06

Ojeó la pantalla de su móvil y comprobó que Sakura seguía sin responder el mensaje que le había enviado. Inclusive su última vez en línea había sido hacía ya tres horas.

Shaoran tenía tanto fastidio de salir aquella tarde, que hubiera desperdiciado su tiempo jugando algún juego o incluso durmiendo de no ser por Eriol. Su fiel amigo, nuevamente haciendo de las suyas, lo había arrastrado fuera de la cama para arreglarse, ya que «definitivamente» él iría a la fiesta. De no ser así, no estaría rumbo a las avenidas en ese preciso momento, siendo el único idiota que acudía en jeans a una piscinada, pues sinceramente la sugerencia de Terada de bañarse en bóxer no le hizo ni mínima gracia.

Las primeras (y tal vez únicas) sospechosas de la desaparición de su traje de baño eran las pequeñas diablillas con las que compartía casa, porque estaba segurísimo de que la última vez que lo usó, para salir con sus amigos, lo había acomodado en una de las gavetas del closet, y ahora como por arte de magia no aparecía por ningún rincón de la casa. Eso las hacía totalmente culpables.

Su mal humor persistió desde que lo sacaron a rastras de la cama hasta el actual recorrido a casa de Nori. Su papel en el auto no era más que existir mientras sus amigos iban armando media fiesta en el asiento trasero, con la adhesión de Eriol que era el piloto. No obstante, el desastre que producían era tal que hizo le hizo flaquear. No pudo evitar soltar uno de sus comentarios burlones contra Yue cuando éste admiraba embelesado la foto de una porrista de último año, quien, a palabras del mismo, se había convertido en su amor platónico. O en su nuevo amor platónico, mejor dicho.

Luego de que Yamazaki le pasara la segunda cerveza volvió a la normalidad, pasó a ser el Shaoran Li de siempre y dejó de revisar su aburrido muro de Facebook para sumirse en la conversación, reprendiéndose a sí mismo por dejar que su humor dependiera de la presencia de una chica. Eso era insólito.

Sin embargo, minutos después, incluso resultó gracioso cómo se le encogió el estómago cuando Eriol reprodujo la nota de voz de Tomoyo, donde alegaba que tuvieron que regresarse a buscar el teléfono de Sakura y que por ello llegarían un poco más tarde, claro. Pero esa parte le importó un comino, porque ya le habían confirmado todo lo que deseaba saber. Ella estaría allá.

Entonces, cuando su celular vibró y el nombre "Sakura" apareció en la parte superior de la pantalla, sonrió y seguidamente rodó los ojos. Se sentía tan bobo que le resultó increíble.

. . .

No tuvo ni la mínima oportunidad de poder evitar el extenso y amoroso abrazo con el que Nori lo recibió. La chica se mostró tan feliz con la presencia de Shaoran en su casa que parecía dar saltitos de la emoción.

La casa de Nori era grande y de dos pisos, la puerta principal de madera parecía duplicarle la altura y una vez dentro lo primero que los recibía era una extensa habitación con paredes de granito y piso de madera, donde se hallaban algunos muebles de material suave y color aceituna ordenados frente a una mesa llena de pequeños adornos. Los aires acondicionado arrojaron ráfagas furiosas de aire a su cara y le arrebataron las escasas ganas que tenía de zambullirse en la piscina.

Sus amigos y él habían saludado al resto de los presentes y luego, junto con Yue, había conseguido acomodarse en el salón contiguo a la sala, donde se alzaba una mesa de ping pong en la que iban por la segunda ronda, pues a Shaoran le pareció la manera más efectiva de librarse de los diálogos indagadores de una insistente Nori. A duras penas, porque de igual forma de vez en cuando ella se acercaba para ver si dejaba la partida y acudía a platicar con ella, pero él sólo estaba enfocado en una cosa: hundir a Yue tan profundo que ni con miles de revanchas pudiera ganar. O ese era su enfoque hasta que por la puerta principal ingresaron acompañadas de la dueña de la casa un grupo de parlanchinas chicas de las cuales reconocía cada voz.

Retuvo el impulso más evidente del mundo de virar la cabeza totalmente en aquella dirección, y sólo dedicó una pequeña mirada. Definitivamente ahí estaba Sakura, parada entre Tomoyo y tal vez Sumire.

Al constatarlo, el cuerpo del castaño se tensó de manera inmediata y de repente se sentía incómodo de estar ahí parado golpeando una bola con una estúpida raqueta. Su mente tenía un intenso debate para decidir qué demonios hacer a continuación, si debía seguir inmiscuido en el juego hasta que ellas se acercaran, si debía ser él quien fuera a saludar…

Y mientras pensaba en hasta qué debía decir cuando se hablaran, Yue ya había aprovechado considerablemente su delicada situación y el marcador se había volteado completamente.

—Bendigo totalmente a Sakura. —Siseó, mirándolo sugestivamente. Él sólo pudo bufar en respuesta. De repente su amigo dejó la raqueta reposar sobre la mesa luego de aquechar la pelotita con precisión. Shaoran lo miró confundido. —Vamos, que lo normal es saludar. —Argumentó, tal como si fuera testigo de la guerra armada que existía en su mente.

