Se giró a ella, estaba curiosa y lo demostraba su expresión.

—Aquí mi amigo Sasuke —dijo Temari dándome unas palmadas en el torso—. Se ha vuelto más contestón a su jefa.

—Ah, ¿sí? Qué curioso. —La ojiverde torció la boca en un gesto molesto y lo miró a los ojos. Sasuke se quedó estático—. Parece que con otros si hablas mucho…

Aquella frase indirecta quedó al aire cuando Sakura les lanzó una sonrisa forzada y volvió al trabajo al ver unos clientes ingresar al local.

Sasuke se quedó mudo tras procesarlo, entornó los ojos a su dirección y la sonrisa cordial en sus delicados labios. Retrajo su mirada a Temari que carraspeó y a Shikamaru que silbó haciéndose el desentendido mientras recogía la charola e iba a entregar él mismo el pedido a sabiendas que Temari no dejaría ir a Sasuke sin decirle unas cuantas palabras.

—¿Y ahora qué demonios hice? —murmuró.

—Ah, mira, te doy un consejo —la rubia le hizo señas para que se acercara. Sasuke dudó, pero avanzó unos pasos—. No seas tan bastardo con Sakura, ¿vale? No creo que te acose como las clientas.

—¿Estoy siendo desconsiderado? —preguntó sorprendido, pero más bien, un poco molesto por no haberlo aceptado antes.

—¿Qué sí no? Todos hemos visto como la evades. Sobre todo, Kiba, y está tentando a darte un golpe por desaprovechar la oportunidad —dijo Temari, a Sasuke le ardieron las orejas, tal parece que fue evidente—. Dime algo, ¿te desagrada su presencia?

No respondió. Simplemente desvió la vista avergonzado, pero fue suficiente para la joven que sonrió socarrona.


—¡Buen trabajo chicos! Pueden agarrar su pedazo de pastel —dijo Temari desde la caja registradora.

En la noche todos ayudaban a Shino a limpiar la parte principal en cuanto acababan con sus trabajos individuales, así todos se iban a casa más pronto. Además, era un tiempo de convivencia entre todos, no paraban las risas y bromas de la mayoría. Al trabajo ya sería mañana.

Después de dejar los productos de limpieza a manos de Shino, Sasuke fue detrás de la barra para hacerse de un pedazo del postre. Vio a Sakura frente al pastel y alternar la vista entre este y el empaque en su mano. Tal parecía que aún tenía problemas para colocarlo debidamente.

Se armó un poco de valor. No podía ser para tanto, ¿verdad? Sólo se trataba de una chica, ella no lo acosaría o él haría el ridículo. Tampoco se haría el desentendido y fingiría no haberla visto.

Se acercó a su lado. Ella alzó la vista y sus bellos ojos se ensancharon al verlo.

—¿Necesitas ayuda? —Se ofreció extendiendo su mano.

La chica se sonrojo ligeramente mientras asentía, le pasó la pequeña pala y el empaque.

—Gracias, la verdad aún se me dificulta hacerlo —comentó ella, y rápidamente apretó los labios intuyendo que a él no le agradaba su voz.

En cambio, lo vio esbozar una pequeña sonrisa mientras maniobraba la rebanada de pastel de chocolate.

—Es complicado la primera vez —dijo—, pero si utilizas el cortador cuadrado que está debajo de la barra, te aseguró que la próxima vez te será más fácil.

Inmediatamente Sakura dirigió su vista a dicho lugar y dio con el dichoso cortador que Sasuke mencionaba. Por su desesperación de irse primero no pensó en el instrumento que le facilitaba la tarea. Se sonrojo más, pero que idiota soy, pensó apenada y boqueado como un pescado, sin saber que decir.

No le ayudó mucho que Sasuke no borrara su media sonrisa de diversión, su corazón se aceleraba y las palabras no se conectaban a su cerebro, se quedó sin coherencia. Él le entregó el empaque con su pedazo de pastel dentro. Evitó verlo a los ojos, seguramente pensará que era una idiota.

—G-Gracias, Sasuke-kun—murmuró, sin saber que más decir.

