Como ya dije en la sinopsis e introducción, estos fanfics tratan mucho temas sociales pues creo que es tema importante en Candy Candy, especialmente la situación de la mujer de hoy en día, porque todo lo que yo digo aquí es una realidad actual todavía. Por lo tanto es de imaginarse que en la época de Candy, esa extraña mezcla de mundo actual con los años 20s, la situación de la mujer era despiadada.

Todo lo que yo describo, todo lo que digo, todo lo planteado en todos mis fanfics, no sólo los de Candy Candy, es totalmente real, basado en hechos reales que he visto, oído, experimentado con mis propios sentidos. Una realidad clara y tangente que yo simplemente no ignoro, no callo y no dejo pasar de largo.

Mis fanfics tratan realidades, sin pelos en la lengua.


Capítulo VIII

Albert Andrew había terminado de firmar los papeles que tenía que firmar y de leer los balances con una inusitada seriedad. No habló mucho en toda la reunión, y trató de terminar las cosas lo más rápido posible.

Todd Matters inquieto no dejó de pensar en Candy y ver lo que Albert quería hacer con ella, lo de involucrarla en los negocios de la familia, le preocupaba mucho puesto que él no sabía que aquella chica era de muy mala reputación.

Debía hablarle a Albert de lo que oyó esa noche en el bar.

Por supuesto, Todd Matters ignoraba que un bar no era precisamente el lugar ideal para saber de lo mejor de las mujeres. Ignoraba que era realmente todo lo contrario, que eran lugares donde las mujeres que iban eran de mala reputación y los hombres, de los que estaban despechados y aprovechaban para despotricar y vengarse, o buscar consuelo con las fáciles.

Pero bueno, de eso no se daban cuenta muchos hombres.

-Albert, hijo- el señor Walden buscó conversación con él al fin. Albert seguía sentado en su escritorio con la mirada fija en los papeles- Quería hablar contigo-

Albert terminó el asunto de los papeles y prestó atención al hombre.

-Estamos muy felices por la buena noticia. Y dime ¿Cuándo piensan casarse?-

-Oh, eso no lo hemos pensado todavía. Apenas estamos comenzando una relación- dijo sonrojado.

-Bien… Pero sigues con la idea de hacer que tu novia sea socia-

-Claro que sí- respondió él tajantemente –Si es mi novia y será mi esposa, eso espero, pues será parte de todas mis cosas-

-Hijo. Yo como muchas veces te he aconsejado en el pasado, te aconsejo ahora que pienses bien eso. Las mujeres no son buenas para estas cosas, puede causar muchos problemas esa decisión- el hombre se había sentado en una silla frente al escritorio y enciende un cigarrillo. Mientras los otros hombres seguían distraídos hablando de otras cosas.

-Candy no habrá estudiado en la mejores universidades miles de carreras al respecto. De hecho si hubiera podido no se lo hubieran permitido ¿No? Solamente algunas universidades y algunas carreras aceptan estudiantes mujeres- dijo Albert secamente- Es enfermera nada más. Pero aún y siendo sólo enfermera es más inteligente y más astuta con las cuestiones de dinero que algunos de mis socios-

El señor Walden lo escuchó con paciencia. De hecho si hubiera sido un hombre joven, en pleno ardor de la edad, hubiera discutido acaloradamente con Albert eso. Pero la edad enseñaba a los hombres a ser más tolerantes y el señor Walden entendía que Albert estaba enamorado y que era joven y trataba de cambiar el mundo. En realidad tenía buenas intensiones con aquella conversación.

-Es posible, hijo, pero eso es muy peligroso. Precisamente las mujeres son mañosas como para darles poder. No hablo de Candy, simplemente te doy una idea general y te aconsejo por experiencia- el hombre se acomodó en su silla y observó el jardín- Al comienzo de una relación todo parece perfecto, pero hay que pensar con la cabeza fría en el futuro tomar todas las precauciones-

Albert bufó.

-Además debes pensar en ella. No será aceptada en el mundo de los hombres. He visto casos y si te importa tu novia de verdad, pues no muchos novios tienen tal amor por sus novias, tratarías de protegerla. Sé que están habiendo cambios, pero créeme hijo, el orgullo masculino no cambiará nunca, y las mujeres intimidan la masculinidad mucho, tanto que hacemos hasta lo imposible por mantenerlas dominadas o a niveles inferiores a nosotros-

-¿Cómo puedes hablar así? ¿No te importan tus hijas?- se molestó Albert.

