Charlie vió a Alastor marcharse antes de sonreír burlonamente.
En lo que a ella respecta, Alastor era el tipo de hombre que no te encontrabas dos veces en la vida. Un caballero en pocas palabras o al menos, era la imagen que desprendía.
Tras terminar su té, se dirigió hacia su nueva habitación sintiendo una inusual emoción por lo que le avecinaba.
Hacía unos meses, cuando presentó sus papeles de intercambio a la Universidad de Nueva Orleans supuso que sus padres se opondrían totalmente a la idea de no poder manejar su vida a su antojo, pero contrario a ello la respuesta positiva por parte de ambos la sacó de lugar.
Conocía a sus padre sobreprotectores como para saber que no la dejarían marchar si no era bajo sus condiciones, cosa que así había sido.
En un inició intentó convencerlos de la dejaran quedarse en dormitorios comunes, como cualquier universitario normal, sin embargo estos insistieron en que tuviera un lugar para quedarse, donde no hiciera desastres, lo cual descartaba un lugar para ella sola. Lo que inevitablemente había llevado a la búsqueda de un lugar donde no pudiera hacer desastres.
Y qué mejor que Alastor Edevane, un hombre de más de treinta años con un trabajo estable y que presuntamente no permitirá destrozos en su propiedad.
Si lo miraba desde cierto punto, era casi como si tuviera niñero, con la diferencia de que este no le haría el desayuno ni la cena todos los días, que tampoco lavaría su ropa ni mucho menos le compraría cosas para complacerla.
Era algo que estaba dispuesta a soportar con tal de no estar alrededor de sus asfixiantes padres.
Mientras desempacaba llegó a la conclusión de que estar alrededor de Alastor inclusive podría ser beneficioso, pues si al final del semestre aprendía todo lo que Alastor había sugerido entonces sus padres sabrían que estaba más que lista para estar sola.
Una sutil sonrisa escapo de ella al imaginar esa posibilidad.
Sabía que el ser una niña mimada no le traería nada bueno, pero le era un poco difícil dejar todo eso atrás y dar el paso hacia la vida adulta, si consideraba que toda su vida se le había dado lo que había pedido.
Tras terminar de desempacar tomo la ultima caja que quedaba en su interior y la depositó sobre su cama mientras empujaba la maleta bajo esta. Una vez hecha la tarea, miró hacia la caja estando de cuclillas.
Ladeo sutilmente la cabeza antes de pasar su dedo índice sobre la tapa con mucho cuidado.
—Necesito una computadora de escritorio —musito antes de ponerse de pie y tomar la caja.
Camino hacia el buro de noche y la introdujo en el primero de los cajones antes de cerrarlo, pensó por un instante que quizá era una mala idea ser tan obvia y dejar eso donde pudiera ser visto, pero confiaba en que Alastor mantuviera su palabra de no fisgonear en su habitación sin su permiso.
—Por lo pronto te quedarás ahí —musitó asintiendo con la cabeza.
Charlie caminó hacia su ropero y cambió su ropa por una única blusa holgada antes de volver a la cama y arroparse, queriendo que el día siguiente llegará de una vez.
A la mañana siguiente, Charlie se negó a abrir los ojos. La cama era tan cómoda que por unos segundos medito si realmente necesitaba matricularse. Sonrió ante la torpeza de su propio pensamiento, cuando a los lejos percibe una sutil música de fondo.
Bostezo antes de tomar una liga y recoger su cabello en una coleta baja.
Si Alastor ya estaba despierto, entonces ella también tenía que levantarse, no quería que él se hiciera una mala imagen de su persona.
Camino más dormida que despierta hacia la cocina desde donde provenía un aroma a huevos recién hechos así como aquella melodía de jazz clásico.
Al entra en la cocina miró a Alastor moverse con soltura por la cocina sosteniendo en alto un plato mientras tarareaba la canción de la radio, claro, todo eso antes de que el mismo se diera cuenta de que era observado y volviera la vista rápidamente al tiempo que cerraba la boca. Por un segundo Charlie juro ver que su rostro enrojeció antes de que le diera la espalda.
—Buenos días Charlotte.
