04
Tomoyo quedó pasmada.
— ¡No me lo puedo creer! ¡Qué decidida, qué atrevimiento, Sakura! ¡Me encanta! —Escandalizó con mucha emoción. —¡Vamos!
Sí, había estado feliz de escucharle decir esas palabras. O lo estuvo, hasta que media hora después de arreglarse se encontró cara a cara con la casa de Shaoran.
Eran las cinco de la tarde cuando habían llegado a su destino. No tuvieron muchas dificultades gracias a que Tomoyo ubicaba la urbanización donde vivía Shaoran por ser vecino de Eriol, en cuya casa se había reunido anteriormente junto con el grupo de canto cuando ameritaba prácticas demás y el salón de música no estaba disponible. El inglés además de siempre ayudar a su club, disponía de un salón de música con un elegante piano y el espacio suficiente para practicar sin problemas.
—Debes estar bromeando… —Escapó de los labios de Sakura lo suficientemente alto para que sólo ella pudiera escucharlo.
Y no era para menos. La casa que se alzaba frente a sus ojos era más de lo podía procesar. Aunque observando las viviendas alrededor no debió tomarle por sorpresa que la de él fuera igual de hermosa, no era lo que esperaba de Shaoran, no sabía por qué.
La entrada de la casa de Shaoran era muy natural, en el sentido literal de la palabra. Se trataba de un terreno donde abundaban algunas palmas y arbustos que parecían recién podados, los cuales se encontraban esparcidos a lo largo y ancho del extenso jardín delantero en lugares estratégicos, dándole perspectiva a la naturaleza para que resaltara. Cerca de la puerta principal de oscura madera, se encontraba un pequeño estanque donde revoloteaban de un lado a otro unos gordos peces naranja y, al lado del estanque, había un auto plateado y lustroso estacionado.
Toda la vivienda era de un color un poco más tenue que el blanco, tirando a pastel, y la parte inferior de las paredes se encontraba llena de ladrillos rústicos que suavizaban el aspecto moderno.
Desde la ventana de su cuarto, en el piso superior, el castaño acababa de salir de bañarse cuando pudo distinguir la silueta de dos chicas cruzando su porche. Su corazón dio un vuelco e inmediatamente se precipitó a su closet en busca de ropa. Se desesperó significativamente cuando el timbre llegó a sus oídos, pues sabía que era cuestión de tiempo para que alguno de los terremotos andantes abriera la puerta.
Se calzó unas bermudas oscuras y salió de su habitación con una camiseta gris en la mano, sin embargo, por su mente pasó un detalle que le impedió continuar sin antes volver sobre sus pasos y rociarse un poco de perfume. Shaoran sentía que estaba actuando como un tonto, pero lo dejó pasar sin más. Soltó un gruñido y se apresuró a la puerta mientras terminaba de vestirse. Sin embargo, no tardó en profirar una maldición cuando casi se cae por el pasillo al tropezar con el juego de té de sus hermanas.
—¡Por un demonio, Fuutie, juega en tu habitación!
Afuera, las dos amigas intercambiaron miradas curiosas al oír el grito. Shaoran quitó el seguro de la puerta y, antes de abrirla, tomó una bocanada de aire.
Sakura, muy lejos de estar relajada, era la palabra nervios materializada, con cada una de sus vocales y consonantes en mayúscula. Cuando vio al chico materializarse frente a ella, sentía que estaba al borde del colapso. No pudo más que ojearlo rápidamente, porque un segundo después un pequeño perro salió disparado por la puerta y comenzó a dar vueltas en torno a las chicas, agitando su colita con mucho entusiasmo.
—Buenas tardes, Li. —Saludó la amatista con una sonrisa amigable mientras que Sakura, por otro lado, quedó prendada admirando a la juguetona bola de pelos marrón que brincaba en sus piernas con una sonrisa enorme.
—¡Aww, qué lindo!
Antes de que el chico pudiera saludar, reír, llorar, o hacer cualquier cosa, una pequeña niña se coló por entre sus piernas, persiguiendo al animal fogosamente.
—¡Fanren, qué te dije sobre el perro!
—¡Pero salió corriendo cuando abriste la puerta, hermanito, no fue mi culpa! —Repuso la niña al momento que capturaba al cachorro.
—Llévatelo adentro, Fanren, ¡y recoge ese desastre que dejaste en el pasillo!
—¡Esa no fui yo, fue Fuutie! —Objetó la pequeña, sacándole la lengua antes de adentrarse nuevamente a la casa con el perrito en brazos, velozmente. A Sakura le recordó a un tornado en miniatura.
—Lo siento mucho. Mis hermanas son…—Resopló. —de lo peor. ¿Cómo están, pasó algo?
Ella intentó articular palabra rápidamente, pero entre tartamudeos no se le entendía nada. Palabras entendibles no salieron de su boca sino hasta que Tomoyo, con su sonrisa tan serena, le propinó un leve golpe en la espalda, haciéndola reaccionar.
—¡Hola! —Fue todo lo que consiguió articular, toda roja y prácticamente a gritos. Se odió a sí misma en ese momento.
Pero Shaoran, muy lejos de burlarse, esbozó una sonrisa.
—Hola. —Respondió de vuelta, permitiendo fijar su atención en ella. Era la segunda vez que la veía con ropa casual. En esa ocasión la chica lo visitó con una camiseta manga larga de rayas de colores y un jean alto y ajustado que, debía admitir, le quedaba muy bien.
