05

El día de ayer parecía una especie de sueño lejano, pues el haberse besado con Eriol Hiragizawa no era algo que pasara todos los días en su vida normal de instituto.

Luego de pasar por el interrogatorio de Sakura al llegar a casa, se dio cuenta que apenas pudo responder la mitad de sus preguntas, porque para el resto no tenía ninguna respuesta. Por ejemplo, ¿Eriol y tú serán novios ahora?, ¿se te declaró?, ¿cuándo piensan hacerse novios? Ni ella lo sabía. O bien, lo que sí sabía era que no, no se le había declarado en ningún momento, y ella a él tampoco.

Aunque en cuanto a asuntos amorosos tuviera cierta experiencia, con Eriol era una cuestión distinta. Una especie de relación donde un día podía sentirse con un trato muy especial, pero al otro todo era como si fuera una amiga más de su círculo social. Sin embargo, el estar allí sentada arreglando su fleco antes de que él llegara, hacía que estuviera sumamente nerviosa de confrontarlo después de lo que había pasado. Lo peor era que aún no había mucha gente en el salón.

Cada vez que escuchaba la puerta abrirse su corazón se detenía y alzaba la mirada para ver de quien se trataba. Su plan hasta ahora eran sencillo: actuar como si nada. La práctica la había vuelto una experta en ello.

Luego, cuando su mirada se cruzó por fin con los ojos zafiro de Eriol, la realidad chocó fuertemente contra ella. Le gustaba tanto, al punto que hasta se olvidó de su plan porque no sabía qué hacer, ni qué cara poner, y mucho menos qué pensar. Sólo consiguió enderezarse y pretender una sonrisa.

Eriol saludó a algunos de sus compañeros y después de dejar su bolso en su respectivo asiento se encaminó en dirección a Tomoyo, quien se hallaba sola en su silla al final de la fila.

La saludó entonces con su máscara de tranquilidad, cuando por dentro estaba por colapsar. Se sentó a su lado y apenas dijo un hola, preocupado por terminar balbuceando incoherencias.

Pronto la situación podía entrar en lo incómodo, ya que Tomoyo tras saludarlo permanecía apacible con un apenas perceptible tono rosáceo en sus mejillas y él intentaba mirar a cualquier otro lado que no fueran sus ojos. Ahí fue cuando Eriol se cacheteó mentalmente, diciéndose a sí mismo 'apacible y educado inglés. Recuerda.'

Y la miró. Ella le devolvió la mirada y permanecieron unos segundos así, sólo observándose. Cuando a Tomoyo se le escapó una sonrisa de los labios, a Eriol le pareció el gesto más dulce del mundo, así que no resistió el tomarle la mano suavemente.

Acarició la palma de su mano, jugó un poco con sus dedos, e incluso entrelazó su mano con la de ella. Todo sin dejar de mirarla fijamente. Para ambos dejó de ser incómodo y, en su intercambio visual, se dieron cuenta que lo de ayer no había sido "simplemente un beso", por lo que no hubo necesidad de preguntar sobre ello.

Sutilmente Eriol apartó su mano en el momento en el que las amigas de Tomoyo llegaron y el salón comenzó a llenarse. Aunque todo siguiera como antes y estuviera allí hablando con las chicas como si nada, sentía una especial conexión con Tomoyo totalmente nueva para él, que lo hacía permanecer a la expectativa. Una buena expectativa.

Por otro lado, Sumire se encontraba contando la anécdota que le pasó el sábado con su tía cuando la atención de Sakura se vio desviada. Shaoran acababa de entrar al salón igual que todos los días, sólo que esa vez parecía por algún motivo más peinado.

Centró nuevamente su atención en el relato de su amiga, a la espera de que el castaño se acercara a saludar como de costumbre. Sin embargo, pasaban los segundos y él no aparecía. Tiró la vista hacia él y en un acto inconsciente rodó los ojos.

El chico se encontraba charlando con Nori, una de sus compañeras. El hecho que se encontrara molesta ni le sorprendió ni le preocupó, únicamente porque estaba demasiado concentrada lidiando con la incomodidad que la carcomía. Era normal, se dijo, no todas las chicas de la clase se la pasaban alborotándole el cabello a Shaoran, así que el que Nori lo estuviera haciendo no le sentaba del todo bien.

Se cruzó de brazos cuando por el rabillo del ojo la vio soltándole un poco más la corbata, ¿cuál demonios era su problema? Aquello llamado espacio personal no era importante para esa chica, al parecer, ya que no estaba respetando el de su amigo. Su nuevo amigo.