El castaño asintió y tras dejar la raqueta junto a la de Yue emprendió camino, a paso lento, en dirección al mueble donde las chicas se habían acomodado. Pudo ver que Sakura estaba de espaldas a él, y además que llevaba un vestido. Se trataba de un vestido liviano y blanco que dejaba su espalda al descubierto. Aquello lo hizo tragar en seco y volver la vista atrás, buscando algún tipo de refuerzo en su compañero. Lo único que pudo apreciar fue como Yue se agarraba la tripa mientras reía de manera descontrolada y silenciosa.

Shaoran llevaba medio camino y lo había recorrido totalmente solo. Instó con la mirada a Yue para que se adelantara hacia él, pero lo único que hacía este era reír e indicarle con la mano que siguiera avanzando.

En todo el día se había sentido estúpido, pero esa vez se sentía en la cúspide de la estupidez. Su cuerpo se quedó ahí parado, inerte y sin saber cómo caminar. Quiso golpearse la cabeza contra la pared una y otra vez, a ver si así dejaba de ser tan… Tan no él. Porque no se sentía como él. Se sentía como un crío de unos doce años que está a punto de declarársele a la chica que le gusta. Y seguramente no estaba a punto de hacer una declaración ni nada parecido. Sólo iba a saludar, por dios.

Inhaló aire con el fin de tranquilizarse. Todo es mental, se dijo. Continuó su ruta con determinación (no sin antes alzarle el dedo del medio a Yue) y cuando las alcanzó esbozó una sonrisa y, por fin, las saludó. A todas, de manera general. Fue recibido de buena manera y de paso Tomoyo, quien estaba levantada, le dio un beso en la mejilla a modo de saludo.

—¡Eh, chicas! ¿Cómo están? —Exclamó después un risueño Yue, acercándose a cada una y plantándoles un beso en la mejilla. Shaoran pensó que definitivamente debió haber hecho lo mismo, pero se conformó con haberse acercado.

El grupo de amigos charlaban sin parar sobre el diván de la sala de estar de alguna cosa acerca del final de temporada de Scary, la serie de terror que había salido hacía algunos meses, y seguro que la conversación estaba bastante animada, pero aun así Sakura estaba enfocada en mirar fijamente un punto lejano. Tampoco era como si tuviera mucho que aportar en cuanto al tema, si empezábamos porque ella odiaba las series y todo lo que tuviera que ver con fantasmas/exorcismos, o cualquiera cosa susceptible de causar miedo.

Mantenía una pose relajada y de vez en cuando miraba a los parlantes para simular atención. Pero eso sí, cuando era Shaoran quien abría la boca para intervenir sobre quiénsabecual episodio, no dudaba en mirarle y brindarle toda su atención, a pesar de que no entendiera la mitad de su teoría explicativa. No era hasta que se callaba o cruzaba mirada con ella que volvía a enfocarse en cualquier cosa, con los nervios de punta en blanco. Lo bueno era que aquella sensación no tardaba mucho desaparecer. Ni en reaparecer tampoco, eso era lo malo.

No deberías mirarlo tanto. Lo sabía, pero, ¿cómo no? Si estaba sentado casi frente a ella en una esquina del otro sofá, apoyando el codo en su pierna y con su barbilla reposando en su puño. Se reía de vez en cuando de algún comentario, mostrando los dientes y, a veces, también la miraba. Pero ella era tan cobarde que no podía sostenerle ni un segundo la mirada.

De pronto Tomoyo miró con disimulo a sus alrededores, hasta preguntar por Eriol.

—Debe estar en la piscina con Terada y Rika. —Contestó Yue, levantándose y estirando los brazos.

— ¿Eriol con el par de tortolos? —Dudó Sumire.

—O con Yamazaki. —Apuntó Shaoran.

—Oh, bueno, ¿vamos con ellos? —Dijo la amatista a modo de sugerencia, pareciéndole poco probable la imagen de Eriol entre Rika y Terada.

—Tranquila, Tommy. Hace rato preguntó por ti. —Le comunicó Yue, pasándole el brazo por el hombro y sacándole una sonrisita de bochorno.

El grupo dejó el sofá, encaminándose por el estrecho pasillo que llevaba a la puerta corrediza del patio. De allá emanaba la resonante música y, además, las voces de aproximadamente cuatro personas.

Al traspasar el umbral, los rayos del sol cegaron su mirada por unos instantes y percibió el olor a cesped recién cortado. Tomoyo enfocó la vista y se encontró con un patio trasero que constaba de un pequeño bar de madera a un costado, el cual tenía un piso de piedra. Un pequeño grupo de las mismas piedras se extendían hasta la piscina de bordes irregulares, componiendo un camino. Unas piedras más anchas y grandes se acomodaban en la esquina de la piscina y desde la cima de las mismas caía agua de forma apacible, formando una especie de cascada.

Tomoyo pasó la mirada entre sus compañeros, hasta encontrarse con la melena azulada de Eriol cerca de la barra del bar. Tenía el cabello revuelto y no cargaba los lentes puestos, ni la camisa. Sintió una corriente eléctrica removerle el cuerpo cuando cruzaron miradas, y rió un poco cuando él continuó hablando con Terada sin enterarse de nada, porque seguramente no había logrado verla.

Volvió la vista atrás al darse cuenta que Sakura no estaba cerca, y cuando se fijó en la sonrisa que tenía mientras hablaba con Shaoran sonrió para sí. ¡Se veían divinos!

