Charlie había supuesto que lo dicho por Alastor respecto a tener una lista sobre quehaceres que aprender, era una broma, sin embargo con las semanas se dio cuenta de que de broma no tenía nada.

Cada día le asignaba una tarea diferente mientras él hacía el resto y si tenía algún problema, el venía y le explicaba lentamente como debía de hacerlo, cosa que no hacía más que hacerla sentirla abochornada por no saber hacer lo más básico.

Sin embargo, agradecia que Alastor fuera tan correcto y amable al explicarle, le daba su tiempo y si se equivocaba no le reprendía.

Así mismo, tras el incidente en su universidad donde encontró a Alastor con sus fans, descubrió que además de trabajar para una de las estaciones más grandes de ese lado del país, era el locutor estrella de la estación más escuchada y lo entendía. Si su voz era atrayente en persona a través de la radio se magnificaba. Era casi imposible no querer oirlo.

Aunque aún se preguntaba porque no cantaba en sus segmentos, había querido preguntar por ello, pero supuso que se debía a un simple pasatiempo de casa.

—Señor Edevane, la cena está lista —llamó desde la cocina deseando que esta vez no se le hubiera olvidado ningún ingrediente.

Alastor llegó unos instantes después con su camiseta recogida hasta los codos.

Charlie le vió acercarse y vió como las ojeras bajo sus ojos eran cada vez más marcadas. De alguna manera sentía que era su culpa por tener que hacerlo trabajar doble.

—¿Qué fue hoy querida? —preguntó Alastor quitándose sus lentes para colocarlos sobre la cabeza, llevándose varios mechones de cabello hacia atrás dejando su frente semi descubierta.

—Pasta con carne... me fui a lo seguro —confesó con una tenue sonrisa sin dejar de verlo.

Alastor se inclinó sobre la olla y olisqueo un poco.

—Huele bien, puntos por ello —rió al decirlo recordando la vez de la sopa venenosa.

Charlie al ver su expresión supo perfectamente en qué pensaba, por lo que rió aliviada de que ese incidente quizá no volviera a ocurrir.

—Iniciamos bien —bromeó sirviendo un par de platos mientras Alastor ponía un los vasos en la mesa—, por cierto, en su programa de hoy invito al solista de Jazz Tyco, ¿no había dicho que no le agradaba?

Alastor casi sintió que tuvo un deja vu con esa afirmación.

—Pero a mis radioyentes si y yo les doy lo que ellos quieren oír —argumento tomando asiento mientras Charlie colocaba los platos en su lugar—, tan simple como eso. Aunque, puedo decir que me retracto un poco de mis palabras, es más... interesante de lo que pensé —dijo por fin acomodándose en su lugar.

Charlie rió antes de sentarse y tomar un tenedor.

Era bueno saber que Alastor era el tipo de persona que no dejaba que su orgullo cegara la realidad, por lo que cuando ambos vieron el plato, se lanzaron una mirada de complicidad antes de proceder a probar la cena.

—Felicidades querida Charlotte —adulo Alastor tras tragar—, acabas de pasar el nivel uno de cocina fácil —casi rió al decirlo.

Por su parte Charlie simplemente respiro aliviada. Si debía ser sincera, había creído que esa comida había seguido el camino de todas las anteriores, por lo que se sentía realizada de que esta vez se iría con el estómago lleno y no con una visita apresurada al baño.

—Seguiré mejorando —aseguro feliz—, por cierto, el otro día mire un debate en su blog y me quede con cierta duda —de pronto, la pregunta había salido antes de que su propia mente se diera cuenta de que la formulaba.

Alastor para de comer y le lanza una mirada inquisidora

—¿Sería?

Charlie de pronto, considero que era una mala idea preguntar, sin embargo su curiosidad pudo con ella.

—¿Por qué sigue soltero? —preguntó sin rodeos bajando los cubiertos—, quiero decir es usted muy caballeroso y amable, tiene un buen trabajo y buena reputación.

Alastor la observo durante unos segundos antes de tomar una servilleta y limpiar la comisura de sus labios, aquella acción puso nerviosa de alguna manera a Charlie.

—Estuve casado una vez.

Aquella respuesta no era la que Charlie esperaba, ni de lejos, por ello mismo justificó la extraña sensación que sintió con algo similar a la decepción, ¿decepción de que? No estaba segura de ello.

