Capítulo XVI

La conciencia de Albert Andrew no estaba tranquila del todo esa noche en que salió del Hogar de Pony acompañado por George y Tom.

Creyó que había hecho lo correcto, pero la verdad era que mintió. Mintió y dos hombres estaban en la cárcel por culpa de eso.

Ahora lo veía.

Pagó a sus abogados para que juzgaran a los hombres sin pruebas, pagó a testigos para que cambiaran los hechos, acusó a los Thompson de robo, persecución, perjurio e intento de asesinato cuando eso no fue del todo la realidad.

Albert y los cazadores habían tenido encarnizados encontronazos en el pasado que resultaron en peleas y la verdad era que había sido Albert quien amenazó la vida ellos.

Pero ante la palabra del respetable señor Andrew unos cazadores salvajes no tenían mucho crédito.

Pero esos cazadores tenían familia, hermanos que ahora podrían haberse dado cuenta de la verdad y emprender una revancha.

Silencioso no comentó nada al respecto durante el camino, le pesaba la idea de que a esas alturas de su vida el pasado regresara otra vez.


Y el pasado regresaba.

A los pocos días de eso, una noticia llegó a las manos de Candy en forma de periódico local.

Ella estaba trabajando con el doctor Letermann, especialmente en el caso de la señora Wishmore cuando el periódico del día cayó en sus manos y sólo la suerte podía hacer que ella fijara sus ojos en una noticia que no era el titular más atractivo de la página:

"Famosa actriz de la Compañía Stratford fallece en Nueva York: Susana Marlow esposa de Terrence Graham de la misma compañía fallece este sábado en hospital a causa de una penosa y larga enfermedad. Famoso actor no da declaraciones al respecto"

Suspiró y un dolor le atravesó el corazón por el recuerdo de la desdichada Susana y las desgracias que la separaron de Terry, una oleada de recuerdos volvieron de golpe a su mente y sus emociones.

Pero eso no podía ser, ella ya no tenía nada que ver con Terry, su futuro lo estaba labrando con Albert.

Eso era ahora demasiado inoportuno.

Aquella noticia no sólo la llenó de pena sino que hizo estremecer su piel por alguna razón…


Y no había pasado mucho tiempo desde la última vez que Eliza habló con Neil cuando pasó eso. Era la noche tormentosa y caían rayos y truenos fatalistas.

La mansión Leagan estaba solitaria pues todos se encontraban en Chicago desde ayer, extrañamente Neil tenía cierta urgencia por perderse unos días de allí, así que Eliza se encontraba sola.

Aburrida buscaba la mejor manera de arreglar su rostro que cada vez adquiría la seriedad de la edad. Le habían recomendado mascarillas de lodo, de aguacate, de salsa de tomate, de todo, y ella probaría lo que fuera por conservar la lozanía de su piel.

Llevaba la cara cubierta de lodo y salsa de tomate y así pasaba la tarde sin hacer más nada.

Excepto rumiar. La noticia de la muerte de Susana Marlow la había llevado al pasado otra vez y recordó la última conversación que tuvo con su hermano.

Ociosa se fue al escritorio y se sentó, tomo una hoja de papel y le dieron ganas de escribir.

Empezó escribiendo sobre sí misma, sus venturas y desventuras, su muy interesante vida y personalidad…

Luego algo ocurrió… empezó a escribir una carta que nacía de su imaginación:

"Querido Terry:

Con dolor recibimos la noticia del fallecimiento de la pobre Susana, han sido ya cuatro años con ella, imagino la gran pena que envuelve tu corazón en estos momentos.

Yo, como sabrás, estoy tratando de hacer mi vida en Lakewood, trabajo en el Hogar de Pony y todos mis amigos están aquí conmigo…"

La mujer detuvo la pluma pues estaba escribiendo una carta como si ella fuera Candy.

Una chispa brilló en sus ojos y ya no estaba aburrida, al contrario, ahora una emoción le hacía sonreír.

Llamó a su mucama Dory, no importándole que ya la joven se había retirado a su habitación, la llamó.

-Dory, querida - Eliza meditó. La joven se quedó parada bajo el marco de la puerta esperando. Finalmente algo se le ocurrió –Candy suele verte como enfermera ¿No es así?-

-Sí señorita, me atendió hace dos meses cuando tuve la viruela- respondió tímidamente la muchacha.

-Entonces debes tener algún récipe escrito por ella ¿No es así?- inquirió - ¿Lo tienes todavía?-

La joven titubeó, todo el mundo sabía de la enemistad de Eliza con Candy, pero no veía nada de malo en eso en particular:

-Sí, señorita-

-Necesito que me traigas los récipes que te haya escrito Candy ¿Bien? Es que tengo curiosidad con algo, nada más- sonrió.

Dory cumpliría el mandato con deseos de terminar ya con sus funciones del día.