02

Mintiendo, era un fracaso.

Disimulando, lo era mucho más.

¿Cómo escapar de su pregunta, entonces? He ahí la cuestión.

Era buena corriendo, de eso sí podía llevarse el crédito. Podría huir, precipitarse a toda velocidad por aquella puerta y, sin mirar atrás, ser castigada triplemente y de paso perder su dignidad. Si es que le quedaba un poco de eso aún.

— ¿Kinomoto?

—E-Eso… Ya se me olvidó, Li. Lo siento.

Sakura borraba tan rápido la pizarra que las migas de tiza salían disparadas, formando una especie de humo blanco alrededor de ella. Estaba tan nerviosa, que de verdad se planteaba seriamente salir corriendo.

Una cosa era que la molestaran todos los de su clase o que la molestaran sus amigas, pero ¿por qué ahora el mismísimo Li era quien buscaba la manera de molestarla también?

Ahora, volviendo al caso, no podía simplemente decirle que había estado soñando (de nuevo) con él, reviviendo ese momento tan incómodo que habían pasado en el festival. Ni tampoco podía decirle que no conseguía olvidarlo ni sacarlo de su cabeza, tanto a él como a lo sucedido.

Su corazón quería salir de su pecho en cuando sintió que el chico se acercaba más a su posición.

—Oye... —Murmuró Shaoran, con intenciones de hacerle parar su acción, en vista de que estaba envolviendo al salón entero en una capa de polvo traslúcido.

Pero en cuanto Sakura sintió el tacto de su mano sobre la de ella, volvió a experimentar la ridícula corriente recorrerla de pies a cabeza. El borrador se estrelló contra el piso y ella, inevitablemente, cayó presa de esos ojos ambarinos. Sólo que esta vez no se trataba de ningún sueño. Sin embargo, el contacto no duró mucho, ya que el castaño se agachó a recoger el objeto.

—¿Estás molesta por lo que pasó en el festival? —Preguntó paulatinamente mientras le entregaba el borrador.

—¿Molesta? N-no... No se trata de eso, Li. —Balbuceó cabizbaja, para luego reír nerviosamente.—La verdad, ni yo lo entiendo del todo.

Shaoran hizo una breve pausa, preguntándose si estaba bien decir lo que estaba a punto de soltar.

—¿No consigues sacártelo de la cabeza? —Cuestionó, mirando un punto fijo en el piso.

La pregunta descolocó a Sakura. No fue solamente lo que preguntó, sino el cómo lo formuló. No daba intenciones de querer burlarse de ella o algo por el estilo, más bien parecía como si estuviera padeciendo lo mismo, de alguna manera.

—No.—Admitió, sintiendo como su rostro se incendiaba.

—Bueno, deberías saber que no eres la única. —Confesó revolviendo los cabellos de su nuca, un poco intranquilo.

—¿Ah no?

—No. Es decir, no es como si fuera la primera vez que… Bueno, ya sabes. Es sólo que la gente tampoco colabora para olvidarlo, ni siquiera tú.

—¿Eh? ¿Yo por qué? —Exigió saber, todavía con el rostro encendido.

—Pues tú… Tú dijiste mi nombre en el salón, tan de repente y…

—¡Pero eso fue por culpa tuya!

—¿Mía? Pero, ¿qué tengo yo que ver con eso? ¡Si es así, es tu culpa por haber tropezado en el festival!

—¡Pues es tu culpa haber caído sobre mí! —Le recriminó la chica, apuntándolo acusadoramente con el dedo.

—¿¡Disculpa!? ¡Entonces debí dejar que te dieras contra el piso, seguro esa hubiera sido la solución!

—¡Bueno, si no hubiera sido por eso ahora mismo no tendría mi teléfono lleno de fotos tuyas por todos lados!

—¿De dónde sacas fotos mías, eh!? Espera… ¿¡A ti también te mandan esas fotos!?

Sakura se aproximó a su bolso velozmente y comenzó a revolverlo en busca de su celular, dispuesta a hacer callar a Shaoran. Porque la que más sufría las consecuencias de lo sucedido era ella, eso lo daba por hecho.

Le restregó en la cara su galería, la cual iniciaba con aproximadamente quince o más fotos del castaño, todas pasadas por Yamazaki. Las de Keiji ya las había borrado el día anterior.

Shaoran pasaba su mirada por cada una de las imágenes, atónito.

—¡De todas maneras tienes menos de las que yo tengo! —Repuso mostrándole a la vez su celular, donde ciertamente las fotos de ella no acababan ni deslizando hacia abajo la galería.