-Mis hijas fueron bien educadas, ellas conocen muy bien su posición y nunca intentarán imponerse a sus maridos ni tampoco intentarán meterse en los asuntos de los hombres. Afortunadamente la mayoría de las mujeres son así, solamente algunas rebeldes salen librepensadoras-

Albert meneó la cabeza con los ojos clavados en el señor Walden. Si no fuera porque respetaba aquel señor, se hubiera enojado muchísimo con aquella insinuación. Otra vez estaban insinuando que Candy no era una chica educada ni normal.

El señor Walden no iba a mencionar el asunto de que Candy creció sin la educación de un padre, porque de hecho Albert también había crecido sin un padre, así que vadeaba el tema con precaución:

-Es peligroso, hijo, debes protegerla no involucrarla en asuntos de hombres porque la destruirán, usando cualquier artimaña. He tenido amigas en el trabajo que han sufrido muchísimo por eso, no bastando con el hecho de que trabajan el cuádruple que un hombre y ganan sólo un tercio de lo que gana un hombre ¿Quieres eso para tu chica en vez de estar cómoda en su casa criando tus hijos como debe ser?. No querrás eso si amas a tu novia- le advertía con sinceridad -No es bueno enseñar a las mujeres igualdad, porque no la tendrán nunca. Eso es todo lo que quiero decir. Eso le enseñamos a mis hijas así que ellas no desean nada más de lo que tienen y son felices con sus maridos-

-Sí, muy felices, especialmente cuando uno de ellos tuvo amoríos con otra mujer- soltó Albert con una mueca.

-Bueno, hombre es hombre, y esas aventurillas no significan nada. Tú también si te casas necesitarás darte tus paseos por algún bar cuando quieras tener una "válvula de escape" a la vida matrimonial ¡Ah en Londres tenemos unos tan buenos que te voy a llevar cuando vayas para allá!- rió el hombre y Albert estaba a punto de explotar y hubiera explotado de indignación si no fuera porque el señor Marshall se acerca por el asunto de los balances. Albert cerró los ojos y respiró, apretaba tan fuerte la pluma que tenía en su mano que casi la parte en dos, luego le entrega los balances revisados al señor Marshall –Las mujeres son maravillosas porque son pura emoción, así que cuando se enamoran perdonan todo, aguantan todo, aceptan todo. Así es. Tu Candy aceptará que no la incluyas en los negocios si te ama de verdad, y aceptará su lugar como ama de casa y madre sin inmiscuirse en asuntos de hombres como debe ser si te ama de verdad-

Decidido a terminar con la desagradable reunión, el joven se levanta de su silla callado y pone fin a todo sin dar cabida a más conversaciones.


Candy afuera estaba sentada aparte, concentrada en el jardín esperando con ansias que saliera la reunión. Cuando al fin se abre la puerta y sale Albert, y era como si saliera el sol en un día nublado.

-Vámonos Candy- le dice el tendiéndole la mano que ella toma enseguida y juntos se van sin muchas despedidas.

La pareja salió de la mansión acompañada por George quien preparó el automóvil.

-¿Cómo te fue, Candy? ¿Qué te dijeron la encopetadas?- el joven al fin buscó conversación con ella mientras iban por la carretera rural, bañada de hojas de los árboles que la rodeaban.

-"Encopetadas" jajaja. Sí, lo son- rió ella -Ah bueno, en realidad no hablé mucho con ellas- Candy vadeó el tema pues no estaba lista para contarle a Albert las cosas horribles que le dijeron del matrimonio –Dory y yo paseamos por el jardín y eso ¿Y tú? ¿Qué me cuentas de la reunión?-

Albert aún estaba molesto y no sabía tampoco si debía hablar de todo lo que había pasado allí.

-Debemos ir poco a poco- fue Candy quien le entró al tema –Yo sé muy bien cómo son las cosas, Bertie, soy mujer. Me doy cuenta de todo-

-Lo lamento mucho. Yo no me lo esperaba-

-Yo sí, jaja. He pasado por lo mismo en todas partes. No te imaginas la guerra que tuve contra aquellos mineros cuando fui a trabajar allá ¿Te acuerdas? Todo porque yo soy mujer. En serio ¿No es todo una grandísima tontería? Pero así es el mundo. A veces me da miedo que a alguno de mis pacientes le pase algo, porque si algo sale mal con un paciente me atacan porque dicen que todo pasó porque una mujer es la encargada. No confían en nosotras. Ni pensar cuando agarro el automóvil, como aquella vez que me enseñaste a manejar. Creen que cuando una mujer va al volante va a matar a medio mundo-