Shaoran supo que mirarla tanto podría parecer raro, por lo que prefirió centrar su atención en la amatista, quien le tiró un codazo a Sakura, para que prosiguiera. La castaña carraspeó.
—Vinimos a traer tu suéter. —Comunicó deprisa, tendiéndole la prenda a Shaoran.—Gracias por habérmelo prestado, Li. —Agregó atropelladamente.
—Ah, no pensé que de verdad vendrías. —Rió y tomó el suéter de las delicadas manos de Sakura. —Pero de nada, no te preocupes... Um, ¿quieren pasar?
Sakura estuvo a punto de abrir la boca para decir que no era necesario, que se podría hacer tarde y debían regresar inmediatamente (lo cual no era exactamente mentira), pero su amiga se le adelantó.
—Nos encantaría, gracias. —Expuso Tomoyo y con una sonrisa jaló del brazo al la castaña para adentrarse a la vivienda junto a Li. Antes de sentarse en un mueble cercano que les indicó Shaoran, le susurró: —sería un desperdicio irnos ahora que estamos aquí.
Sakura sabía que tenía razón, pero eso no hacía que dejara de sentirse tan inquieta y avergonzada de haberlo visitado sin una invitación formal. Pronto, ese sentimiento se vio opacado por el asombro al admirar su entorno. Una vez sentada junto a Tomoyo, no pudo evitar virar su mirada a cada detalle de la casa hasta que su atención recayó en el techo. Una hermosa lámpara de cristales adornaba la sala, la cual contenía algunos muebles negros de cuero acomodados frente a un televisor plano que a Sakura se le antojaba más grande de lo necesario.
Las paredes de la casa de Shaoran eran de un blanco inmaculado, que se veía atenuado con las decoraciones de objetos y cuadros coloridos que se encontraban esparcidos en los lugares espaciosos. Había frente a ellas una mesa baja donde se hallaba acomodado un juego de té que poseía ilustraciones y grabados chinos, el cual parecía que nadie lo hubiera usado en mucho tiempo. Bajo sus pies se encontraba una alfombra blanca y peluda que abarcaba la zona de los muebles y contrastaba con la oscura piedra del piso. Un ancho arco marcaba el paso a la cocina, de la cual sólo se llegaban a ver algunas encimeras desde donde estaba.
—Ignoren el desastre del piso. —Acotó Shaoran y rodó los ojos al percibir que ninguna de las niñas había recogido nada de lo que les había dicho. Luego se sentó junto a las chicas.
—Tienes una casa muy bonita, Li. —Comentó Sakura, ensimismada. Tomoyo la corroboró y él agradeció con una sonrisa.
—Espérenme un momento.
Shaoran se levantó en dirección a la cocina para luego virar a la derecha, donde se encontraban las escaleras que daban con la planta superior. Al estar frente a la puerta del cuarto de sus hermanas, tocó bruscamente. Nadie dio señales de estar allí, así que volvió a tocar.
—Contraseña.—Se escuchó del otro lado. Shaoran frunció el ceño y abrió sin más. Las protestas de las pequeñas no se hicieron esperar.
—Terremotos, hay visitas. Vayan a recoger el caos que dejaron en la sala. —Entrecerró los ojos y apuntó a cada una de las tres niñas con el dedo índice acusadoramente. —Es la última vez que se los digo.
— ¡Ay, se pueden unir a la fiesta de té! —Exclamó Fuutie con mucha ilusión.
— ¡Cierto, cierto! ¡Vamos a decirles! —Concordó Fanren y en un segundo desaparecieron de la vista de Shaoran, dejándolo con el resto de las palabras en la boca.
Soltó un suspiro de frustración, entornando los ojos al cielo en busca de paciencia. Luego, su mirada recayó en la tercera de las niñas. Feimei permanecía sobre su cama jugando con sus muñecas apaciblemente.
—Yo les dije que no debían sacar los juguetes si no estaba mamá, Xiao.
—Te creo. Ahora ven, ayúdame a servirles jugo o algo a unas amigas.
La pequeña asintió con una sonrisa y lo acompañó fuera del cuarto. Sin embargo, Shaoran abandonó su lado y emprendió una carrera desesperada a la sala luego de escuchar un chillido de una de sus hermanas tras las siguientes palabras: "¡así que tú eres Sakura!"
¿¡Y ellas cómo demonios sabían de Sakura!?
Al llegar a su encuentro halló a las dos niñas encaramadas en el mueble mientras detallaban a la castaña como si jamás hubieran visto a una chica adolescente en sus vidas.
—¡Hermanito! ¿Por qué no nos dijiste que ibas a invitar a tu novia?
—¿Novia? —Murmuró confusa Sakura volteando a verle. El rostro se le incendió inmediatamente.
— ¿¡Q-Qué demonios dices, Fuutie!? ¡Ella no es mi novia! —Bramó, acercándose a ellas y bajándolas del sofá para que dejaran de escudriñarle el rostro a Sakura. Y, de paso, dejaran de avergonzarlo.
— ¡Tío Eriol dijo que tu novia se llamaba Sakura y que tenía ojos verdes!
— ¡Y ella tiene ojos verdes y se llama Sakura! —Adicionó Fanren.
