Al llegar a su hogar, Sasuke se sorprendió de la velocidad de su esposa. Los muebles estaban completamente relucientes, sin una pizca de polvo en ellos; los rincones ya no tenían telarañas adheridas y el suelo brillaba y deslizaba al pisar. Incluso bastaba con poner un solo pie para sentir la diferencia del ambiente; Sakura había abierto las ventanas y el hedor a encierro se fue con el viento. Su esposa estaba duchándose ahora mismo, la lluvia artificial golpeando en la bañera era suficiente evidencia para suponerlo. El Uchiha dejó las verduras sobre la mesa, sintiéndose ciertamente incompetente y poco funcional, pues había dejado todo en otras manos.
Se quitó la oscura capa y se acercó a su hija. Con las mejillas ligeramente sonrosadas y una calma respiración, la pequeña estaba aún en el mundo de los sueños. Sarada era prudente y tranquila en comparación a otros bebés; o eso decía Sakura continuamente, y él confiaba en eso. Sin poder ocultar la pasividad de su rostro, el azabache rompió la distancia acercándole su dedo índice y brindando suaves caricias en su panza. En efecto, su idea no había sido despertarla desde un inicio, pero fue muy tarde para repensarlo cuando su hija abrió sus negros ojos con pereza.
Al toparse con la figura paternal, Sarada movió sus pequeñas manitas hasta el dedo del Uchiha mayor, y la habitación resonó con su característica risa. Sasuke arrugó sus ojos y suspiró por la nariz, afortunadamente ella no estaba llorando por ser interrumpida de sus sueños. Claro que no lo haría, porque es papá el que lo hizo. Observó sus gestos al sonreír, al jugar, y deseó que aquello dure para siempre. No quería que conozca jamás la oscuridad del dolor, la soledad y la venganza.
Tras unos fugaces minutos, Sakura salió de la ducha. Ambos se voltearon a verla al instante, acaso como si la hubiesen estado esperando.
—Oh, ya has llegado, Sasuke-kun —ella peinaba sus cabellos con sus manos mientras tanto.
El Uchiha se alejó de su hija y recobró su semblante. Sin embargo, no pudo evitar examinar a su bella esposa. Sakura llevaba un ceñido short rosa pálido que se ajustaba perfectamente en puntos precisos de su figura. Por sus largas piernas, nadaban finas gotas de agua sin secar, que, brillando sobre su piel, se extendían con el natural desplazamiento. Sus caderas se fundían en el oportuno comienzo de su estrecha cintura, donde una justa blusa blanca de tirantes le posibilitaba el acceso a su blanca piel, a sus erguidos hombros y marcadas clavículas, a la tersa palidez de su cuello. Sasuke bajó la vista hacia sus senos en lo que fue una fracción de segundo; dos rosados botones resaltaban sobre la blusa, quizás debido a las gotas que continuamente caían de sus cabellos y humedecían la zona de su pecho. Sakura comenzó a guardar las verduras en el refrigerador, agachándose descaradamente, inclinándose en enfermizos vaivenes y curvilíneos movimientos. No era tonta y conocía bien esas llamas sobre sus ojos negros. Y sabía también de sus luchas internas cuando comenzaba a excitarse en un momento inadecuado. Ella disfrutaba cada segundo al coquetear, al seducirlo discretamente.
—¿Qué tal te ha ido con Kakashi-sensei? —lo miró con naturalidad
Sakura podía sentir sus ojos clavados en sus duros pezones. Lo curioso del asunto es que aunque ella no se había puesto esas prendas con una finalidad erótica, no le desagradaba en lo absoluto el resultado obtenido. Sasuke apretó el puente de su nariz y cerró sus ojos, debía evitar verla a toda costa. Él tampoco era tan tonto para pasar por alto las intenciones despertadas en su esposa y su encantadora manera de cautivarlo casi insonoramente.
—Lo siento, luego hablamos. Iré a tomar una ducha —sin quitar la mano de su rostro, el Uchiha salió disparado visiblemente inquieto
Su esposa no pudo evitar soltar una risa burlesca, que él ya no alcanzó a oír. Sasuke-kun era realmente complicado. Cuando terminó de peinar su cabello, se decidió por preparar la cena y, mientras tanto, darle el pecho a Sarada. Hace mucho tiempo que no comían algo hecho en casa.