-Sí, es cierto- recordó Albert aquel día tan alegre. Admiraba muchísimo la alegría de Candy ante algo tan horrible –Dicen que las mujeres al volante van a matar a todo el mundo y por supuesto que se olvidan de todo lo que matan los soldados en las guerras-

-Así es, Bertie, así es ¿Qué podemos hacer? Olvidarnos nada más. Ninguna de esa gente ha hecho algo por mí, ni lo hará nunca así que yo me olvido de ellos- ella se apretó a él para reconfortarse y sentirse segura. El la recibió en sus brazos con gusto.

-Tienes razón Candy los otros hombres sí que tienen problemas ¡Vas a manejar y vas a aterrorizar los pueblos! jaja. Qué tontos. No sé cuándo decidirán vivir en paz con la mitad de la humanidad, que son las mujeres. Porque las mujeres no las podrán eliminar del planeta, vivirán toda la eternidad con cientos ellas, así que deberían aprender a dejar de tener tantos problemas-

-¡Oh Albert, por eso te amo! No sé qué otro hombre en este mundo iba a conectarse así conmigo. Con el mismo Terry iba a vivir peleando por esto. Porque yo…- ella debía hablarle con claridad y más después de haber oído a aquellas señoras casadas- Yo soy muy independiente, yo no seré nunca de la aristocracia, Albert-

-¡Lo sé y eso me encanta de ti! Además, yo también crecí sin padre que me inculcara el machismo-

Candy suspiró feliz y el mal sabor que le dejó la reunión se disipó, pero debían seguir hablando.

-Yo tengo una vida en el Hogar. Tenemos que ir con calma, mi amor- le decía – No podemos llenarnos de hijos, ya sabes, no planeo eso, debes saberlo- comentaba con mucha vergüenza. Ese tema puso colorado a Albert que en realidad no sabía por qué Candy le hablaba de eso tan privado, jamás le insinuó nada de hijos cuando ni siquiera eran novios.

-Pero Candy ¿Por qué hablas de llenarte de hijos?-

-Bueno, ya sabes, nos casamos… supongamos dentro de un año tal vez… cuando tenga treinta tendré como nueve hijos…-

-¿Qué?-

-Y así hijo tras hijo-

Albert se echó a reír por la ingenuidad de Candy.

-Candy, eso no es así- él estaba colorado –Te aseguro que no nos llenaremos de hijos. Tendrás los que tú quieras si los quieres. No es una obligación ni mucho menos- sonrió –No es lo más importante para mí. Lo más importante para mí eres tú, Candy, no que seas un instrumento para tener herederos ¿Hablaste con la tía Elroy caso?-

-No. Pero…-

-Yo me caso porque quiero una compañera, una compañera para mi vida y mis cosas, no una mascota para tener en la casa para que me haga todas las cosas-

-¡Oh Albert!- ella se apretó mucho a su pecho más tranquila, y Albert respiró embriagado su dulce perfume a flores.

El automóvil marchó por las praderas albergando una felicidad absoluta.

Candy almorzaría en casa de Albert, él cocinaría, y así ambos se escapaban de sus trabajos rutinarios por ese día.

Cuando llegaron a la casa Candy notó que tenía nuevos animales.

-¡Albert! ¿Cuántos animales tienes ahora?- exclamó la chica bajándose del coche.

-Bueno, como ves rescaté dos llamas hembras que usaban en una granja como máquinas de crías. No permito tal cosa, claro, me gané una pelea en la comisaría pero el dueño de las llamas accedió a vendérmelas, porque vender crías de llamas a altos precios no es un buen negocio aquí. Tengo cocodrilos, serpientes, tejones, ardillas, tres venados, seis caballos, gallinas, gallos, patos, ganzos, conejos, cabras, peces, perros, gatos, unas vacas que atiendo de unas heridas, y toda una gama de pájaros exóticos que rescaté del tráfico de aves exóticas-

Candy corrió a ver las llamas de cerca pues no era animales comunes en norte América. Pasarían un buen día allí con los animales de Albert, pues Candy amaba esa vida. Montarían a caballo, jugarían con los conejos y las ardillas.

Y así, hacían planes también para el domingo después de la misa ir con Annie y Archie a bañarse en el lago Michigan.