03
No pasó desapercibido para toda la clase que la pareja favorita se encontrara en tal estado de insomnio.
La única razón por la cual Shaoran aún se resistía al sueño como todo un guerrero, era para no dar pie a las conjeturas que podrían sacar luego sus compañeros. Sería demasiado evidente que los dos se durmieran hasta la siguiente hora, y él lo sabía.
Pero había un problema peor que sus molestos compañeros de clase. Se trataba de que el profesor de historia no dejaba de lanzarle miradas recelosas a Sakura cada que tenía la oportunidad.
La castaña dormía apaciblemente en el asiento frente a él. Llevaba un buen rato en eso y se veía que estaba disfrutando de su siesta, así que no sería él quien le diera fin. ¿Qué tal que estuviera soñando con él? Sin poder evitarlo, una sonrisita se posó en sus labios y recordó de repente que Sakura aún le debía explicaciones.
De verdad no quería ser quien la despertara, pero Tomoyo llevaba rato haciéndole señas de que debía hacerlo. Ciertamente debía, si no quería que la esmeralda se metiera en serios problemas por andar durmiendo en la clase del profesor Kou. Así que luego de suspirar se decidió.
Aprovechó que el profesor estaba paseándose por todo el salón explicando la monarquía española para tantear el hombro de su vecina de asientos, pero Sakura ni se inmutó.
—Psst, Kinomoto. —La llamó, sin resultados. Sólo consiguió que la chica se acomodara más en su mesa.
Entornó la vista al cielo y cerró sus ojos, esperando que la manera de poder despertar por las buenas a su amiga llegara a él por arte de magia.
Siguió tanteando su hombro cada tanto que el profesor se volteaba. No obstante, a ese ritmo la clase llegaría a su fin y la castaña seguro terminaría con una nota de advertencia en la carpeta. En una de tantas miró a Tomoyo, diciéndole con gestos que no sabía qué hacer.
La amatista hizo una mímica, de la cual entendió que debía tantear la espalda de la chica. Intentaría eso. Uso su dedo índice tal como le había mostrado Tomoyo y con el mismo recorrió desde la espalda baja hasta la espalda alta de Sakura.
Se sobresaltó ligeramente cuando la chica emitió un chillido a la vez que se reincorporaba en un santiamén, irguiendo su espalda.
Por otro lado, a ella comenzaba a sorprenderle como siempre se encontraba con el peor escenario cuando abría los ojos luego de quedarse dormida. Pero pareció comprenderlo rápidamente. Fue fácil en cuanto se percató de dónde estaba y, cuando hizo contacto visual con el profesor Kou, tragó en seco.
Como queriendo parecer más tonta empezó a rascarse la espalda, en su esfuerzo desesperado por disimular y "actuar con naturalidad". Reía nerviosamente por lo bajo mientras el hombre de ojos oscuros la veía confundido. Con una mirada severa le hizo ademán de que abriera sus libros, los cuales había estado usando como almohada hasta hace unos instantes. Ella se dispuso a ello velozmente, toda roja por las risas de sus compañeros.
Sakura aún no sabía quién la había despertado de esa manera poco ortodoxa. Pero como lo averiguara, esa persona iba a sufrir. Fuera Sumire, Tomoyo, o cualquier otro.
La clase pareció terminar bien luego de un pequeño dictado y algunas bromas por parte del profesor evocando el momento vergonzoso de Sakura. Ahora incluso los profesores se burlaban de sus descuidos, eso era nuevo.
El profesor se retiró del aula luego de despedirse, dejando al salón a la espera de la profesora de biología.
—¡Tú! ¡Casi me das un infarto cuando me despertaste, dios! —Le reclamó a Sumire, quien reposaba pacíficamente en su asiento al lado del de Shaoran.
La chica de ojos claros enarcó una ceja antes de estallar en risas junto a Tomoyo.
—Yo no fui, Sakurita.