Pensó que ya tenía suficiente de tal martirio, de manera que se posicionó para no ver desde ningún ángulo aquel espectáculo. Unos segundos después de darles la espalda, Shaoran se acercó y saludó a todos, para luego sentarse detrás de ella en su habitual asiento. Y qué bien que el profesor entró justo después, porque así tendría más tiempo de ordenar sus prioridades y no explotaría contra un inocente Shaoran que, en todo caso, no tenía idea de los males que amenazaban la tranquilidad de la chica.

La clase transcurrió de manera que pudo serenarse y, ya para la hora libre, no había rastros de sentimientos agresivos alojados en su interior. Ya para la hora del almuerzo el grupo se separó, yendo Tomoyo, Shaoran, Eriol y ella a la cancha trasera. Al llegar, como era costumbre, habían chicos de diversos años ocupando la misma, así que mientras Eriol y Shaoran hablaban con ellos para unírseles las chicas consiguieron sentarse en el medio de las gradas.

—Nos dijeron que todavía les queda lugar, así que vamos a cambiarnos. —Informó Eriol al acercarse. —Deséame suerte. —Concluyó mirando inquisitivamente a Tomoyo, quien no dudó en plantarle un beso en la mejilla muy risueña.

—¡Suerte! —Le retribuyó después, dejando al de ojos zafiro con una sonrisa atontada, por la cual ambos castaños se miraron con picardía.

Por otra parte, Shaoran se quedó plantado en su lugar.

—¿Y a mí no me vas a desear suerte? —Inquirió mirando a Sakura con una sonrisa de inocencia.

—Claro. Ven aquí. —Respondió. Tomoyo y Eriol la miraron con cierta sorpresa. Y ni hablar de Shaoran, quien la miró receloso antes de subir a su lado y acercar su mejilla, a la espera de su beso de buena suerte. Pero lo único que sintió fue su cachete ser baboseado, sin previo aviso, cortesía de Sakura.

—¡Maldita chiquilla! —Vociferó ante las carcajadas de todos. Pronto Sakura recibió en plena cara su toalla de gimnasio, la cual ni siquiera olía desagradable. Aun así hizo una mueca de disgusto. —Me vengaré. —Declaró apuntándola acusadoramente con el dedo.

Mientras el chico se alejaba negaba con la cabeza y, con una sonrisa en los labios, se limpiaba el cachete tanteando sus opciones de venganza. Pronto, Eriol imitó su camino.

Desde sus asientos en las gradas ambas permanecieron calladas hasta que Tomoyo suspiró y borró la sonrisa de sus labios.

—Ay, Sakura. ¿Lamerlo, es enserio?

La aludida refunfuñó.

—¿Qué tiene?

—Nada. Es sólo que tu manera de coquetear con Li es muy… Curiosa.

—¿Coquetear? ¡Toma tus píldoras, Tomoyo! En ningún momento estaba coqueteando.

Tomoyo la miró severa y Sakura comprendió que posiblemente no fue una de sus mejores jugadas.

—Ajá. ¿Y qué se supone que debía hacer? —Murmuró tras suspirar profundamente.

—Olvídalo. Creo que es su manera de convivir, él tampoco es muy romántico que digamos.

—Es tierno. —Declaró la castaña luego de encogerse de hombros.

—Diferimos de lo que calificamos como "tierno".

—Seguro que besarse en la penumbra de la sala con música y luces de ambientación sí que lo es. —Apuntó alzando ambas cejas. Su amiga gesticuló una sonrisa fugaz ante los recuerdos de esa noche.

—Creo que exactamente tierno no fue.

— ¡Tienes razón, pillina!

Tomoyo rió y, con un innegable color en las mejillas, empujó a Sakura a un lado.

Unos minutos después su conversación se vio interrumpida en el momento en el que los chicos salieron de los vestuarios ya con sus shorts y zapatos de fútbol puestos, acto que las amigas no podían más que disfrutar.

—¿Sería bueno decirle a Li que se quite la camiseta? Probablemente me haga caso.—Meditó Sakura sin despegar la mirada de su atractivo compañero, quien comenzaba a corretear detrás la pelota.

—Es probable, pero sería un espectáculo público al que todos tendrían acceso. —Contestó Tomoyo entornando su vista alrededor, donde grupos de chicas de años inferiores parecían admirar el mismo escenario que ellas. La castaña la imitó y, tras una breve inspección, pudo identificar el amargo de su mañana en una esquina de las gradas. Nori veía exactamente lo mismo que ella, de eso no cabía duda.