—La próxima vez igual lo puedo cortar por ti —le dijo mientras se alejaba con su empaque—. Nos vemos el martes.

Sakura sonrió embobada al verlo alejarse. Sasuke por fin le había sonreído.


Soltó un bostezo sonoro que intentó ocultar al colocar su antebrazo, fue imposible. El sueño le vencía a cada segundo, daba gracias que se le ocurrió traer el termo con el café preparado por su madre. Bebió de él, no le importó lo caliente que estaba, simplemente debía despertarse ya.

Esperaba el metro sentado en una de las bancas, para ser un sábado por la mañana no había muchas personas en el andén, observó a su alrededor desinteresado. La mayoría de los estudiantes aprovechaban el inicio de las vacaciones de verano para descansar de las labores escolares y planificar a detalles sus viajes.

Él, por otra parte, trabajaría un poco más. Temari le pidió a Sakura y a él quedarse un par de horas más apoyo en enseñar a los dos nuevos empleados que contrato para el turno de la tarde. Al parecer en estas fechas las ventas aumentaban al máximo y no bastaría con Sakura, Shikamaru y él como meseros para turnos completos por lo exhaustivo que sería el movimiento. Aceptó la tregua, más dinero a su bolsillo, ya faltaba una cuarta parte para comprar su preciada portátil.

Soltó otro bostezo y se preguntó cuándo llegaría el metro. Aún estaba a tiempo y tenía quince minutos de tolerancia, no había de que preocuparse.

Hasta que escuchó una voz.

—¿Eres tú, Sasuke?

Imposible.

El chico se tensó en su lugar, bastante afectado al reconocer el portador de esa voz. Transcurrieron unos segundos en los que procesaba lo ocurrido, apenas agitó un poco la cabeza a su lado, tratando de convencerse que era una maldita broma de mal gusto.

Ahí estaba él, su padre. Mirándolo desde arriba con una expresión de añoranza combinada con felicidad en su rostro, portaba un fino traje azul marino y una corbata roja, cargaba un portafolio en mano.

Simplemente no podía con esto, no ahora.

—Fugaku —espetó Sasuke. Vio las arrugas alrededor de sus ojos se estiraron un poco cuando frunció el ceño ante su silencio.

Estiró las piernas y se incorporó, a su edad casi le llegaba a su estatura, sólo por unos centímetros más. Quiso largarse de ahí en ese mismo instante, pero lo consideró por dos razones: la primera, tendría que caminar a la otra estación y llegaría tarde al trabajo; y la segunda no quería parecer un cobarde frente a ese hombre.

Si quería vivir en paz, debía enfrentarlo.

No apartó la mirada por unos segundos, tan pesada e incómoda que Fugaku tuvo que carraspear primero en busca de cortar la tensión que se había formado entre ambos. A kilómetros se alcanzaba a ver la dureza en el semblante de su hijo mayor.

—¿Qué quieres? —Incluso las palabras de Sasuke eran duras e indiferentes.

—Supongo que Mikoto no te dijo que quería verte —dijo Fugaku dando unos pasos al frente.

Y el chico retrocedió los mismos pasos, sin apartar su mirada iracunda.

—Me lo dijo el mismo día en que le ofreciste dinero —escupió con desprecio el azabache menor—. No lo necesito y no quiero nada que venga de ti. Es más, si pudiera quitarme tu apellido lo haría sin dudarlo.

—Hijo…

Sasuke frunció el entrecejo y desvió por fin la mirada, sumamente afectado por la expresión dolida de su progenitor, pero no flaqueó. Ya que sus palabras eran las que reclamaban todos los años de ausencia, por el simple hecho de que Fugaku quisiera retomar sus lazos no quería decir que él estaría dispuesto a contribuir.

Las alarmas del andén resonaron, una agradable voz de mujer dio alerta a no pasar la línea amarrilla por la seguridad propia y avisó el próximo metro. Era el que tenía que subir para llegar a tiempo al trabajo.

