08
Habían pasado varias horas desde la fiesta en casa de su compañera Nori. A pesar de que primeramente iba a llegar a casa de la mano de Joseph, el chófer de Tomoyo, Eriol se terminó ofreciendo a llevarla a ella, a Sumire y a Tomoyo a sus respectivas casas luego de acotar que ese día su padre le había dejado el auto. Para la hora en la que se fueron, aproximadamente las cuatro de la mañana, quedaban sólo ecos de la adrenalina que habían experimentado debido al alcohol y en su lugar había un cansancio terrible. Shaoran accedió a acompañarlos y Sakura dormitó en su hombro en la parte trasera del auto de Eriol todo el trayecto. En ese momento Shaoran olía a una mezcla de tequila y de chocolate apenas perceptible.
La despedida entre ambos había sido breve, apenas una sonrisa y un intercambio de miradas bastaron para Sakura encaminarse al umbral de su casa. Cerró la puerta tras ella y, sin entretenerse en nada más, sigilosamente subió a su cuarto, divisó su cama y se tiró en ella tras haberse retirado únicamente los zapatos. Pasaron algunos segundos antes de que cayera en un profundo sueño del cual no despertó hasta las dos de la tarde del día siguiente.
Lo primero que hizo fue buscar su teléfono, el cual no consiguió por ningún lado. Sentía la boca reseca por la sed y los labios cuarteados, sin embargo, no le dolía la cabeza. Luego de escarbar en el bolso que había llevado a la fiesta encontró el aparato, apagado. Rebuscó su cargador mientras lo encendía para descubrir que el teléfono lejos de estar al borde de la muerte, tenía la mitad de la batería todavía. Frunció el ceño, confundida. No obstante, su confusión pasó de una mueca de desconcierto a una de total sorpresa.
Había muchísimas llamadas y mensajes en su panel de notificaciones. Su boca, entreabierta por la impresión, se agrandó significativamente al leer algunos de los más antiguos. El número desconocido de la noche anterior ya no lo era más.
Sakura bloqueó el teléfono rápidamente y suspiró con frustración, porque no lo entendía. Kei hacía acto de presencia en su vida, nuevamente. Apenas estaba digiriendo lo que había sucedido la noche anterior con Shaoran, y él volvía a aparecer. Con un evidente descontento, estrujó sus ojos y revolvió su cabello intentando que su cerebro se oxigenara y le otorgara la mejor solución a la situación con la que tendría que lidiar.
Segundos después, revisó con mayor detalle sus mensajes. También había mensajes en el grupo que compartía con Tomoyo y Sumire, y uno de Shaoran, todos preguntando por su estado.
Decidió que antes de tomar cualquier decisión debía aterrizar a tierra. En el baño lavó su cara y luego de devorar su almuerzo y de contar a su madre brevemente la fiesta acontecida, omitiendo el exagerado alcohol y, por supuesto, los besos húmedos en piscinas, regresó a su habitación.
Limpió todas sus notificaciones y sin poder evitarlo abrió en primer lugar las de Kei. Eran más de diez mensajes y treinta llamadas, los cuales Sakura leyó atentamente.
El último mensaje decía: "¿Quieres que desaparezca de tu vida? Si es así, prefiero desaparecer del mundo primero."
Sakura suspiró. Esas palabras volvían a ella luego de cuatro meses de haber enterrado el recuerdo amargo de su ex novio exitosamente. Ante ellas, no sabía ni qué responder. ¿Debía bloquear su número de nuevo, a la expectativa de que él volviera, quién sabe cómo?
"¿Enserio intentas volver a manipularme?" Le texteó.
Obtuvo una respuesta en menos de cinco minutos, esta vez, se trataba de una nota de voz. Sakura la reprodujo sin temor. La voz de Kei, a pesar del largo tiempo que había pasado sin escucharla, le pareció todavía demasiado familiar. Esa vez, el alegre tono que usaba en las llamadas que hacían diariamente de más de diez horas en su época de noviazgo parecía nunca haber existido. El chico sonaba destruido. En treinta breves segundos le hizo saber más con llanto que con palabras que la necesitaba a su lado.
Sakura sintió como se formaba una opresión en su garganta. La nota finalizó y su celular comenzó a vibrar repetidas veces ante la llamada entrante del chico. Carraspeó e hizo lo posible por calmar sus nervios crispados. Debía hacer algo al respecto rápidamente.
Contestó. Lo primero que escuchó fueron sollozos y luego su nombre en una imploración.
—Kei. —Respondió ella a su vez, intentando que su tono neutral durara toda la conversación. Decidió hablar primero, en vista de que sabía que su interlocutor diría lo mismo que ya le había repetido incontables veces en la decena de mensajes y en la nota de voz. — ¿Cómo conseguiste mi número?
—En el portal…—Él sorbió. —En el portal de la escuela. En la sección del equipo de porristas.
—Qué demonios, Kei, mi número no aparece allí. —Intervino con brusquedad.
—Llamé a tu profesor… Dije que era tu primo y que no podía ubicar tu número desde que me mudé de ciudad. —Informó atropelladamente. Sakura contuvo la respiración y exhaló el aire que retenía lentamente. Debía mantenerse serena, fuerte. Debía mantener la calma a pesar de que todo su cuerpo le dijera que cortara la llamada y volviera a bloquear su contacto. Ella necesitaba acabar con todo, de la mejor manera posible, una vez más.
— ¿Qué es lo que quieres? —Exigió, aunque supiera la respuesta. Sólo intentaba sacar tiempo para pensar las palabras correctas.
