Aunque trataba de ocultar sus jadeos y gemidos, cada vez parecía más difícil para Marinette.

Subí hasta su cara y después de un beso excitante y desbordante, me acerque a su oreja.

-Marinette, estas tan húmeda- ella solo atinó a gemir un poco más alto.

Interesante, reaccionaba a las palabras sucias ¿Quién lo hubiera dicho?

Sin duda tendría que aprovechar esa nueva información. Ella era como un milagro personal para mí. Mi primer amiga… era justo que fuera mi primer amor, mi primer… todo.

Acaricie ligeramente sobre la tela, el calor traspasando hasta quedar impregnado en la palma de mi mano. Era fuego, una hoguera que me consumiría. Gustoso me arrojaría a sus llamas. Esa niña no sabía lo seductora que podía verse. Lo que esa imagen tan sumamente erótica estaba haciendo con mi control. Ya no era una niña, su cuerpo era el florecimiento de una mujer increíble. Mía.

-Dime Marinette, ¿lo habías hecho antes?- pasee distraídamente mi nariz por toda la curva entre su cuello y el hombro, embriagándome del aroma de su piel, grabándolo en mi memoria permanentemente. Se tardó en responderme, bueno al menos verbalmente, porque su cuerpo me respondía arqueándose contra mí, buscando mi tacto. Ni loco nos privaría de ese placer.

-Respóndeme amor- dije deteniendo mis atenciones con mi mano sobre su sexo. Tenía los ojos cerrados, disfrutando tanto que no había puesto atención a mi pregunta. Mi voz sonó un tanto exigente, una orden.

-¿qu…é?- un gemido entre las palabras. Deleitable.

-¿Te has masturbado antes Marinette?- imaginarla tendida en su cama, recorriendo con sus manos su piel desnuda. Tocando donde nadie más había tocado. La idea casi me lleva a mí mismo a mi orgasmo y lo que era peor a una rápida liberación. Me controle, era un chico hormonal, pero no demasiado hormonal.

-dime, mi princesa- presione ligeramente su entrada, que se sentía por debajo de la tela. Apoyo su cabeza contra mi hombro y silenció su grito. Pero no me respondía. Hora de cambiar de táctica.

Con toda la fuerza que pude reunir retire mi mano. Aunque me dolía privarla del placer y privarme de tocarla, necesitaba oír sus palabras. Nunca pensé que tendría un fetiche por las palabras cuando hiciera el amor. Parecía que sí.

-chat- el suave susurro de mi nombre en sus labios fue como escuchar la voz de un ángel. Tan lleno de lujuria e inocencia. No era consciente de su efecto en mí, del poder que tenía.- no… no pares.

-continuaré cuando tú contestes- para dejar claro mi punto, pasee perezosamente mis uñas por la delicada piel de su muslo interior. Tan cerca de acariciarle, apenas si unos centímetros me alejaban de su feminidad.

-si…- aferro sus manos a mi pecho, su rostro escondido aún en mi hombro- sí, lo hago.

-¿Qué haces?

-chat… por favor- una súplica. Un gemido que me pedía seguir con mis atenciones. Tenía que ser más clara si quería que avanzáramos.

-contesta- la sonrisa perezosa en mi rostro se reflejaba en el espejo. Estaba disfrutando excesivamente de esto. –solo dilo Marinette, déjame escuchar como tu dulce voz dice las palabras.

-yo… me he masturbado antes- apenas si pudo acabar la oración. Un hilo de voz que fue suficiente para mí, por ahora.

Volví a posicionar mi mano sobre su sexo, abarcándolo por completo. Su grito lo sofocó mordiendo mi hombro. Reprimí el rugido que amenazó con salir de mis labios. La acción me excitó más de lo posible. Estaba completamente rígido, un saqueador que estaba a punto de encontrar un tesoro.

Esa mujer era todo menos cohibida. Su salvajismo estaba debajo de toda esa ternura y ahora más que nunca estaba decidido a sacarlo a jugar. Mi lado felino quería ver esa faceta de ella más que ningún otro. Necesitaba poseerla, marcarla como mía. En ese momento todo lo que tenía en mente era saquear su cuerpo, grabar mi aroma en su piel, dejar mis recuerdos en su mente.

