Alastor se miró en el espejo mientras cepillaba su cabello, tal cual le gustaba tenerlo y mientras hacía eso, el aroma del desayuno llegó a él, haciendo que una inevitable sonrisa se dibujara en sus labios.
Las últimas semanas, Charlie se había estado despertando más temprano para preparar el desayuno, ya sin riesgo alguno de una explosión inminente, reemplazando cualquier mal inicio del día con un excelente.
Sin embargo, en las clases de manejo no había mejorado mucho y temía que siempre tuviera miedo a tomar el volante, por lo que empezó a considerar el abandonar el estacionamiento e ir directamente a una autopista o vialidad más transitada.
No es que se considerara un experto, pero al menos así perdería el miedo... tal vez.
Aún con aquella sutil sonrisa en su rostro, se acomodo sus lentes y abandonó su habitación rumbo a la cocina, en donde apenas entrar le recibió la alegre chica que ahora ni siquiera en sus sueños le dejaba en paz.
—¡Buenos días, señor Edevane! —saludo esta apenas ver que Alastor se detuvo en el umbral de la cocina.
—Buenas días, Charlotte, te veo de muy buen humor —comentó ingresando en la cocina, dirigiéndose a la estantería, donde saco un par de platos y vasos.
—¡Naturalmente! —dijo sin borrar su gran sonrisa.
Alastor le vió servir el desayuno, encontrando un poco enigmática aquella sonrisa. Sabía que algo escondía, pero si ella no continuó con la conversación, no insistiría en el tema.
Cuando ambos por fin se sentaron a la mesa, Alastor no pude evitar pensar en un tema que venía rondando su mente desde hacía un tiempo.
Charlie en propias palabras suyas, había decidido quedarse en su casa en busca de un poco de independencia, sin embargo, ¿cuán independiente se puede ser si tus padres aún te mantienen económicamente?
Después de todo, la renta la pagaban ellos, la matrícula de ella y sin lugar a dudas, también debían mandarle dinero para sus gastos del mes, entonces, su duda era bastante aceptable.
—Charlotte, querida, ¿puedo hacerte una pregunta?
Charlie, quien ya tenía un pan tostado en los labios, asintió sutilmente antes de bajar su alimento.
—¿Ocurrió algo?
—Bueno, se que no me concierne y que quizá te moleste lo que te voy a preguntar, pero ¿no has pensado en conseguir un trabajo?
—¿Trabajo? Yo-
—O al menos uno de medio tiempo, tampoco quiero que te sobre exijas siendo estudiante, se que eso, por experiencia, puede llegar a ser un poco absorbente.
Charlie le vió balbucear, encontrando de alguna manera tierno su actuar.
—¿Por que tan de pronto? —rió tras preguntar—,¿subirá la renta o algo así?
—Para nada querida, es solo que... pensé que quizá sería bueno para tu independencia el comenzar a ganar experiencia en el campo laboral. Es muy bueno para referencias, aunque puede que no las necesites —concluyó tras pensarlo bien.
Charlie rió por ello y entendió perfectamente a lo que se refería.
También hubo un tiempo donde esa inquietud vino a ella, pero luego de que su padre le asegurara que no necesitaría preocuparse por ello, dejo de pensarlo. Aunque no fuera precisamente bueno.
—Bueno, gracias por eso señor Edevane, pero de hecho, ya tengo un trabajo —dijo con una gran sonrisa—, a decir verdad... se lo quería decir.
Oh, así que por eso la sonrisa
—Charlotte, dejame decirte que estoy agradablemente sorprendido, ¿puedo preguntar donde lo has conseguido?
Apenas preguntar, Alastor percibe una sutil duda en Charlie.
—Yo... conseguí un interinato con mi maestra de geografía universal —comendo tras darle un corto trago a su jugo de naranja—, fue algo... muy inesperado.
Aunque estaba sorprendido por su reciente trabajo, sospechaba que no daban ese tipo de pasantías en su universidad, en especial, a alumnos de intercambio. Y su sospecha crecía más al ver la duda en los ojos esquivos de la chica, que encontraban más interesantes su plato o la pared contigua.
—Me alegra mucho eso querida, espero puedas aprender mucho de tu profesora —comentó dispuesto a ya no tocar el tema, tampoco quería hacerla sentir incómoda aunque le mintiera.
