—¡Niño, realmente debes aprender a dejar tus piernas cerradas! —gruño Vaghata luego de que Anthony detallara su último encuentro sexual.
Cosa que más de uno encontró gracioso.
—Eres una perra aburrida —rió Anthony desde su lugar cruzándose de brazos—, deberían sentirse afortunado por poder escuchar consejos de primera mano.
Charlie estaba maravillada con la locura de sus amigos, por que muy a su manera, les había tomado un gran cariño en tan poco tiempo, sin embargo, todo sus pensamientos se desviaron hacia su celular que vibró un par de veces. De inmediato revisó encontrándose con un mensaje de texto de Alastor el cual le indicaba que no podría ir por ella.
Charlie encontro esto inusual, por que desde que se había mudado a su casa y de mejorar en sus lecciones de manejo, Alastor jamás la había dejado volver por su cuenta, al menos sin supervisión.
Aun curiosa y algo extrañada, le contesto que no había problema alguno, a lo que Alastor le respondió de inmediato que hablaban más tarde.
—¿Todo bien?
Charlie volvió la vista hacia Anthony, descubriendo que no solo era observada por él.
—Si, ¿por qué? —rió al decirlo pasando un mechón de cabello tras su oreja derecha.
Anthony resopló ante la pregunta como si fuera algo obvio.
—Por tu cara —comentó Molly atrayendo su atención—, quiero decir, tienes el ceño fruncido —apuntó Molly ladeando sutilmente la cabeza—, ¿todo bien?
Charlie entonces por inercia se llevó una mano al rostro, descubriendo que así era, tenía el ceño fruncido. Eso hizo que una alarma se disparará en su mente.
¿Por qué estaba molesta? No tenía sentido estarlo, ¿era por lo que le había dicho Alastor?
Sin entender a qué se debía, rió un poco en su sitio antes de dejar de tocarse el rostro.
—Tendré que irme en uber a casa —comentó guardando su celular tratando de no pensar en lo que su mente formulaba—, me hubiera gustado que me avisara con tiempo —dijo tratando de excusarse.
—Oh, Daddy Alastor estará ocupado hoy, ¿se habrá conseguido alguna cita para coger? —preguntó burlonamente Anthony jugando con sus cejas.
Tanto Molly como Vaghata le reprendieron inmediatamente antes de reír por su atrevimiento, sin embargo y por el contrario, Charlie no encontró graciosa esa afirmación para nada. No lograba entender el porqué, pero definitivamente sabía que de hacerlo, le traería problemas.
No era normal molestarse por alguien a quien se supone solo le estás rentando una habitación y quien además, ni siquiera es tu amigo. Por que aunque no quisiera admitirlo, eso que sentía, quizá eran celos.
El resto del día prestó mínima atención en a las clases pues su mente le traicionaba pensando una y otra vez en que era lo que haría Alastor durante la tarde, ¿qué era tan importante como para hacerlo romper el horario tan meticuloso que seguía día con día?
Aquello se siguió repitiendo hasta su hora de salida, cuando esperaba por su uber para por fin ir a casa. Se sentía más cansada de lo usual, así como ansiosa y sabía perfectamente que se debía a Alastor. En especial por su cerebro seguía creando escenarios en su mente, cada uno peor que el anterior.
—Disculpe —Charlie por un segundo creyó haber imaginado aquellas palabras, por lo que cuando volteo al origen de estas, no pudo evitar sorprenderse al ver a un chico totalmente apuesto frente a ella—, buenas tardes.
—Buenas tardes —respondió tras salir de la impresión—, ¿te puedo ayudar en algo?
Y aunque trato de sonar neutral, no podía evitar emocionarse por charlar con un desconocido que era totalmente su tipo.
A su parecer, era totalmente un acierto.
—Mi nombre es Harold, ¿sería muy atrevido de mi parte preguntar por el tuyo? —inquirio ladeando sutilmente la cabeza tras extenderle su mano a modo de saludo.