—Sakura, no puedo seguir sin ti… Es muy difícil. —Le escuchó gimotear desde la otra línea. Desde su habitación en Corea, Matsuki Kei tenía el corazón desembocado y se esforzaba mucho por hablar coherencias ahora que tenía la oportunidad de por fin de escuchar la voz de Sakura nuevamente. Mucho mejor, la oportunidad de hablar con ella.
Se hallaba en ese momento en pijamas, sentado en su cama de tamaño grande y de espalda a su computadora, que permanecía permanentemente encendida. Sus ojos azules se encontraban hinchados tras las numerosas sesiones de llanto que no había podido controlar y no enfocaban nada en la total penumbra de su habitación. Su pierna se movía rítmicamente en ataques ansiosos y constantes, mientras pensaba a toda velocidad la forma de expresar la enorme tristeza que sentía dentro de él.
Personalmente no podía explicarse por qué todo se había ido en picada tras haber cumplido los siete meses juntos. Él sabía que los medios que utilizaban no eran lo más ortodoxos, que sus llamadas nocturnas a veces no eran suficientes y que pasar tiempo juntos en un juego de fantasía tampoco era lo más romántico cuando eran sólo sus avatares los que se comunicaban realmente. Sin embargo, para él no era un problema. Sakura había sido la primera chica que de verdad lo conocía, no le importaba que hubiera sido a través de una pantalla, porque estaba seguro de que por el medio que hubiera sido, él hubiera terminado de la misma forma.
Ella ya se lo había dicho varias veces antes de que todo acabara, lo sabía, pero para él todo fue perfecto hasta que las vacaciones de invierno terminaron y Sakura comenzó el nuevo ciclo escolar. La culpa para él era de sus nuevas ocupaciones y, seguramente, de algún chico que, fuera de su alcance, había logrado confundir a su novia.
—Ya hemos pasado por esto, Kei. Lo que haces no es sano. Esto es acoso. —Sentenció sin rastro de piedad. —Entiendo que te sientas así, pero tú debes entenderme a mí, por favor.
Su corazón era el que le hacía derramar fugaces lágrimas en ese momento, estaba segura de ello. Su cerebro por otro lado le reproducía señales rojas de advertencia que, después de tanto, ella sabía que debía atender. Tomoyo fue la primera en decírselo cuando su relación con Kei llevaba apenas tres meses, que fuera cuidadosa. Esa fue la primer advertencia que recibió en las vacaciones de invierno del año pasado, a la cual le siguieron incontables más hasta el cansancio. Sakura había aprendido de primera mano que la mejor experiencia de algo se aprende viviéndola, era por eso que antes de terminar con él las advertencias de quien fuera pasaban de ella como el aire.
—No, no lo entiendes, Sakura. Lo intenté de verdad, ¿qué crees que estuve haciendo estos cuatro meses? ¡Intentando olvidarme de ti! No pude ni una sola noche, sin embargo decidí intentarlo, incluso aunque sabía que no podría. ¿El peluche que intercambiamos por correspondencia en nuestro quinto mes? Todavía está sobre el escritorio de mi computadora, como siempre lo habías visto. Nada ha cambiado en mi vida, ni el dibujo que me mandaste, ni las cartas, excepto que ya no te tengo, y… Ya no lo soporto, no puedo más con esto. —Declaró el chico con un hilo de voz. — ¿Lo nuestro no significó nada para ti? —Musitó él finalmente, quien, ante el silencio de Sakura, se veía cada vez más abatido.
Frente a esa última acusación, Sakura se levantó de la cama de un respingo y con el teléfono fuertemente apretado contra su oído dejó de controlar el llanto que le perforaba la garganta y soltó una irónica risa.
—En verdad, Kei, ¿escuchas lo que dices? Tú no sabes… ¡Tú no sabes nada! —Exclamó con un enfado que sentía de pies a cabeza. — ¡Ya te lo he dicho, lo nuestro dejó de ser todo para mí cuando me di cuenta de lo que hacías conmigo!, ¿crees que eran muy normales los arrebatos que tenías cada vez que salía a otro lugar que no fuera la escuela?, dios mío, ¿de verdad crees que creería tus mentiras para toda la vida y aceptaría todo lo que inventabas con una sonrisa en la cara nada más porque te quería? —Proclamó en voz alta. Los brazos de Sakura temblaban ligeramente de rabia e impotencia contenida mientras la situación se le antojaba irreal. Aun así, el repentino silencio de Kei la impulsó a seguir a toda prisa. —Ya no pienso en todo lo que pasamos juntos y todo lo que nos contamos, ya no pienso en nuestros recuerdos de la misma manera, tú para mí ya no eres el mismo. Ahora pienso en todo lo que dejé pasar por ti, en las salidas que dejé de ir, en los amigos a los que descuidé por concentrarme sólo en ti, ¡incluso pienso en la batería nueva que tuve que comprar para mi celular luego de haber dañado la mía por permanecer en llamadas de más de veinticuatro horas contigo! Y, de verdad, ¿te atreves a decirme que para mí no significó nada? Lo lindo que teníamos lo destruiste tú, Kei, no yo, ¡así que no te atrevas a hacerme ver como la culpable de todo esto!
Sakura cortó la llamada precipitadamente. Aun con las manos temblándole violentamente, se apresuró a bloquear el contacto de Kei por segunda vez en su vida después de textearle, con mucho esfuerzo, que no volviera a contactarla nunca más. Sus sollozos eran lo único que llenaba su habitación y en vista de que no conseguía retenerlos con éxito se tiró a la cama y ahogó los mismos contra la almohada. Sentía la respiración entrecortada y que el aire le faltaba en los pulmones.