Sakura pudo divisar en el montón una foto de sus vacaciones de verano, donde había decidido visitar la playa con sus amigas y aceptó ser enterrada en la arena con tal de que le hicieran un cuerpo de sirena. Y la única dueña de esas fotos era Tomoyo, a la cual torturaría lentamente por haberle traicionado de esa manera.

— ¿¡Y-Y por qué tienes tantas!? ¡Bórralas!

—Ni te imaginas. Esas son de esta mañana, el resto las borré ayer.

—No puede ser. —Musitó, boquiabierta.

Tanto él como ella estaban envueltos en un gran problema.

. . .

Eran casi las cuatro de la tarde cuando Shaoran por fin había decidido dejar de holgazanear con su celular para bañarse y hacer los ejercicios de japonés que debía entregar el día siguiente. El ambiente se encontraba fresco, por lo que decidió mantener el aire acondicionado apagado y las ventanas abiertas. Una suave brisa llegaba hasta el escritorio al lado de su ventana, donde el mordía inconscientemente el lápiz con el que no había conseguido más que garabatear apenas el principio de uno de los ejercicios pendientes.

No conseguía concentrarse. Ese día tuvo una larga plática con Kinomoto, donde dejaron en claro que no podían seguir siendo víctimas del acoso de sus propios compañeros de clase. Sin embargo, a pesar de que meditaron durante largo tiempo posibles vías de escape a la situación, no dieron con ninguna viable.

Pensaron desde ligarse a alguien más, para que así no los molestaran a ellos, hasta hacer un espectáculo que declarara una especie de odio o intolerancia entre ellos. Pero a la primera, Sakura le refutó que nada más él podría conseguir a otra persona con ese fin, recriminándole que seguro estaba muy lleno de pretendientes (como si en realidad lo odiara por ello); y, ante la segunda opción, seguramente el bullying de la pareja del año se transformaría en el divorcio del año, o algo así.

Tenían presente que los molestarían hicieran lo que hicieran. Así que sin más alternativas decidieron que debían seguir como si nada, hasta que por fin lo superaran todos. No estaba completamente conforme con tal decisión, pero la tomaría mientras no se le ocurriera una mejor idea.

Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando escuchó sonar el teléfono de la casa. Tiró el lápiz rápidamente, apresurándose a contestar antes de que lo hiciera alguna de sus hermanas.

— ¿Hola?

—Shaoraaan. —Escuchó decir con tono persuasivo. — Llevo un buen rato marcando tu celular, pero no contestabas. ¿Estás desocupado? ¡Vayamos al cine!

Enarcó una ceja. La actitud de Yamazaki le daba mala espina, y podía percibir que se traía algo entre manos incluso desde la otra línea del teléfono.

— ¿Quiénes van? —Fue la primera pregunta que se le ocurrió para confirmar sus sospechas.

—Pues…—Yamazaki pareció dudar qué contestar durante unos segundos. —Algunos del salón.

Frunció el ceño pronunciadamente.

—¿Con algunos te refieres a…?

—Bueno, Terada y yo invitamos a algunos de nuestro salón, pero no es seguro que irán todos así que…

Shaoran permaneció en silencio.

—Cuando nos graduemos y no vuelvas a ver a ninguno de nosotros te arrepentirás. —Intentó persuadirlo.

Rodó sus ojos. Estaba completamente seguro de que, por "azares del destino", se terminaría encontrando allá con Kinomoto.

—¿Hiciste los ejercicios de japonés?

—Mmm, nop. Se los quitaré a Eriol.

—Si me los pasas luego, voy.

—Hecho. Nos vemos en una hora en el cine que queda por la estación Nashioka. —Le indicó Yamazaki.

Shaoran pudo percibir la perturbadora risa del chico antes de cortar. Pero, sin importarle demasiado, sonrió satisfecho. No tendría que hacer los ejercicios de japonés y sólo debía de ir a ver una película. No podía ser más sencillo.

Le avisó rápidamente por mensaje a su madre que saldría y le dijo a Wei, su tío, que iría en el metro y que se quedara cuidando a sus hermanas. Luego de ponerse un suéter gris y grueso se roció perfume encima y tomó su billetera para ponerse en marcha.

La estación Nashioka era la primera por la que pasaba el metro, así que afortunadamente no tardó en llegar allí y marcar a Yamazaki, quien le respondió inmediatamente.

—¿Shaoran? Ya te compramos tu entrada. Estamos comprando las palomitas. —Le notificó la voz de su amigo.