Cuando encontró nuevamente a Eriol, comenzó a andar a su encuentro. En cuanto se acercaba, pudo comprobar que también Nori hablaba con ellos, muy animada y con un bikini exclusivamente pequeño. No era un secreto que aquella chica le caía un poco pesado. A ella, a Sakura y tal vez a Chiharu. Aún recordaba lo insoportable que era en secundaria, y que ahora intentara ser agradable y amable era como ver a alguien que se esfuerza por caerles bien a todos.

Por otro lado, Shaoran pudo percibir la pícara mirada con la que los había dejado Tomoyo antes de perderse tras la puerta de atrás. Es decir, incluso le había guiñado el ojo.

Sonriente, negó con la cabeza y luego de recostar su espalda contra la pared de la cocina, posó su atención en Sakura.

—Te ves decente. —Declaró, recorriéndola con la mirada fugazmente. Ella sonrió y hondeó los pliegues de su vestido blanco, aceptando el cumplido.

—Tú también. Me gusta tu reloj, te hace ver… Interesante. —Manifestó mientras Shaoran soltaba una carcajada. Tomó su muñeca para inspeccionar el aparato y al acercárselo a la cara percibió su aroma, al cual ya estaba tan acostumbrada. —¿Por qué tu perfume es de chocolate? —Inquirió, mirándolo con expectativa.

—Porque me gusta el chocolate y a todos les gusta el chocolate. ¿Te gusta?

— ¿El chocolate o el perfume?

— El perfume. Por supuesto que el chocolate te gusta, con el triple estómago que tienes…

— Idiota. —Reclamó, haciéndose la ofendida. —Bueno, sí me gusta—Bastante. —pero también me da hambre.

El chico levantó ambas cejas y las comisuras de sus labios sugestivamente. —¿Ah sí?

Sakura rodó los ojos sonrojada, desprendiendose de su muñeca bruscamente y regañándose a sí misma por soltar siempre comentarios potencialmente retorcibles. —Eres un…

Pero quedó con la palabra 'cerdo' en la punta de la lengua, callándose de inmediato al escuchar el grito tan "soprano" proveniente del patio. Seguidamente, se escuchó un chapuzón y muchas voces hablando todas al mismo tiempo. Algunos gritos más, y otros chapuzones.

—Tomoyo. —Murmuró Sakura antes de dirigirse allá rápidamente, seguida de Shaoran.

Al llegar al umbral de la puerta trasera, preocupada, recorrió con la mirada su entorno. Cuando llegó a ver la cabeza de su amiga asomada entre la gente de la piscina, suspiró con alivio. Fue demasiado tarde para cuando constató que Eriol venía acercándose a ella con sigiloso cuidado, hasta que la tuvo cargada en su hombro tal cual saco de papas, corriendo en dirección al agua. Sakura comenzó a chillar.

— ¡No, Eriol, por favor! ¡Shaoran, ayúdame! ¡El rim…!

Chapuzón.

Mientras su cuerpo se hundía dentro del agua cristalina llegaron a sus oídos algunas risas distorsionadas que no pudo reconocer, y juró que mataría a Eriol.

Cuando subió a la superficie no pudo ni restregarse los ojos sin tener que volver a hundirse al escuchar la advertencia en la voz de Tomoyo. Seguidamente, a su lado dos siluetas se zambulleron hasta alcanzar el fondo.

El plan de Eriol no había resultado tan satisfactorio con Shaoran, pues para este último, si se hundía, Eriol se hundía con él. Y así fue.

La castaña logró nadar hasta las escaleras de la piscina, desde donde Tomoyo le extendía la mano, sonriendo.

— ¡Te ves terrible! —Exclamó, aumentando la risa.

— ¡Claro que debo verme terrible, con todo este rímel corriéndose! ¡Gracias, Eriol! —Gimoteó con ironía.

—A la orden, Saku. —Respondió él. La aludida bufó.

Shaoran le dedicó una mirada y comenzó a reírse por lo bajo ante la mirada asesina de Sakura, quien se dio cuenta que el chico tenía toda la ropa empapada. Toda. Ella al menos tenía el traje de baño debajo del vestido, pensó.

Entonces, Tomoyo estuvo a punto de salir de la piscina cuando Sakura la retuvo de la mano y la miró con los ojos bien abiertos.

— ¡Tommy!, ¿qué te pasó en el labio? —Exclamó.

La pregunta había hecho que inconscientemente Tomoyo se palpara el labio inferior. Grave error. Le ardió como mil demonios y en su dedo quedaron depositadas pequeñas manchitas rojas.

Minutos después, tenía una toalla envuelta en los hombros y su vestido floral empapado, igual que su cabello. Eriol se hallaba frente a ella, ambos sentados en la encimera de cerámica del pequeño baño de la piscina, que consistía en una encimera con dos lavamanos y dos cubículos cerrados donde habían duchas. Él tenía la misma cara de concentración que tantas veces le había visto cuando tocaba un tema de Beethoven en piano o resolvía un examen de física. Sólo que esta vez nada más estaba intentando curarla.

Sus mejillas ardían fundidas en un tono rosáceo. En parte por la cercanía del chico y en parte por lo tonta que se sentía. A Tomoyo Daidouji no le pasaban esas cosas. Cosas como tropezarse con la pata de una silla e ir a parar a la fría agua de una piscina no le pasaban. Peor, frente a todo el mundo.