¿Qué demonios estaba haciendo? Estaba armando un escándalo por una relación ficticia que tuvo hace casi cinco meses con un chico al cual nunca miró a los ojos realmente, con quien nunca salió a comer y mucho menos tomó de la mano o compartieron un beso, una caricia. Esas palabras serían las que le hubiera dicho Sumire mientras la reprendía por haber tomado la llamada de Kei y haberse dejado llevar por él hasta acabar con los ojos hinchados e hipo. Sin embargo y pese a tener la razón, esos realistas pensamientos no la hacían sentir mejor.
Sólo ella lo sabía. Sólo ella conocía los sinceros sentimientos que la impulsaron una y otra vez a hacer todo lo que hizo por su relación, a pesar de que no fuera la ideal e independientemente de que ahora se arrepintiera. Ella no pudo haber visto venir cómo terminaría todo, así que ahuyentó la culpa que estaba comenzando a consumirla por todas las estupideces que había hecho hasta ahora por él. Todo con Kei había comenzado naturalmente, tan casual como si hubiera sido un encuentro del destino y tan común como encontrar un nuevo amigo en su juego virtual de siempre. Eso era todo, y ya había acabado.
Por otro lado, para Kei el sinuoso camino de superación apenas empezaba. Cuando intentó llamar nuevamente a Sakura, la operadora le decía con su monótona y robótica voz que ese número se encontraba fuera de servicio. Una y otra vez, el mensaje fue el mismo. Mordió su labio inferior tan fuerte que seguramente se habría hecho un moratón, pero él no sentía nada. El dolor físico parecía insignificante ante los fuertes sentimientos que lo consumían por dentro. A la quinta vez que las palabras de la operadora se repitieron la impotencia le dio ganas de estrellar el aparato contra el piso, sin embargo, en su lugar intentó tomar profundas bocanadas de aire en inútiles esfuerzos por serenarse.
La había perdido por segunda vez y algo en su interior le indicaba que lo tenía merecido. Aun así, se negaba a entenderlo. Se sentía como un idiota por haberla buscado de nuevo, cuando por sus palabras era obvio que ella ya lo había superado. También se sentía un idiota por haber creído por un momento que podía formar parte de la vida de esa chica y por todas las ilusiones románticas que se hizo para cuando por fin pudiera estar frente a ella.
Kei tomó una bocanada de aire antes de levantarse precipitadamente de la cama y, a toda prisa, acercarse al primer cajón de su escritorio. De allí sacó todos los regalos de ella que había ocultado allí para que dejaran de ser un permanente recordatorio de su pérdida, y uno a uno los destruyó como pudo. Las dos cartas que Sakura le había enviado en papel rosado y perfumado, las rompió en pedazos, igual que las fotos que habían de ella; el dibujo de Skar, su avatar principal del juego, sufrió el mismo destino y el peluche de Tigre que hacía alusión a su animal favorito lo tiró a la papelera. Como un torbellino, no lo pensó dos veces antes de hacer trizas también el boleto de avión con destino a Japón que reposaba sobre su escritorio. Ni siquiera le había dado tiempo de contárselo a Sakura, pero en el momento su desilusión le hizo olvidarse de ello por completo. El dinero que gastó en él tampoco le importó, ya nada de eso tenía sentido. Por último, borró todo lo relacionado con ella que todavía permanecía en su teléfono, en pequeños rincones disimulados donde había decidido esconderlos hasta saber si realmente no volvería a saber de ella. Todas esas fotos y vídeos de Sakura, la decena de capturas de pantalla de algunas video llamadas que habían compartido, la cara de felicidad de ella cuando había recibido el paquete que, en su intercambio, él le había enviado; su delicado cuello enmarcado con el dije de una "K" en cursiva que él le había regalado.
Era increíble lo rápido que su teléfono acabó con todos esos documentos. Kei deseó que su corazón pudiera hacer lo mismo con todos los recuerdos que acechaban sus pensamientos. En el piso de su habitación, con lágrimas que parecían no tener final brotando de sus ojos, ni siquiera estaba seguro de poder recuperarse.
Simultáneamente, en Tomoeda, al cuerpo de Sakura no le importó haber descansado más de nueve horas, pues se quedó dormida de igual forma luego de que una hora después su hipo se calmara y las lágrimas ya no salieran más. Despertó dos horas después, esta vez con un intenso dolor en la sien y un sentimiento de pesadez en su corazón. Revisó su celular nuevamente y los únicos mensajes allí seguían siendo los mismos. Suspiró al leer el nombre de Shaoran en la pantalla y volvió a abandonar el aparato en un extremo de su cama, sin ganas de nada realmente.
Entre las cavilaciones frecuentes de su mente llegó la noche y en el transcurso de ese tiempo lo máximo que había hecho era escuchar música, la cual aún se encontraba reproduciéndose cuando su mamá tocó la puerta de su cuarto, sorprendiéndola. Había olvidado por completo que estaba actuando de manera extraña y que preocuparía a su madre en algún punto del día.
—Sakura, ¿te sientes bien? —Preguntó Nadeshiko suavemente luego de entreabrir su puerta.
Sakura se quitó las sábanas de encima y esbozó una sonrisa.
—Estoy bien, mamá. —Aseguró.
—Mira la hora que es y ni siquiera has salido una sola vez de tu cuarto, ni una luz has prendido en todo el día. —Aseveró su madre mientras ingresaba por completo al cuarto y encendía el interruptor de la luz.