Tomoyo no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar los testimonios y Shaoran ni lo podía creer. O no, sí que podía. No sabía cómo no se le cruzó por la mente al idiota de Eriol como primera explicación al comportamiento peculiar de sus hermanas.
Nuevamente entornó los ojos al cielo, sin mucho éxito.
. . .
Sobrevivió como pudo la vergüenza causada por sus hermanas. En cuanto aclaró los malentendidos, las niñas se fueron a jugar con el perro, como si no hubieran hecho nada.
—Qué lindas son tus hermanas. Feimei es igualita a ti.
— ¡Son unas dulzuras!
—Ni me lo digan.—Repuso, sarcástico.
Charlaron un rato acerca de distintos chismes que circulaban en los clubs donde pertenecía cada uno y el resto del tiempo lo pasaron viendo algunos vídeos desde su teléfono. Se carcajeaban con los comentarios de uno de los comediantes favoritos de Shaoran. A Sakura le causaba mucha gracia su especial sentido del humor, pero en realidad terminaba más contagiada de la risa del castaño. Era tan contagiosa y se preguntaba cómo era que antes no lo había oído reír ni siquiera en clases.
No podía evitar pensar que Shaoran era un misterio y que en realidad apenas sabía algo de él, no obstante, quería conocerlo mucho más. Ese repentino sentimiento la estaba asustando, tampoco quería sentirse como una acosadora precipitada, pero de igual forma y sin quererlo dejó de prestarle atención al video y a todo a su alrededor cuando en uno de sus tantos ataques de risa se inclinó demasiado hacia la derecha, acortando significativamente la distancia que la separaba de él.
Shaoran se encontraba en el medio de las dos chicas sosteniendo el celular y, pese a que Sakura sabía que se hallaba sospechosamente demasiado cerca de él, no quiso moverse ni un centímetro. Desde esa posición podía percibir mejor su aroma.
Maldición, como odiaba y amaba a la vez que oliera a chocolate, pues no podía negar que sonaba muy inapropiado que le dieran ganas de 'comerlo'. Eso no sonaba para nada bien, debía admitir.
El chico reía junto a Tomoyo cuando se dio cuenta de la ausencia de las carcajadas de la castaña. Volteó a verla y quedó embobado por unos instantes. La chica tenía la vista clavada en él, y no sabía por qué. Pero ser ignorante de la razón no fue motivo para que no comenzara a sentirse bastante nervioso.
Sakura, en cuanto sintió su mirada sobre ella quiso retirarla de sopetón, pero resistió matenerla sintiendo en su interior que aunque hubiera querido tampoco hubiera podido dejar de mirarle.
El pulso de ambos comenzó a acelerarse y el chico deseó que sus latidos no pudieran percibirlos nadie más porque, ¡por dios!, Tomoyo estaba a su lado y no podía no pensar en Sakura, omitiendo el hecho de que la estaba viendo fijamente. Lo cual tampoco era normal. Sin poder evitarlo, fue él quien cedió, centrándose nuevamente en el aparato con sus labios curvados en una sonrisa irreprimible.
El dichoso vídeo no podía estar más en segundo plano porque sinceramente no podía. Si se reía, era para que no fuera tan evidente que estaba absorto en otras cosas. A pesar de que la chica no lo miró de nuevo, se planteaba en la cabeza como hubieran resultado las cosas si Sakura hubiera acudido sola y en ese momento fueran sólo él y ella sentados en un sofá a unos centímetros de distancia.
Aquel martirio perduró hasta que concluyó el vídeo. Enseguida se levantó y caminó un poco para despejar sus pensamientos, y lo primero que pensó al consultar el reloj era que no quería despedirse todavía.
—Ya son como las seis. ¿Y si pedimos unas pizzas? —Propuso.—Luego podría llevarlas.—Agregó al ver la duda en los ojos de las chicas.
Esta vez fue Sakura la que asintió animada, lo que hizo que él sonriera también.
Marcó para pedir dos pizzas grandes luego de asegurarse que las niñas también querrían. Después encendieron el reproductor de música y se dispusieron a jugar monopolio en tanto consiguieron convencer a Sakura para unírseles.
Shaoran iba ganando, porque aunque le costara admitirlo, jugaba aquello prácticamente cada día. Cortesía de sus hermanas.
— ¡No, qué injusto! —Replicó Sakura luego de que su casa fuera embargada por Tomoyo.
—Nada más a ti se te ocurre hipotecar en esa zona. —Objetó riendo como si no hubiera un mañana junto a Shaoran.
—Esto de jugar entre tres es un asco. Nadie se alía conmigo. —Dijo Sakura, cruzándose de brazos desanimada e ignorando las risas a su alrededor.
Transcurrieron unos quince minutos y luego el castaño fue a servir algunos refrescos para la pizza mientras ellas esperaban en la sala. En un parpadeo, el anterior comentario de Sakura le encendió el bombillo.
Sacó el celular del bolsillo con una malévola sonrisa y, disimuladamente, les tomó una foto, intentando enfocar a Tomoyo. Después se la mandó a Eriol y volvió con los refrescos. Antes de servir el segundo, su teléfono vibró.