—Oh, por cierto, ¿señor Edevane pueden venir unos compañeros de la universidad esta tarde?
Alastor casi tosio ante aquella petición, pues de entre todas las cosas que le había pedido Charlie, en ninguna ocasión considero que llegara el momento de verla compartir su espacio con terceros.
—¡Claro! —dijo tras apartar el pensamiento de su casa llena de universitarios gritones—. Gracias por avisar, ¿entonces hoy no paso por ti?
Ella negó con la cabeza.
—No es necesario, un amigo tiene auto y vendremos en el hasta acá.
—Perfecto entonces.
Sin embargo, el pensar que esa visita sería de una ocasión fue error suyo, pues después de esa tarde descubrió que el proyecto final de semestre sería armado en su casa, que había sido designada como guarida.
—Y estamos fuera —rió Cherri cuando Alastor se sacó los auriculares, rascando inmediatamente su cabeza—, ¿que se siente ser niñero de varios universitarios? —preguntó recibiendo una mirada cansada.
—Te seré sincero, estoy muy viejo para tanta jovialidad —confesó antes de ponerse de pie—, quiero decir, no me molesta tenerlos ahí, pero es un poco cansado no poder volver sin saber que tendré cuatro pares de ojos viendome apenas entrar a la casa.
Cherri casi soltó una carcajada por eso.
Pudo escuchar perfectamente en su cabeza el suspiro de resignación de su compañero de trabajo, sintiéndose un poco mal por él.
—Bueno, quizá si le dijera a Charlie- —comenzó con voz cantarina, ya sabiendo la respuesta.
—No, no —dijo Alastor negando rápidamente con la cabeza—, no tengo el corazón para decirle eso, no luego de lo bien que se a portado y lo mucho que a mejorado las últimas semanas. Además, siempre tengo la tranquilidad de mi cuarto para escapar de esos chicos gritones.
Cherri rió de nuevo mientras negaba con la cabeza.
—¿Eso que veo es debilidad? —pico la chica el costado derecho de Alastor cuando le pasó por un lado, haciendo que este replicara un segundo después.
—Tonterías, simplemente le doy el espacio que se merece —dijo sin verla.
Cherri simplemente se cruzó de brazos sin dejar de sonreír.
—Ajá, debe ser duro tener que compartir, ¿verdad?
Alastor al escucharla, sonrió de medio lado.
—Linda tarde Cher —dijo para inmediatamente abandonar la sala, escuchando al tiempo la estruendosa risa de Cherri.
Para él, Cherri no era muy diferente de todos los chicos que iban a su casa al menos tres días a la semana, sin embargo, el tiempo trabajando al lado de ella era lo que le hacía disfrutar de su compañía, con el plus de que ella siempre tenía algo interesante que contar.
Alastor camino lentamente hasta su auto, donde apenas subir al auto, recibió un mensaje de Charlie avisando que sus compañeros se quedarían hasta la tarde.
Genial
Tras leer el mensaje, puso en marcha el auto, pensando de nuevo, en las palabras de Cherri, ¿sería grosero de su parte pedirle a Charlie que no los llevara tan seguido a casa? No se creía con la dureza para hacer eso.
Entre debates mentales e ideas descartadas, Alastor llegó a su casa más rápido de lo que hubiera deseado.
—Bien, ya estamos aquí —musitó tras el volante, antes de por fin apagar el motor para bajar del auto.
Camino hasta la entrada de su hogar, donde introdujo la llave y apenas entrar, tal como le dijo a Cherri varios pares de ojos saltaron hasta él, para darle la bienvenida.
—Hola chicos —dijo dejando las llaves en la mesa de la entrada, para seguido dirigirse hacia la cocina, sintiendo en todo momento la mirada de sus invitados.
—¡Hey sonrisas! —y apenas escuchar esa cantarina voz, Alastor rodó los ojos.
Días atrás, cuando se los presentaron por primera vez, pensó que eran unos chicos bastante aplicados y amables, sin embargo apenas abrir la boca, esa idea se marchitó rápidamente en su mente para inmediatamente dar lugar a una mala imagen de ellos.
En especial de Anthony. No entendía cómo hizo para acercarse a alguien tan dulce como Charlie.
En sus palabras ese chico era todo un desastre, ¿quien en su sano juicio preguntaba si le podía dar una felación apenas pasados tres minutos de conocerse? Y encima, con mucha más gente presente.