Todavía tenía grabada la sensación de desesperación por sujetarse de algo, y en su fallido intento las carcajadas de la gente cuando sus oídos se vieron impedidos por el agua.

Tonta, tonta Tomoyo.

La situación era tan fatal, porque se imaginaba dirigiéndose elegantemente hacia el inglés, con sus sandalias altas y el cabello perfectamente recogido en una trenza, prácticamente batiendo las pestañas y, cuando precisamente Eriol la había notado, había ido a parar en la piscina. Sin ningún tipo de advertencia ni tampoco un segundo para evitarlo.

Seguro que Nori y sus amigos sí que habían disfrutado el espectáculo.

Alzó con precaución la mirada hasta toparse con los ojos zafiro de Eriol, que le dedicaron atención de inmediato.

—Gracias por no haberte reído. —Murmuró. —Y gracias por haber empezado a tirar a todos. —Cuando dijo aquello, no pudo evitar sonreír. Le dolió, sí, pero todavía le causaba mucha risa la cara de Sakura con el rímel empapándole los cachetes y a ella alegrándose de haber usado maquillaje resistente al agua. —Fui un desastre.

Él le respondió sonriéndole con dulzura. — Explícame, ¿cómo es que la gran Tomoyo terminó hundida en la piscina? —Quiso saber, atreviéndose a reír esta vez.

— ¡No tengo idea! Sólo sentí el golpe contra la silla y luego el agua. Eso es todo. Ni siquiera recuerdo cómo me hice esto. —Señaló su labio inferior, que tras los cuidados de Eriol había parado de sangrar.

El chico la tomó del rostro e inspeccionó mejor la herida. Su pobre labio estaba rojo y se notaba hinchado. Aun así, se atrevía a pensar que seguían viéndose igual de atractivos. Chocó su mirada con la de ella y su cálido aliento lo nubló por un segundo. Cuando posó su atención nuevamente en los labios de la amatista, esta los humedeció sin pensarlo demasiado. Eriol suspiró.

—Tomoyo, si no quieres que tu herida te duela mucho más, será mejor que vayamos afuera. —Advirtió con una voz rasposa con la que comenzaba a familiarizarse cada vez más. El comentario le arrancó una sonrisa.

— ¿Sabías que soy buena soportando el dolor? —Expuso como si se tratara de un dato curioso.

Una sonrisa divertida se extendió por el rostro del inglés y tras darle un vistazo a los brillantes ojos de Tomoyo, se inclinó hasta estar a un ápice de su rostro. Entrelazó sus dedos entre su lacio cabello y depositó un minúsculo beso en la comisura de sus labios, con sumo cuidado.

Tal gesto disparó los latidos de Tomoyo. El chico permaneció tan cerca de ella por segundos que le parecieron infinitos, pero no se atrevió a besarlo. En cambio, no resistió el impulso de rodearlo con los brazos en un abrazo. Cerró los ojos paulatinamente, hasta apretarlos con fuerza, asimilando lo que él podía llegar a causarle. Podía hacerla inmensamente feliz, podía hacerla despegar con tan sólo un roce, pero también podía lastimarla tanto que no lo olvidara nunca. Empezar a darse cuenta de ello la volvía loca.

Me gustas, quería decirle, pero recién había descubierto que tenía miedo de lo que pudiera pasar con su relación tras una declaración como esa. Hablar entre ellos de sentimientos se había vuelto un tabú para ella, y si podía abrazarlo de aquella manera y sentir sus brazos alrededor de su cintura, escuchando su respiración y aspirando su aroma, no lo arruinaría.

Eriol, por su parte, también había cerrado los ojos, relajando su cuerpo ante el gesto de Tomoyo y entregándose a la paz que le transmitía estar entre sus abrazos. Comenzó a acariciarle el cabello, que aún permanecía húmedo.

— ¿Te duele? —Murmuró suavemente cuando escuchó la bocanada de aire que tomó su acompañante. Un poco desconcertado se separó de ella, lo suficiente como para poder mirarle. Su desconcierto aumentó, pues se le veía… ¿triste?

Ante la pregunta, Tomoyo negó con la cabeza, dedicándole una pequeña sonrisa.

—Debe dolerte mucho. —Insistió, observándola de manera inquisitoria. Tomoyo pudo jurar que Eriol se refería a cualquier otra cosa, menos a su herida. Tan rápido como un chasqueo de dedos se sintió desnuda frente a él. Claro que le dolía no tenerlo como quería.

Ahora fue él quien la arropó en un abrazo protector, que ella correspondió. Eriol sabía que las razones por las que Tomoyo podía estar así eran escasas. Sabía que cualquier cosa no podía causarle una mirada como esa, y se planteó la posibilidad de que fuera su culpa, pero no conseguía atinar algo malo que le hubiera hecho.

— ¿Por qué lloras, Tomoyo? —Intentó, luego de constatar que su respiración se había vuelto irregular y no despegaba la cara de su hombro. Ella guardó silencio por unos instantes.

—Por algo tan estúpido como no poder ponerle nombre a lo nuestro. —Declaró sin mirarle a los ojos. No obstante, Eriol permaneció impasible.

— ¿Y qué nombre quisieras ponerle? —Inquirió, pese a saber muy bien a lo que quería llegar.

Tomoyo tenía en claro que lo que sea que dijera sería una sentencia firme, porque Eriol era así. El chico complaciente y caballeroso que era con toda mujer no dejaría que una chica llorara por no poder estar con él.