"¿Tomoyo? Joder, no me digas que está en tu casa. Deja tus malditos montajes, Shaoran. "
Rió al recordar cómo lo había fastidiado durante una semana luego de aprender que con Photoshop se podían hacer miles de cosas muy divertidas, pero como aquello no era ninguna broma, de la misma manera grabó un vídeo de unos cinco segundos y se lo envió para dar pruebas corroborantes.
"¡Maldito! Voy para allá."
"De nada :)" Le envió de vuelta, bajando un cuarto vaso de la repisa.
— ¡Kinomoto, ayúdame con los refrescos! —Pidió. La chica no tardó en aparecerse en la cocina y se acercó hasta detenerse a su lado.
— ¿Por qué cuatro vasos?
Él le contestó con una sonrisa. Si sus cálculos no fallaban, no faltaban más de unos minutos para que llegara.
—Eres raro, Li.
—Obvio, desde que empecé a juntarme contigo terminé así.
—Antes de eso seguro ya eras raro.
—No sé con qué moral tú me llamas raro a mí.
— ¿Vas a servir los refrescos o me llamaste para venir a verte la cara? —Preguntó al ver que el chico permanecía con la botella de Pepsi en sus manos, sin hacer nada más.
—Para que me vieras la cara. ¿Algún problema?
—Tantas cosas bonitas para ver y precisamente te veré a ti. —Bufó con ironía.
—¿Me insinúas que soy lo más bonito para ver? —La observó con una sonrisa luego de retorcer por completo sus palabras. Ella lo miró también, pero como odiaba caer víctima de ese contacto visual, y ya era la segunda vez en menos de quince minutos.
Cayó en cuenta de que era muy peligroso quedarse prendada con él nuevamente, así que le volteó ligeramente el rostro con la mano al momento que rodaba los ojos y soltaba otro bufido. A pesar de haber sido un breve contacto pudo percibir que su piel era incluso más suave de lo que parecía.
—Deja de molestarme. —Murmuró deseando que el calor de sus mejillas fuera cualquier cosa menos rubor.
—Yo no… —El sonido del timbre lo interrumpió. Shaoran sonrió a sus anchas.
Cuando Sakura estuvo a punto de ir a acompañar a su amiga de regreso, la tomó por la muñeca. Ella se volteó confundida y con un gesto le indicó que esperara.
— ¡Daidouji! ¿Puedes por favor ver quién es?
Tomoyo enarcó una ceja desde su asiento por el hecho de que ninguno de los dos saliera de la cocina todavía. Se encogió de hombros y sonrió, capaz que estaban muy ocupados con otras cosas.
Se encaminó a la puerta y espió por el visor de la misma. Su corazón dio una agitada.
—¡Es Eriol, Li! —Exclamó desde su lugar, sorprendida de no haber tartamudeado.
Entonces Sakura entendió todo.
— ¿Ah sí? —Soportó la risa. — ¡Dile que pase!
La chica tragó pesado y, antes de girar la manilla, se arregló un poco el cabello y se planchó la falda con las manos. Pronto la figura del inglés estaba justo frente a ella, luciendo maravilloso en una camiseta azul oscura que le hacía brillar un poco más su tez clara.
Compuso su mejor sonrisa.
—No esperaba verte aquí, Eriol. —Saludó.
El chico había repetido ya mil veces en su cabeza lo que diría al encontrarse con ella, teniendo siempre la sinceridad por delante.
—Oh, yo sí. Por eso vine. Shaoran me escribió hace rato diciéndome que estaban aquí pasando el rato y me invitó a venir. Espero no moleste.
Bueno, sinceridad a medias.
Tomoyo estuvo a punto de abrir la boca cuando una ruidosa moto se estacionó frente a la casa. De ahí bajó un chico musculoso con dos pizzas en las manos, el cual quedó paralizado por un segundo al ver a la chica, hecho que no pasó desapercibido por el inglés.
—Buenas. ¿Casa de los Li?
Ella asintió y con una sonrisa le indicó que esperara un momento.
Mientras tanto, Eriol le dedicaba una de sus peores miradas al repartidor. Tanto así, que el pobre chico se rascaba la nuca, evidentemente incómodo.
— ¿Sabes qué? Yo te pago. ¿Cuánto es? —Manifestó Eriol sacando su billetera.
—Son cuatrocientos. —El chico de ojos zafiros le extendió el monto. —Eh… Tienes una novia muy bonita. —Murmuró el repartidor, sonriéndole.
—Ya sé. —Contestó de mala gana antes de cerrarle la puerta en la cara al coger las cajas.
Ya adentro, el sonido de música electrónica llegó a sus oídos y Tomoyo se acercó levemente confundida.
— ¿Se fue? Ya le traía el dinero.
Eriol retomó su sonrisa de amor y paz.
—No te preocupes, yo lo hice.
—Ah, está bien.
Los dos regresaron al sofá.
Escondidos tras la pared de la cocina, los castaños no dejaban de ver a la pareja, hasta que Tomoyo reparó en sus miradas. Entonces, tomó a Eriol del brazo y caminó hasta ellos.
— ¿Se puede saber qué hacen acosándonos desde la cocina? —Inquirió la amatista.
— ¡Eriol, amigo mío! Qué sorpresa verte por acá. —Exclamó Shaoran, palmeándole la espalda al chico y, además, dejando al aire la pregunta recién formulada.
El inglés soltó una pequeña risa.