Sakura aprendió a cocinar rico, a limpiar con la rapidez de una madre, a sobrellevar una acción y atender a su hija al mismo tiempo. A trabajar duramente, ya no sólo por ella, sino por su familia, pero también a no descuidarse mientras tanto. Aprendió a ser esposa, y en el camino muchos lados de ella totalmente desconocidos salieron a la luz. Sakura era atractiva, poderosa y a la vez servicial, apasionada y coqueta. También era inexplicablemente buena, melosa, temperamental, increíblemente mamá. Ella no podía ser más feliz, no podía estar más completa.
Tarareaba una improvisada melodía mientras servía la cena. En ese momento, Sasuke salió de la ducha. Y ella por primera vez sintió el karma de burlarse de él de esa forma. ¿Cómo es que su esposo podía verse tan fascinante con un simple pantalón negro y una camisa de manga larga? Quizás el plus se lo brindaba el cabello goteando indiscriminadamente sobre sus clavículas. O lo bien que se veía su ancha espalda mientras tanto. Sakura mordió su labio para contener su deseo en aumento. La cómplice expresión de su esposo no era conveniente. Claro que eran pareja y ese tipo de actos eran normales, pero, cómo decirlo... Sasuke Uchiha era alguien fuera de lo normal. Y justamente eso la hacía amarlo.
—Ya está lista la cena, Sasuke-kun —su dulce voz resonó en la habitación, contrastando de una curiosa manera con ese ardor de su mirada
—Hmp.
La pareja tomó asiento para comenzar a comer cómodamente, como si la seducción de ambos pasase completamente desapercibida. El Uchiha no solía hablar demasiado al cenar. O bueno, en realidad no solía hacerlo bajo ninguna circunstancia, al contrario de su esposa. Sin embargo, excepcionalmente, esta vez él tomó la iniciativa de romper el silencio.
—He visto a Naruto —sus ojos se clavaron en ella en un aire calmo
Sakura no parecía sorprendida por su comentario.
—Oh, creo que puedo imaginar cómo se habrá puesto al verte —exhibió una burlesca sonrisa, de esas que sólo su mejor amigo le arrancaba
Sasuke gruñió ligeramente.
—Me insistió para venir a la noche.
La pelirrosa sintió cómo sus planes de hacer suyo al Uchiha se pulverizaban en un instante. ¿De verdad tenía que ser hoy? ¡Se había controlado minuciosamente toda la tarde, convenciéndose de que a la noche sería su momento!
—Shannaro... —un resignado murmuro se escapó de sus labios involuntariamente
—De igual forma, no será por mucho tiempo —llevó un poco de comida a su boca
Pequeñas luces de esperanza se prendieron al oírlo. ¿Será que él también tenía las mismas ganas de encontrarse con ella, de amarla entre húmedas sábanas y fundirse en uno solo? Sakura analizó su semblante en una escéptica mirada. No servía de mucho. Su esposo era completamente inexpresivo en ocasiones.
—¿Y qué tal te ha ido con Kakashi-sensei? —cambió de tema
El azabache volvió a gruñir. Sakura pensó que se veía realmente tierno, aunque a la larga le salgan arrugas por ser tan amargado. Y es que, recordar sus innecesarias preguntas sobre su hija y su matrimonio, acto más apropiado para un viejo chismoso que para un Hokage, le resultaba verdaderamente molesto. Prefirió ahorrarse esa parte de la historia, y tan sólo relatarle que le informó de los descubrimientos y las misiones de su viaje.
Terminaron de cenar entre pequeñas charlas. Procuraron no demorarse mucho, pues su amigo rubio vendría en algún momento de la noche. Sakura se levantó de la mesa para recoger los platos, pero fue interrumpida en el acto por la mano de su esposo, depositada suavemente sobre su cintura.
—Déjame a mí, Sakura —se adelantó.
Ella arrugó sus ojos enternecida. Sasuke era expresivo con sus actos y pocos podían comprender esa esencia. Mientras su esposo recogía los platos, ella le daba mimos a Sarada que acababa de despertarse. Como tan sólo tenía unos meses de vida, era normal que duerma casi todo el tiempo. Le estaba haciendo cosquillas en la pancita cuando la gruesa voz de su esposo resonó en la habitación.
—Sakura.
—¿Mh? —se volteó a verlo, él ya había terminado
Se acercó a ella pausadamente. Sakura buscó leer la expresión de sus ojos; al instante, supo que él estaba inquieto. Frenó en seco a unos centímetros de su rostro, sus facciones estaban endurecidas en un gesto amargo.
—Vendrá Naruto —repitió con rigidez
—¿Qué hay con eso? —alzó las cejas
Sasuke cerró sus ojos y suspiró con molestia. Para él realmente no hacía falta explicarlo. Y es que, de hecho, el solo hecho de pensar en ponerlo en palabras lo ponía incómodo. Sin embargo, podía sentir esos ojos jade clavados inquisitivamente en él, sedientos de una respuesta.