Sakura bufó.

—Mejor que no.

—¿Viste? —Murmuró la amatista con la vista al frente.

Ella volvió a echar una ojeada para encontrarse con la chica de cabello claro junto con dos amigas encaramadas en las gradas más altas, cada una con la camiseta reajustada bajo el pecho y agitando al aire pompones imaginarios. No sabía si era una burla para ella, que era parte del equipo de porristas, o que simplemente intentaban llamar la atención. Sea cual sea la razón, lograron molestarla.

Una vez concluyó el partido suspiró aliviada. Pero su alivio no duró ni diez segundos, pues cuando vio que Nori tenía las intenciones de acercarse a Shaoran, quien, pobrecito, estaba recuperando el aliento, cierta impotencia se apoderó de ella y jaló a Tomoyo en dirección al castaño. Al cruzar la cancha, acercándose al grupo de chicos, todavía no tenía idea de qué era lo que le diría.

—Ah, ¡a ti te estaba buscando! —Le dijo Shaoran una vez estuvo lo suficientemente cerca y, en un movimiento rápido, la envolvió en sus brazos. Poco decir que la tomó totalmente desprevenida.

Su corazón comenzó a palpitar violentamente y los silbidos de sus compañeros de clase le parecieron un ruido sordo. Incluso cuando él restregó su cara llena de sudor contra su mejilla se sentía como la chica más afortunada del mundo, tanto así que hasta correspondió tal especie de abrazo con la sonrisa más tonta que pudo haber imaginado.

¡En tu cara, Nori!, celebró internamente.

—Sabes, este es el momento en el que te asqueas y me golpeas en la cabeza. —Musitó Shaoran cerca de su rostro segundos después, aún sin soltarla, sólo por temor a que todos observaran sus mejillas ardiendo.

—No tengo ganas. —Le susurró de vuelta. El estar entre sus brazos le provocaba muchas cosas, pero lo más relevante era la seguridad que le transmitía estar así. Sentirlo cerca y, además, sentir que era algo especialmente para ella no tenía precio. Ni siquiera pensaba en soltarlo, ya que tras haber pasado tanta cólera gracias a sus injustificables celos, le parecía una buena retribución por parte de Shaoran, a pesar de que él ni estaba al tanto de ello.

No estaban seguros de cuánto tiempo hubieran podido permanecer en aquella posición si Shiro, su compañero de clase, no les hubiera lanzado encima una toalla al exclamar: — ¡Por dios, cúbranse al menos! De esa manera, evitó que los sentimientos de Sakura se desbordaran, porque estuvo segura de que cada vez apretaba más a Shaoran contra ella.

Torpemente se separaron y, después de mirarse por un instante, sus rostros rojos le indicaron a cada uno respectivamente que mejor no cruzaran miradas.

Tomoyo, quien presenció todo al lado del inglés, lo instó con un codazo para que interviniera y este se apresuró a ello.

—Vamos. —Apresuró Eriol, llevando a Shaoran a rastras a las duchas y librándolo de la bochornosa situación. Una vez cerrada la puerta del baño, lo encaró. — ¡Pude jurar que la besarías!

— ¿¡Besarla!?

— ¡Hubiera sido la cereza del pastel, galán!

—Sólo fue un abrazo… O algo así, ¡así que no jodas! —Sentenció tras quitarse la camisetea y escabullirse en una de las duchas, cerrando la puerta y aturdido por el cúmulo de sensaciones que todavía recorrían su piel tras haber recibido el calor que le transmitió el cuerpo de Sakura. Un calor distinto al que sentía luego de haber corrido durante más de media hora tras un balón, cabe aclarar.

Abrió la regadera y esperó despojarse del mismo.

—¡Mira que por algo se empieza!—Exclamó Eriol antes de encerrarse en la ducha contigua.

. . .

El trayecto a clase lo recorrieron ambos castaños a solas, porque casualmente Eriol terminó de ducharse mucho antes que Shaoran y le alegó a Sakura que "tenía algo que hablar con Tomoyo" y que por favor se quedara esperando a Shaoran. Y eso tan importante que tenía que hablar con ella era engullir un apetecible yogurt en el uno de los bancos del patio mientras veían un vídeo, que no alcanzó a identificar, en el celular de Eriol.