La repentina luminosidad quemó los ojos de Sakura por unos segundos, quien se cubrió rápido y defensivamente hasta poco a poco acostumbrarse. A Nadeshiko sólo le bastó un cruce de miradas con su hija para saber que había pasado todo ese tiempo probablemente llorando sola en ese solitario cuarto, tal como sospechaba, de manera que fue necesario poner en ejecución su plan.
— ¿Preferirías pizzas o hamburguesas? —Preguntó de repente, mostrando el teléfono que había oculto detrás de ella y recostando su peso en la mesa de escritorio que estaba frente a la cama de Sakura.
Nadeshiko lucía su largo y ondulado cabello gris recogido en un moño ligero. Miraba a su hija con ojos dulces que, en tregua, le decían que haría todo lo posible por animarla. La sorpresa de Sakura mermó en una pequeña sonrisa.
—Las hamburguesas están bien…
. . .
Esa noche Sakura pudo deleitarse con una hamburguesa que se le antojó la mejor del año junto con su madre, su hermano y una película romántica clásica que lejos de hacerle oscurecer su humor le había enternecido el corazón y derramar algún par de lágrimas, igual que a Nadeshiko. Después de todo, se trataba del género favorito de ambas.
Por supuesto, ante la invitación que le había hecho su madre Touya había decidido que su tiempo era muy preciado como para mal gastarlo viendo una película de amor genérico ambientada en los años ochenta, sin embargo, luego de que la dulce mirada de su madre se viera oscurecida en una amenazante mueca que no daba por aceptable un "no", fue arrastrado escaleras abajo bajo las palabras: "tu hermana se siente mal así que será mejor que cooperes en la noche perfecta para ella".
Gracias a esas palabras, Touya pudo entretenerse en evaluar a Sakura y cada uno de los gestos que hacía. Pudo concluir que las risas que se escapan de la boca de su hermana en una que otra escena de la película eran reales y pensó que, al menos, el plan de Nadeshiko para animarla de lo que sea que le estuviera perjudicando había funcionado. Como hermano mayor, en ocasiones sobre protector, debía admitir que no era el principal consejero de Sakura, pero se conformaba con contribuir, como pudiera, con su felicidad y sabía que si su padre no se encontrara en el viaje de campo arqueológico también estuviera presente con su comprensiva sonrisa.
Seguidamente la película terminara y Touya huyera a su habitación, Sakura y Nadeshiko se quedaron arreglando los almohadones de la sala que habían movido y Sakura supo que debía decir algo. A pesar de que su madre no la hubiera confrontado directamente y exigido respuestas de ningún tipo, sentía la obligación de que algo debía informarle.
Sin embargo, ella nunca le había contado a nadie de su familia la relación que tuvo con Kei, debido a las precarias condiciones con las que se dio, lo poco que duró y que sentía que su protectora madre no lo vería con buenos ojos. Era por ello que ese último mes de relación, cuando ya todo se estaba yendo al vacío y era algo normal que Sakura no saliera ni a comer, Nadeshiko lo había percibido como una etapa depresiva de su hija.
En ese determinado momento, teniendo a su madre frente a frente, tampoco sentía las fuerzas necesarias como para confesarle todo lo que había pasado, ni lo sentía necesario. La primera vez que había bloqueado a Kei de su teléfono y, con ello, de su vida, había experimentado una soledad que la acechó muchas noches, junto con el insomnio y breves sueños vacíos. En cambio, esa vez sólo había bastado una hamburguesa y una película junto a su familia para ver todo de manera diferente.
El romántico desenvolvimiento de la película y el tan esperado beso final, más bien había dejado otras ideas en su cabeza y, con ello, el destello de una persona abriéndose paso en su subconsciente. Pensó en Shaoran y en que no le había respondido en todo el día, igual que a sus amigas. También se fijó en cómo se materializaba en ella el deseo de verlo nuevamente, de hablarle y de saber qué había sido de él luego de haber llegado a su casa.
—Sabes, mamá, quería decirte algo. —Murmuró. Su madre terminó de reacomodar el sillón a su sitio original y miró a su hija cálidamente, alentándola a continuar. —Conocí a alguien, ¿sabes? —Comentó deprisa. —Bueno, no lo conocí recientemente… La verdad ya lo conocía desde hace años, pero nunca habíamos hablado realmente. Él estudia conmigo y, bueno, creo que nos llevamos bien. Te lo quería decir.
Un ligero sonrojo inundó sus mejillas cuando un flashback de los ojos ámbar y la boca de Shaoran muy, muy cerca de ella llegó a su mente recordándole que no solamente se "llevaban bien". Ahuyentó el mismo tan rápido como llegó, esperando que su madre no pudiera leer sus pensamientos como a veces parecía ser capaz de hacer. En cambio de ello, Nadeshiko sonrió abiertamente y se acercó a Sakura hasta envolverla en un apretujado abrazo.
— ¡Es ese Shaoran Li, a que sí! —Afirmó, batiendo sus pestañas soñadoramente.
— ¿¡Cómo lo sabes!? —Quiso saber rápidamente Sakura, a quien la cara comenzaba a arderle más que antes.
—Ay, hija, lastimosamente heredaste mi capacidad de disimulo. —Comunicó mientras la miraba compasivamente, como si quisiera expresarle lo mucho que ella también había sufrido por tener un espíritu tan transparente. —Además, luego de que mencionaras mucho su nombre últimamente me tomé la molestia de revisar su Facebook, ¡y es una preciosura de niño! —Sakura abrió la boca de par en par en una mueca de horror. —Ya sabes, como madre hay que estar preparada para cualquier cosa. —Agregó Nadeshiko finalmente, justificándose.