Enfocó de nuevo su vista en Fugaku que seguía con su expresión de sufrimiento. Quiso reírse en su cara, ¿sufrir? Quién debió expresarlo con totalidad es él por todo el dolor que le hizo pasar a lo largo de su vida al privarlo de su protección.

De los festivales sin sus padres.

De los elogios paternos en cada logro.

De los juegos o actividades que pudieron hacer juntos.

El metro finalmente llegó, el viento alborotó todo a su alrededor, incluso las miradas de ambos.

—No me busques más, y tampoco atosigues a mi madre con tus llamadas —sentenció Sasuke aferrándose a su termo, dándose media vuelta para perderse de su vista.

Haciendo la distancia entre ambos más considerable, cubriendo con su desesperación la brecha que alguna vez se abrió tras albergar las mínimas esperanzas de que Fugaku haría hasta lo imposible por considerarlo.

Y justo cuando estaba cerrando las puertas de su corazón, lo escuchó:

—¡No me rendiré, hijo! —exclamó tan fuerte que cualquiera pudo escucharlo. Lo miró a través de las puertas automáticas que se cerraban—. ¡Algún día me aceptarás de nuevo! ¡Lucharé para ganarme ese lugar en tu vida!

Un nudo se formó en la garganta de Sasuke.

Y la brecha se volvió a abrir.


Sakura percibió el malhumor de Sasuke desde que llegó en la mañana. No habló más de lo necesario con nadie más que con los clientes y contestaba a ellos de una forma tan cortante. Todos coincidieron que se levantó con su pie izquierdo y no debían atosigarlo con preguntas.

Todo el día tuvo un rostro serio cual cambiaba a cordial fingida al atender a los clientes. Incluso a ella, que en los días anteriores estuvo más hablador y devoto a estar juntos en su tiempo de descanso, no tuvo reparos en rechazar ese tiempo y continuar trabajando.

Sinceramente le preocupó.

Ingenió un plan. Ambos terminaban su turno laboral a las seis y dejarían todo en manos de los nuevos para probar su entrenamiento, ella por un lado estaba feliz de haber mejorado con el pasar de los días, así que no se preocuparía mucho por ello e invitaría a Sasuke en pasar el rato.

Esperaba que no la rechazara.

Cuando se anunció su hora de salida, fue corriendo a los vestidores en busca de Sasuke. Lo encontró frente a su casillo terminando de colocar su uniforme en la mochila y dejar un mandil limpio sobre el gancho.

Dudó un momento, más retomó el valor y se encaminó a él.

—Sasuke-kun —le llamó, e inmediatamente sus ojos oscuros se dirigieron a ella—. Este… ¿harás algo saliendo de aquí?

El chico frunció el ceño sin comprender.

—Nada en especial.

La pelirrosa sonrió llevándose las manos detrás de su espalda.

—Entonces, ¿quisieras comer un helado conmigo?

Le pareció un poco divertido ver su mueca de confusión y luego captar la idea. Se quedó en silencio unos segundos para después asentir lentamente. Seguía procesando la invitación.

—Perfecto. Espérame un momento, voy a cambiarme de ropa. —Y salió corriendo antes de no poder controlar su sonrojo.


Sakura lo arrastró a una heladería no muy lejos de ahí. Mentiría si se dijera que la invitación no lo tomó desprevenido. Se había hecho la idea de llegar a casa y refugiarse en su habitación evitando a su madre y hermano para no hablar del tema. Tal vez mañana enfrentaría a medio mundo, pero ahora no quería nada.

Y de pronto llega ella, y con una sonrisa desconectó todos sus sentidos, haciéndolo aceptar sin pensarlo realmente. Tampoco es que no estuviera de acuerdo, admitía que la distracción le venía bien a su mente, observarla sonreír por cada pequeña cosa y emocionarse al ver el chocolate sobre su helado y sorprenderla cuando le dijo que no comía a menudo lo dulce. Pero la reacción que más le gusto fue su sonrojo cuando le dijo que por ella haría la excepción y probaría de su favorito.

Simplemente no podría quitarse esa imagen por toda la semana, estaba seguro.

—¿Te gusta lo amargo o prefieres lo picante? —preguntó ella una vez sentada en una de las mesas cerca de la ventana.