—Abandonados por nuestros propios amigos. —Murmuró Sakura, negando con la cabeza.

—Al menos me tienes a mí. —Consignó Shaoran con una sonrisa extendida en su cara.

—Por ahora. —Que no está Nori, completó mentalmente.

El chico soltó una carcajada.

—¿Y esa indirecta qué significa? —Preguntó deteniéndose cerca de las escaleras del segundo piso, a sabiendas que todavía estaban restaban unos minutos libres. Los pulcros pasillos de ese lado de la preparatoria donde estudiaban los de curso inferior se encontraban solitarios en ese momento.

—No fue una indirecta. —Respondió, encogiéndose de hombros para restarle importancia.

—Claro. Ya dime.

—No tengo nada que decirte.

—Oh, vamos. A propósito que nunca me contaste qué fue lo que soñaste conmigo en clase, ahora haces lo mismo.

—¡No puede ser que aún recuerdes eso!

—No pienso olvidarlo, créeme.

Sakura se cruzó de brazos e inhaló profundamente. Definitivamente, había descubierto que a Li no se le escapaba nada. Sin embargo, pronto pensó en una manera de resolver el conflicto en donde probablemente los dos pudieran ganar. Una descabellada manera, a decir verdad.

—Te cuento... Si me dejas tocar tu cabello. —Soltó rápido y casi sin respiración se armó de valor para mantener la mirada fija en él con el propósito de observar su primera reacción. Sin embargo, sus ojos temerosos se desviaron al piso luego de ver su mueca de sorpresa.

Aunque no era para menos. De hecho, su reacción era la más normal que pudo haber tenido cualquiera en un momento como ese. En primer lugar, le pareció bastante raro que Sakura le pidiera semejante cosa. Ahora, pensar en que se lo pidió porque deseaba hacerlo, le hacía sentir algo diferente. No sabía cómo debía sentirse con el hecho de que ella quisiera tocarlo, aunque fuera sólo su cabello.

De todas maneras, negarse no le parecía una opción.

—Puedes hacerlo sin permiso, en realidad no es gran cosa.

La castaña apretó los labios.

—Pero no deberías dejar que cualquier persona lo haga. —Manifestó, evitando el contacto visual a toda costa. Pero ese comentario fue suficiente para que Shaoran hiciera una analogía con lo ocurrido en la mañana. Se limitó a esbozar una sonrisa.

—Bueno, cuando quieras. —Argumentó al ver que Sakura permanecía inmóvil. Metió sus manos en sus bolsillos, con el fin de calmar los nervios que lo consumían por lo que estaba a punto de pasar. "En realidad no es gran cosa". Sí, claro.

Y si él estaba nervioso, lo que sentía Sakura no tenía nombre. Ella no había reparado en lo terriblemente vergonzoso que resultaría hacer algo como eso, y ahora ni siquiera se acordaba en qué estaba pensando cuando lo propuso.

No fue pasados algunos segundos que alzó la mirada hasta toparse con la del castaño. Evitó entretenerse mucho en ella y fijó la atención en su objetivo. Si Shaoran se lo permitía, no había problema. No tiene nada de malo, pensaba. Además, él había dicho que no era la gran cosa. Tal vez sí un poco raro, pero no la gran cosa.

Él, al ver que Sakura comenzó a acercar su mano, contuvo la respiración. Ella apenas consiguió acomodarle los mechones de cabello que caían sobre su frente, preocupada por no comenzar a temblar y terminar huyendo cual gallina.

En efecto, el cabello de Shaoran era tan suave como sospechó, e incluso todavía permanecía húmedo tras la ducha. Pero no le bastó con ese simple tacto, quería algo más. De hecho, se preguntaba si quizás su cabello olía a chocolate también, como todo él.

Repitió el acto anterior con más confianza y se atrevió a acariciar su nuca hasta enredar su cabello entre sus dedos. Rió un poco al pensar que era como tocar al perrito de sus hermanas, tan suave. Fue en ese momento que se percató de la cara de Shaoran. Sus ojos emitían un brillo especial, y curioso también. Permaneció mirándo sus orbes ámbar por unos segundos, extrañada que él no emitiera ni una queja para apartarse de ella.

Lo sentía tan cerca. Lo suficientemente cerca como para poder percibir claramente su respiración y haberse podido fijar en aquella tan profunda que tomó. Y como tanto le había gustado escucharla, quería otra.