Se sintió enferma ante ese pensamiento.

—Qué aburrido sería pedirlo y tenerlo. —Se mofó, restregando sus ojos.

El inglés esbozó una sonrisa y a Tomoyo le pareció que soltó el aire que contenía.

—Le has restado bastante tensión al asunto.

—Creo que es mejor así. —Dijo ella, sonriéndole de vuelta. Sin embargo, Eriol no se sentía bien. Desde su punto de vista, tenía a una de las chicas más bonitas de su escuela declarándole aquello y no podía más que sentirse inseguro e incómodo. No por ella, sino por ellos.

—Tomoyo. — Llamó. La aludida le miró atenta. — Yo no quiero comprometerme.

Sintió una punzada en el estómago que, por suerte, él no podía percibir. Luego consiguió asentir.

—Me gustas. Eso no es debatible.

Volvió a asentir, alentándolo a continuar. No pasó por alto que su declaración no le produjo el sentimiento que hubiera esperado en otras circunstancias.

—No sé qué es lo que quiero… ni sé lo que quieres. Lo siento.

—Estar contigo. —Le respondió por su parte.

Él sonrió.

—Oh vamos, eso es sencillo. —Acercó sus labios a su mejilla hasta depositar un beso. —No tengo intenciones de jugar contigo, Tomoyo. —Musitó en su oído en un tono apenas audible.

—Lo sé. Y con esto—Entrelazó su mano con la de él. —Es suficiente.

Aquello removió la fibra sensible de Eriol. No podía dejar de verse como el idiota de la situación. De pronto se sintió terriblemente confundido por Tomoyo y por lo profundo que podían ser sus sentimientos por ella, pensando que si no lo eran lo suficiente, no tenía que llegar a más con ella, porque se merecía mucho más que la incertidumbre que él podía ofrecerle.

A pesar de la colisión de sus pensamientos decidió que alejarse de ella en un momento como aquel, lo haría más idiota.

El chico suspiró e intentando poner su molesta cabeza en suspensión, atrapó sus labios con necesidad.

—Eres la mujer más hermosa. Créeme. —Le aseguró, apretando su mano con más fuerza. Tomoyo se sintió feliz de escuchar esas palabras de su parte.

— ¿Hasta tropezando con una silla y cayendo a la piscina?

—Hasta tropezando con mil sillas y cayendo en cualquier lugar. Lo eres.

Tomoyo soltó una carcajada.

. . .

Antes de dejar a Eriol y a Tomoyo en el baño había visto a Shaoran sin camisa. Así, tal cual. El chico no tardó ni un segundo en empezar a desvestirse para cambiarse la ropa mojada y sólo se encerró en un cubículo cuando debió despojarse de sus pantalones. La única razón por la que Sakura no había armado un escándalo fue porque, aparte que el baño era unisex, nadie dijo nada al respecto. Sin embargo, la propia imagen de su abdomen y de su espalda permaneció grabada en su cabeza durante varios minutos.

Una vez que Shaoran se cambió y la dueña de la casa les proporcionó el botiquín de emergencia los dejaron a solas, tomando en cuenta lo atento que estaba Eriol. Por otro lado, Sakura se tomó su tiempo en el baño de la sala para secarse con la toalla que le había prestado Nori (por la cual le agradeció a la chica) y ponerse ropa seca que había traído. Realmente le gustaba cómo le quedaba el vestido que había optado por traer y no esperaba tener que despojarse de él tan temprano, sin embargo se encongió de hombros luego de apreciarse en el espejo con la falda de cuadros que le había prestado Sumire y un top corto y ajustado.

En el patio, el cielo se cernía sobre ellos teñido de un azul oscuro, alcanzando ya la noche. Sakura tomaba su primera cuba libre del día en compañía de Sumire, Chiharu y Rika, y hablando con sus amigas se había olvidado por un segundo de Shaoran, quien se entretenía en la mesa del DJ junto a Yamazaki y Yue. Llevaban un buen rato jugando con las mezclas. Nada mal, debía admitir.

De pronto comenzaron a colocar una y otra canción, Shaoran optando por electro, Yamazaki por reggae y Shiro, quien se les había unido, por reguetón.

—Eh, me toca a mí. —Proclamó Shiro devolviendo la lista de reproducción a la que había elegido de su celular.

—La mía estaba mejor. —Protestó Yamazaki, y Shaoran rompió a reír cuando Shiro cambió la canción que había puesto por otra del mismo género, que bien conocía. Cuántas fiestas y desastres con sus amigos inundaron su mente ante la melodía.

Comenzó a entonar el principio a unísono con Shiro y Yue, mientras Yamazaki los veía con reproche, negando con la cabeza. Shaoran lo bordeó por los hombros y él intentaba deshacerse de su agarre. Yamazaki odiaba el reguetón, y a ellos nunca les dejaría de dar risa ese hecho.

Desde la barra Sakura veía la escena, riéndose junto a sus amigas. Cuando Shaoran y Yue llegaron a ellas la canción alcanzaba el coro y el castaño movió sus pies y su cuerpo sintiendo el ritmo que retumbaba en los altavoces, acercándose peligrosamente a Sakura. Sumire y Rika comenzaron a aplaudir, alentando a la pareja y haciendo que Sakura riera más fuerte.