—Voy llegando.

Las calles de la autopista se encontraban cómodamente despejadas, por lo que Shaoran caminaba un poco apresurado en dirección a su destino. El cine se encontraba dentro del centro comercial Ki, uno de los más grandes de la ciudad. Tras traspasar las grandes puertas corredizas del mismo lo recibió la corriente de airo acondicionado del mismo y luego de virar unas dos veces pasillos de electrodomesticos y farmacias, se encontró con el gran local que componía el cine, el cual, como siempre, desprendía su familiar olor a perritos calientes y palomitas de mantequilla. Ese día estaba repleto, y su cerebro le recordó que los jueves la entrada popular tenía un treinta por ciento de descuento.

Pasó el puesto de venta de entradas hasta divisar un grupo de chicos que formaba parte de la cola que esperaba su turno para comprar comestibles, quienes, por cierto, se encontraban armando un escándalo.

—Pero, ¿quién demonios se ríe tan alto? —Cuestionó, uniéndose al grupo de aproximadamente ocho personas y saludando con un gesto.

Los primeros en notr su presencia fueron Eriol y Yamazaki, y tras inspeccionar a los presentes brevemente, no le impresionó encontrarse con los verdes ojos de Sakura, los cuales brillaban más de lo normal bajo las potentes luces del cine. Ella le dedicó una sonrisa de bienvenida igual que Tomoyo, Rika, Sumire y Chiharu.

—¡Shaoran, al fin! Colabora con los refrescos, que al idiota de Yamazaki se le quedó el dinero. —Expuso Yue, mirando al susodicho con los ojos entrecerrados y negando con la cabeza.

—Toma.—Dijo, completando el dinero del grupo luego de dedicarle una sonrisa burlona a Yamazaki, quien planteaba excusas mientras era reprendido por Chiharu. — ¿Qué vamos a ver?

Eriol le dijo el nombre de la película en un susurro, lo cual le extrañó.

—Sumire nos dijo que mejor no le decíamos a Sakura. —Le informó a él.

—¿Por qué?

—No me lo dijo directamente, sólo me contó que si se enteraba de cual era seguramente no querría pasar.

—¿En tercero no fue ella la única que corrió despavorida luego de la broma del fantasma glotón? —Preguntó, riendo un poco ante los recuerdos de ese día.

—Así es. Pero vaya que estás pendiente de Sakura, galán.

Shaoran soltó un gruñido.

—¿Y tú desde cuando la llamas por su nombre?

—Desde que hablo más con Tomoyo. ¿Por qué? ¿Celoso? —Musitó su amigo, mirándolo con ambas cejas levantadas.

—Amigo, estás juntándote mucho con ese par de idiotas. —Habló, señalando con el mentón a Yamazaki y a Yue. —Están corrompiendo tu naturaleza de caballero inglés apacible.

Su comentario le hizo soltar una risa a Eriol.

—Te puedo asegurar que mi naturaleza sigue intacta.

Rika y su novio, Terada, pidieron un refresco grande para compartirlo. Y él hubiera tenido que imitarlos si no se hubiera percatado de las intenciones de Yue antes de que pagara.

—Estás bajando la guardia. —Le comentó en voz baja a Sakura, cuando ya iban camino a la sala de la película con sus bandejas de comida.

—¡Es que saben distraerme bien, Li! —Protestó la chica para luego mirar con recelo a sus amigas, recordando como Tomoyo le había enseñado en el celular unos vídeos de perritos siendo rescatados, dejándola noqueada de ternura por unos instantes.

—Sí que son persistentes.

—Lo sé. —Corroboró Sakura, suspirando con resignación.

Shaoran le entregó al empleado los boletos de ellos dos que Yamazaki le había dado a él.

—¿Sabes qué película vamos a ver? Nadie quiere decirme.

—No quieren decirte porque creen que no querrás entrar. Pero bueno, ya estás dentro.

Sakura paró en seco, haciéndole chocar contra su espalda al ir detrás de ella.

—No me digas que…

—Vamos, Kinomoto. Avanza. —La alentó pasando su brazo alrededor de sus hombros, para que siguiera caminando junto a él.

—P-Pero… No me digas que es… ¿Una película de terror? —Inquirió, atemorizada.

Adentro de la sala, las luces auxiliares permanecían encendidas por faltar unos minutos para que iniciara la película, por lo tanto pudo detallar la expresión de Sakura cuando volteó a mirarle. Se notaba tan consternada, que de repente le dio lástima que le hicieran entrar a aquella película que estaba seguro odiaría.