—Sasuke-kun —lo llamó
Ella era una molestia; siempre lo hizo ir en contra de sí mismo y de su miserable voluntad. El Uchiha abrió sus ojos y en un fugaz movimiento la aprisionó contra la pared más próxima. Tan sólo para que no vea su rostro al hablar, para que sus ojos no lo humillen, no lo desesperen, no observen tan expuesta por ella a su alma.
La respiración de Sakura se frenó en ese instante y un hormigueo recorrió su piel. Los largos cabellos de Sasuke caían desaliñadamente sobre su rostro en un aire severo. La observaba indefinidamente con su ojo color sangre, como si las palabras hubiesen quedado atrapadas en su garganta, o acaso hubiese olvidado por completo qué decir. Al igual que su mirada, su aliento chocaba descuidadamente con el suyo. Sakura gimió vagamente cuando él dirigió sus labios a su oído, podía sentir su entrecortada respiración rozándole el lóbulo. Ella abrió sus labios y subió su mano hacia su espalda, casi en un reflejo apretó más su camisa sobre sus nudillos. Aquello fue el incentivo para hacerlo hablar.
—No quiero... que te vea vestida de esa forma —Sakura sintió el calor de su voz estremecer ligeramente su cuello
El Uchiha ahogó su rostro en los hombros de su amada, rogando porque ella no haga ningún movimiento; no le dejaría ver el inusual ardor de su nariz y sus mejillas. Apretó aún más su cuerpo al de Sakura, el silencio de su parte no era una buena señal. Comenzaba a arrepentirse de actuar por sus impulsos, cuando la sugestiva mano de la pelirrosa se deslizó por las curvas de su espalda, pausada y susurrante. Sakura se dejó enredar en su nuca, sus uñas estaban sedientas de clavarse en su piel. La presión que la pared ejercía sobre su cuerpo tan sólo pronunciaba aquél mal sabor de su boca, estaba excitada.
—Oh, vamos, Sasuke-kun —su voz salió como un súplico—. Sabes que Naruto no me ve de esa forma, es un hombre casado.
Aquellas palabras tan sólo lo provocaron más. Sasuke podía sentir su pulso acelerado, quizás por la impotencia de no poder explicar con palabras lo que realmente sentía. Arrugó su frente y se hundió aún más en sus hombros, si acaso eso era posible. Sakura desprendía un aroma cautivador que, inevitablemente, lo arrastraba a la mayor de las calmas.
—Mírame, cariño —le pidió
La pelirrosa deslizó su otra mano hacia su rostro, con piadosa lentitud, acaso pidiéndole el acceso. Sasuke gruñó bajo su piel antes de levantar su mirada. La miró lúgubremente con su Sharingan aún activo, ella pudo percibir un escalofrío hormiguear en su pecho. Sin embargo, pese a todo, esbozó una quieta sonrisa y acarició suavemente su rostro, corriendo los rebeldes mechones de cabello que le impedían observar su blanca piel. Su otra mano aprisionaba su nuca coquetamente.
—Deja de preocuparte por cosas tontas —Sakura habló en un susurro—, y mejor bésame.
El Uchiha no tuvo tiempo de sorprenderse, su esposa ya estaba acercando sus labios a los suyos. Él lo deseaba tanto como ella. Sakura enredó sus piernas en las caderas de su esposo, quien en un instante bajó su mano excitante hasta ellas. Y en lo que fue un acto desesperado, ella envolvió sus labios en los suyos. Con explícito deseo, Sasuke buscó su lengua y, al sentirla, su mano apretó aún más aquellos provocativos muslos. Sus cuerpos estaban malditamente juntos, el calor de su cercanía provocaba que la ropa comience a ser un irritante obstáculo. El Uchiha mordió su labio inferior y, dejándose llevar por completo, deslizó sus manos bajo su blusa, buscando aquellos senos que lo enloquecían. Ella jadeó entre sus labios, acariciando la piel de su ancha espalda.
Parecían haberse olvidado por completo de su amigo rubio, hasta que el timbre resonó entre sus gemidos. Sasuke no se separó al oírlo. Él continuaba bajando sus besos hasta su cuello, apretando sus duros pezones entre sus dedos. Sin embargo, ella aún seguía consciente y, bajo todo su esfuerzo, alejó el rostro de su esposo.
—Sasu... Sasuke-kun —intentó recuperar el aliento—. Debe ser Naruto.