— ¡Pero qué dices, amigo! Si tú mismo me invitaste. —Contestó para agregar en un susurro: —Colabora, imbécil.
—Oh, tienes razón, si ya hasta lo había olvidado. —Sonrió. — ¿Seguiremos con el monopolio o comemos primero?
—O comemos jugando. —Propuso Tomoyo. Todos asintieron y, ahora sí, Shaoran terminó de servir la Pepsi. Sakura lo ayudaba a llevar los vasos hasta la sala.
— ¿De verdad lo invitaste? —Le preguntó bajito. Él sonrió.
—Algo así.
Reiniciaron el juego y, pasada media hora, Sakura volvía a estar perdiendo significativamente.
—Me rindo. Así no se puede. —Declaró con pesadumbre. Ahora eran tres los que reían como locos.
— ¡Por Dios, eres malísima! —Reía Shaoran.
—Ya lo sé, por eso odio este juego. Muéranse los tres. —Dijo mirando a cada uno con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido.
—Tienes que pedirle clases de monopolio a Shaoran, él fue quien me enseñó. —Opinó Eriol mirando a Sakura sugestivamente.
—Y de matemáticas también. —Mencionó Tomoyo imitando al inglés. La castaña rodó los ojos.
—Por mí, cuando quieras. —Shaoran le guiñó un ojo para luego recibir en la cara un borde de pizza por parte de Sakura. Se hizo el ofendido y le tiró una a ella también, pero ésta supo esquivarlo.
—Saku, creo que tú teléfono suena. —Comunicó Tomoyo, interrumpiendo la guerra de comida a la cual se había unido hasta Eriol. Sakura soltó un quejido.
—¡Dios! ¡Mi mamá me va a matar, olvidé decirle que sigo aquí! —Exclamó al momento que salía disparada en busca de su celular. No lo consiguió por el mueble y, haciendo memoria, recordó que lo había dejado en la encimera de la cocina cuando fue llamada por Shaoran.
Fue para allá corriendo y no pudo evitar soltar un gritito al tropezar con el pequeño escalón que se hallaba en el umbral de la cocina. Consiguió levantarse rápido, esperando que nadie se hubiera dado cuenta, pero en cuanto las carcajadas de sus amigos llegaron a sus oídos resopló con las mejillas rojas.
— ¡Cuidado te caes!
Sakura gruñó y al hallar el celular vio las dos llamadas perdidas de su mamá. Pronto llegó la tercera y se apresuró a contestar.
— ¿Se puede saber dónde andas, Sakura Kinomoto? ¿Por qué no me contestas ninguna llamada, eh? ¡Son casi las ocho de la noche!—Exigió su mamá al otro lado del teléfono. De repente la canción que resonaba en la sala llegó a ella con más volumen. Shaoran se asomó por el umbral y le hizo señas de que subiera las escaleras para hablar mejor.
—Sí mamá, lo sé. Estoy con Tomoyo, seguimos en casa de Li y pedimos unas pizzas. —Dijo yendo escaleras arriba hasta posarse en los barandales del segundo piso.
— ¿Li? ¿Y quién es "Li"?
—Shaoran mamá, el que te conté que estudia conmigo. ¿Ves que a veces no me escuchas?
Nadeshiko se mantuvo en silencio por unos segundos, hasta que suspiró.
—No pases de las nueve. —Sakura sonrió. — ¿Cómo te piensas venir? Tu hermano ya llegó del trabajo y tu papá llega más tarde.
—Nos llevan a mí y a Tomoyo. No te preocupes.
—Está bien. Pero Sakura, te lo diré de nuevo porque necesito que lo recuerdes, a esta edad es necesario que tengas cuidado con los chicos, ya te he dicho que es cuando están más alborotados y entonces…
Sakura dejó de prestarle real atención a su madre cuando se dio cuenta que habían caído en el discurso-pan de cada día. Jugueteaba con las mangas de su camisa, esperando que se dispusiera a terminar la "charla" que se sabía de memoria. Como pasara un minuto más, le cortaría ella. Sutilmente, claro.
Escuchó la música más alta. Desde donde estaba se escuchaba el escándalo que estaban armando abajo, seguramente divirtiéndose y, mientras tanto, ella estaba ahí, escuchando el sermón de su mamá sin atreverse a cortarle.
Después observó una silueta subir. Era Shaoran, a quien a duras penas pudo distinguir por la poca luz que llegaba de la sala. El chico en un instante estaba a su lado, pero pasó de ella hasta el cuarto de sus hermanas para comprobar cómo iba todo y, de paso, dejarles su respectiva caja de pizza. Una vez el castaño estuvo de regreso, ella todavía se hallaba ahí, ahora distrayéndose con las puntas de su cabello.
Se acercó a Sakura y sin previo aviso comenzó a gesticular muecas raras, intentando hacerla reír. Lo cual habría funcionado si la razón no le hubiera dicho a Sakura que era imprudente estallar en risas mientras su madre le hablaba de los peligros del embarazo precoz.
Le propinó un codazo en el abdomen a Shaoran, el cual para su sorpresa (o no tanto) de verdad era firme. Ahuyentó la dirección que estaban tomando sus pensamientos y prefirió concentrarse en la pared, pero no estuvo en eso mucho tiempo, porque Shaoran volvía a atacar, ahora no con muecas sino prolongando una mirada. Maldita fuera si lo hacía a propósito.