Así que, con el corazón latiendo de manera desembocada, volvió a acariciar su nuca, esa vez atrayendo su rostro un ápice más al suyo. Podría decirse que Sakura había olvidado por completo los límites de espacio personal que tanto defendía y, como él no la detenía, suponía que estaba en su derecho.

Pronto Shaoran se inquietó, y las manos que había mantenido dentro de sus bolsillos luchaban por salir e imitarla. Era justo, así que sin pensarlo demasiado imitó su caricia, sosteniendo suavemente la parte posterior de su cuello y acariciando con el pulgar el resto de su tersa piel. Como una muñeca, pensó.

Poco decir que Sakura se descolocó completa al sentir el tacto de su mano contra su piel. Se sentía desvanecer. El que él estuviera acariciando su cuello le hizo reparar en lo grandes y masculinas que eran las manos de Shaoran, haciéndola sentir vulnerable. Aunque había algo que no le terminaba de cuadrar.

—Soy yo la autorizada para tocar. —Consiguieron reprochar con terquedad.

—Lo que es igual no es trampa, Sakura. —Musitó él en respuesta. Aquella última palabra, su nombre, acabó siendo un susurro que chocó justo contra su boca, haciéndole recorrer de pies a cabeza una sacudida electrizante.

Se preguntó en qué se había metido cuando el castaño, al parecer disfrutando el torturarla, rozó levemente sus labios, recordándole el percance que tuvieron en el festival hacía ya un tiempo. Sólo que ahora lo sentía con mucha más fuerza, repercusión de la cual Shaoran no quedaba excento.

Sakura estuvo segurísima de que su acercamiento terminaría en un beso, así que cuando su burbuja de ensimismamiento reventó por el estridente sonido de la campana ambos dieron un respingo y tomaron distancia, tal como si los hubieran cachado intentando hurtar una tienda de dulces. Al momento gente venía asomándose por los pasillos y Shaoran, al ver el rostro tan rojo y consternado de Sakura, la arrastró escaleras arriba, al tercer piso. Una vez allí los dos luchaban por oxígeno tras haber corrido a toda prisa. El castaño dio algunas bocanadas más de aire mientras pensaba en cómo abordar el momento.

—No sé qué acaba de pasar. —Murmuró Sakura más para sí. Su rostro seguía incendiado, y no esperaba que fuera pronto que se calmaran sus nervios.

—Pues nada. Casi nos besamos. —Respondió el chico tras encogerse de hombros, restándole importancia adrede. Tal declaración desató la ira de Sakura.

— Casi me besas. —Corrigió, abochornada.

Shaoran comenzó a reírse porque, efectivamente, acababa de decir lo que sabía que diría. No podía creer que fuera tan predecible. Bien por él que ya tenía preparada la respuesta.

—Y tú no parecías estar en contra de que te besara. —Puntualizó ladeando su sonrisa.

— ¡Oh, vamos! Puedo decir lo mismo de ti. —Y también sabía que ella respondería algo como eso.

—Yo nunca dije que estuviera en contra. —Declaró. Sakura abrió la boca, indignada y roja a más no poder.

— ¡Shaoran! —Le reclamó, golpeándolo en el hombro.

—Me llamaste por mi nombre. —Recalcó tras reír.

— ¡Armamos un espectáculo en medio pasillo del instituto, por supuesto que te llamo por tu nombre! —Chilló con el ceño fruncido. Como odiaba su extrema tranquilidad.

—Empezaste tú, Sakurita. Así que relájate. Aprende de mí, yo estoy relajado.

—Porque a ti todo te resbala. —Refunfuñó acomodándose un mechón de cabello tras la oreja.

—Bien sabes que no es así. —Contestó, apoyándose en los barandales de las escaleras. — ¿Qué quieres hacer ahora?

— ¿A qué te refieres? —Inquirió sintiendo su pulso acelerarse, de nuevo. A ese paso le daría un paro cardíaco, el cual sería únicamente por obra y gracia del chico que tenía al frente.

—A que si quieres ir al salón o qué, tonta. —Aclaró tras mofarse de su anonada expresión.

—Mierda, el salón. ¡Mierda, la clase! ¡La profesora me va a matar! —Se alarmó y, seguidamente, apresuró a Shaoran, quien tuvo que emprender carrera nuevamente junto a ella hasta llegar a la puerta del salón, que se encontraba cerrada frente a sus rostros.

—Voy a reprobar incluso las asistencias. —Suspiró la castaña con pesadumbre. Al cabo de finalizar la oración, la puerta se abrió hasta asomarse el rostro de la profesora Karin, quien terminó de brindar acceso tras comprobar que se trataba de estudiantes suyos.