—¡Entocnes fuiste tú, Tomoyo! ¡No fue suficiente obligarme ayer a ver la dichosa película de terror, no señor!
Tomoyo negó con la cabeza, aún riendo.
El verdadero culpable seguía fijo en su puesto. Tenía la mano derecha sobre sus labios, intentando ocultar su sonrisa y aguantándose las ganas de unirse a las risas.
—Son unas mentirosas. —Se cruzó de brazos y frunció el ceño. —Sólo ustedes saben del ataque de cosquillas de mi espalda.
Y era verdad. Sus dos maliciosas amigas se dieron cuenta de ello cuando, en una pijamada, Sumire le metió un hielo en la blusa después de hacerle lo mismo a Tomoyo. El desgraciado hielito le había provocado el escalofrío de su vida y un ataque de risa que perduró unos prolongados minutos.
—Fui yo, Kinomoto. —Sakura se volteó para encarar a Shaoran levemente sorprendida. Él sonreía y se veía alegre de haber logrado su cometido.
—¡Li, casi me matas!—Replicó, fingiendo molestia. La delataba lo rojo de sus mejillas.
—Perdón, perdón. Pero prometo guardar el secreto de tu espalda, mis labios están sellados.
Sakura rodó los ojos, contagiándose de la sonrisa de Shaoran. Ignoró la sensación que le provocó escuchar la palabra labios salir de su boca. A lo mejor estaba loca, pero sintió como si lo hubiera dicho con cierto énfasis.
Sacudió su cabeza, aún estaba medio adormilada.
—Bueno. Pero ni una palabra, eh. —Intentó sonar amenazante mientras lo apuntaba con la punta de su lápiz.
—Con el borrador no me vas a matar. —Comentó, haciéndole darse cuenta que el objeto estaba volteado.
Sakura resopló sonrojada. Con Shaoran cerca siempre se las arreglaba para parecer más torpe de lo que ya era. Y estaba en lo cierto, porque enseguida pareció venírsele a la cabeza un detalle que la hizo precipitarse a escarbar su mochila, hasta vaciarla.
— ¡Oh, no!—Se lamentó, pensando en las palabras adecuadas para pedirle perdón al castaño por haber olvidado su suéter en casa.
Si bien se había quedado hasta aproximadamente las dos de la mañana hablando por llamada con Li, apenas cortaron se había sumido en el sueño del siglo. Al ser despertada por su segunda alarma en lo menos que pensó fue en meter la prenda en su mochila nuevamente. De hecho, la había dejado tirada sobre su cama.
—Tú me perdonaste por casi ocasionarte la muerte y yo te perdono por haberte olvidado el suéter, de nuevo. —Manifestó, realzando la última palabra burlonamente.
El comentario había sido nada más por molestar, pero la castaña pareció realmente arrepentida y apenada.
—¡Lo siento! Hoy mismo te lo devolveré, no te preocupes. Puedo llevártelo a tu casa, de verdad no es ningún problema. —Musitó cabizbaja.
—¿A mi casa?—Inquirió el castaño, con una pícara mirada. —Pero tienes que ir tú sola a llevarlo. —Su comentario bastó para convertir la anterior sugerencia de la chica en una propuesta comprometedora. Sakura, muy para su pesar, se dio cuenta que Shaoran tenía una destreza para ello impresionante.
Sintió de nuevo su rostro arder y se preguntó cuántas veces más tendría que pasar por eso. Rápidamente, reaccionó propinándole un golpe en el hombro a Shaoran mientras reprendía sus latidos por ir más rápido de lo normal.
Tras ello, la profesora Mizuki se adentró al aula, saludando a la clase.
—Recojan sus cosas, chicos. Vamos al laboratorio del tercer piso, el de siempre lo están ocupando. —Indicó, esperando por sus estudiantes.
—Vamos a abrir sapos, Kinomoto.
—Esa invitación no suena para nada linda, Li. —Objetó ella, riéndose.
