Al sentarme con ella encima de mí, su cuello y pecho quedaban a la altura de mi rostro, y se me antojo hacer un montón de cosas en ese momento. Así como ella había dejado su marca en mí, yo lo haría sobre su piel. Me pase largos minutos explorando su cuello. Mirando sus reacciones y decidiendo que zonas la estaban provocando más. Leves sonidos comenzaron a emanar de sus labios entreabiertos, sus ojos cerrados disfrutando del placer. Entonces su gemido salió.

-ahhh…. Adrien-

No dude en empujar su cuerpo contra el mío. Su gemido fue el detonante que necesite, aquel último impulso para mandar mi cordura por la borda. Olvide donde estaba, no me preocupó nada más que reducir el espacio entre nosotros. El riego de ser descubierto no me estaba deteniendo, sino que por el contrario, era un estímulo que mi cuerpo encontraba excitante. El peligro. Ella conmigo.

Su cuerpo era fuego, una hoguera a la que me arrogaría con los ojos cerrados. Sus labios eran exigentes, demandaban mi atención. Y la tendría, como todo lo demás. Ella tenía por completo mi atención en ese momento. Mis manos en su espalda baja creaban la presión justa para poder arquear ligeramente su cuerpo y aunque me sentía con la mayor vergüenza en ese momento, no dude cuando enterré el rostro en aquel espacio entre su hombro y su cuello. Su esencia era embriagante: dulce con un toque de vainilla. Justo como un postre.

No sé en qué momento llevó su mano a la boca para morderla y dejar de soltar sonidos entrecortados y sumamente eróticos para mí. Me privaba de algo que hasta hace poco estaba disfrutando. Entonces me traslade a su oído. Tenía que oírme, haría que me escuchará claramente.

-No te calles- parecía más una orden que una sugerencia- ¡Dios Marinette! Que bien hueles, justo como un postre- recalque estas palabras aspirando profundamente cerca de su cabello- eres un dulce que pronto voy a devorar. Eres sólo para mí, ¿entendido?

¿En qué momento me volví tan posesivo? La verdad era la primera vez que me sentía así con respecto a alguien, pero el nexo que sentía con Marinette era intenso, no quería que nadie estuviera cerca de ella, tratando de ser parte de su vida. Yo era el único que podía exigir eso, era el único que lo haría.

Al terminar de hablar ella pareció tensarse, y de repente su cuerpo temblaba, pero no por placer, sino por las lágrimas que estaba conteniendo en sus ojos. Cuando no pudo más, comenzaron a resbalar sobre una de sus mejillas. Me separe alarmado, deje la seducción para después, ahora tenía que saber que había hecho mal.

-¿Qué sucede cariño? ¿Te lastime?- acune su rostro con mis manos, dejándonos aun en aquella posición. Ella sobre mí, nuestros cuerpos y sexos peligrosamente próximos, separados por delgadas capas de tela. Limpie el camino de lágrimas que ahora salía a raudales, y ella sofocó el quejido que estaba saliendo de sus labios hinchados por los besos.

-No lo hagas Adrien, no digas todo eso- no me miraba a los ojos a pesar de que buscaba desesperadamente sus mirada ¿Por qué no?

-¿Quisieras explicarme?

-No digas palabras como mía y cariño cuando no lo sientes, por favor.- dudaba de mí en aquellos momentos. Tal vez la había presionado demasiado y ahora, en un momento de cordura, o más bien por un pequeño clip que hizo su cabeza en cuanto escuchó mis palabras, se estaba arrepintiendo de lo que acabábamos de comenzar.

-¿Quieres que pare?- realmente no quería parar, pero más allá de eso, no quería que ella se arrepintiera después. Necesitaba saber que lo deseaba igual o más que yo. Su silencio me estaba poniendo más nervioso y mi excitación ya se había enfriado. Pasar del infierno candente al invierno más crudo. Eso sí que era tener mala suerte.

-No…-contestó al final.- pero no quiero que me engañes para obtener lo que sea que quieras de mí en estos momentos- ¿Creía que le estaba usando? No podía dejar que pensara en eso. No cuando todo lo que estaba diciendo nacía de mi corazón. Deje que siguiera llorando, con sus ojos cerrados para no mirarme. Y comencé a besarla. Primero fue su frente, apartando el flequillo con mis dedos, bese su frente con suaves toques. Luego sus parpados, impregnando mis labios con la sal de sus lágrimas. Tratando de borrar su falta de confianza. Enjuagándome en ellas. Bese su nariz, sus mejillas y el camino que el agua salina dejó a su paso.

Bese cada espacio de su rostro y al final, acariciando sus labios con mi pulgar primero, puse mis labios sobre los suyos. No trataba de seducirla en ese momento. Tenía que expresarle con acciones lo que significaba para mí. ¿Cuándo nacieron estos sentimientos por Marianette en realidad?