Él dejó de jugar con sus rosados botones y la miró a los ojos. Realmente estaba en llamas, pero esos ojos jade suplicantes siempre podían con su orgullo. En un suspiro resignado, desactivó su sharingan y soltó sus enredadas piernas con delicadeza. Se alejó lo suficiente, necesitaba respirar con calma.
Sakura deshizo las arrugas de su blusa y acomodó improvisadamente su cabello. Sus mejillas seguían sonrojadas y su aliento jadeaba. Rogando porque todo aquello pase desapercibido, intentó moverse hacia la puerta; sus piernas flaqueaban y el cuerpo parecía temblarle en todo esfuerzo por desplazarse.
Sin embargo, como si hubiese leído sus pensamientos, su esposo se adelantó en dirección a la puerta. Claro que no dejaría que la vea de esa forma. El timbre volvió a sonar con impaciencia justo en el instante que estaba por abrir, endureciendo aún más su fruncido ceño.
—¡Teme! —el rubio exclamó al verlo
Intentó abrazarlo a modo de saludo, pero el Uchiha rápidamente se había hecho a un lado, provocando que su amigo casi se caiga de cara al suelo. Su expresión era realmente aterradora. Sakura, al escuchar su eufórica voz, casi que se había olvidado de lo excitada que en verdad estaba. Naruto ingresó al hogar confiadamente, llevaba varias bolsas en sus manos.
—¡Hey, Sakura-chan! —su sonrisa se amplió al verla
Naruto dejó las bolsas en la mesa y, con toda la naturalidad del mundo, corrió a abrazar a su pelirrosa amiga. Ella sintió cómo sus brazos eran apretujados contra su cuerpo.
—Naruto... no puedo respirar —alcanzó a decir
—¡Te ha crecido el cabello, Sakura-chan! Te ves bien así.
Un fuerte portazo se oyó desde la entrada principal. Y, como si de un rayo se tratase, el Uchiha se apareció entre ellos dos, en un aire ciertamente molesto.
—Apártate, usuratonkachi.
Naruto le dio un último apretón a su amiga antes de devolverle su espacio. Con despreocupada expresión, rascó con su dedo índice su nariz.
—Qué celoso eres, teme.
—Tsk —se dio la vuelta.
Sakura se recordó mentalmente agradecer a su esposo luego. Tras soltar una nerviosa risa y, una vez que se halló ya más tranquila, observó a su amigo y lo cambiado que estaba. Echaba de menos enojarse por esa efusividad que lo caracterizaba.
—¿Qué has traído ahí, Naruto? —la mujer señaló las bolsas
El rubio soltó un gesto emocionado y abrió su contenido.
—¡Ramen 'ttebayo! He traído para todos.
—Naruto... ya hemos cenado —rió con cariño—. De todas formas, ponte cómodo. Hace mucho no nos vemos.
Naruto dice algo como que no importa cenar doble cuando se trata de ramen, pero sus palabras se esfumaron en el instante que unos llantos resonaron en el ambiente. Sakura se giró con preocupación a Sarada y la cargó entre sus brazos.
—Tsk, la has hecho llorar —el Uchiha se hallaba con su cuerpo reposado en la pared, lo suficientemente lejos de todo ese asunto.
—Sasuke-kun, no seas tan malo —con un gesto ligeramente serio, lo reprendió—. Sólo no está acostumbrada a que haya tanto ruido —la pelirrosa la mecía y acariciaba su pequeña cabeza quietamente, apaciguando su llanto.
El rubio enterneció su mirada ante esa escena. Con un paso ahora más lento, se acercó a la niña.
—Es igualita al teme —se sorprendió.
Ella arrugó sus ojos.
—Oh, lo sé. Es una mini Uchiha —la pequeña comenzaba a dormirse en sus brazos.
Sasuke no podía evitar observarlos a lo lejos. Aunque le irritaba que cualquier persona ajena a ellos se acerque a su hija, ver aquella sincera sonrisa en su esposa lo detenía de todo acto. Tras lanzar su típico soplido por la nariz, el Uchiha tensó levemente sus labios.
—¡Créeme, es demasiado tranquila en comparación a Boruto, 'ttebayo! —volvió a alzar la voz, olvidando por completo el anterior suceso
—¿Boruto? —Sakura se volteó a verlo, dubitativa
El rubio soltó una risa nerviosa.
—Cierto, ustedes no lo saben —bajó la mirada, ellos no estaban cuando él nació—. Es mi hijo, 'ttebayo.