—Lo sé.
. . .
Luego de que terminara la hora del almuerzo, Sakura estaba muy emocionada con la práctica de laboratorio que tendrían ese día. Le encantaba la biología, gusto que compartía con Sumire. Sin embargo, al hallarse allí y tener al pobre sapo cara a cara tendido panza arriba contra la tabla, sintió que la comida que acababa de digerir se revolvía en su estómago.
— ¡NO! —Soltó inconscientemente cuando su compañera de laboratorio estuvo a punto de rasgarle el estómago al inerte animal.
— ¡Sakura, si no lo abro sacaremos cero! —Replicó Sumire, impacientándose.
La esmeralda entornó su vista hacia las demás parejas, para cerciorarse de que estaban cometiendo el mismo crimen que ellas estaban a punto de consumar.
Shaoran y Yue ya lo habían abierto. Shaoran inspeccionaba cada órgano receloso y curioso, mientras que su compañero se dedicaba a mirar la operación con una mueca de asco. Seguidamente, el mesón donde estaban Eriol y Tomoyo estaba repleto de distintas herramientas y ellos escarbaban dentro de su gordo animal fascinados.
—Par de locos. —Musitó para sí. — ¡Míralos, Sumire, parecen dos científicos perturbados! —Parloteó señalando a la pareja con el ceño fruncido.
— ¡Sí, y ellos sacarán diez seguro! —Contradijo con reproche.
Entonces Sakura supo que debía controlarse. Inhaló y exhaló cerca de cinco veces y luego su amiga se dispuso a su tarea nuevamente.
— ¡Espera!
— ¡Sakura, ya! —Le espetó en voz baja al momento que hacía un ligero corte cerca del corazón y bajaba la navaja hasta llegar al estómago del sapo.
—Dios, creo que voy a vomitar.—Se quejó entre sollozos. Las ganas de abandonar el laboratorio la estaban carcomiendo junto a la carga de conciencia que invadía su corazón en ese momento.
—¡Sakura, ya estaba muerto! —Insistió Sumire, pero eso no la hacía sentir mejor, ni a ella ni a su estómago.
Era horrible. Ese pobre animal tenía que enfrentarse a la muerte nada más que para un ridículo examen de biología. A ella ni le interesaba ver sus intestinos ni su caja torácica. Sakura sentía que estaba a punto de desmayarse en pleno salón.
—Señorita Kinomoto. —La llamó la profesora en cuanto estuvo al lado de su mesón. —Comprendo cómo se siente, pero es normal utilizar a animales para la ciencia. Y no debería sentirse mal siempre y cuando se trate al animal con respeto y guardando su dignidad, entonces su vida y cuerpo no estará siendo desperdiciado.
Sakura asintió, aun con un algo de culpa. Se las arregló para en los minutos posteriores controlar sus náuseas y colaborar con Sumire con lo posible para terminar la actividad lo más rápido posible. Soportó la media hroa restante sólo para que el sapito no hubiera muerto para nada.
Al acabar la hora de laboratorio salió corriendo en dirección al baño y, sin poder hacer mucho al respecto, sus nauseas la vencieron.
Pronto sus amigas ingresaron al lugar preocupadas. Para ese entonces ya se hallaba enjuagando su rostro, sintiéndose con creces más aliviada.
— ¡Dios, Sakura, estás toda pálida! ¿Estás bien?
—Sí, ya pasó. Me siento mejor. —Aseguró mientras se amarraba una cola de caballo. —Lo siento, Sumi. Hubiéramos reprobado si hubiera quedado en mis manos. Debo decir que fue una experiencia traumante.
Las dos chicas que la acompañaron rieron un poco.
—No te preocupes por eso, sacamos todos los puntos. —Respondió sacudiendo su mano para restarle importancia.
