Como fuera, esta era la noche decisiva. Desperté a Plagg con un pedazo de queso y me trasforme, no sin antes volver a poner la libreta en el cajón cerrado. Salte de la ventana de mi habitación y me dirigí al encuentro con la protagonista de todas mis fantasías
Salte por los tejados de la hermosa Paris, nervioso por lo que seguía a continuación ¿Qué diablos iba a pasar entre my lady y yo? Mi mente era un embrollo y mis nervios se estaban preparando para el inminente encuentro, esperando no hacer alguna estupidez.
Llegue a nuestro lugar de cada noche, la torre me parecía un sitio sumamente romántico, con una vista única y digna de admirar todas las veces que se pudiera. Claro que el ser admirada por una magnifica compañía sería aún mejor. Estaba solo, había sido el primero en llegar, por tanto, ella llegaría en cualquier momento. Trate de serenarme con la vista, las luces y las fachadas llenas de historia, me senté y estire las piernas hacia el vacío, pareciendo un niño pequeño en una silla demasiado alta.
-¿Disfrutando de la vista pequeño minino?- su voz me erizo los vellos de la nuca y brazos. Su voz sonaba detrás de mí. No quise girarme, mi yo cobarde estaba afuera tomando el control del mi cuerpo. Ella se rio ante mi falta de reacción y se sentó a mi lado, demasiado cerca, o eso me pareció a mí.
- es algo hermoso, ¿no crees?- dijo mirando lo mismo que yo había disfrutado hace unos instantes.- es bueno ver la ciudad tranquila en una noche tan bella. ¿No crees?- sentí su mirada sobre mí, tratando de descifrar mi falta de comentarios graciosos o tomadas de pelo. Sus pequeñas coletas se balanceaban con la suave brisa de finales de verano, y la luz reflejada en sus ojos junto con su hermosa sonrisa me parecía enternecedoras.
-lo es- pero mi admiración de la belleza ya no era por la vista, sino por la persona a quien miraba en aquellos momentos. Me percate que en mi mente no se formaba ningún pensamiento del que me pudiera avergonzar y sentí un alivio tan grande que exhale un suspiro muy audible.
Mi compañera de inmediato me lanzo esa mirada que conocía tan bien, la cual me decía que estaba intrigada por lo que estaba sucediéndome, pero no preguntaría nada, porque las preguntas sobre nuestras vidas privadas no eran parte de nuestro trabajo en equipo, me sentía frustrado por ese tipo de reglas implícitas entre nosotros.
Se acercó y acaricio mi cabeza con su mano como si fuera un pequeño gato, quizá en un intento de decirme que todo estaba bien. Yo sin poder evitarlo solté un sonido muy parecido a un ronroneo. Ella se río disimuladamente, con una alegría que se terminó casi en seguida cuando hable.
- Dime my lady, ¿Cuándo sabré más sobre ti? ¿Qué cosas te gustan? ¿Cómo es un día normal sin usar el lucky charm? – solté las palabras incluso antes de pensarlas bien. Era idiota pensar que me contestaría alguna de ellas. Su rostro se puso serio de inmediato, sin expresión alguna y me odio por romper un buen momento con ella. Por seguir insistiendo a temas a los que le daba la vuelta sin dudar.
El silencio incomodo que siguió fue lo que necesite para entender que esa conversación no se daría en un tiempo próximo. Deseaba sentirme más cerca de ella, conectada a un nivel más personal y era ella la que ponía las barreras entre ambos. Dirigí mi vista hacia la ciudad nuevamente, sintiendo que no significaba nada en la vida de una persona que a me importaba mucho.
-Sabes que no es seguro saber mucho sobre el otro- dijo por fin al cabo de un rato. En su rostro percibí una indecisión a la que no supe darle un significado claro.- nuestras vidas pueden estar muy distanciadas una de la otra, y no serviría de mucho saber quiénes somos y que hacemos normalmente. – pero ella se equivocaba porque me serviría mucho, para que viera que podíamos compartir muchas cosas, que podíamos cuidarnos tanto en batalla como en un día normal en nuestras vidas.