Esta vez sus ojos no tenía una expresión concreta, simplemente la miraba. Y eso no la hacía sentir menos nerviosa, cabe aclarar. Aunque de alguna manera, cuando lo vio esbozar una pequeña sonrisa, ella también lo hizo. Pronto se encontraba riendo bajito como una tonta, hasta que por fin su mamá se despidió de ella.
—Yo también te amo, mamá. Ajá, no te preocupes. Ah, y todos los minutos que me retuviste se los sumo a la hora de llegada. —Agregó antes de cortar, sin esperar su contradicción.
Ya sin interrupciones, volvió a concentrarse en el curioso juego de miradas que tenía con su compañero. Shaoran permanecía en el mismo lugar, apoyado en la pared junto a la escalera y con una pierna flexionada contra la pared.
— ¿Puedo preguntar por qué me miras? —Inquirió la castaña.
—Sólo me las cobro. Tú me miras mucho.
Su corazón se detuvo e inevitablemente dejó de hacerlo.
—Y siempre que consigues mi mirada ves a otra parte. ¿Ves que eres rara?
Sakura bufó, sin saber qué responder, sin embargo ni en aquel silencio él dejaba de observarla.
—¡No me mires, demonios! Me exaspera. —Objetó entre risas, haciéndolo reír a él también.
— ¿Te exaspera? Nadie dice eso.
—Está bien, me "saca de quicio". —Repuso haciendo unas comillas con sus manos. Luego quiso pasar de él con la intención de regresar con el resto, pero fue retenida por su agarre.
Lo encaró sorprendida, pero le sorprendió mucho más su serio semblante y sus ojos brillantes.
Shaoran abrió la boca para decir algo, pero la cerró rápidamente. En vez de ello, con la punta de los dedos siguió el camino desde donde la sujetaba hasta la palma de su mano, notando maravillado cómo su piel se erizaba. Al llegar a su mano, disminuyó la velocidad. La mirada de ambos recayó en tal acción: en como sus dedos se despojaban de los de ella lentamente hasta detenerse cuando sólo unos dos dedos sostenían el contacto. Como si no quisieran dejar de percibir la piel del otro, ninguno se atrevió a retirar la mano por completo.
Ella tragó en seco, dejándose envolver por la penumbra del lugar y por el chico frente a ella. Por otro lado, Shaoran se negaba a romper el vínculo que estaban compartiendo en ese momento, el cual le parecía íntimo y aprovechable. Era la primera vez que estaba con ella realmente a solas y se tomó unos breves segundos para apreciar su rostro, pudo denotar como los ojos de Sakura eran un agujero completamente esmeralda y que su cabello castaño claro llegaba a centímetros debajo de sus hombros.
Como si fuera algo ahora normal en él, su corazón latía desenfrenadamente. De repente se volvió muy consciente de las respiraciones de ambos y de cómo la distancia se redujo cuando él se atrevió a dar un paso hacia ella al momento que sujetaba la mano de Sakura con más firmeza.
Un recuerdo repentino invadió su cabeza agresivamente: la respiración cercana de Sakura, su cuerpo más pequeño que el de él aplastado ligeramente por su peso, el casi imperceptible roce de sus labios con los de ella y el mundo viéndose paralizado por los segundos que permanecieron ambos en el piso de la preparatoria en pleno festival escolar. Sintió que quería repetirlo.
De repente, las armoniosas carcajadas de Tomoyo llegaron a los oídos de ambos para devolverlos a la realidad y haciendo que sus miradas y sus manos rompieran el contacto. Cayeron en cuenta de la situación y Sakura no supo hacer otra cosa más que comenzar a reír, evidentemente nerviosa.
—¿Bajamos?—Musitó Shaoran, encorvando sus labios en una sonrisa, a lo que Sakura asintió antes de descender primero, aún con el corazón desbocado.
No obstante, la sonrisa del chico no hacía más que camuflar lo inconforme que estaba con el destino y con todo por haber interrumpido descaradamente su momento. Su momento de qué, no lo sabía a ciencia cierta. Al bajar, se incorporó junto a Sakura al dúo que se hallaba en la cocina sirviéndose más refresco, Eriol añadiéndole un poco de vodka a su vaso.
—¿Le echo al tuyo? —Preguntó. Shaoran asintió y devolvió la pregunta a las chicas, quienes negaron con la cabeza.
—Mi mamá nos pica en pedazos si llegamos oliendo a vodka, piensa que estamos sentados apaciblemente en un mueble viendo una película de valores mientras comemos pizza. —Explicó Sakura.
—Bueno, tampoco nos alejamos mucho de esa realidad. ¿Vemos una película? —Propuso el castaño, a lo que ella sonrió afirmando.
El plan había sido ese, pero cuando estuvo a punto de introducir el CD de X en el blue ray el aparato cambió al estéreo, dando comienzo a la canción de electro que habían dejado pausada, sólo que ahora contaba con el volumen altísimo que habían establecido para la película. A Shaoran casi se le revienta el tímpano y ante la sorpresa el reflejo de su cuerpo fue alejarse de un respingo de los altavoces y del dupstep que rebotaba en su cabeza.
—¡Shaoran, bájale! —Gimoteó Tomoyo tapándose los oídos, mientras Sakura y Eriol se desternillaban de la risa en el sofá por el arrebato del castaño.