Sakura no se sorprendió con aquella respuesta. Realmente se lo esperaba en algún momento, sin embargo, se maldijo por no haber estado presente en ese momento tan importante para él.
—Oh, me pondrás al tanto de todo si no quieres que te golpee —le sonrió animadamente.
Naruto rascó su nuca ansiosamente, luciendo una amplia sonrisa. Sakura depositó a Sarada con cuidado en el moisés y, acto seguido, tomó asiento junto a su amigo en la mesa. Él comenzó a comer ramen mientras patinaba en sus palabras, y es que tenía tanto para contarles. Habían pasado tantas cosas en su ausencia. Sakura lo escuchaba con ternura, cada palabra de su amigo importaba. Aunque claro, agradecería que el rubio tragara su comida antes de mover la boca para hablar. Naruto no tenía remedio; algunas cosas simplemente nunca cambiaban.
Conversaron por un largo tiempo. Ella le relató algunos de sus viajes, descubrimientos, y cómo se las arregló con su embarazo y el nacimiento de Sarada en medio del País de la Hierba. Había obviado varios detalles de la historia por respeto a su esposo, quien había tomado asiento junto a ellos en algún momento de la conversación. No había razones para seguir fingiendo; esta era su familia.
Naruto los sorprendió cuando, repentinamente, recordó que Hinata le había pedido entregarles unas ropas que tejió ella misma para Sarada. La pelirrosa no pudo ocultar su emoción, y prometió ir a visitar pronto a su amiga para agradecerle personalmente. ¿En qué momento habían crecido tanto?
El reloj marcó las diez cuando el rubio decidió que era hora de marcharse.
—Prometo que mañana iré a conocer a Boruto —le sonrió
—Sobre eso... —rascó su nuca— no te sorprendas si es muy inquieto, 'ttebayo. Es todo lo opuesto a Sarada.
El ambiente resonó con la dulce risa de la pelirrosa.
—Quién sabe, tal vez por esa razón algún dia nuestros hijos salgan juntos —bromeó, llevándose una mirada de odio por parte de su esposo.
—¿Tú dices? No quisiera tener un suegro como el teme. Daría miedo —Naruto sintió un escalofrío al imaginar a su hijo en esa situación
—Mi hija no es una perdedora. Ella elegirá bien —Sasuke buscó provocarlo con sus palabras
—¡Oye! ¿¡Qué estás insinuando!? —alzó la voz, generando una leve sonrisa en su rival— ¡Ya verás, Boruto la conquistará, tiene el encanto de su padre en sus genes' ttebayo!
Sakura observaba la escena entre risas. Su inocente comentario había llegado demasiado lejos.
Cuando Naruto abandonó el hogar luego de una efusiva despedida, el cómodo silencio nuevamente lideró el ambiente. Había mucha diferencia cuando él estaba. Sin embargo, Sakura no lo sabía, pero su esposo estaba profundamente aliviado de estar a solas con ella.
—Eres muy malo con él, Sasuke-kun —compasiva, la pelirrosa cerró la puerta
Ella iba a decir algo más, pero el cuerpo del Uchiha la aprisionó inflexiblemente sobre la puerta, quitándole el aliento. Sakura le daba la espalda, cubierta ahora por su varonil cuerpo, y su rostro estaba ligeramente presionado por la dureza de la madera. Él respiraba sobre su oído aquél aroma que le robaba la cordura. Su cuerpo simplemente no quería aguantar más. No podía resistir que Naruto la mirara, que esté cerca de ella. Deseaba con necesidad hacerla suya.
—Cariño... ¿Qué te sucede hoy? —sintiendo su pulso acelerarse poco a poco, Sakura venció la fuerza de su esposo antes de que sea lo suficientemente tarde para controlarse
Ella se dio la vuelta para mirarlo. Y en ese momento, entendió todo. Le bastó una fracción de segundo, porque aquellos mismos ojos de deseo le hablaban. Sakura pareció recordar que habían dejado algo pendiente, y se sintió arder en un instante.
—Oh, creo que ya sé qué es lo que quieres —con voz coqueta, la pelirrosa subió sus manos hacia su espalda y lo atrajo más hacia ella
Por primera vez en el día, lo vio sonreír de esa forma. Como sólo lo hacía cuando estaba en su casa, allí entre sus labios, para ella, sólo para ella. Sakura mordió el labio inferior de su esposo y se alejó por un instante para conectar sus ojos con los suyos. Se miraron con complicidad, con seducción.
Sasuke encendió su Sharingan al mismo tiempo que la cargó sobre su único brazo, sin dejar de buscar sus labios en un apasionado beso. Sasuke era un celoso.