-recuerda que el mundo es muy pequeño, puede que nos conozcamos, incluso puede que sepamos más el uno que el otro de lo que en realidad pensamos- quise ser insistente, demostrar mi punto. Pero ella no pareció entenderlo así. Se levantó y tiro su yoyo para atorarlo y crear una cuerda para saltar al techo más próximo. Quise detenerla, pero no supe que hacer, no con ella actuado tan evasiva y a la defensiva.
-gatito, hay cosas que debemos dejar como están, no importa cuánto deseemos que sean diferentes. Recuerda. Tenemos que tener serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar lo que podemos y sabiduría para poder ver la diferencia entre ambas. – y sin más se lanzó al vacío de la noche.
Sus palabras fueron directas, como ella, tenía un punto que defendería sin importar nada y yo también tenía algo que demostrar. Nuestra convivencia era una cosa que podía cambiar si ambos queríamos, pero obviamente esta idea no figuraba dentro de los planes de Ladybug.
Regrese a mi casa y me cole en mi cuarto. De inmediato Plagg deshizo la trasformación y se arrojó al pedazo de queso listo para él en una parte de mi escritorio. Me acosté y puse mi mano sobre mis ojos, sintiendo el picor de las lágrimas sin salir. Ella era dura conmigo, pero de alguna manera entendía que era en parte por mi propio bien. No quería ilusionarme con falsas esperanzas de que fuéramos personas afines y al mismo tiempo deseaba protegerme para no ser atacada por un akuma o cualquier otra amenaza. Una de las cosas por las que la admiraba y amaba, su firme convicción de cuidar de aquellos que lo necesitaran.
Plagg no estuvo platicador ni burlón como otros días y me preguntaba si algo le pasaba, pero cuando me levante a mirarlo, simplemente estaba dormitando con migajas de queso en su cara y bigotes. Le tome con cuidado y lo acomode sobre la almohada de la cama. Repase mi día y atine a ver un punto positivo de todo: el diario estaba funcionando. Por lo tanto lo continuaría hasta que fuera suficiente para mí.
Ya que no tenía sueño todavía, decidí que continuaría hasta terminar la fantasía que aún quedaba suspendida en su trama sobre las hojas de la libreta. Hice toda mi rutina antes de acostarme, y con piyama encima me senté en el escritorio, saque la libreta y la abrí en la página que había dejado inconclusa.
¿ Te dicho que me gustan mucho los felinos?- se acercó y volvió a ronronear en mi oreja antes de comenzar a dejar un camino de besos húmedos , descendiendo por mi cuello, yendo más hacia el sur, deteniéndose un momento para bajarse de encima mío y acomodarse entre mis piernas, arrodillada en el suelo.
Repase toda la historia y la deje fluir como recordaba en mi mente.
En aquella posición me parecía sumisa, pero al mismo tiempo tenía el control sobre mí, ella estaba en el suelo, pero yo estaba a sus pies, podía hacer conmigo lo que quisiera y yo gustoso lo aceptaría sin dudar. Acaricio mis piernas aun en el traje desde abajo hasta la parte de arriba.
Sentía mi respiración algo irregular, pero daba igual, podía dejar de respirar en aquel momento. Tomo la parte aflojada de mi traje y lo jalo hacia abajo, para quitarlo de su camino. Levante mis caderas levemente del sillón para permitirle hacer el trabajo y sentí como sus manos se detenían levemente sobre mi erección creciente. Tiro de la tela hasta que cedió y la saco por mis pies, arrojándola a una esquina de la habitación.
Su mirada no parecía querer dejar la mía, la sentía retadora y atrapante, no deseaba apartarla ningún segundo por dos razones: no quería dejar de verla y no seria el primero de los dos en ceder, por el momento. Tomo una posición de rodillas enfrente mío, apoyando sus codos sobre mis muslos abiertos, su rostro a escasos centímetros de mi miembro. Estaba desnuda ante ella y no sabía cómo proceder o que hacer para no verme como un pobre adolescente novato.