No tenía sentido para él y tampoco era que le quería buscar alguno.
—Dime querido Anthony —dijo Alastor desde la cocina, ya sabiendo que era escuchado por los presentes.
Al tener luz verde, una sonrisa traviesa curvo los labios de Anthony
—¿Alastor quieres pizza? —intento Charlie temiendo lo que su amigo fuera a preguntar, recordando las últimas veces donde solo se dedico a asediar a Alastor con preguntas incómodas.
—Lo siento querida, no soy muy amante de ese tipo de alimentos, ¿decias? —comento para inmediatamente ver a Anthony tras salir de la cocina y ver a los chicos en la sala.
Anthony no hizo más que sonreír.
—Bueno, tengo cierta duda y creo cuando te digo esto, no ser el único que lo piensa —dijo para entrelazar los dedos sin desaparecer su sonrisa—, desde que te conozco has llamado mi atención, aparte de lo recto, claro está por lo que quiero saber es ¿tiras o cachas?
Las risas no se hicieron esperar, pero para Alastor no fue gracioso en lo más mínimo, aunque si debía ser sincero, le gustaba un poco la jovialidad de Anthony.
Tenía cierta perseverancia que debía reconocer.
—Querido Anthony, ¿porque no me haces la pregunta qué quieres que te responda? —preguntó ladeando sutilmente la cabeza—. Si yo tirara para ti, déjame decirte, no podrías soportarlo —apuntó con una sonrisa escuchando un gran "OH" por parte de los presentes una milésima de segundo después.
Tanto Anthony como Charlie se vieron sorprendidos por esa respuesta, en especial por el guiño que sobrevino a ella.
—Los dejo para que se concentren —dijo Alastor disfrutando de las diversas reacciones que su juego de palabras había causado.
Apenas irse escuchando las estruendosas risas de los chicos, se permite sonreír más abiertamente, pues había visto una expresión bastante peculiar en Charlie.
Y esa particular expresión, había causado una revolución en su pecho, que no creyó poder sentir de nuevo.
Tan solo verlo ir, Charlie se pregunto porque Alastor no tenía ese tipo de confianza con ella, después de todo, así era como Alastor solía bromear en su programa con sus oyentes y por lo que le decía, con la gente en general.
Por lo que sin saber exactamente porque, se sintió un poco celosa de que Anthony hubiera conseguido derribar esa barrera en mucho menor tiempo que ella, aunque sí debía ser sincera, esa no era más que culpa suya.
—Él se lo pierde —ser burlo Anthony para inmediatamente ser golpeado en el hombro por Vaghata.
—¿Qué haces, Tony? —le gruño pero aún con una sutil sonrisa en los labios—, él ya es un hombre mayor.
—¿Qué? —río Anthony sobando su brazo—, Charlie tiene suerte de tenerlo 24/7, yo solo lo veo los 5 minuto que le toma servirse su mísero vaso con agua —se quejó cruzándose de brazos, enfurruñado por la verdad en sus palabras.
—No creo que debas joder con él —aconseja su hermana sin dejar de reír—, Charlie se pondrá celosa.
La aludida, apenas darse cuenta del rumbo de su conversación, se sacudió violentamente en su lugar.
—¿Cómo? ¿celosa? —dijo avergonzada—, por dios, ¡no Moll!, es solo un... amigo, más bien, creo que ni siquiera eso...
—Cariño —rió Vag poniendo una mano en su hombro—, no tienes idea de lo que dices.
—Si claro, eso dices por que no viste lo que nosotros—murmuró Anthony—, pero sabes, si te lo llegas a coger, te recomiendo que tengas un buen lubricante a la mano.
—¡Anthony! —chillo Charlie.
A su lado Molly y Vaghata volvieron a reír.
—Es un buen consejo —apuntó Molly.
—¿Eh?
—Oh vamos —dijo Tony al ver lo roja que se ponía—. Ya dijo que tiene buen tamaño —apuntó guiñando su ojo derecho—, el de agua es mejor que el de aceite.
Y con ese simple comentario, todos volvieron a reír al ver la expresión avergonzada de Charlie.
¡Muchas gracias por todo el cariño que le están dando a la historia!
Valen mil, aquí otro capitulo y con el, la introducción de tres personajes más, Anthony, Vaghata y Molly.