Luego de repetirle a Tomoyo tres veces que no necesitaba ir a la enfermería, salieron del baño para dirigirse a gimnasia, la última clase del día. Los chicos las esperaban charlando cerca de los casilleros y ellas se les unieron al pasar por allí a dejar sus cosas. Desde la salida al cine, se había vuelto habitual que se juntaran entre clase y clase.
—Uy, tenías a tu novio súper preocupado, Kinomoto. —Expuso Yue, mirando a Shaoran sugestivamente mientras todos reían. Incluyéndola a ella.
—Cállate tú. —El castaño lo empujó, avergonzado.
—Estoy bien, estoy bien. —Alegó Sakura, sonriendo y dándole palmaditas a Shaoran en la espalda a la vez que lo hacía avanzar para seguir al grupo, que se había adelantado.
Sumire y Yue comenzaron a tontear, esta vez discutiéndo cuál era el mejor videojuego para Xbox del año. Ellos caminaban a unos pasos de sus amigos y podía sentir la mirada de Shaoran examinándola desde hace rato.
—Sigues pálida. ¿No tendrías que haber ido a la enfermería mejor? Te va a dar algo en gimnasia. —Objetó con un deje de preocupación en su voz. Aquello pareció sorprenderla por unos momentos, pero luego sonrió con agrado.
—Nah, estoy bien. Sólo me sentía mal en el laboratorio. Pero agradezco tu preocupación. —Le guiñó un ojo.
—Y-Yo no…—Tosió un poco. —Bueno, es que si fuera al revés sé que estarías llorando de preocupación, así que estamos a mano. —Shaoran sonrió entre dientes.
—Vaya, suenas bastante confiado. —Respondió abriendo ligeramente los ojos.
—Claro, con eso de que sueñas conmigo y todo…
— ¡Oye, eso es trampa! —Espetó fuertemente sonrojada. Sólo pudo observar su juguetona sonrisa por un segundo, antes de arrancar a correr detrás de él.
El grupo se hizo a un lado cuando Shaoran se arremetía contra la puerta del gimnasio riendo a todo pulmón con la chica pisándole los talones, pero consiguió salvaguardarse al lograr entrar a los vestuarios masculinos. Sin estar satisfecho, se asomó ligeramente por la puerta de los vestidores. Sakura se encontraba cerca de allí y lo miró con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido.
—Cuando salgas de ahí la pagarás.
—Qué miedo. —Dijo con sorna, sin salir de su refugio.
—Miedo tienes que no quieres salir.
Shaoran soltó una carcajada.
—Miedo tienes tú que no quieres entrar.
—Si pudiera, ya lo hubiera hecho.
— ¿Sí? —Cuestionó alzando las cejas, con una sonrisita.
—Ugh. Eres un bobo. —Musitó rodando los ojos y dirigiéndose al vestidor contiguo. De haber tenido algo a la mano, se lo hubiera lanzado.
Dentro de los vestidores abrió el casillero donde guardaba su ropa de gimnasia. Sus amigas entraron seguidamente carcajeándose por algo que les había contado Yamazaki.
—Yamazaki dice que entrará al club de canto la próxima semana. Supuestamente canta mejor que Tomoyo. —Le contó Sumire secándose una lagrimita de su ojo, sin dejar de reírse por lo bajo.
—Eso es que busca impresionar a Chiharu. Le dije que a las mujeres les encanta que les den serenatas. —Afirmó la amatista comenzando a cambiarse, igual que el resto.
Sakura comenzó a reír cuando Chiharu armó alboroto por el comentario.
—Les recuerdo que el blanco del bullying amoroso es Sakura, no yo. —Murmuró después de un rato, cruzándose de brazos.
—Más bien, yo diría que me sé varias cosillas de ustedes pero no las molesto porque soy buena persona. —Repuso Sakura ajustándose mejor la cola de caballo para luego dedicarles a todas su mejor mirada de reproche.
—Ajá sí, Shaoran. —Bromeó Sumire. La castaña frunció el ceño.