—Señor Edevane, creí haberle dicho que podía llamarme Charlie —dijo desde el umbral cruzando sutilmente los brazos bajo el pecho.
Alastor rió antes de darse vuelta con dos platos y le sonriera de medio lado.
—Bueno, querida Charlie, te recuerdo sigues en presencia de un hombre, así que te pediré de la manera más atenta, que escojas mejor tu ropa para la siguiente ocasión —comentó mientras caminaba hacia la mesa y depositaba los platos en esta.
Durante un instante Charlie no supo a qué se refería hasta que el mismo Alastor le apuntó con la cabeza hacia abajo, que fue cuando cayó en cuenta de lo que le quería decir.
—¡Oh, Dios! Lo siento tanto, señor Edevane —dijo avergonzada tirando de su camiseta recordando que solo traía las bragas bajo esta.
Alastor miró entonces hacia otro lado mientras corría la silla.
—Descuida, solo no lo hagas de nuevo —comentó tomando asiento.
Charlie por el contrario asintió rápidamente con la cabeza antes de darse vuelta y salir con prisa de la cocina rumbo hacia su habitación.
En su casa trabajaban puras mujeres por petición de su madre, por lo que muy rara vez se había visto en la necesidad de cambiar su ropa a la hora de desayunar, pues solo su madre y un par de criadas le acompañaban.
—Que vergüenza —jadeo mientras se ponía unos jeans y cambiaba la blusa holgada por una blanca tipo tres cuartos.
Mientras volvía a la cocina, aún podía sentir como su cara ardía y su corazón latía con fuerza. No entendía porque de pronto sentía pena por que un hombre le viera semi vestida.
Quizá porque es un hombre mayor...
Al volver, Alastor levantó sutilmente la vista del periódico que sostenía lo suficientemente lejos de su desayuno como para no mancharle, solo para cerciorarse de que Charlie vistiera de un modo que pudiera verla sin ser malinterpretado.
—Querida, ¿quieres quebrantar tan rápido la regla cuatro que tu misma pusiste? —bromeo enarcando una ceja.
Charlie por su parte no sabía donde meter la cara, estaba más que avergonzada. Y el hecho de que Alastor siguiera insistiendo con ese pequeño incidente, le hacía sentir aún más abochornada.
—No volverá a pasar —murmuró mirando hacia su plato, sorprendida de que su apetito no se hubiera ido junto con su dignidad.
Alastor le miró durante un momento antes de sonreír, dispuesto a dejar el tema por la paz. Con ese pequeño escarmiento sabía que no lo volvería a hacer.
—Bueno, después de esto eres libre de explorar la casa entera, menos mi cuarto como acordamos ayer —comentó cambiando la página del periódico—, volveré por la tarde e iremos a tu universidad como solicitaste.
Charlie asintió sin atreverse a levantar la mirada.
—¿Como sabre cuando vengas?
—Te marcare —dijo sin más doblando el periódico para ponerlo sobre la mesa.
Apenas bajarlo, Charlie pudo sentir su cara calentarse una vez más. Definitivamente podía calificar ese momento como uno de los más incómodos por los que había tenido que pasar.
—Oh.
Alastor le dió un trago a su café antes de ver la hora, casi escupiendo al darse cuenta que era tarde.
—Mierda, adiós Charlotte —dijo poniéndose de pie y tomando su abrigo que estaba en el respaldo.
—Es Charlie —murmuró viéndolo precipitarse a la entrada y salir con un portazo.
Por fin sola, soltó un suave suspiro y continuó con el desayuno ahora más tranquila.
Mientras estaba sentada con aquella sutil música de fondo pensó en la reacción tan neutral que tuvo Alastor al verla y no pudo del todo comprenderla.
Sabía que era hermosa, muchos se lo habían dicho y ella misma podía confirmarlo, por lo que de alguna manera, le indignaba el hecho de no haber recibido más que una burla por haberse mostrado en paños menores.
—Quizá... es gay —rió al decirlo mirando alrededor, pensando por donde iniciar su exploración.
Después de todo, tiempo era el que le sobraba en ese momento.
¡Tercer capitulo! Muchas gracias por el apoyo y sus hermosos comentarios