— ¡Estás loca, mamá! —Gimoteó Sakura, escapándose de su abrazo y corriendo a las escaleras mientras negaba con la cabeza, entre divertida y avergonzada.
— ¡Espero que me cuentes los detalles…—No lo creo, pensó Sakura. —…y que me lo presentes pronto!
— ¡Ya lo veremos! —Exclamó ya a pocos pasos de su habitación. Abrió la puerta justo cuando escuchó un "¿presentar a quién?" gruñir desde el cuarto de su hermano. — ¡A ti qué te importa, Touya! —Le respondió devuelta antes de cerrar de un portazo, riendo.
Su espalda chocó contra la puerta que acababa de cerrar. No podía creer que horas atrás había estado llorando hasta el cansancio y ahora reía como si nada hubiera pasado. El lindo gesto de apoyo de su familia le hizo replantearse varias cosas. Tal como le había dicho a Kei, eran muchas las ocasiones en las que pensaba en todo lo que había dejado por él, pero ahora también se daba cuenta que poseía otras cosas más importantes en las que enfocarse. Así, cayó en cuenta de lo frágil que era lo que habían creado sus sentimientos por él y no quería pensar en ello de ahora en adelante, preferiblemente nunca más. Todo ese pensamiento introspectivo, le recordó que no le había respondido a Shaoran aun.
Alcanzó su celular, el cual había dejado cargando cuando bajó a la sala. Abrió la conversación que guardaba con Shaoran y leyó sus dos mensajes en orden.
"No siento mis piernas y tengo un dolor de cabeza del demonio. Estoy justo en ese momento donde todos decimos 'no volveré a beber' sabiendo que es mentira. ¿Tú cómo estás?" 3:02pm.
"Más bien siento como si todo mi cuerpo fue golpeado mil veces por un bate lleno de púas, además, tengo fiebre. Creo que más bien estoy enfermo. Menuda basura. Espero que tú estés bien." 8:32pm.
Sakura se fijó que eran pasadas las diez de la noche y profirió una maldición sin poder evitarlo, ¿cuándo se había hecho tan tarde? Se apresuró a contestar.
"¡Siento no haberte contestado en todo el día! Estuve durmiendo casi todo el tiempo. ¿Cómo sigues, estás mejor? Qué mal que hayas pescado un resfriado." Escribió, agregando un emoji triste al final antes de enviar el mensaje.
Sintió una leve ansiedad mientras esperaba su respuesta. Para distraerse, acudió al baño a cepillarse los dientes y prepararse para dormir.
Varios kilómetros a lo lejos, Shaoran se sobresaltó cuando, a punto de sucumbir al malestar de su cuerpo y dejarse llevar por el sueño, su teléfono vibró a su lado. Al leer el nombre de Sakura en el remitente, el sueño que había estado a punto de llevárselo lejos fue suplantado por la adrenalina que le suministró el rápido bombeo de su corazón. Se apresuró a abrir el mensaje ante la posibilidad de parecer desesperado y leyó sus palabras velozmente para luego suspirar de alivio.
Desde que despertó ese día al mediodía quiso escribirle a Sakura, sin embargo, había esperado prudentemente unas horas a propósito sólo para parecer más casual. Al no recibir respuesta a su primer mensaje y ante el malestar corporal que horas después lo había asaltado durmió con la esperanza de que, al despertar, se encontrara con una respuesta. Por supuesto, eso no pasó, y en vista de que el segundo mensaje sufrió el mismo destino, había sentenciado que ella lo odiaba y no quería saber de él luego de que había sido tan atrevido en la fiesta, lo suficientemente atrevido como para dejar que se notara que lo estaba… ¡y que ella se diera cuenta! Eso había sido lo peor: la imposibilidad de haberlo ocultado a tiempo. Era por eso que se sentía realmente aliviado ante la naturalidad con la que le escribía Sakura.
"No te preocupes. Yo me siento igual que antes, como si me hubieran atropellado o algo así. La pastilla que me tomé no parece hacer nada en absoluto, ¿y tú, estás bien?" Respondió Shaoran.
Al Sakura volver del baño, un mensaje iluminó su pantalla y una sonrisa su rostro. Leyó rápidamente e hizo una mueca de compasión al imaginar al castaño debatirse con una gripe que no parecía aminorar.
"Podrías prepararte un té e intentar descansar. Lo siento por escribirte tan tarde." Escribió.
"En todo caso deberían de preparármelo mis hermanas, esto es culpa de ellas. Escondieron mi traje de baño y no lo encontré por ningún lado, por eso es que terminé con la ropa mojada dos veces en la fiesta y, ahora, enfermo. Y no te preocupes por eso, no tengo sueño."
Sakura cubrió su boca en un esfuerzo por no reír luego de ver los emojis de molestia que acompañaban su mensaje. Posteriormente, apagó la luz y se acomodó dentro de sus sábanas antes de responder.
"Tus hermanas son bastante traviesas, me recuerdan a mí de pequeña, aunque creo que son incluso peores. PD: Aun así creo que deberías descansar."
"Una traviesa Sakura en miniatura es perfectamente imaginable para mí. PD: Enserio, no tengo sueño." Repitió el chico. Ante su insistencia, Sakura suspiró y aceptó el hecho de que él no se iría a dormir. Así mismo, decidió entretenerlo con alguna anécdota, dando inicio a una de esas personales conversaciones que solían tener en las noches, usualmente antes de un día de clases, tal como sucedía esa vez.