—Kinomoto, no eres una cobarde, ¿o sí? —Preguntó, haciendo contacto visual con ella.

—S-Sí… Digo, no. —Respondió, vacilante. Sakura se aferraba a la bandeja sobre la cual estaba su refresco y sus palomitas, y él pudo notar que ésta temblaba ligeramente.

—No, no lo eres. Una cobarde no salta desde el trampolín de quince metros en natación. Así que camina.

La vio gesticular una pequeña sonrisa y continuó llevándola a rastras mientras sujetaba su propia bandeja con la otra mano.

Desgraciadamente, por haberse quedando convenciéndola, terminaron en una esquina de la fila. Pero al menos la castaña tenía a Tomoyo a un lado.

— ¿¡Cómo te atreviste, Tomoyo!? ¡Sé que dije que no importaba la película, pero no pensé que escogerías una de terror! ¡Sabes que las odio! —Escandalizó la esmeralda en voz baja, al sentarse.

—Sakura, yo no la escogí. ¿No recuerdas que Rika nos pidió que viniéramos ya que cumple cinco meses con Terada? Ellos la escogieron. —Contestó Tomoyo, con un deje de preocupación en su voz.

—Ajá. ¿Y por qué no quisiste decírmelo? ¡Al menos me hubiera preparado mentalmente!—Demandó, desafiante.

—Está bien, puedes culparme de eso. —Admitió, sonriendo dulcemente antes de acercársele. —Pero es una oportunidad perfecta con Li, ¿a qué sí? —Le susurró al oído.

Sakura la miró refunfuñando. Volteó bruscamente a su lado derecho, donde estaba Shaoran.

— ¡Agh! ¿Oíste lo que me dijo, Li?... ¡Hey! —Le recriminó al observar cómo el castaño se tapaba la boca para no romper a carcajadas.

—Lo siento. Es que, ellas son mucho más extremistas que mis amigos. —Objetó entre risa y risa. Pronto, Sakura se vio contagiada de sus carcajadas. Eso, hasta que las luces auxiliares se apagaron y los aires arrancaron con potencia.

Enseguida sintió las oleadas de aire frío que provenían del conducto justo sobre ella. Quedó estática, y su cerebro se iluminó al recordar qué era lo que sentía que había olvidado. Un estúpido sueter.

Para no seguir torturándose internamente por ser tan descuidada, intentó consolarse recordando que le gustaban las montañas y el snowboard y que, por lo tanto, el frío era parte de ella. Instantáneamente pensó en Frozen, una de las últimas películas que había visto con Tomoyo y que también le había gustado bastante. Ahora se reprendió por estar pensando cosas tontas.

No obstante, estaba segura que era mejor pensar en dibujos animados antes que pensar en la situación en la que estaba metida. La pantalla había comenzado a proyectar la película de la cual no sabía ni el nombre y, aun así, estaba más asustada que en toda su vida. Bueno, en realidad siempre se asustaba por igual.

Por otro lado, luego de unos minutos, Shaoran estaba entretenido. Entretenido tanto en la película, como en su acompañante de asiento. De vez en cuando miraba en su dirección sólo para cerciorarse de que la chica siguiera con su vista fija en la pantalla.

— ¿Por qué demonios la ves si odias las películas de terror?

—Es que esta es… ridículamente buena. —Admitió con voz temblorosa. Y no mentía. La historia envolvente de la familia protagonista era, por mucho, la más interesante que había visto en una película de terror.

El suspenso y el misterio por resolver obligaban a los más minuciosos a compartir hipótesis acerca del desenlace que tendría la película. Tomoyo y Eriol intercambiaban uno que otro comentario objetivo sobre algún detalle que habían notado a través de la trama e, incluso, en las partes más emocionantes ellos permanecían apacibles.

La amatista despegó la vista de la pantalla por un segundo para murmurarle algo a Eriol, pero menudo error cuando al volver a centrar su atención la chica endemoniada abarcara toda la pantalla. No pudo evitar soltar un pequeño gemido, sobresaltada. Eriol rió, sin querer.

—Si tienes mucho miedo, puedes tomar mi mano. —Cuchicheó el chico acercándose a ella con una afable sonrisa.

—Todavía no llego a esos límites. —Argumentó, devolviéndole el gesto.

—Ya veo. Será la próxima, entonces. —Declaró Eriol para reacomodarse en su asiento.

Tomoyo lo imitó, luego de ignorar la sacudida que había dado su corazón al tenerlo tan cerca. Ridículo Eriol y sus ridículas indirectas.