Era como si siempre hubieran estado ahí y solo en aquel momento hubieran hecho su acto de presencia mandando mi cordura y lógica a unas largas vacaciones sin un boleto de retorno pronto. Separe los labios de ella después de un minuto o dos. Ahora su llanto había cesado, con sus enrojecidos ojos me miraba, expectante.

-Nunca mentí- declare- Nunca te he mentido. Lo que he dicho es lo que nace de aquí - Me señale mi corazón- Si quieres que me vaya, lo haré, pero antes tienes que saber que todo lo que he dicho ha sido sincero. Nunca te he mentido Marinette, tienes que creerme.

Acomode a Marinette para que se levantara ligeramente, y me comencé a levantar, listo para acelerar mi paso en cuando pudiera. Aparentemente no manejaba bien el rechazo de la chica que me gusta …. ¡Marinette me gustaba! Cuando me levante y tuve la intención de moverme hacia la salida, su mano se aferró a mi muñeca.

-no te vayas- volvía a ocultarme su rostro.

-¿quieres que me quede?- su respuesta fue silenciosa. Un asentimiento me dejó anclado en mi lugar ¿y ahora qué? El incómodo silencio hizo su acto de presencia. Ninguno de los dos trato de romperlo. Mierda, pasé mi mano libre atrás de mi nuca. Necesitaba un milagro, o algo con urgencia. Sin decir nada más ella me jaló, y yo como el tonto que soy la seguí. Pero me paralice cuando vi hacia dónde íbamos.

Marinette comenzó a subir las escaleras hacia arriba, es decir, las que conducían a su C-A-M-A. No estaba seguro del mensaje, pero no quería cometer otra estupidez. Cuando se dio cuenta de que no iba a subir, se volteó, mirándome con esos ojos azules que parecían debatirse entre hacer o no algo. Lo supe porque mordió ligeramente su labio inferior. Eso fue sexy. Entonces, con la altura ganada gracias a las escaleras, sentí como acercaba mi cuerpo al suyo y estampaba sus labios, furiosamente.

Ella me estaba confundiendo, mucho, sus actitudes me dejaban en un estado anonadado, sin embargo no rechace el beso. De un modo dominante me jaló el cabello de la nuca para acomodar mi cabeza y tener un mejor acceso, yo solo descanse mis manos en sus caderas.

-Te creo- dijo al final, separando nuestros labios pero uniendo nuestras frentes- ya no me importa si mañana tendré que pagar las consecuencias, te creo, te quiero, te necesito…

Volvió a besarme, pero ahora fui yo quien tomó la iniciativa. Alce una de sus piernas, y ella entendiendo mi mensaje, subió ambas y las posicionó alrededor de mis caderas, apresando mis caderas y atorando sus tobillos en mi espalda baja. En ese momento estaba odiando a la persona que había inventado la ropa, me estaba estorbando demasiado. Su agarre fue fuerte y ella era muy liviana

Sujete su cuerpo por las nalgas, cargando su peso para llevarla a la pared más próxima y recargarlo contra ella. Si me volvía a rechazar no importaba, pero en ese preciso momento lo único que quería era grabar a fuego en mi piel su tacto, la sensación del peso de su cuerpo y mis manos en contacto con su piel.

Nuevamente, la erección que hace poco estaba conmigo había regresado, y vaya que quería salir. Más cuando el cálido centro de mi princesa estaba tan cerca. Solo su pantalón y el mío estaban impidiendo el rose desinhibido entre nosotros. Sus manos viajaban por mi espalda y mi cabello. Pero acabó con mi cordura cuando apretó su agarre en las piernas, estirando sus caderas para frotarse sobre mis caderas. No pude más.

No iba a ir a su cama, la tendría en ese momento, en ese lugar. Con mis manos jale la orilla de su camiseta de mangas cortas, fui hasta arriba, sin consideraciones. Ella vio venir mis intenciones y sin dar reproche alzó las manos y me permitió aventar el pedazo de tela fuera de ella. No tuve tiempo de darle una buena vista. De inmediato deje que mis manos tomaran el control. Baje hasta el borde de sus jeans y delineé el contorno de su silueta, desde sus caderas hasta el borde de su sujetador.

Era un lindo conjunto rojo con puntos negros. Creo que esos colores se habían vueltos mis favoritos en los últimos momentos. Tenía broche enfrente, de copas bajas y dejando al descubierto la mitad de los senos. Ese color contrastado con su piel sumamente nívea y cremosa era un deleite. Necesitaba más espacio, un lugar más cómodo para lo que estaba por venir. Seria tedioso subir hasta su cama, porque tendríamos que separarnos, cosa que no dejaría que pasará.