—No, pero qué valiente. —Ironizó el inglés apretándose la panza. Su comentario hizo que las chicas rieran aún más.
—Idiota, corrí de la impresión.—Justificó Shaoran mientras se acercaba al punto de donde se había fugado. Bajó el volumen y pudieron suspirar aliviados, Sakura aún soltaba unas cuantas risas, como si el chiste hubiera estado tan bueno que no lo superaba, sin embargo soltó un gritito cuando los altavoces volvieron a vibrar haciendo resonar la canción, ahora con máximo volumen, dejándola sorda por unos instantes.
—¡Li! —Protestaron Sakura y Tomoyo a la vez mientras Eriol volvía a sus carcajadas que eran seguidas por las del castaño.
Luego de darle algo de paz a la sala, se le ocurrió una idea y aprovechó que sus amigos entablaban una conversación para rebuscar en las carpetas de música del estéreo digital. Una vez encontró lo que estaba buscando tomó uno de los micrófonos escondidos en uno de los cajones y se lo alcanzó a Tomoyo, quien dejó de hablar y lo miró con ojos confundidos.
—Recuérdanos por qué eres la soprano líder del club de canto.
Tomoyo esbozó una sonrisa llena de diversión y tomó en sus manos el artefacto. — ¿Qué pusiste?
—La canción de electro que llevamos repitiendo como cuatro veces, pero versión karaoke. —Respondió tomando asiento justo en el medio de Eriol y Sakura, provocando que su amigo le lanzara una mirada fulminante mientras abría espacio antes de ser aplastado.
La amatista se colocó al lado del televisor y ante el vitoreo dramático de su cómico público no pudo no echarse a reír y, siguiéndoles el juego, les lanzó unos cuantos besos al instante que Shaoran reanudaba la canción y ella comenzaba a cantar siguiendo la letra que le proporcionaba el televisor. Apenas abrió la boca, Eriol se enfrentó a la piel de gallina que lo recorrió como una corriente.
Que al chico de ojos zafiro la canción se le hiciera insinuante y sensual no era lo ideal, porque de hecho ni la letra concordaba con esos adjetivos. Sin embargo, la voz de Tomoyo hacía que así lo percibiera. Por lo menos conoció algo nuevo e increíble de ella: pronunciaba el inglés perfectamente. Que cantaba como un ángel eso ya lo sabía, pero siempre sería bienvenida una demostración de ello.
Seguramente se había perdido mirándola, porque el ocurrente codazo que le propinó Shaoran lo tomó completamente por sorpresa. Él le dedicó una sonrisa con las cejas alzadas, pero ni se inmutó. A diferencia de él, reconocer que esa chica lo traía en las nubes lo podría hacer cuando fuera.
Cuando estuvo a punto de explotar el coro y la canción se volvió rápida y las notas agudas perfectamente armoniosas inundaron el lugar, Sakura se levantó del sofá y vociferó un "¡Vamos, nena!" con un entusiasmo ensordecedor que le arrancó una sonrisa a Tomoyo, quien haciendo uso del micrófono inalámbrico llegó hasta ella y la arrastró para cantar juntas.
—Tears on the ground, tears on my pillow, you won't bring me down, and I'll get over you. These tears will get me through, and I'll get over you. —Corearon ambas. Sakura, por supuesto, entre risas. Ella sabía perfectamente en lo que era buena y en lo que era realmente mala.
El solo electrónico batió la canción y las dos comenzaron a mecerse al ritmo del zumbido. Mientras tanto, ellos permanecían en el sofá sorbiendo de sus vasos, con la vista en una y en la otra, sin quererlo ambos sonriendo como idiotas y sumidos en sus propias cavilaciones respectivamente: Shaoran deseando retener en su memoria las caderas de Sakura moverse con sus ahora jeans favoritos para mujer, y Eriol queriendo detener el mundo, echar a correr a su casa con Tomoyo en brazos y luego, cuando ambos estuvieran en su habitación, que siguiera andando. La imaginación de ambos se vio interrumpida al verse jalados por sus musas para unirse al baile improvisado.
Mientras Shaoran agitaba su mano al aire junto a Sakura notó que su amigo iba mucho más enserio. Como si hubieran sido fabricados para encajar perfectamente, Eriol y Tomoyo bailaban a otro nivel. Sakura pareció percatarse de ello también e intercambió miradas con su compañero antes de que se soltaran a reír.
—Creo que se inspiraron. —Musitó la castaña entre ellos.
—Hay que darles más ambiente, para que luego no digan que uno no colabora. —Shaoran capturó el mando del estéreo y, luego de hacer unos ajustes, en lugar de letras de karaoke varias luces de colores se arremolinaban en la pantalla para luego alzarse y contraerse al compás de la canción. Con un gesto de la cabeza le indicó a Sakura que apagara el interruptor de la luz, y ella con una sonrisa pícara no demoró en hacerlo, dejando la sala apenas iluminada en colores.
Consiguió subirle el brillo al televisor para más luminosidad y, al percatarse de que ninguno de los del dúo SYTYCD reparaba en el cambio de ambiente, chasqueó la lengua repetidas veces negando con la cabeza hasta estar al lado de Sakura. La canción pasó a una de hip-hop, imposible que se hicieran con esa también.
Equivocado. Ahora el hip-hop era bailable y se acababa de enterar de ello.