Los protagonistas de la película se adentraron en una especie de sótano bastante fúnebre, y Sakura sintió en los huesos que estaba por pasar algo malo. Por reflejo, el castaño volteó a verla en cuanto ella se tapó el rostro a gran velocidad, justo cuando aparecía el espectro en la pantalla.

Fue a la cuarta vez que volteaba en su dirección que pudo percatarse que estaba tiritando. ¿Tanto miedo le daba estar ahí? Y eso que ni siquiera estaba viendo las partes buenas.

Mientras se contaba la historia de uno de los personajes, Sakura pareció relajarse y se apoyó en el reposabrazos, donde él también descansaba su extremidad. Se mantuvo inmóvil, porque a ella parecía no importarle demasiado. Pero pareció preocuparse realmente por la chica cuando, incluso en la parte más calmada, ella siguiera temblando ligeramente.

—Oye, ¿estás bien?

Sakura sólo asintió. El castaño posó sus dedos sobre la muñeca de ella con la finalidad de calmar sus temblores, pero vaya sorpresa se llevó cuando advirtió que estaba tan fría como un hielo.

—¡Estás helada, Kinomoto! —Vociferó, llamando sin querer la atención de sus compañeros cercanos.

—¿Qué quieres un helado, Li? —Consultó Tomoyo, siendo eso lo que había alcanzado a entenderle.

El castaño se limitó a negar con la cabeza mientras se quitaba el suéter. Se preguntaba por qué Sakura no se lo había dicho antes, si a él en realidad no le importaba prestarle su abrigo por cargar una camisa manga larga debajo.

—No, no, Li… Hey, a mí se me quedó mi suéter, así que no te preocu…

Sakura se vio acallada al recibir la prenda de pleno en la cara. El aroma del castaño inundó sus sentidos en cuestión de segundos, y agradeció la oscuridad de la sala que ocultaba su rostro avergonzado.

No le quedó de otra que agradecerle con un gesto apenado.

—No te preocupes. —Le respondió él.

No pudo negar lo lindo que era Shaoran. Se arrepintió nuevamente de sus pensamientos, pues cualquier otro chico pudo haberle prestado su suéter.

—Tu suéter huele a chocolate. Qué genial. —Comentó, intentando mantener un tono neutral.

—Es el perfume. —Aclaró con una curvatura en sus labios, alegrándose de haberse rociado un poco.

—Ah, ya veo.

Permanecieron en silencio, observando la pantalla. Sakura seguía tapándose de vez en cuando en los momentos exactos, hasta que hubo una parte que quedó en silencio absoluto.

— ¿Y-Ya pasó la parte, Li? —Quiso asegurarse la castaña.

De repente, una sonrisa maliciosa se posó en el rostro de Shaoran.

—Sí. —Aseguró.

Sakura se animó a mirar entre sus manos sólo para poder ver tal cual al demonio protagónico de la película. No pudo evitar soltar un grito que, afortunadamente, fue al unísono con varias chicas de la sala. Shaoran no podía resistir el ataque de risa de ese momento.

—¡Tendré pesadillas por tu culpa, idiota! —Le reclamó, propinándole reiterados golpes en el hombro, los cuales en realidad no dolían.

—Lo siento, lo siento. Tómalo como mi venganza por el suéter. —Formuló riendo.

La castaña bufó.

—No te soporto, Li. —Expuso, mirando a Shaoran con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

—Oh, no me digas eso. —Repuso el castaño, con una expresión exageradamente dolida. La misma no duró demasiado, pues se echó a reír por los pucheros que hacía Sakura. —Vamos, ya te pedí perdón.

Fijó su mirada en la de Shaoran. El chico la miraba suavemente hasta luego gesticular una amigable sonrisa que la obligó a mirar el piso, ruborizada.

—Está bien. Sólo por esta vez. —Replicó testarudamente.

—Gracias.—Contestó el muchacho, ofreciéndole palomitas después de notar que ella ya se había acabado las suyas.

Sakura las aceptó, correspondiendo a la ofrenda de paz.

. . .

La película concluyó y ella estaba segura que no estaba muriéndose de miedo nada más porque todavía quedaba un poco de luz afuera. Pero en cuanto llegara la noche, se arrepentiría con todo su ser de no haber salido corriendo de aquella sala cuando tuvo la oportunidad.

El ambiente fuera del cine se sentía húmedo a pesar del aire acondicionado, ya que había llovido mientras estuvieron dentro de la función, por lo que Shaoran le había dicho que podía quedarse con su suéter mientras tanto.