Recordé el diván donde estuvimos estudiando antes, tome mi decisión, fui directo a por él. Sin dejar que su agarre en mis caderas se aflojará cargue con su cuerpo y camine hasta toparme con el dichoso mueble. Me senté y a ella sobre mí. Amaba la sensación que provocaba su cuerpo sobre el mío. Ella nunca dejo de besarle y acariciar mi espalda.

Nuestras respiraciones estaban desiguales, nuestros corazones parecían desbocados, pensé que unos minutos más y mi el mío se saldría del pecho, directo a una muerte segura, aunque claro, sería la mejor muerte jamás vivida. Acaricie su espalda. Bajando mi mano por su columna, maravillándome con su respuesta. Una curva perfecta, músculos pequeños pero definidos. Quería pasar al siguiente nivel, lo necesitaba como si mis pulmones al aire. Cuando me topé con el borde de sus pantalones, no me detuve, cole mi mano por el detrás y encontré el comienzo de sus pantaletas. Suave encaje acaricie. Tenía que verlo de inmediato. Me separe un poco de ella y lleve mis manos hacia el frente, buscando con algo de impaciencia el botón y la cremallera del pantalón.

Ella no me espero, y jalo mi camisa hacia arriba. A regañadientes lleve mis manos hacia arriba, dejando mi tarea para permitirle hacer la suya. Una vez fuera, Marinette fue directo a mi cuello, a besar y succionar, dejándome loco y deseoso de sentir esos labios en otras áreas. Si pensé en algún momento que mi erección había desaparecido, era claro que en ese momento estaba más que presente.

Estaba sumamente apretado en la parte del pantalón, sin mencionar que hoy había escogido unos boxers apretados. Que ella hiciera ese tipo de acciones solo conseguían ponerme más duro. Estaba preparado para esto, pero… ¿ella lo estaba? La separe ligeramente de mi a apreté sus muslos para que aflojara su agarre. Se desengancho de mí y con mis manos la guie para que se levantara enfrente de mí.

No me reprochó, sino que obedientemente lo hizo, posicionándose entre mis piernas. La deje cerca y al fin pude desabrochar su pantalón y bajarlo de un tirón. De inmediato vi el conjunto de lencería. Se me hizo agua la boca. las pantaletas de encaje negro eran sumamente reveladoras, pero al mismo tiempo no te permitían ver todo con exactitud. El corte era como de tipo bóxer femenino, y estaba seguro que por la parte de atrás había una hermosa visto.

Cuando los pantalones estuvieron fuera, fui de abajo hacia arriba adorando su cuerpo. Baje las manos hasta sus tobillos y acaricie, decidido a proporcionarle una sensación extrasensorial con solo el tacto. Bese sus rodillas y fui ascendiendo. Bese sus muslos por fuera y cuando no fue suficiente, gentilmente pase mis manos por el interior de sus muslos. Abrió las piernas sin oponer mucha resistencia.

Antes de comenzar a besar esa zona, alce mi vista para deleitarme con su rostro. Miraba fijamente mis movimientos, sonrojada y apretando los labios para no hacer ruido. Me estaba haciendo adicto a sus caras, a ver sus expresiones y crear nuevas, expresiones que solo eran para mi.

Bese la piel de su muslo derecho, después de su muslo izquierdo, fui alternado mientras subía. Cuando llegue a su centro, no pude contenerme. Mientras la seguía mirando a los ojos, clave mi nariz en su centro y aspire profundamente.

-ahh..!- el sonido de su voz fue tan suave, estaba tratando de sofocar en vano el sonido, creando un hilo de voz que resonaba en la habitación. El aroma fue delicioso, su calor traspasaba el delgado encaje, y me pregunte si estaba húmeda. Con mis manos seguí subiendo por su cintura, hasta el broche de enfrente de su sujetador. Un movimiento rápido y libere sus senos de esa prisión.

Ella misma lo aventó a la habitación, quedándose solo con sus bragas. Eso hacia estragos el control de cualquiera. La piel de sus senos se veía sumamente apetecible. Sus pezones eran pequeños y rosados, combinando perfectamente con su cuerpo entero. Ella era una obra de arte y yo me encargaría de apreciarla por horas y horas. Años si fuera necesario.

La acerque a mí, enterré mi cara en su vientre y deje que me acariciara el cabello como si fuera un niño recibiendo mimos. Su cuerpo seria mío, pero quería mucho más. Necesitaba su confianza, su corazón, hacerla parte de mi vida.

-¿Confías en mí?- necesitaba escuchar las palabras de sus labios.

-Si..- un susurro apenas audible pero condenadamente necesario. Termine prácticamente desgarrando la última prenda que tenía encima de ella y la bese en su ombligo. Un pequeño montículo de rizos ocultaba de mi vista su dulce centro, esperando por mí. Pase mi mano ligeramente sobre ella y me deleite cuando sentí la humedad que manaba de ella. Quería probar de ella antes de sucumbir y entrar en su interior.