Que su boca pronunciará mi nombre como un mantra mientras el placer la embriagaba. Estaba cometiendo una locura, pero valía cada jodido minuto.

Necesitaba más contacto con su piel, no me era suficiente. Sabía que ella ya no tenía el control de su cuerpo, cedía a sus deseos, quería llegar al final, lo quería tanto o más que yo. Mientras mi mano seguía estimulando su parte femenina, buscando el borde de la tela para colarse dentro, tomé el rostro de Marinette, completamente rojo y con los ojos entrecerrados por las sensaciones.

Su respiración era completamente irregular y el ritmo de su corazón se había disparado, lo sabía porque el mío estaba igual. Puse mi mano detrás de su nuca, tomando unas pocas hebras de cabello entre mis garras, tan hermoso y sedoso. La mantuve en un sitio mientras acercaba mis labios a los suyos. Necesitaba ese contacto, lo ansiaba.

Pensé en ser suave, un beso que apenas si se podía comparar con un roce, pero en cuanto nuestras bocas se encontraron, fue imposible evitar devorarla. Me maraville cuando sentí la reacción tan positiva de mi princesa. Pero fue mejor aun cuando encontré lo que buscaba. Mi mano se había logrado colar entre su pantaloncillo y las pequeñas bragas y ahora estaba jugueteando directamente con su botón, completamente hinchado y caliente.

Su pequeño grito de sorpresa se sofocó en nuestras bocas, sus manos simplemente se enredaron a mi cuello y cabello y me atrajeron más hacía ella. Cuando dio un tirón de mi cabello me alejé lo justo para que volviera a respirar.

-¿te gusta esto?- moví mi dedo índice sobre su botón, rotándolo hacia un lado y otro.

Ella no dijo nada, sólo asintió una y otra vez. Me aventuré más. A pesar de lo húmeda que se sentía, necesitaba asegurarme que fuera suficiente para nuestro próximo paso.

Modifique un poco la posición de mi mano, de modo que era ahora mi pulgar quien se movía una y otra vez contra su clítoris y lleve mi dedo índice a jugar con la abertura de su centro. Primero fueron pequeños toques superficiales, ligeros. Los suficientes para estimularla.

Sus gemidos entrecortados me indicaban hasta cierto punto como necesitaba que fueran mis caricias.

Cuando soltó un suspiro que había contenido, decidí probar algo. Con cuidado de no dañarla con las garras, introduje un dedo. Fue tan estrecho y cálido que hice un poco más de presión, pero pronto, todo mi dedo se encontraba rodeado de ella, me absorbía tan bien

Lo deje ahí, mientras Marinette seguía sumisa, sin hablar. Esa chica era el enigma más grande que pude haberme encontrado y sin embargo poseía algo que me estaba atrayendo a ella. Necesitaba más de ella, quería que ella necesitara de mí.

Comencé a mover mi mano en su interior, lentamente, saboreando las reacciones de su rostro. Primero cerró fuertemente los ojos, y su cabeza se hizo ligeramente hacia atrás. Apoyó sus manos detrás de su cuerpo, encima del mueble.

Pero cuando no le fue suficiente ese soporte, aferró sus manos a mi cuello nuevamente y pegó su frente a la mía, con los ojos cerrados aun. No parecía tener intención de abrirlos en ningún minuto. El sonido de mi dedo entrando en ella era sutil, pero perceptible por mis sentidos. Me parecía un gran estimulante.

-di mi nombre, amor…

-chat…t….- temblores comenzaron a recorrer su cuerpo, pero antes que llegará su clímax, me separe de ella. Quería que abriera los ojos, lo necesitaba para que viera lo que seguía.

Su protesta no se hizo esperar, y cuando por fin se decidió a abrir los ojos para mirarme directamente no pude evitarlo, llevé mi mano que momentos antes había estado jugando en su centro y la saboree. Probé su miel. Pase mi lengua por mi dedo, mientras la miraba fijamente a esos pozos azules que me enloquecían.