"Mi mamá dice que cuando era muy pequeña hacía travesuras todo el tiempo, me la pasaba corriendo de un lado a otro y no dejaba de averiguar y preguntar cosas. Creo que fui aprendiendo la lección cada vez que me caía al desobedecer a mi madre cuando me decía que no saliera a jugar. Parecía una especie de hechizo, ¿sabes? Ella decía que no saliera porque estaba lloviendo y me podía caer y yo salía y me caía."
En su respectiva cama, Shaoran reía frente al celular mientras imaginaba, muy divertido, una revoltosa Sakura de cinco años siendo tan intensa como sus hermanas llegaban a ser.
"Las madres son así, tal vez es un pacto mágico que hacen luego de tener hijos. Yo, en cambio, era como una sombra en la espalda de mi madre, no me despegaba casi nunca de ella y creo que la única vez que la contradije fue cuando me obligó a mudarnos a Tomoeda. Pero, como podrás observar, no sirvió de nada, así es siempre con ella."
"Tienes razón, tal vez algún día heredaré los poderes mágicos de mi madre. Vaya. ¿Cuándo te mudaste a Tomoeda? Recuerdo que la primera vez que te vi fue en secundaria. A propósito, más bien deberías estar agradecido con tu madre, gracias a ella conociste a la espléndida y maravillosa Sakura Kinomoto."
"Oh, le estoy muy agradecido por ello, créeme —Sakura sonrió anchamente—. Me mudé a Tomoeda cuando estaba en tercer grado de primaria, pero estuve estudiando en otra escuela (donde por cierto conocí a Eriol) hasta que me transfirieron a Seijo en secundaria. Cuando le dije a Eriol que me cambiaría de escuela él prácticamente obligó a sus padres a transferirlo conmigo, y digo que los 'obligó' porque juró que reprobaría cada examen si no lo cambiaban también."
"¡Wow, eso no lo sabía! Entonces debes conocerlo desde hace mucho. Yo conozco a Tomoyo desde el preescolar, nuestras madres son mejores amigas. Qué tierno el pequeño Eriol, seguramente no quería quedarse solo."
"Así es, soy todo para él aunque no lo admita. Y no necesariamente lo calificaría de tierno, el pequeño Eriol era ya todo un manipulador desde sus primeras andanzas, aunque también mi yo de doce años le agradecía no tener que empezar la secundaria totalmente solo en una escuela distinta."
Sakura se divirtió imaginándose a un introvertido Shaoran de doce años e, inesperadamente, deseó que se hubieran conocido antes, pues sentía que hubieran sido grandes amigos incluso en ese entonces. Posteriormente respondió.
"Debe ser horrible, aunque pronto todos, o al menos la mayoría, deberemos enfrentar algo similar luego de la graduación."
"Tienes razón, sin embargo pienso que la secundaria-preparatoria es la peor etapa para ser el chico nuevo. Al menos en la universidad contarás contigo mismo. Me refiero, en la secundaria e incluso hasta hace pocos años creo que no tenía realmente una personalidad y ni siquiera me había dado cuenta de ello."
Sakura soltó una carcajada porque sabía exactamente a qué se refería. Esos meses de relación que tuvo con Kei no sentía que hubiera sido realmente ella. Sus sonrisas tenían un exclusivo nombre, sus ánimos giraban en torno a la disposición de él en su vida y no tuvo la voluntad suficiente para dejar de sufrir hasta que se dio cuenta de que se había perdido a sí misma. Y a pesar de ello, actualmente se daba cuenta que su misma persona había sufrido un cambio positivo por ello.
"Te entiendo perfectamente, aunque también me haces cuestionarme muchas cosas. ¿Cómo te diste cuenta de ello?"
"Si te soy sincero, me di cuenta gracias a mis hermanas. Decir que obedecía a mi madre en todo es resumir la poca decisión propia que tenía en muchos aspectos. Cuando mis hermanas cumplieron los cuatro comenzaron a mostrarse bastante rebeldes, ellas no entendían lo que era un 'no' y siempre terminaban haciendo lo que querían. Cuando ya tenían seis eran peores y, por ejemplo, no importaba todas las veces que mi madre obligara a Fanren a lucir pulcros vestidos y cuidar su cabello, ella siempre terminaba rompiéndolos o ensuciándolos porque le gustaba usar shorts. No importaba todas las veces que le hacía comenzar a aprender a tocar el piano a Fuutie, a ella le gustaban las carreras de autos. Luego de observarlas varios años me di cuenta que todo lo que lloraban cada vez que mi madres las regañaba y castigaba, valía la pena cuando, luego de no ceder con nada, ellas lograban hacer lo que querían. Al final, se veían felices."
Sin darse cuenta, Sakura había estado conteniendo la respiración mientras leía el personal mensaje de Shaoran. Al terminar, una sensación de calidez la envolvió y repentinamente se sintió inspirada por sus palabras, era como si le dijera en su propio idioma que persiguiera lo que ella quisiera para su vida. Como siempre le pasaba cuando hablaba con él, una anécdota de sí misma no tardó en llegar a su mente y así, continuando con la conversación, no escatimó en la hora hasta que se hicieron las tres de la mañana. Sorprendida por la cantidad de horas que habían pasado desde que dejó de mirar el reloj, se despidió de Shaoran luego de ambos acordar que ir como zombies a la escuela no podía volverse una costumbre.
Tras despedirse de él, la quietud de su habitación la envolvió como una manta, haciendo que no opusiera resistencia alguna cuando sus párpados se cerraron arrastrándola a un profundo sueño. Ni siquiera se percató en como el haber hablado con Shaoran, haber aprendido cosas nuevas de él, le habían dejado la sensación de que su vida era más ligera, igual que todos sus problemas.
. . .