Del otro lado, él apoyó su codo en la mesa sin dejar de observarla intensamente. Notó muy pronto como ella desviaba la mirada a otro punto y parecía sonrojarse un poco, interesante…

—Aunque pensándolo mejor —dijo Sakura retomando el hilo—, creo que serían ambos juzgando por el café americano sin azúcar que bebes y los dulces picantes que lleva Kiba para compartir.

Sasuke esbozó una sonrisa de lado. Así que no era el único que observaba al otro. Continuó con un asentimiento de cabeza y comió del helado de fresa, el sabor favorito de la chica. Estaba demasiado dulce, pero extrañamente le pareció agradable a su paladar, no sabía si era porqué ella estaba frente a él preguntándole que le parecía.

—No me extraña que sea tu favorito, es igual de rosa que tú —dijo.

—¡Hey…! No sé si fue burla o un cumplido —refutó ella formando un puchero. Después se llevó la cuchara a su boca sin dejar su indignación de lado.

Despegó sus labios y se quedó estática al ver a Sasuke estirar su mano directamente a su rostro, cerca de sus labios. Su corazón dio un sobresaltó al sentir su dedo rozar la comisura, y la mirada intensa que le dedicó al llevar su propio dedo con rastros de helado a su boca.

Dios, este chico iba a matarla de un paro cardiaco. Su corazón no dejaba de latir desbocado.

—Puedes tomarlo como un cumplido —aseguró el azabache sonriéndole de lado.

Sintió sus mejillas arder a más no poder, y balbuceó incoherencias.

—Mou, no es justo —murmuró por debajo, pero le devolvió la sonrisa y siguió comiendo.

Se desenvolvieron en una charla amena, lanzándose preguntar para saber del otro. Sakura hablaba hasta los codos y Sasuke escuchaba atentamente sin poder recordar con claridad cuando fue la última vez que habló mucho en tan poco tiempo. Estuvo muy devota a conversar y ventilar aspectos de él, se sorprendió internamente, pero lo dejó estar, disfrutaría este momento.

Descubrió mucho más de la chica, sabía de sus manías, cuando estaba nerviosa, se mordía el labio inferior —pasaba mayormente mirándole la boca, que degenerado se volvió—; cuando algo le molestaba fruncía mucho el ceño y sus orejas se ponían rojas, o cuando estaba avergonzada se sonrojaba y hacía un mohín adorable con sus labios.

Lo que conoció de ella fue más que gestos.

Su música favorita era el rock —Sasuke la miró a los ojos incrédulo cuando se lo dijo—, su color favorito no era el rosa, si no el azul porque, según ella, escondía una triste historia de rosas azules que viven y mueren el mismo día. Su estación del año preferida era el invierno porque así podía jugar con la nieve; prefería té o chocolate antes que café —algo muy irónico— y su meta es convertirse en una devota psicóloga.

Seguía sorprendiéndose cada vez más.

No llegó mucho cuando ella le pasó el habla, se cruzó de brazos dejando de lado el botecito sin helado y se inclinó en el respaldo.

—¿Y qué me dices de ti?

El muchacho lo pensó unos segundos.

—Mi música favorita no es un género como tal, todo lo que tenga que ver con el inglés que es el segundo idioma que me gusta; color favorito… ¿en serio tengo que decirlo? —preguntó mirándola fijamente.

Sakura frunció el ceño y se inclinó a él apuntándolo con su cuchara.

—Es un estímulo para conocerte mejor, pero si no quieres… —se encogió de hombros dejándose caer de nuevo en el respaldo.

No pudo evitar sonreír divertido por su actitud. Detrás del desinterés fingida había desilusión.

—Te cambiaré la respuesta del color: me gusta leer libros de misterio, tengo una pequeña colección de libros en mi habitación. Mi estación favorita es la primavera, no hace tanto frío ni tanto calor para ir a la playa.

Al último dato, la chica lo miró intrigada.

—¿Te gusta la playa?