-delicioso- dije cuando termine mi degustación. Pero no era suficiente, necesitaba más. Puse mis manos en el elástico de su pantalón pero antes de seguir, susurre en su oreja.

-mírame, no cierres los ojos y mira todo lo que hago- no era una sugerencia, y ella lo supo al instante.

Jale de la tela hacia abajo, Marinette tuvo que alzar ligeramente las caderas para poder sacar la dichosa prenda. Y así comencé su descenso, hincándome en el proceso. Acariciando la cremosa piel de sus piernas. Una vez que la ropa estuvo en su sitio, el suelo, comencé mi recorrido hacia arriba.

Primero bese su pie, y comencé a subir, depositando besos aleatoriamente entre sus piernas. Las acaricie como si fueron el más extraño y frágil de los objetos que hubiera conocido en mi vida. ¿En qué momento se había apoderado de mi corazón? Ni idea.

Cuando llegue a sus muslos me tomé mi tiempo en trazar rutas hacia su interior, desde las partes más cercanas a sus rodillas hasta la parte más cercana a su centro. A pesar de que trató de cerrar las piernas una vez que me encontré a esa distancia de ella, no se lo permití.

Ella seguía mirándome, como se lo había indicado, sus ojos brillantes, intensos, con duda y curiosidad convergiendo. Una peligrosa combinación. Aparte mis ojos de los suyos para centrarme en otro punto.

Su feminidad me estaba llamando. Desde que había captado el aroma, desde que la había probado no pensaba en otra cosa que no fuera mi boca en su centro, probando. Nunca lo había hecho, pero necesitaba aquello con ella, era demasiado fuerte el deseo como para no escucharlo.

Primero volví a pasar mis manos por todo, desde abajo hasta arriba, acariciando algunos de sus rizos.

-¿lista?

-¿Para…?- no acabó la frase cuando sus manos de repente cubrieron su boca en un intento por sofocar los gritos. En segundos, llevé mi boca a su entrada. Bese esa parte de ella y volví a probar el manjar de su sabor.

No pude evitarlo, pase mis dientes por las zonas más hinchadas y fui retribuido con una sonido parecido a un ronroneo placentero. El sonido de una gatita que disfrutaba de ser mimada. Cuando trató de mover sus caderas la ancle a su sitio, lo íbamos a hacer esta vez a mi manera, mi juego, mis reglas.

No me apresuré en concluir rápido mi exploración, y aunque al principio tenía mis dudas de si lo estaba haciendo correctamente, parecía ser cosa del instinto y un poco saber leer los constantes mensajes traducidos como gemidos que provenían de la boca de Marinette.

Deje pasear a mi lengua una y otra vez entre sus pliegues, jugar con su botón, saborear su miel. Esta mujer seria mi perdición. Mantuvo su mirada sobre mí la mayor parte del tiempo, pero cuando cerró los ojos, tome una de sus manos y la puse en mi cabeza para volver a captar su atención.

Solo me alejé unos cuantos centímetros de su entrada para hablar, fui claro y duro:

-vuelve a cerrar los ojos y paró esto- mi aliento cálido chocó contra la zona sobreexcitada de su centro. Estaba tan sensible que solo unos cuantos movimientos más cumplirían con mi objetivo. Efectivamente. Cuando su cuerpo comenzó nuevamente con los temblores, aceleré mis movimientos para que ella pudiera buscar la liberación.

Su clímax fue silencioso, curveó su espalda y su rostro se fue hacia atrás. Se dejó llevar por las olas de placer que invadieron su sistema, fue glorioso verla así y más saber que yo era el causante, ningún hombre más seria testigo de tan majestuoso espectáculo, primero tendría que enfrentarse a mi Cataclismo.

Mientras bajaba del nirvana, me saque la parte superior de mi traje, hasta la altura de las caderas. Mi erección haciendo acto de presencia como el actor principal. Ni siquiera me di el tiempo para sacarme toda la ropa, necesitaba estar dentro de ella, su calor reconfortándome.