—Acabo de llegar, pueden pasar.

El rostro de Sakura se iluminó y Shaoran sonrió al ver aquello.

. . .

Después de ingresar al aula los abucheos que recibieron por parte de sus compañeros no fue algo normal. Bien merecido lo tenían, se dijeron. Por otro lado, el que la profesora Karin fuera la que impartiera la clase esa vez contribuyó para que no se extendieran más de lo necesario.

Sin embargo, Shaoran y Sakura quedaron helados ante el comentario que la mujer les había cuchicheado antes de abandonar el salón una hora y media más tarde: —Cuídense por los pasillos. —Expresó aquella con voz serena, para luego emprender su camino a la sala de profesores.

La castaña permaneció con la boca abierta.

—N-No creo que…

—Nos vio. —Sentenció Shaoran con un hilo de voz.

—Mierda, nos vio. —Lo corroboró ella tras haber tragado en seco.

Todavía turbados por el acontecimiento, continuaron su descenso por las escaleras junto al resto de su grupo de compañeros. Fue en la planta baja que se acercaron a la maraña de estudiantes de su clase, los cuales se habían concentrado mientras debatían sobre algo.

Sakura permaneció unos segundos allí parada, escuchando. Pasado apenas un minuto estuvo a punto de seguir adelante sin interés cuando Sumire la retuvo del brazo.

—¿No quieres ir? —Indagó con desconcierto. Al momento se les acercó Tomoyo.

La castaña permaneció pensativa. Toda esa iniciativa de sus compañeros de querer pasar una tarde en grupo aprovechando que mañana no habría actividades sonaba tentadora. No obstante, cuando escuchó que la anfitriona no era nadie más que Nori y que, de paso, sería en su casa, sus ganas de asistir decayeron.

—No mucho. —Declaró.

—Luego te arrepentirás de no haber ido. —Tentó Tomoyo. Sakura supo que tal vez tendría razón, y cuando estuvo a punto de abrir la boca para alegar su perspectiva los chicos se unieron. En realidad su única pregunta era si Shaoran acudiría también.

Permaneció callada mientras su grupo de amigos concensaban los arreglos para encontrarse más tarde, pues primero iría cada quien a sus casas porque, para remate, se trataba de una piscinada. Maldijo sus inseguridades femeninas una vez más cuando recordó que la última vez que había usado un traje de baño había sido hace dos años en el cumpleaños número seis de su prima Akira.

Todavía se encontraba debatiendo mentalmente cual sería la mejor opción para sí misma, cuando Shaoran se acercó y rompió el muro de pensamientos al preguntarle si asistiría.

—Tal vez, ¿y tú?

— Supongo que sí. Nori me había comentado antes los planes.

Sakura esbozó una sonrisa para agregar sin demasiadas ganas su confiable: —Ya veo.

Por lo menos Shaoran no parecía demasiado contento con el rumbo que había tomado el día. Es decir, no parecía extremadamente contento. Pero, ¿qué podía saber ella? Aún cabía la posibilidad de que estuviera disimulando su interna emoción de por fin conocer la casa de una chica de su interés. O lo que fuera.

Fue entonces cuando pensó en perspectiva e imaginó la situación.

Ella definitivamente se arrepentiría de dejar a Shaoran a merced de aquella chica.


Pobre capítulo estuvo sin su final por varios, varios días. Y meses. Cabe aclarar que para publicarlo tuve que recortarlo, debido a que realmente lo que no sabía finalizar era el próximo, así que decidí cortarlo para que además no quedara tan largo. Debo admitir que lo edité como mil veces, ya que al parecer mi inspiración rated T es mucha y los personajes como que se iban a cosas muy indebidas y precipitadas que creo que no se verían muy realistas con lo que hasta ahora ha pasado (casi nada ASDOJASIDJ). Pero tranquilas, guardé aquellos momentos para los que vienen jojo.

Ya se viene una fiesta, y ya saben bien que en las fiestas es donde se prende la cuestión jajajaja. No sé ustedes, pero quiero algo explosivo entre Eriol y Tomoyo pronto. ¿Qué dicen?

Espero que el ritmo de las cosas les agrade y poder complacerlas con el tan esperado BESO que se ha hecho esperar. Gracias por el apoyo y espero que hayan tenido una buena navidad n.n (y sí, lo digo mil años después). Nos leemos~