Charlie sonrió coquetamente al entender lo que estaba pasando y por primera vez en el día, su cerebro paro de pensar en Alastor.
—Soy Charlotte, pero mis amigos me llaman Charlie —respondió correspondiendo el apretón de manos.
—Tienes un hermoso nombre Charlotte —dijo Harold inclinando un poco la cabeza ante una Charlie cada vez más eclipsada y el que no podía negar que la profunda voz de aquel chico, le estaba fascinando—, y se que sonara un poco audaz pero, me preguntaba, ¿sería posible pedir por un cita?
—¿Una cita? —inquirió Charlie con una sutil sonrisa en su rostro, sintiendo como sus mejillas se calentaban un poco.
Harold asintió ante ello.
—Claro, a menos que tengas planes para esta tarde —apuntó divertido—, aunque realmente me gustaría que no fuera el caso.
Charlie estaba decidida a dejar esa salida para otro día, porque por supuesto deseaba conocer más de aquel apuesto chico, sin embargo, cierta voz en su mente le recordó que nadie vendría por ella y así mismo, nadie le esperaría en casa, por lo que sin pensarlo mucho, ya sabía la respuesta a aquella pregunta.
—Me encantaría.
Harold sonríe victorioso sin poder evitarlo.
—No vas a arrepentirte querida Charlotte, conozco un café muy bueno cerca del campus que te dejará asombrada —le aseguro sacando su celular—, si nos apuramos aún alcanzamos buenos lugares antes de que se llene.
—Suena a algo muy concurrido —apuntó con una sutil sonrisa cancelando el uber que había pedido—, estoy ansiosa por verlo entonces.
—Realmente es muy lindo —rió Charlie tras recibir su frappe de moka.
—Lo prometido es deuda —aseguró Harold con media sonrisa mirando a Charlie agradecerle a la mesera—, así que dime, ¿a qué licenciatura decidiste entrar?
Charlie se permitió observar más de cerca a Harold.
Era alto, sus ojos verdes y el cabello oscuro como la noche. Tenía un carisma que no podía negar, era atrayente, pero sobre todo, era excepcionalmente educado, todo en él le hacía babear, pues era todo lo que le gustaba en un hombre.
—Estudio Gestión Turística —comentó con una suave sonrisa—, mis padres trabajan en el rubro turístico así que pensé que sería un buen apoyo para el negocio familiar.
Harold rió ante esa afirmación.
—No me creas, pero mis padres también tiene un negocio familiar —apuntó risueño—, solo que ellos son una firma de abogados y yo me decidi más por los negocios.
—Una decisión alocada, ¿ha? —observo Charlie sin dejar de sonreír.
—Por supuesto mis padres no se lo tomaron tan bien al principio, pero al menos ahora que estoy por salir tienen un poco más de fé en mis conocimientos adquiridos —dijo burlón reclinándose sobre su asiento—, así que Charlotte, ¿puedo preguntar por tu edad?
—Tengo 21, he de suponer que tu tienes 22 —respondió sin pensarlo, sorprendiendose de la forma tan natural con la que le hablaba.
—Puedo ser más mayor —rió Harold al decirlo—, pero sí, tengo 22 —dijo dándole un corto trago a su café negro—. Sabes Charlotte, no pude evitar pensar que me eres familiar.
Charlie entonces por un segundo sintió como su corazón brincó en su pecho, pero no de una forma agradable, sintió miedo por un instante.
—¿Es así? —dijo tratando de no sonar alterada.
—Si, ¿puedo preguntar por tu apellido? —preguntó Harold inclinando un poco sobre la mesa.
—Magne —dijo ahora con algo de duda.
—¡No lo creo! El mundo si que es pequeño —rió Harold—, ¿te acuerdas de mi?
Charlie entonces ladeo la cabeza confundida, sin embargo, ante aquella pregunta sintió como si su mente quisiera recordar algo.
—Me resultas... algo familiar...