—Pues nada. Están en su mundo.
—No entiendo cómo es que nos molestan a nosotros, es decir, ¡míralos a ellos! Son mucho más obvios y nadie les dice nada. —Repuso resoplando.
—¿Obvios en qué?
—En que se gustan, claro.
—¿Y nosotros no somos tan obvios como ellos, entonces? —Sakura negó con la cabeza y estuvo a punto de abrir la boca, dispuesta a justificar y enredarse en la trampa que Shaoran había tejido para ella con tanta naturalidad, pero selló sus labios rápidamente al darse cuenta de ello.
Gruñó al no ocurrírsele nada bueno para contraatacar.
—No deja de sorprenderme lo fácil que volteas todo lo que digo.
Shaoran soltó una risa.
—Es un don. —Respondió, tomándoselo como un cumplido. Ella rodó sus ojos con diversión.—Ah, esa sí me gusta. —Comentó el castaño comenzando a tararear la canción que se había puesto aleatoriamente.
—¿Tienes en tu lista canciones que no te gustan? —Preguntó Sakura mientras él le daba una vuelta y la atraía a su cuerpo.
—Esa me gusta. Las que sonaron hace rato no las odio. — Declaró francamente, arrancando una sonrisa de los labios de Sakura.
Incluso ella se sorprendía de lo fácil que era sonreír alrededor de alguien como Shaoran, aunque en realidad no tuviera nada en particular, resultaba ser un chico simpático. Antes sólo lo veía como un compañero de los treinta de su salón, pero ahora pensaba que se convertía en algo más que eso.
Shaoran le dio otra vuelta, y se carcajeó cuando sin querer lo pisó.
—Lo siento. —Musitó con el rostro rojo, agradeciendo que casi no hubiera luz que la delatara.
—Oh, no te preocupes. Me encanta que me pisen, la verdad. —Su sarcasmo no hizo más que hacerla reír de nuevo y volverla más torpe en su supuesto baile.
Cuando de pronto la canción llegó al coro y el ritmo tan animado se hizo presente, Shaoran comenzó a saltar con la mano extendida como antes había empezado, y Sakura, feliz de ya no tener que preocuparse por bailar correctamente, lo imitó enseguida. En perspectiva, aquella escena podía verse como un par de dementes "bailando" por un lado y, por el otro, dos tórtolos luciéndose.
La castaña le propinó un golpe en el estómago a Shaoran cuando éste la pisó, pues aunque se disculpó, esa sonrisa ladeada lo delataba perfectamente. Y, cuando ya era la tercera vez que la pisaba, supo que debía cobrárselas, así que su danza exótica pasó a ser un juego de quién-pisa-a-quién-primero, en el cual se sentía orgullosa de ir ganando hasta enredarse con las piernas del chico y terminar cara a cara con el piso con Shaoran aplastándole las piernas.
—Y ahora me tiras al piso, ¡eres increíble! —Comentó Sakura intentando reincorporarse. —Pesas, ¿sab-…
Sin palabras. La esmeralda se vio acallada por la escena armada justo a su lado. Con una gran sonrisa y la boca abierta, no podía despegar la vista de su amiga y Eriol, meciéndose lentamente, mientras se besaban.
— ¿Qué te pasa? —Preguntó Shaoran luego de sentarse bajo la alfombra, justo al lado de Sakura. Pero sólo tuvo que seguirle la mirada para obtener la respuesta.
Como si hubieran estado sincronizados, ambos voltearon a verse entre sí, compartiendo una sonrisa cómplice.
—Creo que tendré cuñado. —Declaró Sakura.
— ¿Ahora ellos son aún más obvios de que se gustan? —Preguntó Shaoran en voz bajita, lo suficientemente cerca de ella para que su aliento rozara su cara.
—Sí.
— ¿Y nosotros?
Sakura rió, un tanto nerviosa y sin saber qué responder.
—Quiero decir, se ve tentador imitarlos. —Agregó Shaoran en un arrebato de valentía antes de partirse de la risa al ver el rostro humeante de Sakura, quien había tenido que cubrirlo antes de pasar más vergüenza.
—Eres de lo peor. —Manifestó dándole un empujón en el hombro.
Para Shaoran, arriesgarse a soltar aquellas insinuaciones valía la pena siempre que pudiera ver a Sakura primero desconcertada, luego ruborizada, y por último sonriente.
Y, para ambos, tal vez ellos eran igual de obvios.
¡OH POR DIOS! De este capítulo tenía listo prácticamente todo, todo menos el final. Es que no sabía cómo concluir ese día, pero la verdad es que de todas las opciones que se me pasaron por la cabeza, la que tuve hoy como a las dos de la mañana fue la mejor. Apenas me llegó me puse a escribirla y a finalizar el capítulo, así que discúlpenme por la demora, de verdad :(.
En estos días ya comencé la universidad y bueno, admito que mi tiempo se ve reducido pero no lo suficiente como para prohibirme escribir, por lo que espero que mi imaginación fluya de buena manera para proseguir con la historia, que por cierto que encanta. Me encanta Shaoran, lo amo, lo amo, lo amo.
Cuénteme qué les pareció, tan lindo Eriol celoso del repartidor~ necesito ver a Shaoran celoso también, ¿no creen?
¡Gracias por el apoyo!