Cuando vio que Shaoran le extendía la mano se mordió el labio inferior, porque ella no bailaba reguetón. Era una regla. Estaba dispuesta a negarse, pero algo hizo click en su cabeza. ¡Es Shaoran, Sakura! ¡Por Dios! El mismo Shaoran odioso y petulante con el que peleaba cada dos por tres en la escuela, el mismo con el que había conectado de una extraña manera más de una vez, pero, efectivamente, uno de los chicos más guapos de su salón. Ese Shaoran era el que le pedía bailar, y como se negara se sentiría la chica más sosa del universo.

—Espera a la tercera cuba libre, Li. Seguro acepta sin pensarlo dos veces. —Manifestó Sumire ante la tardanza de Sakura, haciéndola reaccionar y tomar la mano que Shaoran le ofrecía sin demás miramientos.

Se iba a morir de la pena cuando constató que sus amigos no dejaban de hacerles bulla, siendo ellos la única pareja que se acercaba al centro a bailar.

Shiro, entusiasmado, había mandado a Yue a apagar la lámpara que se alzaba sobre ellos, y éste no tardó en ponerse a ello. Una vez la luz desapareció, la pequeña churuata bajo la que estaban sólo quedó iluminada por las luces de colores que emanaban del bar y de la piscina.

La verdad era que Sakura no tenía ni la menor idea de cómo bailar reguetón. Sí, había visto cómo lo bailaban (le parecía que todo el mundo lo hacía de una manera diferente), sabía que era un paso bastante básico y sencillo, pero también tenía presente que debía de acercarse considerablemente a su pareja. Aquella era una de las primordiales razones por las que no se prestaba para el género.

Nunca olvidaría aquella fiesta a la que fue con sus amigas y terminó siendo arrastrada a la pista por un chico que apenas acababa de conocer, el cual se le iba acercando cada segundo un poquito más hasta hostigarla con su cercanía, su olor poco agradable y su brusquedad. A día de hoy aún sentía el infortunio que hubiera continuando sufriendo si Tomoyo no hubiera acudido en su rescate, interrumpiendo para pedirle que la "acompañara al baño".

Sin embargo, cuando estuvo lo suficientemente cerca de Shaoran descartó totalmente olores desagradables, ya que el chico olía tan bien como siempre; descartó también brusquedad, pues la dejaba moverse a su ritmo y, en cuanto a cercanía, pues digamos que no le molestaba tanto. Después de todo (y una vez más), se trataba de Shaoran.

Cuando pudo desprender su atención de los ojos ambarinos notó que ya no eran los únicos en la pista. Sumire había arrastrado a bailar a Yue y, por otro lado, Shiro cortejaba (o algo así) con Nori en una especie de baile sugestivo.

—Y habías dicho que no sabías bailar. Qué mentiroso. —Le murmuró casi al oído, aludiendo a una de sus telefónicas conversaciones nocturnas.

—Soy humilde, es distinto. —Respondió con una sonrisa ladeada adornando su cara.

—Eres la persona menos humilde que conozco.

—Me ofendes, Sakura. —Dijo Shaoran, haciendo una mueca de falso dolor.

Sakura sentía que había empezado con Shaoran muy bien. De hecho se impresionó de dominar el ritmo apenas comenzó a moverse junto a él. Sin embargo, ahora la historia era otra. Aceptar la oferta de baile del chico podía salir tan bien como mal, y ahora que estaba medio perdida con los pasos y el compás, se estaba arrepintiendo. Pese a que deseara que él no lo notara, cuando casi, casi lo pisó supo que sería imposible pasar eso por alto.

—Por cosas como esta no bailo sobria. —Admitió suspirando y deteniendo sus movimientos.

—A mí me parece que vas bien. —Le animó el castaño. Sakura sólo pudo pensar que intentaba ser amable. —Pero ya que piensas que estás pasando vergüenza, intenta hacer el paso más lento. La canción es lenta.

La chica rodó los ojos, sonrojada. La invitación se había convertido en una clase de cómo bailar, y sabía que lo tenía bien merecido al intentar hacerse la coqueta con Shaoran, cuando ciertamente no sabía nada. Aparte de hacer porras y bailar hip-hop, claro.

Aunque sintió su orgullo ser atacado, se dejó ayudar. Si no era con él, no aprendería nunca.

Esperaron unos segundos a que siguiera la otra canción, y cuando llegó a sus oídos el ritmillo contagioso se movieron al unísono. Sakura bastante pendiente de los pies de Shaoran, y Shaoran casi disfrutando la cercanía de Sakura. ¿Quién dijo que ser hombre y saber bailar no sumaba puntos? Para él y sus amigos, era un arte fundamentado en la posibilidad de poder acercársele a la chica que quisieran. Y este caso no era la excepción.

Minutos después, Shaoran no pudo contener la risa cuando Sakura, de nuevo, casi lo pisa. En el momento en el que ella suspiró rendida e hizo ademán de alejarse la tomó de la cintura suavemente, acercándola a él. El gesto le sacudió los huesos.

—No pensarás dejarme bailando solo.

—Ya lo haces. Relativamente. —Protestó, levemente sonrojada.

—Espero que luego de esos tres vasos de los que hablaba Sumire seas tú la que me enseñe a bailar a mí.