—Me gusta nadar a eso del atardecer sin que el sol haga de las suyas —se encogió de hombros y prosiguió—. Me empalago fácilmente por lo que no tolero mucho el dulce. Y mi meta es ser abogado penal

—Abogado, ¿eh? —Ella se inclinó apoyando las manos en la mesa y sonriendo dulcemente—. Me parece una meta bastante interesante.

—No tanto como la tuya, claro está pequeña maniática al dulce.

La risa que afloró de los labios de la chica la conservó por el resto de la noche, incluso en sus sueños.


Sasuke ignoró al principio dos cosas cuando bajó las escaleras por la mañana para ir al trabajo.

La primera: la mirada de preocupación que su madre e Itachi le dirigieron durante el desayuno.

Les había contado sobre el encuentro con Fugaku, una conversación nada grata y recordaba con escozor su última sentencia. Quería deshacerse de la sensación de esperanza y ligero regocijo que luchaba en su interior contra la furia y rencor.

Y la segunda: que llegara al trabajo y escuchar a las clientas decirle «ángel caído».

¿Y ahora qué demonios?

La respuesta llegó a él en su momento de descanso compartido con Sakura. Ambos estaban comiendo algo de guisos francés que pidieron del local de enfrente. La chica, con celular en mano y una sonrisa divertida, le mostró la pantalla de su celular dónde aparecía la página de la cafetería.

De nuevo había una foto de él, lo cual no le sorprendía, y poco abajo aparecía la leyenda: «Cuenta la leyenda que si visitas Muffens, ¡podrás ver al ángel caído del cielo!».

—¿Qué dem-? ¡Temari! —exclamó inclinándose para mirar por la puerta a la susodicha. Solamente escuchó su risa cósmica.

Regresó a su comida, refunfuñando. Masticó molesto.

—Ya, tranquilo, no es para tanto —dijo la pelirrosa tomando los palillos—. Solamente es la publicidad.

—No lo entiendes, provoca que me acosen más —alegó mirándola con ojos entrecerrados.

Sakura asintió con la cabeza, comprensible.

—¿Qué si no lo sé? En mi escuela muchos chicos me persiguen para pedirme una cita, pero los rechazo de la mejor manera posible. A veces son muy molestos, ¿sabes? ¡Incluso tienen un club a mi "honor"!

Escuchar eso no intranquilizó al azabache. ¿Le pedían citas? Hasta ahora no había pensado mucho en que otros lo hicieran, —como no, si Sakura era una chica hermosa, con unos potentes ojos verdes y una sonrisa que embelesa a cualquiera—. Inquieto, ocultó su nerviosismo y preguntó como quien no quiere la cosa:

—¿Y has aceptado a uno de ellos como tu novio?

—No, ninguno de ellos me interesa —respondió de inmediato.

—Entonces… ¿no te interesa nadie?

Después, Sakura dejó el tenedor a un lado y apoyó los codos en la mesa para recargar la quijada entre las manos y mirarlo desde el otro lado de la mesa, pestañeando con inocencia fingida. A Sasuke se le fue la respiración al verla sonreír de una forma traviesa, un coqueteo natural.

Madre santa.

—Sí. Es atractivo y me está mirando.

Juró por Dios que por primera vez que recordaba, se atragantó con la comida y tuvo que darse varios golpes en el torso. Esto definitivamente tiene que ser un sueño, se dijo mientras trataba de no ahogarse con la comida. Volteó de lado intentando serenarse, sentía la mirada de ella sobre él.

Jamás pensó que ella se le confesaría tan directamente. Bien, tenía unas sospechas desde esa ocasión que comieron helado juntos y las veces consecutivas que compartían salidas improvisadas, pero nunca que se adelantaría, desde un principio no imaginó atraer su atención.

Aún con la mano en la boca, ladeó el rostro a ella que se reía de él tan descaradamente. Quiso enojarse, pero no pudo.

—Eres tan lindo, Sasuke-kun. Pero no te preocupes, seguiremos charlando después. Ya acabó nuestro descanso.

Vio de reojo la hora en su celular. Era cierto. Cuando alzó la vista, ella desapareció por la puerta dejándolo solo. Muy astuta.