Cargué con su peso y la llevé a la pared más cercana, no era lo ideal, pero no llegaría a la cama. Envolví sus piernas en mi cadera y por primera vez nuestros sexos se acariciaron. Con su sensibilidad estaba seguro que esa caricia la dejó un poco al borde, y era lo que necesitaba, que estuviera lista para otra ola de placer. Yo estaba desesperado por una.

Me ayudó un poco enredando sus brazos en mi cuello, pero cuando su espalda encontró la fría pared, todo su cuerpo se estremeció.

-¿me quieres?- nos torture a ambos, frotándome sobre su entrada despacio, disfrutando del calor y la humedad.

Ella asintió, pero no era suficiente.

-dilo, di como me quieres.

-Chat… por favor…- sus suplicas no serían escuchadas.

-¿Qué quieres Marinette?

-te… te quiero a ti- apenas se recuperaba del primer orgasmo

-¿Cómo me quieres?- presione ligeramente la punta de mi eje sobre su entrada, pero no lo suficiente para entrar.

-te necesito adentro- alzo su rostro, mirándome a los ojos, suplicantes- por favor, Chat…

El ronroneo en su voz fue la gota que derramó el vaso. Con cuidado de no lastimarla, me introduje en ella. Y si con mi dedo me parecía estrecha, con mi miembro empujando y abriéndose paso entre la carne era… era una sensación incomparable.

Su cuerpo se tensó ante mi invasión, pero en alguna parte había leído que era normal la incomodidad ante la primera vez de una mujer. Fui lo más lento que pude sin perder el control de la situación.

La humedad que resbalaba de entre sus piernas debido al primer orgasmo era de gran ayuda, pero no demasiado, porque sentía como cada parte de mi eje era absorbido por Marinette, envuelto en algo cálido y adictivo. Empuje poco a poco, sintiendo como cada centímetro era absorbido.

Marinette se tensó, su cuerpo no necesitaba acostumbrarse a la invasión. Con el movimiento, me impedía seguir mi invasión.

-relájate princesa- susurre dulcemente a su oído mientras acariciaba sus piernas. Puse su rostro frente el mío, y una lágrima solitaria bajaba por su rostro. La bese, porque sabía que esto no tenía que ser fácil para ella, estaba tomando su inocencia. Era un saqueador, pero no me importaba, porque al final ella seria mía, y yo totalmente suyo.

-sabes, ya no hay marcha atrás

-chat…

-me acoges tan bien, tu cuerpo y el mío son perfectos juntos- unos centímetros más y estaría completamente adentro.

-chat….

-ese es el nombre que debes repetir, el único nombre que debes decir, princesa

Estuve completamente dentro, la sensación provocando fallas en mi control. Era tan cálida y acogedora, se amoldaba tan bien a mi cuerpo que nunca me alejaría de ella. Marinette seria mía, sin importar cuantos problemas tendría que pasar por ello. Sin importar nada más.

No me moví inmediatamente, nos quedamos unos instantes quietos. Escondí mi rostro en su cuello, donde bese la zona y la marqué, mordisqueando su cuello una y otra vez, dejando marcas rojas.

Ella respiró profundo varias veces, y cuando enfocó su mirada en mí, supe que podíamos seguir. Lo confirmó en cuanto comenzó a mover sus caderas ligeramente, esa era mi señal. Inicié a moverme adentro y afuera de ella, lento, una dulce tortura, sentir sus paredes alrededor. Embestí contra ella una y otra vez, golpeando su cuerpo contra la pared.

Su reacciones eran hermosas, sus gemidos eran bajos y apenas perceptibles en la habitación, pero estaban convirtiéndose en mi sonido favorito, me excitaba saber cómo su cuerpo reaccionaba a todo lo que le hacía, sentir sus manos acariciando mi espalda, rasguñando ligeramente. Sus labios entreabiertos buscando los míos.

No me pude negar, la bese con voracidad, sin clemencia, imité con nuestras lenguas lo que nuestros sexos se encontraban haciendo.