-¿Cómo te sientes?- su tono me reconforto en muchas maneras, su cálido aliento golpeo directo a mi erección que sentí crecer más aún.
-nervioso- admitir esto enfrente de ella me hacía sentir muy vulnerable y expuesto. Sin embargo no imaginaba a quien más podría decirle ese tipo de sentimientos con tal sinceridad.
-yo también estoy nerviosa- confeso dejando ver la verdad en su rostro.
-no lo parece- trate de aligerar el ambiente que de repente parecía un poco incómodo. Lo que menos deseaba es que fuera incomodo estar con ella.
- es que alguien me infunde una gran confianza.
Entonces sin apartar la vista de mí, acerco sus manos a la base de mi miembro y lo rodeo delicadamente. Su agarre no fue rudo, sino más bien delicado, como si estuviera tanteando la textura y esperando ver reacciones positivas a sus caricias tímidas. Comenzó a moverse de arriba abajo despacio, buscando un ritmo al cual ajustarse, mientras yo sentía que mi cuerpo reaccionaba quizá demasiado positivo. Temí dejarme en ridículo demasiado pronto. Pero disfrutaba su contacto, así que solo atine a recostar mi cuerpo en el respaldo del sofá y apretar los puños encima del apoya manos.
Cuando acelero sus movimientos, combinándolo con una suave presión en la punta tuve que detenerle ligeramente porque de lo contrario mi orgasmo sería inminente, y no lo quería así, deseaba darle algún placer antes de encontrar el mío, aunque no estaba seguro de cómo.
-espera, solo unos minutos- tome su muñeca con mi mano. Tenía el cuerpo hormigueándome, y una liguera presión que comenzaba a acumularse entre mis caderas. Nunca había experimentado una sensación tan placentera en mi vida. Los músculos parecían tensarse rápidamente y en un segundo parecían estar ligeros.
-lo siento, nunca lo había hecho, de seguro te estaba lastimando- la velocidad de su disculpa me hizo casi imposible de entenderle.
-no, no lo has hecho mal cariño- pareció reaccionar ante el dulce palabra que use para llamarle- de hecho lo estabas haciendo demasiado bien. Dame unos minutos, sino no resistiré.- mi respiración estaba ya disparada y en este punto mi corazón latía desbocado, estaba famélico ante el curso de nuestras acciones, y no estaba seguro de que seguía a continuación. Solo que deseaba proporcionarle las mismas sensaciones que acababa de sentir recorrer todo mi cuerpo.
Me agache y acomode los pequeños mechones detrás de sus orejas, mirando su hermoso rostro, la piel que era visible debajo del antifaz se teñía de una hermoso rosado causado tal vez por la emoción del momento o quizá era la timidez que aun podía poseerle. Lo que fuera me hizo desearle mas que nada y amarla con más fuerza y convicción. Alce su barbilla y mirándole a los ojos atraje sus labios a los míos.
Mordisquee ligeramente su labio inferior y me deleite con el suave tacto y el suspiro entrecortado que exhalo de sus labios entreabiertos. Entonces use mi lengua para abrir su boca y darle el beso que tanto anhelaba. Fue profundo, estábamos descubriendo lo que deseábamos probar en el otro. Pausado pero con deseo. Busque su cuerpo a tientas y me descubrí recorriendo su delgado cuello y acariciando el valle entre sus senos apenas con las yemas de los dedos.
No quería esperar más por ella, la levante sin soltarla y la estruje entre mis brazos llevándola nuevamente a la cama. La deposite con cuidado como una frágil muñeca que pudiera romperse en cualquier momento, como el sueño que se podía esfumar sin más entre mis manos. Con mis manos avance desde su valle hasta la curva de su cintura y otra la pose en su cadera. Mi cuerpo estaba encima del suyo, pero apenas si teníamos un roce, no quería tocarla del todo aun, deseaba amoldarme a ella y para ello debía ir despacio.