Luego, todos concordaron en ir a comprar unos helados luego de que Tomoyo dijera que Li tenía ganas de ello. En la heladería del segundo piso del centro comercial, se encontraron con unas chicas de la clase A, con quienes de vez en cuando Yamazaki y Tomoyo hablaban. La amatista era quien más las conocía por estar en el club de canto igual que ella.

De repente, Kaori, una chica de tez morena y grandes ojos oscuros llamó a Eriol, alegando que había algo que quería decirle en privado. Tomoyo enarcó una ceja, curiosa.

Sakura apenas había terminado de degustar su helado de fresas cuando Tomoyo le pidió que la acompañara al baño. Estuvieron a punto de invitar a Sumire, pero la vieron bastante ocupada discutiendo con Yue sobre cuál era la mejor pizza de Tomoeda, así que decidieron ir ellas dos.

Se aproximaron al pasillo contiguo, por donde quedaban los baños, pero a la castaña le parecía muy extraño que su amiga se la pasara viendo a todos lados como si algo se le hubiera perdido.

—Ah, ahí están. ¡Agáchate, Sakura! —Le replicó al momento que la hacía bajar a su altura bruscamente.

Tomoyo terminó escondiendo a rastras a Sakura detrás de un gran florero que se hallaba en la esquina del pasillo. Ella parecía no entender al principio, pero luego de seguirle la miradacayó en cuenta de que estaban espiando a Eriol y a Kaori. Al enfocar mejor su vista, pudo observar como la susodicha se encontraba a unos metros de distancia enrulando de vez en cuando su largo cabello y viendo el piso con un notable sonrojo en las mejillas.

—Tomoyo… Espiar a la gente está mal. —Susurró, dándole un divertido empujón con el codo. Sin embargo, aunque estuviera diciendo aquello en su rostro prevalecía una sonrisa de oreja a oreja.

—Shh. No seas tonta, Sakura. No los estamos espiando.

—Claro, claro. Parece que se le está confesado.

—Seguramente. Es que no podía ser un poco menos obvia, en clases de canto la he escuchado murmurar con sus amigas unas tres veces el nombre de Eriol. —Alegó la amatista luego de rodar los ojos ante la visión empalagante que estaba presenciando.

Sakura soltó una risita, pero todo rastro de humor deaspareció de su rostro cuando, sin previo aviso, vio a Shaoran pasar de largo por su escondite. Y estaba segura de que había notado su presencia.

—¿Nos vio, o fue cosa mía? —Murmuró Sakura, con los ojos como platos.

—Y-Yo creo que no nos vio. —Le respondió, siguiendo a Shaoran con la mirada. —Olvídalo, ¡sí que nos vio! —Chilló en cuanto el ambarino se acercaba a Eriol y le susurraba algo al oído, con la vista fija en el escondite de ellas.

Eriol se despidió de Kaori con un gesto apenado y regresó con Shaoran a la heladería para encontrarse con una escena que le causó bastante gracia. Tuvo que resistir no estallar a carcajadas.

Tomoyo estaba de espaldas a él, sentada en una de las mesitas de la heladería que compartían todos, con las piernas y los brazos cruzados. Batía el pie a un ritmo desenfrenado, como si estuviera nerviosa por algo. Y Sakura, bueno, esa era otra historia. La castaña bebía de su agua con una pequeña sonrisa en los labios mal disimulada y con la mirada clavada en el piso.

Las chicas nada más esperaban el momento en el que Eriol les dijera algo, pero ese momento jamás llegó. Más bien el chico acercó su silla a la mesa donde se encontraban ellas y se dispuso a charlar animadamente. Tomoyo suspiró aliviada, quizás no se había dado cuenta de su enorme desliz.

Obviamente, estaba muy equivocada.

Aunque las palabras "alguien parece muy celosa de que estés aquí" de su amigo no fueron muy directas, pudo hacerse una idea de a quién se refería al ver entre las hojas de un florero cercano algunos mechones azabaches.

Si bien Kaori Ichiyama se le acababa de declarar, su respuesta fue negativa incluso antes de que se le aproximara Shaoran. Y no habían muchas razones por las cuales la había rechazado, bastaba con decir que en realidad no sabía de ella más que su apellido.

Aproximadamente a las siete de la noche se dispusieron a cenar en la pizzería escogida por Sumire, luego de que la misma ganara el duelo verbal con Yue y se determinara que la pizzería Domino's era la mejor.