Llevaba aproximadamente media hora despierta. Eran apenas las cinco de la mañana del viernes y realmente aún era muy temprano para arreglarse para las clases. Tomoyo se encontraba tendida en su cama en su camisón azul de pijama y su antebrazo descansaba sobre su frente. Sus ojos se hallaban cerrados mientras su cerebro maquinaba a toda prisa y una sensación de ansiedad la obligaba a permanecer despierta.
El sol no aparecería hasta dentro de una hora más o menos, así que su habitación se hallaba sumida en una oscuridad absoluta y el único sonido que percibía además de sus propios latidos era el incesante tic-tac del reloj de su mesa de noche. Ojos zafiros y un perfume de marca que no sabía identificar aun acechaban sus sueños, de ello se dio cuenta cuando a las cuatro y media de la mañana despertó de repente luego de que su emocionante sueño con Eriol sufriera una abrupta interrupción tras casi caerse por un costado de la cama.
El dichoso sueño todavía no había desaparecido de sus pensamientos. En el mismo, su despedida con Eriol la noche de la fiesta no fue breve en absoluto. En cambio, el beso que compartieron por última vez desde ese momento se hizo largo, brazos pálidos y gruesos la rodeaban por la cintura y podía detallar desde la mejor y más corta distancia los ojos de él, bañados por una capa de luz amarilla proveniente del bombillo auxiliar de la camioneta. Ella no se despidió desde el asiento del copiloto, como pasó realmente, en vez de eso su audacia la empujó a sentarse a horcajadas sobre él, viéndose recibida con el mismo interés. En su sueño, pronto las manos de Eriol paseaban por distintos lugares de su cuerpo, dejando su piel encendida tras el roce de sus dedos. En el auto reinaba un ambiente contenido en sus respiraciones agitadas, en ella misma sintiéndose en el éxtasis por apenas el roce de sus cuerpos, haciéndole posteriormente preguntarse cómo se sentiría ir por más.
Tomoyo no lo admitiría frente a nadie, pero no podía parar de pensar en ello. Era debido a eso que había aprovechado ese momento íntimo de la madrugada para recuperar todo lo que pudiera de las sensaciones que experimentó fantásticamente en su subconsciente para luego olvidarse del tema tras levantarse de la cama.
Le otorgaría al menos media hora más de libre albedrío a sus pensamientos. Fue a partir de esa decisión cuando comenzó su cerebro a recopilar todo a gran velocidad. Su imaginación se lo tomó demasiado enserio y sobrepasó los límites que su cordura habían trazado por su bien. En tal punto se dio cuenta que resultaba ser una experta, no le costaba para nada imaginar ya todo lo que pudiera pasar entre ellos, lo hacía sin ningún esfuerzo, momentos que nunca habían pasado ni siquiera inundaban su cabeza. Su cuerpo moviéndose animadamente sobre el de Eriol en el auto sin nada que los separara de encajar perfectamente, la sala de música del tercer piso amplificando ligeramente sus gemidos mientras Eriol tocaba su intimidad sin inhibiciones; su cuerpo acomodado sobre el escritorio de la clase, moviéndose ligeramente ante el impacto de las caderas de él. Finalmente fue este último pensamiento el que perduró más en su cabeza y como si hubiera sido elegido por su cuerpo el mismo comenzó a responder ante él.
Empezó a experimentar una necesidad por Eriol que hasta ese momento no había permitido que la dominara. Pero claro, estaba hablando de aquellos tiempos cuando sus coqueteos con él eran sutiles, cuando no excedían de miradas y pequeños comentarios. Ahora que los dos habían traspasado la barrera del contacto físico e incluso (aun a veces increíble para Tomoyo) habían compartido algunos besos, los escenarios que llegaban a su mente eran el triple de intensos que lo que en realidad habían experimentado hasta ahora. Sin embargo, una voz interior en ese momento le susurraba con insistencia que no eran imposibles. Y ella empezaba a pensar que tenía razón.
Su cuerpo elevó su temperatura paulatinamente sus pensamientos volaban cada vez un poco más lejos. Aún mantenía los ojos cerrados, a lo mucho habrían pasado veinte minutos, pero Tomoyo había decidido dejar de perder el tiempo. Con un suspiro de frustración descendió su mano por su cuerpo luego de proferir una maldición entre dientes, la contradicción que nacía en el consciente de su cerebro sucumbió ante sus deseos internos.
Tenía razón. No era imposible conseguir que sus fantasías se hicieran realidad. No era imposible que Eriol la tomara por las piernas como la tomaba en su imaginación, que la mirara con deseo y no dejara de besarle el pecho y la boca mientras sus caderas se movían más rápido en el vaivén de su tarea. El utópico escritorio no dejaba de moverse en el traqueteo y sus gemidos inundaban con más potencia el salón de clases donde llevaba más de un año observándolo cada día. Lo sentía como si fuera real, como si en realidad estuviera pasando y como si en verdad fuera a pasar. Progresivamente, los gemidos ilusorios se materializaron en la realidad de su habitación en tanto sus dedos se humedecieron. No había vuelta atrás. Tomoyo irguió la espalda en la cama mientras en sus pensamientos Eriol se adentraba en ella con más brusquedad, la tomaba por la nuca y acercaba su cara a la suya para mirarla fijamente y morder sus labios fogosamente. La presión y velocidad de sus dedos aumentó y apretó los labios fuertemente para ahogar cualquier sonido cuando tanto su yo ilusorio como su yo real alcanzaban el clímax.