Lleve mi mano de su cadera a vientre y baje hasta los pequeños rizos que sobresalían de su monte venus. Acaricie y me adentre poco a poco entre sus muslos con mi mano, que se abrían a mi paso. Tome una bocanada de aire cuando le sentí húmedo y cálido. Busque aquello que sabía le proporcionaría un mayor placer, y lo encontré, escondido e hinchado a causa de la excitación. Lo toque apenas con el dedo pulgar, y sentí el estremecimiento que el cuerpo de mi lady tuvo bajo el mío.
Seguí con algunos movimientos circulares mientras ella cerraba los ojos y se entregaba al placer que mi mano le estaba proporcionando. Apretaba las sabanas entre sus puños y arqueaba levemente su espalda. Cuando tome parte de su humedad para lubricar la zona parecía que se contoneaba para seguir buscando el contacto.
-¿te gusta?- susurre sensualmente en su oído.
-por favor…por favor…no pares….- su frase era entrecortada por su respiración errática.
-nunca, cariño, todo lo que necesites, cuando lo necesites, todo te lo daré, mi corazón, mi alma, mi vida si fuera necesario- sin dudarlo, y tratando de que el placer aumentara, introduje uno de mis dedos en su cavidad. Era muy apretada y apenas si podía entrar. Ella se arqueo aún más, bombee, entrando y saliendo de manera muy lenta al principio, sin embargo cuando no parecía suficiente encontré un ritmo más rápido.
En un momento sentí como sus paredes internas se apretaban alrededor de mi dedo, y unos ligeros roces a su botón me dejo con la imagen más erótica que pudiera imaginar. su rostro en éxtasis, su cuerpo con pequeños temblores a causa de la sensación orgásmica que le recorría desde la punta de los pies hasta la cabeza. Su cuerpo arqueándose y yo siendo el responsable de tal espectáculo. No pude sacar mis dedos al instante, deje que se relajara, que volviera del lugar al que había subido con aquella experiencia.
Cuando me pareció que sus temblores cesaban y su cuerpo se volvía laxo fue cuando me moví para besarle la coronilla. Ella apoyo su cabeza contra mi cuerpo y antes de que me separaba, me abrazo para dejar un beso en mi pecho. Después me acomode quedando su rostro a la altura del mío y mi erección contra su pierna. No había ni tiempo ni espacio ni nada que no fuéramos nosotros dos en ese instante, nosotros y nuestros sentimientos al fin correspondidos.
En silencio pregunte si podía continuar, necesitaba saber su aprobación. Su mano se apoyó en mi mejilla y la acaricio suavemente.
-no me imagino con nadie más en estos momentos.- y eso fue todo, la respuesta a una pregunta no formulada.
Tome su pierna y la doble ligeramente teniendo contacto por primera vez nuestros sexos. Sentí la humedad en la punta de mi erección y jure que trate de no correrme en ese momento. Deje caer parte de mi peso sobre ella, mientras sus manos pasaban por encima de mi cabeza, abrazándome. Posicione mi pene en la entrada de su vagina, y comencé a empujar hacia dentro. Su calidez me recibió al instante, y lo estrecha que era me estaba llevando a conocer una nueva tortura.
Su cuerpo se tensó cuando me topé con una pequeña barrera que no había llegado a tocar con mi dedo, casi grite de satisfacción al entender que mis pensamientos acerca de que éramos novatos era completamente cierto.
-eres mía- dije antes de dar una estocada rápida y entender que desde ese momento no dejaría que se alejara de mí. Que la cuidaría y haría que cada día se enamorara más de mí. Porque no dejaría que nadie más entrara a su vida.
Nota de la autora:
¿Qué les parece la historia? díganme si les gusta y que esperan que ocurra. Tratare de actualizar cada semana e incluso puede que antes. Gracias a todos por sus comentarios, significan mucho para mi y espero seguir viéndolos.