Una vez en el local, Terada fue quien pidió la comida mientras ellos escogían una mesa donde entraran todos. El chico de cabellos rojizos le murmuró algo al empleado y luego de que el mismo le sonriera y asintiera se devolvió al grupo con una sonrisa.

Rika le había preparado un pastel enorme de dulce de leche, su preferido, ese día que cumplían cinco meses. Y él, aunque ya le había regalado un lindo broche de corazón y unas rosas, no estaba satisfecho. Se sentó con el resto uniéndose a la conversación sobre la competencia de fútbol intercolegial que tendría lugar en unas semanas.

—Estoy segura que Terada no dejará pasar ningún gol. —Aseguró Rika con mucha seguridad y una sonrisa, luego de tomar delicadamente a su novio del brazo. Terada se rascó la nuca, avergonzado.

—Es cierto, tenemos mejor portero que los de Shin. —Corroboró Shaoran. —Ahora, los de Kimoze son otra historia.

—Digamos que con ellos estamos al mismo nivel. —Dijo Eriol.

Así se mantuvieron hablando hasta que una empleada del local se acercó a depositar la pizza tamaño familiar que habían encargado. Al dejarla en la mesa, todos se percataron de que estaba escrito en salami la palabra "Rika", adornado con un corazón de champiñones. La mesa entera estalló en una bulla.

—¡Awww!—Se emocionó Rika mientras apretaba en un abrazo de oso a su novio, quien mostraba sus dientes en una sonrisa. — ¡Oye, el corazón es mío! —Bramó, golpeando suavemente la mano de Yue cuando lo cachó intentando robarse la parte con más champiñones.

Terminaron la cena y Tomoyo se ofreció a llevar a sus amigas mientras que Shaoran se comprometía a llevar al resto. Así sucedió y Sakura se montó al auto de la familia Daidouji junto a sus amigas mientras se despedían por la ventanilla de los chicos. Una vez dentro, todas saludaron al señor Joseph, el chófer.

—¡Hoy Terada se ha portado como un príncipe! —Profirió Tomoyo, sosteniendo su mejilla, embelesada.

—¡Es cierto! ¿Qué te regaló cuando te pasó buscando, Rika? —Curioseó Sumire, tan emocionada como el resto.

—Me dio un broche, unas rosas y unos brazaletes a juego. —Expuso risueña.

—¡Qué detallista! —Opinó Sakura, mirando a su amiga con una enorme sonrisa.

—Tú no te quedas atrás para nada, Sakura. Mira que hasta te has traído el suéter de Li. —Mencionó Sumire, aprovechando de tener a la castaña al lado para pasarle el brazo por encima en un gesto de camaradería.

Sakura apenas se percataba de lo que acababa de decir su amiga de ojos azules, y se cubrió el rostro con la palma de la mano a la vez que negaba con la cabeza.

—Dios, lo olvidé por completo… ¡Me hubieras dicho antes, Sumire!

—Qué va, si me acabo de dar cuenta. —Dijo la chica riendo al unísono con el resto.

Luego de que dejaran a Rika y a Sumire, Sakura pareció reparar en un detalle importante y se quitó el suéter velozmente para enterrarlo en su bolso. Su hermano la mataría a capciosas preguntas como la viera usando el abrigo de algún chico desconocido.

—Adiós Joseph, Tomoyo. ¡Gracias por traerme! —Se despidió la castaña saludando a su amiga mientras la camioneta avanzaba.

Se apresuró a subir las escaleras y cuando estuvo a punto de encerrarse en su habitación un grito la hizo detenerse abruptamente.

— ¡Monstruo, tu cena está en la mesa!

— ¡Ya comí! —Alegó para escuchar como Touya le respondía con un gruñido.

Se lanzó a su esponjosa cama, enterrando su cara en la almohada. No podía no recapitular el día en su cabeza al hallarse allí, en el silencio de su habitación. Aun podía distinguir el olor a chocolate que quedó impregnado en su blusa y en lo menos que pensaba era en la película tan horrible que había visto.

Vaya error. Cerca de las diez decidió irse a la cama y nada, no podía dormir. Se encontraba viendo el techo detenidamente y, como veía venir, su mente empezó a maquinar los mil escenarios terroríficos que podía experimentar en ese momento. En cuanto empezó a imaginar a algo observándola se tapó los ojos con las palmas y entonces, como un flash, llegó a ella la imagen del demonio horroroso de la película.

—No, no, no, no…—Repetía, tapándose la cara con toda su fuerza.