Así que subí una de sus piernas al diván y después a mi hombro, para darme un mayor acceso. Si antes su olor me había dejado con ansias de más, ahora verla de esta forma me estaban demostrando que ya había perdido la razón hace mucho tiempo. Su cuerpo era muy flexible y no le costó ningún esfuerzo en posicionarse como yo lo necesitaba.

Primero deje a mis dedos jugar. Caricias superficiales, solo para sopesar los puntos sensibles. Cuando tuve su centro enfrente mío, exhale ligeramente sobre él. Ella contuvo la respiración. Apenas si unos centímetros me separaban de probar el sabor de su feminidad.

No me contuve, fui directo. Primero fue un beso, pero en el último momento mi lengua salió y probó todo de ella. Cuando encontré su clítoris hinchado, no me contuve en atacarlo y mordisquearlo ligeramente. Ella trató de moverse, de cerrarse ante mí, pero se lo impedí anclando su cuerpo con mis manos, sintiendo los temblores. Se retorcía y ahora parecía haber olvidado ser silenciosa. Sus gemidos eran fuertes, y mi nombre en sus labios era un mantra que deseaba escuchar por el resto de mis días.

Ninguno de los dos queríamos esperar. Y entendimos que este juego previo ya había sido suficiente.

-¿Estás lista para mi aquí?- deje que uno de mis dedos se deslizara por encima de su hendidura-¿Esta humedad es por mí? Dime que quieres esto tanto como yo.

-lo quiero, te quiero a ti.. Adrien, por favor…ahora.

Deje que bajara su pierna y para mi placer vi el temblar de sus rodillas. Mi niña no aguantaría mucho sin mi y yo sin ella.

Me desabroche los pantalones y los baje junto con mi bóxer. Mi erección salió disparada hacia arriba. Casi como si estuviera marcando el territorio que pronto conquistaría. Para siempre.

Me senté y tome su mano para que se acercará y se posicionará encima de mí. Lo quería de esa forma. Sentía que era lo correcto para nosotros.

Cuando el calor que nuestros sexos emanaban se encontró, sentí como una corriente de electricidad que recorría mi cuerpo. El preliminar de un magnifico final.

Tome su mano y junto con la mía tomamos suavemente mi punta roma para guiarla a su entrada. En cuanto la punta se comenzó a abrir camino, ella se dejó caer rápidamente. Siseó incomoda por la nueva intromisión.

-con cuidado, princesa- mis palabras fueron suaves- no tenemos prisa, disfruta de nuestro contacto, mira nuestra unión- la mitad de mi estaba dentro de ella. Marinette no pudo evitar mirar, y mientras lo hacía dejaba que su cuerpo sucumbiera y me aceptaba por completo en su interior.

Cuando nada más que nuestros vellos eran los visibles, entrelazamos nuestros dedos. Nos miramos cuando ella subió un poco y volvió a bajar, yo respondí con mi movimiento de cadera en búsqueda del suyo. En ningún momento dejamos los ojos del otro. Esta manera de hacerlo era condenadamente candente, satisfactoria y motivacional.

Sus movimientos se acoplaron a los míos, rotando sus caderas encima de mí. Cada embiste nos acercaba al climax, no deseábamos parar.

-Adrien, sigue así, más, más rápido- no creía que se diera cuenta que estaba gritando. No me importaba, solo sucumbir al fuego de su pasión.

-Marinette, estoy cerca- mi voz fue una combinación de un gruñido y un gemido.

-y yo, no pares- apoyo su frente en la mía, cerró sus ojos y dejó que su cuerpo actuara. Las sacudidas comenzaron ligeramente y después incrementaron. El orgasmo inicio en la espalda y se extendió por cada uno de mis musculos y terminaciones nerviosas. Ella estrujo con su cavidad y no pude evitar vaciarme en su interior.

Mi semilla ahora estaba en ella… y no me importaba. No era porque fuera un estúpido adolescente, sino que quería demostrar que lo que acabábamos de hacer había sido verdadero. Que yo y ella….

Me desperté de golpe. No podía creer lo que acaba de pasar en mi sueño ¿acaso yo…? No era posible, sin embargo en mi mente se reproducían las imágenes una y otra vez. Acaba de soñar con la chica que se suponía le gustaba a mi mejor amigo….

Yo acababa de tener un sueño húmedo con Marinette ¿y ahora qué?

Nota de la autora.

Este capítulo se lo dedico a todos aquellos chicos que me apoyan en este querido proyecto mío, yo no seria nada si ustedes, así que gracias por todo.

A la par que esta historia, escribo otros fanfic de Ladybug, por lo que a veces puede que me tarde en cargar los capítulos así que ténganme paciencia, no los defraudare