Sakura sólo consiguió reír y negar con la cabeza, pues el de pronto bullicioso ambiente hizo que dejara de prestarle atención a las ocurrencias de su compañero. Entornó la mirada alrededor en busca de la victima de los silbidos de sus amigos, y cuando divisó a Tomoyo y a Eriol acercándose, tomados de la mano, la amatista con el cabello desordenado y Eriol aún sin camiseta, sonrió y no dudó en unirse al ruido.

Los chicos comenzaron a darle palmadas en la espalda a Eriol con una sonrisa de picardía.

—Cabe aclarar, que no pasó nada de lo que están pensando. —Afirmó Tomoyo con voz alta y clara, lo cual hizo reír al inglés y al resto.

— ¿Todo bien? —Le murmuró Shaoran a Eriol cuando pudo arrastrarlo a un lado.

—No podría estar mejor. —Respondió sonriente. — ¿Y tú? —Siseó de vuelta, alargando el secreteo.

—Pues bien. Sólo me acaba de rechazar para bailar. —Dijo en un tono de relajado, restándole importancia adrede.

Eriol ensanchó la sonrisa, resistiendo la carcajada.

—Vaya, qué mal.

—Sí. Si fuera cierto.

Eriol rió.

— ¿Ya bailaron? ¡Me lo perdí!

—Debo enseñarle. No sabe bailar reguetón.

— ¿Reguetón? —Recalcó su amigo alzando las cejas. — ¡Picarón!

—Sólo busco que aprenda. Mis intenciones son totalmente puras. —Afirmó alzando las manos en señal de inocencia, la cual Eriol no creyó ni por un segundo.

Por otro lado, mientras renovaban sus bebidas, Sakura y Sumire esperaron pacientemente a que Tomoyo les contara qué había pasado en el recóndito baño de la piscina, pero ésta no mencionó el tema ni una vez. Con ello supieron que, de momento, era mejor no abrir la boca al respecto. Aun así, Sakura no pudo evitar preocuparse cuando notó los ojos rojos de su amiga.

—Adivina quién me sacó a bailar. —Cuchicheó la castaña con una sonrisita, intentando distraer a Tomoyo.

— ¿¡Li!? —Exclamó ella más fuerte de lo que Sakura hubiera querido, mirándola con los ojos abiertos de par en par.

—Y reguetón. —Recalcó Sumire con retintín, jugando con la pajilla de su vaso.

— ¿¡Y me lo perdí!? —Protestó la chica de cabellos azabaches. — ¡Y yo que pensé que nunca bailarías eso de nuevo!, desde la noche que…

—Sí, sí. —Interrumpió su amiga, sabiendo lo que seguía. —De todas maneras fue un desastre. —Finalizó con un suspiro.

— ¿Shaoran o tú?

— ¿Quién crees? —Inquirió con ironía. Tomoyo miró a Sumire, y por la cara que puso pudo confirmar que definitivamente, Sakura.

—Dijo que luego de la tercera cuba libre espera que sea yo quien le enseñe. —Reveló sin poder ocultar una sonrisa. —Está loco.

Casi pudo escuchar a Sumire susurrar "por ti". Lo ignoró.

— ¡Qué divinos! ¿Y qué estás esperando?

—Ya va por la segunda. Vamos con calma. —Rió Sumire y sus amigas la imitaron.

—Cuando Shaoran se acercó a mí bailando mi primer pensamiento fue "está borracho". Demonios, me tomó desprevenida. Es decir, llegaba a mi cabeza la imagen del chico callado y tranquilo que ocupa el asiento detrás de mí en clases. No sé por qué. —Confesó Sakura tras unos segundos de silencio.

—Me imagino. —Sonrió Tomoyo. —Cuando no hablábamos mucho con Li, Yue había comentado que debíamos conocerlo en una fiesta y sabríamos quién era Shaoran Li. Me hiciste recordarlo con lo que dijiste.

—Yo sigo creyendo fielmente que es que está perdidamente enamorado de ti, pero… —Risas. —Debemos aceptar que Shaoran resultó ser otra persona. Por lo menos yo, lo imaginaba como un nerd callado y tímido. Un nerd de los lindos, claro.

Tras el argumento de Sumire, Sakura soltó una carcajada y asintió, totalmente de acuerdo.

. . .

Pasada una hora Sakura ya tenía el retumbe del trap incrustado en el cerebro. En su necesidad por alejarse de las bocinas acudió a la cocina en busca de agua. Pensó en pedirle permiso a Nori para asaltar su nevera, pero recordó el la cava de la sala que habían traído de la casa de Tomoyo llena de agua y refrescos antes de que tuviera que acercársele.

Abrió una lata de coca-cola y permaneció un rato apoyada en la encimera de la cocina, pensando. Sería mejor que aprendiera a bailar rápido si no quería que Shaoran lo hiciera con su peculiar compañera de clases, pues ya los había visto bailar una vez hacía un rato y la imagen no le había hecho gracia alguna.

Luego de retocar su labial estuvo dispuesta a volver al patio, pero pudo ver a Shaoran cruzar el pasillo en dirección al baño. Antes de perderse tras la puerta correspondiente él le dedicó una mirada.

Sakura dio un largo sorbo a su bebida y tomó asiento en una de las sillas altas que bordeaban aquella encimera. Y esperó, porque sabía que Shaoran se acercaría; porque quería que Shaoran se acercara. Ante tal anhelo, comenzó a considerar la posibilidad de que ya llevara encima más de tres cocteles.