Abrió sus ojos de golpe y tomó su teléfono, que reposaba en la mesita de noche al lado de su cama.

"¡Por tu culpa ya no puedo dormir! ¡Gracias, Li!" Consiguió textearle, furiosa y sin muchas esperanzas de que le respondiera a esa hora.

Abrazaba su teléfono contra su pecho y casi se infarta cuando el aparato vibró entre sus manos.

"Jajaja, ¡te dije que lo sentía!" Fue la respuesta que obtuvo.

"Eso no me sirve de nada, para que sepas"

"Aparte, te llevaste mi suéter. Ladrona." Al leer esas palabras Sakura sonrió un poco, avergonzada.

Se mordió el labio inferior antes de levantarse en puntillas a hurgar en su mochila, donde había escondido el abrigo de Shaoran. Sin pensarlo demasiado, se lo puso encima del pijama. El aroma a chocolate volvió a ella.

"Sí, lo siento por eso, no lo recordé" Le dijo luego de tirarse nuevamente a la cama y cubrirse con las mantas.

"No lo tendrás puesto todavía, ¿no?" Su corazón se detuvo al leer el mensaje del castaño.

"Obvio que no." Mintió, sintiendo sus mejillas arder.

"Ah, ya. Es que con lo descuidada que eres…" Sakura rodó los ojos, divertida y dispuesta a contradecirlo.

Así pasaron un rato charlando por Whatsapp, hasta que del otro lado de la línea Shaoran se veía en aprietos.

Había estado respondiendo anteriormente los mensajes de Natsuki, una chica del club de atletismo con la cual de vez en cuando intercambiaba palabras. Se la habían presentado sus amigos del equipo de fútbol, pero con el pasar de los días se arrepintió completamente de haberle pasado su número. Vaya chica intensa.

A pesar de que no hubiera sido muy insistente los primeros días, ahora apenas lo veía en línea corría a escribirle. Y no importaba si le respondía un emoji, un "jaja" o si simplemente no le respondía, ella volvía a escribirle. Y ese momento no era una excepción.

Media hora atrás le había dicho que se iría a dormir, sin embargo al recibir un mensaje de Sakura no resistió abrirlo para ver qué decía. Ellos nunca solían hablar por Whatsapp, así que le pareció toda una novedad.

Se debatió si dejar el teléfono y simplemente dormirse. Sin muchas alternativas, se despidió de Sakura y, por segunda vez, de Natsuki.

"Está bien. Descansa, Li." Le había respondido la castaña junto con un emoji triste. Inesperadamente, le cayó bien que aceptara su despedida. Porque, por otro lado, la otra chica le pedía que se quedara hablando más con ella a pesar de que ni siquiera estaban entablando una conversación como tal.

Desconectó el internet de su celular y miró el techo, aún con el artefacto en una mano.

¿Sakura tendría miedo? ¿Podría dormir bien?

Suspiró y, cayendo víctima de sus impulsos, le marcó al celular de la castaña.

Desde su cama, Sakura sufrió un doble paro cardiaco al sentir vibrar su teléfono repetidas veces. Era Li, llamándola. Contestó deprisa y la voz de Shaoran la saludó.

"¿Sigues con miedo o puedes dormir?" Su corazón empezó a latir con fuerza al oír su voz tan cerca.

"Eh… Ahora estoy bien, creo." Murmuró, con una sonrisa de idiota adornando su cara.

No tardó en sacarle conversación a Shaoran con lo primero que cruzó por su mente y se sorprendió un poco de lo comunicativo que resultaba ser el chico. De vez en cuando, cuando él se quedaba contándole cualquier cosa, sin querer ella se cubría la sonrisa con la manga del suéter.

Esa noche la pasó escuchando la voz de Shaoran y con su aroma a chocolate revoloteando alrededor.


Ok, este capítulo fue tan divertido. Las ideas venían mientras iba escribiendo e incluso me reía jajaja. ¡Quisiera ser Sakura! ;w;

Me parecen tan tiernos Sakura y Shaoran, los amo, los amo, los amo. Y como ven también incluí a Terada, quien por cierto incluso estudia con todos (para disfrute de Rika). Me parecen tiernos todos, la verdad xDD

Siento que estoy escribiendo una especie de manga shojo jajaja, pero no lo puedo evitar ToT

POR CIERTO, acabo de actualizar también Como soy contigo para que quienes siguen las dos historias puedan pasarse a leer también la continuación allá :'D

¡Graciaaaaas por todo el apoyo y los lindos reviews, me animaron bastante! *beso, beso*