-Marinette…Marinette…Marinette- repetí su nombre como un mantra mientras aumentaba mi velocidad. Necesitaba que ella volviera a llegar al clímax, porque yo estaba tan cerca.

Apoyé todo su peso entre mi cuerpo y la pared, la sostuve con una sola mano mientras introducía la otra entre nuestros cuerpos, buscando su centro de placer. Encontré su botón sumamente hinchado, y lo presione, sincronizando el movimiento con mis embestidas. Sentí como comenzaba a temblar en mis brazos. Como sus gemidos se hacían cada vez más entrecortados y su respiración completamente descontrolada.

-¿ya estas lista?- no pude evitar dejar salir las palabras- ¿Qué necesitas Marinette?

-yo… yo voy a….

Su tartamudeo apenas era constante, las palabras le costaban cada gramo de cordura.

-¿lo sabes, verdad princesa? desde este momento serás mía, cada pensamiento, cada palabra, quiero todo de ti- presione mi mano sobre su clítoris. Unas cuantas embestidas más y sería nuestro final.

-chat… no hables… por favor-

-tienes que saberlo, mi Marinette, eres mía, dilo- necesitaba oír sus palabras más que cualquier cosa. Cuando no respondió de inmediato, pare todo movimiento.

-dilo, Marinette ¿a quién perteneces?- lo tenía que decir, ella tenía que decir lo que yo ya sabía, que era mía.

-por favor, chat, no pares, más- su suplica no me convenció- yo… yo soy tuya chat, ¡tuya!

Era el momento comencé con una estocada fuerte, me retire casi por completo y volví con la misma fuerza. El compás lo marcaron nuestros cuerpos.

Y llegó. Sus paredes me atraparon, aferrándose a mi miembro mientras su cuerpo se convulsionaba. Acallé su grito con mis labios, al mismo tiempo que silenciaba mis gruñidos. Dos estocadas más fue lo que necesite para derramarme dentro de ella, para llenarla por completo.

Arañó mi espalda mientras se arqueaba completamente, su clímax fue el detonante del mío. No supe cuanto tiempo estuvimos en aquella posición, o cuando nos tardamos de regresar del paraíso al que habíamos ido.

Sus piernas estaban flojas del agarre en mi cadera. Y agradecía que las mías no fueran gelatina en ese momento. Cuando sentí que mi miembro estaba semi erecto me salí de ella, odiando la sensación de vacío que apareció.

Con cuidado la baje, hasta dejar que sus piernas tocaran el suelo, pero la sostuve contra mi pecho, la abrace lo más fuerte que pude. Su cabello tenía una esencia dulce, como la vainilla. Mi niña no se pudo sostener mucho tiempo, las piernas le fallaron, así que la tome en brazos como la princesa que era, acunándola y caminando hasta subir a su cama.

Ninguno de los dos dijo nada, en este momento las palabras salían sobrando, el silencio era cómodo.

Con cuidado, abrí las sabanas y deje su cuerpo desnudo en ellas, su cara estaba soñolienta, pero de alguna forma parecía radiante.

Me senté en la orilla y descalce la botas, que se fueron junto con el resto del traje. Me acomodé en el lado vacío de la cama y la atraje a mi pecho, quedando uno frente al otro.

El contacto de su piel contra la mía me comenzaba a excitar nuevamente, pero no era el momento. Ahora solo necesitaba su contacto, su cercanía. Deje que usará mi brazo como almohada, mientras inconcientemente acomodaba sus manos sobre mi pecho.

Dos minutos después su cuerpo se encontraba sumergido en el sueño. Acaricie su rostro con delicadeza, me lleve un mechón de cabellos oscuros a los labios y los besé mientras le susurraba: te amo, Marinette..

-¿así que esto has estado haciendo?- la voz de Plagg detrás de mí me dio un susto de muerte ¿Cuánto tiempo había estado ahí?

Cerré el diario de golpe, sonrojándome, ¡había sido atrapado infraganti! ¿y ahora qué?