—Oh, ¿se divorciaron? —prosiguió ahora sintiendo una nueva motivación para preguntar.

—Enviude —soltó e inmediatamente Charlie se llevó ambas manos a la boca.

¡Pero qué imprudente soy!

—Señor Edevane, lo lamento tanto no debí preguntar —se apresuró a decir sintiendo increíblemente mal por haber preguntado algo tan personal de pronto.

Alastor al ver su expresión rió recargándose en el respaldo de la silla, aquella reacción confundió de varias maneras a Charlie. No era lo habitual cuando hablabas de tu difunta esposa después de todo.

—Esta bien, ya han pasado muchos años de eso. Ya no duele.

Sin embargo aquella respuesta no la hizo sentir mejor ni despejo las dudas que se cernieron sobre ella.

—Lo lamento, en serio no debí preguntar —volvió a repetir, esta vez absteniéndose de soltar algún nuevo improperio.

Alastor sonrió sutilmente observando como Charlie hacía un esfuerzo por no correr de la cocina.

—Supongo que es normal tener curiosidad por la persona con la que compartes casa —comentó retomando su cena. Si había algo que tenía muy en claro, es que en casi todo ese mes de compartir vivienda, los temas personales se habían mantenido al margen y podía calificar esa como la primera vez que uno de los dos se atrevía a tomar el tema—, y para que veas que no hay rencores, ¿qué tal si me cuentas de tu vida un poco?

—¿La mía? —dijo aun sorprendida y con cierta extraña sensación en su interior.

—¿Comprometida? ¿soltera? —prosiguió divertido de ver sus reacciones tan naturales.

—Soltera —respondió tras un momento—, realmente no quiero que una relación interfiera con mis estudios —aseguró tras observar que Alastor no tenía intención alguna de zanjar el tema de forma abrupta.

De cierta forma lo agradecía.

—Chica lista, haces bien en tener prioridades —apuntó Alastor—, a tu edad hay cosas más importantes que las relaciones sentimentales. Te puedo decir por experiencia que alguna vez veces, las relaciones son tan absorbentes, que tu propia identidad se ve en juego.

Aquella declaración, logró una nueva revolución en Charlie.

En ese momento se dió cuenta de lo poco o nada que conocía a Alastor.

Sabía que era un hombre de 33 años, viudo y cuál era su empleo, pero más allá de ser su casero y casi muy posiblemente su amigo, no conocía nada de él, sobre su círculo de amistades, los lugares que frecuentaba, absolutamente nada. Y ahora, con esta pequeña conversación, se sintió de alguna manera frustrada por ello.

—Mi padre siempre a dicho que no acepte mierda de otras personas y que los estudios siempre deben de estar primero —afirmó intentando no pensar mucho en su nueva revelación.

¿Estaría mal intentar acortar esa distancia?

—Un hombre sabio siempre tendrá hijas listas —comentó Alastor con su mirada aún sobre Charlie—, por cierto corazón, ¿lista para intentar manejar? —ante aquella pregunta, Charlie enarco una ceja—. De todas las actividades que tenía asignadas para ti, esa es la única que te rehusas a aprender y no me molesta ser tu chofer, pero como dije, no es lo ideal.

Charlie torció un poco los labios.

Si debía ser sincera, le daba pavor la idea de estar al volante de un auto y terminar matando por accidente a alguien. Había esperado que Alastor se olvidara del tema, pero obviamente no iba a ser así.

—¿Quizá en uno días? —sugirió encogiéndose un poco en su sitio.

Alastor rió de nuevo.

—¿Te parece bien en una semana? —propuso en su lugar, ahora casi seguro que Charlie dejaría de huír.

Una semana le pareció el tiempo suficiente para que se hiciera a la idea.

—Me parece bien.

Después de esa cena Charlie se hizo la nota mental de tener más cuidado con lo que preguntaba, lo último que quería era otra cena incómoda, cosa que aparentemente se le daba bien, para bien o para mal.


Los días que siguieron a ese, Charlie noto ciertos aires melancólicos en Alastor y supuso era su culpa, después de todo le hizo recordar a su difunta esposa, por lo que evitó tocar cualquier tema que de una u otra manera se relacionara con ello. Sin embargo, no sintió que eso hiciera la diferencia.

Y tal como Alastor había prometido, a la semana de aquel peculiar día, él tocó a su puerta en la madrugada.

—Señor Edevane, son las 4:30 a.m. —obvio Charlie tallándose el rostro tras pararse de mala gana de su tibia cama.