—Chicos… Cuando una chica se te declara, ¿Qué se hace al respecto?

Una pregunta estúpida que no debió mencionar a sus amigos, pero no tenía nadie más con quién consultarlo por el momento. Estaban inclinados en la barra, Sasuke todavía conmocionado y en shock por lo sucedido. De reojo miraba a la pelirrosa que le sonreía tímida y luego volteaba a los clientes.

La pregunta se le escapó de sus labios.

Kiba, Shikamaru y Shino lo sabían desde la mañana cuando vieron a Sakura más feliz de lo normal y a Sasuke con rastros de sonrojo. Pero no mencionaron al respecto.

—¿Pues qué más? ¡Besarla! ¡No desaproveches la oportunidad! —exclamó Kiba.

—No, imbécil. Eso asustaría a Sakura —Shikamaru le dio un zape.

—Concuerdo…, Un momento, ¿cómo saben que es ella? —cuestionó impresionado el azabache.

—Son tan obvios, más ella —respondió Shino con su voz misteriosa.

Uchiha no pudo hacer más que suspirar resignado.

—Si te gusta Sakura, el siguiente paso es invitarla a salir —dijo Shikamaru, y después agregó—: o eso fue lo que sucedió conmigo y Temari. Las mujeres son más sentimentalistas que nosotros, y debemos ser cuidadosos, así que debes ser siempre un caballero y jamás intentes hacer algo que ella no quiera.

—Pero las mujeres son un lío —intervino Kiba en susurros, como si estuviera contando un secreto—. Te dicen una cosa que resulta ser obvia. Típico: su "no" significa "sí" y viceversa. Cuando están enojadas te dicen que no lo están y tardan horas arreglándose.

—Eso es con Ino, Kiba. Ella siempre es exagerada —expresó Shikamaru rodando los ojos. Su amigo no hacía mucho que se había ligado a la mejor amiga de Sakura como "consuelo".

Sasuke los escuchó a medias con un rostro que detonaba urgencia y desconcierto por los consejos de sus amigos. En eso, Shino suspiró al verlo.

—Sólo sigue tus impulsos —dijo a respuesta—. Y no lo arruines.


¿Cómo saber si hacía lo correcto?

Esa era la pregunta que ahora rondaba en su mente mientras tomaba el pedido de unas clientas, no pasó desapercibido que lo miraban anhelantes y sonrojadas, suspiró fastidiado componiendo su porte profesional.

—¿Sería todo, señoritas? —preguntó cordial.

—Sí, a menos que desees incluirte en el menú —insinuó la pelinegra guiñándole el ojo.

Sasuke le ofreció una sonrisa forzada con ojos cerrados, a ese gesto sus compañeros lo catalogaban a un nivel de fastidio y serenidad. Hizo una reverencia ignorándolas y dio media vuelta para dirigirse a la barra.

Al estar distraído en sus pensamientos y sumándole el fastidio que le provocó la chica, no se percató de que Sakura venía pasando justo detrás de él sujetando una charola y terminó chocando con ella bruscamente.

La pelirrosa dio un gritillo de sorpresa y lo único a lo que Sasuke reaccionó fue para tomarla de la cintura evitando que tuviera el mismo destino que los platos rotos en el suelo junto con la charola.

Para ella, la pose en que estaban ambos se parecía justamente a uno de sus programas de comedias románticas que veía por la noche y que jamás en su vida pensó que le sucedería. Estaba ligeramente inclinada siendo sostenida de la cintura por uno de los brazos de Sasuke, su otra mano jalaba de su otro brazo afianzándolo.

Y su rostro… ligeramente cerca. Si él se inclinaba unos cinco centímetros podría besarla…

… Lo que tampoco ocurriría. Ya de por sí era demasiada suerte que la sostuviera así.

Se sonrojó, consternada de que él no apartara su mirada potente e intensa de su ser.

—Eh… gracias por sostenerme —dijo todavía roja.

Entonces Uchiha cayó en cuenta de la escena que estaban protagonizando. Al ver a su alrededor, se percató de que todos los clientes tenían la vista puesta en ellos, algunos con asombro y sonrientes, por otro lado, sus amigos les lanzaban desde la barra miradas de "¿y el beso?".