—Cállate, Yue. —Atacó ella. — ¡A Sumire le gusta Yue! —Comenzó a canturrear a todo volumen antes de sacarle la lengua y salir corriendo del lugar, ya con sus shorts de gimnasia y la franela con el distintivo del instituto puestos.
—¡Ven acá, pulga, te arrepentirás! —Gimoteó la chica con el rostro ardiendo antes de ir en su persecución. Desaceleró al notar que el profesor ya estaba reunido con gran parte de sus compañeros en una esquina del gimnasio.
—De las que te salvas, Sakura. —Murmuró amargada luego de sentarse en las gradas junto a su amiga. La misma le dedicó una sonrisa que desbordaba dulzura.
Un minuto después se les unieron el resto de las chicas y el profesor carraspeó para llamar la atención de todos. Comenzó a pasar lista.
— Saltos. —Fue todo lo que dijo al terminar con el listado.
Sakura celebró mientras que Chiharu y Rika no podían ocultar su desagrado.
—Inoue, trae algunas colchonetas, por favor. —Ordenó Kuro, el profesor. Sumire se levantó a ello y él se encargó de armar una barrera en el medio del gimnasio. La misma consistía de tres cajones, y él le agregó uno más. Al llegar la chica con las colchonetas prosiguió: —Escoge a alguien.
A la castaña no le sorprendió nada cuando la escuchó decir su nombre. El profesor la llamó y Sumire tomó asiento. Ella se encogió de hombros con despreocupación: no podía perder en saltos.
—Hoy evaluamos dificultad y técnica. —Informó y con una aseveración le indicó que prosiguiera.
Sakura se paró al inicio de la colchoneta y entornó su mirada a los cajones, recelosa. Estaba demasiado alta, estaba segura de ello. Le echó una ojeada al profesor, quien esperaba con expectación.
Se puso en posición para arrancar a correr y en cuanto llegó cerca de la barra se detuvo abruptamente. No podía con esa altura y lo sabía. Pero Sakura era más persistente que eso. Se devolvió a su posición original y lo intentó de nuevo. Lastimosamente, apenas consiguió con su salto que su cuerpo llegara a la cima de los cajones, desde la cual el resto de su torso quedaba colgando.
—Se supone que es saltar, no escalar, Kinomoto.—Aclaró el profesor con una mueca divertida.
—¡Profesor, esto es imposible! —Masculló entre dientes mientras hacía todo su esfuerzo por terminar de montarse sobre la barra.
Sus compañeros comenzaron a reír por la graciosa posición en la que se hallaba Sakura mientras el hombre negaba con la cabeza.
—Si sabías que no puedes debiste comunicarlo, señorita. —Objetó con su rostro apacible.
Sakura refunfuñó y con los hombros caídos fue a sentarse.
—Li, tu turno.
El susodicho se levantó y ella pudo jurar que la miró con una de sus sonrisas de autosuficiencia que gritaba por todos lados que estaba feliz de superarla.
— ¡Hey, pero póngale otro cajón a él, profesor! —Exclamó sin pensarlo luego de notar que lo alto de esa barra era nada para Shaoran, a quien apenas le llegaba al hombro.
El hombre soltó una carcajada igual que el resto de la clase.
—Ve Li, agarra dos cajones más. —Le mandó.
Su clase debía ser justa.
. . .
—Nunca olvidaré tu traición, Kinomoto. La pareja perfecta no existe más. —Le recriminó el castaño con fingido enojo.
Las clases ya habían concluido y todos se cambiaban los zapatos para poder irse. Shaoran ya lo había hecho y esperaba a sus amigos en la puerta de la salida.
—Ja, ja, ja. —Murmuró ella sarcásticamente. —Si yo fallaba, tú también.
—Qué caprichosa. Pero yo sí pude.
—A duras penas.