Mientras estaba ahí miró su celular, llegando a percatarse de las tantas llamadas perdidas que tenía. Enarcó una ceja. Era un número desconocido. No pudo hacer mucho al respecto, salvo enviar un mensaje al remitente preguntando quién era, ya que escuchó la puerta del baño abrirse.

Miró en aquella dirección hasta que su mirada chocó con la ambarina de Shaoran. Tuvo que esforzarse bastante en reprimir una sonrisa cuando él empezó a caminar en su dirección, sonriéndole.

—Listo para tus clases de baile, maestra. —Manifestó cuando la alcanzó.

—Ni siquiera son las doce. —Dijo Sakura al revisar la hora del reloj de su acompañante. —Lo bueno se hace esperar. —Consignó a modo de broma.

—Esa hora está mala.

— ¿Enserio?

Shaoran rió un poco para luego negar con la cabeza, haciendo que la chica rodara los ojos, divertida.

—Siempre tan insoportable. —Apuntó mofándose.

—Sé muy bien que así te gusto. —Declaró Shaoran, encogiéndose de hombros y apoyándose en la encimera frente a Sakura. El comentario, muy lejos de molestarle, le sacó una sonrisa y esperó, deseó e imploró que el rojo de su sangre no inundara sus mejillas, porque quedaría como la tonta enamoradiza que no era.

Sin embargo y para su desgracia, Shaoran consiguió percibirlo, pareciéndole un gesto muy tierno. El hecho de que ella no se hubiera esforzado en negarlo, le produjo un sentimiento que debía analizar después: una especie de curiosa ansiedad por saber qué tan cierto era su comentario. Tras reproducir en su cabeza fugazmente los momentos que habían pasado y, especialmente aquél que tuvo lugar más temprano en el pasillo de la escuela, se planteó la posibilidad de que fuera verdad. Que le gustara a Sakura, quería decir.

De pronto se puso nervioso, pero se alivió enormemente cuando llegaron unos gritos de afuera de diversión y el chasqueo del agua de la piscina lo distrajeron.

— ¿Vamos? —Le preguntó a Sakura, quien desvió la mirada al toparse con la de él.

—Claro. —Respondió ella mientras bajaba del taburete y lo seguía por el pasillo. —Oh, voy un segundo al baño. —Expuso ante la necesidad de su vejiga. —Ahora voy.

Shaoran asintió y decidió esperar por ella, retomando el camino que habían recorrido y recostándose contra la encimera de la cocina, decidido a ponerse cómodo. Según tenía entendido, las chicas solían tomarse su tiempo cuando decían que iban al baño.

Revisaba distraídamente su celular y dio un respingo cuando lo sobresaltó el de Sakura, el cual reposaba en la superficie. El aparato comenzó a vibrar repetidas veces, y pudo observar el número desconocido que se expandía en la pantalla. Por un segundo tuvo intención de contestar, pero se retuvo, dispuesto a avisarle luego a Sakura sobre la llamada.

No obstante, cuando la llamada finalizó y pensó que el celular iba a quedarse en silencio, le echó una ojeada al escucharlo de nuevo, pudiendo leer un mensaje tan curioso como ningún otro en el momento en que el mismo aparecía en la parte superior de la pantalla.

"Contéstame, amor. Por favor."

Entonces frunció el ceño, terriblemente confundido ante el sujeto desconocido que llamaba con tanta confianza a Sakura. Sin poder contenerse confirmó que se trataba del mismo número del cual tenía tantas llamadas perdidas.

No entendía nada.


Ohgod, y seguro ustedes tampoco entienden nada.

¡Al fin lo termineeeeeeee! Ya era hora. Había pasado días con la mitad del capítulo suspendido en mis carpetas hasta que dije que debía ser hoy que lo publicara. Discúlpenme la tardanza queridas lectoras *corazón*.

Ok, primeramente tengo que decir que disfruté bastante, bastante tirando a Tomoyo a la piscina. Lo siento, Tommy, pero seguro debió verse muy gracioso jajajaja. Por otro lado, me parece interesante cómo funciona la mente de Eriol, y su negativa de compromiso. Me dio algo de lástima Tomoyo, pero me pareció bien aclarar sus sentimientos para seguir adelante.

Ahora, no sé si les pasa, pero a mí me gusta tanto que Shaoran sea alguien tan real. Déjenme decirles desde ya que mi intención con este fic, desde el principio, ha sido hacerlo lo más realista que pueda (y que me dejen los personajes de SCC), y aprecio que sea bien recibido por ustedes :), quisiera comenzar a responder sus reviews aquí en mis N/A. Tal vez comience a hacerlo a partir del próximo *-*

Como bien saben, mis capítulos suelen ser cortos así que todavía falta la parte II de esta fiesta, donde puedo confirmar que se viene más acción. Y, por supuesto, la aclaratoria sobre el mensaje tan wtf que Shaoran leyó en el teléfono de Sakura. A que no se lo esperaban, eh. Pueden estar tranquilas, que no las haré sufrir con un segundón que desaparecerá en dos o tres capítulos como máximo y sólo será útil para molestar a nuestro protagonistas, nada de eso.

Una vez más, muchas gracias por la recepción y siempre leeré muy feliz sus comentarios. Gracias por tomarse la molestia, especialmente a aquellas que siempre están aquí capítulo tras capítulo :D