Sus orejas se pusieron rojas por la vergüenza. Enderezó a la chica, soltándola y retrocediendo un paso mientras se frotaba la nuca. Todo pareció volver a la normalidad al no ver nada más.

—No, discúlpame a mí. Por estar distraído casi te tiro —seguía sin mirarla.

O más bien, ambos no podían verse a los ojos.


Los días siguientes transcurrieron en que ambos seguían lo bastante avergonzados como para mirarse a los ojos; hasta que Sasuke se hartó de sentirse incómodo con la extraña atmósfera que se formó entre ambos y decidió hablar con ella para ponerle punto final a la situación.

Tuvo la penosa experiencia de platicar con su madre al respecto, y Mikoto no podía estar más que feliz en saber que su pequeño hijo se había interesado en una chica. Casi puso el grito en el cielo a causa de la emoción. Después se dedicó a darle consejos sobre qué hacer.

Primer paso: declararse de frente.

Segundo paso: invitarla a salir.

Tercer paso: besarla (a la que estaba más deseoso en llegar).

Pero suena más sencillo escucharlo que hacerlo.

Primeramente, porque Sakura lo evitaba cada vez que intentaba hablar con ella.

—Sakura… —la llamó a la hora de su descanso.

La chica daba un respingo y rápidamente se inventaba una excusa.

—¡Ah! ¡Perdón, Sasuke-kun, mi tía me habla! —decía en un principio corriendo al despacho.

El azabache comenzó a ponerse de malhumor respecto a sus evasivas, y para rematar, descubrió cuando entró a la página web de la cafetería, una foto de él y Sakura de dicho día. Editado con corazones y una frase que titulaba: «¡Nuestro ángel caído ha sido flechado!».

Tuvo ganas de zarandear a Temari que sonrió a medias.

Pero Kiba entonces llegó a una conclusión.

—¿No será que por eso te esquiva? Quizás tenía un pretendiente por ahí—preguntaba mientras comían.

A respuesta, Shikamaru y Temari le daban un zape en la cabeza. Por poco podían ver la nube deprimente sobre su amigo Sasuke que se hundía de hombros y murmuraba que tal vez ella comenzó a desagradarle su presencia.

—¡Ya estuvo bueno! —exclamó Temari levantándose de sopetón y tomar la camisa del chico para llevarlo a rastrar a la puerta trasera. Casi lo empujó para que entrara. Sasuke estaba conmocionado por el arranque—. Entrarás ahí y le dirás todo. ¿Entendido?

—Pero ella…

—¡Nada! Y no te atrevas a volver a menos que lo hayas hecho o sentirás mi furia —reclamó ella apuntándole con el dedo.

Desesperado, el azabache miró a sus amigos que parecían igual de consternados y asustados como él por las expresiones de la rubia. Ambos le pidieron disculpas con la mirada. Traidores, pensó con ojos entrecerrados.

Aunque no podía culpar a Shikamaru, estaba tan colado por Temari.

Tragando grueso, cerró la puerta detrás de sí. Tomó aire y decidido se encaminó por los casilleros en su busca, justo la encontró frente a su casillero abierto amarrándose el cabello frente a un pequeño espejo en la puerta. No terminó su labor pues vio su reflejo en el espejo y bajó sus manos dejando caer su cabello.

—Sakura, tenemos que hablar.

—Eh… yo… ¡tengo que cambiarme! —exclamó cerrando los ojos y huyendo a los vestidores.

Sasuke crispó el gesto y fue tras ella que ingresó al vestidor cuya "puerta" consistía en una cortina, vaya forma de escapar de él. No tuvo reparos en jalar la tela y adentrarse viéndola dar un respingo y pegarse más a la pared con los ojos muy abiertos.

—Quiero saber por qué rayos me evitas, y espero que sea una excusa satisfactoria.

—Y-Yo no te estoy evitando —replicó ella, y cerró la boca cuando él se adentró más, colocando su mano derecha al lado de su cabeza y la otra en la cintura, inclinándose a ella entrecerrando los ojos.