—Es la hora perfecta para practicar sin riesgo de matar a nadie —rió alejándose de la puerta al ver que tenía la pijama que tanto escándalo causaba en él—, tienes 10 minutos corazón.

Charlie le miró perderse en el pasillo antes de soltar un quejido y volver a su cuarto para cambiarse.

—Quizá atropelle un poste con el sueño que tengo —musitó tras cambiarse y sujetarse el cabello en una coleta alta.

Si había algo que Charlie podía decir de Alastor, era que era muy exacto con sus tiempos y rara vez se salía de ellos, como la vez del día de su matriculación. Y no sabía si eso le gustaba o la sacaba de quicio, pues de alguna manera, le recordaba a sus padres.

Tras treparse en el auto y cerciorarse que Alastor manejaría hasta la zona de entrenamiento, como él la había llamado, tuvo el tiempo suficiente para espabilar y hacerse a la idea de que ese día tomaría un volante.

—¿Será aquí? —pregunto mirando como estacionaba en el aparcamiento vacío de un centro comercial.

Alastor asintió quitándose el cinturón, sin perder en ningún momento la sutil sonrisa que le caracterizaba.

—Cambiemos de lugar —dijo bajando del auto antes de que Charlie pudiera decir algo.

Ella con suspiró gateo de su asiento al de Alastor y se colocó el cinturón de seguridad tras sentarse, sintiendo de pronto como los nervios comenzaban a ascender por su columna y se agolpaban en la base de su vientre.

—Señor Edevane, no estoy segura sobre esto —musitó Charlie mirando hacia el volante justo cuando Alastor ingresaba al auto.

Este simplemente rió colocándose el cinturón tras cerrar la puerta.

—Tonterías, no hay un alma que te puedas llevar en este sitio —obvio mirando alrededor buscando tranquilizarla—, tenemos un par de horas antes de que abran —dijo mirando hacia el reloj en su muñeca derecha—, ¿lo intentamos?

Y en el momento que aquella sonrisa animosa le llegó, Charlie no pudo decir no.

Con toda la atención que pudo escuchó cada indicación que Alastor le proporcionó, desde como prender el motor, cerciorarse que los espejos estuvieran bien, que no hubiera ninguna luz extra en el tablero y una larga lista que por unos segundos la hicieron sentir abrumada.

Charlie había supuesto que el auto simplemente tenía que encenderse y mover alguna que otra palanca, obviamente había ignorado todos los ritos de seguridad que conllevaba el conducir un auto.

—Sabes, yo aprendí a manejar con estándar —comentó Alastor cuando le había indicado que pusiera el auto en neutral, cosa que Charlie tardó en hacer—, pero no pude conseguir un auto de esos para hoy así que tus lecciones serán con automático.

—¿Cual es la diferencia entre uno y el otro? —se atrevió a preguntar no muy segura de querer saberlo.

—Los cambios —dijo señalando la parte central del auto—, en el automático solo debes mover la palanca de adelante hacia atrás y se acabó, en el estándar debes meter cambios para las velocidades —explicó lo más simple que pudo sonriendole en todo momento—, pisa el acelerador, pero con cuidado querida.

Charlie miró hacia sus pies sintiendo su pecho latir con fuerza. Presiono un pedal pero el auto no se movió.

—Freno —dijo Alastor riendo.

Charlie apreto el volante y pisó el otro pedal, pero lo hizo con fuerza y el auto salió disparado varios metros antes de pisar el freno de nuevo.

—Oh por dios, señor Edevane, no creo que sea una buena idea —repitió de nuevo bastante segura de que de no haber estado en un lugar vacío, se abría a llevado a más de uno por delante.

—Tranquila, esta bien, solo hazlo con más cuidado —le animo conteniendo una carcajada por lo que acababa de pasar.

Recordó la vez que le enseñó a manejar a Husk y podía decir que al menos ella no le faltaba el respeto por ser un mal maestro.

Charlie continuó intentando aunque frenaba cada metro, hasta que por fin le salió avanzar sin tener que frenar. Alastor mientras la veía progresar le preguntaba por sus clases, cosa que Charlie agradecía pues de ese modo, se distraía un poco de sus nervios.

Y exactamente pasado el tiempo que Alastor había estimado, los autos empezaron a llegar.