—Soy Harold Von Eldritch —apuntó tocando su pecho con su mano derecha—, nuestros padres son amigos muy cercanos, solíamos jugar juntos, ¿lo recuerdas?
Y entonces en ese momento, Charlie sintió como los recuerdos de su infancia volvieron a ella como una pequeña película hiperacelerada.
Recordó a Harold, su hermana Helsa y a ella misma correteando por los jardines de la casa Von Eldritch y no pudo evitar sonreír ante ese recuerdo. Realmente habían pasado años de aquellos días, por lo que no podía culparse por no haber reconocido al apuesto chico en el cual se había convertido aquel adorable niño que conocio a sus seis años.
—¡Oh por dios! Ha pasado tanto tiempo —dijo Charlie con una sonrisa genuinamente grande ante tan agradable recuerdo—, vaya que has crecido mucho —rió al decirlo.
Harold no puedo evitar reír también.
—Pues no fui el único —apuntó risueño—. Tienes que disculparme Charlie, pero en serio cuando te mire no pude evitar pensar que podrías ser aquella niña tan adorable que conocí hace años, ¡y vaya sorpresa! Resultaste ser ella —declaró sin dejar de sonreír en ningún momento—, ¡tenemos que ponernos al día!, ¿qué haces acá?
Charlie rió acomodándose en su sitio.
Realmente no espero jamás ese giró extraño de acontecimientos, pero no negaría que si que le gustaba.
—¿No debería decir eso yo? —bromeo sin dejar de reír—, ¿hace cuanto llegaste a Nueva Orleans?
—Desde mi primer semestre —apuntó Harold sonriendo de medio lado—, básicamente llevo viviendo aquí desde el inicio de mi carrera.
—¡Imposible!, ¿por qué no te había visto? —interrogó visiblemente sorprendida.
Harold no pudo evitar reír ante su expresión de sorpresa, él mismo no se creía aún el poder haberla encontrado en un lugar al otro lado de donde solían vivir.
—Es mi ultimo semestre linda, solo voy a entregar reportes de un proyecto final y es todo —comentó un poco afligido por ello—, vaya, fue un golpe de suerte el haberte visto.
—¡Ni que lo digas! —dijo Charlie aún visiblemente feliz por haber encontrado a alguien tan querido para ella en un sitio así.
—¿Y tu? ¿desde hace cuanto estás aquí? —preguntó ahora Harold, curioso por su amiga de la infancia.
—Desde inicios de semestre, en serio no puedo creer que te no te hubiera visto antes —continuó Charlie revisando de reojo la hora de su celular.
—Lo sé —Harold al notar eso sonrió de medio lado—, ¿ya debes irte?
—Se ha hecho un poco tarde, así que si —comentó sorprendida de que el tiempo hubiera pasado tan rápido—, pero podemos quedar otro día o vernos en el campus.
—Definitivamente me encantaría eso —aseguró Harold sin dejar de verla—. ¿Puedo llevarte a tu casa? —sugirió Harold esperanzado de poder pasar un rato más al lado de ella.
Charlie le miró sorprendida ante tal propuesta.
—¿En serio? ¿no sería una molestia?
—¡En lo más mínimo! Por el contrario, sería un placer llevarte, además, me sentiría más agusto —declaro muy seguro.
Charlie no pudo evitar sentirse más que agradecida en ese momento. Sin lugar a dudas, Harold seguía siendo un gran amigo, aún con todos los años que habían pasado.
—Entonces acepto con mucho gusto —rió Charlie.
Harold asintió con la cabeza antes de pedir la cuenta con un gesto de mano.
—En serio a sido tan grato encontrarte de nuevo Charlie —apuntó Harold mirándola de reojo.
—Si que lo ha sido, Harold.
¡Hola! Ha sido un tiempo y les debo una disculpa, estuve bastante ocupada con proyectos de la escuela, pero ya conseguí tiempo libre.
Mil gracias a todas esas personas que aún me leen, valen mil
Nos leemos en la siguiente parte.