—Pero pude. —Recalcó con una sonrisa, acercándosele al rostro para que le quedara claro. Sakura lo miró desdeñosa y le hundió la cabeza con una mano luego de soltar una risita maliciosa.
—¡Ay!
—God, ustedes derrochan amor por todos sus poros. —Intervino Yamazaki abrazándolos, a Sakura con un brazo y a Shaoran con el otro.
Ella bufó.
—Eso nunca, Yamazaki. —Aseguró Sakura, pero sus labios estaban curvados en una diminuta sonrisa.
—Kinomoto tiene más fuerza que yo. Ni en sueños, amigo. —Repuso Shaoran haciendo un gesto de desaprobación. No obstante, no tardó en empezar a reírse por la fea mirada que le tiró Sakura.
—¿Nos vamos? —Preguntó Tomoyo, uniéndoseles junto a Eriol.
Comenzaron a encaminarse, cada quien a su respectiva casa. Ese día Shaoran había llamado a Wei para que no viniera. Ese día prefirió irse a pie junto a todos, porque pasaba buenos ratos así.
Tomoyo y Eriol mantenían una conversación mientras caminaban uno al lado del otro calmadamente.
—Terada y Rika son de lo más tierno. —Comentó la amatista luego de estar hablando un rato con su amigo sobre musicales.
La pareja de novios iba encabezando al grupo tomados de la mano y charlando, ambos con sus brazaletes a juego. De vez en cuando Rika se sostenía de su brazo y no dejaba de sonreír.
—No son los únicos. —Respondió él amenamente.
Tomoyo lo miró deprisa, sin entender muy bien a qué se refería. Por un momento pensó que se trataba de alguna indirecta, pero se arrepintió de pensar así luego de seguirle la mirada a Eriol y notar que no despegaba la mirada del par de castaños, quienes reían de las ocurrencias de Yue junto a los demás.
—Tienes razón. —Corroboró, sonriendo con cariño. — ¿Quién crees que se declare primero?
Su pregunta hizo que el inglés soltara una carcajada. Una de sus finas y varoniles carcajadas. Era agradable hacerlo reír.
—Shaoran, de eso no cabe duda. —Sentenció.
— ¿Tú crees? A mí me parece que Saku cae más rápido.
—Créeme, sé lo que digo. Shaoran nada más sabe disimular.
Tomoyo rió un poco. Su amiga Rika y Terada se veían súper lindos juntos, Sakura y Shaoran de ensueño. Incluso Sumire medio emparejaba con Yue. ¿Y ella? ¿Se vería bien con Eriol? No dejaba de preguntárselo.
. . .
Esa tarde Tomoyo vino con Sakura a casa con el fni de aprovechar el tiempo de explicarle matemáticas para el examen de la semana entrante. La profesora había dejado unos ejercicios prácticos la vez pasada, de los cuales la esmeralda sólo había resuelto uno, y gracias a Li.
Ambas chicas se encontraban sentadas en la suave alfombra que adornaba el piso del cuarto, con varios materiales escolares como borradores y escuadras desperdigados a su alrededor. En la mesita de noche de Sakura, se encontraba un pequeño radio que reproducía las canciones directamente de su teléfono coenctado al mismo. De allí, una alegre melodía se hacía escuchar.
—¿Entonces esta raíz se eleva al cuadrado? —Tomoyo asintió. — ¿Pero por qué demonios se debe de elevar al cuadrado si es una raíz?
—Para cancelar la raíz, Sakura. —Dijo simplemente, como si fuera lo más evidente.
—Bueno. Lo haré.
—No sirve de mucho que lo hagas sin saber por qué.
—Shh, Tommy, shh. Eso no importa. —Susurró en voz baja mientras rehacía esa parte del ejercicio.
—En el examen ciertamente sí. No entiendo por qué mejor no le pediste ayuda a Li, al parecer a él le entiendes mucho mejor que a mí. —La amatista la observaba sugestivamente con el mentón apoyado en la palma de su mano.