—Bien, primer día de clases finalizado, cambiemos de lugares Charlotte —apuntó quitándose el cinturón y descendiendo del vehículo con cierta rubia aun aferrada al volante.

Alastor al rodearlo y darse cuenta que ella seguía en su sitio, golpeó con los nudillos sutilmente la ventanilla del auto, atrayendo la atención de Charlie quien inmediatamente saltó a su asiento tras quitarse el cinturón.

—¿Y bien?

—Si hay una emergencia, al menos puedo confiar que puedes poner en marcha el auto, que te salgan las demás cosas es circunstancial —río al decirlo poniendo el auto en marcha hacia su casa.

Charlie rió por ello.

—Bueno, ¿he estado bien?

—Perfecta, como dije, está bien tener miedo al principio, pero no dejes que ese miedo te consuma siempre —apuntó mirándola levemente de reojo.

—Claro.


Charlie sintió como si el tiempo ese día en particular transcurriera increíblemente lento. Después de sus clases particulares en la mañana y un desayuno ameno, el resto del día se le hizo eterno.

Y justo en ese momento, mientras Alastor levantaba los platos tras la cena, se preguntó a qué se debería que su cabeza no terminaba de aterrizar.

Quizá porque pensé que esta mañana iba a morir

—¿Todo bien linda? —preguntó Alastor al volverse y aún verla en la mesa.

Charlie entonces se percató que se había vuelto a perder en sus pensamientos, por lo que rápidamente se puso de pie.

—Oh, si claro, ¿cuando serás las siguientes clases?

Alastor enarco una ceja divertido tras secarse las manos.

—Pensé que te aterro la clase de hoy.

—Bueno, si, pero me siento un poco mal de que deba aún ir por mí —comentó mirándolo caminar hacia ella.

—¿O te preocupa más que piensen que soy tu hermano mayor? —preguntó deteniéndose a un escaso metro de distancia.

—A decir verdad, me preocupa más que la gente se me acerque con el fin de llegar a usted.

Alastor rió por ello.

—No creo tener un solo fan que llegue tan lejos como para eso, además, eres un amor, ¿porque no querrían ser tus amigos? —obvio sonriendole antes de caminar hacia la salida de la cocina.

Aquel comentario, hizo que Charlie se sintiera particularmente avergonzada.

—¿Entonces? —insistió siguiéndolo por el pasillo.

—Si quieres puede ser la semana que viene, tengo ciertas actividades estos días que requieren que me levante a la hora de nuestro curso —propuse deteniéndose frente la habitación de Charlie.

Charlie al ver que tendrían una nueva sesión, asintió con la cabeza enérgicamente.

—Perfecto, muchas gracias.

—Por nada Charlotte, descansa —comentó Alastor dirigiéndose hacia su cuarto.

—Es Charlie —murmuró desde su lugar con una tenue sonrisa.

Comenzaba a pensar que lo hacia aproposito, después de un mes entero juntos, parecía imposible el pensar que aún no recordaba que le gustaba más Charlie.

Quizá a él le gusta más Charlotte

Ella soltó una sutil risa antes de ingresar a su habitación y colocar el pestillo de la puerta.

Se mantuvo un momento pegada a la puerta observando aquella reducida habitación. Pensó en lo mucho que había cambiado su vida desde que se había mudado con Alastor y no pudo estar más que feliz con ello.

Sin embargo, pese a todos esos cambios, había uno que definitivamente no sabía si dejarlo o seguir con el.

—¿Qué debería hacer? —murmuro caminando hacia su buro, para inmediatamente sacar su cajita especial.

Se digirió junto con ella hasta el escritorio que había conseguido para sentarse inmediatamente frente a la computadora que sus padres le habían enviado un par de semanas atrás.

De la caja sacó una mascara negra con encaje en forma de rosas, que se colocó con calma. Tras asegurarse que le cubría bien el rostro, se alboro su largo cabello rubio, luciendo una melena voluptuosa.

—Bien, terminemos con esto —rió para sí encendiendo la computadora.

Charlie entonces se desabotono su blusa blanca, revelando su brasier con encaje traslucido e inicio sesión en el sitio que había sido su acompañante los últimos cuatro años.

—Buenas noches queridos pecadores —río a la cámara cuya transmisión rápidamente comenzó a ganar asistentes—, aquí su dulce manzanita, ¿iniciamos con la sesión?


¡Muchas gracias a todos por su apoyo!

Espero puedan continuar siguiendo este proyecto owo