-Pero, Candy ¿Cómo no me contaste todo eso ya?- Terry se había puesto de pie después de oír la historia- ¡Yo creía que este lugar estaba a salvo! Pero ya veo que no- sonó muy decepcionado.
-Yo confío en que él esté bien- ella soltó unas lágrimas y Terry la observó admirado:
-Lo amas-
-Sí- le respondió ella ahora con seguridad, pero también amaba a Terry, ésa era su gran realidad.
-Lo ha hecho todo por ti, él…- lo que iba a decir le costaba, pero luego lo dijo- Te ama de verdad. Albert… yo, me alegro mucho por ustedes-
Se sintió bien, como si se liberara de un gran peso. Estaba bien, que Candy hubiera encontrado a su amor, y un amor que le correspondía, que se la merecía mucho más que él. Si había algo que Terry sabía no era nada fácil de encontrar, eso era un buen hombre.
Se sintió feliz de que Candy después de todos sus sufrimientos, tuviera esa dicha.
-Pero, todo esto…- prosiguió con lo que les preocupaba.
–Escucha- Candy explicaba - Me dijiste que habías recibido una carta mía, nunca hubo tal carta. No sé qué carta recibiste, pero yo no te he escrito nada en un tiempo-
-Qué raro entonces, yo recibí una carta tuya, diciéndome que querías verme- le explicó él.
Candy y Terry se miraron.
-Aquí hay algo raro, Candy, creo que siempre lo hubo- Terry dilucidaba –Todo esto, lo que te ha ocurrido ¿No crees que las mismas personas de siempre sean las responsables?-
La chica meneó la cabeza, pero de nuevo recordaba lo que le hicieron el día de la fiesta de su cumpleaños.
-Estoy en verdad cansada de esto. No creo que se hayan atrevido a llegar tan lejos- dijo al fin. Terry lucía furioso y decidido, parado frente a ella a orillas del lago.
-¡Después de tantos años! Vengo aquí y me encuentro con lo mismo, de hecho, algo peor. Candy, esto ya llegará a su fin definitivo. No es posible que a estas alturas sigas teniendo toda esa gente en contra tuya. Si de algo me sirve mi nombre, es para tener algo de influencia. Esto se acabó- bramaba el joven y aunque ella no quisiera seguir, la firmeza de Terry la convenció.
Estaban todos borrachos, y sin duda era el automóvil de Neil Leagan.
Albert furioso debía aclarar todo de una buena vez.
Cantaban y bromeaban los hombres amigos de Neil, y Neil tras el volante casi se queda dormido, cuando alguien abre la puertezuela y lo saca de allí con violencia.
-Neil ¿Qué haces aquí?-
El joven se despabiló, y riéndose identifica al hombre que recién los había encontrado: Era Albert Andrew.
-¿Qué haces tú aquí?- le dijo con altanería, pero luego se acordó de las advertencias, de que Albert sospechaba, de que Albert finalmente lo descubría ya todo. Y él estaba demasiado borracho.
-¿Tú fuiste el que hizo todo?- el hombre lo sacudió, sujetándolo fuertemente por la chaqueta –¿Los letreros, las amenazas, lo de mis perros?-
-¡Yo no!- gritó Neil. Sus amigos borrachos dentro del auto evadían el problema. Neil se sintió molesto pues veía que sus amigos no iban a interceder por él -¡Yo no hice nada!-
-¿Cómo que no?- enfurecido, Albert lo tira al piso. Los amigos de Neil se ríen como unos tontos.
-Estoy harto de todo lo que hacen, ¡todos ustedes!- Albert pensaba en sus socios, y lo que le dijeron en la reunión aquella vez, en las mujeres del mercado, en las bromas de Eliza y Neil. Neil yacía tirado cabizbajo y ebrio, y se sentía indignado –Dime ¿Qué planeaban hacer ahora? Llevan días pescando a Candy, ir al Hogar de Pony otra vez, pero esta vez la borrachera les jugó una mala pasada ¿No es así?-
-No, yo no…- intentó levantarse pero no pudo. Su estado de ebriedad haría a Neil confesar- ¡Yo no, ellos!- y señaló a un sujeto que estaba dentro del automóvil- Ellos fueron, a mí no me involucren en lo que no he hecho-
Neil sintió miedo porque sabía lo que era en realidad Butch Jackson. Confesaría.
-Neil, hablarás todo lo que sabes, pero no aquí. Te llevaré a la rectoría, tú harás que los agresores, los que han molestado a Candy, caigan, y así poner fin a esta estupidez-
Con severidad miró a los hombres en el automóvil.
-Si fueron tus amigos, les espera la ley, porque nos agredieron. Hay cosas de las que puedo acusarlos-
-No me involucres a mí- temblaba Neil –Yo sé cosas, fueron ellos, ellos. Te ayudaré en todo, Albert-
En silencio, Albert sabía que era cierto, pero no dijo nada.
Al caer la tarde, Terry y Candy regresaban después haber pasado todo el día junto al lago, hablando de muchas cosas, y el joven había cambiado rotundamente.
-Te recuperarás- Candy sabía que estaba enfermo y que necesitaba escapar de la vida que tuvo para recuperarse- Sé que podrás regresar a tu profesión, pero no ahora, necesitas recuperarte-
Terry no se marcharía, quería quedarse a ver a todos sus amigos, y estar con Candy para aclarar sus sentimientos y disfrutar de su felicidad.
Estaban muy optimistas y Candy tenía esperanzas de que Albert aparecería pronto.
Y fue como una premonición, pues antes de que llegaran a las puertas del Hogar, se dieron cuenta de que un coche venía por el sendero.
Fue un encuentro más que sorpresivo, Albert llegaba y veía que Candy estaba con una persona allí, y Candy veía que Albert llegaba en un automóvil, acompañado por Neil, y otra gente.
-Dios mío- soltó Albert cuando vio quién estaba allí en el Hogar.