Madre santa. Se veía terriblemente sexy en esa posición. Sakura tragó grueso y se sonrojó más.

—Ah, ¿no? Entonces explícame porqué cada vez que intentó hablar contigo corres a esconderte.

—¡Tampoco me estoy escondiendo! —exclamó apoyando sus manos en el torso intentando apartarlo y siendo un esfuerzo inútil, él llevó la otra mano a la pared encerrándola en ese espacio, sin oportunidad de salir—. ¡D-Deja de hacer eso!

—¿Hacer que cosa? —cuestionó un tanto divertido él, se veía tierna con ese puchero y sus mejillas rojas.

—Sonreír así —señaló, escondiendo el rostro entre sus manos al no ver escapatoria. Se encogió de hombros—. Haces que me ponga más nerviosa… y diga incoherencias.

—Mm… con que te pongo nerviosa —susurró él tomando la ventaja. Se inclinó un poco más a ella, cerca de su oído y le sopló provocando que ella se estremeciera—. ¿Ahora mismo estás nerviosa?

Sakura apretó los dientes y alzó furiosamente la cabeza para reclamarle por lo que le hacía sentir con sólo un toque.

—¡Eres un…!

Toda queja murió en su garganta cuando Sasuke unió sus labios con los de ella tomándola desprevenida. Ahogó un gritó de sorpresa contra sus labios, sintió un vértigo a su alrededor, su corazón se aceleró furiosamente en su pecho. Atinó a cerrar los ojos y dejarse llevar por el movimiento de los labios de él.

Sus labios eran suaves con sabor a café y su aliento cálido y reconfortante, llevó sus manos al cuello de él y se aferró más sin dejar de corresponderle. Profundizando cada vez más mientras acariciaba su cabello azabache.

Aunque el beso pudiera ser eterno, sus respiraciones no. Sasuke se obligó a separar sus labios con los de ella para retomar aliento, con la respiración ligeramente agitada, la observó mirarlo fijamente con los labios entreabiertos y buscando aire para sus pulmones.

Se veía jodidamente hermosa.

Llevó una mano a su rostro y acarició sus labios mientras juntaba sus frentes, ambos regulando su respiración, no dejaron de observarse mutuamente.

—¿Qué significa esto? —se atrevió a preguntar Sakura con un hilo de voz.

La risa ronca de Sasuke resonó, y para ella fue el sonido más hermoso que jamás haya escuchado.

—Hum… quizás que también me gustas —dijo sugerente, los ojos de Sakura brillaron de total emoción.

—¿Lo dices en serio?

Ella parecía una niña emocionada, no pudo contenerse y se colgó de él.

—Muy en serio —tuvo que reprimir su risa encantadora, rozando sus narices, no dejó de mirarla—. Entonces… ¿quieres salir conmigo?

—Uhm… no lo sé —Fingió pensarlo al llevar un dedo a su barbilla, y luego sonrió coqueta—. Si me das otro beso tal vez te diga que sí.

Sasuke sonrió de lado y se inclinó de nuevo para besarla, ella cerró los ojos y se paró de puntitas sin poder resistirse.

Bueno, tal vez no realizó tal cual los tres puntos a seguir. Pero el orden de los factores no altera el resultado, ¿verdad?


Es un capítulo único y auto conclusivo (¿Fugaku logró que Sasuke lo aceptara? ¿Cómo fue la primera cita oficial de la pareja tortolita? ¿Sasuke compró su preciada computadora?) no habrá más de esto -sorry- es la magia de los OS.

Una curiosidad, si alguien por aquí lee El Sonido del Silencio, este One-Shot en general iba a ser en un principio el comienzo de esa historia, es totalmente diferente (¿ primeramente porque Sasuke sí habla aquí, pero cuando decidí que iba a comenzar siendo mudo, tache la idea y se fue a borradores. Pero no quería abandonarlo y modifiqué muchas partes para darle una nueva forma.

En fin, ¡gracias por leer!

Nos leemos pronto en otras de mis historias.

¡Alela-chan fuera!