Tomoyo respiraba agitadamente. Todavía su cuerpo reaccionaba a la estimulación final y aún podía sentir la respiración de Eriol, sus manos, podía visualizar su cara, su espalda y su cuello, imaginándose con sumo detalle los vellos de sus brazos, sus pequeñas pecas en la espalda, las pestañas en sus ojos, recordando detalles de su cuerpo que ni siquiera sabía que conocía.
— ¿Qué demonios acabo de…?—Alcanzó a murmurar antes de retirarse de encima las sabanas con brusquedad y levantarse de un salto. Su corazón volvía a latir velozmente y sus mejillas estaban encendidas en rojo puro. Tomoyo negaba con la cabeza y se movía de un lado a otro ante la visualización de lo que acababa de pasar. —Lo que me faltaba. Esto es excelente. —Refunfuñó sarcásticamente entre dientes tomando la toalla que reposaba en su closet y encaminándose al baño dispuesta a darse una larga ducha que se llevara la suciedad de su cuerpo y, de paso, la de sus pensamientos.
Luego de bañarse se percató que eran todavía las seis y media de la mañana. Tomoyo se acercó a las cortinas que cubrían el ventanal que se encontraba en su habitación y las abrió de par en par. Apenas el sol comenzaba a elevarse desde el horizonte en un cielo dorado y violeta lleno de nubes.
Las clases empezaban a las ocho y ella usualmente se despertaba a las siete. Suspiró y regresó a su cama con el cabello húmedo goteándole la espalda. Estuvo un largo rato revisando su teléfono, en donde no tenía mensajes nuevos ni de Sakura (quien no le había respondido en todo el día pero había estado conectada hace unas horas, seguramente hablando con Shaoran) ni de Eriol, con quien había hablado brevemente el día de ayer sobre música. Sí. Ella había hablado inocentemente ayer con Eriol acerca de música durante al menos dos horas y hoy se despertaba deseando que todo lo que sucediera entre ellos fuera de todo menos inocente. ¿Qué tan hipócrita podía ser?
Deseó por un momento que fuera normal confesar ese tipo de sentimientos entre la gente. Sin embargo, no lo era del todo y menos para ella. No podía no pensar en lo que diría Eriol, seguramente pensaría que había enloquecido si de repente le contaba la travesía corporal que experimentó con sus dedos momentos antes mientras pensaba en él. Oh, incluso sonaba terrible. Aun así, intentó ahuyentar esos vergonzosos pensamientos, como si ninguna persona en el mundo hiciera lo mismo que ella. Seguramente Sakura alguna vez desde que es cercana con Li habrá experimentado algo similar, por supuesto que Rika y Terada ya habrán pasado de primera base tal vez incontables veces ya, y Sumire cree que podía engañarla al decir que no sentía nada por Yue. Por favor. Inclusive, ¿Quién le aseguraba que Eriol no habría hecho lo mismo pensando en ella? Era una probabilidad. No sabía qué tan probable, pero sabía que existía la posibilidad de que así fuera.
En fin, dejó de preocuparse rápidamente por ese tipo de cosas, llegando a la conclusión de que no era la primera vez que lo hacía y que sólo esta vez Eriol haya ocupado sus pensamientos al respecto no significaba la gran cosa. Podía controlarlo de ahora en adelante, sólo tenía que liberar su mente al menos una sola vez. Con esa nueva determinación, comenzó a secar su cabello frente al tocador. No fue hasta media hora después que su celular comenzó a sonar, interrumpiéndola cuando estaba a punto de recogerse mechones de cabello detrás de su cabeza con un lazo violeta.
Se trataba de Mei, avisándole que el club de canto estaría ocupado ese día por el de teatro debido a unas audiciones y pidiéndole el favor de preguntarle a Hiragizawa si en la tarde se podrían reunir en su casa a practicar. Los labios de Tomoyo se curvaron en una imperceptible sonrisa ante la excusa perfecta para hablar con Eriol y terminó de acomodar el lazo en su cabeza. Antes de bajar a desayunar, inspeccionó su uniforme en el espejo de cuerpo completo de su closet. Las medias altas y negras que solía utilizar las había cambiado por unas tobilleras, los bordes bajos de la ligera camisa blanca de verano reglamentaria estaban dentro de su falda negra y la corbata de color azul adornaba su cuello, como todos los días. Dio media vuelta y tras pensarlo unos segundos subió un poco su falda, dejando al descubierto sus muslos unos centímetros adicionales concluyendo con una sonrisa que por hoy tal vez su falda estaba demasiado larga.
¡Buenas! Debo confesar que estoy seriamente pensando cambiar el rate del fic en un futuro, ya que no quisiera dejar de repente alguna advertencia al principio de un capítulo, pues sería un spoiler :c así que es probable que pronto el rate cambie a M jajaja.
Nuevamente disfruté escribir este capítulo y traer nuevos detalles del pasado amoroso de Sakura. Quería dejar en claro que Kei no es un antagonista y siempre pienso en que a pesar de que la historia empiece con algunas cosas establecidas los personajes tienen diecisiete años y cuentan con un pasado que merece ser contado, aunque no quiero aburrirlos con historias del pasado (yo no soy muy fan de ellas) hago lo que puedo para hacerlo preciso pero no tan superficial.
Por otro lado, es probable que el próximo capítulo esté enfocado más en Tomoyo y los debates mentales que sufre por causa de Eriol, a quien siento que ve como un "crush", accesible pero totalmente inalcanzable a la vez. Es una relación complicada a la que le faltan detalles que se verán más adelante. Eso sí, al parecer Tomoyo va cada vez más decidida a obtener lo que quiere jajajaja. Ya veremos qué surge de eso.
Una vez más, gracias por el apoyo y sus lindos reviews :D