—Oh, cierto. Quizás sea porque casi no lo conozco y porque, en caso de que lo hiciera, nos molestarían hasta que el mundo deje de girar. —Argumentó sarcásticamente. —Empezando por ti.
—¿Por mí?—Su amiga fingió inocencia. —Yo no te molesto, Sakurita. Sólo digo lo evidente. Además, dices que casi no lo conoces pero esa prenda demuestra otra cosa. —Agregó fijando su vista en el suéter de Shaoran, que colgaba inerte de la silla del escritorio.
Sakura se dedicó a canturrear en voz cada vez más alta la canción que se reproducía del radio, haciendo caso omiso a las provocaciones de la chica.
—Ya terminé. —Dijo, cerrando su cuaderno y tras un largo suspiro comenzó a estirar sus brazos.
—Testaruda.
—¿Qué quieres hacer? Podemos ver alguna película.
—¿Por qué simplemente no lo admites?
—Podemos pedir pizza, mi papá me dejó dinero.
—Sé que me quieres más que a Sumi, vamos, dime. Estamos en confianza.
—Buscaré algunas películas. —Zanjó. Pero no pudo ni levantarse del piso, pues Tomoyo la había agarrado del pie, y no parecía dispuesta a soltarla.
—¡Vamos, dilo!
—¿¡Qué quieres que diga, loca!?
En momentos como esos, Tomoyo solía recurrir a su arma mortal. Sakura comenzó a revolcarse en el piso ante las cosquillas con las que estaba siendo torturada y, antes de que Tomoyo consiguiera alcanzar su punto débil, se arrastró hasta una esquina de la habitación, gateando desesperadamente.
Se hizo bolita en aquella esquina, viendo como Tomoyo iba acercándosele con ambas manos alzadas, dispuesta a comenzar una nueva ronda de tortura. Desde ese ángulo veía a su amiga como una vil asesina con muchos problemas mentales.
—Sólo tienes que admitirlo, Sakura. —Repitió con una sonrisa que le ocasionó escalofríos.
Ante el silencio de la castaña estuvo a punto de iniciar la tortura, pero Sakura no soportó más.
—¡Ya, está bien, está bien! Li es súper lindo, demasiado lindo diría yo, ¿¡feliz!?
Tomoyo pareció meditarlo.
—¡Oh vamos, ya lo dije! —Clamó.
Su amiga desistió y la envolvió en un abrazo asfixiante.
—¡Tan linda, Sakurita! —Vociferó zarandeándola de un lado a otro.
Sakura desvió su mirada con el rostro ardiéndole.
—Pesada.—Masculló con un puchero.
—Así me quieres.
Tomó a Sakura del brazo para que saliera de su guarida y le ayudó a reincorporarse. La esmeralda enfocó su atención en el suéter por unos instantes, determinada a algo.
—Hey, Tomoyo…
— ¿Sí?
— ¿Sabes, de casualidad, dónde vive Li? Creo que está cerca de aquí.
—Vive a unos diez minutos a pie, creo. No sé bien la casa, pero sé que vive en la misma urbanización que Eriol.
—Oh. Y… ¿C-Crees que es raro si voy a dejarle el abrigo? —Cuestionó jugando con sus dedos. La vergüenza que le daba hacer esa pregunta era insólita. Aunque la avergonzaba más desear que su amiga le dijera que no, que era de lo más normal y que estaba más que bien que fueran a entregárselo en ese mismo momento.
Pues bueno, aquí había una N/A que había escrito hace tres años, por las épocas donde publiqué el fic, pero por las prisas y porque estoy pendeja reemplace el archivo sin guardar mi nota así que se borró. Cabe aclarar que ando editando los capítulos con algunas cosillas que quería modificar, quería hacerlo bajo perfil pero ya valió. Aún así por acá sigo y gracias a las personitas que aún siguen (no sé cómo) dandole follow a la historia y dejando un review JAJAJA los quiero 3.
